jueves, 18 de junio de 2026

2024- WONDLA (2)



(Viene de la entrada anterior)

 

Tras enterrar al final de la temporada anterior a su “madre” robótica entre los restos de la derruida Nueva York, Eva y sus amigos, Rovender y Otto, viajan a bordo de la nave de Cadmus Pryde hasta el último refugio de los humanos, Nueva Ática. Esta ciudad, oculta en el interior de un afloramiento rocoso en mitad del desierto, se presenta ante los ojos de Eva como el hogar que tanto ha buscado. Y eso que se aleja radicalmente de la naturaleza exterior a la que ella había empezado a adaptarse y apreciar.

 

Nueva Ática, de la cual es líder supremo Cadmus Pryde, parece un centro comercial futurista con toques de arquitectura brutalista y "solarpunk" distorsionado. Todo transmite la sensación de que sus habitantes se aferran desesperadamente a una sensación de orden y control que en el exterior ya no existe: predominan las líneas rectas y las estructuras angulares, los materiales pulidos, el acero y el hormigón y una iluminación artificial que baña todo en colores fríos: azules, grises y neones amarillos o blancos…

 

La ciudad está construida con una verticalidad que recuerda constantemente la jerarquía social existente (los líderes arriba y los técnicos abajo) y que está rematada por un domo que separa físicamente todo el entorno del exterior, un aislamiento que se complementa con diversos campos de fuerza que sirven de accesos y salidas. Además, por todas partes brillan monitores, interfaces holográficas, paneles de control y anuncios, con los que se transmite la impresión de que Nueva Ática es una especie de ser vivo artificial que continuamente analiza y procesa información. Hay otros elementos que refuerzan esa idea, como la vestimenta de los habitantes o el entorno ultra-higienizado y estéril.

 

Desde muy pronto y una vez separada de sus amigos –que no tienen lugar allí, Eva se siente primero incómoda no ya por desconocer las costumbres locales, sino al darse cuenta de que la ignorancia respecto a Orbona ha dado lugar a prejuicios muy ofensivos para ella, como videojuegos holográficos que consisten en matar criaturas como las que la propia Eva conoció y cuidó en Orbona. La gran sorpresa llega cuando descubre que no es única. Eva 8 es una clon algo más mayor que ella, más endurecida y escéptica, única superviviente de su propio refugio y que ha organizado una especie de pequeño grupo de resistentes en los niveles inferiores de Nueva Ática. Y es que 8 conoce los oscuros secretos de Cadmus Pryde, los experimentos que hace con alienígenas y el objetivo que persigue con ellos: extinguir cualquier forma de vida que no encaje en la estricta taxonomía de "humano" de Nueva Ática y reconquistar la superficie.

 

Si la primera temporada había sido la de la búsqueda de Eva de los últimos humanos, esta se centra en su mayor parte en la supervivencia. Habiendo vivido de primera mano experiencias positivas con diversos alienígenas, la joven se encuentra ante un dilema moral: decidir entre la lealtad a su propia especie o defender el equilibrio y la convivencia con los habitantes nativos de Orbona. Negándose a que Pryde la utilice para explotar los recursos naturales del exterior para salvar de la inanición a los humanos de Nueva Attica, con ayuda de Eva 8 y sus aliados, libera a Otto y Rovender del laboratorio de Cadmus y escapa a través de los túneles subterráneos.

 

A partir de ahí, los protagonistas tendrán que huir, esquivar los robots que Pryde manda en su persecución, reagruparse, buscar aliados y encontrar la forma de proteger el llamado Corazón del Bosque, la semilla original que transformó la Tierra en Orbona y que es a la vez tanto su poderosa fuente de vida y conexión para el planeta como su mayor vulnerabilidad, ya que, si es destruida o corrompida, todo el ecosistema que en su día creó, morirá. La temporada culmina con una crisis que pone en riesgo toda la estabilidad ecológica y geopolítica de Orbona. Intentando mediar entre ambos mundos, el humano y el no humano, Eva se ve obligada a arriesgar su propia vida para proteger el Corazón del Bosque. El desenlace deja el destino del planeta en el aire, preparando el terreno para la resolución final de la historia en la tercera temporada.

 

Esta segunda temporada supone una mejora considerable respecto a la primera, con diseños y animaciones más detallados y temas más complejos que son una extensión natural de lo planteado en la temporada anterior, como la necesidad de superar el tribalismo para sobrevivir, ya que los prejuicios y la división solo conducen a la autodestrucción mutua. Eva buscaba en la primera temporada una “familia” humana en la que integrarse, descubriendo al final que quienes realmente le importaban eran tanto el robot Muther que había cuidado de ella como Rovender y Otto, ya más famila que amigos. En esta segunda, esa idea de comunidad se amplía y fusiona con la ecología: los humanos y su tecnología, deben aprender a coexistir con los “alienígenas” (que ya no lo son tanto, puesto que son tan nacidos en la Tierra como aquéllos) y su entorno natural. El mensaje puede resumirse en la frase: "No son ellos, somos nosotros".

 

Y, en relacion con esto, claro, está el tema de la identidad, lo que significa ser humano. Eva reconoce que los valores asociados a la humanidad no están necesariamente limitados a una especie. Y no sólo eso, porque al descubrir que es un clon y encontrarse con Eva 9, debe formularse la pregunta de si la identidad está determinada por la genética o por las experiencias vividas. Sus dudas, no obstante y habida cuenta del rápido ritmo que tiene la serie, no se dilatan demasiado y pronto decide definirse a sí misma no tanto como un conjunto de genes o experiencias, sino por los vínculos de amistad que ha formado con seres que ni siquiera son de su especie. La serie sugiere de esta forma que nuestra familia es la que elegimos, no necesariamente la que nos fue impuesta por la genética. Y en este sentido, en un mundo en el que la supervivencia a menudo exige el egoísmo, la relación entre Eva, Otto y Rovender se erige como el ancla emocional de toda la historia, una amistad que trasciende las barreras biológicas y culturales y que demuestra que la empatía es una herramienta de supervivencia más poderosa que la tecnología por muy avanzada que sea.

 

Los personajes principales experimentan en esta segunda temporada una importante evolución empujados por acontecimientos muy dramáticos, tanto a nivel colectivo como personal. En el caso de Eva, el viaje que había comenzado como niña criada en aislamiento por un robot, con una visión optimista e inocente del mundo, se torna aquí muy oscuro. Había comenzado deseando con todas sus fuerzas y arriesgando su vida por encontrar otros humanos para ser “normal”, y ahora se encuentra con que esa “normalidad” es una amenaza, que sus congéneres son –o, al menos, pueden serlo- los villanos de la historia. Esta comprensión la obliga a desobedecer a figuras de autoridad –como Cadmus Pryde- para hacer lo que ella considera correcto, marcando su transición de joven aventurera a líder carismática.

 

En cuanto a Rovender, que se había presentado inicialmente como un superviviente cínico y pragmático marcado por la muerte de su esposa e hijo, a estas alturas ya ha desarrollado un vínculo paternal con Eva. Sus experiencias en Nueva Ática ponen a prueba la capacidad para perdonar que había empezado a brotar gracias a la joven, al sufrir en sus propias carnes cómo los humanos tratan a los alienígenas. También en estos capítulos reconstruye la relación con su tribu, los Cerúleos, y el líder de éstos, su padre. Cuando Eva lo lleva a su asentamiento para que lo curen de unas graves heridas, aquéllos se muestran hostiles dado que lo ven como alguien que los abandonó en el momento en el que más lo necesitaban, perdiendo el honor por ello, una virtud esencial en esa cultura. Los acontecimientos le llevarán a aceptar su pasado, conseguir la comprensión de su padre –de nuevo, la empatía y mediación de Eva resulta trascendental en el proceso- y reconstruir su vida.

 

En cuanto a Otto, poco se puede decir de él respecto a la primera temporada. Sigue siendo la mascota fiel y entregada de Eva. Más interesantes son Eva 8 y Cadmus Pryde. La primera funciona como un espejo que muestra a Eva 9 lo que podría haber sido de haber creído ciegamente en la propaganda de Nueva Ática. Aunque genéticamente ambas son idénticas, Ocho ha ido influenciada por la visión de Cadmus Pryde y marcada por la muerte de todos sus compañeros en el exterior de su bunker. Es por ello que se muestra reacia a la postura empática y globalmente solidaria de su “hermana”. Realmente intenta cambiar y acompaña a Nueve fuera de Nueva Ática, pero su miedo y desconfianza hacia el resto de las especies acaban imponiéndose. Hacia el final de la temporada, experimenta un salto importante, dejando de ser un simple "peón" involuntario de Pryde para erigirse en dictadora implacable del asentamiento humano y empezar a preparar la reconquista de la Tierra.

 

En cuanto a Cadmus, se presenta inicialmente como un salvador, un líder visionario que ha mantenido a la humanidad a salvo en un mundo hostil, pero cualquiera que haya visto algo de cine ya tendrá claro que su fachada amable y bondadosa esconde objetivos más siniestros. En realidad, es un dictador que ha hecho de Nueva Ática una jaula de oro para sus habitantes. Su negativa a entender a Orbona lo ciega, convirtiéndolo en un reflejo oscuro de lo que los humanos deberían ser. Su incapacidad para escuchar y cambiar lo señala como el principal obstáculo de Eva para la creación de una comunidad planetaria.

 

Dicho esto, los problemas de la temporada anterior no desaparecen en la segunda. El diseño de los personajes y entornos ha mejorado y ganado en complejidad, pero no hasta el punto de marcar una auténtica diferencia. La historia sigue siendo bastante básica, incluso para una serie infantil; y, aunque es interesante dedicar algo de tiempo a profundizar en la historia y cultura de la que procede Rovender para contrastarlas con las de los humanos, el apresurado ritmo no ayuda a que ese fragmento llegue a cuajar. Además, la historia se pierde, ralentiza y divaga en la parte central de la temporada. Por el contrario, los guionistas logran equilibrar mejor las escenas de acción con los momentos de introspección, permitiendo que las tensiones políticas de Nueva Ática se cocinen a fuego lento antes de estallar en el desenlace. Algunos personajes nuevos aparecen prometiendo desempeñar un papel relevante, pero luego se limitan a desaparecer, como si tuvieran otra serie en la que participar.

 

Una vez más, como no he leído los libros en que se basa este material, no puedo juzgar su fidelidad a los mismos, pero sí dejar apuntado que este es un aspecto que ha merecido bastantes críticas relativas a ciertos cambios en la cronología y personalidad de algunos secundarios así como a la fusión o aceleración de algunos elementos de las novelas.

 

Siendo una temporada “puente” que se centra sobre todo en encauzar acción y personajes hacia la tercera y última, también es superior a la primera en cuanto a ambición visual y sofisticación de los temas introducidos, así como por el giro hacia la ambigüedad de personajes como Eva 8 o la traición de otros secundarios. Si la primera temporada, aunque no particularmente original, te resultó un producto agradable y entretenido que poder disfrutar en familia, la segunda sigue desempeñando el mismo papel. 

 

(Finaliza en la siguiente entrada) 


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