Leigh Brackett fue una de las pocas mujeres que formaron parte de la ciencia ficción pionera norteamericana, sobre todo gracias a las space operas que empezó a escribir para las revistas pulp a comienzos de los cuarenta del pasado siglo. Sus relatos eran populares entre los lectores, pero su condición femenina hizo que muchos colegas, autores y editores, la menospreciaran. Sin embargo, su tenacidad y el volumen de su obra en ese subgénero la hicieron merecedora del título de “Reina” de la space opera. Consumada sintetizadora de CF y Fantasía, se la recuerda por sus exóticos Marte y Venus y por su inconformista héroe, Eric John Stark, forajido y contrabandista.
