“Alien” (1979) es, sin duda, una de las películas más emblemáticas del género. Su influencia ha sido inmensa, empezando por el diseño general y el de su criatura en particular, imitado por docenas de títulos similares. Y, además, fue el film que ascendió a Ridley Scott a la primera división de directores. James Cameron dirigió la primera de las secuelas, “Aliens” (1986), una cinta de acción muy intensa que, con un tono diferente, puede medirse cara a cara con su predecesora. A esta le siguieron otras secuelas de eficacia y calidad variables, como “Alien 3” (1992) y “Alien: Resurrección” (1997). El estudio propietario entonces de los derechos, 20th Century Fox, intentó un crossover sin demasiado interés entre el universo Alien y el de Depredador, materializado en “AVP: Alien vs. Predator” (2004) y “AVPR: Aliens vs. Predator Requiem” (2007). Ridley Scott regresó a la saga con dos precuelas, “Prometheus” (2012) y “Alien:Covenant” (2017). Y ya más recientemente, la última propuesta de la franquicia Depredador, “Badlands” (2025) también se desarrolla dentro del universo Alien.
“Alien: Romulus”, la decimocuarta entrega de la franquicia
conjunta Alien/
Predator, fue la seleccionada de entre una variedad de
propuestas para continuar la saga. Ridley Scott seguía empeñado en dirigir una
tercera precuela, pero un peor desempeño de lo esperado en taquilla por “Covenant”
detuvo en seco sus aspiraciones. Antes incluso, el director Neill Blomkamp
filtró ilustraciones conceptuales que apuntaban a recuperar los personajes de
Ripley y Hicks y eliminar de la continuidad “Alien 3” y “Alien: Resurrección”,
una idea de difícil materialización habida cuenta de la edad de los actores para
entonces. Se dijo también que James Cameron tenía planes para regresar a la
franquicia. Todo se paró cuando Disney, en 2019, se hizo con los estudios 20th
Century Fox y todo su catálogo. Era cuestión de tiempo que se diera luz verde a
un nuevo proyecto con el que rentabilizar una de sus recién adquiridas
propiedades intelectuales. Y de ahí nació “Alien: Romulus”, en la que su
director y coguionista, el uruguayo Fede Álvarez, llevaba tiempo trabajando.
Diez años después de los acontecimientos que llevaron a la
destrucción de la nave Nostromo, una sonda automática investiga sus restos y
recupera de entre ellos un bloque c
on un alienígena preservado. Algún tiempo
después, en el planeta minero Jackson's Star, la joven Rain Carradine (Cailee
Spaeny) intenta que la compañía Weyland-Yutani la libere del contrato que
firmaron sus ya fallecidos padres tras haber cumplido el periodo de trabajo
exigido. Sin embargo, la empresa tiene dificultades para encontrar nuevo
personal habida cuenta de la dureza de las condiciones en ese mundo, por lo que
cambia las reglas arbitrariamente y le prorroga su contrato cinco años,
enviándola, además, a las mismas minas en las que sus padres contrajeron el
cáncer de pulmón que los llevó a la tumba.
Así las cosas, no les resulta difícil a un grupo de sus
amigos, veinteañeros como ella, convencerla para que se les una en la huida que
tienen planea
da para reubicarse en la colonia de Yvaga, fuera del control de la
compañía. La oferta no es desinteresada. El viaje dura varios años y dado que
van a realizarlo a bordo de una simple lanzadera de carga, necesitan cápsulas
criogénicas en las que dormir todo ese tiempo. Para ello, van a entrar
ilegalmente en una estación espacial abandonada que Weyland-Yutani tiene en
órbita y sustraerlas. A tal fin, necesitan la ayuda de Andy (David Jonsson), un
androide defectuoso de la compañía reprogramado por el difunto padre de Rain
para protegerla y al que ésta trata como un auténtico hermano. En principio, al
ser un producto fabricado por Weyland-Yutani, tendrá acceso a la computadora
“Madre” de las instalaciones, lo que les hará posible entrar en todos los
hábitats de la estación.
Cuando llegan a su destino, una estación dividida en dos
sectores conectados, Rómulo y Remo, se encuentran c
on que las cámaras
criogénicas sólo tienen combustible para seis años, así que se ven obligados a
buscar más de éste. Sin darse cuenta de lo que hacen, irrumpen en un laboratorio
sellado y liberan una multitud de abrazacaras. Los supervivientes de ese
encuentro, descubren poco después que esa fase ha evolucionado rápidamente
hasta alcanzar su forma adulta. Por si esto fuera poco, el grupo tiene menos de
una hora antes de que la órbita de la estación la lleve a colisionar con los
anillos del planeta. Con la premisa claramente establecida, ya solo queda ver
cómo los personajes van cayendo uno a uno presas de los aliens.
Circula una teoría que afirma predecir el resultado de una
película co
n solo analizar la producción previa y el desempeño del director. Como
regla general, si el realizador ha firmado una serie de películas malas, el nuevo
proyecto no divergirá de su anterior trayectoria –con las siempre esperables
excepciones-. Así que, según esta hipótesis y si nos fijamos en la carrera de
su máximo responsable, Fede Alvarez, “Alien: Romulus” debería haber sido un
desastre total.
Álvarez debutó en el formato de largometraje con el remake algo
soso de “Posesión Infernal” (2013). Luego dirigió “No respires” (2016) para la
productora Ghost House de Sam Raimi, un thriller bastan
e eficaz sobre unos
adolescentes que entran a robar en la casa de un ciego sólo para encontrar lo
que no esperaban. A continuación, escribió y produjo la muy inferior secuela,
"No respires 2" (2021), dirigida por Rodo Sayagues. Sin embargo, la
peor película de su currículum es "Lo que no te Mata te hace Más Fuerte” (2018),
secuela de “Los Hombres que no Amaban a las Mujeres” (2011), con la que
convirtió el agobiante thriller sueco en un film de acción ridícula apoyado en
un reparto desastroso. La carrera de Álvarez hasta ese momento, por tanto, había
consistido principalmente en rehacer o dirigir secuelas de películas ajenas. De
hecho, también produjo otro poco recomendable remake, “La Matanza de
Texas" (2022). A la luz de todo esto, su contratación para revivir la franquicia
de Alien, no era la perspectiva más prometedora posible.
Lo primero que salta a la vista de “Romulus” es que nos
vuelve a contar, en esencia, la misma historia que “Alien”, pero con un reparto
juvenil. Sorpr
endentemente y a pesar de las dudas que pudieran haberse
albergado a la vista de su trayectoria profesional, Álvarez ofrece una secuela
medianamente decente en la que trata de mezclar elementos de las películas
anteriores de la saga sin salirse de las convenciones de la misma. Ninguna de las
anteriores secuelas se había atrevido a alterar significativamente la premisa
básica: un grupo de humanos asediados por los aliens en un lugar del que no
pueden huir: una nave en el espacio profundo, una colonia, una prisión o una
estación espacial. “Romulus” no es una excepción: recupera la ambientación de
un laboratorio en el espacio (ya utilizado en “Alien: Resurrección”), pero, al
menos, introduce dos nuevos elementos que añaden tensión suplementaria: la
gravedad cero y la órbita inestable que aboca a las instalaciones a la
destrucción inminente.
Fede Álvarez, que nació
un año antes de que se estrenara
“Alien”, es lo que podríamos llamar un “futurista nostálgico”, alguien que
abraza la idea –incongruente al tiempo que atractiva- de mirar al futuro a
través de la lente del pasado, en este caso los años 70. Junto a su socio
creativo y coguionista Rodo Sayagues, el director afronta “Romulus” como un
corto “fan-fiction”, pero con un presupuesto de 80 millones de dólares. Así, salpican
toda la historia de homenajes, referencias y guiños a las películas anteriores
e incluso los videojuegos que ha generado la franquicia.
Se deja claro que la acción transcurre entre lo sucedido en
“Alien” y “Aliens”.
Un Ian Holm digital vuelve a encarnar a un siniestro androide,
esta vez llamado Rook, que repite, literalmente, algunas frases de la cinta
origina
l. La tecnología y diseño recuerda también mucho a la de la película de
Ridley Scott. Pero el número y sutileza de estas recuperaciones acaba pasándose
de la raya cuando, por ejemplo, Andy exclama dirigiéndose al alien: “¡Aléjate de ella, zorra!”; o cuando tiene
lugar el nacimiento de ese inquietante híbrido que mezcla deliberadamente el
concepto ya explorado en “Alien: Resurrección” con el aspecto de uno de los
Ingenieros de “Prometheus”. Al final, en lugar de utilizar esos elementos ya
conocidos para hacer algo distinto con ellos, terminan por convertirse en una
distracción vacía.
Sucede muy a menudo con las franquicias cinematográficas y
con algunas series de televisión, que si el estudio o los creadores se ven
incapaces de hacerlas avanzar hacia el futuro –quizá por miedo a la reacción de
los fans más intransigentes y activos en las redes sociales-, opten por situar
sus nuevas historias en el pasado o utilizarlas para reiniciar la saga. Esto,
en parte o totalmente, obedece a la esperanza de atraer nuevos espectadores,
presentando actores más de moda, incorporando efectos especiales más modernos y
modificando el ritmo y la estética de acuerdo a los gustos contemporáneos.
El problema cuando se entra en el juego de insertar
películas entre las ya existentes dentro de
una saga cinematográfica (por no
hablar de comics, videojuegos, etc) es que guionistas y directores acaban
perdiendo la cuenta de qué personajes tendrían que recordar esto o lo otro, que
información era ya conocida en tal o cual punto o qué evolución ha seguido la
tecnología. En 1979, el lento viaje del Nostromo tuvo lugar en 2122, pero
“Prometheus”, que se estrenó en 2012, se ambienta en 2089 y para entonces ya parecen
existir naves más rápidas que la luz. “Alien: Romulus” tiene lugar en 2142,
mientras Ripley aún estaba en criosueño y no había podido informar a
Weyland-Yutani de la existencia de los xenomorfos. Y, sin embargo, aquí los
vemos ya recuperar el alien del pecio para experimentar con él.
También habría que suponer que los Ingenieros de
“Prometheus” tenían más de una instalación creando armas biológicas; o que
había más de una nave transportando huevos para hacer lo que fuera que tenían
planeado. Probable
mente abrieron uno de los huevos de su nave e infectaron a
uno de los tripulantes. No se sabe con certeza por qué solo sobrevivió el
piloto. Claro que, tanto la película de 1992 “Alien 3” (ambientada en 2179)
como la de 1997 “Alien: Resurrección” (en 2381) revelan la existencia del
xenomorfo, lo que marca saltos temporales significativos. ¿Podrían haber
tardado tanto en clonar a Ripley nueve veces? Cabe preguntarse por qué nadie se
molestó en regresar al planeta LV-426 para buscar la nave original de los
Ingenieros, ya que debía estar lo suficientemente lejos de la explosión de la
colonia de Hadley's Hope en “Aliens” como para no quedar afectada.
Todo el mundo pensó que cuando Ripley lanzó al espacio a “su”
criatura en “Alien”, encendiendo a co
ntinuación los motores, ésta quedó
vaporizada. ¿Cómo entonces la sonda del principio de “Romulus” encuentra un
xenomorfo flotando en un escombro proveniente de la Nostromo? Aún más confuso
es que, hasta donde sabíamos, los xenomorfos llevan un solo huevo. Sin una
reina, ¿cómo pudieron los científicos de Weyland-Yutani producir tantos abrazacaras?
Más adelante, se sugiere que hicieron un modelado 3D de éstos. ¿Se puede
procesar su sangre también con una impresora 3D? Además, muchos de esos
abrazacaras no permanecen resguardados en sus huevos a la espera de su
anfitrión, sino que corretean por las instalaciones en busca de presas.
"Romulus", tratando de dejar su propia huella en
la franquicia, modifica el ciclo vital de los xenomorfos, añadiendo una fase
hasta ahora desconocida
entre el revientapechos y el estadio adulto. Nada que
objetar en cuanto al diseño de esta especie de vagina colgante que
probablemente recibiría el visto bueno de H.R. Giger. Lo referente a la
coherencia con el resto de la saga es más discutible. Ridley Scott estableció
en su dupla “Prometheo” – “Covenant” que toda esta aterradora raza era producto
de la experimentación de seres inteligentes. Teniendo en cuenta esto, podría
argumentarse que cada cepa de xenomorfos sea algo diferente del resto.
También se podría objetar que en las otras películas de la
saga el alienígena iba pasando por los distintos estadios de su ciclo vital en
el curso de varios días, mientras que en esta pa
san de la fase de abrazacaras a
su tamaño adulto en menos de 47 minutos. Aunque es necesario tener en cuenta
que ese suspense y misterio crecientes y a fuego lento de “Alien”, a estas
alturas, ya no tiene sentido dado que los espectadores están más que
familiarizados con el ciclo vital de la criatura, lo que facilita dejar eso de
lado en favor de algo más de caracterización de los personajes y la descripción
de las dinámicas entre ellos.
El problema es que el grupo de jóvenes fugitivos carece del
carisma y la presencia individual de los tripulantes del Nostromo o los marines
del Sula
co. Al principio se hace un esfuerzo por individualizarlos y
perfilarlos apuntando a traumas pasados o intereses amorosos, pero todo ese
esfuerzo se desperdicia una vez llegan a la estación, donde acaban siendo mero
pasto para xenomorfos. Es difícil sentir las muertes de los personajes cuando
el guionista no ha hecho lo suficiente como para que el espectador se sienta
cercano a ellos. Lo cual puede resultar decepcionante para algunos espectadores
más exigentes, pero hay que reconocer que la mayoría del público acude a ver
exactamente lo que aquí recibe: acción, sangre y sustos.
Lo que sí tiene sentido es que sean tan jóvenes. Sus
mayores están o bien muertos o bien demasiado agotados y desanimados c
omo para
intentar algo tan arriesgado a incierto como robar las criocápsulas de la
estación espacial y dirigirse a una colonia mejor sin la aprobación previa de
la Compañía. Todo lo que han conocido en sus todavía cortas vidas es un planeta
en perpetua oscuridad, con un ambiente malsano, sin más salidas que trabajos
peligrosos y una autoridad despótica. Soñar con algo mejor y estar dispuesto a
arriesgarse tanto para hacerlo realidad es propio de un espíritu juvenil.
En cuanto al reparto, la única a la que me atrevería a
destacar es a la protagonista, Cailee Spaeny, quien ya había ofrecido sendos
papeles muy destaca
bles en dos productos dirigidos por Alex Garland: la
miniserie “Devs” (2020) y “Civil War” (2024). El problema es que el talento de
la actriz queda en cierta medida eclipsado por las dimensiones de la producción
y las convenciones que limitan la historia, disponiendo de pocas oportunidades
para brillar; por no mencionar que su vestimenta y maquillaje son casi
idénticos a los de Katharine Waterston en “Alien: Covenant”. Al menos, Rain no
es una copia de Ripley: no sólo es más joven, sino que tiene una personalidad
más amable y cercana.
En cuanto a la trama y asumiendo que está ideada por un fan
de la saga para el disfrute de otros como él, es más interesa
nte de lo esperado
y se desarrolla con el suficiente pulso como para mantener el suspense. Ciertamente,
el grupo protagonista se encuentra con misterio cuya solución conocemos y trata
de enfrentarse a una situación que resulta familiar, pero, al menos, se
incorporan giros inesperados, como por ejemplo el androide Andy. Cuando lo
conocemos al principio de la película, parece un niño cariñoso con carencias de
desarrollo intelectual. Por eso, resulta bastante impactante verlo reprogramado
como una máquina fiel a las directrices de la compañía, abandonando fríamente a
un miembro del equipo en una sala llena de xenomorfos por el bien de la misión.
En el curso de la saga, los androides han tendido a
presentarse como “el Otro”, seres ajenos al grupo y emocionalmente inertes.
Pero en “Romulus”, la relación de Rain con su "hermano autista” Andy (el
cual interpreta muy notablamente David Jonsson), introduce un bienvenido
elemento emocional. Rain adora a Andy
y ambos se cuidan el uno al otro, pero
ella acaba encontrándose en la tesitura de abandonarlo si lo que quiere es
escapar de la penuria del planeta minero iniciando una nueva vida en Yvaga,
donde no admiten androides. Pero cuando, obligada por las circunstancias, le
inserta un disco de programación que restaura y repara su cerebro, Andy empieza
a adoptar decisiones lógicas que ningún humano tomaría jamás… ¿o sí? Al fin y
al cabo, Rain, que lo consideraba como parte de su familia, estaba dispuesta a
prescindir de él una vez llegaran a Yvaga, algo que el androide no tiene
inconvenientes en reprocharle una vez ha recuperado la lucidez mental.
Desde el momento en que los protagonistas llegan a la
estación espacial, “Alien: Romulus” se convierte en una sucesión de secuencias
terroríficas: el ataque de los abrazacaras en el laboratorio con la puerta
parcialmente atascada; muchas carreras por los pasillos; Bjorn atacando a una
crisálida que le rocía ácido; el desesperado intento de escapar en la lanzadera
que acab
a con el choque de ésta contra la otra mitad de la estación…. Algunos
de estos momentos son bastante creativos y nuevos dentro de la franquicia, como
cuando Rain desactiva el generador de gravedad mientras se enfrenta a los
alienígenas que se aproximan, agujereándolos solo para descubrir que todo el
lugar se queda lleno de cuajos de ácido flotante, debiendo sortearlos para
llegar a su destino. A esto le sigue una secuencia espeluznante en la que Rain
y Andy suben por el hueco de un ascensor. En el clímax también hay escenas
igualmente intensas, como cuando Rain, en un traje espacial y suspendida de un
cable a pocos metros de los anillos planetarios, tiene que lidiar con el híbrido
y el ácido que le carcome el casco.
“Alien: Romulus” no es una mala película, pero sí mayormente prescindible. Como he dicho, aporta algunos elementos nuevos, pero no con el suficiente peso como para convertirla en algo original o refrescante. Recicla los tropos que llevan recalentándose desde finales de los 70 y, para el espectador con cierta veteranía, todo sabe como un plato ya demasiadas veces cocinado. Que esto sea malo, bueno o neutro, dependerá de las expectativas de cada cual. Habrá un sector de los aficionados, los más sensibles a la nostalgia, que agradecerán que Disney no deje en animación suspendida la franquicia y estarán dispuestos a abrazar cualquier producto con una calidad técnica digna. Otros, en cambio, ya estarán hastiados de digerir una fórmula que ha sido utilizada innumerables veces, no sólo en esta franquicia sino en muchas otras películas que siguieron -y siguen- su estela.

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