(Viene de la entrada anterior)
Cuando “SeaQuest DSV” llegó a su tercera temporada, en 1995, su situación, como hemos ido viendo, era bastante delicada. La producción había perdido buena parte del atractivo que acompañó su estreno y los cambios que se habían acometido durante el segundo año no habían conseguido recuperar el interés del público. La serie parecía haber olvidado qué quería contar. Las historias habían ido alejándose de la exploración científica con la que justificó originalmente su existencia y, en su lugar, la había sustituido por argumentos cada vez más extravagantes y amenazas episódicas que daban la impresión de responder a la obligación de encontrar alguna aventura para cada semana. A esto se sumaban los problemas internos de una producción que no había conseguido reunir un equipo estable que diera una dirección clara y firme al tono y las historias.

