“A Ciegas” (“Bird Box”, 2018) fue un éxito rotundo para Netflix, llegando incluso a inspirar uno de esos ridículos fenómenos de las redes sociales en el que los usuarios se sometían a retos peligrosos con los ojos vendados y en los cuales más de uno perdió la vida por insensato. La película ofrecía una historia intensa, evocadora, con buenas interpretaciones y escenas impactantes que mezclaba thriller, terror y drama. Quizá su principal problema, además de que las explicaciones sobre el origen de la catástrofe eran frustrantemente vagas, fue que llegó después del estreno de “Un Lugar Tranquilo” (2018), que tenía una premisa similar. Aunque la novela en la que estaba basada “A Ciegas” había aparecido antes que “Un Lugar Tranquilo”, quienes no la habían leído pensaron que no era más que una suerte de copia modificada.
En cualquier caso, como he dicho, “A Ciegas” fue un éxito inesperado, convirtiéndose en uno de los filmes más vistos de la plataforma. En esta ocasión, Netflix optó por no exprimir antes de la cuenta la "gallina de los huevos de oro" con una secuela apresurada que decepcionara a quienes habían disfrutado de la primera. Así que se tomaron su tiempo para decidir cómo expandir el universo sin repetir la misma fórmula.
Pero es que, además, Josh Malerman, el autor del libro, no
publicó la secuela literaria, titulada “Malorie”, hasta mediados de 2020.
Netflix suele esperar a tener un material de base sólido o la bendición del
autor antes de avanzar en una saga. Adaptar “Malorie” (cuya acción transcurría
años después) requería de una logística com
plicada, sobre todo en lo que se
refiere a coordinarse con la agenda de una estrella como Sandra Bullock. Y, por
si esto fuera poco, entre 2020 y 2022 la industria del cine se detuvo casi por
completo debido a la pandemia de Covid-19. Las producciones en curso y los
rodajes en otros países sufrieron retrasos debido a las restricciones de viaje
y protocolos de salud, lo que movió el calendario de estrenos al menos un año y
medio.
Al final, se decidió que, en lugar de una secuela convencional con repetición de protagonista, se haría una “deslocalizada”. Netflix pensó que sería más interesante ver cómo el apocalipsis afectaba a otras partes del mundo. Producir una película en España con un equipo y visión diferentes, podía ser una propuesta atractiva y para darle forma eligieron a dos españoles, los hermanos Alex y David Pastor, quienes para entonces se habían convertido en nombres a tener en cuenta en el cine de género. Tuvieron un impresionante debut como directores con la cinta de apocalipsis vírico “Infectados”. A ésta le siguieron “Los Últimos Días” (2013), sobre una plaga mundial de agorafobia; y “Hogar” (2020), sobre un exinquilino que se venga de quienes se mudaron a su apartamento. También han trabajado como guionistas en la historia de fantasmas “Out of the Dark” (2014) y el thriller de intercambio de cuerpos “Eternal” (2015), dirigida por Tarsem Singh, además de crear la serie de televisión “Incorporated” (2016-7), ambientada en un futuro dominado por corporaciones todopoderosas.
(Atención, el siguiente comentario contiene spoilers)
Barcelona, nueve meses después de que el mundo quedara
devastado por una catástrofe de aparen
te origen extraterrestre y en la que todo
aquel que abre los ojos a la luz natural es empujado al suicidio por
misteriosas criaturas invisibles. Sebastián (Mario Casas) deambula por las
ruinas de la civilización con su pequeña hija Ana (Alejandra Howard). Ambos se
unen a un grupo de supervivientes que se han refugiado en el interior de una estación
de autobuses. Lo que estos no saben, sin embargo, es que Sebastián es uno de
los que abrieron los ojos y sobrevivieron a la experiencia, aunque no con la
mente intacta. Por la noche, mientras los demás duermen en uno de los
autobuses, enciende el contacto y lo estrella afuera, obligando a todos a
quitarse las vendas y abrir los ojos para que se suiciden.
Nueve meses atrás, Sebastián era un hombre de negocios que
quedó atrap
ado en el caos resultante de esa terrible pandemia, luchando por
volver a casa con Ana y su esposa Laura. Después de que ésta muriera
atropellada y por circunstancias que se aclaran en la trama, se convirtió en
uno de los obsesionados con obligar a otros supervivientes a ver a los
"ángeles", creyendo que cuantas más almas les proporcionara, más cerca
estaría de reunirse con Laura. Pero en el siguiente grupo con el que contacta,
encuentra a una niña alemana, Sofía (Naila Schuberth), que le recuerda a su
propia hija. El roce con ella le empieza a hacer dudar de su misión “divina”.
Los dir
ectores ofrecen una muy potente escena de arranque
con la traición de Sebastián a los supervivientes que le acogen. A los pocos
minutos, por tanto, han subvertido las expectativas iniciales y quien parecía
alguien luchando desesperadamente por sobrevivir resulta ser el villano de la
historia. Sebastián no sólo puede ver, sino que se ha convertido en un lobo
para sus congéneres, infiltrándose en los grupos de asustados supervivientes con
engaños y promesas para luego asesinarlos y contemplar extasiado cómo sus almas
suben a los cielos (o eso es lo que cree ver).
Los hermanos Pastor le dan a “Bird Box: Barcelona” un tono
visual mucho más oscuro que el anodino con el que Susanne Bier rodó la película
original.
La visión de una Barcelona desierta, en silencio, con basura, coches
calcinados o estrellados por las calles y cadáveres de suicidas esparcidos por
el paisaje urbano, atrapa al espectador, le mete dentro de la historia y le
mantiene en un continuo desasosiego. La razón de este cambio de orientación
parece clara: mientras que Bier (que aquí participa como productora ejecutiva)
venía de una trayectoria como directora dramática, los hermanos Pastor ya
estaban en este punto bien bregados en el cine de género y, en particular, con
el cine apocalíptico. No es casual que muchas de las escenas que transcurren en
los subterráneos recuerden a “Los Últimos Días”.
Bier sólo tenía un interés superficial en mostrar el
apocalipsis, pero los Pastor comienzan enseguida a intercalar extensos
flashbacks de los primeros momentos de la catástrofe, con la ciudad sumid
a en
el caos, gente ahorcándose, saltando por las ventanas, estrellándose con los
coches e incluso un terrorífico suicidio en masa en un andén de metro. También
emplean una serie de modestos pero muy efectivos efectos visuales para mostrar tomas
panorámicas de la ciudad en ruinas. “Bird Box: Barcelona” nos da, por tanto,
una visión mucho más completa del apocalipsis.
“A Ciegas” se centraba únicamente en los personajes
principales y su supervivencia inmediata en el peligroso mundo creado tras la
llegada de las criaturas. Los Pastor, atenuando la iluminación y dándole a todo
el decorado un aire a
jado, consiguen que todas las escenas tengan suspense en
mayor o menor medida. A esto contribuyó su radical decisión de convertir en
protagonista al que en, realidad, es el villano de la historia. El problema es
que esto sólo le deja un camino a ese personaje: el de redención mediante su
sacrificio. En este sentido, la película, pasada la sorpresa inicial, se torna
previsible en cuanto a su desenlace.
Algunos de los supervivientes del segundo grupo, como Claire
(Georgina Campbell), una doctora con un profundo instinto maternal, y Sofía, la
niña que quedó separada de su madre en el caos de los primeros días, tienen
algo más de papel y las actrices hacen una buena labor dá
ndoles vida (en
cambio, tengo bastantes problemas con Mario Casas, cuya dicción y exagerada
intensidad no me convencen). Pero el resto son mera carne de cañón. A los cinco
minutos de aparecer en pantalla, ya se puede señalar sin temor a equivocarse
quién va a salir vivo del trance y quién no. También es bastante obvio la
auténtica naturaleza de la relación entre Sebastián y Ana, así como el papel
que jugará el sacerdote perturbado (Leonardo Sbaraglia) en el climax
(personaje, por cierto, que se parece mucho al imaginado por Carlos Sisí para
su saga literaria de “Los Caminantes”). Quizá hubiera sido necesario invertir
más tiempo en la historia de fondo entre padre e hija para que la resonancia
emocional entre los personajes fuera más intensa y las escenas del tercer acto tuvieran
mayor impacto.
Al no dedicar el suficiente tiempo a los personajes y
utilizarlos básicamente como peones para que la trama avance hacia su desenlace,
es difícil preocuparse por su destino y, en este sentido y aun cuando las
escenas de tensión e
stán muy bien ejecutadas, el suspense no es tan intenso
como podría. Probablemente, el guion (obra de los mismos Pastor) habría
funcionado mejor de haber incluido un grupo de personas intentando huir hacia
un refugio sin saber quién de ellos era el villano, el cual iría matándolos uno
a uno. ¿Convencional? Desde luego. El problema aquí es que, pasada la sorpresa
inicial de descubrir la auténtica naturaleza de Sebastián, ya solo queda ver en
qué forma se sacrificará para salvar a los previsibles supervivientes del
“body-count” subsiguiente.
También se mezclan ciertos temas y elementos de forma algo confusa.
De entrada, “Bird
Box: Barcelona” tiene intenciones muy diferentes a las de la
película original. Mientras que ésta era una historia postapocalíptica al
estilo de George Romero, en la los humanos eran los verdaderos monstruos y que
tenía un importante componente “maternal” (en la figura de la protagonista),
los Pastor cambian la maternidad por el duelo y la crisis de fe, en concreto,
fe católica –al fin y al cabo, la acción se desarrolla en España-. Las
criaturas escogen a los más creyentes y perturban sus mentes en la dirección
hacia la que es más sencillo dirigirlas, esto es, convenciéndolos de que han
sido elegidos como agentes de Dios y que las voces que escuchan son las de los ángeles.
Así, el muy católico Sebastián cree ver volar hacia el
cielo las almas de aquellos que empuja al suicidio; le regala a su hija (y a
Sofía luego) un medallón de un Serafín con seis alas; las criaturas utilizan su
fe para que crea que matar gente le permitirá ganar méritos para reunirse con
su mujer e hija; el antagonista principal
es un sacerdote iluminado que dibuja
el Ojo de Horus y Anubis (el Ojo que todo lo ve) en las frentes de quien va a
sacrificar, asegurándoles que sólo hace la obra del Señor… La película no solo ataca
las creencias católicas, sino que también socava la premisa de la primera
película, a saber, que el apocalipsis no lo ha desatado un virus o una invasión
extraterrestre, sino una entidad incorpórea que, al ser vista por un humano,
hace que los “buenos” se suiciden al creer oír a sus familiares fallecidos, y
convierte a los psicópatas, enfermos mentales y fervientes creyentes en sus sirvientes
–vía una no muy bien explicada modificación del ADN-.
Pero el mensaje anticlerical queda sofocado por escenas
sangrientas que no añaden contenido sustancial. “Barce
lona” es ligeramente más
sangrienta pero menos aterradora que “A Ciegas”. De hecho, el terror genuino ni
siquiera parece ser uno de los efectos buscados por los cineastas. Esto no
quiere decir que la película no tenga momentos escalofriantes, como la
mencionada antes en el túnel del metro, el caos en las calles durante los
primeros momentos del apocalipsis o la secuencia del climax.
Es posible que los Pastor se atuvieran a ciertas
directrices establecid
as por Netflix de cara a propiciar nuevas secuelas que
exploren otros aspectos o localizaciones geográficas de ese apocalipsis. De
hecho, llegados los créditos finales, los principales enigmas siguen sin
respuesta: ¿Qué son exactamente estas entidades? ¿Qué aspecto tienen? ¿De dónde
vienen? ¿Por qué actúan de esa manera? Los directores recuperan esos misterios
y añaden otros de su propia cosecha, dando la sensación de que lo que quiere
Netflix es dejar el final abierto para que los espectadores vean la siguiente
película (que, a fecha de hoy, no se ha confirmado todavía).
En resumen, “Bird Box: Barcelona” es una película que mezcla
CF, terror y suspense de una forma razon
ablemente eficaz que puede satisfacer a
un público generalista poco exigente o poco bregado en el género. Es cierto que
los Pastor consiguen darle su propia identidad, tomando el mismo concepto que
la primera y desarrollándolo de varias maneras interesantes que tienen poco que
ver con la entrega precedente. Sin embargo, no llega a satisfacer todo su
potencial porque los riesgos que los guionistas/directores parecían haber
asumido de partida, quedan diluidos en los tropos del género
postapocalíptico-zombi, que se suceden hasta el desenlace. Un producto, en fin,
que se acerca al ideal platónico de Netflix: no te dejará boquiabierto ni se
alojará en tu memoria para siempre, pero ofrece una historia con el suficiente
gancho como para no volver a la carátula de inicio y perder otros treinta
minutos decidiendo qué ver a continuación.

No hay comentarios:
Publicar un comentario