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En “Hermanos de Armas” (1989), los mercenarios Dendarii llegan a la Tierra para efectúar reparaciones y recuperarse de su última misión, la liberación de miles de prisioneros de un campo cetagandano en Dagoola IV narrada en “Fronteras del Infinito”. Sus hombres –con pocas excepciones- siguen ignorando que su almirante Naismith es, en realidad, el teniente Miles Vorkosigan del ejército barrayarano, cuyo emperador los utiliza como brazo ejecutor no oficial. Por esa razón, Miles contacta con la embajada de su planeta en Londres, solicitándoles el pago de los gastos y reparaciones de su flota.
Mientras los recursos de su ejército se agotan debido a los retrasos
en la llegada de los fondos, Miles se ve obligado esperar integrándose en la
rutina y estructura militar de la embajada junto a su primo Ivan Vorpatril y
bajo las órdenes del arisco capitán Duv Galeni, su superior en la Seguridad
Imperial. Su ambiguo estatus como teniente Vorkosigan, de rango inferior pero
respaldado por sus lazos familiares, siempre le ha complicado a Miles su
relación con la cadena de mando, una dificultad que ahora se agrava con la
incertidumbre que siente respecto a Galeni, nativo de Komarr, mundo conquistado
por Barrayar antes incluso de que naciera Miles.
Hay, además, otro problema. Hasta este momento, el que Miles y
Naismith nunca hubieran coincidido en el mismo lugar había evitado confusiones
de identidad, pero ahora aumentan las probabilidades de que alguien descubra su
secreto. Cuando se ve obligado a intervenir en un altercado causado por algunos
de sus mercenarios mientras disfrutan de un permiso, la televisión difunde su
imagen y Miles inventa una ingeniosa historia para explicar su parecido con el
líder mercenario con él: una potencia extranjera creó un clon para
suplantarlo.
Puede parecer una ocurrencia estrambótica, pero en ese universo, los clones no
son raros. El planeta Jackson Whole ya había aparecido en “Fronteras del
Infinito”, estableciéndose que una de sus “exportaciones” eran los clones
gestados para servir de receptáculo a los cerebros de millonarios. En este
caso, sin embargo y para sorpresa de Miles, resulta que, efectivamente, existe
un clon suyo, uno que fue encargado mucho tiempo atrás como parte de un complot
orquestado por Ser Galen, el rencoroso y escurridizo líder de un movimiento de
resistencia de Komarre.
Así que Miles debe afrontar múltiples frentes, todos ellos muy
complejos. Los cetagandanos andan tras su pista en la identidad del Almirante
Naismith, deseosos de eliminarlo por los muchos problemas y humillaciones que
les ha causado recientemente; Galen pretende secuestrarlo y sustituirlo por su
clon, que se dedicará a minar el imperio barrayarano desde dentro, empezando
por el asesinato de su padre Aral; y su propia flota, que no ha reci
bido el
dinero prometido por Barrayar, se ve pronto en apuros financieros y debe hallar
nuevas fuentes de ingresos. Por si esto fuera poco, la nueva relación íntima
que establece con su guardaespaldas y agente de élite, Ellie Quinn, añade a la
situación nuevos desvelos.
Al igual que “Ethan de Athos” o “En Caída Libre”, “Hermanos de Armas” parece contar una historia secundaria, en el sentido de que no narra eventos trascendentales para el Imperio Barrayarano, sino una peripecia en la que Miles se ve inmerso de forma aparentemente accidental y cuya acción queda confinada en un Londres que ha tenido que construir diques en el Támesis para detener las mareas. Sin embargo, esa importancia solo relativa de la novela dentro de la serie es sólo una ilusión si se tiene en cuenta la trayectoria de la misma en su conjunto. Para empezar, por la presentación del clon de Miles, al que éste bautiza como Mark.
Una de l
as mayores fortalezas de Bujold, ya lo hemos dicho en
múltiples ocasiones, reside en el desarrollo de sus personajes, empezando por Miles
Vorkosigan, quien, a pesar de sus limitaciones físicas e inseguridades
psicológicas, es un torbellino de energía, ingenio y determinación. Sus luchas
internas y vulnerabilidades lo hacen para el lector mucho más cercano y
entrañable que tantísimos otros héroes de la CF, mientras que su brillantez táctica
y audacia garantizan que sus historias nunca decaigan en lo que se refiere a
emoción. En “Hermanos de Armas”, la introducción de Mark añade una nueva capa
de complejidad a la narrativa, porque éste no es un mero recurso argumental,
sino un personaje plenamente desarrollado, con sus propios miedos, ambiciones y
búsqueda de propia identidad.
La idea del doppelganger no es ni mucho menos nueva, al contrario, es
uno de los recursos más populares en la ficción de todos los géneros. Pero ello
es por una buena razón, ya que, además de ser un buen ingrediente para una
farsa o un thriller, puede servir para ilustrar ciertos aspectos relevantes de
la personalidad de
un determinado personaje ya que la forma en que éste y su
doble reaccionan e interaccionan entre sí está muy influida por cómo creen que
se comportarían ellos mismos en la situación opuesta. En las historias de
acción más convencionales, ambos suelen situarse en rumbo de destrucción mutua,
lo que quizá nos diga algo de su autoconocimiento, pero no de su decencia.
Miles, por el contrario, opta por romper esa dinámica y elegir una solución
poco habitual que dice mucho de él como hombre racional y, al tiempo,
compasivo.
Miles no deja de oír la voz de su madre: “Miles –dice-, ¿qué has hecho con tu hermanito?”. Según la ley y la costumbre betanas –con las que se crió su madre, Cordelia-, el clon es el hermano de Miles, y, siguiendo la tradición barrayarana de nombrar a los clones, el nombre que le asigna es Mark. Con este nuevo personaje, Bujold introdujo un problema adicional en la ya complicada vida de Miles al tiempo que nuevas posibilidades para su desarrollo como personaje, ya que lo coloca en un papel inesperado: el de padre de Mark, el cual puede ser físicamente idéntico a él, pero sin su experiencia vital y madurez.
Mark sirve para definir, por contraposición, al propio Miles.
Aparentemente, aquél podría
ser un Mile sin todas las obligaciones que lo
agobian en múltiples frentes. Por eso, aunque su clon quiere matarlo, Miles lo
ve como una versión de sí mismo que, si lo ayuda, podría quizá convertirse en la
persona que él nunca podrá. Esto, por supuesto, es una ilusión. Gran parte de
la novela trata sobre personas que no son lo que parecen (Miles y Mark, claro,
pero también el superior de Miles, Duv Galeni del cual Miles está convencido es
un traidor por ser nativo de Komarre e hijo de Ser Galen pero que, sin embargo,
demuestra una lealtad a toda prueba a Barrayar). Y Mark no es más libre que
Miles. En cierto modo, es incluso más víctima de las obligaciones ajenas dado
que fue creado y criado para servir a un propósito muy concreto sobre el que
nadie le pidió su opinión. En un momento dado, Miles le pide a Mark que imagine
quién sería si se liberara de sus creadores. Pero ¿puede Miles imaginar quién
podría ser él mismo si se viera libre de todas sus cargas? En absoluto. “Hermanos
de Armas”, en este sentido, podría estar diciéndonos que somos la suma de todas
nuestras obligaciones. Y una de ellas, para Miles, es la de obedecer su sentido
moral y salvar a Mark.
La relación entre Miles y Mark, además de ser el eje de la novela y su
aspecto más interesante, se convertirá en los libros siguientes de la serie en
una de las claves emocionales y temáticas. Bujold explora esa conexión con
sutileza, abordando temas como la fraternidad, la rivalidad y la búsqueda de un
propósito vital, cre
ando así un rico paisaje emocional que eleva la historia
más allá de una “simple” aventura de ciencia ficción. En esencia, “Hermanos de
Armas” es una novela sobre la familia y las conflictivas relaciones entre hermanos,
entre padres e hijos y entre personas que desean –o no- fundar un hogar.
Otro punto esencial de “Hermanos de Armas” es el conflicto de identidad de Miles. Hasta este libro, el protagonista había mantenido sin demasiados problemas su dualidad como noble y militar barrayarano y líder de los Mercenarios Libres de Dendarii. Sin embargo, esas dos vidas colisionan aquí de forma violenta y Miles debe enfrentarse a la pregunta de quién es realmente, a quién debe su primera lealtad y si "Naismith" es solo un disfraz o una parte real de su psique.
Como Almirante Naismith, reconoce y asume la gran responsabilidad que tiene
hacia las personas que sirven bajo su mando y desea lo mejor para ellas, ya sea
un salario digno o la atención médica urgente que puedan necesitar. En este
punto, ha recorrido un l
argo camino desde aquel joven aventurero que, por
casualidad, se unió a una compañía mercenaria y la comandó con descarada
audacia. Ahora, siente el peso de cada vida perdida, de cada herida grave
sufrida en batalla, especialmente después de lo ocurrido en Dagoola, donde
presenció de primera mano las sangrientas consecuencias de la guerra.
Como Miles Vorkosigan, todavía siente la necesidad de demostrar su
valía, pero esa ansiedad es ya menos apremiante de lo que fue antaño. Ha demostrado
su valor, ya sea como él mismo o como Naismith, y sabe que las personas que
cuentan son conscientes de sus logros. Sin embargo, todavía necesita
desesperadamente pertenecer a la sociedad barrayarana y ofrecerle su
contribución como miembro de la familia Vor. Es con ese fin en mente que le
pide a Elli Quinn, su oficial ejecutiva, que se case con él. Elli es un
personaje maravilloso: fuerte, resolutiva, decidida y, sobre todo, capaz de
apreciar a Miles por su mente aguda y su alma generosa en lugar de por su deforme
y débil cuerpo. No puede sorprender que Miles le proponga matrimonio, porque
Elli comparte muchos rasgos con su
madre, Cordelia, y es fácil entender por qué
pensó que, si una científica y capitana de expedición Betana podía adaptarse al
papel de condesa Vor, Elli podría hacer lo propio. Pero ésta tiene otros
objetivos y prioridades y, sobre todo, la claridad mental para comprender que
nunca podría adaptarse a la sociedad barrayarana:
“Y por eso quieres encadenarme el resto de mi vida a una, lo siento, pelota de polvo de segunda clase que apenas ha salido del feudalismo, que trata a las mujeres como muebles o ganado... y que me negaría la práctica de todas las habilidades militares que he aprendido en los últimos doce años, desde el amarre de lanzaderas a la química de interrogatorios... lo siento. No soy antropóloga. No soy una santa, y no estoy loca.
—No tienes que decir que no ahora mismo —dijo Miles con un hilo de voz.
—Oh, claro que sí. Antes de que mirarte haga que se me debiliten los tobillos. O la cabeza.
«¿Y qué decir a eso? —se preguntó Miles—. Si realmente me amaras, ¿querrías renunciar a toda tu historia personal por mí? Oh, claro. No le va la inmolación. Esto la hace fuerte, su fuerza me hace quererla, y así completamos el círculo”.
Po
r segunda vez en su vida, Miles se ha enamorado de una mujer que
rechaza todo lo que Barrayar representa. Como le sucedió con Elena Bothari en “Aprendiz
de Guerrero”, su planeta natal, su hogar, se erige como una barrera entre él y
las mujeres de las que se enamora. Cordelia tenía razón al decir que es un
planeta que devora a sus hijos, que exige muchos sacrificios; y esta cruda
verdad se hace aún más evidente cuando Miles revela la razón por la que sus
padres decidieron no tener más hijos: porque la cruel cultura de Barrayar los
habría obligado a rechazar a Miles por ser imperfecto, indigno de convertirse
algún día en el Conde Vorkosigan, en favor de un hermano sano e inmaculado.
Esta decisión paterna sin duda aumentó las posibilidades de Miles de asumir su legado,
pero también acentuó su profunda soledad, un rasgo que a menudo aflora en sus
momentos más sentimentales y que se resume en la melancólica frase “Quería un
hermano”.
Las aventuras de Miles no serían las mismas sin la presencia de su
sufrido primo Iván, el cual, como sucede con otros personajes, consigue
alcanzar en “Hermanos d
e Armas” una mejor definición, no solo como el reacio
compañero del protagonista en sus engaños, evasiones y manipulaciones, sino
como alguien que finge ser tonto para desviar la atención de sí mismo, una
estrategia que en la sociedad barrayarana bien podría ser de supervivencia
social. Hay varias ocasiones en las que Iván responde con comentarios mordaces
que revelan la aguda inteligencia que esconde su fachada de oficial aristócrata
indolente y fatuo.
También es esta la novela donde mejor se describe el funcionamiento interno de la flota mercenaria, la precaridad financiera en la que viven y su ambigua situación legal. Se establece que los Dendarii no son solo una especie de amorfo pero monolítico instrumento al servicio de Barrayar, sino una comunidad formada por miles de individuos cuyas vidas y futuro dependen directamente de las decisiones (a veces erráticas) de Miles.
Bujold sigue asimismo expandiendo su universo, integrando nuevos
lugares y profundi
zando en algunas tensiones clave que han estado latentes
desde el inicio de la serie. Entre los primeros, está la Tierra, cuya cultura
burocrática y cosmopolita se pone en contraste con la barrayaresa, militarista y
jerárquica. Y entre las segundas están las que median entre Cetaganda y Miles,
comprensibles dada la humillación que les causó el segundo en “Fronteras del
Infinito”. Pero, sobre todo, se concreta y explica mejor el resentimiento que
desde hace mucho tiempo acumula Komarr hacia sus amos imperiales barrayaranos,
algo de lo que no puede sustraerse Miles habida cuenta del papel que su padre,
Aral Vorkosigan, jugó en el sometimiento de ese planeta. Bujold describe
magistralmente este complejo y tóxico entorno político y cómo Miles se ve
obligado a encontrar la forma de equilibrar su lealtad a la familia, a Barrayar
y a sus mercenarios, mientras trata de evitar ser asesinado por los agentes
cetagandanos e impedir una guerra total con Komarr.
Por último, aunque, como ya he apuntado, Miles había visitado
brevemente el planeta Jackson´s Whole (éste había jugado un papel importante en
la intriga de “Et
han de Athos”, aunque en la cronología interna de la saga, ese
volumen estaría colocado después), es ahora cuando se establecen las bases de
la Casa Bharaputra y sus prácticas de clonación ilegal. Esto, a su vez, prepara
el terreno para una de las mejores novelas de la saga, "Danza de
espejos", donde Jackson's Whole es el escenario principal.
Por todo esto puede entenderse que, aunque la historia de “Hermanos de Armas” es autoconclusiva, lo es en el contexto de una serie mucho más amplia. Es casi imprescindible leer los anteriores volúmenes si se quiere entender plenamente el trasfondo general y los personajes. Por otra parte, esta es una entrega fundamental para entender lo que luego se narrará en “Danza de Espejos”, “Recuerdos” o “Campaña Civil”, tanto por los personajes presentados como por suponer una etapa importante en el proceso de maduración y autoaceptación de Miles.
De nuevo hay que destacar la habilidad narrativa de Bujold, ya que
logra tejer de forma convincente una historia que, en el fondo, es bastante absurda
y tiene mucho de farsa, con sus clo
nes, dobles conspiraciones, giros sorpresa y
confusión de identidades. En manos menos diestras, esto podría haber resultado
increíblemente confuso y sin sentido, pero Bujold no solo se sale con la suya, sino
que ofrece una historia a partes iguales hilarante y desgarradora sin dejar nunca
de ser entretenida.
Si tuviera que hacer alguna crítica, sería la de que el personaje de Mark tiene más potencial del que la acción y la intriga le deja demostrar. No obstante, uno de los rasgos diferenciales de esta serie es que su autora tiene la costumbre de introducir una idea en una novela para luego retomarla años después y desarrollarla con mayor profundidad. Y este es el caso, porque Mark interventrá en nada menos que siete libros más, ya sea como personaje con importante peso dramático o como apoyo narrativo.
Por otra parte, hay segmentos en los que el ritmo se vuelve irregular, sobre todo a mitad de la trama, donde hay más pasajes introspectivos y se presta mayor atención a los detalles logísticos de las operaciones de Miles. Si bien estos elementos aportan profundidad tanto a los personajes como a la construcción de ese mundo, a veces ralentizan el ritmo de la historia. Que esto sea un inconveniente más o menos grave dependerá de cada lector. En mi caso, no me resultó especialmente problemático, al considerar de interés tanto la exploración interior de Miles como la forma en que decide afrontar los problemas que se le presentan en diferentes frentes.
Una vez más, en “Hermanos de Armas” Bujold logra combinar a la perfección un tono ligero que aúna comedia, thriller y acción, giros argumentales improbables pero narrativamente eficaces y, sobre todo, personajes con los que resulta fácil encariñarse. Como a estas alturas ya es la norma en la saga, es una novela de CF inteligente y, sobre todo, humana.
(Continúa en la entrada siguiente)

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