Aunque lejos de ser un nombre conocido fuera de su Japón natal o de los círculos de aficionados al manga, Tsutomu Nihei, considerado un maestro del comic nipón moderno de ciencia ficción, ha ido acumulando un entusiasta grupo de seguidores, cautivando su obra tanto a aficionados como críticos gracias a la fuerza de sus conceptos e imágenes, a través de los cuales transmite una sensación de devastadora inmensidad. Su visión del futuro lejano está influenciada por el ciberpunk y el biopunk, exhibiendo una inventiva visual que ha inspirado y estimulado a otros creadores ajenos a la esfera del manga y el anime.
Más allá de su influencia en el ámbito de los videojuegos,
el alcance de la obra
de Nihei ha experimentado un nuevo salto desde que
Netflix trasladó al formato anime dos de sus obras. "Knights of
Sidonia" (2014-2015), una serie de dos temporadas que totalizó 24
episodios; y una película, "Blame!".
Antes de convertirse en mangaka, Nihei se formó como
arquitecto y también trabajó en la construcción. La influencia de ambas
actividades es harto evidente en su obra, repleta de impresionantes
representaciones de estructuras y edificios futuristas que se convierten en
personajes por derecho
propio. El arte de Nihei es a la vez sobrio y
laberíntico, y su obra se define por una obsesión unificadora de los inmensos
espacios salidos de su imaginación.
El efecto conseguido es de asombro, alienación y absoluta
soledad. Los humanos se encuentran dominados y desconectados de este enorme
paisaje artificial que sus antepasados construyeron hace mucho tiempo.
Temáticamente, está próxima a la serie de “La Tierra Moribunda”, de Jack Vance:
una civilización en los últimos estadios de decadencia, eclipsada por el peso
de su historia. Estéticamente, se ajusta a los parámetros biopunk y ciberpunk,
con c
iborgs, extraterrestres e ingeniería genética. Esta singular combinación
ha tenido una enorme influencia en el género, y su inspiración se ha extendido
a la ficción, el cine y el diseño de videojuegos. Con su
interés por el futuro lejano, la importancia del entorno y el concepto de los
humanos “potenciados” en un mundo artificial, la obra de Nihei aborda una de las
preguntas más nucleares de la ciencia ficción: ¿Qué hilo conductor nos conecta
con el futuro y qué permanece inalterado cuando todo lo demás, todo lo que nos
resulta familiar, cambia? Ahora bien, no todo es filosofía en este comic,
porque también hay mucho que disfrutar visualmente gracias al impresionante
diseño y las intensas escenas de acción.
“Blame!" se ambienta en La Ciudad, una megaestructura
de un futuro lejano que abarca quizá todo el planeta, aunque sus auténticas
dimensiones son desconocidas porque sus habitantes son incapaces de medir o siquiera
estimar su tamaño total. Se trata de una ciudad de múltiples niveles de altura,
inteligente y, a su peculiar estilo ciborg, viva y hostil a los humanos. Hubo
un tiempo en que éstos contaron con la capacidad de controlar con sus mentes las
omnipresentes máquinas de las que vivían rodeados y, por ende, la ciudad en su
conjunto. Pero, debido a algún tipo de epidemia, perdieron esa habilidad y el
Sistema de Seguridad los identificó como ilegales a los que había que destruir.
Mucho tiempo después, los supervivientes se han convertido
en refugiados del
mundo que construyeron, escondiéndose como pueden del Sistema
de Seguridad, que se manifiesta en forma de robots asesinos cuyo único propósito
es eliminarlos. Un misterioso joven llamado Killy viaja por ese terrorífico
paisaje urbano-apocalíptico, defendiéndose con ayuda de un arma de gran poder, un
Emisor de Haz Gravitatorio, mientras busca algún humano que todavía posea el "Gen
Terminal de Red", que podría permitir a la Humanidad recuperar el control
de su mundo. Pero como suele ser el caso de las historias de búsqueda, “Blame!”
trata menos del destino que del viaje, utilizando la perspectiva de Killy para
explorar el sobrecogedor universo que atraviesa.
Adaptar “Blame!” a la pantalla constituía un gran desafío
por varias razones. El interés del manga reside menos en la historia o los
personajes que en el dibujo y la experiencia visual y emocional que transmite. No
tiene una narrativa coherente y el ritmo es irregular, con grandes segmentos en
los que no
ocurre nada seguidos de combates caóticos y brutales. Sin embargo,
Netlix no se amilanó por estas dificultades y contrató al director Hiroyuki
Seshita, ya familiarizado con la obra de Nihei gracias a haber colaborado en la
adaptación de “Knights of Sidonia”; y también consiguió que el propio Nihei les
ayudara a sacar adelante el proyecto. Además, invirtieron una considerable
cantidad de dinero para asegurarse de que la calidad sería superior a la
habitual en un episodio de serie televisiva. A continuación, y respetando su habitual
estrategia de no intervención, dejaron que los creativos hicieran su trabajo.
En lugar de cometer el error de tratar de encajar toda la colección en una sola película, se escogió un único arco argumental y lo desarrollaron dejando abierta la opción para una secuela o incluso una serie. Mientras que el manga, como he dicho, sigue los pasos de el enigmático Killy por la megaestructura en constante crecimiento, la película cambia por completo el enfoque y se centra en la historia de una de las pocas y dispersas comunidades supervivientes.
Un puñado de adolescentes de una aldea aislada que se
enc
uentra en serios apuros por el agotamiento de la comida, deciden utilizar
las armas y el equipo especial con el que aún cuenta el pueblo (básicamente
trajes de combate que mejoran sus capacidades físicas y les dotan de visión de
realidad aumentada) para, sin permiso de los mayores, hacer una salida en busca
de alimento. Cuando son detectados por una de las torres de vigilancia y los
robots asesinos del Sistema de Seguridad se lanzan como una horda sobre ellos,
interviene de forma providencial un forastero llamado Killy, que acompaña a los
tres supervivientes de vuelta al poblado.
Killy no es
un humano ordinario (podría considerársele un
ciborg o quizá un androide avanzado) y su único interés es encontrar a un
humano que posea el mencionado Gen de Terminal de Red. En el nivel inferior al
poblado, Killy encuentra a Cibo, una científica cuya mente sobrevive en la
carcasa de un cuerpo robótico tras 200 años esperando a que alguien llegara. Revela
que intentó crear una forma sintética capaz de conectarse a la Red Esfera, pero
no tuvo éxito. Ahora propone a Killy y a los lugareños hacer una incursión en
una fábrica automatizada, donde no sólo podrán sintetizar toda la comida que
puedan imaginarse, sino fabricarse un terminal con el que volver a introducirse
en el ciberespacio de la Ciudad y devolver el control a los humanos.
El anime, para quienes ya conozcan el manga, podría
resultar decepcionante si lo que esperan es disfrutar de la misma experiencia
que en las viñetas.
Si bien el argumento es poco ambicioso en cuanto a su
escala, al menos no provoca una sobrecarga de información que agote al
espectador no iniciado y deja espacio suficiente para, en posibles futuros
proyectos, seguir explorando ese universo. En el aspecto visual, sin embargo,
la Ciudad es tan sobrecogedora y asfixiante como lo es sobre el papel. De
hecho, lo más interesante de la película son sus amplios planos panorámicos en
los que los humanos quedan absurdamente miniaturizados por la impresionante
escala de su vacío muerto, desolado, lúgubre y carente del más mínimo atisbo de
vida natural.
Los creadores supieron reconocer que “Blame!” tendría que
ser una experiencia eminentemente visual que tratara de reproducir el mundo
oscuro, duro y caótico al tiempo que arquitectónico del manga. No todo el mundo
apreciará que redujeran el número de fotogramas por segundo con el fin de darle
a la película una ilusión de producto más tradicional, pero
lo cierto es que el
resultado es más atractivo que ese aspecto impecable que tienen los productos
generados íntegramente por computadora. Los diseños de los personajes son un
poco más suaves que los del manga, pero, en general, se mantienen bastante
fieles a éste; y, aunque la película, por las razones expuestas, prescinde de
muchos de los villanos de la colección, sí consigue que los más recordados, los
robots del Sistema de Seguridad, transmitan la adecuada sensación de amenaza
letal e insuperable.
La principal crítica que se le puede hacer a la película es
que, a diferencia del manga, no consigue que el espectador obtenga una
comprensión clara del entorno en que se ambienta, esto es, sus dimensiones, su
estructura, su diversidad, sus peligros… Aunque también hay que recordar que
Nihei dispuso para explorar su universo no de 105
minutos sino de unas 2.500
páginas (dependiendo de la edición). Aún así, considero que guionistas,
director, diseñadores y animadores hicieron un buen trabajo de adaptación,
conservando el aura de misterio y el sentido de aventura. Eso sí, para alguien
no particularmente entusiasta con la forma nipona de entender el ritmo, éste
puede ser otro de los inconvenientes de “Blame!”.Aunque empieza muy bien, (las
secuencias iniciales son impresionantes en ritmo y suspense), el metraje total
se antoja demasiado alargado. Algunas escenas podrían haberse acortado o
suprimido. Además, los reiterativos y estáticos primeros planos de la cara de Killy
me parecieron algo cutres, pero los fans del manga original podrían ser más
tolerantes con esto.
Por otra parte, y además de la escasa trama, la caracterización
es muy escasa. Teóricamente, el héroe de la función es Killy, pero es imposible
simpatizar con él porque no cambia su ceñuda expresión en toda la película y
apenas
tiene un puñado de frases. Más allá de ser un tipo duro y estoico que al
final hace lo correcto, no sabemos nada de él. Y no me refiero a su pasado –el
cual puede mantenerse oculto para conservar el aura de misterio del personaje-,
sino a un atisbo de sus sentimientos, una reacción ante las emociones y palabras
de quienes le acompañan. La situación no es mejor en el caso del resto de los
humanos, porque si bien su circunstancia es terrible, tampoco hacen nada
inspirador. El puñado de personajes con más presencia, son básicamente clichés
con poco más que un nombre con el que identificarlos: el líder, el segundo al
mando, la chica buena, la temperamental, los enamorados de ambas… De hecho, a veces
sólo se les distingue por la voz del actor de doblaje, algo que no debería
suceder habida cuenta de la cantidad de muertes que se producen y el impacto
emocional que supuestamente deberían tener sobre el espectador.
Quizá “Bla
me!” no sea la adaptación definitiva del manga de
Nihei (el de serie habría sido un formato más apropiado), pero, desde luego, es
mejor que muchas otras que han llevado comics a la pantalla. Es un producto más
arriesgado de lo habitual teniendo en cuenta los objetivos comerciales que
suele fijar Netflix para su plataforma; mantiene la esencia de la atmósfera y estilo
del manga; los efectos de sonido y la animación son de calidad; las secuencias
de acción, muy intensas y violentas y no se suaviza la sensación que transmite
la megaestructura que todo lo domina. Eso sí, no es la película más recomendable
para quienes antepongan el argumento a todo lo demás, ya que su principal
atractivo reside en su atmósfera y los misterios a los que se enfrentan los
personajes más que el retrato que se hace de éstos mismos.

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