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sábado, 16 de febrero de 2019
¡TIGRE!, ¡TIGRE! – La película que nunca fue
A mediados de los años cincuenta, el escritor Alfred Bester publicó una historia serializada en cuatro partes titulada “¡Tigre! Tigre!” en las páginas de la revista “Galaxy Science Fiction”, la misma cabecera en la que había aparecido su anterior novela, “El Hombre Demolido”, tres años antes. El impacto de ambas obras, su desbordante imaginación e impecable estilo se dejó sentir en todo el mundo literario de la CF. Aunque sus inicios como autor habían transcurrido dentro de la tradición pulp, para cuando apareció “El Hombre Demolido” quedó claro que Bester ya no apelaba al público adolescente que se conformaba con una premisa fascinante sino a un lector más sofisticado que exigía además un desarrollo sólido.
sábado, 28 de julio de 2018
1956- ¡TIGRE, TIGRE! / LAS ESTRELLAS MI DESTINO – Alfred Bester
Algunas veces parece que la ciencia ficción –y también y especialmente la fantasía- sean géneros compuestos exclusivamente por trilogías y series de larga duración. Pero algunos de los mejores y más grandes escritores de CF sólo escribieron obras individuales y autoconclusivas. No les hacía falta seguir acudiendo al mismo pozo a sacar ideas una y otra vez hasta dejarlo seco. Uno de ellos fue Alfred Bester, quien escribió menos de diez novelas. La primera de ellas fue “El Hombre Demolido” (1953), de la que ya hablé en una entrada anterior. La segunda fue “¡Tigre, Tigre!”, que, como la anterior, suele estar siempre incluida en las listas de mejores libros de la CF y que, como la anterior, consta de un solo libro aunque rebosa de tantas ideas que otros autores habrían escrito pentalogías enteras sólo con ellas.
jueves, 20 de junio de 2013
1953- EL HOMBRE DEMOLIDO - Alfred Bester
La mayoría de las historias de ciencia ficción intentan, en su ansia por hacer creíble su particular visión del futuro, utilizar alguna teoría científica que refuerce su plausibilidad. Sin embargo, existe también la opinión entre algunos autores de que disciplinas menos “puras” como la psicología o la sociología deberían considerarse también, en este contexto, como ciencias. Yendo aún más lejos, hay quienes han recurrido a ideas clara y ampliamente consideradas como pseudociencias, como los poderes mentales (telepatía, telekinesis, percepción extrasensorial…)
Los más puristas pueden renegar de tal opción, pero al fin y al cabo la ciencia ficción no ha vacilado en utilizar generosamente el viaje a la velocidad de la luz o a través del tiempo, fenómenos tan imposibles o más que la telepatía. Lo importante aquí no es que esos hechos sean o no posibles de acuerdo a la ciencia que hoy conocemos, sino que sean verosímiles, que el autor los sustente sobre una base sólida, lógica, coherente y materialista y que sirvan para narrar una buena historia.
La novela que ahora comentamos es un buen ejemplo de todo ello.
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