“Matrix” (1999) es una de las películas más importantes, conocidas e influyentes de la ciencia ficción moderna. De forma prácticamente instantánea tras su estreno, se convirtió en una película de culto. Popularizó en Occidente las artes marciales Wu Xia de Hong Kong y creó el entonces sorprendente y original efecto “Bullet Time”. El cuero negro, el PVC, los abrigos largos y las gafas de sol se convirtieron en tendencia entre la comunidad de ciberhackers. Tuvo incluso un impacto en el mundo real, resucitando el debate filosófico sobre si todos vivimos en una ilusión virtual construida a nuestro alrededor. Todo esto fue no hace mucho examinado en un un fascinante documental sobre el fenómeno: “Un Fallo en Matrix” (2021). El término “Píldora Roja” -la cápsula que Morfeo le ofrece a Neo para despertar a la realidad- ha sido adoptado por movimientos conspiranoicos como el QAnon, así como por otras ideologías, incluso por individuos célebres como Elon Musk, que lo utilizan como un término para referirse a la llamada para escapar de la esfera de la ilusión y entrar en la realidad.
Los entonces hermanos Wachowski, Larry y Andy, realizaron
dos secuelas, ro
dadas consecutivamente: “Matrix Reloaded” (2003) y “Matrix
Revolutions” (2003), aunque la mayoría del público coincidió en que fueron inferiores
a su predecesora. Simultáneamente, también dieron luz verde a la realización de
“Animatrix” (2003), una antología de nueve cortos de animación ambientados en
el mundo de Matrix.
Posteriormente, dirigieron la adaptación en imagen real de la serie de anime “Speed Racer” (2008), esa película inclasificable que es “El Atlas de las Nubes” (2012) y la space opera “El Destino de Júpiter” (2015), además de crear, escribir, producir y dirigir gran parte de la serie de televisión “Sense8” (2015-2018), sobre ocho individuos repartidos por todo el mundo que comparten una conexión mental y empática. También escribieron y produjeron la adaptación de la novela gráfica de Alan Moore “V de Vendetta” (2006) y, posteriormente, produjeron “Ninja Assassin” (2009), ambas para su ayudante de dirección James McTeigue (quien también ejerce como productor en la última entrega de Matrix).
Reacios a cualquier publicidad y manteniendo siempre una
actitud reservada, no sólo en lo relativo a la promoción de sus películas sino
a su esfera personal, ambos hermanos se sometieron a un proceso de cambio de
sexo, apareciendo públicamente en sus nuevas identidades en 2012 (Larry/Lana) y
2016 (Andy/Lilly) respectivamente. Por eso en sus primeras películas, aparecen
acreditados como Hermanos Wachowski, pero a partir de 2012 se les menciona
simplemente como The Wachowski (en inglés, a diferencia del español, el artículo
es neutro).
Desde 2003, circularon rumores de que Warner quería lanzar
una nueva entrega de Matrix, pero que las Wachowski rechazaban de plano tal
idea. Alrededor de 2017, se pensó sacar adelante el proyecto sin ellas y con un
guion escrito por Zak Penn, que había firmado los libretos de varias películas
de los X-Men y de “Los Vengadores” (2012). Michael B.Jordan encarnaría a una
versión más joven de Morfeo. En 2019, Lana decidió coger las riendas de su
criatura antes de que otros la desvirtuaran por completo, aunque Lilly decidió
permanecer al margen. De hecho, desde la segunda temporada de “Sense8” había abandonado
la asociación creativa con su hermana, argumentando tanto su deseo de
redescubrirse a sí misma como artista como la incompatibilidad con otros proyectos
en los que participaba (en concreto, a producción de la comedia televisiva
“Work in Progress” (2019-21).
En cuanto a Lana, dijo que su razón para regresar a la saga fue la reciente muerte de su madre y el subsiguiente anhelo de encontrar cierto consuelo con la resurrección simbólica de los personajes que mejor conocía. También es cierto que, cuando la pandemia obligó a detener la producción, valoró el abandonar el proyecto por completo, pero el elenco insistió en completar lo que habían empezado. Resulta hermosamente irónico no sólo que una película que dedica tanto tiempo a deconstruir cómo el arte afecta la consciencia, cómo nos moldeamos unos a otros a través de nuestras acciones y cómo el amor y el duelo alteran la percepción, a punto estuviera de no ver la luz, sino que su catalizador fuera el duelo y su impulso para llevarla a término, el amor.
En San Francisco, Thomas Anderson (Keanu Reeves) es el
exitoso diseñador de la revolucionaria
trilogía de videojuegos Matrix que
trabaja para una compañía llamada Deus Machina. Siente una atracción no
correspondida por Tiffany (Carrie-Ann Moss), una mujer a la que ve con
frecuencia en la cafetería de su barrio, pero cualquier intento de establecer contacto
queda siempre neutralizado por el hecho de que ella esté casada y con hijos.
Por otra parte, a Thomas le atormentan unos vagos recuerdos de haber sido Neo y
de Tiffany como Trinity. Su socio en la empresa, Smith (Jonathan Groff), le recuerda
que su último proyecto, “Binarios”, no va según lo previsto. Han superado el
presupuesto y Anderson parece creativamente estancado. Pero lo peor es que Warner
Brothers quiere que creen un cuarto juego de Matrix y, aunque no les gusta nada
la idea, también saben que, si no se ponen manos a la obra, el conglomerado
audiovisual encontrará a quien lo haga.
Al mismo tiempo, Bugs (Jessica Henwick), una hacker que ha
encontrado una puerta trasera en el sistema informático de Thomas, contacta con
él e intenta convencerle de que es realmente Neo, que fue resucitado y de nuevo
confinado en una nueva Matrix. Sin embargo, el terapeuta (Neil Patrick Harris) al
que acude regularmente Thomas, insiste en que todo eso es parte de una
alucinación. En una arriesgada misión, Bugs saca a Neo de Matrix y lo lleva a
Ío, el enclave sucesor de Sión, donde descubre que han pasado sesenta años
desde su última visita y que la Humanidad ahora coexiste allí con algunas
máquinas inteligentes. Neo insiste en que, cuando Bugs lo extrajo de su
cápsula, vio a Trinity en otra situada en el mismo lugar y está dispuesto a
rescatarla cueste lo que cueste. No tardará, sin embargo, en descubrir que las
máquinas han diseñado nuevas formas de manipularlo para mantenerlo a él y a
Trinity presos y perpetuamente separados.
“Matrix Res
urrection” tuvo una acogida dispar. Warner
Brothers la estrenó simultáneamente en cines y en streaming, pero en taquilla
quedó eclipsada por completo por “Spider-Man: No Way Home” (2021), el mayor
éxito cinematográfico de la era de la pandemia. De hecho, en su semana de
estreno, “Resurrections” tuvo que conformarse con el tercer puesto en recaudación
y, a diciembre de 2021, como la sexta película con mayores ingresos. Y en
cuanto a la crítica y como suele ser la norma con todas las cintas de los
Wachowski en la última década, hubo valoraciones para todos los gustos.
La película comienza con una secuencia que parece homenajear
a la primera entrega: una repetición de la escena en la que Trinity está frente
a un or
denador en un bloque de apartamentos cochambroso, es descubierta por los
agentes y se lanza por la ventana. Solo que ahora las cosas cambian un poco: el
papel de Trinity lo interpreta otra actriz y, observándolo todo hasta que
finalmente decide entrar en la lucha, está Bugs. Más tarde, ésta es rescatada
del almacén de llaves por un agente Smith/Morfeo (Yahya Abdul-Mateen II) que
parece haber adquirido la capacidad de desafiar su programación. Incluso hay
una escena en la que Bugs repite la escena de "¿píldora roja o azul?"
ante aquél.
A continuación, la trama salta a la “realidad” de Neo, al
que vemos otra vez como Thomas Anderson, un prog
ramador de talento. En este punto,
da la impresión de que Lana Wachowski no quería en realidad hacer esta película
y que, si accedió, fue obedeciendo a una gran presión. Y ello porque convierte
la primera mitad de la historia en una parábola nada sutil sobre alguien
(Anderson) que no quiere hacer una cuarta entrega de su rentable franquicia.
Hay incluso una escena en la que su jefe le dice a Anderson que, si no hacen
una cuarta Matrix, Warner Brothers los apartará del proyecto y cancelará sus
contratos.
Todo este segmento puede entenderse claramente como una ácida
crítica al cine moderno y su constante reciclaje de la propiedad intelec
tual,
una confesión por parte de Lana Wachowski de las pobres razones que han llevado
a la existencia de la propia película. Una cuarta entrega de Matrix era casi
inevitable, sobre todo en una época en la que Hollywood no deja sin exprimir ninguna
propiedad intelectual consolidada cuando podría tenerla generando ingresos. Por
eso el cine ha llegado a estar dominado por precuelas, secuelas y spin offs,
desde Star Wars a Harry Potter, de Space Jam al Planeta de los Simios, de Fast
& Furious a Venganza. Matrix es un material perfecto para ese tipo de
descarado pero lucrativo negocio: tiene una estética muy característica y los niños/jóvenes
que la vieron en su momento son ahora adultos nostálgicos con ingresos.
Es fácil entender por qué esto suscitó, en primera
instancia, el rechazo de las Wachowski. La trilogía de Matrix fue una obra de
amor, un proyecto personal en el que invirtieron mucho de sí mismas. Ambas
siempre han estado obsesionadas con el proceso creativo, interpretándolo como
algo inherentemente sincero, incluso sagrado. Después de la trilogía de Matrix,
lanzaron “Speed Racer”, sobre un niño que encuentra el sentido para su vida
en las carreras de coches. "Voy a
las carreras para verte crear arte", le dice su madre, Racer (Susan
Sarandon), a su hijo Speed (Emile Hirsch). "Y es hermoso, inspirador, y todo lo que el arte debería ser".
El villano de la película es el desalmado sistema capitalista que explota el
arte del joven.
Y así, este acto inicial de “Matrix Resurrections” se
centra principalmente en parodiar el cínico absurdo de una secuela de Matrix,
en diversas formas y variantes. Un plano de la secuencia inicial muestra un
letrero de neón que anuncia
el hotel “Heart O' The City”, pero la "e"
está rota, un detalle que apunta a que, desde el principio, todo gira en torno
al Arte ( (he)art). En esas escenas de arranque, Bugs viene a ser el trasunto
de un espectador nostálgico de la icónica secuencia con la que se inicia la
película original de Matrix. “Conocemos
esta historia”, observa Bugs. “Es un
déjà vu, pero obviamente todo está mal”. Su compañero Seq (Toby Onwumere)
se pregunta: “¿Por qué usar código
antiguo para representar algo nuevo?”, advirtiéndole repetidamente a Bugs de
que esa tendencia a la nostalgia es “una
trampa”, una observación que se vuelve cada vez más cierta a medida que
avanza la película. El programa informático Morfeo (Yahya Abdul-Mateen II),
atrapado en esa carnicería nostálgica inicial, explica: “No podemos verlo, pero todos estamos atrapados en estos extraños bucles
repetitivos”.
Anderson codificó ese bucle inicial de Matrix como un
experimento, intentando crear algo nuevo a partir de algo viejo. Eso es en gran
medida lo que, como película, pretende hacer “Resurrections”. Gran parte del
acto inicial está ocupado por debates sobre cómo debería ser “Matrix 4”, ¿y quién sabe cuántas más?”. Anderson
se sienta en una sala
de juntas mientras escucha a sus compañeros programadores
exponer sus ideas: uno quiere añadir más explosiones y dice que necesitan
encontrar un nuevo efecto impactante como el Bullet Time, mientras que otro
opina que "los reinicios venden".
Da la sensación de que la propia Lana Wachowski hubo de asistir a reuniones
similares en las que, con vergüenza ajena, soportaba sugerencias para la nueva
secuela, trasladando luego esos momentos al guion. En un momento dado, Bugs
afirma: "Eso es lo que hace Matrix.
Convierte cada idea en un arma. Cada sueño. Todo lo que es importante para
nosotros".
En otros momentos, el guion insinúa la idea de que ciertos
m
ovimientos contestatarios se hayan apropiado de la idea de la píldora roja, mientras
que el personaje de Jude (Andrew Lewis Caldwell) es la encarnación de esa
multitud de fans acríticos que han idolatrado cada minúsculo detalle de la saga.
Cuando Neo escapa de Matrix y lo someten a una sesión de entrenamiento contra
Morfeo, aquél se queja constantemente de que ya es demasiado viejo y que no
quiere volver a participar en el juego, o le dicen que sus movimientos son
demasiado lentos.
Varios personajes ofrecen diversas justificaciones para el resurgimiento
de la franquicia. Smith asegura que “el
mercado está difícil" y que la nostalgia mantendrá el tinglado a
flot
e. La Ciudad de las Máquinas se está quedando sin energía y el cínico
programa conocido como el Analista ha urdido un plan para sobrevivir: devolver
a la vida a Neo y Trinity y mantenerlos en una perpetua situación de tensión
sexual no resuelta, cruzando sus vidas continuamente pero sin permitir que
estas se fusionen porque ello significaría el final de la historia. En
definitiva, que optó por un reinicio para ayudar a una ciudad (sustitúyase por
industria, estudio, productora…) en crisis: "Solo hay que dar a la gente lo que quiere, ¿verdad?".
El problema es que puede que el Analista tenga razón: que
lo único que desea el público –o al menos una parte importante del mismo- es la
inmovilidad. En la escena final de la película, se enfrenta a Neo y Trinity y
no parece especialmente preocupado. Insiste en que aquellos a los que quiere
rescatar la pareja, re
chazarán cualquier cosa que se aparte de lo que conocen:
"Anhelan la comodidad de la certeza.
Y eso significa que ustedes dos, estarán de vuelta en sus cápsulas,
inconscientes y solos, igual que ellos". El guion, por tanto, entiende
que la nostalgia no es un fin, sino un medio. Bugs y Morfeo luchan por
despertar a Neo durante su primer encuentro, así que recrean la escena de la
película original. "Después de que
nuestro primer contacto saliera tan mal, pensamos que elementos de tu pasado
podrían ayudarte a entrar en el presente", explica Bugs. Morfeo, con
sus icónicas gafas de sol, aclara: "Nada
alivia la ansiedad como un poco de nostalgia". La nostalgia debe estar
al servicio de algo.
Lana Wachowski ha declarado que la idea tras “Matrix
Resurrections” fue algo muy personal, surgida, como dije, tras la muerte de su
madre, una confesión que ha confirmado
su hermana Lilly. A veces, da la
impresión de que la película es un intento desesperado de proteger a Matrix de
los estragos del capitalismo: "Tomaron
tu historia, algo que significaba tanto para gente como yo, y la convirtieron
en algo trivial", le dice Bugs a Neo. Y esa es la trampa. Porque
cuando Neo intenta rescatar a Trinity, el Analista lo atrapa en una réplica del
Bullet Time, la innovadora técnica de efectos especiales que convirtió a Matrix
en un film icónico. "Lo sé",
dice riendo, el villano, "Es un poco
irónico, usar el poder que te define para controlarte". Los Wachowski
crearon Matrix, pero no son sus dueños. Los estudios pueden explotarlo y
volverlo contra ellos en la forma de un producto degenerado. Parte del interés
de la película reside en la valentía y descaro con los que Lana Wachowski
canaliza esa crítica.
En la escena final, como he dicho, Neo y Trinity se encaran
con el Analista y le revelan su intención de rehacer el mundo. "Antes de empezar, decidimos pasar a darte
las gracias", le dice Trinity. "Nos diste algo que nunca pensamos que podríamos tener: otra oportunidad".
Es como un zorro anunc
iando que lo han dejado suelto en el gallinero, como si
Wachowski agradeciera a Warner Bros. que le hubieran concedido un presupuesto muy
sustancioso y la oportunidad de recuperar su trabajo y utilizarlo para exponer
sus ideas, en concreto –y tal y como ella afirmó- la experiencia trans. La
imagen y la autoimagen son temas clave aquí. Los personajes ya no viajan a
través de teléfonos, sino de espejos. La película establece repetidamente
distinciones entre la imagen que proyectan los personajes y sus yoes auténticos,
necesitados de una forma que refleje su verdadera naturaleza. Sin ir más lejos,
Neo, Trinity y Smith habitan cuerpos que no les pertenecen.
En muchos sentidos, toda la franquicia Matrix ha obligado a
sus directoras a lidiar con el legado que ellas mismas dejaron con la película
original. Las dos secuelas fueron una deconstrucción deliberada de la narrativa
arquetípica del "Elegido" desarrollada en la primera entrega. Por lo
tanto, tiene sentido que cuando Lana Wachowski se arremangó para meterse de
lleno en esta secuela tardía, decidiera también abordar algunos de los asuntos más
espinosos de esa película original.
Wachowski ha sido bastante sincera sobre lo que considera
interpretaciones e
rróneas de Matrix. Ha señalado la ironía de que algunas de
ellas se expongan de forma tan doctrinal y excluyente como el propio sistema objeto
de crítica en las películas. "Para
algunos es una interpretación muy rígida, casi ideológica; no le ven la gracia
al hecho de que su perspectiva sea un sistema más controlado que la propia
Matrix", reflexionó en una entrevista con “Entertainment Weekly”.
Matrix se basa en conceptos binarios. Es una historia de
humanos contra máquinas; de personajes que luchan por la libertad y escapan de
la esclavitud. Se trata de "nosotros" o "ellos". Es Neo
como "el Elegido", en contraste con todos los demás, peones
int
ercambiables. Es la píldora roja o la píldora azul, despierto o dormido,
realidad o ilusión. Por supuesto, estas rígidas dicotomías son en gran medida
construcciones irreales que ayudan a mantener claridad narrativa, pero es fácil
que el público las abrace y acepte como si realmente sólo hubiera dos
alternativas. "He estado pensando en
nosotros, Tom", reflexiona Smith en la película, "Mira qué binaria es la forma, la naturaleza
de las cosas. Unos y ceros. Luz y oscuridad. La elección y su ausencia. Anderson
y Smith". Es una premisa sencilla, tan fácil de digerir como la
proverbial píldora roja. Sin embargo, también es una cosmovisión que puede
prestarse fácilmente a la polarización.
Pues bien, “Matrix Resurrections” rechaza estas simplificaciones
bicéfalas. En la secuencia inicial, Bugs le ofrece a Morfeo las clásicas
píldoras roja y azul. "¿A esto le
llamas una elección?", protesta. "En serio, cuando alguien me ofreció esto, me centré en concepciones
binarias del mundo y dije que de ninguna manera iba a aceptar una reducción
simbólica de mi vida", responde Bugs. "Y la mujer de las píldoras se rió porque no entendía nada". Cuando
el espectador se reencuentra con Thomas, éste se halla diseñando un nuevo juego
titulado “Binarios” que no termina de funcionar en su cabeza. Para escapar del
bloqueo, empieza a jugar con el código antiguo de su videojuego “Matrix” y crea
una simulación de su antiguo me
ntor Morfeo (Laurence Fishburne), hibridándolo con
su antiguo enemigo, el Agente Smith (Hugo Weaving). Es un rechazo explícito de
la dicotomía simplona entre el Bien y el Mal, entendiendo, en cambio, que este
nuevo Morfeo debe ser un reflejo algorítmico de dos fuerzas que definieron y
moldearon a Neo. Smith es tan parte del drama como Morfeo. Ninguno puede existir
independientemente del otro. La codificación de Anderson de la nueva versión de
Morfeo sugiere que quizás la única manera de avanzar sea rechazar la idea de
límites rígidos.
Para ser
justos, hay que reconocer que esto ya estaba
presente en las dos secuelas anteriores. En la escena inicial de “Matrix
Revolutions”, Neo está atrapado en una estación de metro entre el mundo virtual
y el real. Allí, se encuentra con los programas Rama-Kandra (Bernard White) y
Kamala (Tharini Mudaliar), que tienen la esperanza de salvar a su hija Sati
(Tanveer K. Atwal). Neo se sorprende al descubrir que los programas pueden
reproducirse y oír a un programa hablar de amor. Después de todo, quizás los
humanos y las máquinas no sean tan diferentes.
“Matrix Resurrections” es muy consciente de los desafíos
que afrontan muchas de estas secuelas nostálgicas que tratan de recuperar
escenarios conocidos por
el aficionado. Obviamente, caer en patrones familiares
puede borrar cualquier sensación de progreso respecto de las películas
anteriores. Al ver “Star Wars: El Despertar de la Fuerza” (2015) o “Ghostbusters:
El Legado” (2021) es inevitable preguntarse qué lograron realmente los héroes
en las primeras entregas porque en las nuevas siguen librando las mismas
batallas una y otra vez.
Neo reconoce este problema nada más despertar, cuando le
cuentan que la Humanidad está de nuevo en guerra con las máquinas y que Matrix vuelve
a atrapar a los humanos para utilizarl
os como combustible. "He vuelto al punto de partida", se
queja a Bugs. "Parece que todo lo
que hice, todo lo que hicimos, no importó". Sin embargo, Bugs le deja
claro rápidamente que sí marcó la diferencia y que, aunque la actual situación
es grave, las cosas cambiaron. Por ejemplo, Bugs capitanea una nave cuya
tripulación está compuesta de humanos, máquinas (prefieren el término
"sintéticos") y programas inteligentes. Las fronteras entre el mundo
real y Matrix son ahora mucho más porosas. Al igual que Neo y Bugs son formas
de vida orgánicas que pueden conectarse a la realidad virtual, ahora el
programa Morfeo puede manifestarse en el mundo real a través de un "código de partículas exomórficas".
Cuando Neo llega a la ciudad de Ío, descubre que humanos y formas de vida
artificiales conviven en armonía y trabajando por el bien común.
"Lo que
cambiaste es lo que nadie creía que pudiera cambiarse", le dice B
ugs a
Neo. De hecho, cuando Neo se reúne con su vieja amiga Niobe (Jada Pinkett
Smith), ella reconoce que la humanidad necesitaba superar esta limitada forma
de pensar y que los conceptos rígidamente binarios eran una trampa mental tan
peligrosa como la simulación misma. “Sión
estaba atrapada en el pasado. Atrapada en la guerra. Atrapada en su propia
Matrix. Creían que teníamos que ser nosotros o ellos. Esta ciudad fue construida
por nosotros y ellos”.
“Matrix Resurrections” está llena de decisiones binarias…
que no lo son. Cuando Niobe encarcela a Neo, Mo
rfeo sugiere que éste se
enfrenta a "la opción de permanecer
dócilmente encarcelado o escapar e ir a buscar a Trinity"; pero, al
mismo tiempo, admite que "eso no es
una opción". Cuando a Bugs y su equipo se les da la opción de "quedarse aquí y morir, o volver y
enfrentarse a un juicio militar", Morfeo reflexiona: "¿Y a eso le llamas una opción?".
A veces, las opciones son más que una simple disyuntiva. A veces no son
opciones en absoluto.
Este rechazo a las binarizaciones es evidente incluso en el
lenguaje vis
ual de la película. Las anteriores entregas de Matrix, con algunas
breves excepciones, tendían a una paleta de colores monocromática y desaturada.
En contraste, “Matrix Resurrections” rechaza esta dicotomía de blanco y negro
con tintes verdes, y su paleta de colores se asemeja más la de “Speed Racer”
o “El Atlas de las Nubes”. El cuero negro deja paso a los vaqueros azules y la
gamuza amarilla. El cielo es azul brillante y naranja, no nublado y gris.
“Matrix Resurrections” es, sin duda, la obra de una
cineasta que ha madurado y evolucionado d
esde la época en la que cocreó la
trilogía original. Se asemeja tanto a “El Atlas de las Nubes” como a una
secuela de Matrix, lo cual no sorprende considerando que el guionista de la
primera, el novelista David Mitchell, coescribió el libreto de esta. En “El
Atlas de las Nubes”, la idea central es que nuestras vidas no nos pertenecen y
que estamos sutilmente conectados a todo el resto del mundo, incluidos nuestros
antepasados y descendientes. Todo está conectado y, por eso, las personas tienen
la obligación de ayudarse mutuamente.
“Resurrections” es una película más reflexiva que sus
predecesoras y eso es algo que tiene que tenerse en cuenta a la hora de
valorarla. De alguna manera, Lana Wachowski y sus guionistas, además de
convertirla en una crítica contra ciert
o tipo de cine, identificaron ciertos
errores o elementos mejorables de la trilogía original e intentaron trabajarlos
más. Por ejemplo, recontextualizando la narrativa del "Elegido" de la
película original. El guion enfatiza repetidamente la importancia de existir en
armonía en lugar de en perpetua oposición. Incluso el clímax de la película
presenta una "alianza inesperada"
entre Neo y Smith. El Analista (Neil Patrick Harris) descubre que Neo no es tan
especial. "Solos, ninguno de los dos
tiene ningún valor en particular", reflexiona. "Como los ácidos y las bases, sois peligrosos
cuando os mezcláis". Incluso Smith reconoce que Neo no es único.
"Cualquiera podría ser tú".
En “Matrix”, tanto Morfeo como Trini
ty son esenciales para
ayudar a Neo a convertirse en el héroe que la Humanidad necesita en ese
momento. Dado que esa película cuenta la historia de él, es posible verla y
asumir que el suyo es el único arco que importa, marginando el del resto,
empezando por el de Trinity. Esta marginación de los personajes femeninos es un
cliché tan común que la influyente crítica norteamericana Tasha Robinson lo
bautizó como "Síndrome de Trinity".
Ahora, “Resurrections” le pide a Neo que devuelva el favor.
Crea una versió
n de Morfeo que puede escapar de su código, como si le pagara la
deuda a su mentor. Ese Morfeo ayuda a Neo a escapar y luego éste ayuda a
Trinity a encontrarse a sí misma. "Ella
creyó en mí", le dice Neo a Bugs. "Es mi turno de creer en ella". En el clímax de la película,
cuando Neo y Trinity dan su salto de fe, es ella quien vuela y salva a su amado.
La película termina con Neo y Trinity empoderados. Ni siquiera necesita ella tomar
la píldora roja.
En cuanto al reparto y como era de esperar, reaparecen varios
personajes y los actores que los encarnaron origina
lmente, incluyendo a Neo,
Trinity, Niobe o el Merovingio. Otros personajes, como el Agente Smith y
Morfeo, son interpretados por actores diferentes. Algunas sustituciones no
funcionan: como el Agente Smith principal, Jonathan Groff carece de la fría
inhumanidad de Hugo Weaving y parece demasiado suave y educado. Aunque no
compense esa ausencia, Neil Patrick Harris interpreta un buen papel de villano
como El Analista.
Aunque no creo que Reeves ni Moss sean buenos actores,
tengo que admitir que, gracias al guion y esa presencia venerable que les ha
dado a sus rostros el paso de los años, consiguen aportar a sus respectivos
personajes el aspecto
y actitud precisos para esta historia: más cansados, más
indiferentes a todo excepto al nexo que los une; pero también más cálidos, más
reales. El romance entre ambos en la trilogía original estaba demasiado
condicionado y dirigido por el peso del Destino como para resultar interesante,
creíble o emotivo. Ahora tenemos a una pareja con una relación más fluida y
contrastada, entre la fuerza y la ira chispeante de Trinity y la serenidad
compasiva de Neo.
Habrá muchos aficionados que se sientan decepcionados por
no encontrar aquí grandes secuencias de efec
tos especiales. La primera película
tenía el Bullet Time; “Matrix Reloaded”, la persecución en la autopista; y “Matrix
Revolutions”, la Batalla por Sión. Pero “Resurrections” carece de algo semejante:
una o dos peleas durante la secuencia inicial, con Bugs cayendo por la pared de
un edificio y realizando algunos movimientos de lucha; una bien coreografiada
pelea a bordo de un tren bala japonés, otra dentro de la cafetería con equipos
SWAT suspendidos en el aire, seguida de una persecución con Neo en la parte
trasera de una motocicleta apartando a los adversarios con sus poderes… pero
nada que te deje pegado al asiento ni que redefina el género de acción como sí
hicieron las Wachowski en su primera película de la saga.
Pero es que también en este aspecto “Resurrections” refleja
la evolución de Wachowski, tal y como he apuntado antes en relación a la paleta
d
e colores. En la trilogía original ella y su hermana creaban detallados
storyboards y diseñaban con la mayor exactitud sobre el papel lo que pretendían
conseguir. Era una forma de controlar su narrativa, porque, como ella mismo
admitió, había mucho en su interior que sentía fuera de control. Más adelante,
cuando abrazó su identidad, su forma de trabajar también cambió, asumiendo la
idea de capturar lo que no se puede controlar. Así, utilizó aquí cámaras
digitales de mano y prescindió de secuencias de acción demasiado elaboradas realizadas
a partir de storyboards. El resultado es una película que no se hunde en la
nostalgia por mero interés crematístico, sino que utiliza una iconografía
familiar para el espectador con el fin de articular un metadiálogo con sus
anteriores films.
“Matrix Res
urrections” es la obra melancólica y nostálgica de
una cineasta que ha recorrido un largo camino personal y creativo desde las
películas originales de la saga. La directora no trata de replicar lo que ya
hizo dos décadas atrás, sino utilizarlo para reflexionar sobre la propia obra,
sobre la industria que la cobija y sobre ella misma. Es una película que
entiende que la verdadera libertad reside en rechazar las opciones binarias fáciles
y las falsas decisiones, que le da un giro a la trilogía original y no perpetúa
su contexto, sino que construye sobre él.
Plantea, además, incómodas preguntas que surgen de la
observación de nuestras debilidades como humanos: ¿Cuántas personas tomarían la
píldora roja si tuvieran la oportunidad? ¿Cuán fáciles somos de manipular,
coaccionar y engañar para que nos sintamos conformes con una situación con la
que, en el fondo, no estamos de acuerdo? ¿Por qué, a pesar de saber que hay
cosas que andan muy mal, no hacemos nada? Encontramos, también, temas presentes
en toda su filmografía, como la forma en que la consciencia moldea la realidad o
la necesidad de aceptar la conexión empática ante la omnipresente apatía y
crueldad del mundo moderno.
H
ay quien puede opinar que esta secuela no la había pedido
nadie –excepto los codiciosos ejecutivos de Warner, claro-, que es innecesaria
e irrelevante. Puede ser. Pero teniendo en cuenta que probablemente Lana
Wachowski aceptó encargarse de ella como un mal menor antes que dejar que otros
mancillaran su legado, es una obra coherente no sólo con lo visto en la
trilogía original sino con la evolución de la directora y los temas que, como
he dicho, han constituido la base de casi toda su filmografía.
En cuanto a su irrelevancia, puede ser más discutible. En
la película Neo tiene que volver a enfrentarse con problemas y peligros
similares a los de la primera trilogía. Y sí, naturalmente, eso genera en el
espectador cierta sensación de deja vu. Pero es que en nuestro propio mundo
está pasando algo parecido. “Matrix Resurrections” nos recuerda que estamos
fracasando a la hora de construir un mañana mejor. La tecnología ha pasado de
ser una herramienta a un amo, ya adopte la forma de una IA o de una red social
adictiva. Neo y Trinity lucharon por un futuro mejor y se sacrificaron por
obtener el entend
imiento y la armonía entre los humanos y las máquinas. Y,
efectivamente, se produjeron avances muy beneficiosos, pero ahora se están
volviendo a cometer los mismos errores y a una escala global: divisiones
sociales aparentemente irreconciliables, erosión de la confianza en las
instituciones, incapacidad para distinguir lo real de lo falso, manipulación
interesada de grupos ideológicos, religiosos o empresariales, pesimismo
respecto al futuro, sensación de impotencia, realidades convertidas por los
medios en algo parecido a videojuegos, acumulación de poder en unas pocas manos
en un grado como nunca antes en la Historia…
Por eso, puede que “Resurrections” sea una adición no solicitada a una franquicia que todo el mundo daba justificadamente por finiquitada, pero de ahí a decir que es irrelevante y está vacía de contenido digno de reflexión, hay un gran trecho.

No hay comentarios:
Publicar un comentario