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sábado, 8 de septiembre de 2012

1929- LA CHICA DE LAS SOMBRAS - Ray Cummings




Una misteriosa torre aparece en mitad de Central Park. En su interior, Lea, una muchacha procedente del lejano futuro -del año 7012 nada menos- reclama ayuda del presente para impedir que el malvado Doctor Wolf Turber triunfe en su objetivo de conquista universal. Dos arrojados héroes, Alan Tremont y Ed Williams, se embarcan con ella en una agitada aventura temporal que les llevará desde el siglo XVII hasta el 2445 d.C.

Sobre Ray Cummings hemos hablado ya en dos ocasiones en este blog: "La chica del átomo dorado" (1919) y "El hombre que dominó el tiempo" (1924). La obra que ahora comentamos dista diez años de la primera y cinco de la segunda y, sin embargo, el orden de todas ellas bien podría haberse alterado y nadie notaría la diferencia. Porque la base a la que Cummings recurre es siempre la misma: el protagonista ve a una hermosa mujer en apuros y acude a su mundo para ayudarla, ya sea en el universo microscópico o en el lejano futuro. Hay peleas, héroes, un villano libidinoso con ínfulas de conquistador y, en este caso, inventor de una máquina del tiempo que guarda en el sótano de su laboratorio.

Cummings fue un típico escritor de la era pulp de la ciencia-ficción. Prolífico hasta lo ridículo, mediocre en su calidad literaria pero efectivo en sus resultados. Sus relatos eran productos de consumo rápido destinados a un público cuya única exigencia era pasar un rato entretenido al tiempo que sorprenderse con las ideas y mundos imaginados por los autores. Así que si reúnes ese perfil y no te importa que la prosa esté algo envejecida por el paso del tiempo, adelante, dale una oportunidad. Si eres un lector más maduro, asiduo de las novelas de ciencia-ficción y no tan fácil de impresionar, existen obras de mayor calidad que también proporcionan una lectura sumamente entretenida. Sólo para incondicionales de la literatura netamente pulp.

viernes, 13 de abril de 2012

1924-EL HOMBRE QUE DOMINÓ EL TIEMPO - Ray Cummings


Ray Cummings, ya hablamos de él en una entrada anterior, fue uno de los fundadores de la CF más populista, manteniéndose siempre en un precario equilibrio entre el romance planetario y la space opera y destinado a no desempeñar más que un papel secundario en la historia del género. Comenzó su relación con la CF tras disfrutar de una etapa de su vida digna de figurar en sus propios relatos ya que incluyó estancias en plantaciones de naranjos en Puerto Rico, extracción de petróleo en Wyoming, búsqueda de oro en la Columbia Británica canadiense y transporte fluvial de madera en Alaska. Desconozco cómo, con esos antecedentes, llegó a ser ayudante de Thomas Alva Edison durante cinco años, pero así fue. De ahí pasó a desarrollar su carrera como prolífico autor: firmó 750 historias, aunque sólo unas 150 son ciencia-ficción, entre ellas, "La Chica del Átomo Dorado", "La Princesa del Átomo", "Tarrano el Conquistador", "En la Cuarta Dimensión" y la que ahora comentamos, "El Hombre que dominó el Tiempo", serializada en cinco partes en julio de 1919 en la revista Argosy (la fecha del encabezamiento corresponde a su edición en libro).

La historia comienza con el relato que el protagonista, Loto, hace a sus amigos de los experimentos que él y su padre habían realizado, obteniendo accidentalmente un rayo que podía "atravesar" el tiempo. Gracias a éste pudieron ver un lejano futuro invadido por una edad glacial. En esa abertura temporal contemplan una figura montada en trineo tirado por criaturas perrunas tan grandes como caballos que se detiene frente a un edificio en cuyo interior se vislumbra una hermosa mujer, obviamente una esclava o prisionera. Instantáneamente enamorado, el protagonista decide rescatarla. Tras dos años de investigaciones, consigue finalmente perfeccionar la máquina del tiempo dándole forma de aeroplano, se monta en ella y desaparece.

Veintiocho horas más tarde regresa. Ha viajado cuarenta y cinco mil años al futuro, contemplando el crecimiento y muerte de Nueva York, una invasión y ocupación alienígena que duró miles de años, la transformación geológica del planeta, la llegada de una nueva glaciación, el éxodo de extraterrestres y la mayor parte de la especie humana y el sol reducido a una pequeña esfera roja. Dándose cuenta de que había ido demasiado lejos en el tiempo, retrocede diecisiete siglos hasta encontrar el edificio y la chica que había visto dos años antes. Lo que sigue es la típica historia pulp en la que el arrojado héroe va al rescate de la bella, exótica e indefensa "nativa" (en este caso su nombre es Azeela, hija de un importante científico), enfrentándose por el camino a amenazas como el brutal Toroh y su ejército de bárbaros. Loto y Azeela escapan y se reúnen con la gente de ésta. El protagonista regresa a su tiempo para reaprovisionarse y avisar a su familia de que si no está de vuelta en treinta días lo vayan a buscar, dejando instrucciones precisas al respecto. Y así ocurre: el padre de Loto y uno de sus amigos emprenden viaje al futuro, hallando al sujeto de sus desvelos sano y salvo si bien la situación general es de guerra civil entre diferentes facciones.

En fin, si alguien se animó a hacerse con "La Chica del Átomo Dorado" tras leer mi reseña en este
mismo blog, se habrá dado cuenta de que la historia es exactamente la misma (y prima hermana de las sagas escritas por Edgar Rice Burroughs). La única diferencia es que ahora la acción transcurre en el futuro en lugar de en un mundo microscópico. Por lo demás, son perfectamente intercambiables. Y ese fue siempre el problema de Cummings. Aunque sus obras se publicaron fuera de Estados Unidos en lugares como Japón, España o Francia, Cummings nunca recibió el reconocimiento que disfrutaron otros escritores especializados en space opera porque, aunque innovador en sus comienzos, nunca evolucionó o creció como autor. Puede que introdujera en el género el uso de la terminología naval aplicada a naves o viajes espaciales y que tan familiar nos resulta ahora, pero si escoges una cualquiera de las obras de su bibliografía, resulta difícil identificar el año en que se escribió. La aburrida similitud de todas ellas desanima al aficionado. Uno de sus temas preferidos, por ejemplo la disminución de tamaño inducida químicamente, puede parecer original cuando la encontramos en el primer libro, pero al décimo el lector ya ha perdido totalmente su interés y su capacidad de asombro. Muchos de los escritores de la época pulp se auparon sobre las ideas de Cummings alcanzando nuevas cotas y labrando su propia fama, mientras que quien les sirvió de inspiración nunca logró superar las convenciones propias de la space opera más básica.

viernes, 27 de enero de 2012

1919- LA CHICA DEL ÁTOMO DORADO - Ray Cummings


Ray Cummings fue uno de tantos autores que a comienzos del siglo XX se ganaron la vida escribiendo para las entonces prósperas revistas pulp y que, salvo excepciones, acabaron siendo dejados atrás por la corriente del tiempo, las modas y los gustos literarios. Comenzó como ayudante personal y redactor técnico de Thomas Edison, labor que desarrolló desde 1914 a 1919. Durante aquella etapa de su vida estrechamente vinculada al ámbito científico, concibió una serie de ideas que en los siguientes años trasladó al papel en varios cientos de novelas e historias cortas firmadas con diferentes seudónimos. Su debut, en 1919, fue "La Chica del Átomo Dorado", publicada en la revista pulp "Argosy". El éxito cosechado propició una secuela un año más tarde: "El Pueblo del Átomo Dorado". Ambas aventuras se recopilaron en 1923 en un sólo volumen (en algunas ediciones, con el texto recortado respecto al original) con el título de la primera y que es la obra que aquí comentamos.

La historia comienza de una forma muy parecida a "La Máquina del Tiempo" de Wells: el protagonista reúne a sus amigos más cercanos para revelarles su asombroso descubrimiento: más allá de nuestro entorno visible, en el universo de lo muy pequeño, se esconden complejos mundos habitados. Él mismo, con ayuda de un poderoso microscopio, ha descubierto uno de esos mundos oculto en los átomos del anillo de boda de su madre. Es más, ha llegado a distinguir una hermosa mujer, Lylda, con la que se obsesiona hasta tal punto que inventa un procedimiento con el que reducir su propio tamaño y encontrarla.

Tras contarle su plan a sus colegas y pedirles que cuiden del anillo mientras él está "dentro", toma una de las píldoras de su invención y llega al micromundo justo a tiempo para participar en una guerra contra una ciudad-estado enemiga de Lylda, conflicto en el que el protagonista demuestra su utilidad al ser capaz de aumentar su tamaño -tomando otra pastilla- y aplastar a los adversarios "oroides". Tras su aventura, regresa y relata a sus amigos todo lo sucedido. Cinco años más tarde, éstos, al no saber nada del químico, toman las píldoras que dejó atrás, reuniéndose con él en el mundo subatómico, donde deberán enfrentarse a revoluciones, guerras civiles, amenazas diversas, romances y muchos cambios de tamaño.


La primera mitad del libro es una narración típica de los relatos de viajes, quizá demasiado lenta
para los estándares modernos. El narrador se embarca en una larga descripción del viaje que realiza, los lugares que visita, las características de la gente, la historia, geografía y hábitos sociales del mundo al que acaba de acceder. Cummings incluye también un exceso de explicaciones pseudocientíficas acerca del proceso de reducción que ralentiza aún más el relato. La segunda parte se anda con menos rodeos y se sumerge sin reservas en el romance de acción, con la rápida sucesión de peripecias (batallas, persecuciones, rescates...) propias del género de capa y espada. Este intento de fusionar los romances científicos wellsianos con los viajes fantásticos propios de Verne da como resultado un relato escasamente sofisticado y previsible aunque no exento de momentos emocionantes y un ritmo muy dinámico. Por desgracia, esa misma rapidez y la cantidad de personajes que intervienen en la trama no dejan tiempo ni lugar para una mínima caracterización que permita al lector simpatizar con algún personaje.


Se le puede atribuir, eso sí, ser el primero en utilizar el entorno microscópico como marco para aventuras de CF, marco luego recuperado y ampliado en multitud de relatos, comics y películas. El mundo de lo pequeño ya había sido abordado con anterioridad en obras clásicas de la literatura, como "Los viajes de Gulliver" de Jonathan Swift o "Alicia en el País de las Maravillas" de Lewis Carroll. Pero mientras que el tratamiento de aquéllas era netamente fantástico y su propósito satírico o alegórico, "La Chica del Átomo Dorado", con su introducción de la física del átomo y la química moderna, proponía una aproximación inequívocamente científica y sin otra meta que la pura evasión. No es menos cierto que sus especulaciones científicas, quizá fascinantes en su época, resultan hoy totalmente inverosímiles.


Cummings no consiguió superar el declive de las revistas pulp. Sus fenomenales producción y rapidez (por otro lado comunes a muchos de los autores de aquel género) no le aseguraron un futuro profesional en la nueva oleada de revistas de CF o en el mercado de edición directa en libro. Sencillamente, su forma de escribir no se adaptaba con facilidad ni a las unas ni a los otros. Cummings era un escritor anclado en el siglo XIX y las revistas especializadas en ciencia-ficción
que aparecieron en los años cuarenta y que conformaron lo que se conoce como Edad de Oro de la CF, se nutrieron de jóvenes y entusiastas escritores cuyo estilo y planteamientos eran más avanzados que los del escritor "pulp" medio. No lo quedó más remedio a Cummings que escribir anónimamente guiones para los comic-books de la editorial Timely (predecesora de la actual Marvel Comics). Sus historias se pudieron ver en "La Antorcha Humana" y "Sub-Mariner" e incluso en el “Capitán América”, colección para la que recicló "La Chica del Átomo Dorado" en una saga de dos números (25 y 26) bajo el título "Princesa del Átomo". Cummings murió en 1957 y hoy se le considera como uno de los autores clásicos de la etapa pulp de la CF.

Para terminar, ¿podemos recomendar esta obra al lector contemporáneo? Si dejamos al margen su papel pionero y representativo de un modo de entender la CF, lo que nos queda es poco más que un pastiche de ideas ya desarrolladas antes por H.G.Wells o Edgar Rice Burroughs: aventuras entretenidas, apoyadas en tópicos y lugares comunes, sin personajes de enjundia y expuestas con un estilo algo caduco que exigen del lector cierta paciencia. Si te gusta la literatura pulp, no te lo pienses, debes comprarla. Si te interesa la evolución de la CF como género, éste libro forma parte de su historia y deberías conocerlo. Si buscas una novela ligera de aventuras de corte fantástico, también puedes incluirla en tu lista de lectura. Si por el contrario tu nivel de exigencia en cuanto a fondo y forma es más elevado, déjala en la estantería.