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jueves, 26 de enero de 2012

1996- STAR WARS ALA-X – EL PROBLEMA FANTASMA – Darko Macan y Edvin Biucovik


La franquicia iniciada en 1977 por “Star Wars” de la mano de su creador George Lucas ha sido, probablemente, uno de los negocios más rentables del siglo XX. Demostrando más visión comercial y fe en su proyecto que la mayoría de los estudios de Hollywood en los propios, Lucas se reservó los beneficios y el control de todo el merchandising y productos derivados de su particular universo galáctico y, consecuentemente y a raíz del éxito de su apuesta, una descomunal fortuna.

Desde el principio, los comics fueron uno de los ámbitos explotados por Lucas a través de la editorial Marvel primero y posteriormente, a partir de los noventa, Dark Horse Comics. El rodaje de la nueva trilogía que comenzó por entonces, reactivó el interés por unos personajes que nunca habían perdido popularidad, proliferando desde ese momento y hasta hoy todo tipo de series limitadas y números especiales, una larga lista imposible de glosar aquí y cuyo interés, salvo excepciones, es escaso para los no aficionados a la saga.

En los setenta, los comics de Star Wars se centraban en contar las andanzas del trío protagonista (Luke Skywalker, Han Solo y Leia Organa más los dos androides). En los noventa el abanico comenzó a ampliarse al tiempo que Lucas daba su permiso para utilizar todos los personajes de su amplio catálogo. Se publicaron series centradas en Bobba Fett, Yoda, Darth Maul o miembros de la Guardia Imperial, por ejemplo. Todo valía, aunque no hubiera ideas particularmente brillantes con las que mover a esos personajes.

Uno de aquellas figuras secundarias –cuya aparición en las películas suma sólo unos cuantos minutos- es Wedge Antilles, uno de los mejores pilotos de la Alianza primero y la Nueva República tras la muerte del Emperador, combatiente en la batalla por la primera Estrella de la Muerte y superviviente de la de Endor. Las aventuras del conjunto de aguerridos pilotos liderados por Antilles, fueron narradas en una serie de cinco libros escritos por Michael A.Stackpole.

En el cómic, las andanzas del Escuadrón Rebelde comenzaron en 1995 con la aparición de una
serie regular en cuyo primer arco argumental de cuatro números, “La oposición rebelde”, escrita por Mike Baron y dibujada por Allen Nunis y Andy Mushynsky, se planteaba un comienzo decepcionante en todos los sentidos, con una historia aburrida y un dibujo mediocre. A nadie se le escapó que, o se mejoraba el nivel rápidamente, o esta línea de la franquicia tendría una vida breve.

Así que las cabezas pensantes de Dark Horse cambiaron al editor y éste (Peet James) decidió contratar para la misión de rescate al dúo sensación del momento, una pareja de creadores croatas que se habían dado a conocer de forma espectacular en otra serie de CF editada por Dark Horse: “Grendel Tales: Guerra de Clanes”. Se trataba del guionista Darko Macan y el dibujante Edvin Biucovic.
En esta ocasión, la historia sobre la que trabajó Darko Macan era obra de Michael A.Stackpole, pero a diferencia de lo que suele ser demasiado habitual en los comics –y las películas- de Star Wars, no transcurría en remotos planetas desérticos, pantanos oscuros o alejadas bases militares sino en el bello planeta de Mrllst, un mundo dedicado a la investigación y la enseñanza a través de su famosa universidad, a la que acuden alumnos de toda la galaxia. La misión de Antilles y sus hombres es diplomática: conseguir convencer a los miembros de la Academia para que les entreguen los diseños de una nave indetectable, realizados por los mismos sabios que crearon la tecnología que permitió construir la Estrella de la Muerte.

Todo discurre amigablemente hasta que aparece el representante de los restos del Imperio, el
antiguo pirata Loka Hask. Resulta que este sujeto de desagradable aspecto ya conocía a Antilles: en un giro bastante poco original se nos cuenta que Hask fue el responsable de la muerte de los padres del piloto. Los diseños son robados y Antilles y sus hombres, acusados del delito, deben huir. Con ayuda de algunos simpatizantes, intentarán descubrir la identidad del auténtico responsable de la conspiración.

La trama en sí no es tan interesante como el marco en el que se desarrolla. La elección de un entorno poco explotado en el universo de Star Wars permite, a través de escenas y personajes secundarios, plantear toda una serie de cuestiones éticas, políticas e incluso filosóficas. Macan utiliza la historia de Stackpole para mostrarnos a estudiantes que cogen trabajos por horas para pagarse la matrícula, grupos políticos de ideología radical tratando de perturbar la calma
universitaria en su propio beneficio, bandas musicales inspiradas en leyendas estudiantiles que tocan en abarrotados pubs de diseño, comunidades de artistas underground que ofrecen asilo a los menos conformistas… Se puede decir que teniendo en cuenta el limitado espacio del que dispone (cuatro números) y que la historia original y los personajes no son suyos, Macan sale razonablemente airoso de la prueba, consiguiendo que tanto los diferentes integrantes del escuadrón como los personajes secundarios queden bien definidos con la ayuda de tan solo unas pocas líneas. Por otra parte, su sintonía creativa con Biucovic da como resultado una narración ágil que no decae en ningún momento y que mantiene interesado al lector.

Desde luego, buena parte del mérito de esta miniserie se debe a la habilidad de Biucovic, de la que ya hablamos en otra ocasión. En una franquicia que tiende a encorsetar a los dibujantes con una estricta supervisión y unas directrices de las que no deben salirse, Biucovic realiza aquí un trabajo excelente. Los dibujantes de los comics de Star Wars no suelen ser de gran calidad y para colmo abusan de viñetas en las que claramente se han dedicado a copiar maquetas de naves e ilustraciones de los artistas de Lucasfilm.


Biucovik no es ajeno a esos defectos y también aquí nos encontramos con grandes escenas
llenas de naves meticulosamente dibujadas que parecen colgar congeladas en el espacio de fondo estrellado. Sin embargo, en este caso, el artista desarrolla perfectamente bien la historia principal en el planeta Mrllst, exhibiendo una sofisticación elegante y un trazo sencillo que recuerda vagamente al manga. Maneja con igual soltura a los personajes (ya sea charlando tranquilamente en un bar o peleando en el hangar de una nave) que los ambientes (desde un bar de estudiantes universitarios a una ciudad en llamas), lo que permite al guionista, como hemos mencionado, mostrarnos la cara cotidiana de un universo casi siempre cortado por el más épico de los patrones.
Por desgracia, Biucovik no consigue esos excelentes resultados dibujando a toda prisa y sus retrasos en las fechas de entrega le obligaron a abandonar en el número cuatro, que en su mayoría hubo de ser completado por John Nadeau y Gary Erskine, quienes, a pesar de que tratan de continuar el estilo del croata, no llegan a su altura, estropeando el clímax gráfico de la aventura.

Con todo, “El problema fantasma” es uno de los comics de Star Wars más logrados. No esperes encontrar aquí algo fuera de lo habitual en el universo de Lucas: hay persecuciones, algún que otro misterio, criaturas y personajes llamativos, buenos heroicos y villanos perversos, luchas con pistolas de rayos, un jedi con su espada láser y batallas en el espacio. Si te gusta todo esto, sin duda disfrutarás con la aventura.

jueves, 1 de diciembre de 2011

1994-GUERRA DE CLANES - Darko Macan y Edvin Biucovik


Grendel nació como personaje en 1983, fruto de la imaginación de Matt Wagner, como una representación, intangible pero real, de la agresividad y la violencia. Las fechorías de este ser se narrarían en la serie que con ese título publicó la editorial Comico a partir de 1986. En 1992, Matt Wagner se llevó su obra a Dark Horse Comics, iniciando una nueva etapa en la que su personaje -si es que se le puede llamar así, puesto que va pasando de una encarnación a otra- sería desarrollado por diferentes equipos de guionistas y dibujantes bajo la forma de aventuras futuristas, con un resultado desigual.

Cuenta la leyenda que un buen día, la editora de Dark Horse, Diana Schultz, se encontró en su mesa un paquete procedente de Zagreb. En su interior, halló un proyecto para una serie limitada a publicar dentro de la colección "Grendel Tales". Sus autores: el guionista Darko Macan y el dibujante Edvin Biucovik. El personal de la editorial se quedó tan sorprendido como fascinado por la calidad del trabajo de aquellos dos croatas desconocidos que habían tenido la osadía de enviar sus páginas a una de las principales editoriales norteamericanas. Dark Horse tardó poco en darles vía libre y el resultado fueron dos miniseries consecutivas, tituladas "Devils and Deaths" (dos números, 1994) y "Devil´s Choices" (cuatro números, 1995), recopiladas en España en un solo volumen bajo el nombre "Guerra de Clanes". Se trata no sólo de una de las mejores historias de Grendel que se hayan hecho, sino una sobresaliente y muy humana narración de CF bélica.

Aunque no se dan nombres, la historia se sitúa claramente en una Europa dividida y destrozada por la guerra. Las catedrales levantan sus deterioradas torres como olvidadas reliquias en mitad de campos abandonados mientras los aterrorizados civiles se agrupan en comunidades debilitadas que buscan la protección de clanes de guerreros. Estos clanes, los grendel, aparecieron tras la muerte del Gran Khan, y se escudan en un supuesto honor, lealtad para los miembros del propio clan y una sangrienta tradición, para actuar como auténticos matones dirimiendo sus rencillas personales y/o ancestrales al tiempo que siembran la violencia entre los mismos civiles que dicen proteger y a los cuales exigen total sumisión además de sostenimiento material.
Los guerreros, armados con ametralladoras, pistolas y lanzacohetes, llevan también una espada como símbolo de honor y tradición que remite a tiempos pasados. Pretenden ser guerreros honorables, e incluso mueren valientemente cuando es necesario o inevitable, pero ello no quita para que se embarquen en conflictos sangrientos y mezquinos recurriendo a atrocidades como el envenenamiento radioactivo. En la primera parte, sólo Drago parece destacar por su escepticismo de entre la violencia general, el odio y la sed de poder. Afirma que el espíritu Grendel se ha desvanecido, que es posible que nunca existiera, que nunca pasara de ser una atractiva fantasía: “No hay idea que sea tan pura que no se manche al pisar la tierra”, le dice a Goran, su hermano pequeño.

"Guerra de Clanes" nos cuenta la historia de un puñado de personajes que tratan de sobrevivir en semejante entorno pero que, de una forma u otra, aún conservan una claridad mental que les aparta de sus embrutecidos compañeros. Drago ha pasado su vida inmerso en el clan hasta convertirse en uno de sus mejores guerreros. Decepcionado y asqueado tras años de combates y muertes, comprende lo que ocurre a su alrededor mejor que cualquier otro (el estancamiento, la insensibilidad emocional, el resentimiento sin sentido, las ansias de poder, la locura....), pero al final no puede renegar de lo que ha sido su vida durante tanto tiempo y decide morir como ha vivido: con un honor que ya no encuentra en sus jefes ni compañeros.

Su hermano Goran, obsesionado por su recuerdo, seguirá sus pasos. Y, como él, lo perderá todo
en el enloquecido torbellino de la guerra: el respeto de sus compañeros, el recién encontrado amor de Marika… hasta parte de su cuerpo. Víctima del juego de alianzas y traiciones tejido por los líderes de los clanes sin consideración alguna por sus hombres, no tiene otra salida que traicionar a su clan con el fin de salvarlo de la aniquilación y romper con el círculo vicioso de violencia y represalias, erigiéndose en su guía hacia un futuro que, al final de la historia, aún se presenta incierto.

Traidor es también otro miembro del clan, Borna, que huye junto a su mujer y su recién nacido hijo, abandonando sus supuestas responsabilidades guerreras. Aborrecido de la guerra, no podrá dar la espalda a sus principios y vivir con ello, prefiriendo asumir una obligación autoimpuesta como mediador y, en el proceso, perder a su familia.

"Guerr
a de clanes" es CF porque transcurre en el futuro, pero sus proyecciones tecnológicas están apegadas a lo posible y reconocible y su escenario bélico es, desgraciadamente, atemporal. Parece evidente que los autores croatas nos cuentan algo que han vivido muy de cerca: la desmembración de una sociedad en clanes enemigos, que se alían o enfrentan por mero interés o capricho, y que asolan el territorio sobre el que combaten; una sociedad feroz y despiadada que justifica sus odios en pasadas afrentas que nadie recuerda, líderes ciegos -en este caso, también literalmente- a las necesidades de aquellos que supuestamente protegen... Sí, es un retrato de la Yugoslavia de los noventa del siglo pasado. Pero los problemas y dilemas que aquí se plantean no son exclusivos de ese momento histórico, sino que tienen una universalidad geográfica y temporal que apela a cualquier lector.
El talento de Darko Macan se demuestra al conseguir que un guión marcado por la violencia y la guerra, de testimonio de ambas sin recrearse ni ensalzar ninguna; y que, al mismo tiempo, el peso de la historia recaiga no en la acción ni el morbo enfermizo por la crueldad y la muerte, sino en los momentos plenos de humanidad que devuelven al lector algo de esperanza en nuestra especie. La misericordiosa muerte del monstruoso mutante en la primera miniserie -magistralmente dibujada por Biucovik-, las verosímiles escenas de amor juguetón entre Goran y Marica, el bautizo del hijo de Borna en el mar, la escena filial entre Drago y su hermano, la despedida entre Borna e Ivana... definen a los personajes que las protagonizan mucho más que la guerra que los rodea y en la que se ven obligados, de una forma u otra, a tomar parte.

Desde el principio, Biucovik hace gala de una composición brillante, caracterización precisa, una
técnica narrativa potente y con recursos, habilidad fuera de lo común para mover a sus personajes, hacerlos interactuar entre ellos y plasmar con maestría tanto una escena de acción brutal como un momento de serenidad familiar, utilizando el ángulo, el encuadre, el lenguaje corporal y la expresión facial para enfatizar las emociones que cada momento debe transmitir. Fue uno de esos raros dibujantes capaces de plasmar todo y hacerlo bien: artefactos militares o bosques centroeuropeos, un momento de ternura entre amantes o una batalla multitudinaria. Cierta tosquedad en el trazo va desvaneciéndose rápidamente al pasar las páginas y en la segunda miniserie su dibujo ya es limpio, suelto y elegante. Su muerte a los 30 años de edad, en 1999, privó al mundo del comic de un joven maestro de la historieta que apuntaba ya a convertirse en uno de los mejores dibujantes del mundo.

“Grendel Tales: Guerra de Clanes” es, en resumen, un cómic de una calidad narrativa y artística envidiable que utiliza el marco genérico de la CF y el trasfondo del conflicto yugoslavo para hacernos reflexionar, sin tópicos ni sentimentalismos baratos, sobre los orígenes de la guerra y sus consecuencias sobre los individuos que participan en ella.