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jueves, 14 de enero de 2021

1951- EL HOMBRE ILUSTRADO - Ray Bradbury


Ray Bradbury fue un escritor excepcional. Sus ficciones, sobre todo los cuentos, son imaginativos y sentidos, con una elegante prosa que irradiaba ironía y melancolía a partes iguales. En cada una de esas condensadas pero potentes píldoras literarias, Bradbury roe los huesos de la sociedad hasta revelar el túetano de la realidad. Todas sus historias comparten una fracción de su sabiduría, extraída de la contemplación y la meditación sobre la naturaleza humana, muchas veces describiendo desastres que podrían haberse evitado de no habernos comportado como individuos corruptos o consumidos por nuestras pasiones. Una y otra vez expone una situación pura y deseable que, de alguna forma, el hombre corrompe con su estupidez. Los suyos son cuentos que desfilan por la estrecha línea que separa la misantropía de la esperanza en una redención colectiva.

 

sábado, 2 de agosto de 2014

1953- FAHRENHEIT 451- Ray Bradbury





La ciencia ficción siempre ha sido una buena forma de tomar el pulso de una sociedad: sus tendencias, esperanzas, problemas, desafíos… puesto que al proyectarlos a un escenario futuro, se puede reflexionar sobre ellos con cierta distancia e incluso plantear los posibles escenarios a los que aquellos podrían dar lugar. En la década de los cincuenta del siglo pasado, una nueva generación de editores de ciencia ficción comenzó a ofrecer una aproximación más liberal al género y, al mismo tiempo, con mayor calidad literaria que cualquier cosa que Hugo Gernsback o John W.Campbell hubieran podido imaginar años atrás.

La sátira económica y social, por ejemplo, fue una de las temáticas preferidas de Horace.L.Gold, editor de “Galaxy Science Fiction”. Así, en sus primeros años de existencia, esta revista publicó clásicos del peso de “El Hombre Demolido” de Alfred Bester, “Amos de Títeres” de Robert A.Heinlein, las historias que conformarían “Mercaderes del Espacio” de Frederik Pohl y C.M.Kornbluth, y, en su quinto número, el relato corto,”El Bombero”, de Ray Bradbury, germen de lo que más adelante se convertiría en “Fahrenheit 451”.

lunes, 27 de enero de 2014

1950- CRÓNICAS MARCIANAS - Ray Bradbury





 
A medida que la ciencia ficción se consolidaba como género bien diferenciado y contó con sus propias revistas especializadas, los escritores empezaron a prestar más atención a la ecología de los mundos alienígenas que inventaban. Stanley G.Weinbaum, por ejemplo, fue uno de los pioneros en este aspecto y el Marte que imaginó para sus historias de los años treinta era algo más sofisticado que el planeta antiguo, frío y seco que la ciencia ficción llevaba años evocando.

Pero lo cierto es que Marte, como alegoría del mundo de la frontera del siglo XIX –papel también compartido en aquellos viejos relatos por un fantasioso Venus lleno de pantanos y vegetación- tenía un atractivo épico tan poderoso que tendía a dejar de lado cualquier exigencia de verosimilitud científica. Durante años, la seductora versión de Marte que Edgar Rice Burroughs imaginó para sus relatos de John Carter, un mundo de desiertos rojos y civilizaciones decadentes, generó imitadores más sofisticados; por ejemplo los relatos de C.L.Moore protagonizados por Northwest Smith (1933-1937) y, especialmente, el trabajo de Leigh Brackett, sobre todo sus historias de los años cuarenta y cincuenta recopilados posteriormente en “The Coming of the Terrans” (1967) y “Eric John Stark: Outlaw of Mars” (1982).

Las aventuras espaciales como las escritas por esos autores siempre sobrevivirán, puesto que es difícil imaginar otro género más adecuado a la hora de ofrecer grandes maravillas, desafíos insuperables y misterios de todo tipo. En la década de los cincuenta, por ejemplo, unos primerizos Poul Anderson, Robert Silverberg o John Brunner se estrenaron en la ciencia ficción firmando bajo seudónimos diversas space operas y romances planetarios. Pero también hubo escritores que contribuyeron a una mayor diversificación y el primero de entre ellos fue Ray Bradbury.