domingo, 26 de julio de 2026

1991- TRILOGÍA DE LA PRIMERA REPÚBLICA – Timothy Zahn (y 3)


(Viene de la entrada anterior)

 

“La Última Orden” (1993), novela que cierra la “Trilogía de la Primera República” o “Trilogía de Thrawn”, ofrece un desenlace intenso y digno del espíritu Star Wars.

 

Con la adquisición de la mayor parte de la Flota Katana y disponiendo de la tecnología de clonación (oculta en una montaña en el planeta Wayland) que le permite dotar a sus nuevas naves de tripulación suficiente, Thrawn ha pasado a tener la ventaja estratégica y ha puesto a la Nueva República contra las cuerdas. Su única incertidumbre concierne a un Jorus C’baoth cada vez más errático, que insiste en ser el auténtico lider del Imperio y en que el Gran Almirante se concentre en capturar a los Skywalker para atraerlos a su causa.

 

Mientras Luke busca pistas que le conduzcan hasta la instalación de clonación, Leia da a luz a gemelos. Mara, que resultó herida rescatando a Karrde de las garras del imperio junto a Luke, salva a Leia de otro intento de secuestro por parte de un comando imperial. Luke regresa a Coruscant, descubre que Mara sabe dónde se encuentra la fábrica de clones y parte con ella y sus amigos para destruirla. Thrawn aísla Coruscant rodeando el planeta con asteroides camuflados, por lo que los líderes de la República no pueden bajar los escudos, impidiendo que ninguna nave o comunicación entre o salga.

 

Winter, la asistente de Leia, ayuda a la Nueva República a encontrar y neutralizar la fuente de sus filtraciones de inteligencia. Por otro lado, se produce mucha intriga y contraintriga que involucra a los contrabandistas, con Karrde saliendo victorioso en su empeño de que se decanten por el bando de la República. Leia, preocupada por Luke, deja a sus recién nacidos con Winter y le pide a Karrde que la lleve a Wayland. Allí, C’baoth se enfrenta a los Skywalker, con Mara en segundo plano luchando contra su impulso de asesinar a Luke.

 

Al analizar “La Última Orden” con la perspectiva de las precuelas cinematográficas, quizás lo más destacable sea lo que el autor omite. Si bien los clones constituyen el telón de fondo fundamental de la historia, no llegamos a conocer a ninguno aparte del Jedi Oscuro Joruus C’baoth (aunque sí aparece Luuke Skywalker, este es esencialmente un cuerpo sin mente propia controlado por la voluntad de C’baoth). En retrospectiva, el hecho de que Zahn no nos permita entrar en la mente de los clones le permitió evitar un grave error de continuidad con las precuelas, ya que algunas líneas de diálogo de “La Última Orden” sugieren que la visión del autor difiere al respecto de la de George Lucas. En las precuelas, los clones tienen nombres y personalidades propias, algo que se enfatiza todavía más en la serie “The Clone Wars” (2008-2020), donde existe un respeto mutuo entre los Jedi y los soldados clon, a quienes aquéllos consideran individuos cuyas vidas son tan valiosas como las de cualquier soldado no clonado.

 

Zahn, por otro lado, hace varias referencias en “La Última Orden” a lo horrible que sería una repetición de las Guerras Clon, más por los clones que por el conflicto bélico en sí. Por ejemplo, cuando Leia dice:

 

“El Imperio ha encontrado cilindros de clonación Spaarti en algún lugar. Han estado produciendo enormes cantidades de clones para luchar contra nosotros”.

 

Mara la miró fijamente, con un escalofrío helado recorriéndole el cuerpo. Clones… «Nadie me lo dijo», susurró”.

 

Más adelante, es Mara quien revela: “La única razón por la que estoy aquí es porque sé algo sobre la era de las Guerras Clon y no quiero ver a un montón de duplicados de rostro frío intentando invadir la galaxia de nuevo”.

 

Como ya sabemos ahora, los clones eran meras herramientas del Imperio (al igual que Mara, así que, aunque aún desconocemos su historia completa, es posible que tuviera cierta rivalidad con los soldados clon), y nunca intentaron conquistar la galaxia por su cuenta. Aquellos que lograron liberarse del ejército se escondieron, como se revela en algunos libros del Universo Expandido y en la segunda temporada de “The Clone Wars”.

 

Así que, tal y como se establecieron las cosas tras las precuelas de Lucas, esos diálogos han quedado ajenos a la continuidad oficial. Aún así, como no profundiza demasiado en los detalles de las Guerras Clon, Zanh consigue evitar que “La Última Orden” quede completamente fuera del que entonces era el canon. Además, algunas de las diferencias entre las visiones de Zahn y Lucas -por ejemplo, Luke siente un zumbido extraño en la cabeza cuando hay clones cerca, algo que sin duda no les ocurre a Anakin ni a Obi-Wan- pueden explicarse por el hecho de que los clones de Zahn son producto de tecnología Spaarti de crecimiento rápido, y los de Lucas son clones Kamino de desarrollo más lento. Básicamente, los Kamino son un producto superior, por lo que poseen una humanidad de la que carecen los Spaarti, más parecidos a robots y con una vida útil y estabilidad mental muy inferiores.

 

En cuanto a la trama, “La Última Orden” toma prestados para su desenlace algunos elementos de "El Retorno del Jedi": una travesía por un bosque (en el planeta Wayland), la ayuda de nuevos aliados de pequeña estatura (los Noghri) y un duelo de sables de luz en una de las salas del trono del Emperador (Luke contra Luuke) mientras Lando y Chewie intentan volar por los aires todo el complejo. La batalla espacial final resulta algo forzada porque tanto la República como los contrabandistas persiguen hacerse con un equipo que ya no se necesita, puesto que todos los asteroides camuflados alrededor de Coruscant ya habían sido localizados. Zahn suele manejar muy bien las tramas, pero aquí las cosas no terminan de encajar del todo.

 

Aunque el final es satisfactoriamente épico y perfectamente trasladable a la gran pantalla, hay otros momentos que me parecen más conseguidos, como la búsqueda del misterioso espía en el Palacio Imperial, la astuta revelación que hace Karrde sobre la traición a los contrabandistas de Niles Ferrier o cómo Mara se da cuenta gradualmente de que la Nueva República es, en efecto, el bando correcto, no porque defiendan su causa, sino porque observa sus acciones y los valores que las impulsan.

 

¿Por qué Mara Jade es un personaje tan carismático? En parte, resulta obvio: es una asesina inteligente, sarcástica y pelirroja. Pero, en realidad, el atractivo de esta novela y de Mara Jade en particular, reside en su redención. Si hemos de creer a George Lucas, la gran historia que subyace en las películas de Star Wars es la de la redención. Y no solo la de cierto personaje que se pasó al lado oscuro y se entregó a una orgía de asesinatos y masacres, sino también otras más “pequeñas” y cercanas. Desde Han Solo hasta Lando Calrissian, e incluso, en cierto modo, Obi-Wan, Star Wars abunda en personajes que han cometido errores en sus vidas y que, en el momento crucial, deciden hacer lo correcto. Y eso es precisamente lo que encontramos en la “La Última Orden” en el personaje de Mara, quizá el mejor hallazgo de Zahn y al que otorga una de las más logradas redenciones de toda la franquicia, incluyendo las películas.

 

Aunque para hacer honor a su nombre Star Wars necesita de naves espaciales que disparen rayos láser, los mejores momentos de las películas (incluidas las precuelas) son siempre aquellos en los que los conflictos entre los personajes desembocan inevitablemente en un enfrentamiento culminante, que normalmente involucra sables de luz. Si bien “El Retorno del Jedi” es la más floja de las películas clásicas, ofrece la mejor y más emotiva pelea con esa honorable arma: Luke y Vader luchando por sus almas. “La Última Orden” no puede tener la misma carga emocional que esa película, pero Mara Jade es alguien que arrastra serios traumas y su duelo de sables también acompaña su transformación.

 

Darth Vader cargó desde su infancia con serios problemas emocionales, y Lando y Han, posiblemente de orígenes humildes, acabaron en una vida de delincuencia en la que, para sobrevivir, era necesario convertirse –o, al menos, comportarse- como unos cretinos arrogantes y egoístas. En cuanto a Mara Jade, le lavaron el cerebro durante la mayor parte de su vida para servir al infame Emperador Palpatine. Ahora que está muerto, lejos de liberarse, siente que su vida carece de propósito. Mara es como una agente secreta obsoleta tras el final de la Guerra Fría.

 

Es aquí donde Zahn emplea una solución deliciosamente propia de ciencia ficción para el dilema de Mara, sacándose de la manga un clon de Luke: Luuke Skywalker. Por muy absurdo que parezca añadir una vocal extra a un nombre para que se lo identifique como clon, mostrar a Luke luchando contra sí mismo y luego a Mara matando a Luuke para, por fin, cumplir su misión con el Emperador y obtener la paz mental, es sencillamente genial. Para otros personajes de Star Wars, sus redenciones son el final del viaje. Para Mara, no es más que el principio.

 

Por eso es conmovedora la escena final del libro, cuando Luke le da a Mara el viejo sable de luz de su padre y le pide que pasen más tiempo juntos para adiestrarla como Jedi. En ese punto, Mara se ha convertido en un personaje que ha crecido y cambiado, transformándose de trágica asesina a guerrera noble. Timothy Zahn le hizo muchos favores a Star Wars con estos libros, pero, posiblemente la mejor huella que dejó en esa galaxia muy, muy lejana fue la presentación de Mara Jade.

 

En estos primeros encuentros entre Luke y Mara no hay todavía rastro alguno de la relación sentimental que forjarán más adelante. Desde el momento de su presentación en “Heredero del Imperio”, Mara siente un profundo odio hacia Luke debido a que la muerte del Emperador Palpatine arruinó su vida y el propósito para el que fue entrenada. Ella ignora que fue Vader quien mató a su mentor y culpa directamente al joven Jedi. A lo largo de los conflictos que van sucediéndose a causa del Gran Almirante Thrawn, las circunstancias obligan a Luke y Mara a cruzar sus caminos repetidamente, pasando de una profunda enemistad y desconfianza mutua a una frágil cooperación. En este último volumen de la trilogía, al enfrentarse al lado oscuro y a los planes de C´baoth en Wayland, Mara logra liberarse del condicionamiento mental de matar a Luke implantado por el Emperador, cerrando su primera etapa de amargura contra el pasado y abriendo la puerta a su propio camino con la Fuerza.

 

Tras la caída de Thrawn, Mara continuaría desvinculándose de los restos imperiales, colaborando de manera puntual con la Nueva República y desarrollando aún más su sensibilidad latente hacia la Fuerza de la mano de su creciente relación de respeto con Luke Skywalker. Durante esos años ejerce de contrabandista independiente. Su historia continuaría en un par de libros, “Espectro del Pasado” y “Visión del Futuro” (conocidos conjuntamente como la Duología de la Mano de Thrawn), escritos también por Zahn, en los que ambos personajes se enfrentan a sus sentimientos y admiten su amor mutuo, sentando las bases para su posterior matrimonio y colaboración en la reconstrucción de la Orden Jedi.

 

Aunque la Trilogía de Thrawn está repleta de personajes, escenarios y tramas, en última instancia es una lectura ágil y directa. Es más, supera en riqueza y profundidad a la trilogía cinematográfica original, no sólo porque sea más compleja en sus temas e incluya mayor número de personajes ambiguos, sino porque suceden más cosas y están narradas con un mayor grado de detalle. Timothy Zahn hizo con estos libros un excelente trabajo expandiendo la galaxia de Star Wars, convirtiéndola en un lugar más creíble y funcional. Parte de esto se debe a la introducción de un enfoque de CF dura, pero también a la presentación de un universo con más de una mujer. Y es que, aunque Mara Jade sea la fémina más relevante de la historia, también juegan un papel clave la Princesa Leia, su ayudante personal Winter (que seguirá apareciendo en las novelas de Star Wars y desempeña un papel particularmente interesante en la trilogía de la Academia Jedi de Kevin J. Anderson) o, incluso, más de fondo, Mon Mothma.

 

La popularidad de estas novelas desencadenó un auténtico renacimiento del interés por Star Wars, transformándola de una simple trilogía cinematográfica en una propiedad intelectual transmedia. Este éxito literario inicial con Bantam Books, sumado al lanzamiento simultáneo de los cómics de Dark Horse, convenció a George Lucas de la existencia de una base de fans leal y madura, influyendo en su decisión de regresar a la saga con las precuelas. La colaboración entre Bantam, Lucasfilm y el material de West End Games aseguró una cohesión fundamental para este universo.

 

Además, al conservar el espíritu de las películas originales mientras añadía complejidad y nuevos personajes, la atención al detalle de Timothy Zahn sentó las bases de un vasto Universo Expandido de historias y productos derivados. Figuras icónicas introducidas en estas obras, como el Gran Almirante Thrawn y Mara Jade, alcanzaron una popularidad casi comparable a la de los personajes de las propias películas. A pesar de que el Universo Expandido original dejó de ser canon y de que Thrawn fue inicialmente una de las víctimas de la trilogía de secuelas, su enorme relevancia propició su regreso como personaje principal en la serie animada “Star Wars Rebels” y su protagonismo en múltiples novelas posteriores escritas por el propio Zahn.

 

La labor de de Zahn, en fin, allanó el camino para que, en los años siguientes, se publicaran más de cien libros de Star Wars, sirviendo de inspiración directa para que otros escritores -como Kevin J. Anderson, Michael Stackpole, Karen Traviss, Michael Reaves o John Jackson Miller- desarrollaran sus propios rincones de este universo.

 

(El comic que adapta “La Última Orden”, publicado, como los anteriores, por Dark Horse, está guionizado por Mike Baron y dibujado maravillosamente por Edvin Buikovic)

 


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