sábado, 2 de mayo de 2026

1987- VOLVER A EMPEZAR – Ken Grimwood



¿Quién no ha fantaseado alguna vez con viajar en el tiempo y reencarnarse en su antiguo y más joven yo para así revivir los mejores años con todos los recuerdos de una vida intactos y así enmendar los errores y aprovechar las oportunidades perdidas? Es una idea irresistible que han explotado películas como “Peggy Sue se Casó” (1986), “El Efecto Mariposa” (2004) o “Una Cuestión de Tiempo” (2013). Pues bien, la novela “Volver a Empezar”, de Ken Grimwood, no sólo exploró esa premisa con mucha más profundidad, llevándola a sus extremos lógicos para reflexionar sobre lo que da sentido a nuestras vidas, sino que estableció una serie de mecánicas y dilemas éticos que luego serían adoptados por muchas otras obras literarias y audiovisuales, desde “Atrapado en el Tiempo” (1993) a “Al Filo del Mañana” (2014), pasando por “Regreso al Futuro II” (1989), “Las Primeras Quince vidas de Harry August” (2015), “22-11-63” (2011), “Recursión” (2019), “La Biblioteca de Medianoche” (2020), “El Mapa de los Instantes Perfectos” (2021), “Dark Matter” (2024) o las antedichas películas.

 

Jeff Winston, editor frustrado de noticias de una emisora radiofónica y atrapado en un matrimonio infeliz sin hijos, fallece repentinamente el 18 de octubre de 1988, a los 43 años, tras sufrir un infarto fulminante. Sin embargo, ese momento no es el final para él porque, acto seguido, despierta en su antigua residencia universitaria de Emory (Atlanta), con su antiguo cuerpo de 18 años y los recuerdos de su vida anterior completos. Como es de esperar, se siente confundido y asustado, temiendo algún tipo de alucinación extrema, quizá experimentando ese tópico” pasar de toda la vida ante los ojos” justo antes de la muerte definitiva.

 

Cuando se da cuenta de que realmente ha viajado en el tiempo y que ahora está reviviendo 1963, Jeff se propone rehacer su vida, tomando decisiones diferentes y, cree él, mejores. Esta vez, lo hará bien. Aprovechando su conocimiento del futuro sobre eventos deportivos, la trayectoria de la economía y los sectores tecnológicos que triunfarán, Jeff acumula una fortuna, primero con apuestas y, más adelante, con inversiones “afortunadas”. Se casa con otra mujer, pero tampoco encuentra con ella la felicidad, aunque sí consuelo en la relación con su hija, una niña con gran talento musical. Jeff también ha ido vigilando su salud física, y su médico le informa de que su corazón está más fuerte que nunca… lo cual no le salva de morir otra vez el mismo día y a la misma hora que en su primera vida.

 

Una vez más, despierta siendo adolescente –aunque unos días más tarde que en la ocasión anterior-, y esta vez toma un camino muy diferente. En lugar de convertirse en multimillonario, gana lo suficiente para tener estabilidad financiera y se concentra en encontrar una relación amorosa que le llene. A pesar de todos sus esfuerzos por evitarlo, muere del mismo ataque al corazón a los 43 años y, de nuevo, en el mismo instante.

 

Atrapado en un ciclo interminable de repetición de su propia vida, Jeff va explorando diferentes rumbos. Al principio, busca a las mujeres más atractivas que su riqueza le permite, pero luego forma una nueva familia, vuelve a cortejar a su primera esposa, se acerca a su amor de la universidad… Las decisiones que toma son perfectamente comprensibles, coherentes y lógicas, ya que descubre que la inmortalidad no sirve de nada si está condenado a empezar de cero cada ciclo de veinticinco años. Nunca podrá envejecer rodeado de su familia ni albergar esperanzas de dejar atrás un legado o de que lo que haga vaya a tener un sentido. Cada relación, cada logro, es borrado al comienzo de cada ciclo como si nunca hubieran existido. Jeff tiene la oportunidad de moldear la vida a su antojo… y luego ver cómo sus éxitos desaparecen.

 

A veces, Jeff reacciona ante esa tragedia de forma muy negativa y cae en el hedonismo autodestructivo; en otras vidas, se repone e intenta hacer el bien. Pero, sea cual sea el rumbo que elija, la suya se convierte en una existencia larga y solitaria, siempre buscando explicaciones –y nunca obteniéndolas- a ese fenómeno que le ocurre sólo a él y que a nadie más puede contar. En una de esas vidas, pone a prueba los límites de lo que puede cambiar intentando frustrar el asesinato de John F. Kennedy; en otra, hace pública su condición y el gobierno lo confina para utilizarlo como “vidente” con el cual modelar su política internacional. Sin embargo, independientemente de lo que haga o deje de hacer, el resultado es siempre el mismo: muere trágicamente de un ataque al corazón el 18 de octubre de 1988.

 

Durante una de sus vidas, descubre a una mujer, Pam, que también está pasando por la misma experiencia. Esto los une de una forma muy especial, ya que son las únicas dos personas que comprenden lo que significa vivir la vida una y otra vez. Sin embargo, las respuestas siguen sin llegar. Juntos, cometen tantos aciertos como errores en su intento de hacer del mundo un lugar mejor y buscar explicaciones al fenómeno al que están encadenados. Cuando por fin parecen haber encontrado cierta paz y la forma de darle sentido a sus peculiares existencias, descubren que los ciclos de repetición se acortan a un ritmo acelerado y que el intervalo entre sus respectivas resurrecciones también aumenta rápidamente, lo cual causa estragos en su relación. Con el tiempo, Jeff y Pamela logran encontrar una especie de paz, si no felicidad, que parece ser lo mejor a lo que pueden aspirar.

 

Una lectura superficial puede llevarnos a pensar que el mensaje de esta novela es profundamente deprimente: por muchas veces y muy intensamente que lo intentemos, no podemos mejorar las cosas más allá de un círculo reducido. Sin embargo, “Volver a Empezar” ofrece una serie de reflexiones sobre la vida que no por antiguas dejan de ser válidas e incluso inspiradoras. En primer lugar, subraya lo fútil que resulta perseguir la perfección. A lo largo de sus múltiples vidas, Jeff intenta alcanzar la "vida perfecta": ser inmensamente rico, vivir como un ermitaño misántropo o incluso un salvador. Pero lo que descubre es que ninguna vida está libre de dolor. Incluso con el conocimiento del futuro, la pérdida y la insatisfacción son partes intrínsecas de la experiencia humana.

 

La novela advierte también sobre la parálisis que provoca el conocimiento del futuro. A menudo, Jeff desconecta de su presente porque está demasiado ocupado esperando que ocurra lo que él ya sabe que va a pasar. La moraleja es que el conocimiento no equivale a felicidad y que, a veces, la incertidumbre es lo que le da sabor y valor a la vida. Además, Grimwood utiliza a los hijos de Jeff para ilustrar que cada elección tiene un precio: para ganar una fortuna o una nueva esposa en cada vida, Jeff tiene que sacrificar la existencia de los hijos que tuvo en vidas anteriores. Esto enseña que nuestra identidad está forjada por nuestras circunstancias y errores: si quitas el error, también borras parte de lo que eres y de lo que has construido.

 

Pero, a mi juicio, el mensaje más importante del libro es el que emerge hacia el final, cuando los ciclos se acortan y el tiempo de cada vida va reduciéndose exponencialmente. Es entonces cuando Jeff llega a la gran revelación: no importa cuántas vidas tengas o cuánto tiempo dure cada una, lo único que realmente posees es el momento presente. Repetir la vida no sirve de nada si no aprendes a apreciar la que tienes mientras sucede por primera vez.

 

“Volver a Empezar” es, por tanto y en esencia, una parábola moral disfrazada con los aditamentos propios de una novela de viajes en el tiempo. No es una novela de acción, suspense o misterio sino un drama que, además, no aporta respuestas a los enigmas centrales. Pero es que tampoco lo pretende. Y es que quizás lo importante no sea el por qué y el cómo, sino lo que aprendes mientras vives, tanto cuando aciertas como cuando yerras:

 

“Pamela, nos ha sido concedido un don incomparable, el don de la vida, de un conocimiento y un potencial más grande que el que nadie ha conocido jamás. ¿Por qué no podemos aceptarlo tal como nos lo han dado? Alguien dijo una vez, creo que fue Platón, que una vida a la que falta el examen no merece ser vivida.

-Es cierto. Pero una vida a la que se examina demasiado a fondo conducirá a la locura, si no al suicidio”.

 

En este caso concreto, la conexión entre el creador y su criatura va mucho más allá de los datos biográficos superficiales porque, con esta novela, su autor realizó un ejercicio de introspección muy personal. Al igual que Jeff Winston, Grimwood conocía bien el mundo de la radio y las noticias porque trabajó durante años en la emisora KFWB de Los Ángeles. Esta experiencia le permitió dotar a la novela de un realismo convincente cuando Jeff utiliza su conocimiento del "futuro" para predecir noticias o eventos mediáticos. El protagonista comienza la novela encadenado a un matrimonio fallido y de ahí y de la ausencia de hijos nace una melancolía que impregna toda la novela. Jeff pasa gran parte de sus "vidas" buscando algo que llene un vacío que ni el dinero ni el éxito profesional logran satisfacer. La búsqueda de Pamela es, en realidad, la búsqueda de una conexión que trascienda el tiempo y la muerte, algo que parece ser un reflejo de los propios anhelos de Grimwood.

 

El hecho de que Grimwood falleciera de un infarto en 2003, a los 59 años (irónicamente, una edad muy cercana a la que Jeff experimenta sus muertes), ha alimentado la leyenda del libro. Además, murió mientras trabajaba en una secuela del mismo, lo que añade una capa trágica: se quedó sin tiempo justo cuando intentaba expandir esa posibilidad de vivir infinitas vidas. Conociendo esta información, es imposible leer el final de la novela sin sentir un escalofrío poético. Siempre podemos imaginar que, en algún lugar y momento de 1963, un joven Ken Grimwood acaba de despertar en su habitación de la universidad con un extraño recuerdo de una vida entera ya vivida.

 

Dada la naturaleza repetitiva de la premisa, la historia que dimana de ella no lo es. El ritmo de la historia es dinámico gracias a que, aunque Jeff “resucita” más o menos en el mismo punto de su pasado, cada vez su experiencia y recuerdos acumulados le pesan más, haciendo que su enfoque y perspectiva de la vida (o vidas, pasadas y presente), vayan cambiando con cada iteración. Conforme recorre cada una de sus nuevas vidas, siempre entre los 18 y los 43 años, el autor mantiene la historia en movimiento sin perder de vista los acontecimientos importantes e introduciendo giros que añaden nuevas capas.

 

La prosa de Grimwood fluye con facilidad. No es nunca excesivamente descriptiva, dedicando la cantidad justa de palabras a cada escena para situar al lector en el contexto del protagonista en cada época: los conservadores inicios de la década de los 60, los turbulentos finales de esos mismos años, los problemáticos 70 y los materialistas 80. Consigue, de esta forma, una lectura ágil que, al mismo tiempo, transmite toda la carga emocional de Jeff, desde la alegría al alivio, de la desesperación al hartazgo. Su proceso de maduración, producto de los golpes y alegrías, fracasos y éxitos de varias vidas, es producto de la perspectiva que le da el tiempo y la acumulación de experiencia en un grado que no está al alcance de casi nadie más.

 

El desenlace no cae en lo trillado ni sentimental. Es un final que no es feliz ni triste, sino dominado por la incertidumbre y una esperanza difusa en lo que, a mi entender, es una lección de coherencia narrativa: el autor entiende que el misterio es mucho más potente que cualquier respuesta pseudocientífica que pudiera haber restado peso emocional a la trama. Al final, la historia no necesita recurrir a la física cuántica ni a los alienígenas para explicar el enigma tras el bucle temporal que atrapa a Jeff y Pam porque lo que pretende Grimwood es utilizar un elemento fantástico como bisturí con el que diseccionar una vida.

 

Si el final hubiera intentado justificar el fenómeno, habría roto la línea de realismo que el escritor había ido construyendo con tanto cuidado, por no hablar de que pocas cosas envejecen peor en la literatura que la tecnocháchara basada en teorías que el tiempo deja obsoletas. El misterio, en cambio, es atemporal y deja al lector con la misma incertidumbre y sentimiento de vulnerabilidad que los personajes. ¿Se ha cerrado realmente el bucle? ¿Volverá a suceder? ¿Quizá adoptando otra forma o parámetros temporales? Si Jeff o Pamela hubieran descubierto una máquina del tiempo o una base alienígena, la historia se habría convertido en una aventura de ciencia ficción convencional, pero al no dar solución al enigma, toda la atención se dirige a sus decisiones, sus pérdidas y su evolución.

 

Es posible que algunos lectores se sientan decepcionados con otros aspectos del libro, por ejemplo, subtramas que no llegan a resolverse, como el encuentro con otro “viajero” que ha terminado convirtiéndose en un peligroso asesino en serie. También se menciona brevemente la alteración de ciertos eventos históricos, pero este es otro punto de la novela que no tiene demasiada relevancia en comparación con los temas derivados de la experiencia del protagonista: la soledad, el aislamiento, la introspección, el amor, el arrepentimiento, el peso de la responsabilidad, la impotencia, el duelo por la pérdida, la búsqueda de sentido a la vida… en fin, todos los aspectos que, en un momento u otro, debe afrontar cualquiera que viva lo suficiente.

 

“Volver a Empezar” es, en resumen, una fábula reflexiva que, aunque ambientada en una época cada vez más distante de la nuestra, resiste muy bien el paso del tiempo hasta el punto de haberse convertido en un clásico de ese sub-subgénero de los viajes en el tiempo que es la "reencarnación temporal", invitándonos a imaginar cómo reaccionaríamos de tener la oportunidad –o cargar con la maldición- de Jeff. Es una historia sobre los riesgos que las personas toman o evitan a lo largo de sus vidas y lo que podrían lograr y perder de contar con una segunda oportunidad. También es una historia sobre cómo afrontar tanto las circunstancias que escapan a nuestro control como la certeza de que nuestros logros, tras nuestra muerte, se desvanecerán como si nunca hubieran existido.

 

La propuesta de Grimwood sedujo tanto a los miembros del jurado del World Fantasy Award que le concedieron el galardón a la Mejor Novela en 1988, imponiéndose a finalistas como “Misery”, de Stephen King; “Séptimo Hijo”, de Orson Scott Card; o “En Costas Extrañas”, de Tim Powers. Aunque Grimwood escribió otras novelas, ninguna alcanzó el éxito y perdurabilidad de “Volver a Empezar” quizá porque, al volcar en ella sus propias frustraciones y esperanzas la convirtió en un testamento vital.

 

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