(Viene de la entrada anterior)
“La Última Orden” (1993), novela que cierra la “Trilogía de la Primera República” o “Trilogía de Thrawn”, ofrece un desenlace intenso y digno del espíritu Star Wars.
Con la
adquisición de la mayor parte de la Flota Katana y disponiendo de la tecnolog
ía
de clonación (oculta en una montaña en el planeta Wayland) que le permite dotar
a sus nuevas naves de tripulación suficiente, Thrawn ha pasado a tener la ventaja
estratégica y ha puesto a la Nueva República contra las cuerdas. Su única
incertidumbre concierne a un Jorus C’baoth cada vez más errático, que insiste
en ser el auténtico lider del Imperio y en que el Gran Almirante se concentre
en capturar a los Skywalker para atraerlos a su causa.
Mientras Luke busca pistas que le conduzcan hasta la instalación de clonación, Leia da a luz a gemelos. Mara, que resultó herida rescatando a Karrde de las garras del imperio junto a Luke, salva a Leia de otro intento de secuestro por parte de un comando imperial. Luke regresa a Coruscant, descubre que Mara sabe dónde se encuentra la fábrica de clones y parte con ella y sus amigos para destruirla. Thrawn aísla Coruscant rodeando el planeta con asteroides camuflados, por lo que los líderes de la República no pueden bajar los escudos, impidiendo que ninguna nave o comunicación entre o salga.
Win
ter, la
asistente de Leia, ayuda a la Nueva República a encontrar y neutralizar la
fuente de sus filtraciones de inteligencia. Por otro lado, se produce mucha
intriga y contraintriga que involucra a los contrabandistas, con Karrde
saliendo victorioso en su empeño de que se decanten por el bando de la
República. Leia, preocupada por Luke, deja a sus recién nacidos con Winter y le
pide a Karrde que la lleve a Wayland. Allí, C’baoth se enfrenta a los
Skywalker, con Mara en segundo plano luchando contra su impulso de asesinar a
Luke.
Al analizar “La
Última Orden” con la perspectiva de las precuelas cinematográficas, quizás lo
más destacable sea lo que el autor omite. Si bien los clones constituyen el
telón de fondo fundamental de la historia, no llegamos a conocer a ninguno aparte
del Jedi Oscuro Joruus C’baoth (aunque sí aparece Luuke Skywalker, este es
esencialmente un cuerpo sin mente propia controlado por la voluntad de
C’baoth). En retrospectiva, el hecho de que Zahn no nos permita entrar en la
mente de los clones le permitió evitar un grave error de continuidad con las
precuelas, ya que algunas líneas de diálogo d
e “La Última Orden” sugieren que
la visión del autor difiere al respecto de la de George Lucas. En las
precuelas, los clones tienen nombres y personalidades propias, algo que se
enfatiza todavía más en la serie “The Clone Wars” (2008-2020), donde existe un
respeto mutuo entre los Jedi y los soldados clon, a quienes aquéllos consideran
individuos cuyas vidas son tan valiosas como las de cualquier soldado no clonado.
Zahn, por otro lado, hace varias referencias en “La Última Orden” a lo horrible que sería una repetición de las Guerras Clon, más por los clones que por el conflicto bélico en sí. Por ejemplo, cuando Leia dice:
“El Imperio ha encontrado cilindros de clonación Spaarti en algún lugar. Han estado produciendo enormes cantidades de clones para luchar contra nosotros”.
Mara la miró fijamente, con un
escalofrío helado recorriéndole el cuerpo. Clones… «Nadie me lo dijo», susurró”.
Más adelante, es Mara quien revela: “La única razón por la que estoy aquí es porque sé algo sobre la era de las Guerras Clon y no quiero ver a un montón de duplicados de rostro frío intentando invadir la galaxia de nuevo”.
Como ya sabemos ahora, los clones eran meras herramientas del Imperio (al igual que Mara, así que, aunque aún desconocemos su historia completa, es posible que tuviera cierta rivalidad con los soldados clon), y nunca intentaron conquistar la galaxia por su cuenta. Aquellos que lograron liberarse del ejército se escondieron, como se revela en algunos libros del Universo Expandido y en la segunda temporada de “The Clone Wars”.
Así que, tal y
como se establecieron las cosas tras las precuelas de Lucas, es
os diálogos han
quedado ajenos a la continuidad oficial. Aún así, como no profundiza demasiado en
los detalles de las Guerras Clon, Zanh consigue evitar que “La Última Orden”
quede completamente fuera del que entonces era el canon. Además, algunas de las
diferencias entre las visiones de Zahn y Lucas -por ejemplo, Luke siente un
zumbido extraño en la cabeza cuando hay clones cerca, algo que sin duda no les
ocurre a Anakin ni a Obi-Wan- pueden explicarse por el hecho de que los clones
de Zahn son producto de tecnología Spaarti de crecimiento rápido, y los de
Lucas son clones Kamino de desarrollo más lento. Básicamente, los Kamino son un
producto superior, por lo que poseen una humanidad de la que carecen los Spaarti,
más parecidos a robots y con una vida útil y estabilidad mental muy inferiores.
En cuanto a la
trama, “La Última Orden” toma prestados para su desenlace algunos elementos de
"El Retorno del Jedi": una travesía por un bosque (en el planeta Wayland),
la ayuda de nuevos aliados de pequeña estatura (los N
oghri) y un duelo de
sables de luz en una de las salas del trono del Emperador (Luke contra Luuke)
mientras Lando y Chewie intentan volar por los aires todo el complejo. La
batalla espacial final resulta algo forzada porque tanto la República como los
contrabandistas persiguen hacerse con un equipo que ya no se necesita, puesto
que todos los asteroides camuflados alrededor de Coruscant ya habían sido
localizados. Zahn suele manejar muy bien las tramas, pero aquí las cosas no
terminan de encajar del todo.
Aunque el final es satisfactoriamente épico y perfectamente trasladable a la gran pantalla, hay otros momentos que me parecen más conseguidos, como la búsqueda del misterioso espía en el Palacio Imperial, la astuta revelación que hace Karrde sobre la traición a los contrabandistas de Niles Ferrier o cómo Mara se da cuenta gradualmente de que la Nueva República es, en efecto, el bando correcto, no porque defiendan su causa, sino porque observa sus acciones y los valores que las impulsan.
¿Por qué Mara
Jade es un personaje tan carismático? En parte, resulta obvio: es u
na asesina
inteligente, sarcástica y pelirroja. Pero, en realidad, el atractivo de esta
novela y de Mara Jade en particular, reside en su redención. Si hemos de creer
a George Lucas, la gran historia que subyace en las películas de Star Wars es
la de la redención. Y no solo la de cierto personaje que se pasó al lado oscuro
y se entregó a una orgía de asesinatos y masacres, sino también otras más “pequeñas”
y cercanas. Desde Han Solo hasta Lando Calrissian, e incluso, en cierto modo,
Obi-Wan, Star Wars abunda en personajes que han cometido errores en sus vidas y
que, en el momento crucial, deciden hacer lo correcto. Y eso es precisamente lo
que encontramos en la “La Última Orden” en el personaje de Mara, quizá el mejor
hallazgo de Zahn y al que otorga una de las más logradas redenciones de toda la
franquicia, incluyendo las películas.
Aunque para
hacer honor a su nombre Star Wars necesita de naves espaciales que disparen
rayos láser, los mejores momentos de las películas (incluidas las precuelas)
son siempre aquellos en los que los conflictos entre los personajes desembocan
inevitablemente en un enfrentamiento culminante, que nor
malmente involucra
sables de luz. Si bien “El Retorno del Jedi” es la más floja de las películas
clásicas, ofrece la mejor y más emotiva pelea con esa honorable arma: Luke y
Vader luchando por sus almas. “La Última Orden” no puede tener la misma carga
emocional que esa película, pero Mara Jade es alguien que arrastra serios
traumas y su duelo de sables también acompaña su transformación.
Darth Vader cargó desde su infancia con serios problemas emocionales, y Lando y Han, posiblemente de orígenes humildes, acabaron en una vida de delincuencia en la que, para sobrevivir, era necesario convertirse –o, al menos, comportarse- como unos cretinos arrogantes y egoístas. En cuanto a Mara Jade, le lavaron el cerebro durante la mayor parte de su vida para servir al infame Emperador Palpatine. Ahora que está muerto, lejos de liberarse, siente que su vida carece de propósito. Mara es como una agente secreta obsoleta tras el final de la Guerra Fría.
Es aquí donde
Zahn emplea una solución deliciosamente propia de ciencia ficc
ión para el
dilema de Mara, sacándose de la manga un clon de Luke: Luuke Skywalker. Por muy
absurdo que parezca añadir una vocal extra a un nombre para que se lo identifique
como clon, mostrar a Luke luchando contra sí mismo y luego a Mara matando a
Luuke para, por fin, cumplir su misión con el Emperador y obtener la paz mental,
es sencillamente genial. Para otros personajes de Star Wars, sus redenciones
son el final del viaje. Para Mara, no es más que el principio.
Por eso es conmovedora la escena final del libro, cuando Luke le da a Mara el viejo sable de luz de su padre y le pide que pasen más tiempo juntos para adiestrarla como Jedi. En ese punto, Mara se ha convertido en un personaje que ha crecido y cambiado, transformándose de trágica asesina a guerrera noble. Timothy Zahn le hizo muchos favores a Star Wars con estos libros, pero, posiblemente la mejor huella que dejó en esa galaxia muy, muy lejana fue la presentación de Mara Jade.
En estos
prime
ros encuentros entre Luke y Mara no hay todavía rastro alguno de la
relación sentimental que forjarán más adelante. Desde el momento de su
presentación en “Heredero del Imperio”, Mara siente un profundo odio hacia Luke
debido a que la muerte del Emperador Palpatine arruinó su vida y el propósito
para el que fue entrenada. Ella ignora que fue Vader quien mató a su mentor y
culpa directamente al joven Jedi. A lo largo de los conflictos que van
sucediéndose a causa del Gran Almirante Thrawn, las circunstancias obligan a
Luke y Mara a cruzar sus caminos repetidamente, pasando de una profunda
enemistad y desconfianza mutua a una frágil cooperación. En este último volumen
de la trilogía, al enfrentarse al lado oscuro y a los planes de C´baoth en
Wayland, Mara logra liberarse del condicionamiento mental de matar a Luke
implantado por el Emperador, cerrando su primera etapa de amargura contra el
pasado y abriendo la puerta a su propio camino con la Fuerza.
Tras la caída
de Thrawn, Mara continuaría desvinculándose de los restos imperiales,
colaborando de manera puntual con la Nueva República y desarrollando aún má
s su
sensibilidad latente hacia la Fuerza de la mano de su creciente relación de
respeto con Luke Skywalker. Durante esos años ejerce de contrabandista
independiente. Su historia continuaría en un par de libros, “Espectro del
Pasado” y “Visión del Futuro” (conocidos conjuntamente como la Duología de la
Mano de Thrawn), escritos también por Zahn, en los que ambos personajes se
enfrentan a sus sentimientos y admiten su amor mutuo, sentando las bases para
su posterior matrimonio y colaboración en la reconstrucción de la Orden Jedi.
Aunque la
Trilogía de Thrawn está repleta de personajes, escenarios y tramas, en última
instancia es una lectura ágil y directa. Es más, supera en riqueza y
profundidad a la trilogía cinematográfica original, no sólo porque sea más
compleja en sus temas e incluya mayor número de personajes ambiguos, sino
porque suceden más cosas y están narradas con un mayor grado de detalle. Timothy
Zahn hizo con estos libros un excelente trabajo expandiendo la galaxia de Star
Wars, convirtiéndola en un lugar más creíble y funcional. Parte de esto se debe
a la introducción de un enfoque de CF dura, per
o también a la presentación de
un universo con más de una mujer. Y es que, aunque Mara Jade sea la fémina más
relevante de la historia, también juegan un papel clave la Princesa Leia, su
ayudante personal Winter (que seguirá apareciendo en las novelas de Star Wars y
desempeña un papel particularmente interesante en la trilogía de la Academia
Jedi de Kevin J. Anderson) o, incluso, más de fondo, Mon Mothma.
La popularidad de estas novelas desencadenó un auténtico renacimiento del interés por Star Wars, transformándola de una simple trilogía cinematográfica en una propiedad intelectual transmedia. Este éxito literario inicial con Bantam Books, sumado al lanzamiento simultáneo de los cómics de Dark Horse, convenció a George Lucas de la existencia de una base de fans leal y madura, influyendo en su decisión de regresar a la saga con las precuelas. La colaboración entre Bantam, Lucasfilm y el material de West End Games aseguró una cohesión fundamental para este universo.
Además, al
conservar el espíritu de las películas originales mientras añadía complejidad y
nuevos personajes, la atención al detalle de Timothy Zahn sentó las bases de un
vasto Universo Expandido de historias y productos derivados. F
iguras icónicas
introducidas en estas obras, como el Gran Almirante Thrawn y Mara Jade,
alcanzaron una popularidad casi comparable a la de los personajes de las
propias películas. A pesar de que el Universo Expandido original dejó de ser
canon y de que Thrawn fue inicialmente una de las víctimas de la trilogía de
secuelas, su enorme relevancia propició su regreso como personaje principal en
la serie animada “Star Wars Rebels” y su protagonismo en múltiples novelas
posteriores escritas por el propio Zahn.
La labor de de Zahn, en fin, allanó el camino para que, en los años siguientes, se publicaran más de cien libros de Star Wars, sirviendo de inspiración directa para que otros escritores -como Kevin J. Anderson, Michael Stackpole, Karen Traviss, Michael Reaves o John Jackson Miller- desarrollaran sus propios rincones de este universo.
(El comic que adapta “La Última Orden”, publicado, como los anteriores, por Dark Horse, está guionizado por Mike Baron y dibujado maravillosamente por Edvin Buikovic)

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