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martes, 4 de junio de 2019

1982- EL FUGITIVO – Stephen King



El distópico es uno de los géneros más populares de la ciencia ficción. La interpretación más común de estas narrativas es la de una suerte de profecías o, al menos, de advertencias acerca de los peligros que acechan en nuestro futuro si el ser humano no rectifica su comportamiento actual. La mayoría de estas ficciones se apoyan en dos trabajos seminales todavía hoy muy vigentes. Aldous Huxley, en “Un Mundo Feliz” (1932), advirtió sobre las consecuencias de renunciar a los principales rasgos de nuestra humanidad a cambio de una ilusión construida a base de objetos perecederos y efímeros placeres hedonistas. George Orwell, en “1984” (1949) escribió sobre despiadadas tiranías que controlan completamente todos los aspectos de las vidas de los ciudadanos/súbditos. Stephen King bebió de esos dos gigantes para “El Fugitivo”, añadiendo su propio toque personal y adaptándolo a la nueva sociedad del ocio que floreció en los años ochenta.

lunes, 19 de septiembre de 2016

1979- LA LARGA MARCHA – Stephen King


Según contaba el propio Stephen King, escribió “La Larga Marcha” entre 1966 y 1967, cuando sólo tenía dieciocho años y aún estudiaba en la universidad de Maine. Su profesor de literatura inglesa quedó impresionado y lo envió a un concurso de relatos, siendo rechazado sin comentario alguno. Quizá pensaron que era demasiado deprimente para tratarse de una obra de debut; o quizá demasiado ambiciosa en su mensaje. Fuera como fuese, dolido y algo desmotivado, acabó metiéndola en un cajón y olvidándose de ella. Hubo de esperar al éxito de su primera novela, “Carrie” en 1974, para que su nombre empezara a sonar con fuerza no sólo entre los aficionados a la literatura de género sino incluso en las listas generales de ventas. Un año después vino otro éxito: “El Misterio de Salem´s Lot”; y otro más en 1976, “El Resplandor”. En sólo tres años, King se había convertido en uno de los principales y más reconocidos escritores de terror del mundo.

Aprovechando esa nueva fama decidió desempolvar algunos de sus viejos manuscritos. Estaba convencido de que eran buenas historias (de hecho, al menos dos de ellas lo eran y mucho: “La Larga Marcha” y “El Fugitivo” –esta última, escrita según King en un maratón de setenta y dos horas en 1971-) que merecían ver la luz. Su editor, sin embargo, se mostraba reticente: no quería sobreexponer el nombre de Stephen King publicando más de una obra al año. La solución que encontró el autor fue inventarse un seudónimo, Richard Bachman, bajo el cual editar esas obras.

jueves, 19 de noviembre de 2015

2009- LA CÚPULA – Stephen King



Stephen King es probablemente el escritor de terror vivo más famoso del mundo, aunque ocasionalmente tantee otros géneros como el fantástico (“La Torre Oscura”), el suspense (“Misery”), el drama (“Rita Hayworth y la redención de Shawshank”) o la ciencia ficción. En relación a esta última, ya hemos comentado en este blog alguna que otra obra firmada por él. Sin embargo, su instinto, inclinación y experiencia le suele llevar siempre al terreno en el que se siente más seguro: el terror sobrenatural, y los elementos de CF de sus libros no suelen estar bien perfilados, limitándose a utilizarlos como meras excusas para contar otra cosa, aquello que realmente le interesa.

Es el caso de “Apocalipsis”, cuya impresionante primera parte, claramente inserta dentro del subgénero de desastres apocalípticos, se diluye en una fábula moral sobre el enfrentamiento entre el bien y el mal. En “It” sucede lo contrario: lo que parece ser un cuento sobrenatural, acaba derivando en su parte final, un tanto torpemente, hacia la ciencia ficción de corte más lovecraftiano. “Tommyknockers” halla acomodo más claro dentro de la ciencia ficción, puesto que las terroríficas criaturas que presenta son claramente extraterrestres; pero, otra vez, las explicaciones de su llegada a la Tierra, su origen, su tecnología, su propósito… se pasan por alto; sencillamente, a Stephen King no le interesan más que como recurso narrativo para explorar otro tipo de cosas. Con “La Cúpula” pasa algo parecido.

domingo, 25 de agosto de 2013

1978- APOCALIPSIS - Stephen King





Las clasificaciones son con frecuencia engañosas, volubles, inexactas y, sobre todo, subjetivas. Ello es así porque los autores no suelen –o no deberían- concebir sus obras deliberadamente ajustadas a unos parámetros de género. La creación sigue su propio camino; ya se encargarán los críticos y aficionados de pelearse por la etiqueta que deba colgar de ellas.

Sí existe un consenso más o menos general acerca de que el terror, como la ciencia ficción o la fantasía, se engloba dentro de lo que podríamos llamar ficción no realista. Pero más allá de eso, resulta difícil clasificar algunas obras, digamos, “fronterizas”. De forma genérica podríamos decir que una novela pertenece al género de terror cuando su propósito sea el de provocar desasosiego en el lector recurriendo a elementos sobrenaturales, místicos o mágicos, es decir, fenómenos no explicables por la ciencia actual. Pero también nuestro racional y científico plano de existencia contiene suficientes posibilidades como para aterrorizar a cualquiera. Stephen King es un reconocido maestro en despertar la ansiedad introduciendo tópicos propios de la ciencia ficción, como los poderes mentales en “Carrie” o “La Zona Muerta”, las sociedades distópicas en “El Fugitivo” o “La Larga marcha” o el fin de la civilización humana en “Apocalipsis”.

jueves, 12 de abril de 2012

1979 - LA ZONA MUERTA - Stephen King


A Stephen King se le relaciona inmediata y unívocamente con el terror, lo que no es ni mucho menos incorrecto puesto que es sin duda uno de los grandes maestros contemporáneos de ese género. Sin embargo, y aunque la mayoría de sus libros más conocidos son historias de terror sobrenatural, no es menos cierto que en su bibliografía pueden encontrarse varios thriller que podrían calificarse como ciencia-ficción. Este que ahora comentamos es uno de ellos. Al fin y al cabo, terror y CF no son excluyentes y a menudo van de la mano. Recordemos películas como “Alien” (1979) o “La Cosa” (1982), historias de terror envueltas en un marco de ciencia-ficción.

La novela nos presenta a John Smith, un hombre normal y corriente –como sugiere su nombre-, profesor en un instituto (el propio King ejerció esa actividad en Maine) que está comenzando una prometedora relación romántica con la joven Sarah. Una noche sufre un accidente de tráfico que le sumerge cinco años en un coma. El mundo va pasando mientras él duerme: las modas, los políticos, la música... sus padres envejecen y su novia se casa con otro hombre. Pero cuando despierta, lo peor de todo, peor aún que el shock psicológico de haber perdido cinco años de su vida o las dolorosas operaciones a las que debe someterse para recuperar el uso de sus tendones y músculos, es el poder que ha despertado en su interior: ahora es capaz de ver el pasado, el futuro o penetrar en la mente de la gente bien tocándoles a ellos o a algún objeto de su propiedad. Aunque aquellos que le rodean no están seguros de que sea capaz de hacer lo que dice, el escritor no nos deja lugar para la duda: sus habilidades son reales. King relaciona la evolución personal del protagonista con dos líneas argumentales independientes: el descubrimiento de la identidad de un asesino en serie en la localidad de Castle Rock y el misterioso y turbio ascenso de un político populista en New Hampshire, Greg Stillson.

La idea de que existen ciertos individuos cuyas mentes están “bendecidas” por poderes especiales es muy antigua, tanta como la creencia en hechiceros y chamanes de las tribus primitivas. En un momento determinado de la Historia, la Iglesia cristiana decidió que, con la excepción de los milagros obrados por los santos, tales hazañas requerían de la intervención demoniaca, por lo que se dejó de hablar y escribir sobre ellos, desapareciendo de la vida cotidiana. Una vez que la larga guerra de la Iglesia contra la brujería comenzara a diluirse en el siglo XVIII, el número de personas que afirmaba tener poderes mentales volvió a aumentar: espiritistas, teosofistas y ocultistas de lo más pintoresco ocultaban su rentable fraude tras un lenguaje pseudo-científico. Ese vocabulario científico de pacotilla fue desarrollado por los investigadores de lo que hoy se denomina “parapsicología" y, compilado, actualizado y sistematizado por J.B.Rhine, un científico de la Universidad de Duke cuyo ensayo “Extra-Sensory Perception” (1934) popularizó el término "ESP" ("Extrasensory Perception"). La categorización de los poderes psi recibió un impulso más entusiasta todavía por parte de los escritores pulp de CF, quedando a partir de ese momento adscrito al género en multitud de novelas, algunas de las cuales iremos comentando aquí.

Si los poderes mentales no son admitidos como ciencia, ¿por qué relacionarlos con la CF y no con la fantasía? Bueno, tampoco el viaje a velocidades supralumínicas, el desplazamiento en el tiempo, los extraterrestres humanoides o los campos de fuerza impenetrables tienen mucho de ciencia y sin embargo no nos cuesta considerarlos parte del decorado clásico de la ciencia-ficción. Lo que sitúa a un relato a un lado o al otro de la línea que separa la ciencia-ficción de la fantasía (y el terror es un subgénero de esta última) es la interpretación que se hace de esos poderes mentales: si éstos son un fenómeno físico derivado de algún aspecto -aunque no conocido-de la biología del cerebro, ya sea a través de la mutación, la evolución o la experimentación humana o alienígena, la historia cabría calificarla de ciencia-ficción; si lo que prevalece como origen último de esos poderes es el ámbito de lo espiritual (religión, misticismo, seres o fuerzas sobrenaturales, ocultismo, posesión…), estaríamos ante un relato de fantasía.

Los poderes mentales que podemos encontrar en la literatura son de lo más variado:
clarividencia, telepatía, precognición, psicokinesis, levitación, teleportación, control mental... Varios de los libros que Stephen King escribió al comienzo de su carrera presentaban personajes cuyas capacidades mentales se manifestaban de forma tan caprichosa como terrorífica: “Carrie” (1974) u “Ojos de fuego” (1980) son buenos ejemplos de ello. El éxito del escritor favoreció la aparición de no pocos imitadores, pero las posibilidades temáticas que para el cine tenían estos conceptos abordados desde el punto de vista científico eran algo limitadas, por lo que se acabaron utilizando más frecuentemente en películas de terror en las que no era necesario explicar su origen de forma verosímil. "La Zona Muerta" fue el primer libro de Stephen King en apartarse del terror puro, rebajando el tono hasta el "simple" suspense con un sólido elemento humano.

El tema de los poderes mentales en la CF suele desarrollarse bajo la forma de un autodescubrimiento difícil, incómodo, incluso doloroso y traumático, en el que se vislumbran lo que podrían ser las capacidades del siguiente escalón evolutivo de nuestra especie: el Homo superior. Los poderes de Smith no son un don (como afirma su fanática madre), sino una maldición. No quiere penetrar en la mente de los demás, enterarse de secretos que deberían permanecer escondidos en la intimidad personal, inundarse del dolor y la angustia de personas sufrientes, ser consciente de lo que va a ocurrir sin poder impedirlo... Si se ofrece a ayudar al prójimo dejará de tener vida propia, se verá esclavizado por un sinnúmero de desesperados que acudirán a él en busca de auxilio. Peor aún, los mismos que se sienten fascinados por su poder y reclaman su ayuda, lo miran con temor, como una rareza imprevisible.

Smith se resiste a dejarse engullir por el torbellino de la popularidad malsana, y opta por tratar
de pasar desapercibido, esconderse en el anonimato y luchar por ganarse la vida con aquello para lo que tiene talento: la enseñanza . Sin embargo, no puede permanecer inactivo cuando un policía desesperado le pide ayuda para encontrar al asesino en serie de Castle Rock. El caso del político Stillson es diferente. Aunque ocupa una parte relativamente menor dentro de la longitud total de la novela, el dilema moral de Smith al respecto constituye el auténtico corazón de la historia: ¿es moralmente correcto matar a una persona si con ello se salvarán millones de vidas? Tal disyuntiva pierde fuerza por cuanto Smith -y el lector- está seguro de que sus visiones se cumplirán si no interviene para cambiar el futuro. Si, en cambio, su capacidad precognitiva fuera falible, la decisión moral a tomar habría estado abierta a un debate más interesante.

"La Zona Muerta" se puede leer como un thriller al uso en el que el elemento fantástico/terrorífico no interviene tanto como podría esperarse tratándose de una obra de King. Es una muestra de algunas de sus mejores virtudes (personajes verosímiles y repletos de matices, sólida construcción del suspense y magnífico retrato de comunidades e individuos corrientes trastornados por un elemento inusual y ajeno) sin sufrir algunos de sus habituales defectos (exceso de páginas, sobrecarga de información y personajes, rodeos y detalles innecesarios). No es tampoco un libro perfecto. Hay, por ejemplo, personajes desaprovechados: la antigua novia, Sarah comienza teniendo un papel importante para luego irse diluyendo hasta desaparecer de escena; la evolución psicológica y profesional del propio Stillson, dada su importancia en el relato y su carisma potencial, habría merecido más espacio. Y aunque el clímax final está ejemplarmente narrado, al lector le queda la sensación de que falta algo, de que se ha quedado cojo, incompleto. Sin embargo, rompamos una lanza a favor de King: de haber añadido más páginas, habría acabado con la economía y sobriedad del libro, produciendo en cambio uno de esos gruesos e indigestos volúmenes con los que poco después comenzaría a castigar nuestras estanterías.

Aunque no creo que pueda calificarse como uno de sus trabajos más representativos, "La Zona Muerta" es una lectura entretenida que además de a los fans de King puede interesar a todos aquellos que deseen averigüar por qué este escritor es uno de lo más leídos en su género. Puede que no sea un gran autor, pero probablemente sea uno de los mejores narradores de historias al estilo clásico con que cuenta la cultura popular.