martes, 20 de enero de 2026

2024- ALIEN: ROMULUS – Fede Alvárez



Alien” (1979) es, sin duda, una de las películas más emblemáticas del género. Su influencia ha sido inmensa, empezando por el diseño general y el de su criatura en particular, imitado por docenas de títulos similares. Y, además, fue el film que ascendió a Ridley Scott a la primera división de directores. James Cameron dirigió la primera de las secuelas, “Aliens” (1986), una cinta de acción muy intensa que, con un tono diferente, puede medirse cara a cara con su predecesora. A esta le siguieron otras secuelas de eficacia y calidad variables, como “Alien 3” (1992) y “Alien: Resurrección” (1997). El estudio propietario entonces de los derechos, 20th Century Fox, intentó un crossover sin demasiado interés entre el universo Alien y el de Depredador, materializado en “AVP: Alien vs. Predator” (2004) y “AVPR: Aliens vs. Predator Requiem” (2007). Ridley Scott regresó a la saga con dos precuelas, “Prometheus” (2012) y “Alien:Covenant” (2017). Y ya más recientemente, la última propuesta de la franquicia Depredador, “Badlands” (2025) también se desarrolla dentro del universo Alien.

 

“Alien: Romulus”, la decimocuarta entrega de la franquicia conjunta Alien/Predator, fue la seleccionada de entre una variedad de propuestas para continuar la saga. Ridley Scott seguía empeñado en dirigir una tercera precuela, pero un peor desempeño de lo esperado en taquilla por “Covenant” detuvo en seco sus aspiraciones. Antes incluso, el director Neill Blomkamp filtró ilustraciones conceptuales que apuntaban a recuperar los personajes de Ripley y Hicks y eliminar de la continuidad “Alien 3” y “Alien: Resurrección”, una idea de difícil materialización habida cuenta de la edad de los actores para entonces. Se dijo también que James Cameron tenía planes para regresar a la franquicia. Todo se paró cuando Disney, en 2019, se hizo con los estudios 20th Century Fox y todo su catálogo. Era cuestión de tiempo que se diera luz verde a un nuevo proyecto con el que rentabilizar una de sus recién adquiridas propiedades intelectuales. Y de ahí nació “Alien: Romulus”, en la que su director y coguionista, el uruguayo Fede Álvarez, llevaba tiempo trabajando.

 

Diez años después de los acontecimientos que llevaron a la destrucción de la nave Nostromo, una sonda automática investiga sus restos y recupera de entre ellos un bloque con un alienígena preservado. Algún tiempo después, en el planeta minero Jackson's Star, la joven Rain Carradine (Cailee Spaeny) intenta que la compañía Weyland-Yutani la libere del contrato que firmaron sus ya fallecidos padres tras haber cumplido el periodo de trabajo exigido. Sin embargo, la empresa tiene dificultades para encontrar nuevo personal habida cuenta de la dureza de las condiciones en ese mundo, por lo que cambia las reglas arbitrariamente y le prorroga su contrato cinco años, enviándola, además, a las mismas minas en las que sus padres contrajeron el cáncer de pulmón que los llevó a la tumba.

 

Así las cosas, no les resulta difícil a un grupo de sus amigos, veinteañeros como ella, convencerla para que se les una en la huida que tienen planeada para reubicarse en la colonia de Yvaga, fuera del control de la compañía. La oferta no es desinteresada. El viaje dura varios años y dado que van a realizarlo a bordo de una simple lanzadera de carga, necesitan cápsulas criogénicas en las que dormir todo ese tiempo. Para ello, van a entrar ilegalmente en una estación espacial abandonada que Weyland-Yutani tiene en órbita y sustraerlas. A tal fin, necesitan la ayuda de Andy (David Jonsson), un androide defectuoso de la compañía reprogramado por el difunto padre de Rain para protegerla y al que ésta trata como un auténtico hermano. En principio, al ser un producto fabricado por Weyland-Yutani, tendrá acceso a la computadora “Madre” de las instalaciones, lo que les hará posible entrar en todos los hábitats de la estación.

 

Cuando llegan a su destino, una estación dividida en dos sectores conectados, Rómulo y Remo, se encuentran con que las cámaras criogénicas sólo tienen combustible para seis años, así que se ven obligados a buscar más de éste. Sin darse cuenta de lo que hacen, irrumpen en un laboratorio sellado y liberan una multitud de abrazacaras. Los supervivientes de ese encuentro, descubren poco después que esa fase ha evolucionado rápidamente hasta alcanzar su forma adulta. Por si esto fuera poco, el grupo tiene menos de una hora antes de que la órbita de la estación la lleve a colisionar con los anillos del planeta. Con la premisa claramente establecida, ya solo queda ver cómo los personajes van cayendo uno a uno presas de los aliens.

 

Circula una teoría que afirma predecir el resultado de una película con solo analizar la producción previa y el desempeño del director. Como regla general, si el realizador ha firmado una serie de películas malas, el nuevo proyecto no divergirá de su anterior trayectoria –con las siempre esperables excepciones-. Así que, según esta hipótesis y si nos fijamos en la carrera de su máximo responsable, Fede Alvarez, “Alien: Romulus” debería haber sido un desastre total.

 

Álvarez debutó en el formato de largometraje con el remake algo soso de “Posesión Infernal” (2013). Luego dirigió “No respires” (2016) para la productora Ghost House de Sam Raimi, un thriller bastane eficaz sobre unos adolescentes que entran a robar en la casa de un ciego sólo para encontrar lo que no esperaban. A continuación, escribió y produjo la muy inferior secuela, "No respires 2" (2021), dirigida por Rodo Sayagues. Sin embargo, la peor película de su currículum es "Lo que no te Mata te hace Más Fuerte” (2018), secuela de “Los Hombres que no Amaban a las Mujeres” (2011), con la que convirtió el agobiante thriller sueco en un film de acción ridícula apoyado en un reparto desastroso. La carrera de Álvarez hasta ese momento, por tanto, había consistido principalmente en rehacer o dirigir secuelas de películas ajenas. De hecho, también produjo otro poco recomendable remake, “La Matanza de Texas" (2022). A la luz de todo esto, su contratación para revivir la franquicia de Alien, no era la perspectiva más prometedora posible.

 

Lo primero que salta a la vista de “Romulus” es que nos vuelve a contar, en esencia, la misma historia que “Alien”, pero con un reparto juvenil. Sorprendentemente y a pesar de las dudas que pudieran haberse albergado a la vista de su trayectoria profesional, Álvarez ofrece una secuela medianamente decente en la que trata de mezclar elementos de las películas anteriores de la saga sin salirse de las convenciones de la misma. Ninguna de las anteriores secuelas se había atrevido a alterar significativamente la premisa básica: un grupo de humanos asediados por los aliens en un lugar del que no pueden huir: una nave en el espacio profundo, una colonia, una prisión o una estación espacial. “Romulus” no es una excepción: recupera la ambientación de un laboratorio en el espacio (ya utilizado en “Alien: Resurrección”), pero, al menos, introduce dos nuevos elementos que añaden tensión suplementaria: la gravedad cero y la órbita inestable que aboca a las instalaciones a la destrucción inminente.

 

Fede Álvarez, que nació un año antes de que se estrenara “Alien”, es lo que podríamos llamar un “futurista nostálgico”, alguien que abraza la idea –incongruente al tiempo que atractiva- de mirar al futuro a través de la lente del pasado, en este caso los años 70. Junto a su socio creativo y coguionista Rodo Sayagues, el director afronta “Romulus” como un corto “fan-fiction”, pero con un presupuesto de 80 millones de dólares. Así, salpican toda la historia de homenajes, referencias y guiños a las películas anteriores e incluso los videojuegos que ha generado la franquicia.

 

Se deja claro que la acción transcurre entre lo sucedido en “Alien” y “Aliens”. Un Ian Holm digital vuelve a encarnar a un siniestro androide, esta vez llamado Rook, que repite, literalmente, algunas frases de la cinta origina
l. La tecnología y diseño recuerda también mucho a la de la película de Ridley Scott. Pero el número y sutileza de estas recuperaciones acaba pasándose de la raya cuando, por ejemplo, Andy exclama dirigiéndose al alien: “¡Aléjate de ella, zorra!”; o cuando tiene lugar el nacimiento de ese inquietante híbrido que mezcla deliberadamente el concepto ya explorado en “Alien: Resurrección” con el aspecto de uno de los Ingenieros de “Prometheus”. Al final, en lugar de utilizar esos elementos ya conocidos para hacer algo distinto con ellos, terminan por convertirse en una distracción vacía.  

 

Sucede muy a menudo con las franquicias cinematográficas y con algunas series de televisión, que si el estudio o los creadores se ven incapaces de hacerlas avanzar hacia el futuro –quizá por miedo a la reacción de los fans más intransigentes y activos en las redes sociales-, opten por situar sus nuevas historias en el pasado o utilizarlas para reiniciar la saga. Esto, en parte o totalmente, obedece a la esperanza de atraer nuevos espectadores, presentando actores más de moda, incorporando efectos especiales más modernos y modificando el ritmo y la estética de acuerdo a los gustos contemporáneos.

 

El problema cuando se entra en el juego de insertar películas entre las ya existentes dentro de una saga cinematográfica (por no hablar de comics, videojuegos, etc) es que guionistas y directores acaban perdiendo la cuenta de qué personajes tendrían que recordar esto o lo otro, que información era ya conocida en tal o cual punto o qué evolución ha seguido la tecnología. En 1979, el lento viaje del Nostromo tuvo lugar en 2122, pero “Prometheus”, que se estrenó en 2012, se ambienta en 2089 y para entonces ya parecen existir naves más rápidas que la luz. “Alien: Romulus” tiene lugar en 2142, mientras Ripley aún estaba en criosueño y no había podido informar a Weyland-Yutani de la existencia de los xenomorfos. Y, sin embargo, aquí los vemos ya recuperar el alien del pecio para experimentar con él.

 

También habría que suponer que los Ingenieros de “Prometheus” tenían más de una instalación creando armas biológicas; o que había más de una nave transportando huevos para hacer lo que fuera que tenían planeado. Probablemente abrieron uno de los huevos de su nave e infectaron a uno de los tripulantes. No se sabe con certeza por qué solo sobrevivió el piloto. Claro que, tanto la película de 1992 “Alien 3” (ambientada en 2179) como la de 1997 “Alien: Resurrección” (en 2381) revelan la existencia del xenomorfo, lo que marca saltos temporales significativos. ¿Podrían haber tardado tanto en clonar a Ripley nueve veces? Cabe preguntarse por qué nadie se molestó en regresar al planeta LV-426 para buscar la nave original de los Ingenieros, ya que debía estar lo suficientemente lejos de la explosión de la colonia de Hadley's Hope en “Aliens” como para no quedar afectada.

 

Todo el mundo pensó que cuando Ripley lanzó al espacio a “su” criatura en “Alien”, encendiendo a continuación los motores, ésta quedó vaporizada. ¿Cómo entonces la sonda del principio de “Romulus” encuentra un xenomorfo flotando en un escombro proveniente de la Nostromo? Aún más confuso es que, hasta donde sabíamos, los xenomorfos llevan un solo huevo. Sin una reina, ¿cómo pudieron los científicos de Weyland-Yutani producir tantos abrazacaras? Más adelante, se sugiere que hicieron un modelado 3D de éstos. ¿Se puede procesar su sangre también con una impresora 3D? Además, muchos de esos abrazacaras no permanecen resguardados en sus huevos a la espera de su anfitrión, sino que corretean por las instalaciones en busca de presas.

 

"Romulus", tratando de dejar su propia huella en la franquicia, modifica el ciclo vital de los xenomorfos, añadiendo una fase hasta ahora desconocida entre el revientapechos y el estadio adulto. Nada que objetar en cuanto al diseño de esta especie de vagina colgante que probablemente recibiría el visto bueno de H.R. Giger. Lo referente a la coherencia con el resto de la saga es más discutible. Ridley Scott estableció en su dupla “Prometheo” – “Covenant” que toda esta aterradora raza era producto de la experimentación de seres inteligentes. Teniendo en cuenta esto, podría argumentarse que cada cepa de xenomorfos sea algo diferente del resto.

 

También se podría objetar que en las otras películas de la saga el alienígena iba pasando por los distintos estadios de su ciclo vital en el curso de varios días, mientras que en esta pasan de la fase de abrazacaras a su tamaño adulto en menos de 47 minutos. Aunque es necesario tener en cuenta que ese suspense y misterio crecientes y a fuego lento de “Alien”, a estas alturas, ya no tiene sentido dado que los espectadores están más que familiarizados con el ciclo vital de la criatura, lo que facilita dejar eso de lado en favor de algo más de caracterización de los personajes y la descripción de las dinámicas entre ellos.

 

El problema es que el grupo de jóvenes fugitivos carece del carisma y la presencia individual de los tripulantes del Nostromo o los marines del Sulaco. Al principio se hace un esfuerzo por individualizarlos y perfilarlos apuntando a traumas pasados o intereses amorosos, pero todo ese esfuerzo se desperdicia una vez llegan a la estación, donde acaban siendo mero pasto para xenomorfos. Es difícil sentir las muertes de los personajes cuando el guionista no ha hecho lo suficiente como para que el espectador se sienta cercano a ellos. Lo cual puede resultar decepcionante para algunos espectadores más exigentes, pero hay que reconocer que la mayoría del público acude a ver exactamente lo que aquí recibe: acción, sangre y sustos.

 

Lo que sí tiene sentido es que sean tan jóvenes. Sus mayores están o bien muertos o bien demasiado agotados y desanimados como para intentar algo tan arriesgado a incierto como robar las criocápsulas de la estación espacial y dirigirse a una colonia mejor sin la aprobación previa de la Compañía. Todo lo que han conocido en sus todavía cortas vidas es un planeta en perpetua oscuridad, con un ambiente malsano, sin más salidas que trabajos peligrosos y una autoridad despótica. Soñar con algo mejor y estar dispuesto a arriesgarse tanto para hacerlo realidad es propio de un espíritu juvenil.

 

En cuanto al reparto, la única a la que me atrevería a destacar es a la protagonista, Cailee Spaeny, quien ya había ofrecido sendos papeles muy destacables en dos productos dirigidos por Alex Garland: la miniserie “Devs” (2020) y “Civil War” (2024). El problema es que el talento de la actriz queda en cierta medida eclipsado por las dimensiones de la producción y las convenciones que limitan la historia, disponiendo de pocas oportunidades para brillar; por no mencionar que su vestimenta y maquillaje son casi idénticos a los de Katharine Waterston en “Alien: Covenant”. Al menos, Rain no es una copia de Ripley: no sólo es más joven, sino que tiene una personalidad más amable y cercana.

 

En cuanto a la trama y asumiendo que está ideada por un fan de la saga para el disfrute de otros como él, es más interesante de lo esperado y se desarrolla con el suficiente pulso como para mantener el suspense. Ciertamente, el grupo protagonista se encuentra con misterio cuya solución conocemos y trata de enfrentarse a una situación que resulta familiar, pero, al menos, se incorporan giros inesperados, como por ejemplo el androide Andy. Cuando lo conocemos al principio de la película, parece un niño cariñoso con carencias de desarrollo intelectual. Por eso, resulta bastante impactante verlo reprogramado como una máquina fiel a las directrices de la compañía, abandonando fríamente a un miembro del equipo en una sala llena de xenomorfos por el bien de la misión.

 

En el curso de la saga, los androides han tendido a presentarse como “el Otro”, seres ajenos al grupo y emocionalmente inertes. Pero en “Romulus”, la relación de Rain con su "hermano autista” Andy (el cual interpreta muy notablamente David Jonsson), introduce un bienvenido elemento emocional. Rain adora a Andy y ambos se cuidan el uno al otro, pero ella acaba encontrándose en la tesitura de abandonarlo si lo que quiere es escapar de la penuria del planeta minero iniciando una nueva vida en Yvaga, donde no admiten androides. Pero cuando, obligada por las circunstancias, le inserta un disco de programación que restaura y repara su cerebro, Andy empieza a adoptar decisiones lógicas que ningún humano tomaría jamás… ¿o sí? Al fin y al cabo, Rain, que lo consideraba como parte de su familia, estaba dispuesta a prescindir de él una vez llegaran a Yvaga, algo que el androide no tiene inconvenientes en reprocharle una vez ha recuperado la lucidez mental.

 

Desde el momento en que los protagonistas llegan a la estación espacial, “Alien: Romulus” se convierte en una sucesión de secuencias terroríficas: el ataque de los abrazacaras en el laboratorio con la puerta parcialmente atascada; muchas carreras por los pasillos; Bjorn atacando a una crisálida que le rocía ácido; el desesperado intento de escapar en la lanzadera que acaba con el choque de ésta contra la otra mitad de la estación…. Algunos de estos momentos son bastante creativos y nuevos dentro de la franquicia, como cuando Rain desactiva el generador de gravedad mientras se enfrenta a los alienígenas que se aproximan, agujereándolos solo para descubrir que todo el lugar se queda lleno de cuajos de ácido flotante, debiendo sortearlos para llegar a su destino. A esto le sigue una secuencia espeluznante en la que Rain y Andy suben por el hueco de un ascensor. En el clímax también hay escenas igualmente intensas, como cuando Rain, en un traje espacial y suspendida de un cable a pocos metros de los anillos planetarios, tiene que lidiar con el híbrido y el ácido que le carcome el casco.

 

“Alien: Romulus” no es una mala película, pero sí mayormente prescindible. Como he dicho, aporta algunos elementos nuevos, pero no con el suficiente peso como para convertirla en algo original o refrescante. Recicla los tropos que llevan recalentándose desde finales de los 70 y, para el espectador con cierta veteranía, todo sabe como un plato ya demasiadas veces cocinado. Que esto sea malo, bueno o neutro, dependerá de las expectativas de cada cual. Habrá un sector de los aficionados, los más sensibles a la nostalgia, que agradecerán que Disney no deje en animación suspendida la franquicia y estarán dispuestos a abrazar cualquier producto con una calidad técnica digna. Otros, en cambio, ya estarán hastiados de digerir una fórmula que ha sido utilizada innumerables veces, no sólo en esta franquicia sino en muchas otras películas que siguieron -y siguen- su estela.

 


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