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sábado, 20 de agosto de 2011

1989- ALIEN NACION (TV)- Kenneth Johnson


Los alienígenas en su versión invasora -hostil o amigable- disfrutaron de una amplia popularidad tanto en el cine como en la televisión a finales del siglo XX. "Alien Nación" es un buen ejemplo de esa tendencia.

Ya comentamos en una entrada anterior la película "Alien Nación", sus puntos fuertes y aquellos en los que había resultado decepcionante (me remito a la misma en cuanto al contexto narrativo general en el que tiene lugar la acción de la serie que ahora comento) ¿Podía extraerse de aquel irregular film una serie de televisión que capitalizara sus aciertos y enmendara los fallos? La respuesta parecía tenerla el guionista y productor Kenneth Johnson.

Desde luego, parecía el trabajo adecuado para un perfil profesional como el suyo: bajo su supervisión, el comic de Stan Lee "The Incredible Hulk" se había reinventado en una saga de fugitivo simpático con oscuro secreto: una personalidad dual compuesta por el doctor David Banner (Bill Bixby) y el furioso monstruo verde Hulk (Lou Ferrigno). Duró cinco temporadas (1978-82) y dio lugar a tres telefilmes, el último en 1990. Antes de eso, había escrito "La Mujer Biónica" (1976-1978), contrapartida femenina y spin-off de "El Hombre de los Seis Millones de Dólares" (1974-1978), también producida por él, ambas series cosechando un considerable éxito. Y, desde luego, había sido el creador de la famosa miniserie "V", de la que también hablamos en su respectiva entrada.

Aunque Johnson no se mostró muy interesado al principio en "Alien Nación", pensó que podía darle un giro temático, dándole más peso al aspecto racial para así explorar algunos de sus temas favoritos: tolerancia, prejuicio y discriminación. Aunque los personajes principales, los policías Matt Sikes (humano) y George Francisco (alienígena) continuaron respondiendo a los mismos arquetipos generales (el primero violento e impulsivo, el segundo reflexivo y pacífico), los guiones de la serie ayudaron a perfilar más en detalle sus respectivas caracterizaciones.
Así, Sikes, interpretado por Gary Graham (cuyo aspecto tenía un cierto aire a Mick Jagger), se convirtió en un personaje de naturaleza contradictoria, enfrentado al desafío de "desaprender" el conservadurismo acumulado durante su educación y su experiencia como policía; en una escena, defiende con apasionamiento a la hija de George, Emily, cuando ésta acude a una escuela en la es víctima de la intolerancia de sus compañeros. A continuación, Sikes va a su apartamento y se encuentra con que una de sus nuevas vecinas es extraterrestre, exclamando "Fenomenal, ¿por qué en mi edificio?". Por otra parte, George (Eric Pierpoint) no se muestra tan frio y distante como en la versión cinematográfica; por muy inteligente y maduro que sea, sigue siendo un forastero en tierra extraña y no puede evitar mostrarse demasiado ingenuo en determinadas ocasiones.

La asociación entre ambos policías constituyó el núcleo alrededor del cual giraba el resto de los personajes, algunos de ellos "experimentales", cuyo papel se quiso que fuera regular pero que, al probarse limitados, fueron eliminados de la historia (el fotógrafo de un tabloide y varios policías, por ejemplo); los que sí se convirtieron en personajes habituales y que fueron evolucionando con el tiempo fueron los miembros de la familia de George. Éste es el primer alienígena que ha
alcanzado el rango de detective. Él y su familia se han trasladado a un vecindario de mayor categoría en el que también son los primeros extraterrestres; su esposa, Susan (Michele Scarabelli) puede tolerar los prejuicios ajenos, pero se preocupa por su rebelde hijo adolescente Buck (Sean Six), que se niega a adaptarse al nuevo planeta, desafiando a sus padres hablando su idioma nativo y uniéndose a una banda callejera de alienígenas; y su hija menor, Emily (Lauren Woodland), recién llegada a un colegio en el que es la primera y única extraterrestre. El reparto lo redondeaba la vecina alienígena de Matt, una doctora en bioquímica e investigadora llamada Cathy Frankel (Terri Treas), con la que acabaría estableciendo una relación romántica.


La fórmula de la serie era al tiempo esquemática y versátil y el comentario racial, obvio, aunque no llega a convertirse en un sermón chorreante de moralina. La mayoría de los episodios tenían lo que los guionistas llaman una “historia A” (la narración principal, habitualmente una investigación policiaca con poco interés) y una “historia B” (un argumento paralelo en torno al barrio, el lugar de trabajo o asuntos domésticos). En "Alien Nación", sin embargo, ambas líneas narrativas solían compartir el mismo tema. Así, mientras Matt y George investigaban el uso de esteroides ilegales en un gimnasio -lo que remite a nuestra
percepción de la masculinidad humana-, George ha de lidiar con su imagen de varón embarazado a punto de dar a luz (los machos extraterrestres comparten físicamente el embarazo con sus esposas), sufriendo los mismos cambios de humor que una mujer. De hecho, a causa del esfuerzo realizado en la misión, tiene un parto prematuro y Matt ha de asistir al evento, ayudando al bebe extraterrestre -o ya terrestre, según se mire- a venir al mundo. La pequeña criatura se modeló con tanto cuidado que muchos espectadores no se dieron cuenta de que era un muñeco y escribieron indignados a la cadena para protestar por haberle puesto semejante maquillaje a un bebé.
Aquel episodio (el nº 17, "Hombres auténticos"), escrito por Diane Frolov y Andrew Schneider, fue la culminación de una trilogía en la que se detallaban las diferencias entre la gestación de bebés humanos y alienígenas. Kenneth Johnson recordaba: "tuve la idea de que, como sucede con los caballitos de mar, fuera el macho quien llevara a la progenie hasta su completo desarrollo. Lo haría en una bolsa, como los canguros... tendría lugar como parte de una ceremonia religiosa... me dije, "¿no sería divertido si la ceremonia exige que George y Susan practiquen sexo en mitad del cuarto de estar... y entonces, en el último momento, todo el mundo les da la espalda y forma un círculo cogiéndose de las manos... Matt se sentiría la mar de incómodo"

No era totalmente nuevo para algunas series de CF televisiva el hacer hincapié en aspectos especialmente emocionales, dirigidos tanto al corazón como a la conciencia, pero "Alien Nacion" lo convirtió en marca de la casa, refinándolo y ampliándolo a medida que iba avanzando la serie. De hecho, las historias policiacas (que iban desde extraterrestres asesinados por un doctor humano para extraerles una glándula de la longevidad a la muerte de una prostituta alien, de la protección de un testigo, al rescate de rehenes pasando por el consabido asesino en serie) eran directas y convencionales. Donde radicaba el interés de la serie era en el detallado retrato de la biología y cultura alienígenas -con lenguaje subtitulado incluido-.

Los tenctoneses se embriagan con leche agria y el agua salada puede matarlos. Su espalda es su zona erógena y sus métodos reproductivos tienen miga: hacen falta dos machos para preñar a una hembra y, como hemos apuntado, padres y madres se turnan en el embarazo. En uno de los episodios, Susan es "preparada" por un Binnaum -un miembro de una respetada orden religiosa- y en otra entrega da a luz a una especie de vaina que será incubada por George hasta que nazca definitivamente.
Y entonces, Barry Diller, a la sazón presidente de la Fox, canceló el programa tras 22 episodios (incluido el piloto) de 60 minutos de duración. Fue aquella la primera temporada en la que la Fox incluía programación propia para el lunes por la noche, y aunque "Alien Nación" no era un éxito arrollador, sí contaba con un número estable y creciente de seguidores. Por desgracia, eran también aquellos los años en los que dominaban las comedias (o eso pensaban las principales cadenas de TV) y Diller quería dedicar la parrilla horaria de "Alien Nación" a ese género. Sirvió de poco que un año después, el ejecutivo de la Fox Peter Chernin declarara ante la Asociación de Críticos de Televisión que cancelar "Alien Nación" había sido un gran error: la cadena siguió haciendo oídos sordos a las súplicas para reanudar la serie que Kenneth Johnson siguió dirigiéndoles los siguientes dos años.
Mientras tanto, las referencias y alusiones que la serie hacía a la situación y problemas de las comunidades étnicas más pobres de Estados Unidos, se convertirían en pocos meses tras su cancelación en proféticas. En 1991, la campaña que la policía de Los Ángeles estando llevando a cabo para convencer a los vecinos de raza no blanca de que se estaban reformando y sensibilizando hacia los asuntos que les concernían, se vino abajo súbitamente cuando las televisiones de todo el mundo mostraron a unos agentes apaleando a un motorista negro llamado Rodney King. El brutal ataque confirmó las afirmaciones de los grupos de derechos civiles acerca de la injusticia del sistema norteamericano. El escándalo aumentó cuando los policías fueron exonerados. Estallaron entonces las peores revueltas de la historia de la ciudad.

La ciencia ficción se entremezclaba con la realidad en las noticias de los telediarios, con imágenes
de incendios, saqueos, tiroteos y palizas en las barriadas negras e hispanas de Los Angeles, mientras las autoridades trataban de reinstaurar el orden social. Ya fuera interpretado como una revuelta criminal y anárquica o una protesta contra la tiranía racial -y los acontecimientos recientes de Londres han repetido la historia- los sucesos de Los Ángeles mostraron que el racismo contra las minorías étnicas aún existían por mucho que el gobierno se esforzara en promover la imagen de una sociedad multicultural.

El sesgo que se produjo en Estados Unidos en la década de los noventa hacia las minorías no blancas fue el más pronunciado del siglo XX. Al mismo tiempo, las ciudades crecían cada vez más. Era evidente que las comunidades más pobres ya residentes en los centros urbanos se iban a ver sometidas a una presión adicional ante el aumento de población y la diversidad cultural. La inmigración era muy alta y las infraestructuras y servicios sociales ya se encontraban sometidos a una considerable presión.

La quiebra del orden social, el foco en la vida callejera de las grandes ciudades y el conflicto racial eran parte de la representación que de Los Ángeles hacía "Alien Nación". El hecho de que la serie estuviera aún emitiéndose pocos meses antes del caso de King y los disturbios de Los Ángeles, demuestra la capacidad de la ciencia ficción, si no para la profecía, sí para el comentario acertado de la actualidad y la naturaleza humana a través de la alegoría y la metáfora.


Tras su cancelación, el espíritu de "Alien Nación" siguió vivo en otro medio. Kevin Ryan
, editor jefe del departamento de libros de Star Trek de Pocket Books, consiguió los derechos de publicación y encargó una serie de novelas a escritores especializados en este tipo de ficción basada en shows televisivos. Se llegaron a publicar ocho libros firmados por Judith y Garfield Reeves-Stevens, Barry Longyear, Peter David, K.W.Jeter, L.A.Graf (acrónimo de “Let´s all get rich and famous", tras el cual se escondían Julia Ecklar y Karen Rose Cercone) y David Spencer.

Cuando Lucy Salhany ocupó el puesto de responsable de Fox Broadcasting, dio un empujón a "Alien Nación" en la forma de telefilmes en los que se desarrollaron algo más las relaciones entre los personajes. Que la idea aún gozaba de aprecio entre el público lo demuestra el hecho de que entre 1994 y 1997 llegaron a producirse cinco películas -bastante insulsas-, todas ellas dirigidas por Kenneth Johnson y contando con el mismo reparto de la serie. En la primera, "Dark Horizon", se resolvía la crisis inconclusa en el último episodio. Las dos siguientes, "Body and Soul" y "Millenium" desarrollaban guiones previamente escritos para una segunda temporada de la serie que nunca llegó a concretarse. Las dos últimas fueron "The Enemy Within" y "The Udara Legacy".

Siendo un producto sindicado que ya estaba reponiéndose en varias cadenas comerciales, incluso el breve revival en forma de telefilmes era forzosamente limitado. "Alien Nación" quedó como testamento de un concepto que había sido trabajado con cariño en la línea divisoria que separa el "casi bueno" del "extraordinario", una metáfora acerca de las relaciones raciales en Norteamérica que trataba de ilustrar esas palabras de Hammerstein que decían que nadie nace con prejuicios, sino que éstos han de ser "cuidadosamente enseñados".

lunes, 20 de junio de 2011

1983- V – Kenneth Johnson


El formato de miniserie televisiva fue muy popular a mediados de la década de los años setenta del siglo pasado gracias a que permitía a los productores evitar la exigencia de contar una historia completa en una hora o bien estirarla veintidós episodios para que durase una temporada completa. Fue la solución para dramas históricos o familiares como “Raíces” u “Hombre Rico, Hombre Pobre”, pero no se contemplaba como algo que diera cabida a un género “infantil” como la ciencia ficción.

De hecho, hacia 1980, la ciencia ficción televisiva había sido relegada a horarios y temas infantiles, como la lamentable ”Buck Rogers en el siglo XXV” en la NBC o la recién cancelada “Battlestar Galáctica”. NBC en particular, no había sido capaz de encontrar un éxito en el género CF y había fracasado con “Manimal” o “Misfits of Science”. Así, cuando llegaron los Visitantes en aquella era pre-internet, nadie tuvo ningún aviso previo. Los viandantes y conductores de las costas este y oeste norteamericanas fueron los primeros en recibir el mensaje de que los Visitantes eran nuestros amigos. Eso es lo que decían enormes cartelones publicitarios que representaban orgullosos hombres uniformados de pie, con gafas de sol, lanzando ese mensaje flanqueados por gente normal con expresión sonriente. Unas semanas después, los carteles habían sido pintarrajeados con una “V” roja en el centro.

En mayo de 1983, el mes que todas las cadenas tradicionales toman como indicador de su nivel de audiencia de cara a fijar las tarifas publicitarias, llegó la miniserie “V”, emitida en dos noches. Una serie de enormes platillos volantes aparece repentinamente sobre las principales ciudades del planeta. Los alienígenas, que parecen ser exactamente iguales a los humanos, se declaran amistosos y anuncian que han venido a la Tierra para resolver los graves problemas ecológicos que afectan a su planeta gracias a un producto que esperan fabricar en la Tierra utilizando nuestros residuos urbanos. A cambio ofrecen conocimientos tecnológicos que resolverán nuestras propias dificultades. Todo resulta ser falso, claro: los extraterrestres (cuya verdadera apariencia física es reptiliana) han venido a la Tierra para hacerse con el agua y, lo que es peor, humanos para utilizarlos como soldados en sus guerras de conquista o, simplemente, como alimento. La resistencia consigue organizarse y repeler con éxito la invasión. Se trataba de ciencia ficción bien hecha, apasionante, y la revelación de la verdadera naturaleza e intenciones de los Visitantes cogió a la mayor parte de los espectadores por sorpresa.

La miniserie fue creación del veterano productor televisivo Kenneth Johnson. Su intención
original había sido la de rodar un thriller político titulado “Storm Warnings”, basado parcialmente en una novela antifascista de Sinclair Lewis, “No puede pasar aquí” (1935) escrita cuando las negras nubes de la guerra comenzaban a acumularse en el horizonte. Pero la NBC le indicó que aquello era demasiado intelectual para el espectador medio y que lo que quería era otra cosa: alienígenas. De esta forma podrían aprovecharse de la estela de éxito dejada por Star Wars. En ese caso sí estaban dispuestos a apostar fuerte por la idea: “V”, la miniserie, costó 13 millones de dólares.

“Me sugirieron que fuera una fuerza alienígena la que causara el cambio en nuestras vidas”- declararía más tarde Johnson- “Al principio me opuse, porque, tras hacer cosas, como “El Hombre de los Seis Millones de Dólares”, “La Mujer Biónica” o “El Increíble Hulk” estaba cansado de ese género y quería hacer algo más cercano a la realidad. Pero cuantas más vueltas le daba, más me convencía de que podía hacer algo interesante, una alegoría sobre el ascenso del Tercer Reich y de cómo el poder supremo podía o bien corromper a alguien o convertirlo en un héroe”.

La sutileza no fue precisamente la principal virtud de “V”: A pesar de la tecnología futurista, los alienígenas nunca dejaron de ser nazis, condición claramente representada por sus uniformes, su propaganda, su reclutamiento de jóvenes para unidades especiales y su enfrentamiento contra la Resistencia. El territorio de combate, en lugar de ser la Europa ocupada fue la ciudad de Los Ángeles. Pero cuando tu objetivo es llegar a la máxima audiencia posible, has de reducir a lo básico, esto es, héroes y villanos claros y fáciles de identificar, mucha acción y efectos especiales para adornarlo todo.
Los alienígenas estaban liderados por John (Richard Herd), la cara amable de la fuerza invasora. Tras él estaba la manipuladora Diana (Jane Badler) a la que acabaría uniéndose una rival igualmente maquiavélica, Lydia (June Chadwick). En la resistencia militaban Mike Donovan (Marc Singer) y la Dra Juliet Parrish (Faye Grant) liderando un grupo en el que se encontraban el correoso agente de la CIA Ham Tyler (Michael Ironside), el antropólogo Robert Maxwell (Michael Durrell) y el simplón alienígena Willie (Robert Englund antes de convertirse en el demoníaco Freddie de Elm Street).


Los efectos especiales, aunque hoy no hayan envejecido bien, eran de una calidad que no se había
visto en la televisión. Aunque la imagen que más recuerdan aquellos que vieron la serie cuando se emitió por primera vez no tenía que ver con las naves o las batallas con pistolas láser, sino con algo más pequeño y peludo: los espectadores se sintieron asqueados y fascinados al tiempo cuando la malvada Diana cogía una rata de la jaula, la dejaba colgando sobre su boca y luego se la comía. Para conseguir la ilusión, la actriz Jane Badler hubo de acercarse el roedor a la boca, pero era una cabeza mecánica la que realmente se tragaba el animalito; luego, un nuevo corte nos devolvía a la actriz de carne y hueso, a la que se le había añadido una garganta falsa con cámaras de aire que se inflaban y desinflaban dando la ilusión de que la rata ya iba camino del estómago.

Aunque los dos episodios de la miniserie terminaban con un tono optimista, la historia estaba
lejos de terminar, permitiendo que la NBC encargara una continuación para la siguiente temporada. “V: La Batalla Final” constó de tres episodios, emitidos en mayo de 1984, con un enfoque más claro hacia la CF y con más escenas de acción. Kenneth Johnson trabajó en el proyecto en sus etapas iniciales, pero se marchó después de que surgieran diferencias con la cadena sobre la orientación de la serie.

La Resistencia había descubierto la verdad sobre los Visitantes y necesitaban desenmascarar a su líder, John, mostrando al mundo su verdadera naturaleza reptiliana. Al mismo tiempo, el trasunto de Dr.Mengele que era Diana se hallaba muy ocupada tratando de obtener un cruce entre humano y alienígena; al final lo que descubre es un compuesto tóxico para los de su raza que será clave en el triunfo final de los humanos. Una victoria final conseguida de una forma bastante absurda
Y, de nuevo, la combinación de unos logrados efectos especiales, el rodaje tanto en decorados como en exteriores y un amplio reparto de personajes, dio resultado. Los índices de audiencia no dejaban lugar a dudas: “V” se había convertido en todo un fenómeno para medio mundo. En Inglaterra, su emisión compitió con éxito con la retransmisión de los Juegos Olímpicos. En Japón, el programa fue tan popular que el legendario dibujante de manga Go Nagai (creador de Mazinger Z) escribió una adaptación de la serie que dibujo Tatsuya Yasuda. La serie también propició la comercialización de uno de los primeros juegos para PC (al que se jugaba en el popular Commodore 64).

A pesar de que se mencionaba que había más de 50 naves nodriza flotando sobre los cielos
terrestres, en las miniseries se desarrollaba poco esta idea. Esto dio pie a una serie de novelas editadas por Pinnacle Books, que trató de aprovecharse del éxito de la serie al estilo de lo que había hecho Pocket Books con la franquicia de Star Trek. El editor incluso contrató a A.C.Crispin (escritora de libros para aquella famosa franquicia y que años más tarde sería la responsable de la Trilogía de Han Solo para la serie de Star Wars) para novelizar la miniserie inicial. Se le pidió también continuar el asunto con un relato original, pero los ajustados plazos de entrega la hicieron compartir la tarea con un compañero trekkie, Howard Weinstein. “V: East Coast Crisis” (1984) contaba los acontecimientos paralelos que habían tenido lugar en la costa atlántica del país. Siguieron otras catorce novelas, incluyendo otra de A.C.Crispin, dos de Weinstein y dos del escritor de CF Somtow Sucharitkul.

El mundo del comic tampoco fue ajeno al éxito de “V”. El editor de DC Comics en aquel entonces, Marv Wolfman, se aseguró los derechos para una adaptación en viñetas, una estrategia que había tenido un excelente resultado en 1983 con los comics de Star Trek. La tarea recayó en el editor Robert Greenberger, el guionista Cary Bates y los dibujantes Carmine Infantino y Tony DeZuñiga en la mayor parte de los números.

Greenberger recordaría con posterioridad lo difícil que fue, no ya unir las líneas argumentales del
cómic con las de la serie televisiva que comenzaría meses después, sino no contradecirlas. “Conocí a Marc Singer y David Blatt (actor y productor ejecutivo de la serie respectivamente) en su presentación de la serie regular en la World Science Fiction Convention, un mes antes de su estreno en la televisión. Hablamos sobre la colección de cómics y el programa televisivo y vi claro que no entendían la CF y que podía ocurrir cualquier cosa. Más tarde, los guiones de la serie no llegaban a tiempo y no teníamos ni idea de lo que iba a suceder, así que no nos quedó más remedio que hacer historias muy genéricas que perjudicaron las posibilidades comerciales del título”. Cuando la serie fue cancelada, Greenberger trató de obtener el visto bueno por parte de los productores para continuar con la historia y mantener viva la franquicia, pero no tuvo éxito. La colección de cómics fue cancelada en 1985 tras 18 números.

En fin, y volviendo a la serie televisiva, el caso es que tras acertar dos veces con la misma premisa, la NBC no deseaba matar la gallina de los huevos de oro y encargó una serie regular para el otoño de aquel 1984. Los responsables fueron Robert Singer y Daniel Blatt, ninguno de los cuales pareció tener demasiado respeto por el concepto de lógica interna o por los resortes propios de la ciencia ficción. Como resultado, la serie acabó derivando de la alegoría hacia el culebrón, con un reparto progresivamente más abotargado por unos guiones a todas luces inadecuados.
Con un presupuesto de un millón de dólares por episodio, “V” fue la serie más cara de la historia de la televisión americana. Y con tanto dinero en juego, la NBC contaba con obtener otro sonado éxito. Tales expectativas sometieron al equipo de producción a una enorme presión: nueve productores trabajaron en el programa, lo que impidió mantener una dirección argumental y temática no ya firme, sino coherente. Se intentaron desarrollar historias secundarias, como el nacimiento del híbrido humano/alienígena, que intentara acercar a la audiencia a las tribulaciones diarias de la gente ordinaria y no sólo a la gran épica de la invasión. Pero lo cierto es que todo empezó a tomar aire de culebrón; como en “Dinastía” o “Dallas”: una parte nada despreciable de los argumentos tenía que ver con las intrigas de una malvada fémina manipuladora y ansiosa de poder, Diana, que encontró una rival de su altura en otra alienígena igualmente perversa, Lydia.

Hubo otros factores que tampoco se puede decir que ayudaran a conservar el nivel de la serie. Un ejemplo: en el tercer episodio, “Ruptura”, se presentaba a un nuevo personaje, Kyle Bates; la cadena lo consideró demasiado violento y no lo emitió. Así que hubo que reescribir el guión del siguiente episodio “Traición”, para presentar a Kyle. En el verano de 1985, cuando la serie se volvió a emitir, “Ruptura” sí se incluyó para intentar que la cadena recuperara costes; resultado: Kyle fue presentado como nuevo personaje en dos episodios distintos.

Cuando la cosa estaba ya medio descarrilada, se contrató a dos expertos en ciencia ficción, los
hermanos Jeffrey y Michael Walker, con la misión de ayudar a los atribulados equipo y reparto. Pero para entonces el público había dejado de apoyar la serie y ésta fue cancelada tras 19 episodios, siendo emitido el último de ellos el 22 de marzo de 1985. La cosa terminaba en una situación de suspense que nunca llegó a solucionarse, puesto que el episodio que lo resolvía, “El Ataque”, nunca llegó a rodarse. Parece que se trataba de matar a dos de los protagonistas regulares, trayendo de vuelta a uno de los que hacía tiempo había desaparecido y añadiendo un nuevo hilo argumental que impulsara la historia hacia delante.

Una vez superado el batacazo, pudo verse que, a pesar de todos los errores cometidos, la franquicia “V” había conseguido familiarizar al gran público con un planteamiento de CF inteligente, contribuyendo al desarrollo de series posteriores, como la versión televisiva de “Alien Nación” o incluso “Star Trek: The Next Generation”, tan sólo tres años más tarde.

“V” parecía un concepto demasiado interesante para dejarlo morir. J.Michael Straczynski, que
escribió por primera vez sobre la serie cuando era periodista en el Los Angeles Herald, preparó en 1989 el guión de un episodio piloto inspirado tanto por un fandom que no parecía darse por vencido como por el éxito creciente de la ciencia ficción televisiva. Se tituló: “V: Siguiente Capítulo” y comenzaba la historia cinco años después del final de la serie. En lugar de introducir los misteriosos enemigos de los Visitantes mencionados en la miniserie original (y que el propio Kenneth Johnson había inventado como pista falsa), Straczynski prefirió dividir a los Visitantes en dos bandos, con los Outsiders aliándose con los humanos. Todos los personajes originales fueron eliminados. La NBC pareció interesada al principio, pero al final abandonó el proyecto.
En 2004, se editó en DVD la miniserie original. Sus ventas y el sentimiento de nostalgia que levantó impulsaron a Kenneth Johnson a volver a intentarlo. Anunció que su nueva miniserie no tendría en cuenta nada de lo que se había contado tras los dos episodios originales que abrieron la saga. Pero la NBC estaba más interesada en hacer un remake, esperando que tuviera suficiente éxito para encargar una secuela. Una y otro siguieron caminos diferentes. ABC produjo y emitió la nueva V (de la cual hablaré en otro momento) en 2009 y Johnson novelizó su guión editándolo en noviembre de 2007. En éste, la acción tiene lugar veinte años después de la primera miniserie. La Tierra continúa en manos de los alienígenas, que gracias a sus “obsequios” tecnológicos han hecho de la Tierra una jaula dorada; la vida no va tan mal para los humanos y no merece la pena luchar. La Resistencia continúa en activo, pero cada año que pasa su misión parece más imposible. Sin embargo, el mensaje enviado por Juliet Parrish a los enemigos de los Visitantes en la primera miniserie, llega a sus destinatarios; solo tienen que esperar hasta que llegue la ayuda…

La "V" original supuso uno de los hitos televisivos de la década de los ochenta y, pese a ser un compendio de tópicos del subgénero de invasiones con los que ya estaban más que familiarizados los lectores veteranos de CF, fue una de las más atractivas narraciones sobre ataques extraterrestres que la televisión hubiera ofrecido hasta ese momento. Independientemente de sus méritos formales, las miniseries demostraron que la CF televisiva era capaz no sólo de expandirse a otros medios y generar importantes ingresos en forma de merchandising, sino de atraer a una gran audiencia que habitualmente no era seguidora del género.