jueves, 26 de febrero de 2026

2023- BIRD BOX BARCELONA – Hermanos Pastor



“A Ciegas” (“Bird Box”, 2018) fue un éxito rotundo para Netflix, llegando incluso a inspirar uno de esos ridículos fenómenos de las redes sociales en el que los usuarios se sometían a retos peligrosos con los ojos vendados y en los cuales más de uno perdió la vida por insensato. La película ofrecía una historia intensa, evocadora, con buenas interpretaciones y escenas impactantes que mezclaba thriller, terror y drama. Quizá su principal problema, además de que las explicaciones sobre el origen de la catástrofe eran frustrantemente vagas, fue que llegó después del estreno de “Un Lugar Tranquilo” (2018), que tenía una premisa similar. Aunque la novela en la que estaba basada “A Ciegas” había aparecido antes que “Un Lugar Tranquilo”, quienes no la habían leído pensaron que no era más que una suerte de copia modificada.

 

En cualquier caso, como he dicho, “A Ciegas” fue un éxito inesperado, convirtiéndose en uno de los filmes más vistos de la plataforma. En esta ocasión, Netflix optó por no exprimir antes de la cuenta la "gallina de los huevos de oro" con una secuela apresurada que decepcionara a quienes habían disfrutado de la primera. Así que se tomaron su tiempo para decidir cómo expandir el universo sin repetir la misma fórmula.

 

Pero es que, además, Josh Malerman, el autor del libro, no publicó la secuela literaria, titulada “Malorie”, hasta mediados de 2020. Netflix suele esperar a tener un material de base sólido o la bendición del autor antes de avanzar en una saga. Adaptar “Malorie” (cuya acción transcurría años después) requería de una logística complicada, sobre todo en lo que se refiere a coordinarse con la agenda de una estrella como Sandra Bullock. Y, por si esto fuera poco, entre 2020 y 2022 la industria del cine se detuvo casi por completo debido a la pandemia de Covid-19. Las producciones en curso y los rodajes en otros países sufrieron retrasos debido a las restricciones de viaje y protocolos de salud, lo que movió el calendario de estrenos al menos un año y medio.

 

Al final, se decidió que, en lugar de una secuela convencional con repetición de protagonista, se haría una “deslocalizada”. Netflix pensó que sería más interesante ver cómo el apocalipsis afectaba a otras partes del mundo. Producir una película en España con un equipo y visión diferentes, podía ser una propuesta atractiva y para darle forma eligieron a dos españoles, los hermanos Alex y David Pastor, quienes para entonces se habían convertido en nombres a tener en cuenta en el cine de género. Tuvieron un impresionante debut como directores con la cinta de apocalipsis vírico “Infectados”. A ésta le siguieron “Los Últimos Días” (2013), sobre una plaga mundial de agorafobia; y “Hogar” (2020), sobre un exinquilino que se venga de quienes se mudaron a su apartamento. También han trabajado como guionistas en la historia de fantasmas “Out of the Dark” (2014) y el thriller de intercambio de cuerpos “Eternal” (2015), dirigida por Tarsem Singh, además de crear la serie de televisión “Incorporated” (2016-7), ambientada en un futuro dominado por corporaciones todopoderosas.

(Atención, el siguiente comentario contiene spoilers)

Barcelona, ​​nueve meses después de que el mundo quedara devastado por una catástrofe de aparente origen extraterrestre y en la que todo aquel que abre los ojos a la luz natural es empujado al suicidio por misteriosas criaturas invisibles. Sebastián (Mario Casas) deambula por las ruinas de la civilización con su pequeña hija Ana (Alejandra Howard). Ambos se unen a un grupo de supervivientes que se han refugiado en el interior de una estación de autobuses. Lo que estos no saben, sin embargo, es que Sebastián es uno de los que abrieron los ojos y sobrevivieron a la experiencia, aunque no con la mente intacta. Por la noche, mientras los demás duermen en uno de los autobuses, enciende el contacto y lo estrella afuera, obligando a todos a quitarse las vendas y abrir los ojos para que se suiciden.

 

Nueve meses atrás, Sebastián era un hombre de negocios que quedó atrapado en el caos resultante de esa terrible pandemia, luchando por volver a casa con Ana y su esposa Laura. Después de que ésta muriera atropellada y por circunstancias que se aclaran en la trama, se convirtió en uno de los obsesionados con obligar a otros supervivientes a ver a los "ángeles", creyendo que cuantas más almas les proporcionara, más cerca estaría de reunirse con Laura. Pero en el siguiente grupo con el que contacta, encuentra a una niña alemana, Sofía (Naila Schuberth), que le recuerda a su propia hija. El roce con ella le empieza a hacer dudar de su misión “divina”.

 

Los directores ofrecen una muy potente escena de arranque con la traición de Sebastián a los supervivientes que le acogen. A los pocos minutos, por tanto, han subvertido las expectativas iniciales y quien parecía alguien luchando desesperadamente por sobrevivir resulta ser el villano de la historia. Sebastián no sólo puede ver, sino que se ha convertido en un lobo para sus congéneres, infiltrándose en los grupos de asustados supervivientes con engaños y promesas para luego asesinarlos y contemplar extasiado cómo sus almas suben a los cielos (o eso es lo que cree ver).

 

Los hermanos Pastor le dan a “Bird Box: Barcelona” un tono visual mucho más oscuro que el anodino con el que Susanne Bier rodó la película original. La visión de una Barcelona desierta, en silencio, con basura, coches calcinados o estrellados por las calles y cadáveres de suicidas esparcidos por el paisaje urbano, atrapa al espectador, le mete dentro de la historia y le mantiene en un continuo desasosiego. La razón de este cambio de orientación parece clara: mientras que Bier (que aquí participa como productora ejecutiva) venía de una trayectoria como directora dramática, los hermanos Pastor ya estaban en este punto bien bregados en el cine de género y, en particular, con el cine apocalíptico. No es casual que muchas de las escenas que transcurren en los subterráneos recuerden a “Los Últimos Días”.

 

Bier sólo tenía un interés superficial en mostrar el apocalipsis, pero los Pastor comienzan enseguida a intercalar extensos flashbacks de los primeros momentos de la catástrofe, con la ciudad sumida en el caos, gente ahorcándose, saltando por las ventanas, estrellándose con los coches e incluso un terrorífico suicidio en masa en un andén de metro. También emplean una serie de modestos pero muy efectivos efectos visuales para mostrar tomas panorámicas de la ciudad en ruinas. “Bird Box: Barcelona” nos da, por tanto, una visión mucho más completa del apocalipsis.

 

“A Ciegas” se centraba únicamente en los personajes principales y su supervivencia inmediata en el peligroso mundo creado tras la llegada de las criaturas. Los Pastor, atenuando la iluminación y dándole a todo el decorado un aire ajado, consiguen que todas las escenas tengan suspense en mayor o menor medida. A esto contribuyó su radical decisión de convertir en protagonista al que en, realidad, es el villano de la historia. El problema es que esto sólo le deja un camino a ese personaje: el de redención mediante su sacrificio. En este sentido, la película, pasada la sorpresa inicial, se torna previsible en cuanto a su desenlace.

 

Algunos de los supervivientes del segundo grupo, como Claire (Georgina Campbell), una doctora con un profundo instinto maternal, y Sofía, la niña que quedó separada de su madre en el caos de los primeros días, tienen algo más de papel y las actrices hacen una buena labor dándoles vida (en cambio, tengo bastantes problemas con Mario Casas, cuya dicción y exagerada intensidad no me convencen). Pero el resto son mera carne de cañón. A los cinco minutos de aparecer en pantalla, ya se puede señalar sin temor a equivocarse quién va a salir vivo del trance y quién no. También es bastante obvio la auténtica naturaleza de la relación entre Sebastián y Ana, así como el papel que jugará el sacerdote perturbado (Leonardo Sbaraglia) en el climax (personaje, por cierto, que se parece mucho al imaginado por Carlos Sisí para su saga literaria de “Los Caminantes”). Quizá hubiera sido necesario invertir más tiempo en la historia de fondo entre padre e hija para que la resonancia emocional entre los personajes fuera más intensa y las escenas del tercer acto tuvieran mayor impacto.

 

Al no dedicar el suficiente tiempo a los personajes y utilizarlos básicamente como peones para que la trama avance hacia su desenlace, es difícil preocuparse por su destino y, en este sentido y aun cuando las escenas de tensión están muy bien ejecutadas, el suspense no es tan intenso como podría. Probablemente, el guion (obra de los mismos Pastor) habría funcionado mejor de haber incluido un grupo de personas intentando huir hacia un refugio sin saber quién de ellos era el villano, el cual iría matándolos uno a uno. ¿Convencional? Desde luego. El problema aquí es que, pasada la sorpresa inicial de descubrir la auténtica naturaleza de Sebastián, ya solo queda ver en qué forma se sacrificará para salvar a los previsibles supervivientes del “body-count” subsiguiente.

 

También se mezclan ciertos temas y elementos de forma algo confusa. De entrada, “Bird Box: Barcelona” tiene intenciones muy diferentes a las de la película original. Mientras que ésta era una historia postapocalíptica al estilo de George Romero, en la los humanos eran los verdaderos monstruos y que tenía un importante componente “maternal” (en la figura de la protagonista), los Pastor cambian la maternidad por el duelo y la crisis de fe, en concreto, fe católica –al fin y al cabo, la acción se desarrolla en España-. Las criaturas escogen a los más creyentes y perturban sus mentes en la dirección hacia la que es más sencillo dirigirlas, esto es, convenciéndolos de que han sido elegidos como agentes de Dios y que las voces que escuchan son las de los ángeles. 

 

Así, el muy católico Sebastián cree ver volar hacia el cielo las almas de aquellos que empuja al suicidio; le regala a su hija (y a Sofía luego) un medallón de un Serafín con seis alas; las criaturas utilizan su fe para que crea que matar gente le permitirá ganar méritos para reunirse con su mujer e hija; el antagonista principal es un sacerdote iluminado que dibuja el Ojo de Horus y Anubis (el Ojo que todo lo ve) en las frentes de quien va a sacrificar, asegurándoles que sólo hace la obra del Señor… La película no solo ataca las creencias católicas, sino que también socava la premisa de la primera película, a saber, que el apocalipsis no lo ha desatado un virus o una invasión extraterrestre, sino una entidad incorpórea que, al ser vista por un humano, hace que los “buenos” se suiciden al creer oír a sus familiares fallecidos, y convierte a los psicópatas, enfermos mentales y fervientes creyentes en sus sirvientes –vía una no muy bien explicada modificación del ADN-.

 

Pero el mensaje anticlerical queda sofocado por escenas sangrientas que no añaden contenido sustancial. “Barcelona” es ligeramente más sangrienta pero menos aterradora que “A Ciegas”. De hecho, el terror genuino ni siquiera parece ser uno de los efectos buscados por los cineastas. Esto no quiere decir que la película no tenga momentos escalofriantes, como la mencionada antes en el túnel del metro, el caos en las calles durante los primeros momentos del apocalipsis o la secuencia del climax.

 

Es posible que los Pastor se atuvieran a ciertas directrices establecidas por Netflix de cara a propiciar nuevas secuelas que exploren otros aspectos o localizaciones geográficas de ese apocalipsis. De hecho, llegados los créditos finales, los principales enigmas siguen sin respuesta: ¿Qué son exactamente estas entidades? ¿Qué aspecto tienen? ¿De dónde vienen? ¿Por qué actúan de esa manera? Los directores recuperan esos misterios y añaden otros de su propia cosecha, dando la sensación de que lo que quiere Netflix es dejar el final abierto para que los espectadores vean la siguiente película (que, a fecha de hoy, no se ha confirmado todavía).

 

En resumen, “Bird Box: Barcelona” es una película que mezcla CF, terror y suspense de una forma razonablemente eficaz que puede satisfacer a un público generalista poco exigente o poco bregado en el género. Es cierto que los Pastor consiguen darle su propia identidad, tomando el mismo concepto que la primera y desarrollándolo de varias maneras interesantes que tienen poco que ver con la entrega precedente. Sin embargo, no llega a satisfacer todo su potencial porque los riesgos que los guionistas/directores parecían haber asumido de partida, quedan diluidos en los tropos del género postapocalíptico-zombi, que se suceden hasta el desenlace. Un producto, en fin, que se acerca al ideal platónico de Netflix: no te dejará boquiabierto ni se alojará en tu memoria para siempre, pero ofrece una historia con el suficiente gancho como para no volver a la carátula de inicio y perder otros treinta minutos decidiendo qué ver a continuación.

 

 

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