A finales de la década de los 90 del siglo pasado, la CF televisiva británica estaba atrapada en una paradoja. Mientras la space opera estadounidense dominaba la televisión mundial con apuestas como “Star Trek: Voyager” (1995-2001) o “Babylon 5” (1993-98), en Gran Bretaña, que había sido tradicionalmente la cuna de los productos más innovadores en ese formato (“El Experimento de Quatermass”, 1953; “Doctor Who”,1963; “Los Siete de Blake”, 1978) las televisiones parecían haber abandonado el género.





