sábado, 21 de marzo de 2026

2019- PARA TODA LA HUMANIDAD (2)

 


(Viene de la entrada anterior)

 

Si la acción de la primera temporada había transcurrido entre 1969 y 1974, los acontecimientos que se narran en la segunda se desarrollan a lo largo de varios tensos meses de 1983. Y, de nuevo, nos encontramos con un conjunto de capítulos en los que los personajes son tanto o más importantes que la trama. Regresan la mayoría de los ya presentados en la temporada anterior, pero desempeñando nuevos trabajos, teniendo nuevas relaciones y viviendo en un contexto histórico diferente, lo que obliga a la serie a dedicar la primera mitad de sus diez episodios a ponernos al día sobre lo sucedido en el hiato de una década, pero también a preparar lo que será la siguiente temporada. Para cuando las cosas empiezan a acelerarse y el suspense a aumentar, ya solo quedan dos capítulos.

 

(ATENCIÓN: SPOILERS HASTA EL FINAL). Desde luego, uno de los personajes centrales de esta segunda temporada es Gordo Stevens (Michael Dorman), que comienza en un estado anímico deplorable a raíz de la crisis nerviosa que sufrió en la primera temporada durante su larga estancia en la Luna en la temporada anterior, cuando tuvo alucinaciones e incluso llegó a intentar suicidarse. Lo ha mantenido en secreto durante años, y solo sus amigos Ed y Danielle, que compartieron la base de Jamestown con él, conocen la magnitud de su trastorno. Su fragilidad psicológica le condujo al divorcio de Tracy (Sarah Jones) y ahora es sólo una sombra de su antiguo yo: con sobrepeso, alcoholizado y reducido a dar patéticas charlas en foros de segunda clase.

 

Tracy, por su parte, es la “novia de América” y su impulsivo matrimonio con un millonario la ha convertido en una celebrity que se pasea por los talk shows, bebe más de la cuenta y se comporta de forma poco ejemplar. Pero el brillo de la fama se apaga cuando ha de permanecer en Jamestown durante meses realizando tareas monótonas en un ambiente cerrado y sin privilegios especiales, viéndose obligada a encontrar la forma de adaptarse a la nada glamurosa situación. Estando allí, Ed, que ahora ejerce de Jefe de Astronautas y está preocupado por su amigo Gordo, le anima a volver a la NASA y le asigna una nueva misión: regresar a la Luna. Gordo se lo toma como un desafío personal para reconquistar a su exesposa.

 

Al igual que en la primera temporada, las mujeres tienen un protagonismo muy especial y sus arcos se encuentran entre los más conseguidos de la temporada. La antaño egocéntrica Molly Cobb (Sonya Walger) ha de pagar un precio terrible por su heroísmo. Durante una tormenta solar en la Luna, arriesga su vida por salvar a otro astronauta, recibiendo una dosis brutal de radiación. Sin embargo, manipula su dosímetro y oculta el hecho a sus colegas de la NASA. Al cabo de unos meses, descubre que ha desarrollado glaucoma como consecuencia de aquella exposición y, por tanto, está perdiendo irremisiblemente la vista, una perspectiva aterradora para una piloto de combate y astronauta.

 

Otra exastronauta cuya carrera alcanza nuevas cotas en la segunda temporada es Ellen Wilson (Jodi Balfour) que, como vimos, se había visto obligada a ocultar su auténtica orientación sexual con el fin de no hundir su carrera profesional. En la primera temporada, decidió casarse con Larry (Nate Corddry), un compañero del trabajo que, como ella, tuvo que disfrazar su homosexualidad para evitar que lo echaran de la NASA. El recorrido de Ellen en estos capítulos tiene dos ámbitos relacionados. En el personal, se reencuentra con su expareja Pam (Meghan Leathers) y se da cuenta de que está cansada de mentir sobre quién es en realidad, decidiendo salir del armario y abandonar la Agencia. Pero justo entonces, en el plano profesional, aumentan las tensiones entre Estados Unidos y Rusia, y Ellen se encuentra de repente nombrada directora de la NASA por el Presidente. No parece probable que Ronald Reagan hubiera estado muy entusiasmado con la idea de que una mujer gay dirigiera la agencia espacial en la década de 1980, así que Ellen vuelve a encontrarse en una disyuntiva imposible de solucionar satisfactoriamente.

 

Danielle Poole (Krys Marshall) comienza esta temporada lidiando con la muerte de su esposo y con muchas ganas de volver al espacio. Es alguien importante para la Historia dado que fue una de las primeras mujeres en el espacio y la primera afroamericana en pisar la Luna. Pero está harta de permanecer relegada a un segundo plano en las misiones que se han venido realizando en la última década, mayoritariamente comandadas por hombres blancos, así que presiona a Ed para que reconozca este hecho y le otorgue el mando de una tripulación.  

 

Margo Madison (Wrenn Schmidt), tan eficaz, estricta y adicta al trabajo como siempre, ve cómo se reblandece su coraza sentimental cuando debe colaborar con su homólogo soviético Sergei (Piotr Adamczyk) en la misión conjunta Apolo-Soyuz. Pero, por lo demás, queda con las manos atadas durante buena parte de la temporada debido al control que el Pentágono ejerce sobre las misiones espaciales.

 

Mucho más crece el personaje de la mexicana Aleida Rosales, cuyo personaje en la primera temporada parecía desconectado del núcleo de la historia general. En la segunda y habiendo cambiado la actriz por Coral Peña (la que la interpretó en la primera era demasiado joven para encarnar a una adulta), tiene un desarrollo mucho más sólido, pasando de ingeniera brillante pero conflictiva y ferozmente individualista a alguien capaz de empatizar y trabajar en equipo.

 

También es interesante la adición del personaje de Kelly (Cynthy Wo), la joven de origen vietnamita que fue adoptada años atrás por Ed y Karen Baldwin salvando así su matrimonio tras la muerte de su hijo natural, Shane en la primera temporada. Kellly pasa gran parte de esta temporada tratando de encontrar su lugar en el mundo, tanto en lo que se refiere a su futuro profesional como indagando sobre el paradero de su padre biológico.

 

Ya apunté en el artículo anterior que nunca he entendido del todo qué le ve Hollywood a alguien tan poco expresivo como Joel Kinnaman. Aunque aquí su personaje, Ed Baldwin, sigue siendo alguien que difícilmente caerá bien a ningún espectador, al menos el guion le da pie al actor para flexibilizar su registro con un arco bastante dramático tanto en el plano personal como profesional. Al principio, lo encontramos, como he apuntado, ejerciendo el puesto de Jefe de Astronautas, pero, cansado de estar sentado en un escritorio todo el día, decide que es hora de volver al espacio y se asigna a sí mismo como piloto de la misión Pathfinder. Desde su puesto directivo, también anima a regresar al espacio a sus dos camaradas, Danielle Poole y Gordo Stevens, con quienes pasó un largo periodo en Jamestown, decisión que tendrá consecuencias trágicas al final de la temporada. El problema, es que Ed termina su arco prácticamente en el mismo lugar en que lo dejamos en la primera temporada: de vuelta a su trabajo de astronauta y sumido en una crisis matrimonial.

 

Uno de los mayores errores de la temporada tiene que ver con la esfera doméstica de Ed: el romance entre Karen Baldwin (Shantel VanSanten) y Danny (Casey W.Johnson), el hijo de Gordo y Tracy. Entiendo que la intención de los guionistas, más que presentarlo como un adulterio, era convertirlo en un grito de libertad de Karen y una reacción al aislamiento emocional que sentía respecto a Ed, pero no sólo me pareció un desarrollo incómodo por la diferencia de edad entre ambos amantes y la traición que suponía no sólo a Ed sino a sus amigos, el matrimonio Stevens. Bien podría haberse elegido a otro cómplice de la ruptura. Por otra parte, no acabo de entender su sentido dado que ya en la temporada anterior Karen había experimentado su particular epifanía y encontrado un camino propio respecto al de su marido. Y eso por no hablar de que esta subtrama en particular es un desafortunado recordatorio de que, debido a la ambientación temporal, muchos de estos personajes deberían lucir bastante más edad de lo que aparentan los actores. Si bien Karen y Danny no parecen una pareja imposible en pantalla, al considerar sus edades en la serie, se crea un doble problema: resulta embarazoso y, además, rompe la ilusión que la serie necesita mantener para que estos personajes sigan siendo interpretados por los mismos actores que en la primera temporada. La impresión es que los guionistas tuvieron dificultades para encontrarle algo que hacer a Karen, uno de los pocos personajes principales que no esta directamente involucrado con la NASA.

 

Todos estos personajes evolucionan sobre un margo geopolítico dominado por las tensiones crecientes que se producen entre Estados Unidos y la Unión Soviética tanto en la Tierra como en el espacio. Los norteamericanos se encuentran un día con que su explotación minera ha sido tomada por los rusos (una maniobra nada explicada y, a mi juicio, absurda), lo que lleva al envío de marines y armas a Jamestown con el fin de reconquistarla. Mientras Reagan y Andropov orquestan una maniobra publicitaria bajo la forma de la mencionada misión conjunta Apolo-Soyuz, ambos países lanzan transbordadores espaciales (el Pathfinder y el Buran) cargados de armas.

 

En la Tierra, Panamá se convierte en uno de los principales focos de tensión geopolítica en la Tierra, sirviendo como el equivalente a lo que fue Afganistán o Vietnam en nuestra realidad. A diferencia de nuestra línea temporal, en la que la invasión de EE. UU. a Panamá ocurrió en 1989, cuando Rusia estaba muy debilitada, en la serie el conflicto estalla a principios de los años 80. El gobierno de Ronald Reagan decide intervenir militarmente en esa nación para "proteger el Canal" y frenar la influencia soviética en Centroamérica. Éstos, que venían apoyando activamente a las guerrillas y facciones locales para desgastar a las fuerzas estadounidenses, envían entonces una flota hacia Panamá creando una nueva Crisis de los Misiles.

 

En la Luna, la tensión y un movimiento mal interpretado, provoca el primer muerto, un ruso, por una bala estadounidense. En represalia, los soviéticos invaden Jamestown y matan a varios astronautas. Cuando esto sucede, Tracy y Gordo se quedan encerrados en la cocina de la base y encuentran la forma de contactar con la NASA para informarles de lo que está sucediendo. En Houston, los sensores han detectado que una bala perdida ha dañado el circuito de refrigeración del reactor, lo que va a provocar de forma inminente una fusión nuclear.

 

Ante la perspectiva de que todos, rusos y estadounidenses, mueran en la Luna, Tracy y Gordo ejecutan un arriesgado plan. Se envuelven en cinta aislante para crear unos rudimentarios trajes espaciales modificados y salen corriendo a la superficie lunar para solucionar el problema desde el exterior. Esto da lugar a un momento extraordinariamente dramático y muy emotivo en el que la pareja, tras unos segundos, soluciona el problema logra regresar a la base sólo para sucumbir a la hipotermia y las heridas provocadas por la descompresión. Sus compañeros, una vez los rusos salen de la base, los encuentran abrazados. Una muerte trágica pero heroica para dos de los astronautas más famosos de la época y un episodio final excelente y conmovedor que equilibra y conecta varias subtramas muy potentes.

 

Mientras tanto, Ed Baldwin espera en su transbordador espacial, el Pathfinder, a que una nave soviética emerja del lado oscuro de la Luna para destruirla. La astronauta Sally Ride (que, en 1983 y en nuestra realidad, fue la primera mujer estadounidense en el espacio), intenta convencerlo para que no lo haga. Es un momento de enorme tensión en el que sus actos podrían provocar o evitar una Tercera Guerra Mundial. Al final, Ed, cuyo estado mental esta condicionado por su ruptura con Karen, escucha a Sally y elige la vía menos violenta, permitiendo que los cosmonautas rusos sobrevivan.

 

A todo esto, Danielle también se encuentra en el espacio, sobrevolando la Tierra, esperando la autorización para su misión: el acoplamiento amistoso en el espacio con una nave Soyuz rusa. A medida que aumenta la tensión en la Tierra y la Luna, tanto Danielle y su tripulación como sus homólogos cosmonautas, desobeden sus respectivas órdenes de abortar y regresar a la Tierra y completan su misión televisándolo para todo el planeta. Las imágenes de los astronautas estadounidenses y rusos dándose la mano en el espacio inspiran a Reagan a reanudar las negociaciones con el presidente ruso, evitando así una guerra nuclear.

 

Al impulsar la acción y los personajes con un salto temporal de diez años, la segunda temporada de “Para Toda la Humanidad” prometía ofrecer algo diferente a la primera. Ciertamente, como se mantenía el núcleo principal de personajes, no iba a ser algo completamente nuevo, pero quizá sí distinto. Sin embargo, enseguida queda claro que no va a poder alcanzarse la altura de la primera. Y ello por una razón muy sencilla: no parece existir una meta concreta. La primera temporada se había centrado, en primer lugar, en llegar a la Luna. Una vez logrado esto, el objetivo pasó a ser incorporar a las mujeres en el programa espacial y, posteriormente, establecer una base lunar. Estos tres objetivos impulsaron toda la temporada, todo giraba en torno a ellos. En la segunda, ciertamente, pasan muchísimas cosas…y, sin embargo, no queda claro hacia dónde se dirige la trama global más allá de presentar un escenario pre-Tercera Guerra Mundial que, como es previsible, no se materializa dado que entonces la serie llegaría a su final.  

 

¿Significa eso que esta segunda temporada es decepcionante? En absoluto. Y ello gracias a unos personajes a los que ya se les había cogido cariño en la primera; unos personajes, además, que no están ni idealizados ni demonizados. Por ejemplo, Ed es probablemente lo más parecido a un verdadero héroe que tiene la serie, pero adolece de importantes carencias de empatía, ya sea ignorando las preocupaciones de Gordo sobre regresar a la Luna o arremetiendo contra Kelly por querer seguir sus pasos e ingresar en la Marina. Gordo es un tipo melancólico con problemas de alcoholismo, pero también un padre cariñoso. Además, los dramas personales se ven amenizados por momentos de comedia costumbrista que ayudan a subrayar aún más el realismo a los personajes. En fin, que el sólido desarrollo que éstos habían tenido en la primera temporada da sus frutos en la segunda, donde cada miembro del elenco cuenta con un arco que magnifica sus fortalezas y debilidades.

 

Esta segunda tanda de episodios abarca muchos temas, vehiculados a través de un reparto muy numeroso, así que es prácticamente inevitable que no todas las subtramas ni personajes resulten igualmente interesantes en su esencia y desarrollo. Compiten por el protagonismo y, además, deben dejar tiempo para introducir a los representantes de la nueva generación (Kelly, Aleida y Danny), aun cuando estos siempre quedan demasiado desconectados de la trama principal. Sin embargo, a pesar de algunos tropiezos, el balance global es positivo porque siendo una serie tan coral que puede mostrar una multiplicidad de experiencias vitales muy diferentes. Además, el trabajo de los actores es muy sólido; los efectos especiales y la mezcla de imágenes de archivo y CGI están muy bien logrados y la evolución de la historia alternativa sigue resultando fascinante. 

 

(Continúa en la siguiente entrada) 

 


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