sábado, 7 de enero de 2012

1914-PELLUCIDAR - Edgar Rice Burroughs


Muchas de las historias del subgénero de Mundos Perdidos fueron creadas por escritores de segunda fila o simples aficionados que fantaseaban (o creían realmente en ello, que también los había) con que la Atlántida aún pervivía en el océano Atlántico, o que las Tribus Perdidas de Israel habían encontrado un hogar en el desierto tras su larguísima peregrinación, o que un cuerpo de élite de antiguos griegos había ocultado los secretos de su sabiduría en un recóndito lugar protegido contra los extranjeros por los descendientes de aquellos. Resulta curioso que incluso las más absurdas de estas historias puedan aún despertar interés en el lector moderno un siglo después de haber sido escritas. Al fin y al cabo, ¿qué son sino las historias de Templarios tan de moda en los últimos tiempos?

El motivo por el que siguen cautivando es bastante simple aunque resulte difícil de explicar: la estructura narrativa del relato del Mundo Perdido está diseñada para crear y mantener el suspense y apelar al sentido de la maravilla que se esconde en todos nosotros. La historia típica comienza en algún lugar del mundo civilizado; alguien cuenta al héroe una extraña historia, o le da un objeto misterioso o un antiguo pergamino; la acción se traslada a continuación a África, o Asia o una región montañosa cerca de Ruritania o cualquier otro sitio lejano, exótico y casi inaccesible. Los nativos tratarán de impedir su progreso pero el héroe seguirá tenazmente las pistas que han caído en su poder y al final llegará a un angosto valle, o bajará por el pasadizo rocoso de un acantilado, o atravesará un enorme laberinto construido por una antigua civilización...

Tras crear a John Carter en 1912, Edgar Rice Burroughs publicó aquel mismo año la primera de
las historias del que sería su personaje más famoso: Tarzán de los Monos. En ella nos presentaba una revisión del mito de Rómulo y Remo: un niño inglés es criado en África por simios hasta convertirse en un poderoso héroe que simbolizaba el ideal del noble salvaje, una versión terrícola y algo rústica del John Carter "marciano". Burroughs publicó 26 novelas de Tarzán, lo que demuestra lo acertado de su propuesta.

Pero su prolijidad no acababa con esos dos héroes. En 1914 aparece serializado en la revista All-Story Weekly “En el Corazón de la Tierra” ("At The Earth´s Core", publicado en libro en 1922), el primero de los relatos ambientados en la tierra escondida de Pellucidar, producto de la Teoría de la Tierra Hueca de John Symmes. No fue la primera de su género. En este mismo blog ya hemos reseñado obras como “Viaje al Centro de la Tierra” (1864) o “La raza venidera” (1871), que recurrían a la misma hipótesis de partida: nuestro mundo está hueco.

Hoy nos puede parecer absurdo, pero hace doscientos años aquella era una teoría tan buena como cualquier otra. Fue inicialmente propuesta por el famoso astrónomo Edmund Halley en 1692, pero su más entusiasta propagandista fue John Cleves Symmes, quien publicó en 1818 un panfleto describiendo cómo se podía acceder al interior de la Tierra a través de aberturas en los polos. Fruto de aquella obsesión fue su novela "Symzonia" (1820) ya comentada en uno de mis primeros posts.

En 1913, sin embargo, los científicos ya estaban bastante seguros de que la Tierra no era hueca. Pero la idea de un mundo misterioso escondido bajo el nuestro era demasiado buena para abandonarla por completo. Así que Burroughs la recuperó en esta novela. David Innes y Abner Perry construyen un gran perforador mecánico con el que esperan hallar grandes yacimientos minerales, el "Iron Mole" (Topo de Hierro). Debían ser un tanto torpes porque cuando ya se han montado en su artefacto y comenzado el viaje por el subsuelo, descubren que no pueden dirigirlo y se encaminan directos al centro magmático del planeta. La muerte parece segura.

Pero he aquí que para su sorpresa descubren que la corteza terrestre sólo tiene un espesor de 800 km y que por debajo de ella se abre un mundo pletórico de vida, la tierra de Pellucidar, donde los dinosaurios aún sobreviven en las junglas y los tigres de dientes de sable cazan mastodontes y mamuts bajo la perpetua luz de un pequeño sol, el corazón fundido del planeta. La extraña conclusión es que como el sol jamás se pone, no pasan los días: el tiempo no existe en Pellucidar. También resulta extraño que no haya horizonte propiamente dicho: la tierra se curva hacia "arriba", como si uno se encontrara en el interior de un gran bol.

También hay humanos, hombres primitivos que luchan por sobrevivir en un mundo salvaje. Y el peligro no reside solamente en las feroces criaturas, sino en una raza reptiliana de organización matriarcal, los Mahars, que esclavizan a los humanos utilizándolos bien como bestias de carga bien como alimento.

Por supuesto, los dos exploradores de la superficie encontrarán intolerable este estado de cosas y
emprenderán una lucha por liberar a los humanos. Es el inicio de una serie de seis libros y una recopilación de relatos (1914-1942) en los que Burroughs nos lleva por mares infestados de voraces plesiosaurios, montañas dominadas por pterodáctilos y junglas repletas de todo tipo de criaturas letales. Sus protagonistas levantarán y perderán imperios, rescatarán a la chica de las garras del villano de turno, se enfrentarán a criaturas gigantescas, descubrirán razas perdidas y participarán en multitudinarias batallas. Incluso Tarzán llegaría a Pellucidar a través del polo Norte con ayuda de un dirigible y en compañía de sus guerreros Waziris y un grupo de expedicionarios alemanes. ("Tarzan at the Earth's Core",1930). Burroughs no se esforzó mucho: se limitó a trasladar y adaptar al centro de la Tierra lo que ya había probado con éxito en sus libros de John Carter de Marte.

El problema con las obras de Burroughs es lo mucho que se hallan ancladas al tiempo
en que fueron escritas. Su estilo literario resulta caduco, sus personajes eran planos, sus explicaciones científicas –cuando las había- inexactas o directamente ridículas, el racismo y machismo propios de la sociedad de la época impregnaba todo el discurso...

Los protagonistas son anglosajones blancos claramente superiores a los primitivos habitantes de Pellucidar, más oscuros y peludos. Aquéllos no tienen problema moral alguno en exter
minar la raza de Mahars. Las mujeres -la mujer en realidad, porque sólo aparece una- está pensada para despertar la lujuria tanto como el amor. Innes se enamora perdidamente de Dian la Bella tras hablar tan solo unos minutos con ella. El amor, como casi todo lo demás en las novelas de Burroughs, era una simples formalidad, una excusa para llevar al lector de gira por el exótico mundo perdido.

¿Por qué disfrutaron de tanta popularidad las novelas de Burroughs si tantos defectos tenían? Sencillamente, estaban repletas de acción trepidante y entornos exóticos que, como hemos dicho al inicio, apelaban al sentido de la maravilla del lector. Supo reflejar en ellas las fantasías escapistas de toda una generación. Pero para el aficionado contemporáneo, sus escritos no han envejecido tan bien como otras novelas con similares coordenadas aparecidas por la misma época (véase "El Mundo Perdido" de Arthur Conan Doyle).

2 comentarios:

  1. Burroughs era un gran narrador aunque como escritor (de Ci-Fi o de cualquier otro género) dejaba mucho que desear... No sé si él creía en la teoría de la Tierra Hueca o sólo la usaba según sus necesidades narrativas, pero ya en "Los Dioses de Marte" decía que el planeta rojo era hueco; curiosamente, la teoría de que la Tierra es hueca sigue viva y hay muchos conspiranóicos que creen en ella (o al menos le dan el beneficio de la duda), aún así, la Saga de Pellucidar es buena para una lectura amena y/o escapista pero a no se lo recomendaría a los que quieren saber más sobre las teorías pseudocientíficas que siguen vivitas y coleando gracias a Internet, je

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  2. Si, a pesar de los avances tecnologicos, que nos disipan unas dudas y nos siembran muchas mas, nas novelas de Rice Burroughs, nos divirtieron muchisimo y hasta llegamos a sentirnos parte de su trama de ficcion,

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