(Viene de la entrada anterior)
Más allá de la venganza contra los Harkonnen y la recuperación del legado de su casa dinástica, las metas de un Paul que madura a pasos agigantados son aún más ambiciosas. Los nativos y algunos científicos llevan soñando desde hace mucho tiempo con la terraformación de Arrakis, pero hasta el momento en que se precipita la acción han existido siempre dos obstáculos principales. Por una parte, las casas nobles que han gestionado la explotación de la valiosísima melange no han tenido auténtico interés en acometer una empresa de tamaña dimensión; y, aún más importante, la transformación artificial del planeta en un ecosistema más habitable probablemente conllevaría la desaparición de la especia y, con ella, la desintegración de todo el entramado comercial y político del Imperio. Pues bien, Paul se propone burlar a todos los extranjeros interesados en mantener el status quo, darle a los Fremen el poder sobre su propio planeta e iniciar una transformación ecológica que convierta a Arrakis en un paraíso.

