jueves, 4 de julio de 2019

1975- ESPACIO: 1999 (y 2)



(Viene de la entrada anterior)

“Espacio: 1999” siempre estuvo lastrada por una interpretación mediocre, tramas implausibles, personajes unidimensionales, una casi total ausencia de humor y calidez humanos, pretenciosidad intelectual y metafísica y ritmo demasiado lento. Gerry y Sylvia Anderson, especialistas en marionetas, no sabían bien cómo trabajar con seres humanos. Incluso para aquella época, las escenas resultan muy planas en su ejecución, encadenando una serie de planos medios estáticos intercalados con otros para establecer la localización; y personajes que pasaban más tiempo hablando sobre la amenaza de turno que enfrentándose a ella. Muchos de los capítulos tenían ideas interesantes, una evidente aspiración a alcanzar un tono adulto y un buen estilo visual, pero la interminable verborrea que los inunda y una narrativa cinematográfica carente de chispa hace que sus virtudes pierdan efecto. Ahí está, por ejemplo, el segundo episodio, en el que un hombre regresa de la muerte y parece como si todo el mundo en la base esperara verlo atravesar la puerta con total normalidad.



Más allá del apartado creativo, la distribución de la serie se encontró también con problemas. Ninguna de las principales cadenas americanas de difusión nacional creyó que lo que la ITC le ofrecía iba a interesar al público americano. Pero ese mercado, recordemos, había sido siempre el objetivo primordial de Anderson y su jefe, Lew Grade. Así que hubo que ir emisora local a emisora local formalizando contratos individuales, un trabajo formidable que, sin embargo, se saldó con éxito. Con 155 emisoras comprometidas, “Espacio: 1999” pudo verse en prácticamente todo Estados Unidos (a diferencia, paradójicamente, de Inglaterra).

Sin embargo, los contratos de la serie con el mercado sindicado de ese país estaban pendientes de renovación. La respuesta del público americano, por las razones expuestas, no fue todo lo entusiasta que se había esperado y a pesar de que se anunció una segunda temporada, la filial americana de la ITC exigió un remozado considerable para recuperar las ventas.

Durante todo este proceso, además, Gerry Anderson se separó y luego divorció de su esposa Sylvia, que siempre había sido para él un gran apoyo creativo y de negocios. Quedando vacante
un puesto de productor, Anderson contrató a Fred Freiberger, quien había producido la última temporada de “Star Trek” y con el que se esperaba adquirir, ahora sí, el “toque” americano que permitiera reconquistar ese lucrativo mercado.

Y aquí es donde se produce la división de opiniones. Muchos pensaban (como, a la postre, el propio Anderson) que aunque Freiberger renovara la serie y la orientara más hacia la acción y la aventura, también diluyó lo que había sido una característica esencial de la misma: la calidad y originalidad de sus guiones, prefiriendo en cambio recurrir a los clichés, tramas y elementos con los que estaban familiarizados los espectadores americanos. Así, Freiberger se esforzó por aumentar el contenido sexual y la presencia de alienígenas así como de insertar mucha más acción. Dio más peso al romance entre Koenig y la doctora Russell, hizo desaparecer sin explicación algunos de los personajes de la primera
temporada (como el científico Victor Bergman, el piloto Alan Carter o la técnico Sandra Benes) y añadió a cambio otros nuevos que pudieran despertar el interés de la audiencia, especialmente Maya (Catherine Schell), una exótica princesa alienígena que podía transformarse en otras criaturas a voluntad, lo cual, de paso, siempre resultaba muy conveniente a la hora de solucionar problemas de guión. En el fondo, era un remedo de Spock (oficial científica, gran capacidad intelectual, alienígena), incluso en ciertos rasgos de su aspecto.

Los detractores de esta segunda temporada argumentan que su aproximación más ligera, el maniqueísmo ramplón y la trivialización de las historias fue un error y, a la postre, acabaron por provocar la cancelación de la serie. Critican, por ejemplo, que se olvidara la difícil situación de la Base Alfa en su vagabundear por el espacio, y que los finales fueran casi siempre felices, con los tres protagonistas, Koenig, Russell y Maya, bromeando al estilo de Kirk, Spock y Bones al final de los capítulos de “Star Trek”. De nada sirvió que Martin Landau tratara de razonar con Freiberger diciéndole que los guiones eran incoherentes con el temperamento de su personaje. El productor tenía muy claro lo que había que hacer, con o sin el beneplácito de los actores.

Estando de acuerdo en que intelectualmente supuso un paso atrás, el enfoque de la segunda temporada puede convencer más o menos según el gusto de cada cual. Es cierto que en el contexto de la crítica situación de la base, el optimismo de sus habitantes parecía fuera de lugar, pero también da a los personajes una oportunidad para relacionarse con mayor normalidad en un plano de amistad y permitir así una mejor identificación por parte de los espectadores. Por otra parte y siendo sinceros, si lo que reclamamos es mayor realismo, habría que reflejar que la tasa de suicidios entre los alfas debía ser altísima. El tono ligero, aunque quizá decepcionó a los espectadores más adultos y exigentes, sí cautivó en cambio a muchísimos niños y, con la perspectiva que dan los cuarenta años transcurridos, hoy los episodios de la primera temporada, por mucho que podamos admirar los efectos especiales, se antojan excesivamente lentos y grises En cambio, los de la segunda son más divertidos de ver.

Lo más frustrante de “Espacio: 1999”, ya sea en su primera o segunda temporadas, no es que sea una serie rematadamente mala, sino que poseía el potencial para ser muchísimo mejor. Había episodios con conceptos sólidos, momentos visualmente logrados y diálogos intrigantes sobre temas profundos; pero casi siempre todos
esos logros se veían torpedeados por resoluciones simplonas, agujeros de guión, historias que perdían el rumbo y situaciones abiertamente recicladas de “Star Trek”.

A pesar de todo lo dicho, hay episodios puntuales de la serie que siguen siendo interesantes y entretenidos. Un capítulo típico comenzaba con una serie de sucesos o fenómenos extraños (a menudo calificados de “imposibles” por Koenig u otros colegas científicos), para iniciar a continuación una secuencia detectivesca en la que esos eventos son investigados y explicados. Mientras tanto, la seguridad de la Base Alfa y sus habitantes se ve amenazada, lo que añade suspense a la mezcla aun cuando estaba claro para los espectadores que acabarían sobreviviendo para protagonizar el siguiente episodio (al menos los personajes principales, que eran los que importaban).

Ya comentaba al principio que a “Espacio: 1999” suele comparársele con “Star Trek” en tanto sus personajes vagabundean por el universo saliendo al paso de fenómenos extraños, misteriosos y a menudo peligrosos; y explorando de forma reflexiva temas e ideas importantes para los espectadores de la época. Algunos episodios de la serie británica, de hecho, siguen muy de cerca otros de la americana. Es el caso de “El Guardián de Piri”, octava entrega de la primera temporada, que combina elementos de dos episodios de “Star Trek, “El Retorno de los Arcontes” y “A Este Lado del Paraíso”. En esta ocasión, los Alfas descubren un planeta escasamente poblado, Piri, gobernado por una supercomputadora programada por sus creadores para mantener un ambiente de paz y felicidad perfectos. La ´maquina no hace sino seguir sus directrices cuando atrae a los Alfas a su utopía y sólo Koenig –más cercano a Kirk que nunca- parece comprender que esa tranquilidad antinatural no hará sino desembocar en el estupor y la muerte ya que el ser humano, según su filosofía, necesita desafíos y dificultades para sobrevivir. Tal y como dice en un momento dado: “Déjame con mi dolor. Me recuerda que soy humano”. Resulta que Koenig está en lo cierto; de hecho, la perfección es lo que llevó a la extinción de los pirianos originales. Por supuesto, consigue rescatar a su tripulación y devolverla sana y salva a la Base Alfa, destruyendo inexplicablemente al guardián al eliminar a su sirviente robótico (interpretado por la ex chica Bond Catherine Schell ataviada con un escaso atuendo que no habría desentonado en “Star Trek” u “Ovni”), diseñada para seducir a los humanos. Los guionistas prefirieron no profundizar demasiado en su función de máquina sexual.

Esta visión de la Humanidad como una especie combativa es un cliché de la CF que se repite a menudo en “Espacio: 1999”. Por ejemplo, en el episodio “Eslabón Perdido”, Koenig es capturado para ser utilizado como una especie de animal de zoo por un ser superior, Raan (Peter Cushing), que lo considera una criatura menos avanzada. A Raan le sorprenden las reacciones violentas de Koenig y se asombra todavía más cuando su hija, Vana (Joanna Durham) se enamora de él. Al final y para romper esa relación, Raan convence a Koenig de que regrese a la Base Alfa y abandone a Vana. El episodio defiende la idea de que las emociones humanas, aunque tienen sus inconvenientes, son una virtud que nos hace especiales en el cosmos. Este defensa de la emotividad, naturalmente, puede detectarse en muchos capítulos de “Star Trek”.

Otra similitud entre ambas series es su interés en los personajes por encima de las situaciones.
Sin embargo, el reparto, ya lo he dicho, jamás destiló la clase y el carisma del trío protagonista de “Star Trek”: Kirk, Spock y McCoy. Koenig resulta estirado, frío y antipático en parte porque Landau, ya lo he dicho, no se sentía cómodo con el papel haciendo que sus explosiones histriónicas fueran poco convincentes. Su proceder carece asimismo de ese deje camp de William Shattner como Kirk, quizá porque nunca tuvo a su lado un personaje de la talla de Spock (ni Barry Morse ni Catherine Schell llegan ni de lejos a hacerle sombra a Nimoy).

Las dos series hicieron también hincapié en presentar una tripulación multirracial e internacional, representando así su confianza en que el futuro de la Humanidad pasaría por la cooperación más allá del color de piel, el credo o la ideología. En la segunda temporada, la diversidad aumentaría un grado con la adición al grupo de Alfas de la alienígena Maya. Tratando de tranquilizar a Maya tras rescatarla de su planeta moribundo, Koenig resumía la pedestre defensa de la tolerancia racial que hacía la serie: “Todos somos alienígenas hasta que nos conocemos”. Con Maya ejerciendo de responsable científico, Russell como médico y Sandra Benes (Zienia Merton) actuando como principal analista de datos, “Espacio: 1999” puso a bastantes mujeres en puestos de responsabilidad. En este sentido, la serie fue más allá de “Star Trek”, haciendo también que los uniformes fueran unisex en contraste con las sexistas separaciones de vestuario que existían a bordo de la Enterprise.

En general, debería advertirse a los aficionados a estos viejos programas y que no conozcan de
antemano “•Espacio: 1999”, que ésta no tiene ni mucho menos tanto sentido de la aventura como “Star Trek” y que sus personajes son tan grises como los uniformes que visten. A diferencia de los viajes de la Enterprise, la Base Alfa carecía de destino ni misión y, por tanto, la serie no poseía un objetivo concreto. Tampoco tiene el tono camp, familiar y desenfadado de, por ejemplo, “Perdidos en el Espacio”.

La ciencia ficción televisiva siempre ha sido cara de producir y los estudios, especialmente en los sesenta y setenta, trataban de recuperar su inversión de todas las formas posibles. Así, de igual manera que episodios de “Battlestar Galactica” o “Spiderman” acabaron refundidos para montar una película que estrenar en las salas de cine, Gerry Anderson agrupó varios capítulos de “Espacio: 1999” en forma de films que pudiera vender al circuito sindicado de televisión de Estados Unidos, distribuir en las salas de cine y comercializar en formatos domésticos. Se hicieron cuatro de ellas: “Destination Moonbase Alpha”, “Alien Attack”, “Journey Through the Black Sun” y “Cosmic Princess”. De calidad variable, dos de ellas fueron montadas por la ITC en Inglaterra y las otras dos en las oficinas de la productora en Nueva York con bastante menor esmero técnico.

En los ochenta, Anderson regresó a las marionetas televisivas con un proyecto modesto, “Terrahawks” (1983-86), una fallida fantasía animada titulada “Dick Spanner PI” (1987) y varios anuncios televisivos muy imaginativos. En 1991, la BBC volvió a emitir los “Thunderbirds” para un nuevo público arrasando en las tiendas de juguetes en las Navidades de 1992 con una nueva serie de miniaturas y figuras basadas en la serie. Gracias a ese éxito, Anderson produjo un programa de acción real, “Brigada Espacial” (1994-1995), y otra de animación stop-motion, “Lavender Castle” (1996-1998, emitida entre 1999-2000), pero ninguna consiguió igualar el éxito de sus trabajos clásicos.

“Espacio: 1999” llegó en un momento cultural interesante dentro de la CF. Aun estaban frescas las imágenes del primer alunizaje en 1969 y habida cuenta de la velocidad a la que se había
desarrollado la carrera espacial, todavía existían motivos para soñar que en menos de un cuarto de siglo podría existir un asentamiento permanente en la Luna. Por otra parte, faltaban un par de años para el estreno de “Star Wars” y, con él, el renacimiento de la space opera y la aventura ligera como pilares de la CF audiovisual. La serie, por tanto, apareció en un contexto en el que la ciencia ficción tendía más a la especulación seria y las ideas trascendentes que a la acción. En cierto modo, “Espacio: 1999” parece hoy menos una reliquia que el símbolo de una senda por la que en ese momento no optaron ni la exploración espacial ni la ciencia ficción cinematográfica y televisiva.

Habrá muchos que se sientan atraídos a recuperar esta serie como una forma de revivir una parte especialmente querida de su infancia. Como suele suceder con la nostalgia, lo más probable es que se hayan formado en su mente una idea romántica de la misma, recordando, exagerada, la maravilla que despertaban en ellos sus personajes e imágenes así como lo bien que se sentían al verla. Revisitar estos productos con los ojos, experiencia y bagaje de un adulto supone una decepción casi segura y una amarga demostración de lo engañosa que es nuestra memoria.

2 comentarios:

  1. Excelente comentario, como siempre. Es un placer ver posteos sobre series "no muy conocidas".

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    1. Gracias Anónimo. Fue una de las series que me impactó en mi infancia y de la que siempre he guardado un cariñoso recuerdo, aunque el comentario lo tenga que hacer ya como adulto. Un saludo

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