La primera década del siglo XX fue la época en la que el cine maduró, pasando de ser una simple novedad para el entretenimiento de masas a un medio narrativo de pleno derecho.
Libros, películas, comics... una galaxia de visiones sobre lo que nos espera en el mañana
La primera década del siglo XX fue la época en la que el cine maduró, pasando de ser una simple novedad para el entretenimiento de masas a un medio narrativo de pleno derecho.
El director canadiense David Cronenberg se dio a conocer en la década de los 70 del pasado siglo e impulsó su carrera gracias a varias películas de terror de bajo presupuesto que recibieron muy buena acogida por parte de la crítica, como “Vinieron de Dentro De…” (1975) y “Rabia” (1977). Esto le permitió escalar a producciones cada vez más ambiciosas e igualmente aclamadas, como “Cromosoma 3” (1979) o “Scanners” (1981).
Es conocida esa anécdota atribuida a Asimov en la que, en una ocasión, su editor en “Astounding Science Fiction”, John W.Campbell, le aseguró que las historias de misterio eran incompatibles con la ciencia ficción. Si bien esta última siempre siempre había contado con “policías y ladrones”, éstos se insertaban principalmente en lo que, en el fondo, eran historias de aventuras. Las ficciones de misterio requieren un enfoque más reflexive y aunque su éxito depende de sorprender al lector al llegar al final, todos los elementos necesarios para resolver el enigma principal deben estar presentes en la trama en algún momento, para evitar que el desengaño por una solución incoherente y arbitraria. La ciencia ficción, con su avanzada tecnología, viajes en el tiempo, teletransportación, telepatía, etc, podría fácilmente socavar la estructura clásica del relato de misterio.
El rejuvenecimiento es una de las más antiguas fantasías que han abordado los cuentos de hadas y la mitología, desde el Caldero de Medea hasta las manzanas mágicas de Idun en la mitología nórdica. Lo que los científicos investigan hoy con células madre, los ricos y poderosos lo han intentado durante siglos recurriendo a la alquimia, los sacrificios humanos, la magia negra o la exploración de tierras lejanas. Los alquimistas buscaban la Piedra Filosofal; nobles como Elisabeth Báthory se bañaban en la sangre de vírgenes o se acostaban con niños para conservar su juventud; e incluso el explorador español Juan Ponce de León navegó hasta Florida en busca de la fuente de la juventud.
“Atrapado en el Tiempo” (1993) fue una comedia seminal en la que Bill Murray quedaba atrapado en un bucle temporal en el que el mismo día se repetía una y otra vez, pero siempre introduciendo alguna variación, lo que finalmente el protagonista aprendió a utilizar a su favor para mejorar su relación con su compañera de trabajo, Andie McDowell. Aunque nadie en su época pudo imaginarlo, la película acabó dando origen a un subgénero cinematográfico propio, estableciendo una serie de clichés que fueron adoptados por guionistas posteriores: el breve período de tiempo (generalmente un día) que forma un bucle, las infinitas variaciones de los mismos eventos, la desesperación y aburrimiento del protagonista, el descubrimiento de que suicidarse no cambia nada y la idea de que realizar acciones desinteresadas en favor del prójimo conllevará la liberación de esa prisión temporal.
(Viene de la entrada anterior)
El periodo entre la segunda temporada (2013) y la tercera (2016) de “Black Mirror” conllevó la transformación más profunda en la historia de la serie, marcada por un un conflicto creativo con la televisión británica, el cambio de cadena y la expansión internacional.