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lunes, 17 de diciembre de 2012

1932-CARSON DE VENUS - Edgar Rice Burroughs



En los años treinta, la Rusia soviética ya era una pieza fundamental del juego político internacional. La verdadera naturaleza del régimen nunca fue un secreto y, sin salir del ámbito de la ciencia ficción, ya hemos visto en este blog ejemplos de escritores rusos condenados por entonces al ostracismo por firmar obras distópicas en las que se criticaba el sistema comunista. Sin embargo, los teóricos de esa ideología consiguieron diseminar por todo el mundo sus visiones utópicas de un paraíso proletario. Estados Unidos tenía desde hacía tiempo un activo movimiento comunista entre cuyas filas, por ejemplo, militaba el famoso Jack London, cuya obra "El talón de hierro" (1908) constituyó todo un manifiesto a favor de la lucha obrera.
Pero el mensaje combativo e incluso violento que lanzaban estos grupos y las consecuencias que el régimen comunista había tenido para los rusos alarmaron a no pocos sectores de la sociedad. Uno de ellos fue Edgar Rice Burroughs, que veía al comunismo como una peligrosa amenaza. Su respuesta fue una nueva saga de novelas protagonizadas por Carson Napier, un hombre atrapado en la lucha entre clases sociales de Venus.


Carson Napier no es tan conocido como sus otros personajes estrella, Tarzan y John Carter, pero es mucho más humano y no se libra de cometer de vez en cuando graves errores. Eso sí, como Carter de Barsoom, Napier de Venus se enamora a primera vista de una princesa; y como Tarzán, es capaz de aprender una lengua extraña en un periodo ridículamente corto de tiempo -aunque Burroughs se molesta en aclarar que el idioma venusino es particularmente sencillo de asimilar-. Carson, como Carter, es un solitario, pero también un líder natural

"Piratas de Venus", la primera de las cinco novelas de que consta la saga, es un relato de aventuras que se ajusta al tipo de historias que Burroughs venía produciendo en serie desde hacía veinte años. Carson Napier trata de llegar a Marte a bordo de un cohete -todo un avance respecto a las inexplicables teleportaciones de John Carter al planeta rojo- pero un error en los cálculos lo conduce a Venus, donde su nave se estrella. Es tomado prisionero por los Vepajanos y a partir de ahí se suceden una serie de episodios vagamente hilvanados en una trama, en los que Napier se enamora de la bella princesa Duare, escapa de su confinamiento, lucha contra extrañas criaturas, vuelve a ser capturado, se convierte en pirata, rescata a la princesa de los peligros y salva a los vepajanos de una amenaza que podría aniquilarlos a todos.

Como todas las novelas y sagas de Burroughs que en este blog hemos comentado, el principal objetivo de la saga de Venus es entretener a base de una sucesión ininterrumpida de peripecias, apelando al sentido de lo maravilloso del lector mediante la introducción de fantásticas criaturas y entornos exóticos. En su mayor parte no es más que un calco de todas las otras obras de ese autor aquí reseñadas: un varón caucásico y anglosajón que se encuentra arrojado inesperadamente a un mundo alienígena poblado por extrañas bestias y civilizaciones o tribus en guerra las unas con las otras. .

A comienzos del siglo XX, los astrónomos que dirigían sus telescopios hacia Venus no veían más que una esfera cubierta de nubes. A nadie se le ocurrió pensar entonces que su opaca atmósfera estaba compuesta por una letal mezcla de dióxido de carbono, ácido sulfúrico y dióxido de azufre. Relacionaron inmediatamente las nubes con el agua. A mayor espesor de la capa de nubes, más agua debe existir en la superficie y, comoquiera que Venus es similar a la Tierra en tamaño y masa, es muy posible que exista una lujuriosa vegetación... y hasta dinosaurios.

El Venus de Burroughs -al que sus nativos llaman Amtor- desarrolla aquella hipótesis. Es un planeta de extensos océanos punteado de grandes islas cuya superficie está cubierta por gigantescos bosques de árboles tan grandes que sus copas atraviesan la capa de nubes y en sus ramas se asientan ciudades enteras. Las diferentes razas venusianas incluyen hombres alados, semi-humanoides y monstruos diversos, todos en permanente lucha por la supremacía.

Incapaces de ver el espacio, los venusianos no sólo no han desarrollado la ciencia astronómica, sino
que acumulan una serie de extrañas creencias que les llevan a creer que la región polar es el segmento exterior de un disco cuyo centro está ocupado por el ecuador. Sin embargo, ese atraso no les ha impedido controlar la energía atómica, alcanzar la juventud eterna y surcar los mares. Eso sí, hasta que no llega Carson y fabrica una, ignoran el concepto de las máquinas voladoras.

Más allá de los aspectos meramente decorativos o "de atrezzo", la diferencia entre la saga de Venus y el resto de las series aventureras de Burroughs (Tarzan, Pellucidar, John Carter) es, por un lado, que el protagonista es algo más cauto y torpe que sus predecesores; y, por otra parte, que aquí el héroe terrestre no se involucra en una guerra de tipo racial, ya sea entre tribus o entre un pueblo más avanzado y alguna especie de bestiales subhumanoides. No, aquí el conflicto es de tipo ideológico. Los venusianos -que en todo son iguales a sus contrapartidas terrícolas- viven según una realidad política que Burroughs utiliza como sátira del ascenso de los movimientos comunistas en Estados Unidos.

El tono anticomunista de "Los Piratas de Venus" le ha impedido superar el paso del tiempo de forma airosa. A veces, la crítica es tan sutil que apenas interfiere en la aventura propiamente dicha; y otras tan toscamente obvia como llamar a uno de los villanos "Moosko". Las dos facciones en conflicto quedan representadas por una parte por los Vepajanos, que afirman carecer de una jerarquía social y defender la idea de que no hay venusiano mejor que otro; sin embargo, tienen un rey y una princesa y cualquiera que ose mirar o hablar a esta última se hace acreedor a la pena de muerte. Con todo, son más igualitarios que sus enemigos, los Thoristas, que viven a lo grande mientras predican un ideario marxista. En la primera novela, Burroughs apenas muestra ningún Thorista y los que aparecen son incompetentes y criminales, dejando claro de qué lado están sus preferencias.

La saga contaría con cuatro volúmenes más: “Perdidos en Venus”, “Carson de Venus”, “Huida de
Venus” y “El brujo de Venus”, todos en la misma línea. En ellos Carson seguirá los pasos del típico héroe ideal de Burroughs: atravesará miles de millas visitando parajes tan sugestivos como Komor, la Ciudad de los Muertos, enfrentándose a criaturas como los anfibios humanoides del rey Tyros el Sanguinario y tratando de mantener a salvo a su amada mientras busca un lugar en el que vivir en paz. En fin, nada que no pueda hallarse en las otras series heroicas de Burroughs.

La Saga de Carson de Venus no es literatura de calidad. Burroughs no era más que un narrador 
competente pero repetitivo, eficaz en su recreación de ambientes y sentido de lo maravilloso, pero monótono y poco imaginativo a la hora de construir personajes y desarrollar tramas. Sus novelas carecen de un argumento sólido, limitándose a engarzar episodio tras episodio de forma previsible. Pero al menos, en este caso, su intento de introducir un mensaje político cuenta con la virtud de no avasallar al lector.

En resumen, recomendaría el primer volumen de la saga para aquellos que busquen una lectura fácil y de pura evasión. El resto, solo para incondicionales del autor.

sábado, 30 de junio de 2012

JOHN CARTER EN LOS COMICS (y 2)





(Viene de la entrada anterior)

Wolfman tuvo una segunda oportunidad con el personaje cinco años más tarde, cuando Edgar Rice Burroughs Inc, propietaria de los derechos de la obra, contactó con él para realizar un comic de John Carter que publicaría esa compañía y que se editaría en Europa. Para este nuevo proyecto Wolfman unió fuerzas con el dibujante Dave Cockrum, por entonces muy apreciado entre los fans gracias a su trabajo en los X-Men y la Legión de Superhéroes. Al final, Cockrum sólo ilustraría tres páginas de ese proyecto antes de que ERB, Inc sorprendiera a los implicados anunciando que se retiraba y que cedía los derechos a Marvel Comics. Para Wolfman esto fue un jarro de agua fría, otra oportunidad perdida…hasta que Roy Thomas se puso en contacto con él.

Porque mientras Wolfman y Cockrum trabajaban en el encargo de ERB, en Marvel Comics Stan Lee había ordenado a Thomas, antiguo editor en jefe de la editorial y entusiasta de la obra de Burroughs, que redactara una propuesta a ERB para conseguir la licencia sobre sus personajes. Thomas, llevado por su entusiasmo, sugirió la publicación de toda una línea de nuevos comics, pero Marvel no quería que su aún incierta aventura creciera demasiado, al menos al principio, y sólo aceptó desarrollar “Tarzán” y “John Carter, Guerrero de Marte”.

Ya con la licencia asegurada, Thomas planeaba encargarse él mismo de guionizar ambos títulos, pero rápidamente se dio cuenta de que le iba a resultar imposible dada la carga de trabajo que ya tenía sobre sus espaldas. Y fue entonces cuando ofreció a Marv Wolfman no sólo el puesto de escritor de las series, sino el
de editor de las mismas.

A la tercera va la vencida, debió de pensar Wolfman cuando aceptó sin pensar la oferta de Thomas. Su intención, no obstante, ya no era adaptar las novelas de Burroughs, sino crear nuevo material para los comics. Para ello, utilizaría un “vacío” temporal de nueve años que existe en las novelas, entre el párrafo tercero y cuarto del penúltimo capítulo de la primera novela de Carter, “Una Princesa de Marte”. De esta forma, no sólo tendría la oportunidad de contar historias completamente nuevas sin traicionar la cronología original, sino que evitaría abrumar a los lectores que no estuvieran familiarizados con el universo de ficción de Burroughs, con su ininterrumpido desfile de naves, ciudades en ruinas, criaturas y personajes.

Aunque Wolfman quería a Dave Cockrum como artista, pronto se percató de que el dibujante no sería capaz de mantener el ritmo de producción de una serie mensual. Aún así, no lo marginó totalmente –Cockrum era incluso más entusiasta de la saga de Carter que el propio Wolfman-, y le asignó las labores de entintado del lápiz de Gil Kane en el primer número de la colección así como el dibujo del número 11, en el que se contaba el origen de Dejah Thoris.

Podríamos pensar que no fue tan malo que Cockrum quedara fuera del equipo si tenemos en cuenta que su sustituto fue el gran Gil Kane, una leyenda dentro del comic. Por desgracia, ya con muchos años de carrera tras de sí, su trabajo ya no tenía la definición que solía, obligando a Wolfman a contratar al entintador filipino Rudy Nebres para que acabara y embelleciera sus bocetos.

Junio de 1977 es la fecha de portada del primer número de la colección, y en él daba inicio “Los Piratas del
Aire de Marte” el primer arco argumental. En él, Stara Kan, miembro de la raza de los marcianos rojos, busca venganza contra Carter por haberle cortado un brazo durante un combate. Kan rapta a Carter y Dejah Thoris, obligando al primero a liderar grupos de piratas embarcados en naves voladoras contra las ciudades del planeta. Los ciudadanos honrados de Marte se vuelven en contra de su antiguo héroe. Naturalmente, John Carter acaba derrotando a Kan y recobrando el respeto de los marcianos, pero no sin antes encontrarse con auténtico villano en la sombra, el amo de Kan, el aparentemente inmortal El Grande, una mezcla horripilante de marciano rojo, marciano verde de cuatro brazos y los terribles simios blancos tan característicos de Barsoom.

El John Carter de Wolfman era impecable. Aunque la historia era suya, bien podría haber sido extraída de algún relato olvidado e inédito de Burroughs. Ello gracias no tanto a la magnífica comprensión del guionista de los personajes y el entorno de ficción sino a la forma en que cuenta la historia. En las novelas de Burroughs, John Carter ejerce de narrador de sus propias aventuras y Wolfman emplea la misma técnica, llegando a imitar la prosa del escritor.

En cuanto al apartado gráfico, los lápices de Kane y las tintas de Cockrum se combinaron en ese primer
número para ofrecer un número clásico y ejemplar de lo que era Marvel en los setenta. Las viñetas destilaban la fluidez, elegancia y dinamismo que podían encontrarse en, por ejemplo, “Amazing Spiderman”, consiguiendo por fin plasmar sobre el papel el estilo de combate de un hombre que utilizaba la gravedad marciana para saltar a gran altura y medirse con adversarios el doble de altos que él. Las cosas mejorarían con la entrada en el número dos de Rudy Nebres en las labores de entintado, añadiendo un sabor pulp que evocaba el trabajo de artistas como Frank Frazetta o Frank E.Schoonover, cuyas portadas e ilustraciones habían definido durante tanto tiempo el aspecto de Barsoom.

Asimismo destacable es la descripción gráfica de otros elementos de las novelas de Carter: sus grotescos enemigos (ya sean los verdes Tharks o las diversas criaturas de pintorescos nombres: thoats, soraks, callots…), las ciudades en ruinas y, por supuesto, la delicada pero contundente belleza de Dejah Thoris.

“Los Piratas del Aire de Marte” se prolongó diez números hasta su conclusión con el enfrentamiento de Carter y El Grande. A continuación vendría un episodio íntegramente dibujado por Cockrum en el que, como hemos dicho, se narraba el origen de Dejah Thoris y una historia de terror en tres partes escrita por Wolfman y dibujada por Carmine Infantino y Rudy Nebres. Con la marcha de Gil Kane y Dave Cockrum poco más de un año después del comienzo de la colección, Wolfman era el único de los creadores originales de esta etapa que aún seguía al pie del cañón. Y ni siquiera él duraría ya mucho más. El número 15 fue el último en llevar guión suyo. Agobiado por el trabajo –por entonces ya se ocupaba de diversas colecciones en Marvel- hubo de retirarse y dejar paso a un nuevo equipo creativo.

“John Carter está muerto”. Con estas palabras, exclamadas por un guerrero Thark, la portada del número 16 nos indicaba el comienzo de una nueva saga dentro de la colección, obra del nuevo equipo creativo encabezado por el guionista Chris Claremont. En cuanto éste recibió el encargo de escribir la serie, imaginó sin dificultad un arco argumental que se prolongaría once episodios. Supervisando su trabajo estaba el editor Roger Stern, quien ya había trabajado con Claremont en los “X-Men” y “Ms.Marvel”. Por desgracia, no se asignó ningún entintador regular a la colección (Rudy Nebres se marchó en ese número 16) y los lápices del nuevo dibujante, Ernie Colón hubieron de pasar por un interminable e irregular desfile de entintadores con estilos demasiado dispares como para aportar cierta uniformidad al aspecto visual. Haciendo de la necesidad virtud, Colón y Stern aprovecharon tal carencia para realizar algún experimento, como publicar el nº 20 con los lápices de Colón sin entintar. El dibujante realizó un trabajo tan ajustado y limpio que poca gente se dio cuenta de ese inusual hecho.

Desde el nº 16, los lápices de Colón primero y de Mike Vosburg después contribuyeron a dotar de un aire algo más moderno a las historias de Claremont, cuya capacidad de imitar el estilo y tono de Burroughs era casi tan bueno como el de Wolfman. En esta aventura encontramos a Dejah Thoris infiltrándose en el Gremio Marciano de Asesinos para buscar venganza por la muerte de su marido. Lo que hace que esta historia tenga un encanto particular es, precisamente, que no se centra en el héroe principal. Comenzando con la muerte (temporal) de Carter, Claremont vio la oportunidad de desplazar la acción hacia los personajes que tradicionalmente habían recibido un tratamiento más pobre.

Así, Tars Tarkas obtiene por fin su oportunidad de brillar por sí mismo en el número 18 (noviembre 1978), un episodio centrado en la batalla que libra Tarkas contra un congénere por el liderazgo de la tribu. Con todos los respetos hacia Colón y Vosburg, este número es quizá el más recordado de toda la colección por una razón: constituyó el segundo trabajo profesional de Frank Miller. Anteriormente, lo único que había hecho el joven Miller había sido un episodio del Capitán Marvel en el que el superhéroe cósmico se encontraba con un grupo de alienígenas entre los cuales el dibujante, como un guiño al lector, introdujo un Thark. Lo dibujó tan bien que el editor Roger Stern pidió a Chris Claremont que escribiera un guión protagonizado por el gigante verde de seis brazos para que Miller lo dibujara. Todo el mundo quedó impresionado por el talento del artista novel y antes de que nadie se diera cuenta estaba dibujando Daredevil y en pleno camino hacia la gloria tebeística.

Por su parte, en las capaces manos de Claremont, Dejah Thoris evolucionó rápidamente desde el papel de damisela en peligro hasta heroína del siglo XX. Después de todo, el núcleo de “Maestro Asesino de Marte” es la historia de la princesa asumiendo la misión de vengar a su amado. Incluso después de que un revivido Carter se una a ella, Dejah continúa al frente de la acción como lo demuestra el número 23 (abril de 1979), en el que se bate en duelo con bravura contra cuatro asesinas mientras Carter la contempla encadenado e impotente, una agradable inversión del tradicional papel de la pareja “héroe-damisela”.

A pesar del entusiasmo desplegado por Claremont y su novedoso enfoque de las historias de Barsoom, la
serie fue cancelada en su número 24 (mayo de 1979), a tres números de la conclusión del arco argumental. Afortunadamente para sus seguidores, Marvel decidió dar un último impulso al título para terminar la historia, impulso que duró cuatro números. En cuanto a los motivos de cancelación, nadie está muy seguro pero en estos casos las cifras de ventas suelen ser implacables. Roger Stern declaró que el departamento de ventas decidió liquidar la colección pero alguien descubrió que Marvel estaba contractualmente obligada a producir un cierto número de episodios, por lo que hubieron de reanudarlo para cumplir el acuerdo. A todo esto podría haberse sumado la problemática propia de los comics publicados bajo licencia: en ocasiones, el desembolso que implica el uso de los derechos se come los beneficios de la colección.

Sea como fuere, “John Carter, Warlord of Mars” fue definitivamente cancelado en su número 28 (octubre de 1979) con una historia a cargo de Peter Gillis y Larry Hama. Un año después, una historia escrita por Claremont y parcialmente dibujada por Carmine Infantino fue reciclada para que su acción tuviera lugar hace mucho tiempo en una galaxia muy muy lejana. De esta forma vio la luz entre los números 53 y 54 de la colección “Star Wars” editada por Marvel. Si “John Carter” hubiera continuado, es posible que hubiéramos podido leer pequeñas joyas como una historia de Claremont ilustrada por George Perez, o una colaboración de Miller –ambas sugeridas en la columna editorial de la serie- y, ¿quién sabe? quizá episodios dibujados por John Byrne –que por entonces colaboraba habitualmente con Claremont- o Gene Colan…

Como todo buen héroe, John Carter nunca muere de verdad. Ni siquiera en los comics. En la actualidad y a raíz de la reciente película de Disney, Marvel ha devuelto al guerrero de Barsoom su colección mensual, tanto en la forma de historias relacionadas con el argumento de la película como una nueva adaptación de “Una princesa de Marte”. Marvel y Dark Horse han recuperado en su línea de clásicos los viejos episodios aquí comentados e incluso Chris Claremont ha retomado su historia de “Star Wars” y la ha escrito como originalmente había deseado, incluyéndola en una antología en prosa con nuevas aventuras titulada “Under the Moons of Mars”. Cien años después de su nacimiento, John Carter parece gozar de mejor salud que nunca. Y eso no es algo que ocurra todos los días.


miércoles, 27 de junio de 2012

1972-1979 - JOHN CARTER EN LOS COMICS (1)

 Por alguna razón, John Carter, el famoso y ya centenario personaje de Edgar Rice Burroughs, nunca ha tenido demasiada suerte en el cómic –tampoco en el cine, ya puestos-. Diferentes editoriales lanzaron comic-books con sus aventuras sin conseguir la menor repercusión: Dell Publishing (tres números entre 1952 y 1953 adaptando las tres primeras novelas), World Distributors Ltd (dos números en 1953), Gold Key (3 números en 1964-en realidad reediciones de los números de Dell) o House of Greystoke (1 número en 1970).

Pero en 1971, una editorial de mayor peso, National Periodical Publications, más conocida por DC Comics, se hizo con los derechos para la publicación en viñetas de la obra de Burroughs. Parecía que ahora sí, las cosas podrían despegar, especialmente teniendo en cuenta que los superhéroes estaban de nuevo en recesión y los lectores recibían con entusiasmo otros géneros (terror, espada y brujería, artes marciales, ciencia ficción…).

Fueron los populares Tarzan y Korak (el hijo natural del hombre-mono) quienes obtuvieron sus propias cabeceras, debutando a comienzos de 1972 y continuando la numeración de las colecciones de la anterior compañía editorial propietaria de los derechos, Gold Key. Un atractivo adicional –especialmente para los fans más devotos de Burroughs- fueron las historias de complemento protagonizadas por varios de los personajes menos conocidos del escritor. Por desgracia, estas páginas secundarias no se publicitaban en las portadas de los comic-books y nunca llegaron a tener una oportunidad real de enganchar a los lectores.



Aunque una antología de Burroughs, “Weird Worlds”, permitió a dos de esos personajes una trayectoria algo más prolongada, lo cierto es que permanecieron en un oscuro anonimato, al menos en lo que a los aficionados a los comics se refiere. Y es una lástima, porque las cuatro series que en ese título se serializaban – “John Carter de Marte”, “Carson de Venus”, “Pellucidar” y “Más Allá de la más lejana estrella”- merecieron más oportunidades de las que se les dio. Los iremos analizando en entradas separadas, pero en esta ocasión detengámonos en el primero y más popular de ellos.

“John Carter, Guerrero de Marte”, las aventuras de un ex-soldado confederado místicamente transportado a un planeta rojo desértico y decadente, hizo su primera aparición en DC como historia de complemento del número 207 de Tarzán (abril de 1972, recordemos que la numeración retomaba la de la colección de la editorial Gold Key), un título editado por Joe Kubert. La serie continuó en los números 208 y 209 de esa misma colección sin hacerse mención de su existencia en ninguna de las cubiertas (bellamente ilustradas por el propio Kubert).

Cuando DC abandonó su formato de 52 páginas y volvió a los comics de 36, ya no había espacio suficiente
para las historias de complemento. Así, se creó la colección “Weird Worlds”, editada por Denny O´Neil, un título que nacía con la vocación no declarada de darle a John Carter un nuevo hogar en la editorial. Sus aventuras ocuparían la mitad de cada número y varias portadas. Carter apareció en los números 1 al 7 (agosto-septiembre1972 a septiembre-octubre 1973) totalizando diez capítulos. Sus aventuras tuvieron un abrupto final cuando se decidió que otra serie de ciencia-ficción creada por Howard Chaykin, “Iron Wolf”, pasaría a ocupar la totalidad del comic a partir de su número 8.

El guionista Marv Wolfman recibió con el personaje de John Carter el primer encargo de su larga trayectoria profesional. Efectivamente, él fue el encargado de glosar la ascensión del héroe de alienígena en apuros a héroe reverenciado, adaptando las dos primeras novelas de la saga: “Una Princesa de Marte” y “Dioses de Marte” -si bien Wolfman no apareció como responsable en los créditos de los tres primeros capítulos-. El veterano dibujante Murphy Anderson ilustró los episodios 1, 3, 4, 5 y 6, mientras que Gray Morrow se encargó del segundo y Sal Amendola del séptimo y décimo, cuando Anderson pasó a ocuparse de los lápices de la serie principal, “Korak, Son of Tarzan”.

Durante esta primera etapa, Carter pasaba de ser perseguido por los indios a verse transportado misteriosamente a Marte, donde adquiría gran fuerza gracias a la menor gravedad de ese planeta; era capturado por los Tharks (una raza de grandes seres humanoides de piel verde y cuatro brazos), evadiéndose de su ciudad acompañado de la bella princesa Dejah Thoris, todo ello en los cinco primeros episodios.

En los cinco siguientes, ya separado de su amada y aliado con el poderoso guerrero Thark Tars Tarkas, corre varias aventuras enfrentándose a diversas criaturas y encontrando antiguas civilizaciones, como los hombres planta del Valle de Dor; los sagrados Therns; Thuvia, señora de los Banths, los piratas negros e Issus, Diosa de la Vida y la Muerte. Cuando Carter llega finalmente a Helium, el hogar de Dejah, es recibido como un gran héroe, se casa con su amada y es nombrado Guerrero Supremo de Marte. Wolfman consiguió comprimir muchísima acción, aventura, historia y geografía en la serie, adaptando a un ritmo endiablado las dos primeras novelas.

El suyo fue un trabajo meritorio. No en vano él mismo había sido en su adolescencia un gran fan del trabajo de Burroughs y estaba encantado de tener la oportunidad de trasladar la saga al mundo de las viñetas. Por desgracia, la editorial no se lo puso fácil. Cada vez que comenzaba la historia de un número, le decían que el comic iba a ser cancelado y que tenía que terminarla inmediatamente. En el último momento, le comunicaban que no, que continuara con el siguiente guión, sólo para avisarle otra vez del inminente cierre del título. El resultado no podía ser otro que historias deslavazadas y algo incoherentes. Tampoco ayudó el mediocre dibujo. Murphy Anderson era un veterano bastante sólido, pero su labor en estas páginas apenas traspasó la línea de lo correcto. Su sucesor, Amendola, era sencillamente nefasto.

Tras su periodo en Weird Worlds, Carter haría una aparición en la cubierta de Tarzan Family nº 60 (nov-dic 1975), dando inicio a una serie de sosas y confusas apariciones hasta que DC dejó definitivamente de lado al personaje.

(Continúa en la siguiente entrada)

martes, 19 de junio de 2012

1926-LA DAMA DE LA LUNA - Edgar Rice Burroughs


"La Dama de la Luna", concebido durante los oscuros años de la Primera Guerra Mundial, es el relato épico de un mundo conquistado por invasores selenitas y de un héroe, Julian, que actúa como campeón de la Tierra en su lucha por la libertad, la paz y la dignidad.

Tres meses antes de que el Tratado de Versalles (28 de junio de 1919) pusiera fin a las hostilidades de la Gran Guerra, Edgar Rice Burroughs comenzó a trabajar en una historia con el título provisional de "Bajo Bandera Roja". En el transcurso de los años bélicos y con el marco de la guerra incorporado a su ficción, el escritor había publicado "El Continente Perdido" (1916) o "La Tierra Olvidada por el Tiempo" (1918). Sin embargo, fue un acontecimiento paralelo al conflicto pero relacionado con el mismo lo que llamó la atención de Burroughs de forma especial. Durante 1917, en una Rusia desangrada por la guerra y desestabilizada por conflictos sociales y políticos, los bolcheviques forzaron una serie de acontecimientos que les llevarían al poder en el mes de octubre.

La pérdida de libertad en Rusia y la instauración en el país de una tiranía en el supuesto nombre del pueblo, preocupó mucho a Burroughs, que quiso denunciar la situación en "Bajo Bandera Roja". Sin embargo, en esta ocasión la historia no contó con la bendición de sus editores habituales. Para entonces la guerra había terminado y ya no estaban interesados en ella. Pensaban que la gente quería olvidar, evadirse de los horrores sufridos tras cuatro años de barbarie. Y le pidieron más Tarzán. Resignado, Burroughs les entregó "Tarzán el Indomable" y "Tarzán el Terrible" aunque seguía pensando que "Bajo Bandera Roja" era una historia que debía ser contada. Y para ello recurrió a un astuto truco: aparcó momentáneamente esa novela -en la que se planteaba un futuro poco halagüeño dominado por un gobierno comunista- para centrarse en una especie de precuela de la misma más del gusto de los editores. Así, comenzó lo que sería "La Dama de la Luna" en 1922, una fantasía en la que además de mezclar aventura y especulación científica, establecía una conexión con sus historias marcianas de John Carter.

El Barsoom, una astronave en misión exploratoria a Marte, se estrella en la Luna a causa de la embriaguez
de un miembro de la tripulación. Los expedicionarios son capturados por los Va-gas, seres equinos con rostro animal. Más tarde, encuentran a los más humanoides No-vans y, entre ellos, a la hermosa dama que no podía faltar en ninguna historia de Burroughs, Nah-ee-lah, la Dama de la Luna del título. Los seguidores de este blog ya habrán leído otras reseñas de Burroughs y sabrán lo que viene a continuación: peripecias continuas, huidas, duelos y un clímax en forma de batalla contra los Jemadar antes de que el héroe y su amada escapen a la Tierra.

Esta vez sí, a los editores les encantó lo que leían: viajes espaciales, sociedades alienígenas, luchas y batallas, una historia de amor protagonizada por una pareja perfecta... "La Dama de la Luna" apareció serializada entre mayo y junio de 1923 (la fecha que indico en el título corresponde a su edición en forma de libro) en la revista pulp "Argosy All-Story Weekly". Aprovechando su cálida acogida, Burroughs recuperó, ahora sí, "Bajo Bandera Roja" y la presentó (modificada y serializada, como la anterior en la misma publicación pulp) como una continuación de "La Dama de la Luna" titulada "Los hombres de la Luna" ("The Moon Men"), en la que el mismo héroe volverá a la vida en los oscuros años del siglo XXII como Julian IX, negándose a prestar obediencia a los invasores selenitas, los Kalkars, un trasunto de bolcheviques.

El truco dio resultado. Mejor incluso de lo esperado. Porque "Los hombres de la Luna" era una obra con un trasfondo claramente político y eso ya le había supuesto anteriormente a Burroughs algún trastorno de cabeza. Cuando "Tarzán el Indomable" fue publicado en Alemania tras la Primera Guerra Mundial, el público se mostró comprensiblemente hostil a los sentimientos antigermanos -por otra parte propios del periodo bélico- claramente expresados en el libro, hasta el punto de que el agente alemán de Burroughs fue vilipendiado, sus libros retirados, los contratos cancelados y los royalties retenidos. ¿Habría ocurrido algo similar con "Bajo Bandera Roja" si se hubiera publicado en Rusia en los años veinte? Posiblemente. En cambio, "Los hombres de la Luna" y su parodia comunista bajo el decorado de la aventura no sufrió ataques de ningún tipo.

El ciclo se cierra con una tercera novela marcadamente patriótica, "El Halcón Rojo" ("The Red Hawk", 1925), en la que el mismo personaje con otro nombre ligeramente distinto, Julian XX, conocido como el feroz Halcón Rojo, lidera a la humanidad en su batalla definitiva contra los invasores alienígenas/comunistas del siglo XXV.

Burroughs era ideológicamente conservador y no veía con buenos ojos toda aquella medida que limitara la
libertad personal y comunitaria, concepto que él asociaba estrechamente con la democracia. Leyes como la de que inauguró la Ley Seca o las regulaciones laborales propiciadas por los sindicatos, no contaban con su aprobación. Aunque sus obras eran pura aventura, no dejaban de contener en un segundo plano comentarios personales sobre la sociedad y la forma de gobierno que él consideraba "civilizada". Pero en ninguno de sus libros su intención política fue tan clara e intencionada como en la trilogía de la Luna. Hasta tal punto es así que mientras que en otros libros ("Dioses de Marte", por ejemplo, incluido en la saga de Barsoom) había criticado la religión organizada, en esta saga lunar no solo la apoya, sino que hace hincapié en las creencias judeocristianas, la santidad del matrimonio o la fe en Dios. Y todo con la deliberada intención de resaltar el carácter ateo y perverso del comunismo. Burroughs sabía muy bien quién era su público.

La trilogía de la Luna es basta, sosa y escasamente elaborada si la comparamos con otros trabajos del escritor -lo cual no es poco decir-, pero a diferencia de estos últimos, lanza un claro mensaje de advertencia a los políticos y a la sociedad: No nos desarmemos, evitemos a los comunistas y el gobierno autoritario, luchemos contra los dictadores, defendamos el país, el honor y la familia...

Edgar Rice Burroughs fue uno de los más ilustres representantes de la literatura pulp. Sus mundos imaginarios (ya fueran las selvas de Tarzán, los desiertos de Barsoom o el continente subterráneo de Pellucidar) estaban repletos de hombres musculosos y mujeres escasamente vestidas insertos en argumentos escasamente verosímiles de acción trepidante. Su capacidad para cautivar la imaginación de millones de lectores de varias generaciones ha superado su escaso valor literario y para muchos aficionados, reedición tras reedición, las aventuras de los personajes de Burroughs constituyeron la puerta de entrada a la ciencia-ficción. La lectura de su saga de la Luna no debe abordarse como un ejercicio de análisis literario sino como un pequeño viaje en el tiempo con el que poder echar una mirada nostálgica al pasado reciente de nuestra cultura y al futuro que entonces se creyó por llegar.

Un clásico del autor y también del género que merece la pena revisarse, aunque sólo sea como reconocimiento a un escritor sobre cuyos hombros se alzaron otros visionarios con más talento que él.

jueves, 29 de marzo de 2012

1924- TRILOGIA DE CASPAK - Edgar Rice Burroughs

Burroughs, como ya he comentado en más de una entrada anterior, tenía una fórmula que le funcionaba y a la que, en vista de su éxito, recurría una y otra vez : un valiente héroe se aventura en un paraje extraordinario y en el curso de sus peripecias conoce y se enamora de una hermosa e igualmente brava mujer que, invariablemente, es secuestrada; a continuación, tras superar grandes peligros, el héroe la rescata. Y el caso que ahora comentamos no es una excepción a esa regla. Burroughs vuelve a contarnos la misma historia, una narración torpe y plana, lastrada por los prejuicios de la época -lo que no era exclusivo del autor sino muy común en la literatura pulp de entonces- pero, también, como de costumbre, llena de imágenes y aventuras tan coloristas y plenas de energía que influirían a multitud de creadores posteriores, desde cineastas a ilustradores. De hecho, la primera novela de la trilogía, "La Tierra Olvidada por el Tiempo" (1918) fue adaptada al cine en 1975 (con guión de Michael Moorcock), cincuenta años después de su publicación, lo que demuestra su perdurabilidad. Más aún, en 2009 volvió a la pantalla grande en una nueva versión dirigida por C.Thomas Howell.

En 1916, mientras en Europa se libra la Primera Guerra Mundial, Bowen J.Tyler, hijo de un naviero californiano, viaja en un transatlántico con bandera neutral (americana). Su noble intención es servir de voluntario conduciendo ambulancias en el campo de batalla. El barco es torpedeado por un submarino alemán y se va a pique pero el protagonista encuentra un bote salvavidas vacío, salvando de paso a una bella joven, Lys La Rue, que se dirigía a Alemania para casarse con un oficial de la marina. Ambos son rescatados -junto a su perro Nobs- por un barco inglés que, a su vez, es torpedeado por el mismo submarino días más tarde. El heroico capitán británico no se arredra y embiste al enemigo. Nuestros protagonistas se hacen con el control de la nave -resulta que Bowen es diseñador de submarinos y no solo sabe construirlos sino que puede pilotarlos-, y ¡sorpresa!, uno de los malvados oficiales alemanes a bordo del submarino resulta ser nada más y nada menos que el prometido de la joven, un auténtico canalla. Los prejuicios de Burroughs no se limitaban a los alemanes -recordemos que el libro fue escrito en 1918, cuando todavía rugía la guerra en Europa-: uno de los traidores resulta ser Bensen, un americano perteneciente a la Asociación Internacional de Trabajadores que odia tanto al capitalismo como a Norteamérica.

Al final, perdido el rumbo, acaban llegando a un continente desconocido cerca de la Antártida llamado Caprona. Tras franquear unos imponentes acantilados se sumergen en un mundo prehistórico lleno de dinosaurios y mamíferos extintos desde hace millones de años en el resto del planeta. Peligrosas criaturas vagan por las junglas tropicales del sur mientras que agresivos humanoides alados moran en las ciudades de una gran isla al norte. Atrapados entre ambas amenazas sobreviven grupos dispersos de seres humanos que llaman a su tierra "Caspak". Los náufragos tratan de fundar una colonia, Fort Dinosaur, pero los prisioneros alemanes se amotinan y abandonan a su suerte a los americanos y británicos. Para empeorar más las cosas, Lys es secuestrada por un hombre salvaje y Bowen deberá emprender su búsqueda enfrentándose a los peligros que por doquier acechan en ese mundo primitivo. Revísense otras entradas de Burroughs en este blog y se hallará sin mucho esfuerzo la pauta de todos sus relatos. Si aún no está claro, sígase leyendo.

Las aventuras continuaron en "La Tribu Olvidada por el Tiempo" y "Desde el Abismo del Tiempo", ambas serializadas también en la revista Blue Book en 1918 (los tres relatos fueron recopilados en un solo libro en 1924 bajo el título del primero, tal y como había sido la intención original de su autor.).

En la primera, la acción transcurre algún tiempo después de que se halle un manuscrito dejado atrás por Bowen en su búsqueda de Lys. Un equipo de rescate llega a Caspak para tratar de rescatar al americano, su amada Lys y los supervivientes británicos. A la cabeza de la expedición está Tom Billings, un viejo amigo y socio de Bowen. Mientras sobrevuela el continente, su avión es derribado por un pterosaurio. Y mira por donde, también este americano se encuentra con una sugerente chica nativa, Ajor, a la que rescata de un felino prehistórico. A cambio, ella le ayuda a sobrevivir en el salvaje entorno. Después de escapar a un ataque de hombres-mono, Tom decide devolver a Ajor a su tribu, los Galu. Durante el viaje, Tom aprende que en Caspak el hombre alcanza su estadio biológico mediante una especie de extraña progresión evolutiva individual, siendo los Galu el escalón superior y los únicos que dan a luz seres humanos propiamente dichos. Todas las criaturas, a medida que evolucionan, se van trasladando hacia el norte de la isla-continente. También se entera Tom de una conspiración tramada por parte de humanoides menos evolucionados que, no dispuestos a esperar su momento, deciden atacar a los Galu y conquistarlos (el racismo de Burroughs, reflejo del de su época, asoma claramente en este planteamiento). Por supuesto, Tom se encargará de que el plan no llegue a buen fin.

El último libro de la trilogía concluye la historia cuando una expedición liderada por Br
adley, uno de los ingleses del fuerte, regresa tras su misión a Fort Dinosaur. Acosados por uno de los humanos-murciélago, el capitán es secuestrado por este y llevado a su pueblo, los siniestros Wieroo, que viven en la Ciudad de las Calaveras, cuyas calles están pavimentadas con los cráneos de sus enemigos. Allí se encuentra -¡este también!- con una nativa prisionera (como la Ajor del libro anterior) llamada Co-Tan. Resulta que los Wieroo son todos varones y secuestran a mujeres Galu para aparearse con ellas y tratar de engendrar una hembra. Pero no tienen suerte. Como es previsible, Bradley rescata a Co-Tan y ambos, ya enamorados, escapan a la selva. Tras una peligrosa huida colmada de sorpresas y peripecias, alcanzan su objetivo.

Desde que Richard Owen acuñara el término en 1842, los dinosaurios han fascinado al mundo. No
es difícil entender por qué: fueron monstruos muy reales que rivalizaban con la fauna mitológica fuertemente enraizada en nuestro imaginario colectivo: dragones, serpientes marinas, hidras...bestias legendarias por su tamaño, ferocidad y magnificencia. Los dinosaurios eran, por tanto, criaturas perfectamente susceptibles de ser adoptadas por géneros de ficción como la fantasía, la aventura o la propia ciencia-ficción. La idea de que esas criaturas hubieran podido sobrevivir ocultas en algún aislado lugar de nuestro planeta fue pronto cultivada por un subgénero preexistente, el de los mundos perdidos, con representantes como Julio Verne, H.Rider Haggard, Abraham Merritt, Edward Bulwer Lytton... Desde el principio de su carrera de escritor, Burroughs se había apuntado a la moda con novelas como las incluidas en la saga de "Pellucidar" o "La Chica de las Cavernas". En esta ocasión regresa al tema para plantear la misma historia de siempre si bien introduciendo un nuevo elemento, notablemente divergente del de otros relatos similares.

Efectivamente, en novelas como "El Mundo Perdido" (1912), criaturas de diferentes familias biológicas y periodos temporales separados entre sí millones de años conviven en un mismo entorno geográfico. Burroughs reconoce esta incongruencia e intenta explicar -por llamarlo de alguna manera- esa coexistencia de dinosaurios, mamíferos, homínidos y seres humanos en la isla continente de Caspak: aquí la evolución tiene lugar en el curso de una vida, no de millones de años, por lo que un ser individual puede, de hecho, cambiar de especie hacia otra más evolucionada en el curso de su breve existencia. Desde luego, no es que sea una explicación muy sólida y, en mi opinión, semejante intento de racionalización sólo contribuye a engordar el absurdo. Hay cosas que es mejor dejar sin explicar a favor de la aventura y el misterio. Además, el desconocimiento de Burroughs de la materia le hace incurrir en errores que incluso en aquella temprana época de la paleontología, ya eran graves: se inventó especies nuevas y otras las describió de una forma claramente incorrecta: su alosaurio es una especie de canguro gigante que salta entre los árboles; y el tiranosaurio está recubierto de placas óseas. Claro que si así lo deseamos, siempre podemos encontrar una explicación: al fin y al cabo, tras decenas de millones de años de evolución independiente, ¿quién puede decir si los dinosaurios no podrían haberse transformado en criaturas como las que nos presenta Burroughs?

Tampoco los personajes, meros calcos los unos de los otros, son en absoluto destacables. Sí,
Bradley es un duro marinero inglés y Bowen un hombre de negocios americano, pero al final uno y otro son intercambiables, como también lo son las respectivas "salvajes" de las que se enamoran. El estilo literario está claramente hinchado y peca de excesivamente florido y cursi pero, al fin y al cabo, dado que le pagaban por palabra y realmente no tenía mucho que contar, no se podía esperar otra cosa.

La verdad es que no me atrevería realmente a recomendar esta trilogía a nadie sin espíritu juvenil y aficionado incondicional a la literatura pulp o las aventuras prehistóricas. Incluso en ese caso, diría que es mejor y más rápido ver alguna de las adaptaciones cinematográficas comentadas al principio. Para alguien interesado en el subgénero de mundos perdidos prehistóricos que no renuncie completamente a la calidad literaria, les animo a que inviertan su tiempo en "El Mundo Perdido" (1912) de Arthur Conan Doyle.



martes, 20 de marzo de 2012

1925-LA CHICA DE LAS CAVERNAS - Edgar Rice Burroughs


Las novelas de mundos perdidos, que durante más de cincuenta años habían constituido uno de los pilares básicos de los relatos de aventuras, tenían los días contados. Aquellas narraciones de exploradores y aventureros que involuntaria o deliberadamente se internaban en remotos valles cubiertos por la bruma, penetraban en alguna profunda cueva hacia el interior de la Tierra o atravesaban inhóspitos desiertos o impenetrables junglas para encontrar civilizaciones perdidas y una naturaleza congelada en el tiempo, iban pronto a dejar paso a las epopeyas espaciales. Sencillamente, la Tierra empezaba a perder su misterio. La mejora en los medios de transporte, el aumento del alfabetismo y la consiguiente expansión del negocio editorial y el acceso de grandes sectores de la población a noticias e imágenes del resto del mundo, la radio, el esfuerzo de exploración e investigación científicas que llevaron a cabo instituciones y gobiernos... todo ello mejoró el conocimiento que se tenía de nuestro planeta y redujo su "exotismo". En poco tiempo los protagonistas de muchos de aquellos relatos pulp que transcurrían en inaccesibles montañas del Himalaya o inexploradas regiones africanas trasladarían sus operaciones al espacio, un ámbito virtualmente desconocido y donde todo era posible.

Pero eso sería dentro de unos años, con el auge las revistas pulp especializadas en ciencia-ficción. Mientras tanto, Edgar Rice Burroughs se apuntaría a un subgénero que se ajustaba perfectamente al tipo de relatos que le caracterizaban: aventura, épica, suspense, héroes invencibles, peligrosas y espectaculares criaturas, violencia,... Aunque este volumen apareció en 1925, en realidad recogía dos relatos anteriores, muy primerizos dentro de su bibliografía: "The Cave Girl" (1913) y su secuela, "The Cave Man" (1914) , ambos serializados en "All-Story" y "All-Story Weekly" respectivamente.

Waldo Emerson Smith-Jones es -como su propio nombre nos sugiere- un joven mimado perteneciente a una acomodada familia. Aquejado por una mala salud crónica, se encuentra realizando un viaje por los Mares del Sur cuando es arrojado al mar por una ola y arrastrado hasta una perdida isla selvática. No tarda en verse en apuros al encontrarse con unos primitivos humanoides de aspecto simiesco, sorprendiéndose de encontrar dentro de sí el valor y la fuerza necesarios para enfrentarse a ellos.

El esperado elemento femenino es en esta ocasión la bella Nadara, a quien un vigorizado Waldon rescata de las garras de una de esas salvajes criaturas. Cautivada por el valor del joven, Nadara lo eleva al estatus de héroe y le bautiza con el nombre de Thandar, "el valiente". Lo que sigue son una serie de aventuras en la jungla muy del gusto de la época: mientras Waldo/Thandar mejora su fortaleza física gracias a la vida al aire libre, emprende la búsqueda de Nadara y se enfrenta a los enemigos de rigor. El racismo de Burroughs -no más agudo que el de la sociedad en la que vivió- se manifiesta en la revelación "sorpresa" de que Nadara en realidad no es una "salvaje": su madre era blanca, una náufraga como Waldo, que llegó a la isla embarazada. Al enterarse de ello, en un pacato ataque de moral, el protagonista decide que por muy profundo que sea el amor que siente por Nadara, siendo como es "hija de la civilización", no sería correcto tomarla como esposa -con toda la intimidad que eso conlleva-. Las cosas han de hacerse bien: la llevará a los Estados Unidos y se casara como es debido, por lo que empieza a enseñarle inglés.

Como buen americano, inculcará a los salvajes no sólo los rudimentos de la democracia -cuyo resultado es que él mismo resulta elegido rey- sino el camino al desarrollo tecnológico: la agricultura, la fabricación de armamento -con el que atacan y derrotan a la tribu de simios-... En la segunda parte la cosa se complica cada vez más hasta convertirse en un enrevesado e inverosímil culebrón de escaso interés en el que se mezclan los padres de Waldo al rescate, caníbales, piratas, secuestros, lujuriosos marinos, reencuentros... y un final tan feliz como decente.

En mi opinión, Burroughs no fue nunca un gran escritor y los cien años que acumulan sus libros se dejan notar. Su popularidad la ganó a base de cultivar una y otra vez una fórmula facilona que recurría a tópicos bien establecidos que resultaban atractivos para la sensibilidad de lo
s lectores de las revistas en las que publicaba: adolescentes y lectores poco exigentes. De hecho, la mayor parte de los críticos, comentaristas y aficionados que comentan con cariño los libros de John Carter o de Pellucidar, lo hacen a partir de los recuerdos que guardan de sus lecturas infantiles. Aquellos que llegaron adultos a sus sagas de aventuras espaciales o selváticas se muestran menos entusiastas, aunque siempre guardando el merecido respeto por la influencia que Burroughs ejerció sobre multitud de escritores, dibujantes, diseñadores y fans gracias a una imaginería exótica y poderosa en torno a héroes invencibles, bellas princesas semidesnudas, fieras de aspecto invencible, ciudades perdidas, tribus primitivas y entornos naturales evocadores. "La chica de las cavernas" reúne un poco de todo ello, pero incluso dentro de la repetitiva bibliografía de Burroughs no pasa de ser una obra menor, principiante, recomendable sólo para incondicionales de su trabajo o acérrimos del subgénero de mundos perdidos.

jueves, 23 de febrero de 2012

1916-EL CONTINENTE PERDIDO - Edgar Rice Burroughs


En 1916, Edgar Rice Burroughs ya era un autor enormemente popular gracias a sus series de John Carter, Tarzan y Pellucidar. Sin embargo, además de esas sagas multivolumen firmó muchas otras historias hoy menos conocidas y pertenecientes a géneros diversos, desde las aventuras exóticas hasta el western. “El continente perdido”, publicado en la revista “All-Around Magazine” bajo el título “Beyond Thirty” (“Más allá de los Treinta”), es quizá su historia de ciencia-ficción más pura, mucho más que sus series marcianas o de reinos perdidos.

En buena medida, es un libro típico de Burroughs y en sus elementos esenciales se diferencia bien poco de las historias de John Carter en Marte, los científicos Innes y Perry en el mundo prehistórico de Pellucidar o Carson Napier en Venus: un héroe valiente, fuerte y de altos ideales, exuberantes princesas a las que rescatar, fieras salvajes a las que matar, ciudades en ruinas testigos de antiguas glorias, traidores, leales seguidores… son las piezas típicas y tópicas del folletín que Burroughs colocó durante toda su carrera una y otra vez para jugar la misma partida aunque utilizando diferentes tableros.

Lo que diferencia a esta obra del resto de su bibliografía es su entorno temporal y geográfico: el futuro europeo, un futuro apocalíptico inspirado por la Primera Guerra Mundial que entonces estaba librándose en Europa. El discurso acerca de la decadencia de Europa y su inevitable hundimiento es algo recurrente a lo largo del último siglo, como demuestra “El Continente Perdido”. En aquellos años, la concreción de esos negros augurios parecía incluso más próxima. Europa se debatía en un conflicto destructor que parecía arrastrarla a un abismo de destrucción y deshumanización del que sería imposible sacarla. Mientras tanto, Estados Unidos permanecía expectante, pero sin intervenir, al otro lado del Atlántico, protegido por la distancia y el talante aislacionista de su pueblo.

Y ese es el punto de partida de la historia que ahora comentamos. Mientras Europa continuaba
librando su guerra intestina durante décadas, América levantaba una barrera total para evitar el contagio bélico. Se cortan las comunicaciones, las relaciones diplomáticas y comerciales y se establecen patrullas navales a lo largo de los meridianos 30 y 175 oeste (de ahí el título original, “Más allá de los Treinta”) que impidan el paso a cualquier embarcación marina o submarina que procediese de Europa –por aquél entonces no existían los vuelos transatlánticos-. Transcurren doscientos años. No se tienen noticias del destino final del viejo continente. La prohibición de traspasar el meridiano 30 es tan estricta que nadie conoce qué ha sido de las antiguas potencias. Europa se ha convertido en Terra Incógnita mientras el continente americano se unía política y económicamente siguiendo las directrices de la Doctrina Monroe. Panamérica crece, se desarrolla, avanza e inventa. La tecnología proporciona nuevas comodidades y paz social.

Y es entonces, en el año 2137, cuando entra en escena el protagonista, Jefferson Turck, último de un prestigioso linaje militar, oficial al mando de un buque de la Armada que, empujado por una tormenta y con los motores averiados, se sale de su curso y traspasa el meridiano prohibido. Junto a otros tres hombres, llega en un bote a las costas de lo que un día fue Gran Bretaña. No es que sienta mucho transgredir el tabú: no sólo es un aficionado a la historia antigua, sino que suspira por aquellos tiempos en los que era posible correr aventuras lejos de la protección de un mundo civilizado: “¡Más allá de los treinta! Romance, aventura, gentes extrañas, bestias terroríficas… toda la emoción y el vértigo de los antiguos del siglo XX que se nos ha negado en estos grises días de paz y prosaica prosperidad…todo, todo se encuentra más allá de los treinta, esa barrera invisible entre la estupidez, el presente mercantilista y el pasado despreocupado y bárbaro”. Esa añoranza por un ayer idealizado es común a sus otras series, un pasado de violencia y gestas heroicas: “¡Qué chico no ha suspirado por los viejos tiempos de las guerras, las revoluciones y los disturbios (…) aquellos queridos días cuando los trabajadores marchaban armados a su trabajo, cuando caían unos sobre otros con pistola y bomba y daga y las calles se teñían rojas de sangre. Aquellos eran los tiempos en que merecía la pena vivir la vida”.

Lo que encuentran Turck y sus hombres está dentro de lo que podía esperarse en una novela de
Burroughs: Gran Bretaña se ha convertido en una tierra que ha revertido a su estado natural, escasamente poblada por tribus salvajes enfrentadas. Eso sí, en su calidad de europeos y miembros de la raza blanca, han conservado cierta nobleza en su primitivismo. Por supuesto, el héroe no tarda en encontrar y salvar de sus secuestradores a Victoria, una princesa bárbara, heredera del trono. Tenemos también, ya lo he dicho, los evocadores restos del palacio londinense de Buckhingam y cientos de leones y tigres que campan a sus anchas amenazando a los humanos.

Las posibilidades épicas de este relato pulp escrito según las estrictas reglas del género se ven coartadas por las restricciones de extensión que impuso la revista en la que se publicó. En la última parte, de una forma un tanto apresurada, Turck y sus hombres se trasladan a Europa continental para encontrar que sus vacíos territorios se están convirtiendo en el campo de batalla de imperios africanos (los etíopes liderados por Menelek XIV) y asiáticos (chinos bajo el mando del inevitable emperador de turno).

El relato, y no es raro tratándose de Burroughs, está lleno de inverosimilitudes que desafían
nuestra capacidad de suspensión de realidad. Las ciudades, incluso las más grandes, han desaparecido totalmente –algo imposible en doscientos años- pero el idioma inglés sigue siendo un vehículo válido de comunicación. Gran Bretaña está infestada de leones, presumiblemente descendientes de aquellos que en su día fueron cautivos en los zoos… Tampoco es que se le pueda pedir más a un autor famoso por repetirse a sí mismo, a quien nada importaba la coherencia o el fundamento científico y que, al fin y al cabo, escribía para una revista popular en absoluto interesada en los experimentos formales o conceptuales. Eso sí, no se puede negar que ese batiburrillo de personajes y escenarios es sumamente evocador, como lo atestigua la inmensa obra gráfica de gran calidad que ha inspirado.

La Primera Guerra Mundial marcó profundamente el alma y la cultura europeas. Pero su influencia se extendió más allá, incluso en países que, como Estados Unidos, se mantenían al margen. Escrita entre julio y agosto de 1915, “Más allá de los treinta” es una obra producto de la guerra. Sus cicatrices salen al paso del protagonista continuamente en la forma de tribus viviendo en los restos de antiguas trincheras, campos sembrados de viejo equipo militar o restos de metralla en las ruinas de los pocos edificios que aún levantan del suelo. “La vida humana tiene muy poco valor más allá de los treinta; es la herencia de los sangrientos días en los que miles de hombres morían en las trincheras entre el amanecer y el ocaso de un solo día. Cuando los muertos permanecían tirados en aquellas mismas trincheras con un poco de tierra por encima, cuando los alemanes hacían hatillos con los cadáveres y les prendían fuego; cuando masacraban a las mujeres y los niños y los ancianos y torpedeaban los grandes transatlánticos sin previo aviso”. Y hacia el final del libro: “Las naciones beligerantes no obtuvieron más que la aniquilación. (…) no existe victoria posible para una nación inmersa en una guerra de aniquilación”.

Pero la guerra es también la excusa para el aislacionismo en el que se encierra América… al
menos de momento, porque, como todo buen americano, Burroughs se debatía entre el dilema histórico propio de su pueblo: la neutralidad o el expansionismo, ocuparse de sus asuntos y dejar a su suerte al resto de las naciones o convertirse en la luz del mundo y el portador de la civilización a los pueblos necesitados de ella. La solución para Burroughs está clara: optar por el aislacionismo como solución temporal a la espera de satisfacer su auténtico destino. El protagonista exclama: “Me alegra que me fuera dado ser el instrumento que cayera en manos de la Providencia para el alzamiento de la ignorada Europa y el alivio del sufrimiento, la degradación y la abismal ignorancia en la que la encontré”, una frase que bien podría haber acompañado las cajas del Plan Marshall treinta años después. “Se ha abierto una nueva época para Europa, con la cultura china al este y la cultura panamericana al oeste; las dos grandes potencias pacificadoras que Dios ha preservado para revivir la castigada y olvidada Europa”.

Ucronía inserta en una premisa postapocalíptica, “Más allá de los treinta” es algo así como una novela catastrofista de H.G.Wells pasada por el colador pulp, un relato ligero e intrascendente de aventuras que oculta tras las formas de sus princesas en taparrabos y las bravatas de sus aguerridos héroes el auténtico espíritu de una época y de un pueblo.