Hay un dicho que afirma que Hitchcock fue un maestro del suspense; Spielberg, de la maravilla y Lucas del artificio. El canadiense Cronenberg, en cambio, se especializó en algo completamente distinto. Desde sus primeros trabajos, pasando por su producción de los años 80 y hasta sus películas más recientes, discurren un par de de hilos conductores muy particulares que recorren buena parte de su obra. El primero es el horror biológico: la sensación de ver y sentir cómo el propio cuerpo cambia, se transforma en algo ajeno que escapa al control. El segundo es la fuerza de la manipulación y sus consecuencias, ya sea infantil, corporal o psicológica.






