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Corre el año 2018 y, en la superficie, los recursos naturales de un mundo superpoblado se han agotado. El océano es más esencial que nunca para la supervivencia humana y familias pioneras, agricultores y mineros, han colonizado el fondo marino. Después de que su hijo muriera en combate, el capitán Nathan Bridger le hizo a su mujer la promesa de que abandonaría el ejército y se dedicaría a la investigación junto a su delfín súper inteligente, Darwin.
Pero cuando una fanática comandante llamada Marilyn
Stark (She
lley Hack) ataca los asentamientos submarinos en el episodio piloto,
la Organización del Océano de la Tierra Unida (UEO) convence al ahora viudo
pero todavía reticente Bridger para que vuelva y tome el mando del seaQuest. Su
tripulación incluye al joven comandante negro Jonathan Ford (Don Franklin), el
inteligente oficial de comunicaciones O’Neill (Ted Raimi), el genio adolescente
Lucas Wolenczak (Jonathan Brandis) y la doctora británica Kristin Westphalen
(Stephanie Beacham). Al final de ese capítulo de debut, el submarino de Stark
resulta hundido en un combate con la nave protagonista y Bridger acepta asumir
el mando indefinido de la misma para continuar sus exploraciones.
El episodio piloto de dos horas, emitido, como dije,
el 12 de septiembre de 1993 tras una intensa campaña promocional, cosechó unos
índices de audiencia espectaculares aunque Shelley Hack interpretando a la
villana desquiciada y Michael Parks como un malévolo francés parecian sacados
directamente de la literatura pulp más cutre. Sin embargo, el interés inicial
no se mantuvo con la misma intensidad y las cifras descendieron durante las
semanas siguientes.
Las críticas señalaron un serio problema que afectaba
al equilibrio de la propuesta. La producción había invertido grandes recursos
en construir el submarino y representar sus expediciones, pero esa exhibición
tecnológica no garantizaba que los espectadores conectaran con los personajes.
Algunos comentarios publicados durante aquel año inicial reprocharon al
episodio piloto que concediera demasiado espacio a la espectacularidad en detrimento
de las relaciones humanas que debían sostener la serie a largo plazo. La
observación era pertinente porque “SeaQuest DSV” dependía de una estructura de
aventuras autoconclusivas. El submarino podía proporcionar un escenario
visualmente atractivo, pero conseguir y mantener la implicación del público
exigía dar a la tripulación conflictos propios y que sus decisiones tuvieran
consecuencias más allá de la misión semanal.
A Patrick Hasburgh, uno de los guionistas y
productores de la serie, le contactaron tras finalizar el piloto. “Me ofrecieron el puesto de productor
ejecutivo y showrunner después de rodar el piloto”, recuerda, “pero yo acababa de terminar de escribir y
dirigir “Fuera de Pistas” (1993) para Hollywood Pictures/Disney y decidí
rechazar la oferta de “seaQuest”. Incluso entonces, estaba claro que a los
ejecutivos y creativos les costaba averiguar qué tipo de serie iba a ser. El
piloto era grande y vistoso, pero muy aburrido: un grupo de gente guapa
flotando por ahí en busca de algas mágicas. La primera vez que vi el piloto,
les pregunté a los chicos de Amblin quiénes iban a ser los "malos".
Me dijeron que no iba a haber "malos" en el sentido tradicional. En
ese mismo instante supe que se meterían en un gran problema y que volverían a
llamarme ofreciéndome aún más dinero. Finalmente tomé el control del proyecto
hacia el episodio 10 o 12 de la primera temporada. Nos pasamos las dos
temporadas siguientes intentando arreglar el planteamiento de la serie. ¡Gané
más dinero con “seaQuest” en los siguientes dos años y medio que con cualquier
otro proyecto de Hollywood en el que haya trabajado, antes o después! Parece
que fue un desastre para todos menos para mí”.
Según Ballard, la pronta marcha de O’Bannon -quien
dejó la serie por motivos personales- y la atención que Spielberg pasó a
dedicar a sus películas “jurásicas” y “La Lista de Schindler” (1993) dejaron un
vacío creativo que fue ocupado por argumentos más fantásticos de los
pretendidos originalmente. “El estudio
empezó a tomar una serie de trágicas decisiones que alejaron a “seaQuest” de la
ciencia y la acercaron a la ciencia ficción”, dijo Ballard. “Desafortunadamente, los espectadores leales
de “seaQuest” eran mucho más inteligentes que el estudio, perdieron el interés
rápidamente y la serie murió. Yo tuve un contrato que debía cruzar esta línea,
iba a salir, y me fui. Fue una pérdida trágica de una oportunidad excelente que
nunca volverá a repetirse”. De hecho, aunque la serie presumía de venir producida
por Amblin de Spielberg, éste no tuvo nada que ver con ella más allá de que su
compañía la coprodujo con la NBC y él se manifestó encantado con el concepto
original. Su ausencia complicó la comunicación entre los responsables del
programa y contribuyó a que surgieran distintas interpretaciones sobre el rumbo
que debía seguirse.
Durante su primera temporada, la serie se convirtió en
el blanco de burlas hirientes. “The Tonight Show” bautizó a la serie como “seaQuest
PMS” (Síndrome Premenstrual), señalando que los personajes femeninos siempre
estaban de mal humor. Sólamente en el piloto, Katherine Hitchcock abronca a
Bridger, la doctora Westphalen le gruñe al comandante Ford y la capitana
Marilyn Stark ordena ataques con torpedos contra comunidades pacíficas. Según
Hasburgh, los primeros productores y guionistas jamás entendieron el espíritu
de la serie. “Su única defensa era que “seaQuest”
transcurría originalmente tan solo 25 años en el futuro y que la ciencia era
imposible de distinguir de la hoy”. Como ejemplo, Hasburgh señala: “Antes de que yo asumiera mi puesto, hubo un
episodio donde la gente conducía carritos de golf alrededor de pozos mineros
bajo el mar. ¡Carritos de golf! ¡Era ridículo!”.
Tommy Thompson, incorporado para desarrollar las
historias y los personajes, chocó con Roy Scheider respecto al enfoque
narrativo. El actor consideraba que algunas propuestas concedían demasiada
importancia a las persecuciones y al enfrentamiento con los antagonistas, en
detrimento de las experiencias más íntimas de la tripulación. Thompson, por su
parte, trataba de encontrar una fórmula dramática que satisficiera las
expectativas del actor y las de los productores.
Uno de los desacuerdos más reveladores surgió en torno
a un episodio titulado “Armagedón”, en el que la tripulación creía que se había
producido una guerra nuclear y que ellos eran los últimos supervivientes de la
humanidad. Thompson quería explorar las consecuencias psicológicas de esa
situación pero Spielberg rechazó el episodio porque consideraba que contradecía
la visión esperanzadora del futuro que pretendía transmitir la serie. El conflicto
contribuyó a la salida de Thompson y la posterior incorporación de David J.
Burke.
El caso de este episodio nunca rodado ayuda a
comprender la contradictoria y accidentada naturaleza del proyecto. “SeaQuest
DSV” pretendía abordar amenazas contemporáneas a través de la ciencia ficción, pero
Spielberg no quería que el programa desembocara en una representación pesimista
del futuro. La aventura debía conservar una confianza básica en la capacidad
humana para resolver sus problemas. La tensión entre esa perspectiva y las
posibilidades dramáticas que ofrecia un panorama moralmente más ambiguo acompañaría
a la serie durante su desarrollo, afectando a la clase de historias que se
contaron y a la profundidad con que podía abordarse los conflictos de sus
personajes.
Patrick Hasburgh, como he apuntado, se incorporó a la
serie durante la primera temporada como guionista y productor ejecutivo, pero
sus problemas empezaron pronto. “Roy me
odiaba profundamente. Yo veía mi trabajo como si tuviera que arreglar un
programa que había sido salvaje e irresponsablemente excedido en presupuesto,
creativamente vacuo y bastante poco entretenido. Quería solucionarlo y hacer
que fuera mucho más convencional y comercial. Roy es un hombre con talento y me
encanta su trabajo; pero en “seaQuest” teníamos una visión diferente. No
intercambiamos crismas navideños”.
Entre las historias que se contaron en la primera
temporada encontramos comandos tomando el control del seaQuest, oficiales
perdidos en el mar en una balsa, y el submarino corriendo contra el tiempo para
rescatar a unos astronautas cuya nave se había estrellado en el Océano
Atlántico. Un ejemplo exitoso de premisa fantástica fue el surrealista episodio
"El Barco Encantado”, en el que la tripulación cae bajo el hechizo de los
fantasmas que habitan en un transatlántico hundido. Dos iconos de la ciencia
ficción como William Shatner y Charlton Heston hicieron apariciones especiales
en este primer año.
Como alivio cómico se utilizaba al teniente Benjamin
Krieg (John D´Aquino), siempre maquinando para cosas como conseguir codiciada
carne de res (que resultaron ser excrementos petrificados). Y luego estaba
Darwin, el delfín parlante, odiado por la mayoría de los guionistas de la serie
pero querido por otros –muchos menos-. "Me encantaba Darwin", declaró con valentía el guionista Carleton
Eastlake. "Era mi personaje favorito.
Probablemente escribí más para él que ningún otro guionista. Darwin era inocente.
No era un rival social, político o psicológico, así que la gente siempre
escuchaba a Darwin".
Pero el hombre que creó al mamífero charlatán tiene
una visión diferente. "Darwin es una
de las grandes decepciones de mi carrera", confiesa Rockne S. O’Bannon.
"Lo concebí para desempeñar el mismo
papel que el señor Spock en la serie original de Star Trek. Su condición de no
humano le dio siempre un punto de vista fascinante sobre las acciones y
debilidades humanas. Darwin fue pensado originalmente como Alférez Darwin bajo
la premisa de que la Armada había visto finalmente lo acertado de incluir otra
especie inteligente de la Tierra como miembro de la tripulación, un concepto que
prometía un interesante examen de cómo actúan e interactúan los humanos con las
otras formas de vida con las que compartimos nuestro planeta. Los comentarios
de Darwin sobre nuestra cultura, traducidos por un dispositivo, supuestamente
iban a ser reflexivos, inteligentes y con un cierto ingenio irónico.
Desafortunadamente, después de haber trasladado el proyecto a la gente que iba
a dirigir la serie en el día a día, todo eso fue desechado en favor de convertir
a Darwin en una mascota de la nave. Y en lugar de hablar articuladamente, lo
hacía con una gramática imperfecta e infantil. En conjunto, ¡una oportunidad
terriblemente desaprovechada!".
Los comentaristas más especializados tampoco se
mostraron particularmente entusiastas con la serie calificándolo como una
derivación de “Viaje al Fondo del Mar”, pero sin que los nuevos avances en
tecnología visual hubieran mejorado el resultado global. También criticaron la
pobre caracterización de los personajes principales.
Otro precursor televisivo en el subgénero de CF submarina fue la horrible “El Hombre de Atlantis” (1977-78), cuyo protagonista (Patrick Duffy) llegó a luchar contra un caballo de mar bicéfalo, un elfo enloquecido y un pistolero anfibio de la década de 1880. ¿Estaba “seaQuest” igualmente condenada por su ambientación dado que gran parte del mundo submarino ya había sido explorado?
Para uno de sus guionistas, Javier Grillo-Marxuach, el
fracaso de “seaQuest” no tuvo nada que ver con una premisa defectuosa. “En realidad fue la ejecución. A diferencia
de “El Hombre de Atlantis”, que era esencialmente una serie sobre un superhéroe
submarino, “seaQuest” estableció un mundo de colonias submarinas y un paisaje
político bastante bien desarrollado, así como una miríada de historias sobre
descubrimientos científicos, además de otras de búsqueda y rescate. “seaQuest”
fue capaz de sostener tres temporadas de una narración tremendamente diversa, y
ese es un testimonio de la viabilidad de la premisa. Su fracaso fue la
incapacidad para establecer una continuidad de tono, dirección y, lo más
importante, los personajes y las premisas de la historia nunca se unieron en un
todo coherente y creíble. Si echas un vistazo a los mejores episodios, el ADN
de una serie de éxito estaba allí”.
Y luego estaban los efectos especiales. Cuando a
mediados de los años 60, “Viaje al Fondo del Mar” tuvo que representar un mundo
submarino, se rodaron maquetas de submarinos de ocho metros de longitud junto a
otros modelos más pequeños en un profundo tanque de agua de los estudios Fox.
Gracias a ello, la serie ganó múltiples Emmys. Pero “seaQuest” sustituyó el
siempre fatigoso y caro trabajo de rodajes con agua por imágenes generadas por
ordenador. El resultado fue bastante pobre. Por ejemplo, el submarino
protagonista, diseñado como un cruce entre un tiburón y un calamar, era difícil
de distinguir en la primera temporada. Para los amantes de las maquetas, jamás
llegó a verse con la nitidez que merecía. Otros efectos submarinos, sobre todo
las explosiones, tenían un aire de dibujos animados.
Estaba claro que, en ese punto, la tecnología CGI tenía
serias limitaciones a la hora de crear escenas submarinas. Esto obligó al
equipo de efectos a dedicar una cantidad desproporcionada de tiempo y dinero al
submarino en detrimento del entorno natural, las colonias, etc. La ironía es
que, cuando la serie fue cancelada dos años después, el coste de los efectos
digitales se había abaratado tanto y mejorado su calidad que lo que
inicialmente solo se había soñado ya hubiera resultado posible.
Cuando empezaron el programa, los técnicos no podían
hacer animación de partículas. Ni siquiera recrear la superficie del océano.
Cuando se necesitaba mostrar una caverna inundándose alrededor de sumergibles
varados, tenían que recurrir a la “anticuada” técnica de las miniaturas, utilizando
pequeños modelos físicos de los sumergibles, que normalmente eran digitales,
porque no podían animar el agua circundante. Crear un mundo futurista en la
superficie también era caro. Habían contratado coches de diseño futurista, pero
resultó que utilizarlos excedía el presupuesto, así que en lugar de coches
eléctricos de tecnología avanzada, la gente se trasladaba en taxis normales.
Lo mismo pasaba con Darwin, el delfín. Cuando se lo probó
al comienzo de la serie, se hundió como una piedra en fondo de un lago debido a
que tenía las baterías bajas. En general, no obstante, funcionaba bastante bien…
excepto cuando lo controlaban bajo el agua, porque se operaba por control
remoto y las ondas de radio no viajan bien en un medio acuático. Darwin, que al
fin y al cabo era un submarino robótico bastante pesado, necesitaba para su
transporte nada menos que tres camiones: uno para el delfín metálico, otro para
la grúa que lo levantaba y movía y un tercero para los módulos de control. Y
claro, en consonancia, se requería numeroso personal para manejar todo ello.
Darwin era un efecto realmente caro y que consumía mucho tiempo.
Con un presupuesto de 1,3 millones por episodio, “SeaQuest DSV” arrancó bien frente a la competencia que suponía “Lois y Clark” en la ABC y “Se ha Escrito un Crimen” en la CBS, pero los índices de audiencia se desplomaron rápidamente a unas profundidades que ya no justificaban semejante gasto.
El ultimo episodio de la primera temporada, titulado “Un
Poder Superior”, se emitió el 22 de mayo de 1994 y su historia concluía con un
giro dramático. El lecho oceánico sobre el que se asentaba una central
submarina diseñada para proporcionar electricidad gratuita a todo el planeta, comenzaba
a fracturarse. La actividad geológica provoca la aparición de lava y amenaza
con desencadenar un calentamiento descontrolado del océano. Si la temperatura
del agua sigue aumentando, los casquetes polares podrían derretirse, con
consecuencias catastróficas para el planeta. Bridger y la tripulación del
seaQuest deben intervenir para impedir el desastre. Sin embargo, la gravedad de
la situación les obliga a considerar una solución extrema: sacrificar al propio
submarino para detener la catástrofe y salvar al mundo. El capitán debe
afrontar así una decisión que pone en juego la nave y la vida de quienes están
bajo su mando.
Al llegar al final de la primera temporada, NBC
Universal había identificado en Jonathan Brandis uno de los principales activos
comerciales de “seaQuest DSV”. El joven actor, que interpretaba a Lucas Wolenczak,
se había convertido en un ídolo para el público adolescente y recibía miles de
cartas de admiradores cada semana. Su popularidad trascendía la audiencia
habitual de la ciencia ficción televisiva y ofrecía a la cadena una vía para
atraer a un segmento de espectadores especialmente atractivo. Las revistas
dirigidas a este público situaban “seaQuest DSV” entre los programas de mayor
éxito entre los adolescentes de entre diez y diecisiete años, un reconocimiento
que confirmaba el potencial de Brandis como reclamo promocional. Como era de
esperar, la cadena comenzó a explotar esa popularidad mediante una mayor
presencia del actor en anuncios televisivos, aprovechando su imagen para
reforzar la visibilidad de la serie.
Aunque no hay pruebas suficientes que permitan atribuir exclusivamente al éxito de Brandis el cambio que iba a experimentar el programa en la segunda temporada, estoy convencido de que algo tuvo que ver, porque en ésta se acentuó la orientación hacia la aventura y la ciencia ficción fantástica, y se concedió mayor protagonismo a los personajes jóvenes.
Lo cierto es que la NBC tenía motivos para buscar una renovación. Pese al impacto de su estreno, la audiencia, como ya apunté, había descendido mucho durante la primera temporada y la serie afrontaba problemas de producción, costes elevados y dificultades para encontrar una identidad propia capaz de fidelizar al público. En abril de 1994, antes de que concluyera la temporada, ya se informó de que los responsables creativos estaban preparando una transformación del programa.
(Continúa en la siguiente entrada)
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