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viernes, 11 de mayo de 2012

1994-EL REFUGIO - Juan Miguel Aguilera y Javier Redal

En un futuro no demasiado lejano, la Tierra ha cambiado mucho... para seguir igual. La tecnología ha seguido avanzando (se han establecido colonias en la Luna y los satélites de Marte) pero también la radicalización religiosa que ha desembocado en sangrientas guerras y desórdenes. Un día, sin previo aviso, la Tierra recibe un bombardeo de antimateria, de origen desconocido pero sin duda deliberado. El choque de positrones con los electrones de la atmósfera crea una tormenta energética que destruye las ciudades y extermina a tres quintas partes de la Humanidad.

Es entonces cuando, en auxilio de la Tierra, llegan los colonos de Marte a bordo de unas enormes y misteriosas naves, con el objetivo no sólo de rescatar a los supervivientes, sino llevarse consigo tantos delfines como sea posible antes de que los océanos, crecientemente radioactivos a causa de la lluvia de isótopos, se vuelvan hostiles a la vida. ¿El motivo? Los delfines, gracias a su cerebro, son los únicos que pueden pilotar las grandes naves que utilizan los colonos marcianos. Así, el papel que va a jugar Susana, una etóloga terrestre que ha sido capaz de comunicarse con esos mamíferos marinos, resultará fundamental. A través de sus experiencias, este personaje nos servirá de guía en el descubrimiento del sistema planetario marciano, los restos de la antigua civilización que habitó el planeta rojo, la dinámica técnica y social del viaje espacial, la nueva sociedad que se está gestando muy lejos de la Tierra y los secretos escondidos en los océanos gaseosos de Júpiter, secretos que servirán para desvelar tanto el misterio de la creación de la especie humana como el de su inminente aniquilación.



Juan Miguel Aguilera es diseñador gráfico. Javier Redal es profesor de biología. Aunque los trabajos de colaboración literaria no suelen ser susceptibles de simplificaciones tan toscas, podríamos decir que la parte más creativa y visual recae sobre el primero, mientras que el segundo aplica sus conocimientos científicos para dotar a las ideas de su colega de una base verosímil. Se trata de una tarea nada fácil, pero culminada con éxito por este equipo de escritores.

Como ya hicieran en las novelas del ciclo de Akasa-Puspa, nos encontramos aquí con poderosos conceptos e imágenes: órdenes religiosas dirigiendo la colonización de Marte, enormes naves envueltas en el misterio, inteligencias inmensamente viejas y longevas, delfines pilotando astronaves vivientes, bibliotecas subterráneas de ADN marciano encerrado en diamantes, espectaculares, restos arqueológicos extraterrestres, drones tecnoorgánicos sensibles controlados cibernéticamente, abordajes de cometas helados, torres orbitales,... Como ya hicieran en Akasa-Puspa, Aguilera y Redal combinan a la perfección el sentido de la maravilla propio de la ciencia-ficción con el sólido soporte científico característico de la versión más dura del género. El resultado es de tanta o mayor calidad que muchas obras de firma extranjera más publicitadas, vendidas y premiadas.

La historia reúne varios elementos que ya aparecían en el ciclo de Akasa-Puspa (al fin y al cabo, esta
historia pertenece a esa serie de novelas, si bien la acción está situada miles de años antes): un misterio que hay que resolver viajando a algún lugar lejano (en este caso Júpiter), los delfines como pilotos de astronaves, ascensores espaciales, mercenarios con un rígido código de honor, una inteligencia maestra que dispone las piezas del tablero cósmico y que permanece más allá de la comprensión humana... También como Akasa-Puspa, es un relato impulsado por la acción, por la sucesión de descubrimientos y revelaciones más que por los personajes. El tratamiento de éstos se halla algo descompensado: aunque el protagonista principal parece ser la etóloga Susana, nunca llega a desarrollarse todo su potencial y el reparto coral y multiétnico es algo disperso, demasiado amplio como para poder dotar a cada uno de ellos de rasgos diferenciadores.

Otro de los aspectos destacables de la novela, de gran interés pero continuamente desplazado por el incesante desfile de maravillas, es el religioso. La religión juega un papel importante en los diferentes niveles y escenarios de la aventura. Tenemos, desde luego, las órdenes religiosas cristianas que encabezaron la colonización de Marte, seleccionadas en su día tanto por motivos ideológicos (demostración de fuerza ante los países islámicos) como prácticos (se valoraron como idóneas su larga tradición de vida disciplinada, sujeta a estrictas regulaciones, confinada en espacios cerrados y enfocada a un objetivo determinado).

El jesuita Markus es un genio exaltado que combina la erudición con un fervor apocalíptico inspirado por el propio conocimiento que ha acumulado en sus investigaciones arqueológicas; por el contrario, el astrónomo franciscano Álvaro es un hombre tranquilo, amante de la sencillez y del amor por encima del frío conocimiento y cuyo espíritu quedó devastado por el exterminio de casi toda la raza humana, incomprensible desde el punto de vista de un Dios de Amor; ahora sus rezos le suenan mecánicos, fruto de la necesidad de transitar por senderos conocidos y cómodos más que impulsados por la fe. Las bendiciones y las oraciones que se pronuncian antes de la partida de la misión a Júpiter suenan huecas ante un Universo poblado por seres de los que nada se dice en las Escrituras y que han intentado eliminar a la raza humana como antes hicieron con los marcianos.

Hay breves diálogos entre los personajes acerca de las interpretaciones de lo acontecido desde el punto de
vista religioso y el origen de las creencias, y se nos apunta la importancia de la Iglesia como impulsora de la reconstrucción social, económica y política de la devastada Tierra gracias a su presencia planetaria y capacidad de organización. Hubiera sido interesante una mayor profundización en este aspecto por parte de los autores pero, sencillamente, no hay tiempo ni espacio para ello: pasan demasiadas cosas y una mayor extensión hubiera convertido la novela en una apuesta económica aún menos segura dentro de un mercado editorial ya de por sí incierto.

También saben a poco los breves apuntes políticos que se dejan caer aquí y allá y que nos sugieren infinitas posibilidades: la necesidad de los colonos marcianos de levantar su propio entramado político tras la catástrofe en la Tierra; o la preponderancia de Japón en la exploración espacial, ya no como una entidad nacional, sino como un conjunto de poderosas corporaciones mercantiles enfrentadas entre sí y dirigidas por antiguas familias en una forma de feudalismo empresarial que despierta adhesiones y enfrentamientos tan intensos como el nacionalismo.

Existen también algunas incoherencias, tanto científicas como narrativas. Entre los primeros, hay enfoques genéticos y astronómicos que han sido superados en los últimos quince años -algo que, en cualquier caso, suele suceder con las novelas del género y que no tiene por qué afectar a la calidad de una obra- ; y en cuanto a los segundos, incoherencias de tipo temporal, como la velocidad a la que los científicos humanos desvelan y desarrollan los secretos de la antigua biotecnología marciana; o que los terrestres sean capaces de una reorganización que se sugiere demasiado rápida tras un desastre que ha diezmado la población, destruido los sistemas económicos y de comunicación y sumido a todo el planeta en el caos.

Algunos de estos defectos fueron los que Juan Miguel Aguilera trató de pulir en una reciente reescritura, que no resulta ser la primera. Porque el origen de esta novela es un relato titulado "El escondite", presentado por los autores al certamen de CF que organizó en 1990 la editorial Ultramar, aunque el premio nunca llegó a otorgarse dada la mala situación editorial de la compañía. Tres años más tarde, en una versión ampliada y modificada, fue editado con un nuevo título: "El Refugio". La novela se hizo merecedora del premio Ignotus en 1995.

Más recientemente, se volvió a presentar el libro en una maniobra comercial que no puedo decir que me
agrade: modificar otra vez su texto, retitularlo ("Némesis", aunque en esta ocasión firmado solo por Aguilera, colaborando Redal exclusivamente en el apartado técnico) y venderlo como nuevo, algo a lo que no le veo demasiado sentido más allá de exprimir la misma historia por tercera vez. Sí, ciertamente se puede actualizar con los últimos descubrimientos científicos y añadir o quitar cosas y pulir otras que quedaron incompletas. La ciencia siempre avanza y el escritor evoluciona; lo que le pareció bien diez o veinte años atrás puede que hoy ya no le satisfaga y que desee haberlo escrito de otra manera. Pero esto sería aplicable a cualquier obra de CF -o de la literatura en general- y nunca ha sido necesario realizar periódicamente nuevas versiones de obras ya cerradas, algo que los lectores no sólo no exigimos sino que, en general, nos parece un desperdicio de energía y tiempo. La única excusa en este caso concreto sería que "El Refugio" es una obra descatalogada -si bien se puede conseguir sin problemas por internet-, mientras que "Némesis" todavía está presente en las estanterías de las librerías. En cualquier caso, nunca he sido amigo de estos remontajes literarios, así que prefiero comentar la obra original que su versión remasterizada.

En resumen, con todos sus defectos, una novela apasionante, atrevida, sugestiva y ágil, con escenas plenas grandeza visual y tensión que harían las delicias de un James Cameron o un Ridley Scott.

martes, 6 de marzo de 2012

NÁUFRAGOS - Juan Miguel Aguilera


España nunca ha sido terreno abonado para la ciencia-ficción dura. Quizá es una consecuencia de la escasa formación general e interés en el campo científico y técnico de que adolece nuestro país. Si no hay público para ello, tampoco habrá editores que la favorezcan ni, por tanto, autores dispuestos a cultivarla; o, si lo hacen, capaces de vender sus historias. El valenciano Juan Miguel Aguilera, uno de nuestros mejores escritores en el género, es alguien muy capaz de abordar esta difícil vertiente de la CF. Ya lo demostró en el conjunto de relatos englobados en el universo de Akasa-Puspa, escrito en parte junto a Javier Redal, unas novelas que conseguían mantenerse con éxito en la frontera entre la ciencia-ficción dura y la "space opera" (un subgénero este que habitualmente soporta una superabundancia de artefactos pseudocientíficos capaces de hazañas en clara colusión con el actual conocimiento).

"Náufragos" da un paso más allá. Aquí no encontramos ordenadores inteligentes, naves con motores hiperespaciales o futuros lejanos. Todo lo contrario, esta historia es ciencia y tecnología pura y dura, sin exageraciones. A comienzos del siglo XXI, el consorcio NASA-ESA selecciona y adiestra a un conjunto de profesionales en distintos campos que formarán parte de la primera expedición humana a Marte. Una tripulación multinacional compuesta por un planetólogo, una médico, un exobiólogo, un ingeniero y tres pilotos emprenden el largo viaje de 26 meses que les situará en la órbita del planeta rojo para luego descender a su superficie en una lanzadera. Sin embargo, en pleno descenso, los ordenadores se colapsan y el módulo se estrella, dejándolos varados en el desierto marciano a decenas de millones de kilómetros de la Tierra, encerrados en un pequeño espacio con atmósfera artificial y abandonados a sus propios y escasos medios. Nadie vendrá a rescatarles. El aire, el agua, los alimentos y la energía son limitados y nada de ello se puede obtener del hostil ambiente marciano. Es entonces, enfrentados a la muerte, cuando se ponen a prueba no sólo sus conocimientos, sino su temple, calidad humana y ansia por sobrevivir. Algunos de ellos ya habrán muerto para cuando descubran que Marte guarda muchos más enigmas de lo que hasta ahora pensábamos.

El propio Aguilera afirmó que "Náufragos" trataba sobre "la locura y el sentido de la maravilla". Y con locura se refería a esa voz que ha no ha parado de susurrar al oído del hombre impulsándole a viajar a lugares remotos y peligrosos, a llevar un paso más allá la línea que marca la última frontera. A veces su objetivo era el enriquecimiento y el ansia de poder, pero en muchas otras la motivación ha nacido del ansia de saber, la curiosidad por lo desconocido y la persecución de un sueño creado por la imaginación, propia o ajena. Este poder evocador de los relatos, su capacidad de inspiración para los viajeros, es homenajeado por Aguilera a través de uno de sus personajes, el geólogo Herbert, que reconoce que sus sueños de llegar a Marte nacieron de sus lecturas infantiles de los relatos de Barsoom escritos por Edgar Rice Burroughs. El mismo Herbert es el que, con su optimismo y sus ansias por vivir, insufla ánimo a los demás, simbolizando el deseo indomable del ser humano por imponerse a un entorno hostil.

El libro interesará a cualquier aficionado a la ciencia-ficción dura y/o interesado en los viajes espaciales factibles. La dinámica del viaje espacial, la vida a bordo, la física, la ingeniería, la biología, los problemas que pueden surgir y su posible resolución... todo está apoyado en una aproximación irreprochable a la ciencia en el estadio en el que hoy la conocemos. Los personajes están en general bien construidos y cuentan con rasgos diferenciados que les permiten interactuar entre sí y reaccionar de formas distintas y creíbles ante los dramáticos acontecimientos que han de enfrentar.

El relato se va desenvolviendo con agilidad, pero el problema es que carece de un clímax dramático y un final propiamente dicho. Cuando los supervivientes encuentran los restos de una antigua civilización marciana, deambulan de aquí para allá por las ruinas y corredores maravillándose de todo ello pero sin lograr encontrar una explicación a lo que ven. No saben qué es lo que contemplan, por qué está allí y cuál fue la razón de su decadencia y destrucción. Desde luego, esto es la posibilidad más realista: no podríamos esperar entender nada de una civilización ajena a todo lo que conocemos con sólo un par de paseos; como mucho, elaboraríamos teorías basadas en nuestra experiencia como humanos lo que, probablemente, no nos acercaría demasiado a la verdad. Sin embargo, en este caso, lo que resulta coherente y verosímil en la vida real también impide que la ficción tenga una resolución adecuada y satisfactoria. La peripecia finaliza de forma totalmente abierta, porque sí, porque el autor ya no tenía nada más que contar, nada nuevo que añadir, sin aclarar ni uno solo de los enigmas que se plantean ni resolver el destino de los supervivientes.

Y he aquí, ¡sorpresa!, que este libro no es sino la novelización del guión –escrito por el propio Aguilera- de una película española rodada en Hollywood (interiores de la nave), Valencia (los túneles marcianos) y Lanzarote (el planeta Marte) dirigida por María Lidón (que firma la realización como "Luna"). Por desgracia, el resultado final que se obtuvo fue muy inferior al de la novela a pesar de la participación de actores habitualmente tan competentes como Vincent Gallo, Joaquim de Almeida y María de Medeiros. Fue un buen intento: rodar una película española de ciencia-ficción realista, alejada de los aspavientos y fuegos artificiales propios de muchas cintas de Hollywood. Y hacerlo en Estados Unidos, en inglés y con actores internacionales. Pero se quedó en eso, en intento.

El guión, sin duda, permitía haber conseguido un resultado final mucho más brillante. Para empezar, al prescindir de la acción trepidante y el predominio de lo visual, lo único que quedaba para enganchar al espectador eran los personajes, sus diálogos, las relaciones entre ellos, la transmisión al espectador de sus emociones. Y ello entraña mucha más dificultad que la creación de efectos especiales llamativos, dificultad que el film no supera. Para empezar, todo el preámbulo al viaje desarrollado en la novela, en el que se nos revela el origen, personalidad y motivaciones de los protagonistas así como el proceso de selección, adiestramiento y viaje propiamente dicho- lo que resultaba fundamental para poner de manifiesto su humanidad y su cercanía al lector a través de sus defectos y temores-, se elimina totalmente en la trasposición cinematográfica, por lo que los actores acaban interpretando versiones simplificadas de los protagonistas literarios, perdiendo por el camino profundidad y agudeza. El ingeniero Luca Baglione (interpretado por Vincent Gallo), por ejemplo, es el personaje más carismático del libro, un genio tecnológico con un cerebro privilegiado que, al mismo tiempo, adolece de severas carencias emocionales. Los diálogos que tiene el ingeniero en la película, por el contrario, se limitan a indicarnos que se trata de un presuntuoso maleducado. Por otra parte, la trama del film finaliza antes incluso que en el libro, sin profundizar siquiera mínimamente en los enigmas marcianos que hallan los protagonistas de la novela.

Al plano tratamiento que reciben los personajes no contribuye una dirección de actores a todas
luces mediocre. Joaquín de Almeida y Vincent Gallo se limitan a cumplir. María de Medeiros no se desprende en toda la película de una actitud lloriqueante y perpetuamente asustada. Los peores con diferencia son Daniel Aser (el géologo Herbert), María Lidón (que añade a las labores de dirección la interpretación de la piloto española Susana) y Johnny Ramone (este último en el breve papel de Lowell, el piloto que permanece en la órbita marciana), que parecen estar totalmente fuera de lugar: ante la catástrofe sucedida y las terribles decisiones que han afrontar para sobrevivir no varían su pétrea expresión ni aportan matiz alguno a sus voces. Son interpretaciones mecánicas que estropean el ya justo trabajo del resto del reparto y que empeoran aún más por culpa de un doblaje anodino y monótono. Así, al no ser capaz el grupo de supervivientes de, con sus rostros, sus ademanes, sus voces, sus diálogos, transmitir reacciones emocionales con las que el espectador pueda empatizar (angustia, miedo, desesperación, desconfianza, inseguridad) la película fracasa estrepitosamente, más aún si tenemos en cuenta que buena parte del presupuesto fue a parar al pago de los honorarios del selecto grupo de actores.

El descalabro se agrava por cuanto los defectos en el desarrollo del guión y la mediocre
interpretación no pueden compensarse siquiera parcialmente con una mayor osadía en el aspecto visual. Y es que "Náufragos" arrastra en este campo cierto aire de serie B. Evidentemente, el presupuesto no daba para más y el dinero asignado a efectos especiales se agotó en las tomas iniciales de amartizaje y en la bella pero breve escena final en la que un espectacular travelling-zoom nos transporta de un rincón del Valle Marineris hasta el espacio. El responsable de la fotografía, el argentino Ricardo Aronovich (ganador de un Oscar), se limita a colocar filtros amarillos y anaranjados que intentan recrear la rojiza atmósfera marciana. Pero no es suficiente. Los paisajes volcánicos de Lanzarote que pretenden pasar por las planicies y valles marcianos no acaban de transmitir la grandiosidad de las impresionantes formaciones de ese planeta. El interior de la lanzadera parece sacado de un avión comercial de hace treinta años, la menor gravedad del planeta no se ve por ninguna parte y los pasillos y corredores marcianos no tienen un aspecto particularmente alienígena además de estar mal fotografiados. La ciencia-ficción sigue siendo un género que suele requerir cierta competencia -y dinero- para contar sus historias de forma convincente, especialmente si la historia transcurre en otro planeta.

Además, el montaje es insulso y algo lento (los planos subjetivos de las cámaras incorporadas a los trajes llegan a ser bastante cargantes), sostenido por una música que no cumple su papel de realzar la emoción de los momentos más relevantes. En resumen, una producción con más pretensiones que resultados, anquilosada y gris, lo cual no deja de ser una lástima dado que se trató de un intento sincero de introducir en el reiterativo cine español un género hasta entonces marginado.

A pesar de su poco gratificante final, la novela de Aguilera es una de las obras "marcianas" más competentes que se han publicado en la CF. Su insustancial traslación cinematográfica, no obstante, es perfectamente prescindible.

martes, 17 de enero de 2012

2001- MUNDOS EN LA ETERNIDAD - Juan Miguel Aguilera y Javier Redal


Una de las obras de CF española más importante y comentada de las últimas décadas, "Mundos en la Eternidad" es una absorbente space-opera disfrazada de ciencia ficción dura, que combina una narración ágil con un consistente trasfondo científico en el que confluyen la biología, la astronomía y la física.

Este volumen es en realidad la refundición de dos novelas que los autores escribieron diez años antes, "Mundos en el Abismo" (1988) e "Hijos de la Eternidad" (1990). Aunque su idea original comprendía la totalidad de la historia narrada en ambos volúmenes, tratándose de autores noveles y habida cuenta de los requerimientos editoriales y de mercado, se vieron obligados a dividir el relato en dos. La buena acogida que recibieron y el deseo de Aguilera de continuar profundizando en el universo que habían creado, propiciaron la reunión de ambas novelas en un solo libro tras varias modificaciones y cambios.

El escenario sobre el que se desarrolla la aventura es el cúmulo globular de Akasa-Puspa (en sánscrito, "una flor en el cielo"), un conjunto de diez millones de soles en órbita alrededor de la Vía Láctea. Los mundos en este cúmulo están lo suficientemente cercanos como para que el viaje interplanetario sublumínico sea posible haciendo uso de las Babeles, unas gigantescas torres de miles de kilómetros de altura, levantadas en los planetas por una antigua y desconocida civilización. Aunque algunos arqueobiólogos afirman que la humanidad proviene de la lejana Galaxia -la Vía Láctea, con cuyos brazos espirales se cruzan cada varios millones de años-, lo cierto es que nadie recuerda ya el origen último del hombre: las mareas de la historia, los cíclicos auges y caídas de la civilización a lo largo de miles de años, han borrado el conocimiento de la historia antigua.

Tres potencias intrigan, se alían y compiten entre sí por la hegemonía en Akasa-Puspa: un Imperio en decadencia pero todavía poseedor de una tecnología superior; la Hermandad, unos fanáticos religiosos que profesan una fe sincrética que reúne elementos de diferentes creencias terrestres; y la Utsarpini, unos "bárbaros" en ascenso que imponen a los planetas del borde globular su cultura militarista y aristocrática con el fin de levantar una nueva civilización en competencia directa con el Imperio. Todos ellos guardan un inestable equilibrio basado en la desconfianza mutua y la ambición de poder.

Jonás, un joven y brillante científico adscrito a la universidad de un planeta recién conquistado por la Utsarpini, es reclutado a la fuerza y destinado a bordo de una de sus naves, enviada a investigar la misteriosa destrucción de un carguero del Imperio. La misión se convertirá en un nudo de confabulaciones y asombrosas revelaciones sobre los seres que pueblan el cúmulo globular, el origen último de la humanidad y la inteligencia que está detrás de todo ello.

El comienzo del libro es desconcertante. Uno tiene la impresión de andar completamente
despistado en un mar de nombres extraños en sánscrito, cargos y títulos honoríficos impenetrables y relaciones confusas que obligan a consultar una y otra vez el imprescindible glosario. El propio Aguilera admitió que se trataba de una especie de prueba que el lector debía superar para internarse definitivamente en la novela. Con algo de paciencia y atención, el esfuerzo merece la pena, porque el panorama no tarda en despejarse para dejar paso a una historia sencilla de seguir que no renuncia a la complejidad argumental y la riqueza de detalles sobre las diferentes culturas y mundos.

Como he dicho, estamos ante una original mezcla de ciencia ficción "dura" y space opera. Los autores (diseñador industrial y biólogo respectivamente) se han preocupado de dotar a su universo de un sólido cimiento científico: los ecosistemas que se describen son viables, las astronaves utilizan tecnología factible y se mueven por el espacio siguiendo estrictas reglas físicas, las criaturas se han pensado de acuerdo con las directrices de exobiólogos, la vida en el espacio (desde la comida hasta las guerras pasando por las enfermedades psicológicas que afectan a los humanos en los largos viajes interplanetarios) se describe con precisión... hasta la ingeniería planetaria parece factible en un futuro lejano.

Sin embargo, los autores han sabido situar inteligentemente el papel -fundamental, eso sí- de la ciencia en la historia, que no llega a quedar aplastada por la frialdad del dato o la teoría. Todo lo contrario. Hay una sucesión de intrigas políticas, misterios que se resuelven solo para plantear nuevos enigmas, batallas espaciales, mercenarios, trepidantes persecuciones, científicos, marines imperiales, exploraciones, asombrosas criaturas alienígenas, ordenadores inteligentes y revelaciones sorprendentes de alcance galáctico, lo que hace avanzar continuamente la trama atrapando al lector. Además, el sustrato científico sirve para hacer
verosímiles ideas que despiertan nuestro sentido de la maravilla, como las naves con velas solares; los Colmeneros, extraños seres insectoides que habitan en el interior de los asteroides; los colosales juggernauts, que como enormes ballenas vagan por los límites del cúmulo; los cintamanis, parásitos larvarios que invaden a los juggernauts y que recuerdan algo a los aliens cinematográficos; las torres Babel de la Tierra y el grandioso anillo que las une; la espectacular Esfera; las ciudades rodantes que se autoreplican; las estaciones espaciales...

Se trata de una obra -en la que se detectan rastros de la "Fundación" de Asimov, "Dune" de Frank Herbert o "Mundo Anillo" de Larry Niven- que, siguiendo las líneas rectoras de la space-opera, se concentra en hacer avanzar la acción e ir desentrañando el misterio que se plantea por encima de realizar un estudio exhaustivo de los numerosos personajes, sus motivaciones, personalidades y las relaciones que establecen entre ellos. De hecho, se le podría recriminar la falta de personajes con gancho. Con la excepción de Jonás y el mercenario Chat Rai, los demás cumplen un mero papel vehicular, lo que no deja de ser una lástima habida cuenta del gran número de protagonistas y situaciones que se plantean. El estilo, aunque plano, lineal y sin adornos, despliega un buen pulso narrativo, apoyado a menudo en abundantes diálogos

El final de "Mundos en la Eternidad" queda abierto, de tal modo que años después Juan Miguel Aguilera continuaría la historia en "Mundos y Demonios". Pero antes, aparecieron varios relatos cortos que recuperaban y ampliaban los personajes y entornos del universo de Akasa-Puspa. "Maleficio" nos presenta una inestable alianza entre humanos con lealtades opuestas y extraños alienígenas tratando de desvelar el misterio de una expedición desaparecida en un planeta aparentemente desierto. "En un vacío insondable" nos traslada trescientos años al futuro de los acontecimientos de "Mundos en el Abismo". La llegada al cúmulo de una masiva estructura artificial de inmenso poder obliga a los peores enemigos, angriffs y humanos, a trabajar juntos para resolver un misterio que les llevará al fin del tiempo. "Ari el Tonto" es un cuento ligero sobre el choque de una cultura tradicional y tecnológicamente atrasada con una civilización espacial y la capacidad de fascinación del espacio como motor de avance científico.

"Mundos y Demonios" (2005) es en realidad una reescritura y ampliación del relato antes mencionado, "En un vacío insondable". La acción se centra en la Esfera, una gigantesca estructura artificial hueca compuesta de asteroides y que rodea lo que queda de nuestro Sistema Solar. En este misterioso lugar confluyen una heterogénea mezcla de personajes de diversas especies y razas: sanguinarios angriffs, los manipuladores colmeneros que habitan en los asteroides que rodean la Esfera, un colono superviviente postrado en una silla de ruedas, un mercenario humano, la comandante de una nave del Imperio, un delfín piloto de una antigua nave generacional, misteriosos nómadas que surcan la Esfera en el interior de asteroides, inteligencias mecánicas capaces de llevar a cabo ingeniería estelar, organismos fascinantes adaptados a la vida en el vacío...

Una vez más, Aguilera teje una historia llena de suspense y acción en la que destaca el excelente
diseño de las criaturas alienígenas a nivel no sólo físico sino psicológico, convirtiéndoles en seres muy diferentes de los humanos sin dejar de ser verosímiles. Aguilera nos transmite con acierto lo diferente de la visión que esos seres tienen del universo, condicionada por su biología y el entorno en el que evolucionan. Hay que subrayar en este sentido las conversaciones entre los angriffs y su prisionero humano, Isa Govinda, una mente genial atrapada en un cuerpo inmovilizado por una enfermedad degenerativa. A través de las mismas, se pone de manifiesto la brecha entre las especies y su imposible conciliación, además de recrear magníficamente una cultura alienígena, biológica, metal y socialmente alejada de la nuestra. Otro interesante pasaje lo constituyen las páginas en las que se describe la inteligencia artificial de los seres mecánicos y sus pautas de pensamiento y autoconciencia.

"Mundos y Demonios" continúa el espíritu de su primera parte, llevándolo incluso más allá. Empieza como un intenso relato pulp repleto de aventuras, descubrimientos y batallas -siempre apoyado por el barniz científico- para ampliar luego el foco e introducirnos en el terreno del tiempo y el espacio a escalas desmesuradas sólo entrevistas a través de la física teórica más visionaria: el triunfo de la entropía al final del tiempo, la muerte de nuestro universo y el comienzo de uno nuevo, todo ello como parte de un plan concebido con plazos de ejecución que se miden en millones de años.

"Mundos en la Eternidad" y "Mundos y Demonios" son dos capítulos dentro de lo que bien puede convertirse en una saga cósmica de longitud indefinida. Ninguno de ellos cierra todos los misterios que plantea y la puerta siempre queda abierta para continuar desarrollando el fascinante universo de Akasa-Puspa, último reducto de vida de la Vía Láctea.

Estupendo heraldo de la ciencia ficción española y sólida confirmación de que en nuestra patria también hay autores de género de tanta o más valía que en los países anglosajones, el ciclo de Akasa-Puspa es original, dinámico y adictivo. Tanto si lo encuentras de saldo en una librería de viejo como si lo descargas de internet, no dejes escapar como mínimo el primer libro de la saga, una obra que todo aficionado al género debería leer.