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lunes, 8 de octubre de 2012

1930-WONDER STORIES



En este blog he escrito abundantemente acerca del fenómeno pulp que tuvo lugar principalmente -aunque no de forma exclusiva- en los Estados Unidos a comienzos del siglo XX. Hablé en anteriores posts de las revistas pioneras como "The Argosy", del importante papel que jugaron Hugo Gernsback y su "Amazing Stories" en la introducción de la ciencia-ficción en ese formato editorial y de algunas de las figuras más relevantes e influyentes que trabajaron para aquéllas publicaciones, ya fueran escritores como Edgar Rice Burroughs o E.E.Smith o ilustradores como Frank R.Paul o Virgil Finlay . Os remito a ellas para no caer en innecesarias repeticiones.

En esta ocasión, propongo echar un vistazo a la otra cara del aspecto estrictamente creativo, a las bambalinas de la industria que ha permitido el florecimiento de nuestro género favorito. Y para ello nos serviremos de uno de los títulos emblemáticos del pulp de CF: "Wonder Stories".

(Recomiendo la lectura previa del post "Amazing Stories" como introducción al presente).

La competencia en el sector de las publicaciones populares o "pulp" era brutal y en febrero de 1929, la compañía de Hugo Gernsback, Experimenter Publishing, fue a la bancarrota, muy posiblemente como resultado de las maniobras empresariales del editor Bernard MacFadden, quien se hizo con su cabecera emblemática, "Amazing Stories". Pero si la palabra "emprendedor" puede atribuírsele a alguien ése fue Gernsback. Inasequible al desaliento, al cabo de un par de meses fundó una nueva editorial, Gernsback Publications, que lanzó no una sino cuatro nuevas revistas, dos de las cuales se concentraban en la ciencia-ficción: "Air Wonder Stories", "Science Wonder Stories", "Science Wonder Quarterly" y "Scientific Detective Monthly" (estas dos últimas no superaron el año de vida). En todas ellas, Gernsback continuó fiel a sus principios: la ciencia-ficción debía cumplir un papel educativo y los relatos debían ser lo más rigurosos posible en lo que a la ciencia se refería sin excluir la aventura y la exploración.

"Air Wonder Stories" y "Science Wonder Stories" fueron fusionadas en una sola revista de periodicidad mensual en junio de 1930: "Wonder Stories". Las razones para tal movimiento pudieron ser bien las insuficientes ventas y el propósito de aunar los lectores de ambos títulos en una sola publicación, bien que Gernsback necesitaba reservar tiempo adicional en la imprenta para una revista técnica sobre aviación. Por otra parte, el tema de las historias de "Air Wonder Stories" era sin duda demasiado restringido como para atraer a un número suficiente de lectores -y de escritores-. Y aún hubo otra razón para la "fusión", ésta admitida con decepción por el propio Gernsback: la palabra "ciencia" en el título ahuyentaba compradores potenciales al hacerles creer que se trataba de una revista científica (resulta irónico, por tanto, que fuera precisamente el término "ciencia" de "Science Wonder Stories" lo que llamó la atención de un joven Isaac Asimov, que logró convencer a su padre para que se la comprara aduciendo su supuesto carácter educativo.

Desde su primer número (la numeración continuaba la de "Science Wonder Stories"), el editor de la
revista fue David Lasser, contratado por Gernsback no porque tuviera experiencia alguna en labores editoriales, sino por su licenciatura por el MIT. Gernsback era un empresario duro, un hombre de negocios despiadado al que no le temblaba la mano si era necesario tomar medidas para aumentar el beneficio o reducir los costes. Lo había demostrado al utilizar ilegalmente la lista de suscriptores de "Amazing Stories" -que técnicamente ya pertenecía a su nuevo propietario- para enviar a sus antiguos lectores publicidad sobre las nuevas publicaciones que iba a lanzar. En esta ocasión, despidió a Lasser argumentando que su participación en las reivindicaciones por los derechos de los trabajadores había tenido como consecuencia un descuido de su trabajo ("Ya que te gusta tanto trabajar con los parados, te aconsejo que te unas a ellos"). Es igualmente posible que algo tuviera que ver el salario de 65 dólares a la semana que cobraba Lasser. Gernsback pensaba que podía conseguir alguien más barato. Y vaya si lo hizo.

Charles Hornig era un muchacho de 17 años que había enviado a Gernsback una copia del fanzine que editaba. Éste le llamó, le hizo una somera prueba y lo contrató por 20 dólares semanales. Por entonces, "Wonder Stories" tenía una tirada de 34.000 ejemplares, comparable a la de "Amazing Stories" (cuya aceptación había declinado considerablemente desde sus 100.000 ejemplares iniciales).

Tanto Lasser como Hornig lucharon duro por mejorar el nivel literario y la precisión científica de la revista a su cargo. En aquel entonces, las narraciones que encontraban acomodo en los títulos pulp de CF eran muy básicas, más centradas en describir los inventos maravillosos que en ellas aparecían que en el desarrollo de la narración o la construcción de sus personajes. Los escritores trabajaban a destajo con plazos de entrega muy ajustados; por ello, tendían a recurrir a esquemas que en poco tiempo se volvían repetitivos y previsibles, motivo por el cual hay pocas obras que hayan pasado con éxito la prueba del tiempo aun cuando su idea básica fuera interesante. Lasser y Hornig disfrutaron de una libertad editorial poco común entonces -quizá porque Gernsback deseaba evitar el contacto directo con los autores, a muchos de los cuales les debía dinero-

Ambos editores trataron de que los escritores se centraran más en las consecuencias que sobre los personajes tenían este o aquel descubrimiento o invento futurista que en la aburrida descripción de los mismos. Lasser intentó evitar la space-opera, decantándose por historias más realistas, algunas de las cuales llegaron a plantear temas muy interesantes sobre la relación entre sexos o la corrupción inherente al ser civilizado.

Hornig, por su parte, promovió la originalidad y el rigor científico pero al mismo tiempo aconsejaba que éste no se tradujera en aburridas exposiciones que lastraran la historia. El propio Lasser -así como varios de sus escritores- fue uno de los miembros fundadores de la Sociedad Interplanetaria (más tarde conocida como la Sociedad Americana del Cohete), cuyo nacimiento fue anunciado en el número de junio de "Wonder Stories". Lasser y Hornig trabajaron duro por reforzar la libre discusión de ideas en la sección de correo de los lectores y elevar el nivel de los artículos científicos que acompañaban la ficción pura.

Stanley Weibaum, Jack Williamson, Fletcher Pratt, Thomas S.Gardner, Edmond Hamilton, P.Schuyler Miller, Frank K.Kelly fueron algunos de los autores que publicaron sus trabajos en el "Wonder Stories" de Hugo Gernsback. También en esta época se tradujeron e incluyeron en sus páginas obras de autores franceses y alemanes, como Otto Willi Gail y ello a pesar de las quejas de algunos lectores que, con el ascenso de Adolf Hitler al gobierno alemán en 1933, trataron de boicotear a los autores de esa nacionalidad. En un alarde de tolerancia y apertura de mente, Gernsback contestó diciendo que los acontecimientos que tenían lugar en Europa nada tenían que ver con la calidad de las obras producidas allí. En el apartado gráfico, todas las portadas -fundamentales a la hora de atraer al lector ocasional- disfrutaron del arte de Frank R.Paul, quien había colaborado con Gernsback desde sus inicios en "Amazing Stories".

 

Fue precisamente a partir de la sección de correo de "Wonder Stories" que nació la iniciativa más relevante a largo plazo de los responsables de la revista. Gracias a esas páginas a las que los lectores enviaban sus cartas, éstos tuvieron la oportunidad de contactar entre sí y formar grupos locales que promovían foros de discusión sobre las narraciones leídas y la multitud de especulaciones que sugerían. Gernsback vio la oportunidad comercial y en 1934 anunció la creación de la SF League o Liga de Ciencia Ficción, que no tardó en disponer de ramas no sólo por todo Estados Unidos, sino en Inglaterra y Australia. Y aunque Gernsback la utilizó para vender insignias y merchandising y publicitar sus revistas, acabó siendo mucho más que un simple club de efímera vida. El más famoso de estos grupos de aficionados fue el que formaron en 1938 en Nueva York un puñado de jóvenes que alcanzarían gran éxito como autores. Se autodenominaron “Futurians” para transmitir la idea de que un buen fan debía mirar siempre hacia el futuro. Entre ellos figuraban nombres como Isaac Asimov, Frederik Pohl, Cyril Kornbluth, James Blish y el después editor Donald Wolheim. También perteneció al grupo Damon Knight, quien rememoró su historia en "The Futurians" (1977). La SF League fue, por tanto, un instrumento fundamental en el nacimiento y desarrollo del fandom y, a través de él, a la propia ciencia ficción.

Durante algunos años, "Wonder Stories", especialmente bajo la égida de David Lasser, fue la mejor
revista de CF y la más exitosa de las publicadas por Gernsback durante su carrera como editor. Sirvió de escuela para muchos escritores noveles y supo apartarse de las más intrascendentales aventuras espaciales preferidas por sus competidoras.

Sin embargo, a pesar de los esfuerzos de Lasser primero y de Hornig después, la revista fue declinando con rapidez, pasando su periodicidad a bimensual en 1935. Su más directa competidora, "Astounding Stories" estaba recortando distancia, atrayendo a los mejores escritores gracias a sus competitivas tarifas de un céntimo por palabra. Por su parte, Gernsback se había ganado fama de mal pagador no sólo entre sus empleados -que en ocasiones tardaban semanas en cobrar- sino entre los propios escritores que suministraban los relatos que daban sentido a la revista. Culpando a los minoristas de sus problemas financieros, trató de vender sus publicaciones directamente a los suscriptores pero no consiguió los suficientes y, finalmente, en 1936, vendió "Wonder Stories" a Ned Pine y su empresa, Beacon Magazines.

El nuevo propietario tenía en su catálogo varias publicaciones en cuyos títulos figuraba la palabra
"Thrilling" (emocionante): "Thrilling Detective", "Thrilling Love Stories"... por lo que parecía lógico rebautizar a la recién llegada como "Thrilling Wonder Stories", nombre que mantuvo durante los siguientes veinte años. Al frente de ella se sucedieron varios editores, de los que cabe destacar Mort Weisinger (hasta 1941), un gran aficionado a la ciencia ficción que años más tarde aplicaría lo aprendido en DC Comics contribuyendo a la resurrección del género superhéroico sobre nuevas bases. Fue Weisinger quien lanzó un nuevo título complementario de "Thrilling Wonder Stories", "Startling Stories", que fue alternándose en su cadencia bimensual con la primera.

Sin embargo, por muchos cambios que se produjeran en el despacho del editor, las revistas de la Beacon Magazines nunca pudieron competir con la que con toda justicia se había erigido como título de referencia del género: "Astounding Stories" (de la cual hablaremos ampliamente en un futuro post). Su editor desde 1937, John W.Campbell, marcó para siempre el género con sus firmes directrices, atrayendo a escritores de la talla de Isaac Asimov o Robert A.Heinlein. Fue el comienzo de la Edad de Oro de la ciencia-ficción, pero en ella jugo poco papel "Thrilling Wonder Stories" que, incapaz de competir con la brillante dirección de Campbell, quedó relegado a un público juvenil que valoraba más las portadas con bellas señoritas ataviadas con reveladores trajes espaciales que a la calidad literaria y conceptual de las narraciones. La acción pasó a tener más importancia que las ideas en relatos de gente como Ray Cummings.

A finales de los años cuarenta, "Thrilling Wonder Stories" consiguió remontar -y brevemente
rivalizar con Astounding- gracias a un cambio en las directrices editoriales hacia un público más adulto. Se contrataron escritores de renombre que previamente habían publicado en "Astounding" (Theodore Sturgeon, A.E.van Vogt o Robert A.Heinlein) y se apostó por nuevas promesas: Jack Vance publicó aquí su primera historia en el verano de 1945 y Ray Bradbury algunos de los relatos que acabarían siendo recopilados en "Crónicas Marcianas". A comienzos de los cincuenta se fue aún más lejos, eliminando cualquier restricción a temas anteriormente considerados polémicos o escabrosos: Philip Jose Farmer publicó "Los Amantes" (1952), hoy un clásico sobre las relaciones sexuales entre especies (apareció originalmente en "Startling Stories"); el mismo autor presentó "Madre", en el que un astronauta convierte en hogar un útero alienígena; "No la Tierra de Nod", de Sherwood Springer, introducía el tema del incesto en un mundo el que sólo hay dos supervivientes…

Pero era ya demasiado tarde. Street & Smith, el mayor editor de revistas pulp del país, cerró todos sus títulos en 1949. El formato había pasado de moda, el público se decantaba por revistas más lujosas y elegantes, la televisión se erigió en el medio de entretenimiento popular por excelencia y los escritores hallaron a editoriales dispuestas a publicar sus obras directamente en volumen sin necesidad de una serialización previa. En 1955, cuando la era de las revistas pulp daba sus últimas bocanadas, "Thrilling Wonder Stories" -que para entonces se había fusionado con "Startling Stories- editó su último número.

sábado, 16 de junio de 2012

1926-AMAZING STORIES (2)



(Continúa de la entrada anterior)

En realidad, como hemos visto abundantemente en este blog, muchos escritores antes de Gernsback habían escrito historias que hoy están universalmente reconocidas como ciencia-ficción; pero él fue el primero en proponer un sistema que permitió identificar, clasificar y producir este tipo de narraciones. En sus editoriales, presentaciones de los relatos y respuestas a las cartas de los lectores que se publicaban tanto en la pionera "Amazing Stories" como en sus herederas, no se cansaba de afirmar que las tres características que reunía una historia de CF eran: narración ("romance cautivador") que incorpora información científica precisa ("hechos científicos") y predicciones derivadas de forma lógica de esa información ("visión profética"). Estos elementos hacían de la CF un género enfocado a tres tipos de público: lectores en general, adolescentes brillantes y científicos e inventores; asimismo, era un tipo de literatura con tres propósitos: entretener, proporcionar educación científica y ofrecer ideas para posibles avances científicos.

A diferencia de las innumerables predicciones con las que Gernsback inundaba sus artículos para revistas de ciencia popular, una predicción inserta en una historia cautivadora tenía mayores posibilidades de alcanzar una audiencia más amplia, incluyendo científicos e inventores que quizá se sintieran inspirados por ella y se pusieran manos a la obra para hacerla realidad. Esto hacía de la CF un tipo de literatura especialmente importante. Es más, el incluir una predicción en una historia podría animar a los escritores no sólo a especular sobre cómo conseguir tal o cual invención, sino sobre su efecto en la sociedad del futuro, punto este último en el que pondría especial énfasis el principal sucesor de Gernsback en la edición de revistas de CF, John W.Campbell Jr, cuya revista "Astounding Science Fiction" tomó el relevo como referencia del género durante los veinte años siguientes.

Pero a pesar de la influencia que ejerció durante los años veinte y treinta, Gernsback fracasó en su propósito
de purgar totalmente a la CF de sus elementos místicos y/o fantásticos, objetivo que había formado parte de su filosofía personal desde el comienzo. Hacia 1930, Gernsback se había visto forzado a modificar los términos de su proyecto, cambiando el nombre de la revista "Science Wonder Stories" a "Wonder Stories" sobre la base de que la palabra “Science” había limitado el número de lectores, una decisión que habría sido anatema para Gernsback cinco años antes. Sus lectores querían algo más que “sólo” Ciencia. Las historias educativas protagonizadas por geniales inventores que tanto le gustaban pronto aburrieron a los lectores. Éstos querían emoción y aventura. Y eso fue lo que les ofreció uno de los escritores descubiertos por Gernsback, E.E."Doc" Smith, cuyo "The Skylark of Space" se publicó en Amazing Stories en 1928. La inmensa popularidad de esa serie indicó el nuevo rumbo editorial a seguir: a partir de los años treinta, ya en poder de sus nuevos dueños, "Amazing Stories" fue el refugio de las más extravagantes aventuras espaciales, historias protagonizadas por pilotos y guerreros de mandíbula varonil a bordo de brillantes naves y heroínas de grito fácil, con argumentos absurdos, planes insensatos y diálogos estúpidos. Este subgénero fue sarcásticamente etiquetado en 1941 por Wilson Tucker como "space opera" en el fanzine "LeZombie" .

Aún más innovaciones pueden atribuírsele a Gernsback. Fue el primero en diseñar los símbolos e iconos visuales más característicos de la ciencia-ficción, incluyendo el archiconocido cohete de forma acigarrada. Con un encanto que ha soportado el paso del tiempo, las ilustraciones de sus revistas combinaban maquinaria futurista con paisajes extraterrestres ante los que los seres humanos parecían insignificantes.

Aunque el primer artista que se ocupó de las portadas, Frank R.Paul, no era especialmente diestro
dibujando gente y su trabajo se reproducía sobre el mediocre soporte del papel de pulpa, fue capaz de crear un sinfín de variaciones sobre un limitado rango de temas: cohetes, alienígenas de ojos saltones, viajes espaciales, ciudades cubiertas por cúpulas transparentes... Él y sus sucesores se encargaron de traducir las palabras de los escritores a luminosas imágenes que todavía hoy son lo más recordado del fenómeno pulp y que inspiraron directamente la imaginería de los comics. Éstos, a su vez, ofrecieron ya de los años treinta una CF en la que importaba menos la ciencia y más los héroes. Casi inmediatamente, los personajes de comics como Buck Rogers, Flash Gordon o Superman se convirtieron en el peldaño necesario para que la CF saltara a la gran pantalla.

En cierto sentido, el arte gráfico, los artículos científicos, las historias casi intercambiables e incluso los anuncios de las revistas pulp formaban un flujo continuo de información que trataba de transmitir la idea que sobre el futuro tenían sus autores. Leer de principio a fin una de estas revistas es como pasar una noche viendo la televisión por cable. Nada destaca especialmente porque no es esa la intención. Los personajes de una historia reaparecen en otra, como si fueran estrellas invitadas de comedias televisivas. Algunas veces lo hacen bajo otro nombre: el profesor Brown en lugar del profesor Stone; otras se llaman igual porque a los escritores se les animaba a repetir los esquemas que probaban ser populares, como las aventuras del profesor Aloysius O´Flannigan en los relatos escritos por Amelia R.Long. Y si en un número en particular el lector no encontraba una historia de A.R.Long, no había problema, hallaría los mismos ingredientes en las de Eando Binder o R.R.Winterbotham.

Otra de las grandes ideas de Gernsback fue incluir en sus revistas una sección de correo de los lectores. En ella, además de comentar y analizar las historias, los aficionados podían indicar su dirección, permitiendo que se pusieran en contacto los unos con los otros. No tardó en formarse una activa comunidad de entusiastas seguidores, algunos de los cuales, como hemos dicho, se convertirían en escritores de fama. Fue el comienzo del movimiento de fans de la ciencia-ficción que no ha hecho sino crecer hasta la actualidad y que distingue netamente al género de otras ramas de la literatura popular. Para impulsar aún más este movimiento, en 1934 Gernsback fundó la primera organización oficial de aficionados a la CF, la Science Fiction League.

Sin embargo, no todo fueron luces. Gernsback era un hombre muy competitivo que debía sacar beneficios como fuera de una industria despiadada. Se vendían cada mes millones de pulps en kioscos y tiendas y sus revistas eran sólo una gota de agua entre un océano de cientos de títulos. Así, mantener los costes al mínimo fue siempre una obsesión para él, con el resultado de que su reconocimiento en el mundo editorial quedó lastrado por su costumbre de alienar a los escritores pagándoles poco, tarde y mal. H.P.Lovecraft siempre se refería a él como "Hugo la Rata" y Donald A.Wollheim se unió a otros autores en una demanda colectiva para reclamarle el pago de sus encargos.

Siempre intentando ganar dinero como fuera, Gernsback abandonó temporalmente la ciencia-ficción en
1936, cuando vendió la cada vez menos rentable "Wonder Stories" (rebautizada por el nuevo propietario como "Thrilling Wonder Stories"), dedicándose a otras aventuras editoriales, especialmente la revista "Sexology". Pero siguió escribiendo por diversión y en dos ocasiones más intentó volver a su género favorito, aunque fueron incursiones de breve duración: un comic book, "Superworld Comics" (1940) y una revista de lujo, "Science-Fiction Plus" (siete números entre marzo y diciembre de 1953). También comenzó a escribir con carácter anual una revista publicada a sus expensas (inicialmente parodias de otras revistas y luego titulada "Forecast"), que enviaba a sus amigos por Navidad como felicitación personal.

Aunque nunca fue considerado como una persona agradable ni dotada de especial encanto, Gernsback fue invitado a asistir con honores a la Convención Mundial de Ciencia-Ficción de 1952. Los galardones más prestigiosos del género otorgados por los aficionados -no por jurados o editoriales-, los Science Fiction Achievement Award, fueron a partir de entonces bautizados -no oficialmente- como Premios Hugo; y los fans lo agraciaron con el título "padre de la ciencia-ficción", calificativo que él mismo no tuvo problemas en adoptar y repetir hasta la saciedad. Desde los años cuarenta, en artículos y entrevistas, practicó la autopromoción, considerándose el más prolífico y preciso profeta de avances científicos. Continuó publicando y escribiendo hasta su muerte en 1967. Su obituario en el New York Times lo calificó de "Barnum de la Era Espacial"

Cuando los ensayos sobre ciencia-ficción comenzaron a proliferar en los sesenta y setenta del siglo pasado,
hubo una tendencia a infravalorar a Gernsback y considerarlo como una influencia perjudicial a causa de su ineptitud literaria, su ideología conservadora ("proto-fascista" se le llegó a denominar) y su gusto por las historias con largas y pesadas explicaciones científicas que adormecían la capacidad creativa del escritor que había recibido el encargo. Se le atacaba por crear una CF sin humor, didáctica, pedestre, aburrida y poco fiel a los principios de la ciencia; se le hacía responsable de la infantilización de un género que, de no haber sido por él, habría evolucionado hacia temas adultos tratados con la adecuada profundidad (denuncias similares sufriría George Lucas cuando estrenó "Star Wars" en 1977). Brian Aldiss, en el nombre de Europa y al frente de la entonces influyente New Wave, lo calificó como "uno de los peores desastres que hayan afligido a la ciencia-ficción". William Gibson, antes de dar comienzo al ciberpunk, escribió un cuento, "The Gernsback Continuum", en el que criticaba con sorna la CF norteamericana anterior a la "Época Dorada".

Sin embargo, estudiosos posteriores, como Gary Westfahl, han reconocido su importancia. Sea cual sea la calidad de las historias que publicó, tuvieron un gran impacto en la percepción que del género se transmitió a la sociedad. Escritores y lectores comenzaron a fijarse en la ciencia-ficción; otros editores hicieron hincapié en el valor científico de sus historias, los autores incluyeron más explicaciones científicas en sus relatos y los entusiasmados lectores escribían cartas alabando esos enfoques. Sencillamente, sin "Amazing Stories" otras revistas de CF -en las que nombres de la categoría de Isaac Asimov, Robert A.Heinlein o Arthur C.Clarke publicaron sus primeros trabajos-, jamás habrían existido. El esfuerzo de Gernsback por involucrar en el proyecto a multitud de jóvenes no sólo contribuyó a popularizar la ciencia-ficción, enfatizar el aspecto científico de las historias y asentar su particular iconografía futurista, sino que les animó a explorar nuevas formas de contar esas historias.

"No sólo la ciencia-ficción es una idea de tremenda relevancia, sino que será un importante factor a
la hora de convertir el mundo en un lugar mejor para vivir gracias a la educación del público en las posibilidades de la ciencia y la influencia de ésta en la vida que, aún hoy, no es apreciada por el hombre ordinario. (...) Si se pudiera hacer que cada hombre, mujer, chico y chica leyeran ciencia-ficción, ello redundaría en un gran beneficio para la comunidad ya que se elevaría tremendamente el nivel educativo de sus integrantes. La ciencia-ficción haría a la gente más feliz, les proporcionaría un mayor entendimiento del mundo, les haría más tolerantes". No hay que decir que la ingenuidad que impregna estas palabras de Gernsback -por otra parte compartida por muchos profesionales de la época- no superó la prueba del tiempo. Su limitado concepto de la ciencia-ficción como nueva forma de literatura expresada en términos estrictamente científico-didácticos ("75% de literatura mezclada con un 25% de ciencia"), valiosa en su calidad de foro de intercambio entre científicos y tablón de anuncios de propuestas científicas novedosas, sólo ha perdurado en una rama del género, la ciencia-ficción "dura".

La CF, por suerte para todos, ha trascendido aquel rígido planteamiento inicial y se ha convertido en un género de masas enriquecido mediante las más diversas aportaciones y enfoques. Sin embargo, la visión de Gernsback de la CF como género con una identidad claramente diferenciada y de gran relevancia así como el entusiasmo que le permitió reunir a un público receptivo a aquellas historias, sí tuvo un gran impacto en todos sus autores y lectores, incluso aquellos que creían tener poco que ver con él. En retrospectiva, puede que lo que naciera a partir de "Amazing Stories" no fuera más que un guetto, pero fue un guetto dorado, una hermandad de oportunidades y maravillas.

Gernsback hizo posible creer en la ciencia ficción, y esa fe, más que la calidad literaria de su oferta inicial, permitió vislumbrar el potencial de todo un género. Antes de él, había historias de ciencia-ficción. Después, hubo Ciencia Ficción.

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miércoles, 13 de junio de 2012

1926-AMAZING STORIES (1)




En Europa, los temas explorados por el "romance científico" retomaron la atención de buen número de escritores y lectores en los años posteriores a la Primera Guerra Mundial. Pero el desarrollo del género siguió un camino muy diferente en los Estados Unidos. Allí no fueron autores o editoriales "serios" los que cultivaron la incipiente ciencia-ficción, sino lo que se conoce genéricamente como revistas pulp: publicaciones editadas en papel de mala calidad y dirigidas a un relativamente pequeño grupo de entregados seguidores. Con un formato inventado por Frank Munsey en 1898 en la revista "Argosy", sus mejores años los vivieron estas publicaciones entre los años veinte y los cincuenta del siglo pasado, como parte de un pujante negocio editorial (que también comprendía las novelas baratas y los comic-books) cuyo público objetivo era la clase baja y media-baja con un presupuesto económico que sólo les brindaba acceso a ofertas de ocio baratas. A menudo despreciadas por los estudiosos como subproducto juvenil sin mayor interés, más recientemente han sido recuperadas y apreciadas como parte fundamental de la historia no sólo de la CF, sino de otros géneros como el terror, la fantasía o el policiaco.

Al principio, estas revistas incluían relatos de una gran variedad temática: western, misterio, romántico, aventura... y ciencia-ficción. El énfasis de estas historias se ponía en la sucesión ininterrumpida de acontecimientos, personajes de marcado carisma, un código ético binario ”Bien/Mal” y, especialmente en la CF, escenarios exóticos y maravillosos. En 1906 apareció la primera de las revistas especializadas en un género concreto, "Railroad Man´s Magazine", al que pronto siguieron otras en la misma línea como "Detective Story Monthly" (1915), "Western Story" (1919), "Love Stories" (1921) o "Weird Tales" (1923). Sin embargo, ninguno se atrevió con la ciencia-ficción. Se diría que era todavía un género algo difuso, cuya escasa delimitación impedía venderlo como un producto con posibilidades comerciales. Con todo, pronto algunos editores se dieron cuenta de que cuando incluían en sus publicaciones narraciones de ciencia-ficción, las ventas aumentaban. Hasta que, en abril de 1926, nació "Amazing Stories" quizá la revista de CF más importante jamás publicada. Y ello no gracias a su formato o la calidad de las historias que incluía, sino por ser la primera en dedicarse exclusivamente al género y realizar un claro y decidido esfuerzo por su dignificación como rama independiente de la literatura popular.

Hugo Gernsback, el padre de la criatura, era perfecto para la tarea, un personaje no sólo conocido entre los aficionados a la CF, sino entre los historiadores de la tecnología. Nacido en Luxemburgo en 1885, emigró a Estados Unidos en 1903, convirtiéndose en un destacado pionero en la retransmisión de radio y televisión. Su emisora WRNY-1010 AM, Coytesville, empezó a emitir el 12 de junio de 1925 desde su estudio en Nueva York, presentando programas diarios de cinco minutos sobre cocina, ejercicios gimnásticos y conciertos. Su pasión por la tecnología le llevó al ámbito de la divulgación a través de la edición de revistas de ciencia popular, como "Modern Electrics" y "Science and Invention", en las que junto a artículos científicos incluía regularmente ejemplos de lo que llamaba "cientificción" ("Scientifiction"). La mayor parte de ese material era estilísticamente aburrido y muy convencional, sin el sentido de la maravilla y el impulso aventurero que se podían encontrar en otros "romances científicos" del estilo de los seriales de Edgar Rice Burroughs. En muchos casos no eran más que insulsos rellenos cuyo auténtico propósito era la presentación de una nueva idea o invento y que más se asemejaban a manuales de instrucciones que a un relato de ficción. La novela "Ralph 124C41+" (1912, recopilada en libro en 1925) fue escrita por el propio Gernsback siguiendo estas directrices; el tiempo la ha convertido en un texto apenas digerible hoy.

Pero en su momento tuvo éxito, y ello animó a Gernsback a reclutar a otros escritores de ficción para su revista "Practical Electrics" primero y otras publicaciones después, dedicando desde entonces todas sus energías a la tarea de edición y relegando sus otros negocios a un segundo plano. Él mismo continuó escribiendo ocasionalmente ciencia ficción, por ejemplo, "La tormenta magnética" (1918), en la que presentaba con didactismo su plan para finalizar la Primera Guerra Mundial utilizando el electromagnetismo para desmontar la maquinaria bélica alemana. Lo más destacable de su producción posterior a "Ralph...", sin embargo, fueron dos novelas: "“Baron Munchausen´s New Scientific Adventures” (serializada en "Electrical Experimenter" de 1915 a 1917 y nunca reeditada en forma de libro), en la que el fanfarrón personaje del siglo XVIII interviene en la Gran Guerra antes de embarcarse en un largo viaje espacial que va perdiendo su vena satírica inicial hasta convertirse en una sosa utopía; y "Ultimate World", publicado póstumamente en 1971, una intriga en la que visitantes alienígenas aumentan la inteligencia de los niños terrestres.

Es, sin embargo, por su faceta de editor por lo que Gernsback es recordado hoy. Tras el éxito cosechado
con un número especial "Scientific Fiction” de su revista “Science and Invention” en 1923, Gernsback comenzó a darle vueltas a la idea de publicar un magazine exclusivamente dedicado al género. El resultado fue, tres años después, "Amazing Stories", de noventa y seis páginas. Su fórmula editorial obtuvo un éxito inmediato, alcanzando en poco tiempo una circulación mensual de 100.000 ejemplares. No tardaron otros editores en crear sus propias revistas de CF, revistas cuyos títulos reconocían su deuda con la de Gernsback: "Astounding Stories" (1930), "Astonishing Stories" (1931), "Marvel Science Stories" (1938), "Startling Stories" (1939)... La mayoría eran propiedad de grandes compañías, como Munsey o Clayton, en cuyo catálogo se incluían listas enteras de cabeceras pulp.

Paradójicamente, el primer competidor de Gernsback fue él mismo. Se había expandido tanto financieramente que perdió el control de su negocio, haciendo bancarrota en 1929. La revista quedó entonces bajo la dirección de Arthur Lynch primero y T.O´Connor Sloane después. "Amazing Stories" conservó su popularidad hasta mediados de los cincuenta. Desde entonces, fue cancelándose y reapareciendo esporádica pero regularmente, pasando de dueño en dueño. Su última encarnación tuvo lugar bajo la tutela de la compañía de juegos de rol Wizards of the Coast, con un contenido basado principalmente en franquicias cinematográficas o televisivas . Dejó de publicarse en agosto de 2000.

En fin, tras la pérdida de su cabecera favorita, Gernsback no se desanimó, ni
mucho menos. Fundó inmediatamente otras revistas, como "Science Wonder Stories" (12 números entre junio de 1929 y mayo de 1930), "Science Wonder Quarterly" (tres números en 1929 y 1930), "Scientific Detective Stories" (diez números desde enero a octubre de 1930) o "Air Wonder Stories" (11 números entre julio de 1929 y mayo de 1930); pero siempre fueron publicaciones de precaria y breve existencia que no lograron emular el éxito que había obtenido con "Amazing". Sólo "Wonder Stories" (amalgama de otras dos cabeceras, "Science Wonder Stories" y "Air Wonder Stories") consiguió acercarse, sobreviviendo holgadamente hasta los primeros años treinta. Fue esta última publicación para la que Gernsback, intentando eludir conflictos legales con su antigua revista, inventó una palabra para definir las narraciones que editaba: "ciencia-ficción", término que imprimía en las portadas de sus revistas. (Ulteriores investigaciones revelaron que el término "ciencia ficción" había sido independientemente acuñado en 1851 por un oscuro crítico, William Wilson, tan desconocido para Gernsback entonces como para el resto del mundo).

La fórmula inicial consistía en ahorrar costes a base de reeditar novelas y relatos de Julio Verne, H.G.Wells, Edgar Allan Poe y otros pioneros del género ya entonces muy populares. Los comentarios que el propio Gernsback realizó a estas obras constituyen una especie de pionera historia de la ciencia-ficción. El contenido se completaba con artículos científicos y pasatiempos. Más tarde optó por publicar exclusivamente historias de escritores vivos, ya fueran nombres establecidos (George Allan England, Garrett P.Serviss, Abraham Merritt), ya principiantes cuyas carreras él mismo contribuyó a impulsar (Jack Williamson, Clifford D.Simak, H.P.Lovecraft, Edmond Hamilton, Stanley G.Weinbaum... ). También organizó concursos entre los lectores, animándoles a enviar sus relatos -siempre que tuvieran una clara orientación tecnológica o científica-. De uno de ellos salió la primera narración escrita por una mujer que apareció en una revista de CF: "The Fate of the Poseidonia" (1927), escrita por Clare Winger Harris.

(Continúa en la siguiente entrada)

jueves, 1 de septiembre de 2011

1911-RALPH 124C 41+ - Hugo Gernsback


La historia de Gernsback es típica del sueño americano. Él mismo era un soñador entusiasta, un fervoroso creyente en que el siglo XX sería un futuro brillante que nos liberaría gracias al conocimiento.

Nacido Hugo Gernsbacher en Luxemburgo, el 16 de agosto de 1884, su padre era vinatero, pero el joven Hugo tenía poco interés en continuar los negocios familiares. Una historia popular afirma que quedó fascinado por la ciencia tras leer una traducción al alemán de un trabajo de Percival Lowell sobre Marte, aunque dado que no existió tal traducción durante su juventud, lo más probable es que sea falso. Sí es cierto, en cambio, que siendo un adolescente ya ganaba dinero trabajando en el campo de la electricidad. Estudió ciencias en Alemania y emigró a los Estados Unidos en 1904, deslumbrado por los avances científicos y convencido de que éstos serían el objetivo de su vida. Su primer plan fue vender su nuevo invento, una batería seca mejorada. Poco después de llegar a Norteamérica, fundó la Electric Importing Company -que, según afirmó después, fue la primera suministradora de equipos domésticos de radio del mundo-.

Comenzó a publicar un catálogo de equipo electrónico que, en 1908, se transformó en su primera revista: "Modern Electrics" (su nombre iría cambiando, primero a "Electrical Experimenter" y luego a "Science and Invention"). Al año siguiente y utilizando la publicación como plataforma, fundó la Wireles Association of America que, para 1912, ya contaba con 10.000 miembros. Mientras tanto, Gernsback había estado escribiendo por simple placer, incluyendo una novela picaresca en alemán todavía inédita. En 1911 aprovechó la oportunidad de combinar ambos intereses con una narración larga, "Ralph 124C41+", publicitada como "Un romance del año 2660" y serializada en 12 partes en "Modern Electrics" entre 1911 y 1912.

La historia no dejaba de ser una prolongación de las edisonadas (ver entrada correspondiente) en la que se conservaba el optimismo científico y la tecnofilia propia de los relatos con chico inventor. Sin embargo, aquí no nos encontramos con un simple muchacho brillante: el protagonista, Ralph 124C41+, es casi un superhombre del siglo XXVII, uno de los diez cerebros más brillantes de la Tierra (tal y como indica el "+" al final de su alfanumérico nombre). Ralph, “el gran inventor americano", es la culminación del muchacho hecho a sí mismo, el chico inventor definitivo y exagerado hasta lo absurdo: "Su superioridad física... no era nada comparada con su gigantesca mente". Como un Edison maniaco, Ralph dedica su vida a mejorar la utópica sociedad globalizada en la que vive con una lista interminable de inventos.

La historia comienza como una mezcla de relato utópico y crónica viajera, con Ralph guiando a su
novia Alice en un recorrido por las maravillas científicas de la América del año 2660. Pero el asunto deriva hacia el melodrama cuando aparecen otros dos rivales por el afecto de la chica. Uno de ellos, Fernand 60O10, casi tan genial como Ralph, secuestra a Alice y se la lleva al espacio. Ni corto ni perezoso, el protagonista inventa una especie de radar para rastrearlos y se lanza en su persecución por el Sistema Solar. La chica pasa a manos del gigante marciano Llysanorh, que la mata justo cuando Ralph alcanza la nave de su enemigo. Yendo más allá de cualquier edisonada al uso y recurriendo a un toque de horror gótico, Ralph utilizaba entonces su inteligencia para conservar el cuerpo de Alice hasta su regreso a la Tierra, donde consigue encontrar una sustancia que la revive en el laboratorio. Gernsback amplió y revisó la historia para su publicación en forma de libro trece años después, en 1925, tratando de combinar todos esos elementos absolutamente dispares y añadiendo de paso algo de sátira. Pero eso no mejoró la incoherente versión inicial.

Porque el argumento es endeble, simplón e improvisado, el ritmo desesperadamente lento y la prosa rígida y torpe. Lo que hace a esta novela merecedora de una mención destacada es la larga
lista de inventos que consiguió imaginar Gernsback (la mayor parte eléctricos de una u otra forma, como podía esperarse del fundador de una revista titulada "Modern Electrics"). Entonces, aquellos maravillosos artilugios futuristas no eran más que fantasías, pero muchos de ellos se harían realidad siglos antes del momento en el que transcurría la acción de "Ralph124C41+". Por ejemplo, la televisión, invento que aunque no era nuevo en la ficción (ya había sido imaginado en fecha tan temprana como 1895), sí fue Gernsback uno de los principales responsables de popularizar tanto el concepto como la palabra, ya que en 1909 había publicado en "Modern Electrics" un artículo sobre los pioneros experimentos alemanes con la transmisión de fotografías, titulado "Television y Telefoto".

En la novela propiamente dicha, además de la televisión, se mencionan, por ejemplo: la luz fluoresce
nte, los letreros aéreos efectuados por aviones, las máquinas automáticas de empaquetado, los plásticos, una especie de posicionador geográfico por radio, las juke-box, los altavoces, los fertilizantes líquidos, el cultivo hidropónico, las grabadoras en cinta magnetofónica, el microfilm, máquinas expendedoras de comida y bebida, ciudades vacacionales flotantes, descontaminadores bacterianos por irradiación, energía solar, veloces aeronaves, gases para incrementar el apetito, aparatos que transcriben los pensamientos, tejidos de vidrio, ingenios para aprender mientras se duerme, conservantes alimenticios basados en el gas, sistemas de iluminación que responden a la voz humana, estaciones de control meteorológico, túneles submarinos para trenes magnéticos que unen Europa y Norteamérica, materiales sintéticos como el nylon y una inspirada descripción del radar (al que bautiza como Onda Etérea Pulsante Polarizada)...

Tratándose de un serial de ficción publicado en una revista técnica, se podía esperar cierto fetichismo tecnológico. El problema es que la narración se resiente fatalmente de ello. Cada vez que se menciona uno de esos artilugios, la historia se detiene y Ralph o el narrador se pasan páginas y páginas describiéndolos. Deslumbrado con los inventos, el escritor no se molesta en profundizar en los personajes ni en reflexionar sobre el efecto que una mente tan brillante como la de Ralph tendría sobre sus congéneres (que ni le temen ni le envidian, sino que parece que le admiran a juzgar por la torre de vidrio y acero que han levantando en su honor en Nueva York); en resumen, que los personajes son tan aburridos como la sociedad hipertecnificada en la que viven. En el prefacio que Gernsback escribió para la reedición del libro en 1950, dejaba claro que sólo valoraba la precisión de sus profecías, apuntando que algunas "ya se han convertido en realidades" y su confianza en que "todas ellas serán comunes para 2660".

Pero, subyacente al burdo estilo de Gernsback hay algo más. Ralph se alza sobre la anónima
población a la que dona sus inventos, es un genio mundial lastrado por la responsabilidad; y los villanos que se le enfrentan deben mostrar igual altura intelectual; las viejas batallas motivadas por la virtud femenina ahora se libran en un entorno interplanetario. Este gigantismo traslada las coordenadas tradicionales del inventor: la de una especie de sacerdote en posesión de un conocimiento especializado al que no tienen acceso las masas. Como el Gobernador Planetario le recuerda a Ralph: "Eres un gran inventor... y un factor clave en el progreso del mundo. Eres de un valor incalculable para la Humanidad, irreemplazable. Le perteneces al mundo, no eres dueño de ti mismo". Es un símbolo no sólo de la obsesión norteamericana por la tecnología y sus gurús, sino de la brecha que se estaba abriendo entre los heroicos ingenieros que inventaban y controlaban las máquinas y los que se beneficiaban de ellas sin comprenderlas. La novela, con toda su ingenuidad conceptual y burdo acabado literario, es una defensa de la élite tecnocrática que ya estaba surgiendo.

Hoy, el libro ha perdido su encanto innovador y su evocación de un futuro maravilloso y la historia es, como hemos dicho, lenta y aburrida, por lo que no resulta raro que casi nadie se siente a leer "Ralph 124C41+". Y, sin embargo y sorprendentemente, se ha reeditado en más ocasiones de las que uno podría esperar (1929, 1950, 1958, 2000), permitiendo a la novela ejercer su limitada influencia en el género (aunque sólo sea por las veces que ha sido parodiada como ejemplo perfecto de lo que la CF debería evitar). Y también tiene sus defensores. Éstos no se apoyan en argumentos de tipo literario o estético, sino en el papel que la novela jugó en el desarrollo de la ciencia ficción y su toma de conciencia como género propio y diferenciado, desarrollo en el que Hugo Gernsback jugó un papel clave.

Porque Gernsback era, en primer lugar, un editor, no un escritor; y su principal contribución a la CF fue en ese campo. Efectivamente, el éxito inicial de "Ralph 124C 41+" animó a Gernsback a contratar a otros escritores de ficción para su revista. Al cabo de unos años, el negocio editorial se había convertido en su principal interés, al que dedicaba todas sus energías. Creía firmemente que la CF podía ser un mecanismo eficaz de diseminación del conocimiento científico y servir de inspiración a los jóvenes, convirtiéndolos en la siguiente generación de inventores y científicos. Plasmó esa intención pedagógica no solo en la novela que comentamos ahora, sino unos años más tarde, en la más famosa de las revistas que fundó, "Amazing Stories" (1926), cuyos editoriales dejaban claro que su intención a la hora de publicar historias de ficción era didáctica.

Su visión acabó diluyéndose y el género siguió pronto otros derroteros, pero su labor aún sigue siendo reconocida en los prestigiosos premios que llevan su nombre.