El rejuvenecimiento es una de las más antiguas fantasías que han abordado los cuentos de hadas y la mitología, desde el Caldero de Medea hasta las manzanas mágicas de Idun en la mitología nórdica. Lo que los científicos investigan hoy con células madre, los ricos y poderosos lo han intentado durante siglos recurriendo a la alquimia, los sacrificios humanos, la magia negra o la exploración de tierras lejanas. Los alquimistas buscaban la Piedra Filosofal; nobles como Elisabeth Báthory se bañaban en la sangre de vírgenes o se acostaban con niños para conservar su juventud; e incluso el explorador español Juan Ponce de León navegó hasta Florida en busca de la fuente de la juventud.








































