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lunes, 16 de julio de 2012

1985-EL PRISIONERO DE LAS ESTRELLAS - Alfonso Font




Tras "Cuentos de un Futuro Imperfecto", el próximo paso de Font dentro de la ciencia-ficción sería la narración larga. Así, desde 1983, la revista Cimoc albergó en sus páginas la serialización de una historia en blanco y negro (recopilada en álbum en 1985) que obtendría una favorable acogida por parte del público: "El Prisionero de las Estrellas". Su éxito no se debió a la introducción de temas nuevos -todo lo contrario- sino porque se trataba de una obra que, recurriendo a lugares y situaciones ya conocidos, acertaba en mezclarlos de forma amena y dinámica gracias a la habilidad narrativa de su autor, su talento para los diálogos y un sólido dibujo que servía de vehículo perfecto para la historia.

En un futuro indeterminado y tras una guerra sin cuartel librada tanto en la Tierra como en el espacio, el propio Sol ha quedado afectado. Su continuo y acelerado crecimiento supone la condena definitiva de la Tierra, una muerte más rápida de lo que desearían sus habitantes y cuyo primer paso es la imposibilidad de vivir en la superficie o siquiera caminar bajo el sol de mediodía sin la protección de un traje térmico so pena de morir deshidratado y cubierto de quemaduras. Las ciudades han sido trasladadas bajo la superficie y "arriba" sólo han quedado los inadaptados, una mezcla de bandidos, nómadas y guerrilleros ajenos a la tecnología y conocidos genéricamente como Exteriores.

En ese cuadro general, desde la primera página, la policía persigue encarnizadamente al Prisionero -su auténtico nombre carece de importancia-. Éste, amnésico, es incapaz de comprender el motivo de la caza a la que es sometido. En el curso de su frenética huída, nos irá guiando por su derruido entorno (prisiones, superpobladas ciudades subterráneas, el letal desierto, pueblos abandonados, centros de procesamiento de ancianos, antiguos bunkers...) y presentando a algunos de sus habitantes, a menudo hostiles, egoístas, cínicos e intrigantes... Con una excepción: una joven exterior con una fuerte e indómita personalidad que se enamora del "inocente" Prisionero. Juntos, tratarán de resolver el misterio que se esconde tras la persecución y llegar a la Ciudad de las Cúpulas, una especie de utopía urbana que según se rumorea, se encuentra en la Antártida.

 

El escenario que nos propone Font, como en “Cuentos de un Futuro Imperfecto”, es profundamente negativo. Apenas hay resquicio para la esperanza entre gobiernos totalitarios, opresivas fuerzas policiales, rebeldes tan maquiavélicos y despiadados como las autoridades a las que pretenden derrocar, una sociedad que combina la crueldad con la decadencia y una élite egoísta. Ni siquiera el personaje del Prisionero resulta particularmente agradable por su falta de carácter y la facilidad con la que es manipulado. La única excepción es la Exterior, una especie de "buen salvaje" sin contaminar por las corrupciones y mezquindades propias de la civilización. Font retrata muy bien esa distopia extrema, representada por una policía paramilitar de aspecto blindado y con cascos y gafas que ocultan sus rostros, lo que contribuye a despojarles de todo aspecto humano y aproximarlos a las máquinas, simbolizando la inhumanidad de la sociedad a la que dicen defender. El humor corrosivo que aliviaba algo la negra visión del porvenir en "Cuentos de un Futuro Imperfecto" queda aquí en gran medida diluido, convertido en una sátira algo tosca que impregna toda la aventura, mientras que los toques de humor se apoyan en los diálogos y malentendidos entre los dos protagonistas.

Font se ajusta sin apenas desviaciones a uno de los cánones del relato de intriga: un personaje amnésico que huye de un gobierno autoritario y perseguido por un misterio; encuentra rebeldes que le ayudan y una bella mujer que se convierte en su compañera de fatigas. Finalmente, desentraña la intriga y recupera su vida o inicia una nueva junto a su amada. Ni este esquema era nuevo en 1983 ni se ha dejado de utilizar desde entonces. Dentro de este armazón, Font introduce ideas que remiten a obras muy conocidas del género: las distopias, el planeta de ecología arruinada, los vacíos de memoria, las ciudades subterráneas, la identidad equívoca, los problemas de superpoblación... temas e imágenes que habían jugado un papel central en obras de la literatura y el cine del género como "La fuga de Logan" (William F.Nolan y George Clayton Johnson, 1967), "Estrella Doble" (Robert A. Heinlein, 1956), "Cuando el Destino nos Alcance" (Richard Fleischer, 1973), "Dune" (Frank Herbert, 1966), "Un chico y su perro" (Harlan Ellison, 1969) o multitud de relatos de Philip K.Dick por nombrar solo unas pocas. Todo ello es digerido y ligeramente remodelado en una historia que tiene la virtud de no resultar en absoluto hermética para aquellos que no sean particularmente adeptos a la ciencia-ficción.

Font consigue dotar de personalidad y ritmo propios a todo ese batiburrillo de referencias
-intencionadas o no- y aunque los personajes no son particularmente memorables (la Exterior es la única que, sin alejarse totalmente del arquetipo, despierta simpatías en el lector), el ritmo y desarrollo de la acción compensan la debilidad de aquéllos. Poco puedo añadir a lo que ya dije en otras entradas acerca de su dibujo: extraordinariamente detallado sin caer en el abigarramiento, composición clara y dinámica, con una acertada y variada secuencia de planos y encuadres.

El final de "El Prisionero de las Estrellas" quedaba abierto y preparado para una continuación, que
llegaría en 1988, esta vez a todo color y con el título "El Paraíso Flotante". En esta ocasión el intento fue menos afortunado, quizá porque no aportaba nada realmente diferente a lo ya contado en la primera parte. El Prisionero y la Exterior se ven obligados a seguir huyendo, introduciéndose algo a la fuerza otro tópico del género de "fugitivos": el asesino implacable y casi indestructible. De nuevo, se verán arrastrados a una lucha de poder, ahora entre un decadente reyezuelo absolutista inspirado en el Nerón romano y unos revolucionarios de medio pelo que desean derrocarlo en nombre de la "justicia". Y, otra vez, no habrá aquí redención para nadie: todos son igualmente repulsivos en mayor o menor medida: desde el patético aspirante a sultán y su corte de pervertidos hasta la líder rebelde y su macabra agenda oculta, pasando por el grupo de patibularios piratas que ejercen su oficio desde un submarino.

La ciencia-ficción cede aquí terreno al género aventurero en su forma más clásica: los piratas, la ambientación marina en los lejanos mares del sur e incluso algunos elementos estéticos, como los uniformes "coloniales" de los soldados del Paraíso Flotante. De hecho, Font abandonaría la ciencia-ficción para dedicar sus lápices a los relatos de aventuras exóticas en la figura de Jon Rohner (bautizado inicialmente Jann Polynesia) del que se publicarían varios álbumes. El dibujo, aunque igualmente competente, denota cierta prisa o quizá un creciente desinterés por una obra que el autor se vio "obligado" a realizar a instancias de su editor, añadiendo un color que no contribuye a mejorar el aspecto gráfico respecto a la primera entrega -más bien lo contrario-. Sea como fuere, y aunque el final quedó todavía más abierto que en la aventura anterior, la serie quedó interrumpida hasta hoy.

"El Prisionero de las Estrellas" es una obra ya clásica dentro de la ciencia-ficción patria. Ha llovido mucho desde entonces, se han publicado multitud de obras de CF de gran calidad y su lectura puede que no resulte tan sorprendente como lo fue cuando salió. Pero treinta años después, todavía resulta entretenida y su dibujo no se ha visto envejecido por las modas y tendencias. Sólo los clásicos pueden alardear de ello.

viernes, 27 de abril de 2012

1980- CLARKE Y KUBRICK - Alfonso Font

El dúo cómico es una de las instituciones más asentadas y populares del mundo del espectáculo. Nacido en el mundo del music-hall británico y el vaudeville norteamericano de finales de siglo, su dinámica es harto conocida: una pareja de personajes de edad similar, mismo origen étnico y profesión, pero con personalidades y comportamiento muy diferentes cuando no opuestos; mientras el uno se muestra razonable y serio, el otro es expansivo, quizá menos educado pero más divertido. Por supuesto, esto no es una regla inmutable y abundan las variaciones, pero el humor siempre emana de la desigual relación que se establece entre ambos. Los ejemplos de parejas cómicas en todos los ámbitos del entretenimiento son demasiado abundantes para reseñar siquiera una pequeña parte, pero seguro que el lector conoce a alguna de las más famosas: Abbot y Costello, Laurel y Hardy, Bob Hope y Bing Crosby, Jerry Lewis y Dean Martin, Gene Wilder y Richard Pryor, Astérix y Obélix, Mortadelo y Filemón, Jay & Silent Bob, Tip y Coll, Faemino y Cansado...

En el ámbito de la ciencia-ficción patria también podemos encontrar ejemplos de dúos cómico/satíricos. Uno de ellos es "Burton&Cyb", obra de Antonio Segura y José Ortiz; otro, más antiguo y menos recordado de lo que se merece, fue "Clarke y Kubrick", hijos literarios de Alfonso Font.

Cualquier aficionado al cómic de este país debería saber que Font es uno de los autores más versátiles y capaces con que contamos en España, un narrador de historias al estilo clásico que ha tocado todo tipo de temas en sus tebeos y siempre de forma tan profesional como amena: la aventura ("John Rohner"), la intriga periodística ("Taxi"), la serie negra ("Privado"), la crónica social más descarnada ("Historias Negras"), la caricatura humorística (la tira de "Federico Mendelsohn Bartholdy"), el relato histórico ("Bri D´Alban") y, desde luego, la ciencia-ficción. A este último género, como autor completo (esto es, responsabilizándose de guión y dibujo), se ha aproximado Font de diferentes maneras: las historias cortas con mensaje ("Cuentos de un Futuro Imperfecto), la aventura ("El prisionero de las estrellas") o la comedia, como es el caso que ahora nos ocupa.

"Clarke y Kubrick" (los homenajes implícitos en sus nombres no requieren explicación adicional) vieron la
luz en la revista mensual "1984" en el año 1980, como parte de una serie genérica titulada "Cuentos de un Futuro Imperfecto", compuesta de relatos autoconclusivos. "Lluvia" fue la historieta en la que se presentaba la pareja, cuyas andanzas, ya como protagonistas, pasaron luego a la revista Rambla antes de finalizar en Cimoc su primera etapa en la forma de historias cortas a todo color. En esa misma revista sus peripecias saltaron al formato de aventuras largas, de las cuales se serializaron tres, aunque solo llegarían a aparecer dos álbumes: "Clarke y Kubrick, Espacialistas Ltd" (recopilando seis historias cortas a color) y "Los Estafadores" (primero de sus relatos de mayor duración). Las otras dos fueron "El amo del mundo" (que sí disfrutó de edición en álbum en Francia) y "La reserva de los locos", hoy disponibles en la red en formato cbr gracias al trabajo de esforzados fans.

Clarke y Kubrick son espacialistas, un eufemismo para referirse a simples currantes a los que se contrata para los trabajos menos deseables. No hay aquí batallas espaciales contra maléficos imperios galácticos, rescates de bellas princesas, encuentros con alienígenas hostiles, búsquedas épicas por toda la galaxia o heroicos cosmonautas. No, aquí de lo que se trata es de monitorizar el clima en un planeta desierto, realizar un turno de vigilancia en una aislada estación espacial, recoger muestras minerales del inmenso océano de un planeta, transportar cualquier mercancía intrascendente o negociar aburridos tratados comerciales con especies alienígenas. Nada hay de glamour y aventura en los encargos de la pareja... aparentemente. Porque ambos resultan tener un talento muy especial para aceptar trabajos enloquecidos o acabar complicando algo que a priori parecía sencillo, debiendo hacer frente a robots fanatizados, ordenadores con mala leche, planetas con un clima criminal, alienígenas chiflados o estafadores, militares demasiado amantes de su trabajo... Eso sí, la misma habilidad que demuestran para meterse en líos la aplican para sobrevivir una y otra vez, aunque no siempre sepamos bien cómo.

Las aventuras largas de la pareja tienen un mayor desarrollo, lo que les permite despegarse de la simple
anécdota o el golpe de humor meramente situacional sin perder un ápice de ironía y crítica social. En "Los Estafadores" (quizá la más floja de las aventuras por la impresión que transmite de ser una anécdota alargada más allá de lo necesario), los protagonistas se ven envueltos en las intrigas comerciales de una gran corporación que pretende apoderarse a precio de risa de los recursos de otro planeta, cuyos habitantes resultan ser menos ingenuos de lo que aparentan; en "El amo del mundo", emprenden una vertiginosa persecución por la corriente temporal a la caza de un criminal; y en "La reserva de los locos" se encuentran atrapados entre una burocracia sofocante y unos militares cuya eficiencia está a la altura de su estupidez y que centran sus esfuerzos en diseñar armas tan invencibles como incontrolables.

Ya sean historias cortas o aventuras largas, su humor se apoya principalmente en el choque de personalidades, la contraposición de caracteres (Clarke es tranquilo, maduro y sensato mientras que Kubrick es impulsivo y bocazas) y, sobre todo, en los diálogos: hilarantes y abundantes intercambios verbales en los que Font demuestra su pericia en un campo tan difícil como la comedia; divertidos y al tiempo inteligentes, cotidianos y verosímiles, pero al tiempo elegantes y sin necesidad de recurrir al taco o la expresión soez. La amplia gestualidad física -a veces bordeando la caricatura-, diatribas verbales y desbordante humanidad de los protagonistas nos hacen olvidar que están construidos en base a los arquetipos mencionados al comienzo. Los personajes secundarios están igualmente bien diseñados, tanto gráfica como conceptualmente, demostrando el talento creativo de Font.

Sobre el dibujo, poco añadiré a lo ya comentado en una entrega
anterior: sólido, de corte clásico sin renunciar a una personalidad propia, con gran agilidad narrativa, sin caer en alharacas ni exhibicionismos. Font demuestra ser capaz de diseñar un futuro ligeramente distópica mediante esos policías forrados de equipo militar con aspecto amenazador y las ciudades grandes, populosas y que no sugieren una cómoda habitabilidad. Su capacidad de recrear cualquier ambiente sumerge al lector con facilidad ya sea en un planeta alienígena, un ático de lujo, una nave de carga o los barrios bajos de una gran metrópoli. Vestuario, artefactos, vehículos o estructuras huyen de la estilización y la pulcritud higiénica tan común en la CF clásica para asentar su diseño en modelos creíbles. En este enfoque realista y sucio se deja notar en este aspecto la influencia de películas como "Alien, el 8º pasajero" (1979).

Ciertamente, estamos ante una serie anclada en los años ochenta y el futuro que propone está referido más a
presupuestos del pasado imaginados por autores aún más antiguos que a una auténtica extrapolación de lo que en pocos años pasaría a ser parte de la vida cotidiana. Hay colonias mineras fuera del Sistema Solar y viajes hiperlumínicos, pero Internet no aparece por ninguna parte; los adolescentes siguen jugándose los cuartos en los salones con máquinas de videojuegos de diseño cutre, pero los omnipresentes teléfonos móviles de hoy brillan por su ausencia. En mi opinión, aunque llamativo, no es este un defecto grave porque al fin y al cabo la misión del autor es entretener y/o mover a la reflexión contando una historia, no ejercer de profeta. Por último, quisiera resaltar también los homenajes que el autor introduce en sus historias a los grandes del género: Asimov (los diversos robots con neurosis diversas), Julio Verne ( el viajero virtual Pheleas Poch), Arthur C.Clarke (el puñetero y sabihondo ordenador de "Lluvia"), Lovecraft (las criaturas horrendas de "Proyecto Uve") o Edgar Allan Poe (en uno de cuyos relatos se apoya "La reserva de los locos").

En resumen, historias bien contadas, entretenidas, en las que se mezcla el humor, la aventura y la crítica social, envueltas en un notable trabajo gráfico que merece la pena recuperar. ¿Para cuándo un volumen "integral" recopilando todas sus aventuras?

martes, 13 de marzo de 2012

1980-CUENTOS DE UN FUTURO IMPERFECTO - Alfonso Font


No es nada fácil contar una historia en cuatro o seis páginas, y menos una con enjundia. Para obtener un buen resultado, es imprescindible ajustar el ritmo a través de la paginación, los encuadres y el tamaño y forma de las viñetas, elegir las escenas y los diálogos precisos para definir los personajes y el avance de la acción y prescindir de lo superfluo, de todo aquello que no aporte información relevante a la narración. En el caso de los autores de comics, la cosa se complica aún más que en el de los escritores, puesto que las fechas de entrega y el formato de publicación son mucho más rígidos. En España nunca hemos andado cortos de guionistas y dibujantes especializados en esta difícil modalidad. Y de entre ellos destaca un nombre menos valorado de lo que se merece: Alfonso Font.

Efectivamente, Font es un ejemplo de ese refrán que reza "Nadie es profeta en su tierra". Autor completo de indiscutible pericia y profesionalidad, ha demostrado ser capaz de cambiar de registro temático con una facilidad y eficacia poco habituales. En su obra encontramos no sólo ciencia-ficción, sino historias costumbristas, aventuras de impecable corte clásico, tiras de humor, relatos policíacos, sagas históricas, westerns y thriller periodísticos o de espionaje. Y siempre con un extraordinario sentido de la narración y un dibujo que, no siendo particularmente espectacular o llamativo, es preciso, expresivo y perfectamente adaptado a la historia en todos sus elementos (diseño de los fondos, gestualidad de los personajes, descripción de la acción y desarrollo de la misma...). Con todo, su nombre nunca ha sido suficientemente reivindicado en su calidad de veterano y profesional contador de historias.

Fueron los primeros años ochenta los tiempos del boom de la ciencia-ficción en España, un campo que acogió a muchos autores y que les ofreció una puerta de entrada al mercado a través de publicaciones periódicas como "1984", la revista de Editorial Toutain especializada en el género. Hoy día apenas se publican álbumes de historieta recopilatorios de narraciones cortas. Era este un formato adoptado por conveniencia por los editores de las ya extintas revistas de cómic como sistema para completar huecos en el número mensual de turno, historias que acompañaban a aquellas firmadas por autores de prestigio con una extensión que obligaba a su serialización. Pero lo cierto es que en aquellas páginas "secundarias", "de relleno", se pudieron ver obras de una calidad igual o incluso superior a muchas de las "principales". Una de ellas fue la que ahora nos ocupa.

Publicada en la mencionada revista "1984" entre los números 22 y 40 como una serie de catorce historias cortas autoconclusivas en blanco y negro, "Cuentos de un Futuro Imperfecto" seguía el tono duro, afilado y profundamente pesimista de otra serie del mismo autor aparecida primero en "Creepy" y después en "Cimoc": "Historias Negras", uno de los comics más descarnados que he leído. En "Cuentos...", la cara más oscura de la cotidianeidad quedaba sustituida por el entorno futurista, los finales sorpresa y, ocasionalmente, el humor que, aunque negro, cruel y sarcástico, suavizaba algo el desesperanzado tono general.

En estas historias Font critica con acidez la estupidez humana en sus múltiples variantes,
planteando situaciones al tiempo cómicas y dramáticas de carácter universal por lo que su validez sigue siendo la misma más de treinta años después de su publicación: la tecnología que se vuelve contra sus creadores; las malas relaciones máquina-humano (ya sean aquéllas ordenadores o robots); el abuso de los grandes negocios y su indiferencia hacia sus empleados o la propia sociedad de la que se nutren; la incapacidad humana para aprender de los propios errores; la reproducción a nivel individual de los mismos comportamientos que lastran colectivamente al hombre como especie; la hipocresía despiadada y el ciego egoísmo de los más privilegiados; nuestra capacidad destructora del medio ambiente -ya sea terrestre o alienígena, intencionadamente o no- ... Aunque Font dispara en muchas direcciones (especialmente contra aquellos que ostentan el poder de una u otra forma) no hay ideología ramplona o proselitismo agresivo escondidos en estas historias, sino mera denuncia social y un llamamiento a la reflexión sobre la naturaleza de nuestra especie y el mundo que hemos construido (o que podríamos construir). También hay espacio para sentimientos más nobles, como demuestra la bella y al tiempo triste historia "Ojos Verdes", que en sólo seis páginas guía magistralmente al lector hasta su sorprendente pero inevitable conclusión; un relato que, hábilmente situado el último de la serie, arroja un mensaje de esperanza, de redención del ser humano.
Font demuestra que entiende a la perfección los resortes de la ciencia-ficción, creando una serie de historias inconfundiblemente adscritas al género pero al mismo tiempo accesibles y plenamente disfrutables por aquellos ajenos al mismo. La tecnología es omnipresente y fundamental como motor de los dramas, pero nunca llega a constituir un elemento tan opaco y extraño como para que el lector poco avezado en la CF se sienta perdido. Asimismo y siguiendo la línea inaugurada por Ridley Scott en la reciente "Alien" (1979), opta por un enfoque "proletario" del espacio: no hay aquí heroicos guerreros galácticos enfrentados a malvados alienígenas por el rescate de bellas princesas (de hecho, ese tema es parodiado en uno de los episodios, “La Gran Empresa”) sino operarios, obreros, "currantes" cumpliendo con su trabajo, un trabajo mal pagado, a menudo aburrido y poco reconocido, exento de todo glamour.

Por otro lado, la ambientación de las historias es también digna de mención. Lejos de construir
mundos futuristas livianos y luminosos, casi oníricos, en la línea de Moebius, o repletos de elegante parafernalia épica al estilo del Flash Gordon de Alex Raymond, Font decide poblar sus historias de intimidantes soldados espaciales fuertemente armados, maquinaria pesada, ajadas instalaciones de aspecto industrial, humanos y robots a mitad de camino entre lo realista y lo grotesco... todo ello ejecutado en un elaborado blanco y negro rico en texturas que resalta el carácter desalentador de la obra.

Por cierto, dos de estas historias ("Lluvia" y “Ciberiada” ) están protagonizadas por el genial dúo compuesto por dos "espacialistas", el reflexivo Clarke y el irascible e impulsivo Kubrick (el homenaje no puede ser más claro), dos "hombres para todo" con la habilidad de meterse de patas en las misiones menos apetecibles y los planetas más desagradables. La actuación de este dúo en esa historia sería tan memorable que algún tiempo después se convertiría en protagonista de sus propias aventuras en una serie de álbumes que comentaremos en otra entrada.

No era esta la primera incursión de Font en la CF. De hecho, para cuando empezó "Cuentos de un
Futuro Imperfecto", ya era un consumado veterano que había comenzado a publicar sus primeros tebeos con dieciséis años, en 1962. En España, sus viñetas encuentran acomodo en la editorial Toray, para saltar luego al mercado internacional (Europa, Estados Unidos, Sudamérica) a través de diferentes agencias. En 1975 se traslada a Francia, cuya dinámica industrial del comic le ofrece mayores oportunidades. Es en este momento donde toma contacto con la CF gracias a "Los Robinsones de la Tierra", guionizada por Roger Lécureux (1979-1982). Pero tampoco era lo que esperaba. Las injerencias editoriales y los desacuerdos con los guionistas le animan a volver a España en 1979 en lo que es su siguiente y más importante paso profesional: convertirse en autor completo, responsabilizándose tanto del guión como del dibujo de sus propias historias aprovechando el auge del comic adulto en nuestro país. Como todavía continúa trabajando para el mercado francés, sólo encuentra tiempo para dibujar historias cortas, formato que, por las razones arriba expuestas, interesa a los editores nacionales. Así comienza la publicación de "Historias Negras" primero y "Cuentos de un Futuro Imperfecto" después, todo ello cosechando un quizá inesperado éxito que le permitió consolidarse en el ámbito nacional y gozar de la libertad creativa que había perseguido.

En resumen, una obra de corte satírico a la española, ligera en su formato narrativo pero densa en su contenido, servida de la mano de un excelente profesional que ama, comprende y conoce la ciencia-ficción.