jueves, 16 de julio de 2026

1999- ROSWELL


Para los amantes del misterio, uno de los mayores enigmas de nuestros tiempos es el supuesto accidente en el que se estrelló un platillo volador extraterrestre en Roswell, Nuevo México, en julio de 1947. Esta cuestión ha fascinado a generaciones de aficionados a la ufología y dado lugar a una vasta industria y mitología que ha generado libros, museos, documentales y películas en los últimos 80 años. Supuestamente, el principal mantra del gobierno norteamericano es “¡Negarlo todo!". Los conspiranoicos, por su parte, aconsejan no fiarse de las autoridades.

 

“Roswell High”, los diez libros de Pocket Books y esta serie de televisión que comentamos ahora, fueron producto de esta fascinación constante por el incidente de Roswell.

 

En 1997, Laura Burns y Melinda Metz eran editoras en Parachute Publishing, en Nueva York. Se trataba de una editorial especializada en libros infantiles, en particular en la exitosa serie “Pesadillas” de R. L. Stine. Ambas se hicieron buenas amigas y comenzaron a trabajar juntas en varios proyectos. Cuando Burns se trasladó a otra empresa, 17th Street Productions, que era lo que allí se conoce como “book packager” (esto es, una subcontrata que, bajo encargo, crea un libro desde su concepción inicial hasta tener el producto terminado y listo para imprimir), Pocket Books les solicitó una serie de novelas sobre adolescentes extraterrestres aportándoles solo el título: “Roswell High”. Burns tomó ese concepto y desarrolló los personajes principales y una historia de amor al estilo de Romeo y Julieta, con un arco argumental principal que se desarrollaría a lo largo de los sucesivos libros. Cuando llegó el momento de asignar a un autor para que escribiera la serie, Burns contactó con Metz, quien por entonces ya trabajaba por su cuenta como escritora independiente.

 

“Roswell High” contaba la historia de tres adolescentes: Michael Guerin y los hermanos Max e Isabel Evans, supervivientes del incidente de Roswell en 1947. Mientras crecían, el trío se dio cuenta de que eran diferentes a los demás. Poseían poderes extraordinarios y, por miedo a ser descubiertos, los mantuvieron en secreto. Max e Isabel ni siquiera sabían de dónde provenían esas capacidades extraordinarias. Pero un día, de improviso, ocurrió un incidente que cambió la vida de todos.

 

El Crashdown Café, en Roswell, era el lugar de reunión favorito de los jóvenes. Los propietarios del local eran los padres de su compañera de clase, Liz Ortecho. Maria DeLuca, su mejor amiga, trabajaban en ese bar como camarera. Un día, Max y Michael entraron en el bar para tomar algo y estalló una pelea entre dos clientes, uno de ellos con una pistola. Durante el forcejeo el arma se disparó y alcanzó a Liz en el abdomen. Max corrió inmediatamente hacia ella y le puso la mano sobre la herida, borrando discretamente con sus poderes cualquier rastro. Sin embargo, en este proceso, mientras le salvaba la vida, experimentó flashes mentales del pasado de la vida de ella, estableciendo una "conexión mental". Aplastando un bote de ketchup, Max lo esparció sobre Liz, pidiéndole que dijera que no estaba herida y que las manchas eran sólo de la salsa. Para evitar a las autoridades, Max y Michael salieron corriendo del café. Liz, por su parte, al recuperarse, se dio cuenta de lo que había sucedido, ya que también había experimentado los mismos flashes al entrar en contacto con Max. No había duda: él no era humano.

 

Al día siguiente en el instituto, Liz le pidió a Max una explicación. En su estómago aún tenía una especie de huella plateada con la forma de la mano de él. A regañadientes, Max le reveló que era un alienígena. Más tarde, cuando una suspicaz María interrogó a Liz, se lo contó a continuación a un tercer compañero de clase, Alex Manes, quien también fue admitido en el círculo. Cuando el sheriff local, Jim Valenti, comenzó a sospechar de la recuperación de Liz, pasó a ser una amenaza para las vidas de los tres adolescentes con poderes.

 

A lo largo de los diez libros, las vidas de los adolescentes van entrelazándose de forma cada vez más compleja alrededor del núcleo que forma la relación sentimental entre Max y Liz. Michael y Maria mantenían una turbulenta relación de amor-odio e Isabel se enamora de Alex. A este drama amoroso entre adolescentes se añadían las constantes amenazas de que su secreto quede expuesto por parte del sheriff y el gobierno.

 

Temáticamente, “Roswell High” abordaba la cuestión de la búsqueda de identidad (un problema doblemente complejo en el caso de estos híbridos alien-humanos) y el uso del poder. Desde un punto de vista comercial, los libros bebían de otros dramas para adolescentes muy populares durante los 90: “Sensación de Vivir” (1990), “Melrose Place” (1992), “Dawson Crece” (1998) así como otros de género fantástico como “Buffy Cazavampiros” (1997) o “Embrujadas” (1998).

 

Con tan solo el primer borrador del primer manuscrito, se vendieron los derechos para televisión y se ordenó la producción de un episodio piloto antes siquiera de que el primer libro llegara a las tiendas. Esos derechos fueron a parar al guionista y productor Jason Katims, quien ya tenía experiencia en la adaptación de libros para televisión con la efímera serie de culto “My So-Called Life: Angela”, protagonizada por Claire Danes. Katims solo modificó algunos detalles: Liz ya no sería una chica latina apellidada Ortecho, sino una caucásica llamada Parker. Las descripciones físicas de los personajes adolescentes no tendrían por qué coincidir con los actores que formaban el reparto. En la serie de televisión, el sheriff Valenti evolucionaría más allá del villano de "sombrero negro", que se retrataba en la serie de libros.

 

Lo que sí se conservaron fueron las caracterizaciones y las relaciones entre los adolescentes humanos y alienígenas. "Como a ambas nos suele importar más el personaje que la trama, estábamos perfectamente cómodas con esto", comentaron Metz y Burns. Permitieron a los productores y guionistas construir su propio universo y que las historias y personajes crecieran por sí mismos.

 

Aunque la serie fue desarrollada inicialmente en 13 episodios por Fox Televisión para su propia cadena, fue finalmente vendida a la WB Network, que pensó que el programa atraería a la audiencia en la que estaba interesada. Esta cadena sí solicitó una temporada completa de 22 episodios. Al equipo se unieron como productores ejecutivos Jonathan Frakes (que, además apareció en tres episodios interpretándose a sí mismo y dirigió otros cinco); y David Nutter, que había estado desarrollando para MGM una película, “Comportamiento Perturbado” (1998), de acuerdo con las directrices del estudio de hacer un “Expediente X” con adolescentes. Su propuesta no convenció y entonces enganchó con “Roswell” en la Fox, que era exactamente lo que quería haber hecho.

 

David Nutter y Jason Katims escribieron el episodio piloto, que se emitió el 9 de octubre de 1999. En él y siguiendo de cerca el primer libro, se cuenta cómo

Max Evans (Jason Behr) y su hermana Isabelle Evans (Katherine Heigl) fueron encontrados vagando por el desierto a los cinco años, tras –y esto nadie lo sabía- haber salido de unas cápsulas donde habían estado incubando desde el evento de 1947. No podían hablar y habían perdido la memoria. Fueron adoptados por una encantadora pareja y crecieron en Roswell, mientras que su compañero de cápsula, Michael Guerin (Brendan Fehr), terminó en un hogar de acogida con un nefasto padre adoptivo, pero pudo mantener una relación cercana con aquéllos.

 

Los tres intentan llevar una vida normal, pero juntos descubren que tienen poderes especiales, en concreto, manipular la estructura molecular de los objetos, por lo que se figuran que son alienígenas y deciden mantenerlo en secreto. Hasta el día en que Max ve a la chica que le gusta, Liz Parker (Shiri Appleby) alcanzada por una bala perdida en la cafetería de sus padres, entra en acción y le salva la vida con sus poderes curativos. Liz descubre la naturaleza de estos híbridos alien-humanos, aunque éstos no saben realmente de dónde vienen ni por qué están en la Tierra. Para preservar su amistad con sus dos mejores amigos, Maria (Majandra Delfino) y Alex (Colin Hanks), se ve obligada a contarles el secreto. Todo esto desencadena una serie de acontecimientos que despiertan las sospechas del sheriff local, Jim Valenti (Nick Weschler), cuyo propio pasado está marcado por la obsesión de su padre por encontrar extraterrestres.

 

La serie sigue la fórmula habitual de una trama principal episódica enlazada con subtramas serializadas. La estructura típica de un episodio se divide en tres actos: se descubre un problema o una pista; uno o varios personajes empeoran la situación o se meten en problemas; otros los salvan o aparece un deus ex machina que plantea la situación para el siguiente episodio. Esta fórmula, cuando está bien ejecutada, permite que tanto los espectadores ocasionales como los habituales disfruten de la serie. Pero “Roswell” nunca logró el equilibrio perfecto, inclinándose demasiado hacia la narrativa serializada, lo que dificultaba que los espectadores ocasionales siguieran la serie sin los extensos resúmenes previos a cada episodio. Por otra parte, precisamente por intentar mantener un formato episódico, los espectadores habituales se irritaban por la inconsistencia de los episodios semana tras semana.

 

Los protagonistas son los seis personajes principales: Liz, Max, Isabel, Michael, Maria y Alex. Nunca se convierten en antagonistas, con la excepción de Michael, cuya estupidez suscita cierto comportamiento hostil. El reparto es bastante coral, con el foco de atención alternando entre Max y Liz, Michael y Maria, o Isabel y Alex, aunque el principal se pone sobre los primeros, ya que su romance es el detonante de la serie y moldea gran parte de los acontecimientos.

 

Durante la primera temporada, Liz encontró pistas sobre los orígenes secretos del alienígena en una reserva india. Michael se independizó de su abusivo padre adoptivo y una nueva chica, Tess (Emilie de Ravin), llegó al instituto Roswell. Max se sintió muy atraído por ella y Liz, que empezó a sospechar de ella, colocó una cámara en su casa, sorprendiéndose al descubrir que también poseía poderes alienígenas. Al final de la temporada, Max es secuestrado por agentes del gobierno convencidos de que es un extraterrestre y torturado en una “sala blanca". Nasedo, un alienígena cambiaformas, resulta ser el padre de Tess, y ella es "la cuarta alienígena" que se incubó junto con Max, Michael e Isabel tras el accidente de Roswell. Su poder para nublar mentes e implantar imágenes le resulta útil para infiltrarse en la base gubernamental y rescatar a Max.

 

En el final de temporada, el sheriff Valenti y Kyle descubren la naturaleza alienígena de los adolescentes cuando este último recibe un disparo. Max le salva la vida del mismo modo que había hecho con Liz: colocando sus manos sobre la herida y usando sus poderes para reparar el daño causado por la bala. El sheriff y su hijo se convierten así en aliados agradecidos.

 

El propio Jason Katims, en una rueda de prensa de la Asociación de Críticos de Televisión, admitió durante la gira promocional que, aunque las líneas generales de la primera temporada estaban trazadas, los episodios los iban escribiendo prácticamente sobre la marcha. Y se nota. Los personajes individuales son bastante insulsos y está construidos en base a estereotipos, lo cual es un problema grave porque, dado que la serie se centra tanto en el romance, es necesario que el espectador comprenda y empatice con ellos para poder disfrutarla. Es difícil escucharlos quejarse durante diez minutos sobre sus sentimientos si no te involucras con su drama y esto puede resultar complicado si encuentras irritantes a seis adolescentes quejicas que hacen que ser extraterrestre parezca tan dramático como un castigo. Es difícil decir si los guionistas de decantaban más por la trama o por los personajes, pareciendo más bien que la una se interpone en el camino de los otros cuando no el romance detiene por completo la historia (por ejemplo, Michael y Maria tienen una escena íntima juntos en el hotel sin ninguna razón excepto retrasar la trama y desarrollar el romance).

 

Las relaciones amorosas interfieren constantemente en el avance de la trama principal, convirtiendo a menudo los episodios en tontorrones festivales de drama adolescente. Cada vez que surge algo interesante, la serie lo aplasta con el peso abrumador de los tres cansinos romances, protagonizados por unos personajes no sólo increíblemente estúpidos sino inconsistentes. Michael puede ser el sensato en un episodio, pero en los tres siguientes se comportará como un cretino. El guion es tan endeble que, de un episodio a otro, se abandonan subtramas enteras y los personajes cambian de actitud por completo. El sheriff Valenti, por ejemplo, tiene un arco argumental, sí, pero el momento en que decide ayudar a los muchachos, a pesar de que son extraterrestres, nunca se muestra, solo se insinúa.

 

“Roswell” intenta, sin lograrlo, abordar problemas reales. Michael sufre maltrato doméstico por parte de su padre y, tras pasar un episodio entero peleando con Isabel y Max, que lo convierten todo en un asunto personal, finalmente, como he apuntado, decide emanciparse, eludiendo de alguna manera el largo proceso legal y sin que su padre esté presente para testificar. ¿Para qué? Ni idea, quizá para que el FBI lo espíe. Otro tema que intentan tratar es el despertar sexual, pero en lugar de que Max y Liz tengan dificultades para controlar su creciente atracción, resulta que la nave espacial los excita para que puedan descubrir el lugar del accidente. De hecho, Roswell repite el error de muchas series de televisión y baraja conceptos interesantes para luego ignorarlos por el bien del statu quo. Hacia el final de la temporada, por ejemplo, Isabel cree estar embarazada del bebé de Michael porque ambos compartieron un extraño sueño sexual. A pesar de las connotaciones incestuosas y las graves implicaciones asociadas, esto solo se usa para crear una brecha entre María y Michael, dando abrupto carpetazo al tema cuando Tess explica que no pueden quedar embarazadas sin la relación sexual convencional.

 

El romance entre Max y Liz, en torno al cual gira la serie, se basa en los viejos y manidos clichés del superhéroe/vampiro/alienígena que no quiere estar con una chica bien porque teme dañarla, bien para proteger el secreto de su auténtica naturaleza. Por supuesto, como espectadores, sabemos que terminarán juntos, y la espera en “Roswell” es una de las más exasperantes de todas las versiones de la fórmula: se comportan como una pareja; luego Max dice que mejor se calman; a continuación Liz se asusta y se distancia; luego Max dice que todavía quiere ser su amigo; luego se acercan más; luego ocurre algo extraño con un beso apasionado que los une todavía más y, aparentemente, significa que están saliendo, aunque nunca lo hayan dicho explícitamente en pantalla; y al final rompen porque la siguiente temporada habrá que reciclar el bucle. Sospecho que, en buena medida, esto se debe a que, como ya apunté, la serie se pensó originalmente para trece episodios. Al tener que alargarla hasta 22 para que WB la comprara, los guionistas no supieron alargarla sin hacer tedioso el folletín romántico.

 

El extraño triángulo amoroso entre Max, Tess y Liz se introduce en un momento muy incómodo, con Max fantaseando con otra chica en el episodio inmediatamente posterior a aquel en el que Liz y Max (quizás) tuvieron sexo. Al menos, los baches en la relación de María y Michael se deben a que éste sufrió abusos por parte de su padre de acogida y no solo a que sea un extraterrestre. Su relación fue forzada al principio, pero no tanto como la de Isabel y Alex. Isabel empezó en los primeros episodios como la superpopular reina del instituto, pero a medida que se aproximó más a Liz y María, se comportó de forma más amable con ellas. Eso no significa en absoluto que fuera una mejor persona, así que la idea de que sea amiga de Alex o que salga con él es tan absurda que parece que los guionistas la forzaron porque les resultaba extraño no emparejar a todos los personajes principales o porque estaba en los libros (que sí lo estaba) y tenían que hacer que funcionara de alguna manera.

 

Por otra parte, “Roswell” retrata a varios colectivos a base de estereotipos con un enfoque cómico. Por ejemplo, el grupo de ufólogos que llega al pueblo y que debería ser una parte importante de la serie, es presentado como unos frikis paranoicos con extrañas fantasías. Si bien los hay de esta tipología, los guionistas eligieron despojarles de cualquier potencial dramático y de influencia en la trama. Otro grupo son los odontólogos que acuden a una convención en uno de los episodios. Esto sería un detalle menor, pero es que los pintan como tipos raros y obsesionados con los dientes, lo que hace difícil cuando no imposible, que nos tomemos en serio a los protagonistas y su melodrama.

 

En general, la representación de los adolescentes en las ficciones televisivas, especialmente las dirigidas a un público joven, me resulta irritante, y esta serie no es la excepción. Los guionistas se empeñan en alargar innecesariamente los romances y trufarlos de problemas de lo más absurdos, incapaces de imaginar una relación sana. Todos los protagonistas son irracionales e inconstantes en sus emociones y, a pesar de que sus interacciones con los adultos son más interesantes, a menudo optan por centrarse en el melodrama adolescente más banal.

 

La serie tiene una estética y tono muy de su época, tomando algunos préstamos obvios de, por ejemplo, “Expediente X” o “Dawson Crece”. De la primera parace extraída la forma de iluminar las escenas nocturnas y la música. Además del guion deficiente, es evidente que la dirección no estaba en las mejores manos. Más allá de la ocasionalmente torpe puesta en escena, los directores tienden a elegir primeros planos, haciendo que los actores miren directamente a la cámara. Esto se suele usar en las escenas más fantásticas o románticas, pero el efecto resulta poco favorecedor para aquéllos.

 

Salta a la vista que “Roswell” tuvo un presupuesto muy modesto, algo que se evidencia de forma particular en los efectos especiales. Muchos de ellos son CGI de muy baja calidad, y cuando ni siquiera pueden permitirse eso, el montaje lo disimula bastante mal, sin dejar claro lo que está pasando. El diseño de producción es básico, con fondos y escenarios insulsos, a lo que no ayuda que, ambientándose en el desierto de Nuevo México, la paleta de colores se componga principalmente de tonos oscuros y marrones.

 

Aunque la primera temporada fue bien y reunió un nutrido grupo de espectadores, la cadena WB admitió que no estaba segura respecto a su renovación para un segundo año. Esto propició una campaña entre los fans que se autodenominaban “Alien Blasts”: el 10 de abril de 2000, compraron el espacio de toda una página de la revista “Variety” (2.500 dólares), la publicación más famosa del mundillo de Hollywood, para solicitar a la cadena la renovación, utilizando el mismo estilo gráfico que el logo de “Roswell” e incluyendo una mano plateada. Como parte de esa misma capaña, los fans enviaron por correo a los ejecutivos de WB miles de botellitas de salsa de tabasco (la favorita de los tres aliens), que la utilizaban en todos los platos como reclamo de atención no sólo para ellos, sino para quienes no veían la serie y los medios de comunicación.  

 

Cuando en mayo de 2000, WB anunció su programación para el otoño, todas sus series fueron renovadas, incluyendo “Roswell”. La presidenta de la división de entretenimiento admitió que los ratings de los últimos ocho episodios habían mejorado y que la campaña de publicidad de los fans algo había tenido que ver.

 

La segunda temporada de "Roswell" hizo más hincapié en la ciencia ficción, intentando construir un lore más complejo para todo el tema alienígena e inclinándose más hacia la narración serializada. Ronald D. Moore, veterano de la franquicia Star Trek (y luego creador de “Battlestar Galactica”, “Outlander” o “For All Mankind”), se unió a la serie como productor y guionista, aportando su talento y experiencia.

 

En cuanto a la trama, se centró en la existencia de unos enemigos alienígenas apodados "Skins", que buscaban acabar con los adolescentes alienígenas. En episodios posteriores, los híbridos de Roswell descubrieron que tenían unas contrapartidas suyas viviendo en Nueva York, y que Max era "el rey" del planeta Antar. Dos grupos fueron enviados a la Tierra para renacer como híbridos humano-alienígenas. Genéticamente, eran representaciones de la familia real, exiliados como resultado de una guerra planetaria.

 

Más tarde, cuando Alex murió en un aparente accidente automovilístico, todo el grupo se sumió en una profunda tristeza. A medida que los acontecimientos se desarrollaban a lo largo de varios episodios, Liz investigó la naturaleza del accidente y, en el último capítulo, justo cuando los jóvenes regresaban a su cámara de incubación secreta en el desierto para abandonar la Tierra mediante el oculto "Granilith" (un dispositivo que podía enviarlos de vuelta a casa), Liz, Maria y Kyle aparecieron para acusar a Tess de orquestar y ocultar la muerte de Alex. Al final, Tess abandonó la Tierra y dejó atrás al trío regio. Dado que estaba embarazada de su hijo, su partida le causó a Max un gran dolor (En realidad, matar a Alex fue una decisión motivada por el deseo del actor que lo interpretaba, Colin Hanks, de abandonar la serie para hacer una película que le habían ofrecido, “Orange County”, 2002).

 

Con la pérdida de dos de los personajes principales, el tercer año de la serie tenía que ser un nuevo comienzo. En abril de 2001, mientras se emitían los últimos seis episodios de la segunda temporada, la cadena comunicó a Sci-Fi Wire (el servicio de noticias del canal Sci-fi) que la decisión sobre la renovación o cancelación del programa se anunciaría el 15 de mayo. A principios de ese mes, circularon rumores de que, si WB cancelaba "Roswell", ésta se trasladaría a la cadena UPN junto con "Buffy Cazavampiros" y "Angel". Con un promedio de cuatro millones de espectadores por episodio, el programa estaba en la cuerda floja. Esta vez, los fans se dirigieron a UPN y Fox con una renovada campaña de botellas de tabasco. Según Sci-Fi Wire, se enviaron 12.000 botellas a UPN y el New York Post informó que los productores de la serie hicieron llegar a la cadena una petición online firmada por 30.000 fans que solicitaban la salvación de la serie.

 

En aquel mismo año WB iba a estrenar “Smallville”, una serie sobre un extraterrestre con poderes que vive en secreto en un pequeño pueblo estadounidense... ¿Qué posibilidades tenía entonces “Roswell” de competir contra el Hombre de Acero? Ninguna. El 14 de mayo, WB canceló oficialmente la serie, pero mantuvo "Angel". El 15 de mayo, UPN anunció que retomaría "Roswell" y la emitiría los martes a las 9 de la noche, después de "Buffy", otra serie recogida de WB. Al parecer, estas decisiones se tomaron a última hora. Según una entrevista, Ronald D. Moore y el creador de la serie, Jason Katims, estuvieron hablando por teléfono con las cadenas y sus agentes el mismo 14 de mayo. Y al final, lo consiguieron, para alegría de los fans de la serie.

 

En su tercer año (para el que se incorporaron al equipo de guionistas las creadoras originales, Melinda Metz y Laura Burns), se complicaron las relaciones entre los protagonistas. Max y Liz volvieron a estar juntos, pero él se obsesionó con encontrar a su hijo, quien, como he dicho, había abandonado el planeta con Tess. Creyendo que una nave espacial estaba escondida en una instalación secreta bajo una tienda de comestibles, Max y Liz fingieron un atraco para acceder a ella. Sin embargo, fueron arrestados y el padre de Liz le prohibió volver a ver a Max. Mientras tanto, Isabel lidiaba entre el dolor por la muerte de Alex y su nuevo amor por Jesse, un abogado que trabajaba en el despacho de su padre. Maria y Michael se acercaron cada vez más, justo cuando ella iniciaba su carrera musical.

 

A medida que avanzaba la temporada, Liz desarrolló poderes precognitivos como resultado de sus interacciones físicas con Max. Isabel se comprometió con Jesse, en un intento por llevar una vida normal, pero le ocultó su herencia alienígena. Cuando, finalmente, se reveló su "verdadera identidad", su novio quedó quedó desconcertado y asustado. El padre de Max y el de Liz conspiraron para investigar los antecedentes de Max.

 

Al final, se resolvieron varias tramas: los padres de Max e Isabel descubrieron la verdad sobre la ascendencia de sus hijos adoptivos y Tess regresó con el hijo de aquél. Temiendo poner al niño en peligro constante, Max, muy a su pesar, lo dio en adopción. En el último episodio de la serie, los seis adolescentes decidieron abandonar Roswell inmediatamente después de graduarse (los poderes precognitivos de Liz habían previsto el asesinato de todos ellos a manos de una Unidad Especial del FBI). Para protegerse a sí mismos y a sus seres queridos, Max, Isabel, Michael, Maria, Liz y Kyle subieron a una furgoneta Volkswagen y, entre lágrimas, dejaron su pueblo rumbo a un futuro nómada e incierto.

 

Como ya mencioné, Jason Katims concibió la serie como una versión de “Dawson Crece” con extraterrestres, mientras que las cadenas querían que “Roswell” compitiera con “Buffy Cazavampiros”. Katims nunca había trabajado ni en ciencia ficción ni en fantasía y, sencillamente, no estaba preparado para el nivel de detalle y coherencia que requería la construcción del mundo que habitaban sus protagonistas. Él quería que la serie fuera un drama centrado en los personajes en el que los extraterrestres no usaran mucho sus poderes. Para él, éstos solo debían ser un recurso argumental utilizado muy ocasionalmente. Esto va en contra del sentido común: no se puede interesar a los inversores y los fans con la premisa de unos híbridos alienígenas con poderes viviendo entre nosotros para luego olvidarse de ella. La cadena empezó a interferir cada vez más y Ronald D. Moore, como he señalado, fue contratado para la segunda y tercera temporadas con el fin de mejorar la audiencia y potenciar el contenido de ciencia ficción. Pero la serie ya había emprendido un camino por el que perdió gran parte de su público potencial, a saber, los verdaderos amantes de la CF.

 

Al final, “Roswell” es una reliquia de finales de los 90 y principios de los 2000, cuando los jóvenes blancos aún eran ricos, privilegiados y se creían el centro del universo. Incluso en sus mejores momentos, fue una serie irregular. El guion, las actuaciones y las tramas eran, en su mayoría, mediocres. De vez en cuando, había algún giro o enfoque capaz de sorprender a la audiencia. Hubo algunos episodios destacados que rompieron con los esquemas de la serie, ya sea jugando con el formato, con la premisa misma o no tomándose en serio a sí misma, pero incluso sus fans más acérrimos deberían admitir que nunca iba a ser historia de la televisión. Sin embargo, lo que hacía bien, lo hacía muy bien: ser una serie perfecta para su público objetivo: los adolescentes.

 

 

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