viernes, 20 de febrero de 2026

2021- MATRIX RESURRECTIONS – Lana Wachowski

 


Matrix” (1999) es una de las películas más importantes, conocidas e influyentes de la ciencia ficción moderna. De forma prácticamente instantánea tras su estreno, se convirtió en una película de culto. Popularizó en Occidente las artes marciales Wu Xia de Hong Kong y creó el entonces sorprendente y original efecto “Bullet Time”. El cuero negro, el PVC, los abrigos largos y las gafas de sol se convirtieron en tendencia entre la comunidad de ciberhackers. Tuvo incluso un impacto en el mundo real, resucitando el debate filosófico sobre si todos vivimos en una ilusión virtual construida a nuestro alrededor. Todo esto fue no hace mucho examinado en un un fascinante documental sobre el fenómeno: “Un Fallo en Matrix” (2021). El término “Píldora Roja” -la cápsula que Morfeo le ofrece a Neo para despertar a la realidad- ha sido adoptado por movimientos conspiranoicos como el QAnon, así como por otras ideologías, incluso por individuos célebres como Elon Musk, que lo utilizan como un término para referirse a la llamada para escapar de la esfera de la ilusión y entrar en la realidad.

 

Los entonces hermanos Wachowski, Larry y Andy, realizaron dos secuelas, rodadas consecutivamente: “Matrix Reloaded” (2003) y “Matrix Revolutions” (2003), aunque la mayoría del público coincidió en que fueron inferiores a su predecesora. Simultáneamente, también dieron luz verde a la realización de “Animatrix” (2003), una antología de nueve cortos de animación ambientados en el mundo de Matrix.

 

Posteriormente, dirigieron la adaptación en imagen real de la serie de anime “Speed ​​Racer” (2008), esa película inclasificable que es “El Atlas de las Nubes” (2012) y la space opera “El Destino de Júpiter” (2015), además de crear, escribir, producir y dirigir gran parte de la serie de televisión “Sense8” (2015-2018), sobre ocho individuos repartidos por todo el mundo que comparten una conexión mental y empática. También escribieron y produjeron la adaptación de la novela gráfica de Alan Moore “V de Vendetta” (2006) y, posteriormente, produjeron “Ninja Assassin” (2009), ambas para su ayudante de dirección James McTeigue (quien también ejerce como productor en la última entrega de Matrix).

 

Reacios a cualquier publicidad y manteniendo siempre una actitud reservada, no sólo en lo relativo a la promoción de sus películas sino a su esfera personal, ambos hermanos se sometieron a un proceso de cambio de sexo, apareciendo públicamente en sus nuevas identidades en 2012 (Larry/Lana) y 2016 (Andy/Lilly) respectivamente. Por eso en sus primeras películas, aparecen acreditados como Hermanos Wachowski, pero a partir de 2012 se les menciona simplemente como The Wachowski (en inglés, a diferencia del español, el artículo es neutro).

 

Desde 2003, circularon rumores de que Warner quería lanzar una nueva entrega de Matrix, pero que las Wachowski rechazaban de plano tal idea. Alrededor de 2017, se pensó sacar adelante el proyecto sin ellas y con un guion escrito por Zak Penn, que había firmado los libretos de varias películas de los X-Men y de “Los Vengadores” (2012). Michael B.Jordan encarnaría a una versión más joven de Morfeo. En 2019, Lana decidió coger las riendas de su criatura antes de que otros la desvirtuaran por completo, aunque Lilly decidió permanecer al margen. De hecho, desde la segunda temporada de “Sense8” había abandonado la asociación creativa con su hermana, argumentando tanto su deseo de redescubrirse a sí misma como artista como la incompatibilidad con otros proyectos en los que participaba (en concreto, a producción de la comedia televisiva “Work in Progress” (2019-21).

 

En cuanto a Lana, dijo que su razón para regresar a la saga fue la reciente muerte de su madre y el subsiguiente anhelo de encontrar cierto consuelo con la resurrección simbólica de los personajes que mejor conocía. También es cierto que, cuando la pandemia obligó a detener la producción, valoró el abandonar el proyecto por completo, pero el elenco insistió en completar lo que habían empezado. Resulta hermosamente irónico no sólo que una película que dedica tanto tiempo a deconstruir cómo el arte afecta la consciencia, cómo nos moldeamos unos a otros a través de nuestras acciones y cómo el amor y el duelo alteran la percepción, a punto estuviera de no ver la luz, sino que su catalizador fuera el duelo y su impulso para llevarla a término, el amor. 

 

En San Francisco, Thomas Anderson (Keanu Reeves) es el exitoso diseñador de la revolucionaria trilogía de videojuegos Matrix que trabaja para una compañía llamada Deus Machina. Siente una atracción no correspondida por Tiffany (Carrie-Ann Moss), una mujer a la que ve con frecuencia en la cafetería de su barrio, pero cualquier intento de establecer contacto queda siempre neutralizado por el hecho de que ella esté casada y con hijos. Por otra parte, a Thomas le atormentan unos vagos recuerdos de haber sido Neo y de Tiffany como Trinity. Su socio en la empresa, Smith (Jonathan Groff), le recuerda que su último proyecto, “Binarios”, no va según lo previsto. Han superado el presupuesto y Anderson parece creativamente estancado. Pero lo peor es que Warner Brothers quiere que creen un cuarto juego de Matrix y, aunque no les gusta nada la idea, también saben que, si no se ponen manos a la obra, el conglomerado audiovisual encontrará a quien lo haga.

 

Al mismo tiempo, Bugs (Jessica Henwick), una hacker que ha encontrado una puerta trasera en el sistema informático de Thomas, contacta con él e intenta convencerle de que es realmente Neo, que fue resucitado y de nuevo confinado en una nueva Matrix. Sin embargo, el terapeuta (Neil Patrick Harris) al que acude regularmente Thomas, insiste en que todo eso es parte de una alucinación. En una arriesgada misión, Bugs saca a Neo de Matrix y lo lleva a Ío, el enclave sucesor de Sión, donde descubre que han pasado sesenta años desde su última visita y que la Humanidad ahora coexiste allí con algunas máquinas inteligentes. Neo insiste en que, cuando Bugs lo extrajo de su cápsula, vio a Trinity en otra situada en el mismo lugar y está dispuesto a rescatarla cueste lo que cueste. No tardará, sin embargo, en descubrir que las máquinas han diseñado nuevas formas de manipularlo para mantenerlo a él y a Trinity presos y perpetuamente separados.

 

“Matrix Resurrection” tuvo una acogida dispar. Warner Brothers la estrenó simultáneamente en cines y en streaming, pero en taquilla quedó eclipsada por completo por “Spider-Man: No Way Home” (2021), el mayor éxito cinematográfico de la era de la pandemia. De hecho, en su semana de estreno, “Resurrections” tuvo que conformarse con el tercer puesto en recaudación y, a diciembre de 2021, como la sexta película con mayores ingresos. Y en cuanto a la crítica y como suele ser la norma con todas las cintas de los Wachowski en la última década, hubo valoraciones para todos los gustos.

 

La película comienza con una secuencia que parece homenajear a la primera entrega: una repetición de la escena en la que Trinity está frente a un ordenador en un bloque de apartamentos cochambroso, es descubierta por los agentes y se lanza por la ventana. Solo que ahora las cosas cambian un poco: el papel de Trinity lo interpreta otra actriz y, observándolo todo hasta que finalmente decide entrar en la lucha, está Bugs. Más tarde, ésta es rescatada del almacén de llaves por un agente Smith/Morfeo (Yahya Abdul-Mateen II) que parece haber adquirido la capacidad de desafiar su programación. Incluso hay una escena en la que Bugs repite la escena de "¿píldora roja o azul?" ante aquél.

 

A continuación, la trama salta a la “realidad” de Neo, al que vemos otra vez como Thomas Anderson, un programador de talento. En este punto, da la impresión de que Lana Wachowski no quería en realidad hacer esta película y que, si accedió, fue obedeciendo a una gran presión. Y ello porque convierte la primera mitad de la historia en una parábola nada sutil sobre alguien (Anderson) que no quiere hacer una cuarta entrega de su rentable franquicia. Hay incluso una escena en la que su jefe le dice a Anderson que, si no hacen una cuarta Matrix, Warner Brothers los apartará del proyecto y cancelará sus contratos.

 

Todo este segmento puede entenderse claramente como una ácida crítica al cine moderno y su constante reciclaje de la propiedad intelectual, una confesión por parte de Lana Wachowski de las pobres razones que han llevado a la existencia de la propia película. Una cuarta entrega de Matrix era casi inevitable, sobre todo en una época en la que Hollywood no deja sin exprimir ninguna propiedad intelectual consolidada cuando podría tenerla generando ingresos. Por eso el cine ha llegado a estar dominado por precuelas, secuelas y spin offs, desde Star Wars a Harry Potter, de Space Jam al Planeta de los Simios, de Fast & Furious a Venganza. Matrix es un material perfecto para ese tipo de descarado pero lucrativo negocio: tiene una estética muy característica y los niños/jóvenes que la vieron en su momento son ahora adultos nostálgicos con ingresos.

 

Es fácil entender por qué esto suscitó, en primera instancia, el rechazo de las Wachowski. La trilogía de Matrix fue una obra de amor, un proyecto personal en el que invirtieron mucho de sí mismas. Ambas siempre han estado obsesionadas con el proceso creativo, interpretándolo como algo inherentemente sincero, incluso sagrado. Después de la trilogía de Matrix, lanzaron “Speed ​​Racer”, sobre un niño que encuentra el sentido para su vida en las carreras de coches. "Voy a las carreras para verte crear arte", le dice su madre, Racer (Susan Sarandon), a su hijo Speed ​​(Emile Hirsch). "Y es hermoso, inspirador, y todo lo que el arte debería ser". El villano de la película es el desalmado sistema capitalista que explota el arte del joven.

 

Y así, este acto inicial de “Matrix Resurrections” se centra principalmente en parodiar el cínico absurdo de una secuela de Matrix, en diversas formas y variantes. Un plano de la secuencia inicial muestra un letrero de neón que anuncia el hotel “Heart O' The City”, pero la "e" está rota, un detalle que apunta a que, desde el principio, todo gira en torno al Arte ( (he)art). En esas escenas de arranque, Bugs viene a ser el trasunto de un espectador nostálgico de la icónica secuencia con la que se inicia la película original de Matrix. “Conocemos esta historia”, observa Bugs. “Es un déjà vu, pero obviamente todo está mal”. Su compañero Seq (Toby Onwumere) se pregunta: “¿Por qué usar código antiguo para representar algo nuevo?”, advirtiéndole repetidamente a Bugs de que esa tendencia a la nostalgia es “una trampa”, una observación que se vuelve cada vez más cierta a medida que avanza la película. El programa informático Morfeo (Yahya Abdul-Mateen II), atrapado en esa carnicería nostálgica inicial, explica: “No podemos verlo, pero todos estamos atrapados en estos extraños bucles repetitivos”.

 

Anderson codificó ese bucle inicial de Matrix como un experimento, intentando crear algo nuevo a partir de algo viejo. Eso es en gran medida lo que, como película, pretende hacer “Resurrections”. Gran parte del acto inicial está ocupado por debates sobre cómo debería ser “Matrix 4”, ¿y quién sabe cuántas más?”. Anderson se sienta en una sala de juntas mientras escucha a sus compañeros programadores exponer sus ideas: uno quiere añadir más explosiones y dice que necesitan encontrar un nuevo efecto impactante como el Bullet Time, mientras que otro opina que "los reinicios venden". Da la sensación de que la propia Lana Wachowski hubo de asistir a reuniones similares en las que, con vergüenza ajena, soportaba sugerencias para la nueva secuela, trasladando luego esos momentos al guion. En un momento dado, Bugs afirma: "Eso es lo que hace Matrix. Convierte cada idea en un arma. Cada sueño. Todo lo que es importante para nosotros".

 

En otros momentos, el guion insinúa la idea de que ciertos movimientos contestatarios se hayan apropiado de la idea de la píldora roja, mientras que el personaje de Jude (Andrew Lewis Caldwell) es la encarnación de esa multitud de fans acríticos que han idolatrado cada minúsculo detalle de la saga. Cuando Neo escapa de Matrix y lo someten a una sesión de entrenamiento contra Morfeo, aquél se queja constantemente de que ya es demasiado viejo y que no quiere volver a participar en el juego, o le dicen que sus movimientos son demasiado lentos.

 

Varios personajes ofrecen diversas justificaciones para el resurgimiento de la franquicia. Smith asegura que “el mercado está difícil" y que la nostalgia mantendrá el tinglado a flote. La Ciudad de las Máquinas se está quedando sin energía y el cínico programa conocido como el Analista ha urdido un plan para sobrevivir: devolver a la vida a Neo y Trinity y mantenerlos en una perpetua situación de tensión sexual no resuelta, cruzando sus vidas continuamente pero sin permitir que estas se fusionen porque ello significaría el final de la historia. En definitiva, que optó por un reinicio para ayudar a una ciudad (sustitúyase por industria, estudio, productora…) en crisis: "Solo hay que dar a la gente lo que quiere, ¿verdad?".

 

El problema es que puede que el Analista tenga razón: que lo único que desea el público –o al menos una parte importante del mismo- es la inmovilidad. En la escena final de la película, se enfrenta a Neo y Trinity y no parece especialmente preocupado. Insiste en que aquellos a los que quiere rescatar la pareja, rechazarán cualquier cosa que se aparte de lo que conocen: "Anhelan la comodidad de la certeza. Y eso significa que ustedes dos, estarán de vuelta en sus cápsulas, inconscientes y solos, igual que ellos". El guion, por tanto, entiende que la nostalgia no es un fin, sino un medio. Bugs y Morfeo luchan por despertar a Neo durante su primer encuentro, así que recrean la escena de la película original. "Después de que nuestro primer contacto saliera tan mal, pensamos que elementos de tu pasado podrían ayudarte a entrar en el presente", explica Bugs. Morfeo, con sus icónicas gafas de sol, aclara: "Nada alivia la ansiedad como un poco de nostalgia". La nostalgia debe estar al servicio de algo.

 

Lana Wachowski ha declarado que la idea tras “Matrix Resurrections” fue algo muy personal, surgida, como dije, tras la muerte de su madre, una confesión que ha confirmado su hermana Lilly. A veces, da la impresión de que la película es un intento desesperado de proteger a Matrix de los estragos del capitalismo: "Tomaron tu historia, algo que significaba tanto para gente como yo, y la convirtieron en algo trivial", le dice Bugs a Neo. Y esa es la trampa. Porque cuando Neo intenta rescatar a Trinity, el Analista lo atrapa en una réplica del Bullet Time, la innovadora técnica de efectos especiales que convirtió a Matrix en un film icónico. "Lo sé", dice riendo, el villano, "Es un poco irónico, usar el poder que te define para controlarte". Los Wachowski crearon Matrix, pero no son sus dueños. Los estudios pueden explotarlo y volverlo contra ellos en la forma de un producto degenerado. Parte del interés de la película reside en la valentía y descaro con los que Lana Wachowski canaliza esa crítica.

 

En la escena final, como he dicho, Neo y Trinity se encaran con el Analista y le revelan su intención de rehacer el mundo. "Antes de empezar, decidimos pasar a darte las gracias", le dice Trinity. "Nos diste algo que nunca pensamos que podríamos tener: otra oportunidad". Es como un zorro anunciando que lo han dejado suelto en el gallinero, como si Wachowski agradeciera a Warner Bros. que le hubieran concedido un presupuesto muy sustancioso y la oportunidad de recuperar su trabajo y utilizarlo para exponer sus ideas, en concreto –y tal y como ella afirmó- la experiencia trans. La imagen y la autoimagen son temas clave aquí. Los personajes ya no viajan a través de teléfonos, sino de espejos. La película establece repetidamente distinciones entre la imagen que proyectan los personajes y sus yoes auténticos, necesitados de una forma que refleje su verdadera naturaleza. Sin ir más lejos, Neo, Trinity y Smith habitan cuerpos que no les pertenecen.

 

En muchos sentidos, toda la franquicia Matrix ha obligado a sus directoras a lidiar con el legado que ellas mismas dejaron con la película original. Las dos secuelas fueron una deconstrucción deliberada de la narrativa arquetípica del "Elegido" desarrollada en la primera entrega. Por lo tanto, tiene sentido que cuando Lana Wachowski se arremangó para meterse de lleno en esta secuela tardía, decidiera también abordar algunos de los asuntos más espinosos de esa película original.

 

Wachowski ha sido bastante sincera sobre lo que considera interpretaciones erróneas de Matrix. Ha señalado la ironía de que algunas de ellas se expongan de forma tan doctrinal y excluyente como el propio sistema objeto de crítica en las películas. "Para algunos es una interpretación muy rígida, casi ideológica; no le ven la gracia al hecho de que su perspectiva sea un sistema más controlado que la propia Matrix", reflexionó en una entrevista con “Entertainment Weekly”.

 

Matrix se basa en conceptos binarios. Es una historia de humanos contra máquinas; de personajes que luchan por la libertad y escapan de la esclavitud. Se trata de "nosotros" o "ellos". Es Neo como "el Elegido", en contraste con todos los demás, peones intercambiables. Es la píldora roja o la píldora azul, despierto o dormido, realidad o ilusión. Por supuesto, estas rígidas dicotomías son en gran medida construcciones irreales que ayudan a mantener claridad narrativa, pero es fácil que el público las abrace y acepte como si realmente sólo hubiera dos alternativas. "He estado pensando en nosotros, Tom", reflexiona Smith en la película, "Mira qué binaria es la forma, la naturaleza de las cosas. Unos y ceros. Luz y oscuridad. La elección y su ausencia. Anderson y Smith". Es una premisa sencilla, tan fácil de digerir como la proverbial píldora roja. Sin embargo, también es una cosmovisión que puede prestarse fácilmente a la polarización.

 

Pues bien, “Matrix Resurrections” rechaza estas simplificaciones bicéfalas. En la secuencia inicial, Bugs le ofrece a Morfeo las clásicas píldoras roja y azul. "¿A esto le llamas una elección?", protesta. "En serio, cuando alguien me ofreció esto, me centré en concepciones binarias del mundo y dije que de ninguna manera iba a aceptar una reducción simbólica de mi vida", responde Bugs. "Y la mujer de las píldoras se rió porque no entendía nada". Cuando el espectador se reencuentra con Thomas, éste se halla diseñando un nuevo juego titulado “Binarios” que no termina de funcionar en su cabeza. Para escapar del bloqueo, empieza a jugar con el código antiguo de su videojuego “Matrix” y crea una simulación de su antiguo mentor Morfeo (Laurence Fishburne), hibridándolo con su antiguo enemigo, el Agente Smith (Hugo Weaving). Es un rechazo explícito de la dicotomía simplona entre el Bien y el Mal, entendiendo, en cambio, que este nuevo Morfeo debe ser un reflejo algorítmico de dos fuerzas que definieron y moldearon a Neo. Smith es tan parte del drama como Morfeo. Ninguno puede existir independientemente del otro. La codificación de Anderson de la nueva versión de Morfeo sugiere que quizás la única manera de avanzar sea rechazar la idea de límites rígidos.

 

Para ser justos, hay que reconocer que esto ya estaba presente en las dos secuelas anteriores. En la escena inicial de “Matrix Revolutions”, Neo está atrapado en una estación de metro entre el mundo virtual y el real. Allí, se encuentra con los programas Rama-Kandra (Bernard White) y Kamala (Tharini Mudaliar), que tienen la esperanza de salvar a su hija Sati (Tanveer K. Atwal). Neo se sorprende al descubrir que los programas pueden reproducirse y oír a un programa hablar de amor. Después de todo, quizás los humanos y las máquinas no sean tan diferentes.

 

“Matrix Resurrections” es muy consciente de los desafíos que afrontan muchas de estas secuelas nostálgicas que tratan de recuperar escenarios conocidos por el aficionado. Obviamente, caer en patrones familiares puede borrar cualquier sensación de progreso respecto de las películas anteriores. Al ver “Star Wars: El Despertar de la Fuerza” (2015) o “​​Ghostbusters: El Legado” (2021) es inevitable preguntarse qué lograron realmente los héroes en las primeras entregas porque en las nuevas siguen librando las mismas batallas una y otra vez.

 

Neo reconoce este problema nada más despertar, cuando le cuentan que la Humanidad está de nuevo en guerra con las máquinas y que Matrix vuelve a atrapar a los humanos para utilizarlos como combustible. "He vuelto al punto de partida", se queja a Bugs. "Parece que todo lo que hice, todo lo que hicimos, no importó". Sin embargo, Bugs le deja claro rápidamente que sí marcó la diferencia y que, aunque la actual situación es grave, las cosas cambiaron. Por ejemplo, Bugs capitanea una nave cuya tripulación está compuesta de humanos, máquinas (prefieren el término "sintéticos") y programas inteligentes. Las fronteras entre el mundo real y Matrix son ahora mucho más porosas. Al igual que Neo y Bugs son formas de vida orgánicas que pueden conectarse a la realidad virtual, ahora el programa Morfeo puede manifestarse en el mundo real a través de un "código de partículas exomórficas". Cuando Neo llega a la ciudad de Ío, descubre que humanos y formas de vida artificiales conviven en armonía y trabajando por el bien común.

 

"Lo que cambiaste es lo que nadie creía que pudiera cambiarse", le dice Bugs a Neo. De hecho, cuando Neo se reúne con su vieja amiga Niobe (Jada Pinkett Smith), ella reconoce que la humanidad necesitaba superar esta limitada forma de pensar y que los conceptos rígidamente binarios eran una trampa mental tan peligrosa como la simulación misma. “Sión estaba atrapada en el pasado. Atrapada en la guerra. Atrapada en su propia Matrix. Creían que teníamos que ser nosotros o ellos. Esta ciudad fue construida por nosotros y ellos”.

 

“Matrix Resurrections” está llena de decisiones binarias… que no lo son. Cuando Niobe encarcela a Neo, Morfeo sugiere que éste se enfrenta a "la opción de permanecer dócilmente encarcelado o escapar e ir a buscar a Trinity"; pero, al mismo tiempo, admite que "eso no es una opción". Cuando a Bugs y su equipo se les da la opción de "quedarse aquí y morir, o volver y enfrentarse a un juicio militar", Morfeo reflexiona: "¿Y a eso le llamas una opción?". A veces, las opciones son más que una simple disyuntiva. A veces no son opciones en absoluto.

 

Este rechazo a las binarizaciones es evidente incluso en el lenguaje visual de la película. Las anteriores entregas de Matrix, con algunas breves excepciones, tendían a una paleta de colores monocromática y desaturada. En contraste, “Matrix Resurrections” rechaza esta dicotomía de blanco y negro con tintes verdes, y su paleta de colores se asemeja más la de “Speed ​​Racer” o “El Atlas de las Nubes”. El cuero negro deja paso a los vaqueros azules y la gamuza amarilla. El cielo es azul brillante y naranja, no nublado y gris.

 

“Matrix Resurrections” es, sin duda, la obra de una cineasta que ha madurado y evolucionado desde la época en la que cocreó la trilogía original. Se asemeja tanto a “El Atlas de las Nubes” como a una secuela de Matrix, lo cual no sorprende considerando que el guionista de la primera, el novelista David Mitchell, coescribió el libreto de esta. En “El Atlas de las Nubes”, la idea central es que nuestras vidas no nos pertenecen y que estamos sutilmente conectados a todo el resto del mundo, incluidos nuestros antepasados y descendientes. Todo está conectado y, por eso, las personas tienen la obligación de ayudarse mutuamente.

 

“Resurrections” es una película más reflexiva que sus predecesoras y eso es algo que tiene que tenerse en cuenta a la hora de valorarla. De alguna manera, Lana Wachowski y sus guionistas, además de convertirla en una crítica contra cierto tipo de cine, identificaron ciertos errores o elementos mejorables de la trilogía original e intentaron trabajarlos más. Por ejemplo, recontextualizando la narrativa del "Elegido" de la película original. El guion enfatiza repetidamente la importancia de existir en armonía en lugar de en perpetua oposición. Incluso el clímax de la película presenta una "alianza inesperada" entre Neo y Smith. El Analista (Neil Patrick Harris) descubre que Neo no es tan especial. "Solos, ninguno de los dos tiene ningún valor en particular", reflexiona. "Como los ácidos y las bases, sois peligrosos cuando os mezcláis". Incluso Smith reconoce que Neo no es único. "Cualquiera podría ser tú".

 

En “Matrix”, tanto Morfeo como Trinity son esenciales para ayudar a Neo a convertirse en el héroe que la Humanidad necesita en ese momento. Dado que esa película cuenta la historia de él, es posible verla y asumir que el suyo es el único arco que importa, marginando el del resto, empezando por el de Trinity. Esta marginación de los personajes femeninos es un cliché tan común que la influyente crítica norteamericana Tasha Robinson lo bautizó como "Síndrome de Trinity".

 

Ahora, “Resurrections” le pide a Neo que devuelva el favor. Crea una versión de Morfeo que puede escapar de su código, como si le pagara la deuda a su mentor. Ese Morfeo ayuda a Neo a escapar y luego éste ayuda a Trinity a encontrarse a sí misma. "Ella creyó en mí", le dice Neo a Bugs. "Es mi turno de creer en ella". En el clímax de la película, cuando Neo y Trinity dan su salto de fe, es ella quien vuela y salva a su amado. La película termina con Neo y Trinity empoderados. Ni siquiera necesita ella tomar la píldora roja.

 

En cuanto al reparto y como era de esperar, reaparecen varios personajes y los actores que los encarnaron originalmente, incluyendo a Neo, Trinity, Niobe o el Merovingio. Otros personajes, como el Agente Smith y Morfeo, son interpretados por actores diferentes. Algunas sustituciones no funcionan: como el Agente Smith principal, Jonathan Groff carece de la fría inhumanidad de Hugo Weaving y parece demasiado suave y educado. Aunque no compense esa ausencia, Neil Patrick Harris interpreta un buen papel de villano como El Analista.

 

Aunque no creo que Reeves ni Moss sean buenos actores, tengo que admitir que, gracias al guion y esa presencia venerable que les ha dado a sus rostros el paso de los años, consiguen aportar a sus respectivos personajes el aspecto y actitud precisos para esta historia: más cansados, más indiferentes a todo excepto al nexo que los une; pero también más cálidos, más reales. El romance entre ambos en la trilogía original estaba demasiado condicionado y dirigido por el peso del Destino como para resultar interesante, creíble o emotivo. Ahora tenemos a una pareja con una relación más fluida y contrastada, entre la fuerza y la ira chispeante de Trinity y la serenidad compasiva de Neo.

 

Habrá muchos aficionados que se sientan decepcionados por no encontrar aquí grandes secuencias de efectos especiales. La primera película tenía el Bullet Time; “Matrix Reloaded”, la persecución en la autopista; y “Matrix Revolutions”, la Batalla por Sión. Pero “Resurrections” carece de algo semejante: una o dos peleas durante la secuencia inicial, con Bugs cayendo por la pared de un edificio y realizando algunos movimientos de lucha; una bien coreografiada pelea a bordo de un tren bala japonés, otra dentro de la cafetería con equipos SWAT suspendidos en el aire, seguida de una persecución con Neo en la parte trasera de una motocicleta apartando a los adversarios con sus poderes… pero nada que te deje pegado al asiento ni que redefina el género de acción como sí hicieron las Wachowski en su primera película de la saga.

 

Pero es que también en este aspecto “Resurrections” refleja la evolución de Wachowski, tal y como he apuntado antes en relación a la paleta de colores. En la trilogía original ella y su hermana creaban detallados storyboards y diseñaban con la mayor exactitud sobre el papel lo que pretendían conseguir. Era una forma de controlar su narrativa, porque, como ella mismo admitió, había mucho en su interior que sentía fuera de control. Más adelante, cuando abrazó su identidad, su forma de trabajar también cambió, asumiendo la idea de capturar lo que no se puede controlar. Así, utilizó aquí cámaras digitales de mano y prescindió de secuencias de acción demasiado elaboradas realizadas a partir de storyboards. El resultado es una película que no se hunde en la nostalgia por mero interés crematístico, sino que utiliza una iconografía familiar para el espectador con el fin de articular un metadiálogo con sus anteriores films.

 

“Matrix Resurrections” es la obra melancólica y nostálgica de una cineasta que ha recorrido un largo camino personal y creativo desde las películas originales de la saga. La directora no trata de replicar lo que ya hizo dos décadas atrás, sino utilizarlo para reflexionar sobre la propia obra, sobre la industria que la cobija y sobre ella misma. Es una película que entiende que la verdadera libertad reside en rechazar las opciones binarias fáciles y las falsas decisiones, que le da un giro a la trilogía original y no perpetúa su contexto, sino que construye sobre él.

 

Plantea, además, incómodas preguntas que surgen de la observación de nuestras debilidades como humanos: ¿Cuántas personas tomarían la píldora roja si tuvieran la oportunidad? ¿Cuán fáciles somos de manipular, coaccionar y engañar para que nos sintamos conformes con una situación con la que, en el fondo, no estamos de acuerdo? ¿Por qué, a pesar de saber que hay cosas que andan muy mal, no hacemos nada? Encontramos, también, temas presentes en toda su filmografía, como la forma en que la consciencia moldea la realidad o la necesidad de aceptar la conexión empática ante la omnipresente apatía y crueldad del mundo moderno.

 

Hay quien puede opinar que esta secuela no la había pedido nadie –excepto los codiciosos ejecutivos de Warner, claro-, que es innecesaria e irrelevante. Puede ser. Pero teniendo en cuenta que probablemente Lana Wachowski aceptó encargarse de ella como un mal menor antes que dejar que otros mancillaran su legado, es una obra coherente no sólo con lo visto en la trilogía original sino con la evolución de la directora y los temas que, como he dicho, han constituido la base de casi toda su filmografía.

 

En cuanto a su irrelevancia, puede ser más discutible. En la película Neo tiene que volver a enfrentarse con problemas y peligros similares a los de la primera trilogía. Y sí, naturalmente, eso genera en el espectador cierta sensación de deja vu. Pero es que en nuestro propio mundo está pasando algo parecido. “Matrix Resurrections” nos recuerda que estamos fracasando a la hora de construir un mañana mejor. La tecnología ha pasado de ser una herramienta a un amo, ya adopte la forma de una IA o de una red social adictiva. Neo y Trinity lucharon por un futuro mejor y se sacrificaron por obtener el entendimiento y la armonía entre los humanos y las máquinas. Y, efectivamente, se produjeron avances muy beneficiosos, pero ahora se están volviendo a cometer los mismos errores y a una escala global: divisiones sociales aparentemente irreconciliables, erosión de la confianza en las instituciones, incapacidad para distinguir lo real de lo falso, manipulación interesada de grupos ideológicos, religiosos o empresariales, pesimismo respecto al futuro, sensación de impotencia, realidades convertidas por los medios en algo parecido a videojuegos, acumulación de poder en unas pocas manos en un grado como nunca antes en la Historia…

 

Por eso, puede que “Resurrections” sea una adición no solicitada a una franquicia que todo el mundo daba justificadamente por finiquitada, pero de ahí a decir que es irrelevante y está vacía de contenido digno de reflexión, hay un gran trecho.

 

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