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“La Última Orden” (1993), novela que cierra la “Trilogía de la Primera República” o “Trilogía de Thrawn”, ofrece un desenlace intenso y digno del espíritu Star Wars.
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“La Última Orden” (1993), novela que cierra la “Trilogía de la Primera República” o “Trilogía de Thrawn”, ofrece un desenlace intenso y digno del espíritu Star Wars.
Todo comenzó con “Frankenstein o el Moderno Prometeo” (1818), escrito por Mary Shelley cuando aún era una adolescente. La novela fue un enorme éxito y a partir de 1823 se adaptó al teatro. En cuanto al cine, Frankenstein lleva con nosotros 116 años, porque la primera traslación a la pantalla está datada en 1910. Sin embargo, la cinta que popularizó realmente a la criatura fue la producida en 1931 por Universal y con Boris Karloff encarnando al monstruo. Convertido en icono cultural, esa versión derivó en diversas secuelas realizadas por el mismo estudio, mientras que, en Inglaterra, la productora Hammer Films llevó a cabo su propia traslación con “La Maldición de Frankenstein” (1957), que dio lugar, a su vez, a una larga serie de secuelas protagonizadas por Peter Cushing como el monstruo. Desde entonces, ha habido numerosísimos remakes de la historia, secuelas, parodias, comedias, hijos e hijas del monstruo, películas eróticas e incluso otras que narran cómo Shelley ideó y escribió la novela.
Imagínense esto: “Men in Black”, pero más siniestro, extraño y sexual. La Cantina de Mos Eisley de "Star Wars", pero diseñada por H.R. Giger, el diseñador de "Alien". Un film noir de la Nueva Ola, escrito por una mujer y protagonizado por una enigmática rubia explosiva. Eso era "La Turista": un guion de 1980 firmado por Clair Noto que nunca llegó a la pantalla. De haberse realizado, habría sido la primera película de ciencia ficción noir, pionera en la innovación que, en cambio, se atribuyó "Blade Runner" (1982) de Ridley Scott. Algunos han calificado a "La Turista" como una obra maestra, y aparece con frecuencia en listas de las mejores películas de ciencia ficción jamás realizadas.
A mediados de la década de 1980, cuando la popularidad de “He-Man y los Masters del Universo” empezó a declinar, el legendario estudio de animación Filmation centró su atención en una nueva serie original. Con un presupuesto estimado de 65 millones de dólares, “Bravestarr” narra las aventuras del marshall del título, cuya misión es mantener el orden en el siglo XXIII.
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La brevísima línea de diálogo en “Star Wars” (1977) en la que Obi-Wan le dice a Luke que había combatido en las Guerras Clon, se convirtió, durante 25 años, en el "Santo Grial" del folclore de Star Wars. Esa sola frase, pronunciada con nostalgia y peso histórico, fue el detonante de una de las especulaciones más fértiles en la historia de la cultura pop. Sin existir todavía internet, durante las décadas de los 80 y 90, los fans manejaron teorías de todo tipo en convenciones y fancines. Muchos especularon que los clones eran los enemigos de la República, un ejército de malvados engendros creados por una oscura tecnología. Otros imaginaron que los clones eran soldados al servicio de un dictador galáctico que intentó usurpar el trono, y que los Jedi fueron llamados para sofocar esa rebelión. Otra teoría sugería que los clones habían sido una fuerza de paz que, tras ganar la guerra, se volvió contra sus maestros Jedi por una programación oculta (una intuición profética de lo que ocurriría con la Orden 66).
En 1985, el director Stuart Gordon (1947-2020) tuvo un éxito de culto con el clásico de comedia negra y gore “Re-Animator”. Sin embargo, desde entonces, su carrera se estancó y nunca consiguió alcanzar ya el mismo nivel. Y no sólo por la cantidad de proyectos que le cancelaron, fueron retrasados en su estreno o de los que fue directamente excluido, sino también porque todo lo que hizo de “Re-Animator” un éxito fue, con el tiempo, pareciendo cada vez más una feliz coincidencia, centrándose sus películas posteriores -“Resonator” (1986), “Dolls” (1987) y “El Péndulo de la Muerte” (1991)- en el gore sin sentido.
“Fortaleza Infernal”, al menos, invirtió la tendencia descendente de la carrera de Gordon -fue su película con mayor distribución y mejor recaudación-. Es su película más accesible para un público generalista, pero, en términos de calidad, también es la peor de su filmografía.
Para los amantes del misterio, uno de los mayores enigmas de nuestros tiempos es el supuesto accidente en el que se estrelló un platillo volador extraterrestre en Roswell, Nuevo México, en julio de 1947. Esta cuestión ha fascinado a generaciones de aficionados a la ufología y dado lugar a una vasta industria y mitología que ha generado libros, museos, documentales y películas en los últimos 80 años. Supuestamente, el principal mantra del gobierno norteamericano es “¡Negarlo todo!". Los conspiranoicos, por su parte, aconsejan no fiarse de las autoridades.
“Roswell High”, los diez libros de Pocket Books y esta serie de televisión que comentamos ahora, fueron producto de esta fascinación constante por el incidente de Roswell.