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sábado, 27 de agosto de 2011

1899-1918-LA CIENCIA FICCIÓN DE JACK LONDON - Jack London


A finales del siglo XIX, tanto en Inglaterra como en Estados Unidos surgieron muchas publicaciones periódicas que se convirtieron en escaparate de multitud de escritores. A diferencia de los libros tradicionales de entonces, que dividían las obras en volúmenes de tapa dura y sólo estaban al alcance de unos pocos, estas nuevas revistas eran baratas y accesibles para un público más diverso. Esa diversidad y la necesidad de llenar semana tras semana las páginas de la publicación, llevaron a los editores a buscar nuevos autores que pudieran moverse en todo tipo de géneros. Uno de los que se aprovecharon de la nueva coyuntura fue Jack London.

A finales del siglo XIX el trabajo de Julio Verne ya era conocido en Estados Unidos, como también las novelas de H.G.Wells. La zona de San Francisco - donde residía Jack London- también contaba con escritores que cultivaban la ficción especulativa, publicando sus trabajos en los periódicos y revistas que se vendían allí. Trabajos de corte fantástico o de ciencia ficción habían encontrado cabida en el Overland Monthly, la misma revista que le compró a London algunos de sus primeros trabajos. El propio Ambrose Bierce escribió por entonces algunos relatos fantásticos y Edgar Rice Burroughs creó a John Carter de Marte aún en vida de London, en 1912.

La vertiente fantástica de la literatura de London no es lo más conocido de su bibliografía, pero lo cierto es que sus historias cortas pavimentaron el camino para la popularización de la CF. Trece de las 188 historias cortas que publicó y 4 de sus 22 novelas pueden clasificarse como de temática fantástica, por lo que podríamos decir que su aproximación a la ficción especulativa o la ciencia ficción fue algo más que simple anécdota. Aunque hoy es recordado sobre todo por sus relatos de aventuras en las heladas tierras del Yukón o las embravecidas aguas el Océano Pacífico, sus relatos de fantasía/CF son mucho más interesantes que los de otros autores contemporáneos más conocidos pero menos originales en sus ideas. Veámoslos.

- Un millar de muertes (1899) fue la primera obra que el escritor consiguió publicar -en la revista Black Cat, en 1899-. Un enloquecido científico experimenta con su hijo en una alejada isla del Pacífico, asesinándole de exóticas formas una y otra vez para luego resucitarlo utilizando distintos métodos desarrollados por él.

- El rejuvenecimiento del mayor Rathbone (1899). Un suero de la juventud permite resucitar un antiguo amor.

- Una reliquia del Plioceno (1901): un colono del norte de Canada encuentra a un viajero que le narra su encuentro con el último de los grandes mamuts, a quien persigue con tenacidad hasta acabar con él. No muy acertada en el apartado evolutivo, es, sin embargo, una buena historia de aventuras.

- The Shadow and the Flash (1903). Dos hermanos profundamente competitivos inventan dos métodos alternativos de invisibilidad, sólo para verse enfrentados por sus descubrimientos hasta el punto de asesinarse. Aparte del tema que tocan (el mal uso de la ciencia por individuos desequilibrados), ya desarrollado por Edward Page Mitchell y H.G.Wells, la historia aporta poco a nivel literario o de caracterización.

- Antes de Adán (1907). Una historia sobre la sociedad humana primitiva, construida sobre las bases del darwinismo social y la creencia de London en la pervivencia de las memorias raciales.

- El enemigo del mundo entero (1908). La génesis de un genio del mal. Los malos tratos en la infancia, los amores desgraciados, el sensacionalismo y acoso periodístico... todo se confabula para convertir a un desgraciado pero inteligente hombrecillo en un amargado criminal que, con ayuda de una máquina de su invención, causa la destrucción y siembra el pánico por todo el globo.

- El talón de hierro (1908): ya comentado en una entrada anterior. Distopia en la que el capitalismo acaba degenerando en una tiranía contra la que luchan los esforzados socialistas revolucionarios.

- Un fragmento curioso (1908): cuento distópico sobre la servidumbre industrial. Los historiadores del lejano futuro examinan los documentos de una oligarquía industrial que nació del capitalismo salvaje de nuestra era. Se prohibió la educación para los trabajadores, creando un cuerpo de trovadores que recorrían el país anunciando las noticias aprobadas por el gobierno. La historia del auge y corrupción de una familia descendiente de un antiguo esclavo es deprimente y un tanto insulsa.

- El sueño de Debs (La huelga general) (1909): relato de política-ficción en la que una brutal huelga general paraliza el país, lleva a la catástrofe a las clases más pudientes y provoca un panorama de hambre, caos y apocalipsis. Un alegato en favor de la resistencia y la negociación al tiempo que un relato gráfico de la ruina de una nación.

- Goliah (1910): una serie de industriales y políticos se niegan a obedecer las órdenes de un misterioso individuo recluido en una isla del Pacífico. Todos mueren a resultas de una misteriosa arma. Los ejércitos de varias naciones nada pueden hacer y el gobierno americano acaba viéndose obligado a cederle el poder a este excéntrico y peligroso científico. Éste acaba levantando un paraíso utópico, tan agradable como imposible. London no nos dice cómo se consigue el éxito económico y social y cómo se obliga a la gente a actuar en determinado sentido sin despertar resentimientos y revoluciones antes o después.

- Cuando el mundo era joven (1910): El encuentro de un ladrón con un hombre con personalidad desdoblada: por el día es un exitoso hombre de negocios; por la noche es poseído por el alma de un primitivo teutón atrapado en el tiempo.

- La invasión sin paralelo (1910). Una historia futura alternativa que avisaba del "Peligro
Amarillo". Augura el ascenso de Japón, su occidentalización y la creación de un imperio asiático, invadiendo China. Ésta acaba convertida en la principal potencia del planeta, expulsa a los japoneses y hace valer su poder comercial además de enviar a otras naciones millones de sus ciudadanos como emigrantes. Es 1976 y nada puede hacerse para detener la expansión china... hasta que un americano propone un plan para acabar con ellos: rodearlos por mar y tierra y liberar un virus que liquide a casi todos sus habitantes, masacrando al resto haciendo uso de escuadrones de exterminio para, a continuación, repoblar el territorio con colonos occidentales. Repulsivo manifiesto racista, expresión del temor al Peligro Amarillo que se sentía entonces en California -recordemos la abultada colonia china que tenía San Francisco.

- El poder de los fuertes (1911): Una historia tan brillante como tendenciosa que nos cuenta cómo un grupo de salvajes prehistóricos aprenden a agruparse para repeler las amenazas externas, evolucionando hacia una sociedad de capitalismo primitivo en el que los fuertes abusan de los débiles. De nuevo, el darwinismo social y el comunismo, tan queridos ambos para London.

- La Plaga Escarlata (1912): un anciano cuenta a sus hijos la caída de la civilización de la que él fue parte cuando, en 2013, un virus acabó con casi toda la población humana del planeta. Este trabajo de ficción especulativa resultó ser profético. Unos años después de su publicación, se desató la epidemia de la gripe española; la enfermedad se extendió rápidamente -aunque no tanto como la imaginada por London- y afectó sobre todo a adultos jóvenes en lugar de los habituales niños o ancianos. Se cree que en todo el mundo murieron víctimas de la gripe de 30 a 40 millones de personas, el 2% de la población mundial. Por otra parte, muchas de las ideas presentes en “La Plaga Escarlata” serían reutilizados por autores posteriores, desde Stephen King ("Apocalipsis") a William Golding ("El Señor de las Moscas") pasando por George Stewart ("La Tierra Permanece").

- El Vagabundo de las Estrellas (1914). La proyección astral de un preso en San Quintín, le lleva a vivir experiencias de lo más diversas a lo largo de la corriente temporal, desde la crucifixión de Cristo a las emigraciones de los mormones. Comenté esta obra más extensamente en una entrada individual anterior.

- El Rojo (1918). Una historia que hace uso de la fórmula -ya muy popular por entonces- de la raza perdida, eso sí, despojada del romanticismo y los ideales de "buen salvaje" tan habituales en esos relatos.


Entre las historias reseñadas hay de todo, desde relatos de gran intensidad y capacidad de evocación hasta otros totalmente olvidables o incluso absurdos. Los temas que en ellos desarrolla London habían sido ya tratados por otros autores anteriores o contemporáneos a él: cuentos prehistóricos, catástrofe apocalíptica, declive de la civilización, guerras futuras, distopias, fantasmas, viajes en el tiempo, percepción extrasensorial, utopías tecnocráticas, política-ficción... Subyacente en la mayoría de las historias están las ideas de London sobre la evolución social, el racismo y el anticapitalismo. En algunas de ellas el énfasis recae sobre lo que podemos llamar "ciencia ficción social": los problemas futuros de la sociedad, en especial la explotación de los trabajadores y el materialismo capitalista. Son relatos en los que se exponen casos extremos de desorden -u orden- social, especulando sobre cómo eliminar el sufrimiento enraizado en la desigualdad económica. En otros casos, sus sociedades imaginarias trataban de demostrar la validez del darwinismo social y, concretamente, la superioridad de la raza anglosajona. Como se puede ver, este tipo de radicalismo político y social nada tiene que ver con la imagen de autor de aventuras para niños y adolescentes que los editores han tratado de vender una y otra vez.

Hay otro elemento, este en un plano más secundario, en sus relatos de ficción especulativa: el medio ambiente, especialmente en aquellas historias en las que algún tipo de revolución ha acabado con buena parte de la población. London parece confiar en la capacidad regenerativa de la naturaleza, e incluso llega a esgrimirla como razón para adelantar la revolución.

Jack London fue el primer escritor norteamericano que fue capaz de ganarse la vida exclusivamente con su talento literario; al dedicar todo su tiempo a esa tarea, escribió más y de mejor calidad. No sólo eso, sino que su contribución a las revistas pulp -junto a las de otros escritores muy conocidos en su tiempo- hizo de esas publicaciones un negocio de éxito que propiciaría su futuro papel de escaparate de la ciencia ficción (aunque el primer pulp íntegramente dedicado al género no aparecería hasta 1926: "Amazing Stories"). La CF norteamericana se desarrolló casi exclusivamente en el ámbito de estas revistas hasta los años sesenta, cuando se impuso el formato de edición directa en volumen.

La ciencia ficción de London muestra la influencia de escritores de horror y fantasía de finales del siglo XIX como Mary Shelley o Edgar Allan Poe, o escritores de romances científicos de la misma época como Julio Verne, H.G.Wells o H.Rider Haggard. Queda por estudiar la influencia de London sobre las generaciones posteriores de escritores, especialmente en lo que se refiere a la novela distópica. Entre ellos se encuentra George Orwell, que produjo programas radiofónicos sobre London cuando trabajó para la BBC en Londres y reconoció su deuda con libros como "Antes de Adán", "El talón de hierro" o "El pueblo del abismo".



lunes, 11 de julio de 2011

1915- EL VAGABUNDO DE LAS ESTRELLAS - Jack London


En 1915, London había sufrido una pérdida devastadora: había invertido toda su fortuna en una elegante casa en su rancho, Wolf House, que acabó siendo pasto de las llamas, arrasando sus ilusiones y obligándole a continuar escribiendo para sobrevivir. A las pocas semanas del incendio, comenzó a trabajar en una novela, “The Star Rover”, que a pesar de ser mal recibida por la crítica y el público contemporáneos, hoy ha alcanzado cierto estatus de obra de culto

“El Vagabundo de las Estrellas” se basa en las memorias de Ed Morrell, que se pasó cinco años de confinamiento solitario en la prisión de San Quintín. La obra es una descripción del sistema penitenciario de California y pretende mostrar la resistencia del hombre ante el sufrimiento, resaltando el poder del espíritu respecto a la carne (lo que no deja de ser contradictorio con el marxismo y materialismo declarados que profesaba London). Es una de sus novelas más personales, escrita como autoterapia para sobreponerse a las desgracias sufridas.

El protagonista de “El Vagabundo de las Estrellas” es Darrell Standing, un profesor de agronomía de la Universidad de California condenado a muerte por el asesinato de un colega académico. Falsamente acusado de introducir dinamita a escondidas en la cárcel, el sádico alcaide lo tortura metiéndolo en una camisa de fuerza para que confiese. Pero Standing sobrevive al brutal castigo sumiéndose en trance, proyectando su espíritu a existencias anteriores. Revive entonces episodios de las vidas de un conde francés del Renacimiento; un muchacho miembro de una caravana al Oeste atacada por los pieles rojas; un eremita arriano del siglo IV; una especie de Marco Polo del siglo XVI en la entonces remotísima Corea; un legionario romano en la época de la crucifixión de Jesucristo y un náufrago del siglo XIX.

Resulta curioso que los críticos menospreciaran la obra por considerarla un desvarío fantástico que no llegaba a la altura de sus novelas realistas de aventuras más o menos autobiográficas, porque no solamente el relato carcelario estaba basado en las memorias de una persona real, sino que el propio London había estado encerrado en su juventud un par de veces acusado de robo de langostas, vagancia y mendicidad. Ed Morrell y Jack London se habían conocido por carta, pero en 1912 se encontraron cara a cara y el escritor hizo mucho por conseguir aliviar las penurias del recluso. Éste acabaría siendo un invitado regular en el rancho de London, donde le narraría sus escalofriantes vivencias, vivencias que acabarían encontrando su versión literaria en “El Vagabundo de las Estrellas”. Morrell había sido despojado de sus propiedades por las compañías ferroviarias y tras una serie de sabotajes contra las mismas llevado por su resentimiento, pasó a convertirse en atracador de trenes. Fue atrapado y sentenciado a una larga pena en la prisión de Folsom, de donde intentó escaparse, intento de fuga a raíz del cual fue trasladado a San Quintín y sometido a confinamiento solitario durante años.

“El Vagabundo de las Estrellas” es uno de los libros más apasionados de London. Brillantemente escrito y hábilmente tramado, tiene una prosa llena de energía y empatía con el sufrimiento de los presos y los lazos de camaradería que se crean entre ellos. El libro oscila entre la brutalidad y la belleza, entre la horrible pesadilla de la camisa de fuerza y el aislamiento del calabozo y los vívidos y brillantes sueños de otros tiempos.

Por otra parte, en mi opinión, la novela tropieza en el capítulo en el que el protagonista revive su vida como soldado romano en el Jerusalén de Cristo y Pilatos. London expone el marco social y político con lucidez y desapasionamiento, pero al final se rinde a un desenlace políticamente correcto y previsible que se corresponde poco con sus opiniones ateas. Habría sido interesante que expusiera su sin duda controvertida visión del hecho, pero tenía que vender la novela y tampoco London era ya el militante combativo de hacía unos años. De hecho, moriría poco después, en noviembre de 1916, tras una corta pero dolorosa infección.

“El Vagabundo de las Estrellas” es la prueba de que un buen libro puede sobrevivir a las malas críticas y al paso del tiempo. Hoy no es ni la más famosa ni la más recordada de las novelas de London, pero constituye una lectura interesante y de gran intensidad, digna de uno de los más importantes escritores norteamericanos del siglo XX.

(Por cierto, como curiosidad, aunque no se menciona a London por ninguna parte, la idea del libro fue fusilada en la película “The Jacket” (2005), dirigida por John Maybury y protagonizada por Adrien Brody y Keira Knightley)

viernes, 3 de junio de 2011

1907-EL TALON DE HIERRO - Jack London


La más vívida e importante novela de CF del año 1908 es esta, una de las muchas obras de principios de siglo que trataban del conflicto entre el capital y el trabajo, pero la única que aún sobrevive y se sigue reeditando. Como H.G. Wells, London era un socialista comprometido, y su fantasía política “The Iron Heel” desarrollaba la tradición escéptica fundada por Ignatius Donnelly en su distopia “La Columna de César" (1890).

La ideología de Jack London era de una ortodoxia rayana en el radicalismo. La vida le había dado motivos para ello. En su infancia y juventud transcurridas en California sufrió en sus carnes la injusticia de un sistema industrial que se aprovechaba de la inexistencia de legislación laboral para abusar de los obreros, pagarles salarios ridículos y hacerles trabajar horas sin fin; participó en una marcha masiva de protesta emprendida por desempleados de la Costa Oeste hacia Washington y fue testigo de la explotación a la que eran sometidos los inmigrantes en inmundos talleres de Nueva York. Mientras volvía a su California natal fue arrestado por vagabundo y encerrado en prisión. Años más tarde, en un viaje como periodista a los bajos fondos de Londres convivió con los más pobres de la capital del imperio, plasmando en sus crónicas la miseria que se ocultaba bajo las ricas alfombras de los más potentados. No es de extrañar que aquellas experiencias lo convirtieran a la causa socialista.

En 1905, London quería dar la vuelta al mundo junto a su segunda esposa, Charmian. Pero ya entonces viajar era caro. Necesitaba dinero para comprar el barco y financiar el viaje, así que decidió aceptar una oferta para dar conferencias por todo el país a 600 dólares semanales más gastos. Era una gran oportunidad no sólo financiera: podía promocionar sus libros y, al mismo tiempo, hacer propaganda de sus ideas socialistas en unos años en que el socialismo era un tema candente en la nación. La agitación laboral era notable; los abusos provocaban huelgas; para aplastarlas a la fuerza, los empresarios reclutaban ejércitos privados de matones; había violencia y extremismo. En noviembre de 1904, el Partido Socialista consiguió un notable avance en las elecciones presidenciales y al año siguiente nacieron los Industrial Workers of the World, un sindicato radical que se oponía a las posiciones más conciliadoras de la American Federation of Labor.

London era un conferenciante incendiario. Por todo el país llenaba salones en los que el público lo escuchaba asombrado mientras encajaba recriminaciones, insultos y profecías de un apocalipsis capitalista merced a una revolución purificadora. Durante esta gira el ya famoso escritor tuvo ocasión de hablar con los líderes socialistas locales y le quedó claro que la opinión general era que el capitalismo sería eliminado por la vía democrática. Sus propias ideas eran mucho más radicales y su visión del futuro menos optimista. Y fue entonces cuando decidió escribir su obra más política, una novela distópica que predecía el ascenso del fascismo y los obstáculos que hallaría una posible revolución socialista.

La historia la narra en primera persona la esposa de un ya fallecido Ernest Everhard, rememorando la figura de su amado desde el momento en que se conocieron. Ácrata, comprometido, cínico e idealista a partes iguales, excelente conversador y argumentador, Everhard agita las conciencias de aquellos miembros de las clases altas que empiezan tratándolo con condescendencia, como exótico elemento de la clase trabajadora, pero que terminan incómodamente enfrentados a una realidad que les acusa como explotadores y cómplices de delitos sociales. A medida que Everhard progresa en su carrera política, la oligarquía que ostenta el poder en la sombra moviliza todos sus recursos para acabar con su influencia. En 1912, según la novela, los socialistas ganan las elecciones estadounidenses, pero los grandes trusts industriales y financieros que controlan el gobierno no les permiten tomar auténtica posesión de sus cargos. Se producen revoluciones, caos y guerras. Acompañada de un gran número de notas al pie, la obra narra el aplastamiento de los trabajadores entre 1912 y 1932.

"El talón de hierro" se divide en dos partes bien diferenciadas. La primera tiene muy poca acción
y muchos diálogos. Se presentan los personajes, especialmente Everhard, en el que London se proyecta de forma idealizada, describiéndolo (describiéndose) como una especie de fornido filósofo, un intelectual con el cuerpo de un gladiador. Hay abundantes discusiones sobre metafísica, ética y teoría política así como una convencida defensa del socialismo y el determinismo histórico de acuerdo con las premisas establecidas por el marxismo. La segunda parte es un relato de las circunstancias políticas y económicas que se van sucediendo en los años posteriores y que señalan el ascenso de la dictadura de la oligarquía, el "talón de hierro". La novela termina con unos apocalípticos capítulos que describen una insurrección en Chicago brutalmente aplastada. La ciudad es devastada y los escasos socialistas supervivientes, guiados por Everhard, pasan a la clandestinidad y recurren al terrorismo.

"El talón de hierro" fue un libro valiente. No era complaciente con nadie y atacaba a todos: a los grandes industriales y banqueros, claro; al gobierno títere; a la clase media inane y complaciente; a los líderes obreros poco combativos y confiados... no era una obra que le fuera a granjear amigos. Su editor lo sabía muy bien y, aunque no era ningún revolucionario ni comulgaba con las ideas de London, decidió publicarlo. Como era de esperar, la novela sólo encontró un eco favorable entre los elementos más radicales de la izquierda. Los militantes del Partido Socialista lo veían como un elemento molesto que venía a agitar las aguas en el momento en que la sociedad empezaba a aceptarlos como parte de la vida política.

Pese a ganarse críticas muy severas, la novela vendería más de cincuenta mil ejemplares en tapa
dura. ¿Quién los compró? A las pocas semanas de su publicación ya circulaba por las cadenas de montaje de todo el país y era ansiosamente devorado por muchos sindicalistas de todo el mundo, inspirados por la visión de London. Su impacto fuera de los Estados Unidos fue aún mayor. En Europa, el socialismo revolucionario gozaba de una tradición más dilatada y más ideologizada que la americana. En muchos de los centros industriales europeos, la conciencia de clase estaba bien desarrollada, en especial en Gran Bretaña y en la recién industrializada Rusia. Aneurin Bevan, el futuro arquitecto del Servicio Nacional de Salud de Gran Bretaña, leyó la novela siendo un joven minero en Gales en los años veinte y abrazó el socialismo a causa del libro, lo mismo, escribió posteriormente, “que otros miles de jóvenes hombres y mujeres de clase obrera en la Gran Bretaña”.

Anatole France escribió una presentación en la edición francesa de 1923, elogiando a Jack por “ese peculiar genio que percibe lo que permanece oculto para el común de los mortales” y por poseer “un conocimiento especial que le permite predecir el futuro”. Tanto Lenin como Trotsky alabaron la novela, que, por otra parte, es la única obra norteamericana incluida en la bibliografía del comunismo de Bujarin.

Lástima que la propia vida de London acabara convertida en una especie de caricatura de sus ideas políticas. A medida que su popularidad trascendía fronteras y sus obras eran leídas y comentadas por millones de personas, su modo de vida se fue distanciando cada vez más de sus convicciones. Vivía en un rancho que ocupaba una enorme finca, mantenía un yate y no se privaba de ningún lujo material -por mucho que sus despilfarros a punto estuvieron de dejarle en la bancarrota en más de una ocasión, obligándole a escribir intensivamente para tapar sus agujeros económicos-. Ante aquellos que le acusaban de ser uno más de la élite adinerada de California, London se defendía diciendo que su riqueza provenía de su talento como escritor y que no había necesitado explotar a nadie para acumularla.

"El talón de hierro" es un libro muy personal que tiene un claro propósito didáctico, una novela que refleja una triste etapa de la evolución capitalista y cómo la vivieron algunos de sus protagonistas. Sin embargo, a diferencia de otros escritores que hemos revisado en este blog, London no divisó en el futuro una utopía socialista producto de una revolución más o menos violenta, sino una dictadura oligárquica. Se trataba de un aviso del escritor a sus lectores: si no os movilizáis, si no lucháis por la revolución del proletariado, si no os unís contra el capital, el futuro que nos espera puede ser tan ominoso como el que os presento. No fue la primera ni la última vez que la ficción especulativa se utilizaba como vehículo de ideas políticas, pero desde luego fue una de las más directas y militantes.