martes, 8 de septiembre de 2026

1981- CAPTAIN VICTORY AND THE GALACTIC RANGERS-Jack Kirby


A finales de la década de 1970, los hermanos Bill y Steve Schanes habían transformado su negocio de venta de cómics por correo de San Diego, Pacific Comics, en cuatro tiendas físicas. Posteriormente, cerraron dichos establecimientos y vendieron su inventario para obtener el capital necesario con el que expandir su distribución directa a librerías especializadas. En 1980, contando ya con 500 clientes, los ingresos brutos de Pacific Comics se acercaban al millón de dólares. Si bien ya habían probado la producción editorial con la publicación de portafolios de artistas e índices de Marvel Comics, los hermanos Schanes decidieron que 1981 era el momento idóneo para dar el salto definitivo. Steve Schanes lo veía así: “Si quieres captar la atención del público con un nuevo cómic, ¿quién mejor que el Rey del Cómic, Jack Kirby?”.

 

Como evidencia la declaración de Schanes, en 1981, Jack Kirby ya era una figura emblemática del medio. Junto con Stan Lee, Kirby fue el creador más respetado y aclamado de la industria, habiendo cocreado algunas de sus propiedades más reconocibles y rentables: Capitán América, Los Cuatro Fantásticos, Hulk, Los Vengadores o los X-Men entre otros. Sin embargo, su carrera en el mundo del cómic durante la década de los 70 fue bastante irregular e insatisfactoria para todos, él incluido. Tras crear la tetralogía de "El Cuarto Mundo" para DC Comics, Kirby regresó a Marvel en 1975, escribiendo, dibujando y editando títulos como "Capitán América", "Pantera Negra", "Los Eternos", "El Hombre Máquina" y "Dinosaurio Diabólico".

 

Lamentablemente, ninguna de sus nuevas series de Marvel cosechó éxito comercial o de crítica. Además, a Kirby le ofendía la constante interferencia editorial de Marvel, así como la falta de respeto de quienes ahora estaban al cargo de la compañía, jovenzuelos quienes a veces le faltaban al respeto incluso públicamente. No es de extrañar entonces que apodara a Marvel "El Nido de Víboras" y que, en 1978, rechazara renovar su contrato con la editorial para poner su talento artístico al servicio de estudios de animación que lo recibieron con los brazos abiertos. Se convirtió en diseñador conceptual de la serie de dibujos animados de los sábados por la mañana "Thundarr el Bárbaro", creada por Steve Gerber y producida por Ruby-Spears.

 

Los hermanos Schanes ya eran amigos de Kirby cuando contactaron con él para convencerlo de que creara un nuevo cómic para ellos. El acuerdo contractual entre ambas partes, firmado por los hermanos y Kirby sin intermediarios, marcó un antes y un después en la industria porque rompió de raíz con el sistema de “obra por encargo” que imperaba en las grandes editoriales como Marvel y DC. Así, a diferencia de lo que ocurría en éstas, donde los autores renunciaban a cualquier derecho sobre sus creaciones a cambio de una tarifa plana por página, Pacific estableció que Kirby conservaría la propiedad intelectual y los derechos de autor de todo lo que creara. La editorial solo adquiría los derechos específicos de publicación.

 

Pero el cambio más revolucionario sería que fue la primera empresa en ofrecerle un porcentaje directo sobre las ventas de los cómics. El acuerdo estipulaba que Kirby percibiría 8 centavos por dólar en las ventas estándar, y la cifra ascendía a 10 centavos para los ejemplares que superaran la barrera de los 100.000 vendidos. Para un autor acostumbrado a no ver ni un solo céntimo de las reimpresiones o el éxito masivo de sus personajes, supuso un incentivo económico radicalmente distinto. Y, por si fuera poco, los Schanes se comprometieron además a respaldar a Kirby en la posible explotación y licenciamiento de sus personajes en el extranjero o en otros medios de comunicación (adaptaciones, merchandising, etc.), algo que en las grandes editoriales, en esa época, era imposible de negociar para un artista independiente.

 

¿Y qué comic sería este con el que Kirby regresaría a las viñetas y Pacific debutaría en la industria como editorial? El autor recordó una novela gráfica de ciencia ficción que había comenzado años atrás para un emprendedor que quería publicar una línea llamada "Kirby Comics". Debido a la falta de financiación por parte de aquél, el proyecto quedó en nada. Así que Kirby sacó esas páginas de su pila de material inédito y se las ofreció a los Schanes como los dos primeros números de "Captain Victory and the Galactis Rangers", aceptando producir más material adicional.

 

Cuando Kirby fue a ver "Encuentros en la Tercera Fase" (1977), la película de Steven Spielberg, quedó descontento con el ingenuo optimismo que rezumaba ese film. Se consideraba un estudioso de la Historia y la Naturaleza, y creía que la única razón por la que una raza alienígena cruzaría las vastas extensiones del cosmos para visitarnos sería para conquistar y subyugar la Tierra, no para llevarse a algunos de sus habitantes a una excursión interestelar. De hecho, al final de aquella novela gráfica original de 48 páginas, Kirby prometió una secuela titulada "Encuentros en la Fase Salvaje".

 

Así, mientras que los extraterrestres que llegaron a la Tierra en la película de Spielberg buscaban establecer relaciones pacíficas con la raza humana, los extraterrestres de la serie de “Captain Victory” tenían el objetivo opuesto: la dominación mundial. La única oportunidad de la Tierra para repeler a los invasores alienígenas, los Insectones, reside en el Capitán Victoria, un comandante militar que lidera a los Rangers Galácticos, una élite de guerreros cibernéticos.

 

En los primeros números de la serie, los Rangers llegan a la Tierra con la misión de proteger a este planeta primitivo de fuerzas malévolas que escapan a la comprensión de su población. Esto le brinda a Kirby numerosas oportunidades para intensificar la sensación de asombro a través de las reacciones histéricas y aterrorizadas de los agentes de la ley terrícolas con los que se topan el Capitán y su tripulación. Sin embargo, en la mayoría de los casos, no hay necesidad de tales recursos. La audacia desmesurada de los conceptos de Kirby es suficiente para dejar a cualquier lector boquiabierto. Su narrativa se caracterizaba por una constante sensación de asombro e inventiva espontánea, lo que hacía que sus cómics avanzaran con la lógica exuberantemente libre con la que un niño crea ficción, considerando instintivamente cualquier idea que se le ocurre como lo suficientemente buena como para continuar la historia: naves espaciales gigantescas con formas imposibles, tecnología biomecánica alucinante, dimensiones paralelas, batallas cósmicas que destruyen sistemas solares enteros y un despliegue visual donde cada viñeta rebosa explosiones geométricas, energía vibrante y anatomías hiperbólicas.

 

A medida que avanza la serie, se revela que el propio Capitán tiene una conexión profunda, casi divina, con los dioses cósmicos del universo de Kirby. Cuando DC canceló definitivamente la epopeya original de “El Cuarto Mundo” en 1974, la trama troncal quedó inconclusa. Así que en “Captain Victory”, específicamente en los números finales de su etapa, Kirby decidió resolver los cabos sueltos –de forma un tanto precipitada, eso sí- conectando de refilón conceptos de su mitología de Apokolips y Nueva Génesis con el trasfondo de sus nuevos personajes. De hecho, se acepta generalmente que “Captain Victory” es una secuela no oficial de la gran saga del Cuarto Mundo. Entre líneas, por ejemplo, se puede deducir que el héroe protagonista es hijo de Orión y nieto de Darkseid y que fue adiestrado por un hombre que, probablemente, era Scott Free, más conocido como Mister Miracle y que aquí usa un parche en el ojo pero que se parece muchísimo al Alto Padre.

 

La serie le sirvió también a Kirby para retomar y culminar temas que le venían obsesionando desde hacía mucho tiempo, como la idea de que la Humanidad era un experimento cósmico destinado a dar el siguiente salto evolutivo, algo que había abordado ya en el concepto de los Inhumanos para Marvel, en los “Nuevos Dioses” de DC y en “Los Eternos”, de nuevo para Marvel. En este caso, el Capitán Victoria y sus Rangers encarnan esa cúspide de la ingeniería genética cósmica. Otro de los conceptos argumentales más originales introducidos en “Captain Victory” fue el proceso de almacenamiento y transferencia de memorias a través de clones y cuerpos de repuesto. Los Rangers, su líder incluido, no son soldados comunes. Viven en un ciclo constante de vida, muerte y reencarnación gracias a los tanques de clonación. Cuando un Ranger cae en combate, su consciencia, recuerdos y experiencias acumuladas son transferidos a un cuerpo nuevo. Para Kirby, que llevaba décadas reflexionando sobre la inmortalidad, el alma y el destino de los héroes, esta mecánica permitía explorar cómo las experiencias bélicas y el trauma generacional se acumulaban en la psique de un soldado inmortal o semidivino.

 

El primer número de “Captain Victory and the Galactic Rangers” llegó a las tiendas especializadas en noviembre de 1981, con cadencia bimensual y acompañado por una gran campaña publicitaria y un formato de alta calidad, con papel satinado y colores brillantes. El cómic se convirtió en un éxito instantáneo de ventas: el primer número vendió casi 70.000 copias, demostrando que existía un mercado viable fuera del duopolio tradicional de Marvel y DC.

 

Siendo realistas, “Captain Victory and the Galactic Rangers” se encuentra bastante abajo en la lista de grandes creaciones de Kirby. A veces parece ser una mera derivación de su propio trabajo anterior y adolece de los mismos problemas que las obras que él mismo había escrito desde primeros 70: tramas sencillas e improvisadas con diálogos sorprendentemente simples, como si Kirby intentara reafirmar la idea de que los cómics eran para niños, a pesar del “pequeño detalle” de que el personaje había sido creado para venta exclusiva en tiendas especializadas, no en quioscos, lo que hacía menos probable que los más jóvenes lo leyeran.

 

Ver el trabajo de Kirby en su estado original es todo un espectáculo. Ponía tanto en sus lápices que resulta fascinante ver lo que los entintadores aportaban a la mezcla, en este caso Mike Royer. Se dice que a Kirby le interesaba bastante poco el entintado porque prefería pasar cuanto antes a la siguiente historia. Sin embargo, “Captain Victory” no contribuyó demasiado a su currículo tampoco en el apartado artístico. De hecho, sus lápices se habían degradado visiblemente (sobre todo a partir del segundo número) y los personajes eran los ya habituales estereotipos con los que venía poblando sus páginas desde hacía treinta años. A estas alturas, la edad y el cansancio se dejaban notar y se contentaba con producir cualquier disparate con tal de cobrar el sueldo de Pacific. Al fin y al cabo, apenas ganaba dinero con este comic en relación a lo que ingresaba por sus trabajos en animación. Por primera vez en su vida, Kirby no necesitaba los comics para ganarse un sustento.

 

La serie regular original de “Captain Victory and the Galactic Rangers”, tuvo un total de 13 números, lanzados entre 1981 y 1984, a los que se sumó un número especial. Esta primera etapa no terminó porque el cómic registrara malas ventas, sino porque Pacific Comics se hundió como empresa. Los Schanes afirmaron posteriormente que muchos de los cómics que editaban eran rentables. Los problemas los tuvieron en la gestión del efectivo: concedían demasiado crédito a las tiendas y distribuidores, que tardaban en pagar o directamente dejaron de hacerlo. En 1984 la situación se volvió crítica: aproximadamente una cuarta parte de las cerca de 800 tiendas que tenían como clientes, la abandonaron como distribuidora, y algunas llevaban meses sin pagar. Pacific llegó a acumular unos 740.000 dólares de deuda.

 

Además, el éxito inicial como editorial les llevó a crecer demasiado deprisa sin tener los recursos de Marvel o DC para ampliar, al mismo ritmo, instalaciones, personal y producción. Y, por si fuera poco, algunos títulos sufrían retrasos importantes porque dependían de autores que entregaban el material cuando podían. Como era de esperar, algunos de ellos, viendo cómo la situación se estaba deteriorando, decidieron llevarse sus series a otras editoriales: Mike Grell pasó su “Starslayer” a First Comics, editorial que también se hizo con el “Elric de Melniboné” de P.Craig Russell después de que Pacific hubiera invertido bastante dinero en promocionarlo; “The Rocketeer”, de Dave Stevens, acabó trasladándose a Eclipse….

 

A esto se sumaron problemas legales relacionados con derechos extranjeros y royalties. Y en 1984 Pacific sufrió, además, el fracaso de algunas inversiones, especialmente “Alien Worlds 3-D”, cuyo elevado coste de producción no se recuperó con las ventas. En agosto de ese año, los hermanos Schanes comunicaron a los empleados que Pacific iba a cerrar. En septiembre sus activos fueron entregados a los liquidadores. La rama editorial podía seguir siendo rentable, pero las pérdidas de distribución eran demasiado grandes para sostener el conjunto de la empresa.

 

El último número de la serie de Kirby fue, como he dicho, el 13, publicado en enero de 1984, esto es, unos meses antes de que Pacific entrara formalmente en liquidación. De hecho, años después, en una entrevista realizada junto a su esposa, Roz, ambos recordaban que Pacific acababa pagando, pero que había que llamar continuamente preguntando dónde estaba el dinero, lo que era fuente habitual de frustración. Kirby seguía teniendo amistad con los Schanes y valoraba no sólo el trato humano que le habían dispensado sino, obviamente, el acuerdo de propiedad y royalties. El problema era que una cosa es confiar en una editorial pequeña y otra depender de ella para cobrar regularmente.

 

Ahora bien, si “Captain Victory” estaba conectado con el Cuarto Mundo que había creado en DC, ¿por qué no se llevó Kirby la serie a esa editorial para seguir desarrollando la mitología? La razón es muy sencilla: esa mudanza habría significado entrar otra vez en un sistema en el que él perdía el control de los personajes y, después de su extensa experiencia con las dos grandes editoriales, lo que más quería era conservar la propiedad de sus nuevas creaciones. En 1984, volvió a trabajar con DC, sí, pero lo hizo sobre personajes y proyectos relacionados con su relación previa con la editorial. Fue el momento en el que publicó allí “Hunger Dogs”, su única novela gráfica y el largamente esperado broche final de El Cuarto Mundo.

 

Después del cierre de Pacific, Kirby nunca llegó a revivir por sí mismo ni al Capitán Victoria ni al otro personaje que había creado para esa editorial, “Silver Star”. Se encontraba en una etapa profesional diferente, volvía a colaborar con DC y, al fin y al cabo, habían sido concebidos en gran medida como un proyecto de autonomía creativa ligado a Pacific. Pero, sobre todo, seguía siendo propiedad suya, por lo que sintió ninguna necesidad de precipitar una nueva publicación. El personaje podía esperar. Y, de hecho, hubo que hacerlo hasta después de su muerte.

 

Como casi todos los personajes salidos de la imaginación de Kirby, el Capitán Victoria fue recuperado por otros autores, seducidos por la potencia de sus ideas.

 

El primero que lo intentó fue Topps Comics, que anuncio la recuperación de varios personajes del denominado "Kirbyverso". El proyecto iba a ser una miniserie de cinco números, pero solamente apareció “Victory” nº 1, en junio de 1994, antes de que Topps cancelara la iniciativa. En 2000, Jeremy Kirby, nieto del maestro, puso en marcha “Jack Kirby Comics”. Su primer y prácticamente único proyecto fue una nueva versión de “Captain Victory and the Galactic Rangers”. Se trató de una miniserie de tres números, que reorganizaba y reformulaba el material original.

 

El siguiente gran paso llegó con Dynamite Entertainment en 2011: “Kirby: Genesis”, que recuperaba numerosos personajes propiedad de Kirby. Capitán Victoria apareció dentro de ese universo y posteriormente recibió una nueva serie propia, iniciada en noviembre de 2011, que duró seis números. En agosto de 2014, Dynamite volvió a lanzar “Captain Victory and the Galactic Rangers”, esta vez con Joe Casey como guionista, con el fin de reinterpretar el concepto original, ya integrado en el mencionado proyecto editorial de Dynamite. La nueva serie tuvo seis números. Tengo que decir que no he leído este material más moderno así que, por el momento, me abstendré de hacer una valoración del mismo.

 

Volviendo a la colección original, el éxito de “Captain Victory” abrió las puertas para que otros autores de primera línea abandonaran las grandes compañías y buscaran refugio creativo y económico en las nacientes editoriales independientes de principios de los años ochenta, como Eclipse, First o la propia Pacific. Gracias al éxito financiero generado por Kirby, los hermanos Schanes pudieron atraer a otros grandes nombres como Steve Ditko, Mike Grell, Neal Adams, Sergio Aragonés, P.Craig Russell, Berni Wrightson o Steve Rude entre otros, consolidando una breve pero influyente época dorada que sentó los cimientos para la llegada, años más tarde, de gigantes del cómic independiente como Image.

 

Precisamente, “Captain Victory”, con su estilo narrativo, dibujo hiperenergético, barrocos diseños espaciales y escala cósmica, puso las bases de lo que años más tarde harían autores herederos de su estilo, como los fundadores de la mencionada Image. De hecho, muchos de los conceptos visuales y dinámicas de equipo que Kirby volcó en esta colección anticiparon la testosterona cósmica y las batallas de dimensiones colosales que dominarían el cómic de acción de las décadas siguientes.

 

 

 


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