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lunes, 2 de marzo de 2020

2019-ALITA: ÁNGEL DE COMBATE – Robert Rodríguez


“Alita” fue originalmente un manga titulado “Gunnm” (1990-5), creado por Yukito Kishiro, publicado en la revista “Business Jump” y en el que se narran las aventuras futuristas de una joven ciborg amnésica que se convierte en cazadora de recompensas al descubrir que tiene habilidades de combate desaparecidas mucho tiempo atrás. El manga se renombró como “Alita: Ángel de Combate” para su edición en español y tuvo una adaptación en dibujos animados en 1993 en la forma de dos OVA de treinta minutos de duración cada uno. James Cameron leyó el comic y le gustó lo suficiente como para comprar los derechos y anunciar repetidamente a lo largo de los dos mil la puesta en marcha de la adaptación en imagen real. Sin embargo, su compromiso con “Avatar” (2009) le impidió sacar ese proyecto adelante y se lo cedió a Robert Rodríguez manteniendo, eso sí, su puesto de productor y guionista (en este último apartado, ayudado por Laeta Kalogridis, quien había firmado anteriormente los guiones de “Shutter Island”, 2010; y “Terminator: Genesis”, 2015).

jueves, 20 de febrero de 2020

2009- AVATAR - James Cameron (y 2)


(Viene de la entrada anterior)

Cuando se estrenó el primer tráiler de “Avatar”, cundió cierto pánico entre los ejecutivos del estudio a tenor de los comentarios sarcásticos que empezaron a saltar desde internet, acusando a lo poco visto de videojuego de alta definición y equiparando a los Na´vi con los Pitufos. Sin embargo, una vez que pudo verse la película entera en pantalla grande, sólo los más resentidos y puntillosos podrían quejarse de los resultados. 

Si “Avatar” tiene algún problema, no es el que la mitad del metraje pueda considerarse animación digital. A diferencia de algunas de las incursiones en ese formato de, por ejemplo, Robert Zemeckis (“Beowulf”, 2007; o “Cuento de Navidad”, 2009), en las que también se utilizó tecnología de captura de movimiento y cuyo resultado fueron unas figuras poco agraciadas y a mitad de camino entre lo real y lo artificial, en “Avatar” no se nos recuerda que estamos ante un producto animado. No sólo es que no se pretenda recrear en pantalla a un humano (se supone que los Na´vi son alienígenas y extraños) sino que la fusión entre la acción real y la animación digital con captura de movimiento es tan perfecta y sofisticada que la divisoria entre ambas es irrelevante hasta el punto de que la mayoría de los espectadores ni siquiera pensaron durante su visionado que estaban viendo animación. Fue ese logro, así como la gran definición y detalle con la que se retrataba un mundo inexistente, lo que hizo de “Avatar” un gran salto adelante en el campo de los efectos especiales.

miércoles, 19 de febrero de 2020

2009- AVATAR - James Cameron (1)

Buena parte de la cobertura que los medios de comunicación ofrecieron de “Avatar” se apoyó en titulares del tipo: “James Cameron, el director de “Titanic” (1997), vuelve a las pantallas de cine tras una ausencia de doce años”. Da la impresión de que muchos de esos articulistas tenían poco menos de veinte años y que no comprendían lo mucho que James Cameron había cambiado el rostro del cine moderno antes de “Titanic”. Cameron es el padre de la revolución digital en el cine; la persona que prácticamente en solitario transformó el cine de acción en un producto sostenido primordialmente por el espectáculo visual. Sin James Cameron, no habrían existido Roland Emmerich, Stephen Sommers, Michael Bay, Hermanos/as Wachowski o Peter Jackson. No digo que éstos no se hubieran dedicado al cine igualmente, pero es muy probable que el trabajo que han venido desarrollando desde hace más de dos décadas hubiera sido muy diferente de no haber existido los cimientos que para ellos dejó Cameron.

jueves, 10 de octubre de 2019

1991- TERMINATOR 2: EL DIA DEL JUICIO FINAL - James Cameron (y 2)


(Viene de la entrada anterior)

Un año después de “Terminator 2”, los efectos de morphing habían sido adoptados por cientos de anuncios publicitarios, vídeos musicales y películas de ciencia ficción y fantasía. Cameron creó con esta película lo que iba a ser toda una nueva tecnología imprescindible para entender el cine de ciencia ficción y acción de los noventa y dos miles. Sólo en los dos años siguientes veríamos ciberespacios creados con la misma tecnología en el “El Cortador de Césped” (1992) y dinosaurios en “Parque Jurásico” (1993). Es más, aunque las películas de acción ya incluían persecuciones automovilísticas y peleas, Cameron aumentó el nivel de espectacularidad, tanto en lo que se refiere al aspecto visual como en su sentido épico. De aquí beberían muchos otros realizadores con mayor o menor talento que firmarían títulos como “Speed” (1994), “Armageddon” (1998), “La Momia” (1999), o “Pearl Harbor” (2001), por nombrar solo un puñado de los imitadores más banales.

lunes, 7 de octubre de 2019

1991-TERMINATOR 2: EL DÍA DEL JUICIO FINAL – James Cameron (1)

Si se quiere encontrar una serie de películas cuya progresión refleje la del propio género de la ciencia ficción en Hollywood, la de Terminator es una buena opción. En su recorrido se suceden una película barata de serie B, extravagancias de alta tecnología y presupuestos astronómicos, refritos poco acertados que intentan explorar nuevos caminos sin demasiada valentía y una calculada franquicia en la que se incluyen comics, videojuegos y serie de televisión. Está todo aquí.

sábado, 14 de septiembre de 2019

1984- TERMINATOR - James Cameron (2)


(Viene de la entrada anterior)

Por supuesto, el otro elemento importante presente en “Terminator” es la figura del androide asesino prácticamente invencible. No tardaría en convertirse en un cliché tedioso de muchísimos híbridos de CF/Acción encuadrados en la serie B, a menudo manejando el concepto con más torpeza y menos efecto terrorífico que en la película de Cameron. Aunque es necesario matizar que, técnicamente, el Terminator no puede calificarse ni de robot ni de androide sino de ciborg por cuanto la piel que recubre su exoesqueleto metálico es tejido humano vivo. En este punto de la ciencia ficción cinematográfica, ya no era suficiente poner en pantalla una máquina asesina para inquietar al espectador. El mezclar lo artificial con lo orgánico añadió una capa extra de repulsión y terror.

viernes, 13 de septiembre de 2019

1984- TERMINATOR – James Cameron (1)


No fue hasta la década de los noventa que Internet cobró “vida”. El 6 de agosto de 1991, el principal laboratorio de Física de Partículas del mundo, el CERN, en la frontera entre Francia y Suiza, publicó los resultados de un proyecto de dos años de duración liderado por Tim Berners-Lee y conocido como la World Wide Web. Su objetivo era la integración efectiva y accesibilidad de información por una pluralidad de usuarios. Fue una solución al problema del volumen y complejidad de datos que procesaba el CERN y su necesidad de compartirlos con científicos de todo el mundo en tiempo real. Berners-Lee unificó una serie de tecnologías ya existentes (el hipertexto, códigos de lenguaje, Internet) y lo convirtió en algo útil, de fácil manejo, global…y gratuito.

jueves, 18 de octubre de 2018

1995- DÍAS EXTRAÑOS – Kathryn Bigelow


Podría ser el caso, con la perspectiva que da el tiempo, que el Ciberpunk termine por ser un caso ejemplar de lo que se ha venido en llamar “shock de futuro”, un término acuñado en 1970 en el libro del mismo nombre escrito por el filósofo y futurista Alvin Toffler. Con él se hacía referencia a la incapacidad psicológica de asumir demasiados cambios sociales en un corto plazo de tiempo. En el Ciberpunk hay dos ingredientes fundamentales: por una parte, un futuro cercano distópico e incierto construido como proyección del presente, un tiempo y un lugar en el que la sociedad –eminentemente urbana- se ha polarizado entre ricos y pobres y donde la tecnología de diseño elegante es utilizada por astutos cibercriminales. Y, en segundo lugar, el Ciberpunk mantiene una posición ambigua respecto a la tecnología como catalizador de transformaciones y avances pero también herramienta de esclavitud. Incluso obras de espíritu tan ludita como “El Cortador de Césped” (1992) o “El Chip Asesino” (1993), acaban torpedeando su propio mensaje al presentar el ciberespacio como una realidad visualmente irresistible.

El Ciberpunk es en buena medida un reflejo de los cambios que el mundo occidental experimentó a partir de comienzos de los ochenta. En esa década y la siguiente, el planeta atravesó más transformaciones económicas que en cualquier otro periodo de la Historia y, al mismo tiempo, se acercaba con rapidez a la revolución digital que introduciría cambios radicales en la forma en que nos comunicamos, la distribución de la información e incluso en nuestra forma de percibir la realidad. Tradicionalmente, la ciencia ficción distópica se ha basado en denunciar las tendencias sociales, económicas y/o políticas contemporáneas llevándolas al extremo. Por ello no puede sorprender que en los años noventa del siglo pasado, en un periodo de continuas y profundas transformaciones que tanto podían generar beneficios como perjuicios, la distopia quedara sustituid por el Ciberpunk, un subgénero siempre vacilante acerca de si fascinar u horrorizar con el tipo de futuros que los autores imaginaban de acuerdo a los parámetros antedichos. “Días Extraños” es un buen ejemplo de ello.

martes, 1 de mayo de 2012

2000 - DARK ANGEL


La noche del 23 de marzo de 1998, 57 millones de personas contemplaron en sus televisores al productor/guionista/director James Cameron mientras sostenía dos Oscar en sus manos y declaraba “¡Soy el rey del mundo!” Acababa de ganar los premios a la Mejor Película y Mejor Director por “Titanic”, que aquella misma noche arrasó llevándose nada menos que once estatuillas. Fue una película que contó con un astronómico presupuesto de 200 millones de dólares y que, increíblemente, recaudó 1.800 millones en todo el mundo, convirtiéndose en el film más taquillero de la historia. La pregunta en la mente de todo el mundo era ¿qué haría Cameron a continuación?

Aceleremos el reloj hasta la noche del 3 de octubre de 2000. La cadena televisiva Fox estrenó una película de dos horas titulada “Dark Angel”, protagonizada por una adolescente relativamente desconocida llamada Jessica Alba. Fue el debut de una nueva serie de aventuras y acción en el marco de la CF, creada por James Cameron y su socio Charles Eglee, tras venirse abajo el acariciado proyecto de “Spiderman” –que acabaría firmando Sam Raimi en 2002-.


Estamos en el año 2019. El lugar: Seatle. Una esbelta joven, Max Guevara (Jessica Alba), trabaja durante el día como “bicimensajera” para Jam Pony Express. Vive en un edificio abandonado, monta una gran motocicleta por las noches y tiene un agradable y excéntrico círculo de amigos en su lugar de trabajo. Pero mantiene celosamente un secreto: ella no nació como los demás, sino que fue diseñada genéticamente como supersoldado en un laboratorio dirigido por una organización gubernamental secreta conocida como Manticore. Adiestrada y condicionada de manera inhumana y despiadada junto a cientos de otros chiquillos denominados genéricamente “X5”, estos niños-soldado tenían una serie de habilidades mortales: su fortaleza física era extraordinaria, su oído y vista habían sido agudizados, podían moverse a gran velocidad, saltar a alturas descomunales, aguantar la respiración durante largos periodos de tiempo… Como todo héroe, Max debía tener una debilidad además de tanto “superpoder”. En su caso se trataba de una malformación neurológica que le provocaba ataques epilépticos si no ingería regularmente un producto llamado Triptofan, un simple aditivo alimentario que eleva sus niveles cerebrales de serotonina, un serio problema que los guionistas acabaron dejando de lado completamente.

Una noche de invierno de 2009, varios niños, entre los que se encontraba Max, escapan del complejo de Manticore en Gillette, Wyoming, internándose en el nevado bosque circundante. Aunque algunos mueren en el intento, otros consiguen, gracias a su entrenamiento, eludir a sus perseguidores y dispersarse por el mundo, adoptando nuevas identidades. Donald Lydecker (John Savage), uno de los oficiales al mando de Manticore, hace de la recuperación de estos fugitivos transgénicos una misión personal. Una marca característica, un código de barras indeleble en la nuca de los X5, los hace vulnerables a una identificación. El de Max es el X5-452.

En los diez años transcurridos desde su huida, Max se ha adaptado al mundo, estableciéndose en Seatle. En
el piloto de la serie, su vida se cruza con la de Logan Cale mientras ella intenta robar en el apartamento de éste. Interrumpida a mitad de tarea, huye pero, impresionado con sus habilidades, Logan utiliza sus recursos y habilidades para encontrar su lugar de trabajo, proponiéndole una colaboración en su particular cruzada: como “Solo Ojos”, trabaja como periodista pirata, invadiendo las programaciones televisivas con cortos, contundentes y reveladores flash informativos que tratan de abrir los ojos de la audiencia a la corrupción y el crimen generalizados. Sin embargo, Max está más interesada en mantenerse lo más oculta posible y tratar de averiguar el paradero del resto de los “hermanos” que huyeron con ella de Manticore.

Más tarde, mientras protegía a Lauren, una mujer que se había prestado a testificar contra un gangster, Logan resulta herido en un tiroteo. Max lo visita en el hospital y su compasión por la hija de Lauren, secuestrada para evitar que la madre colabore con la justicia, la impulsa a actuar, rescatándola y evitando el cerco que sobre ella está estrechando Lydecker.

Meses después, Logan se recupera de sus heridas aunque ha quedado confinado a una silla de ruedas. Max y Logan llegan a un acuerdo: Ella le ayudará a cambio de que éste investigue su neblinoso pasado y los oscuros tejemanejes de Manticore.

La serie que se inició desde este punto fue, como hemos dicho, creación de James Cameron y Charles Eglee, amigos desde su época en las producciones de Roger Corman en los ochenta. Crearon una productora y convencieron a Fox Television para que entrara en un poco definido proyecto que sólo disponía como anzuelo del nombre de Cameron. Se barajaron ideas para comedia, dramas familiares… pero al final se impuso la inclinación de Cameron por la ciencia-ficción y las heroínas de acción. Su carrera no ha sido precisamente escasa en estas últimas: Sarah Connor (“Terminator”), Lindsay Brigman (“The Abyss”), Helen Tasker (“Mentiras Arriesgadas”), Neytiri (“Avatar”) e incluso, Ellen Ripley (“Aliens”) que, aunque no fue creación suya, sí la reinterpretó como valiente heroína al frente de un grupo de endurecidos marines rodeados de monstruos hostiles.

Ya tenían delineado al personaje principal. A continuación era necesario pintar el decorado sobre el que iba a vivir sus peripecias, el paisaje sociopolítico de la América del futuro, un futuro suavemente post-apocalíptico. Poco después de la huida de Max de Manticore en 2009, un ataque terrorista hizo detonar un pulso electromagnético sobre los Estados Unidos, fundiendo todo aquello que utilizara electricidad, desde los automóviles hasta los electrodomésticos pasando, claro está, por los ordenadores. La consecuencia inevitable: el caos económico y social. Diez años después, el país aún trata de recuperarse del golpe. Las ciudades se han convertido en protectorados militares sometidos a estricto control y la vida cotidiana ha involucionado tecnológicamente, apenas existiendo coches u ordenadores.

Con las líneas generales ya claras, Cameron y Eglee comenzaron el largo casting a la búsqueda de una joven y desconocida actriz adolescente que pudiera encarnar a su superheroína. Las exigencias eran poco comunes: tenía que ser una persona con habilidades atléticas, pero al mismo tiempo atractiva, que pudiera desenvolverse igual de bien en escenas dramáticas o momentos de acción (combates cuerpo a cuerpo, trabajo con cables, conducción de motocicletas de gran calibre…). Efectuar el casting al comienzo de la producción permitió sumergir a la elegida en un intensivo programa de entrenamiento que incluía pesas cinco días a la semana y gimnasia tres veces por semana.

De acuerdo con declaraciones de Eglee, se presentaron un millar de chicas de Los Angeles, Nueva York,
Vancouver y Toronto. Cuando los responsables del casting redujeron el número de cintas de prueba a veinte o treinta, Cameron y Eglee comenzaron a participar en el visionado. Curiosamente, Jessica Alba no hizo una buena prueba: tenía un aspecto poco enérgico, no lucía particularmente hermosa y ni siquiera tenía un buen representante que la defendiera en condiciones. Pero por alguna razón, quizá su expresión de chica solitaria y con gran confianza en ella misma, llamó la atención de Cameron y, tras recortar la lista de aspirantes a dos, Alba se llevó el gato al agua tras su lectura final del guión.

Con el reparto y el guión listos, la producción se estableció en Vancouver. Dirigiendo el piloto de dos horas estuvo el veterano David Nutter, que ya había lanzado con éxito series del género como “Millenium”, “Space: Above and Beyond” y “Roswell”. La reacción de la crítica a este primer episodio fue en general muy positiva –con unas cuantas disensiones, eso sí-, resaltando el papel de Jessica Alba en el buen resultado final.

La primera temporada giró en torno a Max colaborando con “Solo Ojos” en su misión de destapar la
corrupción y ayuda a la gente, al tiempo que ambos continuaban la búsqueda del resto de X5 huidos de Manticore. Consigue contactar con dos de sus compañeros transgénicos, Zack y Ben así como con su hermana Tinga. Pero siempre acechando en las sombras se encuentra Lydecker y sus agentes de Manticore, con los que libran un mortal juego de enfrentamientos y huidas que no siempre termina bien par la heroína. También se desarrolló la relación que Max mantenía con sus amigos de Jam Pony, una parte de su vida que en ocasiones interfería con su faceta de justiciera nocturna: su mejor amiga y compañera de piso, Cindy Original, descubre su verdadera identidad como X5 sobrehumana y su alianza con Logan Cale “Solo Ojos”.

Al final de la temporada, la posición de Lydecker en Manticore se tambalea ante la irrupción de la doctora Elizabeth Renfro, una perversa villana que planea lo impensable: colaborar con los X5 huidos en un intento de destruir Manticore y hacerse con el control del proyecto. Aunque el laboratorio de ADN resulta efectivamente destruido, la serie finalizó su primer año de una manera poco feliz: con Max tiroteada, prisionera y necesitada de un trasplante urgente de corazón. Cameron se declaró satisfecho con el resultado de esta primera temporada, aunque había algunos episodios demasiado estúpidos y aspectos del maquillaje que no le convencieron.

Tratando de reinventarse, la segunda temporada se despegó completamente del planteamiento de la primera. Zack se sacrifica para entregarle su corazón a Max, que permanece prisionera en un complejo de Manticore para su “adiestramiento y adoctrinamiento”, un eufemismo para “lavado de cerebro”. Mientras trata de escapar, descubre un laberíntico complejo subterráneo en el que se llevaban a cabo experimentos aberrantes, cuyo resultado eran transgénicos de aspecto inhumano, producto de los primeros intentos de recombinación de ADN humano y animal. De entre esta aberrante colección de refugiados de “La Isla del Dr.Moreau”, destaca uno, Joshua, un hombre-perro –cuyo aspecto fue diseñado por el propio Cameron- que afirma ser el primer transgénico creado por el fundador del proyecto Manticore, un tal Sandeman. A pesar del grueso maquillaje, el actor Kevin Durand consiguió imprimir expresividad y personalidad al personaje.

En un par de episodios, Manticore resulta destruida, sus transgénicos huyen internándose en un mundo que sólo puede temerles, y la doctora Renfro resulta muerta. Pero no todo sale bien: Max es inoculada con un retrovirus diseñado genéticamente para acabar exclusivamente con Logan (que, como “Solo Ojos”, se había ganado la feroz enemistad de Manticore). Un sencillo y descuidado contacto entre los amantes producirá invariablemente la dolorosa muerte de Logan. Su relación, por tanto, sufrirá un serio bache que marcará el resto de la temporada.

Con Manticore desmantelada y los transgénicos de todo tipo, aspecto y condición deambulando por el mundo, los parámetros de la serie cambiaron sustancialmente. Max instala a Joshua en una casa abandonada, y aunque le da instrucciones de que no salga al exterior, ello resulta ser imposible; El X5 Alec, al principio un egoísta individuo que practica activamente el nihilismo, acabará convirtiéndose en un buen amigo y valioso aliado, entrando a trabajar también en Jam Pony. La introducción de Joshua y Alec como puntales de la serie sirvió para aligerar un tanto la carga dramática, pero la vida para ellos continuaría siendo muy peligrosa debido, entre otras cosas, a una ofensiva pública contra los transgénicos que debe mucho a la paranoia anti-mutante que durante años ha funcionado como base de los comic-books de los X-Men.

El villano principal sería en esta temporada Ames White, un agente de Manticore encargado de recuperar a los transgénicos huidos y evitar que el escándalo se destape. Y con tantos de ellos sueltos, Max, Logan, Alec y Joshua estarán constantemente ocupados tratando de evitar que White se salga con la suya al tiempo que tratan de ocultar sus propias identidades. Además, Ames White es miembro de un misterioso culto secreto cuyos procedimientos rituales incluyen una eugenesia que trata de crear humanos superiores de mente y espíritu entregados a su oculta causa. Infiltrados en puestos clave a todos los niveles, probarán ser una amenaza temible. Y también estaba el misterio de Sandeman, el científico que comenzó los experimentos de Manticore y que resulta ser un miembro renegado de ese culto.

Como hemos mencionado, la relación entre Max y Logan, que había alcanzado su punto más alto en la
primera temporada, se complicaba ahora por el retrovirus de Manticore que les impedía tocarse. Sin un antídoto, la relación se estancó, perdiendo fuerza. Pero tras las cámaras, Jessica Alba y Michael Weatherly iniciaron una relación romántica, llegando a estar comprometidos durante dos años (anunciaron el fin de su idilio en agosto de 2003. El director John Kretchmer, afirmó que el que los actores mantengan una auténtica relación no implica necesariamente que puedan reflejarla adecuadamente en la pantalla y que, de hecho, complica bastante las cosas. De sus declaraciones se desprende que aquella circunstancia puso las cosas algo tensas en el estudio.

James Cameron afirmó tener un objetivo final en mente hacia el que confluían todos los acontecimientos que se iban sucediendo en la serie, una meta que se empezaba a vislumbrar en la segunda mitad de la temporada. El propio James Cameron se puso tras las cámaras del cuadragésimo segundo y último episodio, de 60 minutos de duración, titulado “Nación Freak”. En él, el mundo se entera alarmado de que los transgénicos están concentrándose y escondiéndose en Terminal City, una zona de Seatlle que abarca veinte bloques y que fue abandonada tras un accidente biológico. Allí es donde finaliza “Dark Angel” en una escena que deja totalmente abierto el destino de Max y sus “hermanos”: asediados literalmente por los humanos, dispuestos a luchar en un enfrentamiento cuyo desenlace no se presenta precisamente a su favor.

La dirección de James Cameron hizo de “Nación Freak” quizá el mejor episodio de la serie, imprimiéndole sus característicos ritmo y energía (se rodó en sólo tres días). Sabía que a Fox no le había convencido la serie y quería mostrar a sus responsables el potencial que albergaba, proponiendo un cambio radical de cara a una hipotética tercera temporada. Pero la emisión de ese episodio final en forma de especial de 90 minutos el 3 de mayo de 2002, no fue suficiente para salvar la serie, obligando a los seguidores a comprarse las novelas que sobre el personaje escribió posteriormente Max Allan Collins ("Skin Game" y "After the Dark") si querían enterarse de la continuación de la historia.

Cameron nunca habló sobre la naturaleza de la frustrada tercera temporada, pero los audiocomentarios de
Charles Eglee para la edición en DVD de la segunda sí revelan las intenciones de ambos productores. Hace miles de años, el paso de un cometa exterminó al 90% de la raza humana. Los pocos que sobrevivieron lo hicieron gracias a su particular código genético. Este anticuerpo oculto en lo más profundo de su biología fue preservado y transmitido a través de los siglos y hasta el futuro gracias a los sigilosos esfuerzos eugenésicos de un sangriento culto. “Sandeman”, miembro de esa secta, se separó de ella con la intención de extender la cura a toda la raza humana, a punto ya de enfrentarse a la segunda venida del cometa. Manticore fue, pues, un proyecto militar impulsado por Sandeman con el fin no declarado de encontrar el medio de salvar a la raza humana. Max sería el producto más refinado de aquellos experimentos, el modelo genético necesario para distribuir la cura y salvar a la humanidad. Así, paradójicamente, los transgénicos tan temidos y perseguidos por los humanos, son en realidad quienes guardan la llave de su salvación.

El problema era que aquellas eran pretensiones de un calibre mucho mayor del que una cadena de TV estaría dispuesto a financiar. Serían necesarios miles de extras y un aliento épico de difícil producción. Hubo, de hecho, un momento en el que creyeron que una tercera temporada sería aprobada por la cadena, pero al final se canceló para disgusto de Cameron, que aseguró que no volvería a colaborar nunca con la Fox.

¿Por qué se canceló la serie? Por los motivos de siempre: la fría lógica de los números corporativos. La primera temporada ofreció buenos resultados de audiencia, situada como estaba en la noche de los jueves. Pero cuando el segundo año Fox la trasladó a los viernes, las cifras experimentaron un tremendo desplome de cuatro millones de espectadores. El por qué de ese descenso ya no es tan fácil de explicar: quizá el nuevo horario era insensato, quizá la historia era demasiado, digamos, ciberpunk y oscura, para el público de aquellos años; es posible que también tuviera algo que ver la marcha de algunos actores, el cambio de tono y dirección de la serie y, como suele ocurrir en los programas que requieren efectos especiales para la recreación de un mundo que no existe, unas restricciones presupuestarias que no contribuyeron a darle a la serie el aspecto visual que merecía. Sea como fuere, las cifras de audiencia asustaron a los ejecutivos que, en lugar de tratar de realizar cambios, optaron por la vía rápida de la cancelación.

Y si “Dark Angel” nunca llegó a ser el éxito que Fox esperaba, sí reunió un nada despreciable número de fans que la elevaron a serie de culto, convirtiéndola en un éxito de ventas en DVD y manteniendo vivo su recuerdo. Cameron continuaría su exitosa carrera centrándose en los documentales submarinos hasta el inicio de la producción de “Avatar” (2009). La importancia de “Dark Angel” para el futuro de Jessica Alba fue mucho más importante, si bien su carrera tuvo un desarrollo más bien mediocre. Aunque fue nominada por su papel de Max a un Globo de Oro y de pronto se encontró jugando en la misma división televisiva que Sarah Michelle Gellar o Jennifer Garner, por alguna razón, se congeló como actriz. Su popularidad, basada en su belleza física, nunca decayó, pero su talento interpretativo o bien se estancó o bien se desaprovechó en papeles sin lustre. Es como si su periódica inclusión en las más diversas listas de “mujeres más bellas del mundo” hubiera tenido como consecuencia el que no se la tomara en consideración para papeles cinematográficos más sólidos que el de “chica caliente” dispuesta a enseñar el palmito pero sin mucho que decir.

Mientras Alba espera esa pequeña película independiente que le permita lucirse como actriz, ¿está definitivamente muerta “Dark Angel”? No es una pregunta baladí. Al fin y al cabo, otros títulos de ciencia-ficción televisiva como “Alien Nación”, “Farscape”, “Firefly”, “Star Trek” o “Expediente X” consiguieron reunir al reparto original para sobrevivir en la forma de miniseries o películas tras la cancelación de sus series regulares. ¿Está el ambiente maduro para un retorno de “Dark Angel”? A la gente le gustan los futuros distópicos y postapocalípticos, eso está claro (ahí tenemos el éxito de “Los Juegos del Hambre”, como ejemplo más reciente, del que se está pensando hacer una serie de TV). Y la nostalgia es un poderoso aliciente para los productores, algo que Cameron no ignora. Al fin al cabo, de vez en cuando, deja caer vagas declaraciones sobre la posibilidad de retomar el personaje. Por el momento, sin embargo, no hay nada concreto.

De su experiencia televisiva, Cameron obtuvo valiosos conocimientos y aprendió a valorar adecuadamente un medio considerado a menudo menor: “Cada medio tiene algo que ofrecer”, declaró, “Aunque pude utilizar mucho de lo que ya había aprendido como cineasta, en la televisión has de contar una historia en un periodo mucho más largo de tiempo. Los personajes, temas y argumentos evolucionan muy lentamente. Es una forma artística completamente diferente. ¿Cómo planificas una hora de programa autoconclusivo que, al tiempo, sea parte de un arco argumental mucho más amplio que se mueve a un ritmo más lento?"

“Debes mantener el gran esquema en la mente y trabajar a gran velocidad con un equipo de guionistas que tratan de crear una hora con garra. Y vives y mueres según esa hora, porque así funcionan los ratings de audiencia. Combates en una nueva batalla cada semana. El apartado presupuestario no supuso el principal desafío porque la gente en televisión está habituada a trabajar deprisa. Tienes que ser creativo, no puedes limitarte a dar la campanada con el maquillaje o añadir un montón de efectos especiales. Estás obligado a ser mejor guionista. Creo que los mejores guionistas están en la televisión”.

Por el contrario, Cameron opinaba que los guionistas cinematográficos son una casta aparte con una lista de
problemas diferente: “Existe… no exactamente pereza, pero quizá falta de disciplina porque pueden escribir cualquier cosa. Pero en televisión, tienes que apoyarte en los personajes. Es mucho más difícil, especialmente cuando estás abordando grandes temas y arcos narrativos muy largos. [En “Dark Angel”] tratamos de hacer ciencia-ficción con un presupuesto propio de la TV, lo que siempre es difícil. Como cineasta, me puedo sentir frustrado por este maquillaje o aquel detalle que considero que empeoraba un episodio concreto, pero en general estoy muy orgulloso de la serie. Estoy orgulloso de lo que los guionistas crearon y de lo que Jessica y el resto del reparto consiguió”.

 

martes, 28 de febrero de 2012

1989-THE ABYSS - James Cameron


James Cameron es el director al que se puede atribuir, casi en solitario, la introducción y desarrollo definitivos de los efectos digitales en el cine así como las películas con presupuestos mareantes. Tras "The Abyss" (60 millones de dólares de presupuesto), sus siguientes tres películas -"Terminator 2: El día del juicio final" (1991), "Mentiras Arriesgadas" (1994) y "Titanic"(1997) – fueron las más caras del cine en el momento de su estreno. "The Abyss", además, fue el film que dio a Cameron la reputación de minucioso hasta la obsesión y director tiránico e implacable.

El USS Montana, un submarino nuclear norteamericano, se hunde por misteriosas causas en la cornisa de un profundo acantilado que bordea la fosa Caimán, en el Caribe. Bud Brigman (Ed Harris) es el jefe de un equipo de prospección petrolífera que trabaja en las profundidades desde una base submarina experimental, la Deepcore. El ejército los recluta a la fuerza para rescatar a los posibles supervivientes, enviando a Lindsey (Maria Elizabeth Mastrantonio), la temperamental ex-mujer de Bud y diseñadora de la plataforma submarina, y a un equipo de Navy Seals comandados por el neurótico teniente Coffey (Michael Biehn).

Cuando una gran tormenta tropical se abate sobre la superficie, el equipo se queda aislado en el profundo lecho oceánico. Los niveles de oxígeno y la temperatura descienden y pronto los rescatadores se encuentran ellos mismos en una situación de vida y muerte. Para complicar las cosas, aparecen unas extrañas criaturas fosforescentes que surgen del fondo abisal. Resultan ser alienígenas, manifestándose abiertamente en una memorable escena en la que una entidad esculpida con agua de mar entra en la plataforma submarina y se presenta ante los asombrados humanos.

Pero Coffey, aquejado de delirios y un enorme estrés derivado de la profundidad a la que se encuentran, se obsesiona con la idea de que los alienígenas son en realidad un arma secreta soviética. Extrae del submarino siniestrado una cabeza nuclear con la intención de detonarla y destruir al "enemigo", lo que no sólo puede provocar un conflicto internacional, sino el comienzo de una guerra con otra especie. El clímax se alcanza cuando Brigman desciende a las profundidades abisales para tratar de desactivar la bomba, descubriendo el lugar donde se ocultan los extraterrestres. Por desgracia, en el último instante Cameron se somete a las presiones comerciales de Hollywood y los sabios alienígenas no sólo muestran al humano cómo debemos vivir sino que su tormentosa relación con su exmujer se resuelve felizmente. En las películas anteriores de Cameron, los finales eran cuando menos inciertos y ambiguos, pero también más convincentes y coherentes con el resto del metraje.

Filmado en los tanques abandonados de una central nuclear a medio construir de Carolina del
Norte, inundados con millones de litros para poder filmar las escenas submarinas a varios metros de profundidad, “The Abyss” contó con uno de los sets más grandes y costosos de la historia del cine (durante casi veinte años tras la finalización de la película estuvo expuesto a la intemperie porque demolerlo era demasiado caro). La obsesión perfeccionista de Cameron se juntó con un rodaje tan accidentado y difícil que años después aquellos que en él participaron aún lo recuerdan como el trabajo más duro de su carrera. El cloro del agua provocó la decoloración del cabello de actores y cámaras, la temperatura era a veces muy desagradable y en ocasiones debían permanecer sumergidos hasta cinco horas sin otra cosa que hacer que esperar; debían pasar por largos periodos de descompresión... por no hablar de las situaciones difíciles propias de los rodajes submarinos que exigían de los actores una resistencia física y psicológica poco común ya que apenas se utilizaron extras. Ed Harris acabó tan harto (casi se ahoga en una de las tomas) que se negó a participar en la promoción del film y, según se dice, todavía hoy sigue sin hablarse con Cameron.
Los logros conseguidos por Cameron en esta película son notables. Aunque la ciencia-ficción no era ajena al mundo de los océanos (recordemos, por ejemplo, las versiones de "20.000 Leguas de Viaje Submarino" rodadas en 1916 o 1954), "The Abyss" fue la primera en conseguir que ese entorno terrícola pareciera realmente alienígena. El hombre se ve obligado a vivir en ambientes controlados fuera de los cuales la muerte es casi inmediata debido a la temperatura y la presión y la única manera de sobrevivir y evolucionar en el exterior de las plataformas submarinas es a bordo de ingenios equivalentes a naves espaciales o protegidos por trajes similares a los de los astronautas. Cameron no fantaseó nada en este sentido: utilizó aparatos y vehículos reales de alta tecnología e incluso encargó el diseño de equipos de inmersión específicos para la película así como escafandras que dejaran ver los rostros de los actores y equipadas con un novedoso sistema de micrófonos que permitió registrar sus voces desde el mismo momento del rodaje. La sensación que acaba impregnando al espectador es de creciente opresión, frío y humedad. Los efectos digitales, pioneros en su clase, asombraron al público en la forma del alienígena acuático que comentamos más arriba, un efecto que se perfeccionaría notablemente en la siguiente película de Cameron, "Terminator 2".

El realizador demuestra su talento como narrador de historias en un buen puñado de escenas.
Especialmente memorable por la angustia que destila es aquella en la que Brigman ha de presenciar cómo su esposa se ahoga lentamente en un minisubmarino para luego intentar reanimarla con desesperación en la Deepcore. Más tarde, él mismo debe ahogarse al llenar sus pulmones de fluorocarbonos oxigenados que le permitan respirar bajo el agua durante un prolongado periodo. La persecución y lucha de minisubmarinos, la caída del cable y la grúa de sujeción o la inundación de la Deepcore son también lecciones en la ejecución y montaje de escenas de acción, especialmente si tenemos en cuenta que fueron rodadas en unas condiciones extremadamente duras. La dirección de actores es otro de los puntos fuertes de la película. No sólo Harris hace un gran papel; Michael Biehn -a pesar de que el destino de su personaje resulta demasiado claro desde el principio- está impecable como hombre empujado hasta la locura por sus propias neurosis.
Los éxitos en el terreno conceptual son más cuestionables. Según declaró el propio Cameron, su intención era hacer el equivalente submarino a "2001: Una Odisea del Espacio" (1968), un film tan influyente que cambiara la industria del cine. Está claro que los resultados no fueron parejos a las ambiciones. En realidad, ambos films son completamente diferentes tanto en el aspecto visual como en el conceptual. Mientras que Kubrick creó una ciencia-ficción aséptica, fría, impersonal, serena y luminosa, Cameron combina la exhibición tecnológica y la acción trepidante en una película oscura y con un fuerte contenido emocional. Mientras que las inteligencias extraterrestres de "2001..." son inhumanas y de oscuros designios, los alienígenas de Cameron son amistosos, cercanos y con intenciones meridianas. Mientras que el final de la una suscitó todo tipo de conjeturas y debates, el de la otra era tan tópico que no acarreó más que decepción.

Como todas las películas de Cameron, el elemento sentimental juega un papel cent
ral. En el caso de "The Abyss" se trata de la relación entre Bud y Lindsey, una relación que pasa por el reproche, el dolor y la reconciliación, un reflejo de lo que el matrimonio de Cameron y la productora Gale Ann Hurd estaba atravesando en aquel momento. Las escenas en las que Bud y Lindsey se comunican con dificultad mientras el primero desciende a lo que probablemente será su muerte, son profundamente emotivas, al igual que la ya descrita anteriormente del ahogamiento de Lindsey.
Parte de esas emociones intentan transmitirse a las escenas en las que aparecen los alienígenas, pero en esto el director tiene menos éxito. Porque precisamente lo peor de la película es el subargumento relacionado con los extraterrestres, con su aspecto luminoso acompañado de coros celestiales. Da la impresión de que Cameron nunca supo muy bien qué hacer con ellos y que no fueron más que una excusa para ahondar en lo que era su verdadero interés: la tecnología submarina (de hecho, se pasó la mayor parte de la siguiente década haciendo documentales de ese tipo). Prueba de ello es que hay más metraje de Ed Harris descendiendo por la fosa abisal que contándonos lo que ocurre una vez que encuentra a los alienígenas.

En el momento de su estreno, "The Abyss" fue generalmente criticado como un bache en la
ascendente trayectoria del director/guionista Cameron, cuyas películas anteriores ("Terminator" -1984- y "Aliens" -1986-) lo habían elevado a la categoría de maestro de películas de acción. Los intensos elementos de melodrama y sentimentalismo parecían distinguir a esta nueva película de sus anteriores films, caracterizados por un perfil más duro. Pero estos elementos no acababan de casar del todo bien con las escenas de acción. Lo que durante dos horas es una película de ciencia-ficción realista y tensa, acaba convirtiéndose en los últimos diez minutos en un refrito descafeinado de "Encuentros en la Tercera Fase" y "E.T.". En descargo de Cameron hay que decir, sin embargo, que el final que los espectadores pudieron ver en el momento de su estreno difería del imaginado por el director. La película había resultado ser demasiado larga y tres horas se consideraba un riesgo comercial inasumible, así que hubieron de recortar sustancialmente el final. El cierre de la historia se convertía así en un abrupto anticlímax.

En la versión del director que incluye la edición en DVD se introdujeron las escenas finales en que
los extraterrestres amenazan con inundar las costas con colosales tsunamis, exterminando a millones de personas. Esos minutos fueron los eliminados en el estreno original, dejando sin sentido los últimos momentos de la película y convirtiendo en superfluo todo el asunto de los aliens. Aún así, ese nuevo final no es más que un remedo poco original de "Ultimátum a la Tierra" (1951): unos extraterrestres esencialmente pacíficos pero que no dudarán en adoptar duros correctivos contra la raza humana si ésta persiste en sus tendencias autodestructivas. Esta visión de humanos infantiles desesperadamente necesitados de una autoridad superior puede que no sea muy inteligente, pero se presenta con convicción y habilidad narrativa. Al estructurar la conclusión de la película como un descenso a los abismos -el épico pero suicida viaje de Ed Harris a la fosa donde viven los aliens- seguido por una ascensión gloriosa de la enorme nave extraterrestre, consigue despertar una respuesta emocional en la que se mezcla la aprensión con la maravilla.

"The Abyss" es una película de ciencia-ficción madura que hace un esfuerzo honrado por combinar ideas basadas en ciencia con un argumento de acción de gran presupuesto. El resultado es una emocionante historia que, vista con perspectiva -y teniendo en cuenta sólo la versión del director editada en DVD-, puede contarse entre las mejores que el género dio en la década de los ochenta.
Por último, querría destacar la calidad de la novelización de la película, algo poco habitual habida cuenta de que los encargados de este tipo de ingratas y poco reconocidas tareas disponen de poco tiempo y menos libertad. Fue el propio James Cameron el que, escocido por la mediocridad de las anteriores novelizaciones de sus cintas, decidió que en esta ocasión se haría una auténtica novela. Contactó para ello con el reconocido escritor de CF Orson Scott Card quien, aunque al principio no se mostró interesado, el prestigio del director, el interés del guión que se iba a rodar y la libertad que se le aseguró para desarrollar la historia, le hicieron cambiar de opinión.

Tras reunirse ambos creadores, Card escribió inmediatamente los tres primeros capítulos, en los que se narran la infancia, adolescencia y carrera de Bud y Lindsay Brigman y el teniente Coffey, perfilando sus personalidades a través de su pasado y dando sentido a sus actos y decisiones durante la acción principal. De hecho, antes de comenzar a filmar, Cameron facilitó a Ed Harris, Mary Elizabeth Mastrantonio y Michael Bienh esta información para ayudarles a comprender sus respectivos personajes. Una vez empezado el rodaje, Card tuvo acceso a los copiones diarios con el fin de ir actualizando su manuscrito según esta o aquella escena se añadía, modificaba o suprimía.

Por otra parte, la novela arroja una luz reveladora sobre un aspecto que, como hemos dicho, queda muy cojo en la película: el papel de los alienígenas. Card profundiza en su origen, mentalidad, motivaciones y hasta tecnología. Su papel en el desenvolvimiento de la acción es mucho más relevante del que da a entender la película -lo que confiere sentido narrativo y científico a varios momentos del film- por lo que esta novelización, sin recortar nada de la película, no sólo añade nuevas capas a la historia sino que tiene entidad en sí misma. Novela recomendable no sólo para los fans de la película, sino para todos aquellos amantes de la literatura de Card, de la ciencia-ficción dura o de historias de contactos con alienígenas.

sábado, 10 de septiembre de 2011

1986-ALIENS - James Cameron

La sabiduría popular nos dice que en la base de cualquier franquicia cinematográfica debe haber siempre un film nuevo, intenso y único. Pero lo cierto es que, con mayor frecuencia, es el segundo film el que demuestra la validez del concepto original, consolida su peculiar universo e inicia la serie propiamente dicha.

Poca gente sabe esto mejor que James Cameron. En el curso de su carrera, ascendió desde el rentable "Terminator" (1984) hasta su exitosa secuela, "Terminator 2: El Juicio Final" (1991). Y, antes, con su secuela a "Alien" (1979) de Ridley Scott, consiguió hacer despegar una franquicia de éxito fenomenal con un total de seis (o cuatro para los puristas) películas hasta el momento, así como dar forma al género de la CF de acción y aventuras que, desde mediados de los ochenta, ha dominado la vertiente cinematográfica del género hasta el vuelco hacia la fantasía que trajo el nuevo milenio.

"Alien" había sido un gran éxito y los productores se mostraron dispuestos a hacer una secuela inmediatamente (algo que, no lo olvidemos, no era tan corriente entonces como lo es hoy en día).También los directivos de la Fox estaban interesados en el proyecto. Aunque en ese momento no se vio así, fue una suerte que cambiaran los miembros de la cúpula directiva del estudio y que los recién llegados no compartieran el entusiasmo de sus predecesores por el repelente alien, aparcando los planes de una continuación. El tiempo pasó, y ello permitió que el director ideal para un retorno al universo alien se formara y llegara al lugar adecuado en el momento adecuado: James Cameron.

Por aquel entonces Cameron era un novato en lo que a dirección se refiere. Había trabajado con el director Roger Corman en películas de bajo presupuesto en las que se había encargado un poco de todo, incluido el diseño y los efectos especiales, aprendiendo el oficio más deprisa y más profundamente de lo que hubiera podido esperarse. Un único trabajo, “Piraña 2”, no le hacía, a priori, el más indicado para encargarse de una secuela de "Alien". Fue por entonces cuando conoció a Gale Ann Hurd, con quien pondría en marcha una película basada en una historia propia, "Terminator", de la que hablaremos en otra entrada. Habían seleccionado a Arnold Schwarzenegger para el papel de robot asesino, pero éste, por imperativos contractuales, hubo de participar antes en “Conan El Destructor”. Eso dejaba nueve meses a Cameron con los brazos cruzados y sin poder iniciar su película o encargarse de otra ajena. Pero sí podía aceptar un trabajo de guionista.

Tal y como ha declarado él mismo, se había sentido impresionado e inspirado por la película de Ridley Scott. Comenzó un borrador de guión para una posible secuela y, sin haberlo finalizado siquiera, impresionó a los directivos de la Fox (que habían vuelto a cambiar, siendo éstos más
favorables a producir una secuela) hasta tal punto que decidieron esperar a que Cameron finalizara su “Terminator” para ofrecerle el puesto no sólo de guionista, sino también de director. Si "Terminator" no hubiera sido el gran éxito que fue, es posible que su promesa se hubiera quedado en nada, pero tal y como habían ido las cosas, parecía una elección más que adecuada. Así que Cameron y su esposa Gale Ann Hurd (contrajeron matrimonio en 1985) como productora, asumieron la difícil misión de hacer una película digna de la primera parte.

La historia es la siguiente: al final de la primera película, Ripley quedaba en animación suspendida en una cápsula de salvamento tras la destrucción del Nostromo y la muerte del alien. Cincuenta y siete años más tarde es rescatada por una nave de salvamento y devuelta a una estación orbital de la Tierra. Responsabilizada de la destrucción del Nostromo por la compañía propietaria del carguero, Weyland-Yutani, le retiran la licencia de vuelo y se ve obligada a llevar una vida miserable en la estación por el día y sufrir horribles pesadillas por la noche.
Para colmo, el planeta LV-426 (en el que los tripulantes del Nostromo habían encontrado los huevos alienígenas), ha sido colonizado. Pero las autoridades terrestres pierden contacto con la colonia. Como única superviviente del encuentro con la criatura, ofrecen a Ripley unirse a una expedición militar como asesora. Ripley, un grupo de Marines Coloniales y el representante de la compañía, Burke, se embarcan en la nave Sulaco rumbo al siniestro planeta. Allí descubren que los colonos han sido exterminados por los aliens y usados como incubadoras de sus crías. La única superviviente es una niña llamada Newt (Carrie Henn). Como era de esperar, los marines no resultan ser rivales para una horda de aliens y uno tras otro son sangrientamente aniquilados por las criaturas. Entretanto, se descubre que Burke está allí con el propósito oculto de capturar y llevar a la Tierra a una de los aliens para que la compañía estudie su potencial comercial.

Al final, con los demás muertos o incapacitados, Ripley se verá obligada a armarse hasta los dientes y enfrentarse a la terrible Reina, que pone los abominables huevos.

Cameron no deseaba hacer un simple remake de la primera parte. Tampoco quería limitarse a
dar un pequeño paso en la misma dirección del horror gótico que había adoptado Ridley Scott. En cambio, optó por abordar la historia desde el punto de vista de la acción pura y dura: "Alien" tenía una criatura acechando desde las sombras; "Aliens" tenía docenas, atacando desde todos los ángulos posibles (aunque, en realidad, el exiguo presupuesto de 18 millones de dólares sólo había dado para fabricar seis trajes de alien, y eso es lo máximo que se llega a ver en cualquier escena, aunque el talento de Cameron consigue ocultarlo). La dirección artística de "Alien" tenía un aire místico e irreal; en "Aliens" era práctica y cotidiana. Las metáforas de "Alien" eran el nacimiento y la muerte; "Aliens" se centraba en la guerra y la maternidad. Resulta curioso que su película resultara, hasta cierto punto, mejor adaptación de la excelente novela "Tropas del Espacio" (1959, Robert A.Heinlein) que la oficial, dirigida por Paul Verhoeven (1997).

Cameron renunció al terror puro de Scott, pero a cambio, y ya sin necesidad de presentar al alien, introdujo en el guión dos elementos que se convertirían en centrales en las dos siguientes películas de la saga. Por una parte, la ampliación del proceso de desarrollo de las criaturas, imitando el modelo de las comunidades de insectos y despejando las incógnitas acerca de quién ponía los huevos encontrados en la primera parte y cómo eran usados los humanos para "incubar" las larvas.
Y, por otro, como hemos dicho, una profundización en el personaje de Ripley y, en concreto, en el concepto de maternidad. Esto último fue una sorpresa. En un film de acción con marines matando aliens (y viceversa), el director logró hacer sitio a una historia que se centraba en el lado maternal de la protagonista mediante su vinculación a la pequeña niña Newt (Carrie Henn), única superviviente de la colonia. Esta vertiente maternal de Ripley se explicaba mejor en la versión extendida del DVD, en la que nos enterábamos que Ripley había tenido una hija que había crecido, envejecido y muerto mientras ella pasaba décadas hibernada en el espacio; de alguna forma desarrolla hacia Newt un instinto protector equivalente al de una madre. El éxito de Cameron es que la maternidad no es algo ajeno a la historia misma, sino parte esencial de ella: el principal alien de la película es también una madre, una especie de grotesca “alien reina” que pone sin parar montones de huevos. En las siguientes entregas de la saga se continuaría profundizando en este concepto: en "Alien3", la propia Ripley se convertiría en "madre" de un alien; y en "Aliens: Resurrección", el clon de Ripley sería una especie de "hija" de la reina alien.

Sigourney Weaver aceptó volver a protagonizar el personaje, eso sí, exigiendo unos emolumentos tales que la Fox sugirió a Cameron que replantease el guión sin el personaje de Ripley, a lo que el director se negó en redondo. Tuvo razón: Weaver consiguió una nominación al Oscar a la Mejor Actriz por su interpretación, toda una novedad para un film de CF.
Por su parte, el diseño conceptual se lo repartieron dos genios del dibujo: Syd Mead (2010, Blade Runner, Tron) y Ron Cobb (Star Wars, Conan el Bárbaro, Regreso al Futuro). El primero realizó el carguero militar Sulaco y el transporte blindado terrestre, mientras que el segundo visualizó prácticamente todas las instalaciones de la colonia. Peter Lamont (que había trabajado en muchas de las películas de la serie de James Bond) fue el diseñador de producción y responsable de hacer realidad las visiones de Mead y Cobb ciñéndose al presupuesto, tarea nada fácil porque aunque contaban con más de un millón de dólares para los decorados y vehículos, la escala de la película que Cameron deseaba realizar excedía con mucho el dinero disponible.

El rodaje tuvo lugar en Londres, en los estudios Pinewood. Y los que participaron en él no lo
recordaron posteriormente como un trabajo agradable. Al difícil y grosero carácter de Cameron, un perfeccionista obsesivo e intratable, y la frialdad en el trato de su mujer y productora, se añadió la diferencia cultural, en lo que a costumbres laborales se refiere, entre americanos y británicos. El rodaje estuvo plagado de tensiones, desencuentros y amenazas en una filmación por lo demás técnicamente compleja.
Cameron mantuvo el concepto visual de Scott inspirado por el estilo biomecánico de Giger que tanto contrastaba con los simétricos y brillantes interiores de "2001 Una Odisea del Espacio" (1968) de Kubrickm que habían dominado la CF hasta entonces. Pero introdujo más aliens, más luz y armas de mayor calibre. Los decorados, bañados en parpadeantes luces rojas, no son tan impresionantes, hostiles o claustrofóbicos como los de la primera parte. Con todo, el planeta LV-426, duro, ventoso y (casi) carente de vida en el primer film, es todavía un lugar muy desagradable. Aunque se haya convertido en hogar de cientos de colonos terraformadores, es oscuro, siniestro y poco recomendable. Naturalmente, los colonos no llegaron muy lejos. Nadie les avisó de que no salieran de excursión sin un traje muy resistente con un casco a prueba de todo y un gran pistolón.
"Aliens" sí superó a su predecesora en diálogos y caracterización. Fiel al original de Scott y en la línea de los films de Terminator, las simpatías de la película recaen en los personajes de la clase trabajadora (en este caso, los Marines Coloniales: fanfarrones, rudos y groseros, valientes pero no heroicos). A diferencia de "Alien", sin embargo, esta una película rápida y ruidosa, con escenas de acción cuidadosamente montadas. Mientras que Scott trasladó el cine de terror al espacio, Cameron tomó su inspiración de las películas bélicas. En la primera entrega, Ellen Ripley era una profesional competente cuyo temple era puesto a prueba en una situación extraordinaria. Cameron completa la metamorfosis a heroína postfeminista, un tanto masculina, armándola hasta los dientes con lanzagranadas, fusiles de gran calibre y lanzallamas. Como Sarah Connor en la segunda entrega de "Terminator", Ripley iguala y supera las hazañas de sus endurecidos compañeros varones. Por su parte, los Marines, a pesar de su vocerío, acaban convirtiendo la misión en un nuevo Vietnam (Cameron declaró que utilizó aquel conflicto como elemento metafórico en el film), experiencia que la administración Reagan se esforzaba por superar.

El director no consiguió evitar repetir algunas de las escenas que tan bien habían funcionado en la
primera parte, como el insensato viaje final de Ripley por un entorno industrial a punto de explotar, abriéndose paso por entre nubes de vapor, luces parpadeantes y robóticas voces de advertencia para rescatar, no a un gato, sino a una niña; o la reaparición (¿sorpresa?) del superalien cuando ya todo parecía haber acabado, repitiendo el truquito con el que se cerraba “Alien”. Con todo, Cameron consiguió firmar una película que recibió buena acogida tanto por la crítica como por el público, contentando a sectores tan dispares como los amantes de lo paramilitar y las feministas de línea dura. Hábilmente orquestado y con una tensión creciente, cuando llegaba el clímax final, el público se comía las uñas en las salas de cine.
"Aliens" fue además uno de los primeros films que tuvieron una segunda vida gracias al montaje del director. En 1992 se volvió a lanzar la película con 17 minutos extra respecto a la versión estrenada en 1986. El metraje adicional incluía nuevas escenas que transcurrían en la colonia antes de la matanza, un subargumento en el que Ripley descubría que mientras ella había estado hibernando flotando en el espacio profundo su hija había envejecido y muerto, más información sobre el pasado de Newt y nuevas escenas de acción con los marines.

"Aliens" es entretenimiento puro, sin apenas un momento aburrido. Cameron alterna con brillantez el cambiante ritmo en el que se alterna la acción, el terror, el suspense y el humor. Ciertamente, hay más artificio que reflexión (la siguiente entrega, dirigida por David Fincher, por mucho que se la haya denostado, tiene más profundidad e intriga) pero, a pesar de su esquema un tanto tópico, la película demostraba que la visión personal de un realizador podía fundirse con el espíritu del original y la marea de las modas de cada época, dando como resultado una película sólida que ha resistido magníficamente bien el paso del tiempo.