(Viene de la entrada anterior)
Tras la historia “Planeta Kadril”, escrita por Russ Helm, otro equipo artístico iba a hacerse cargo de la tira, catapultándola varios grados de calidad: el guionista Archie Goodwin y el dibujante Al Williamson. Pero antes de que pudieran incorporarse juntos a este rincón del universo Star Wars y por las razones que luego apuntaré, hubo que rellenar un periodo cinco meses, del 6 de octubre de 1980 al 8 de febrero de 1981, en el que se serializó la adaptación de una de las primeras novelas publicadas después del éxito de la película original: “Han Solo at Star´s End” (1979), escrita por Brian Daley.
Traducida en su
edición española como “Más Allá de las Estrellas”, fue la primera entrega de lo
que acabó siendo una trilogía que exploraba el pasado del ya popular
contrabandista (no confundir con la escrita por A.C.Crispin, a
parecida entre
1997 y 1998). En aquel momento, no se sabía prácticamente nada de la historia
pasada de los personajes, por lo que Daley (que, hasta su prematura muerte en
1996, con 49 años, fue uno de los pioneros del “Universo Expandido”,
escribiendo además los guiones para las adaptaciones radiofónicas de la trilogía original
de Star Wars para la radio pública estadounidense), tuvo una libertad
extraordinaria para definir al personaje de Han Solo antes de su encuentro con
Luke en la taberna de Mos Eisley. Actualmente, eso sí, esta historia ha sido
incluida en la línea "Legends" de Star Wars, donde han ido a parar
los productos que desarrollaron el antiguo canon, siendo así eliminado de la
cronología actual de Disney, si bien varias de sus ideas influyeron en
películas posteriores como “Han Solo” (2018).
La ac
ción
transcurre dos años antes de los acontecimientos narrados en “Una Nueva
Esperanza” y se aleja del conflicto entre el Imperio y la Alianza Rebelde para
centrarse en el submundo criminal en los sectores más remotos de la galaxia. Han
Solo y Chewbacca necesitan realizar reparaciones urgentes en el Halcón
Milenario y acuden al planeta donde tienen su taller una antigua amante de Han,
Jessa, y su padre, un excelente mecánico. Pero al llegar allí sin dinero, Jessa
les dice que sólo accederá a realizar el trabajo si le ayudan a rescatar a su padre,
en poder de la Autoridad Corporativa.
Y es que este es
un sector del espacio gobernado por megacorporaciones y no por el Imperio,
aunque es a éste a quien compran sus vehículos y ar
mamento. El padre de Jessa,
Doc, se opuso a la Autoridad Corporativa y fue arrestado y trasladado a una
prisión legendaria a la que se conoce como “El Confín de las Estrellas"
(Stars' End). La misión de Han y Chewie consistirá en introducir en el Centro
de Datos de la Autoridad a un par de androides, Blue Max (un pequeño ordenador
cúbico de procesamiento) y Bollux (un baqueteado y obsoleto droide de trabajo
que transporta al anterior) para que extraigan de los ordenadores la
localización de la prisión. Allí entrarán en contacto con otros renegados que
les acompañarán en el viaje, aunque uno de ellos resulta ser un traidor que Han
deberá identificar y eliminar no sin que antes cause un gran daño.
En esta h
istoria
nos encontramos a un Han Solo más cínico, rudo y pragmático de lo que la
corrección política permitirá en versiones posteriores en las que se resaltarían
más sus virtudes positivas. Por otra parte, esta es una peripecia que mezcla la
aventura con el género negro. Hay tiroteos, infiltraciones, huidas,
persecuciones de naves, evasiones, estratagemas, traiciones… pero ningún Jedi
utilizando la fuerza o esgrimiendo un sable láser.
Dado que no he
leído la novela original, no puedo v
alorar la fidelidad de esta adaptación,
pero sí lo eficientemente que está contada la historia. Y hay que reconocer,
que Archie Goodwin era mucho mejor narrador que Russ Manning. La historia fluye
muy bien, encadenando las tiras diarias con las planchas dominicales sin que
los breves pero obligatorios resúmenes que se hacen en éstas o las entregas de
los lunes sean demasiado evidentes o gravosos para la narración. Se nota la
gran experiencia que Goodwin acumulaba como guionista de una tira de prensa,
dado que llevaba desde 1967 escribiendo “Agente Corrigan”.
E
n cuanto al
dibujo, el artista elegido fue, de nuevo, Alfredo Alcalá. Su trabajo con las
figuras y los rostros es muy destacable, pero queda claro que el dibujo de
tecnología y entornos futuristas no es lo suyo. Los fondos están poco
elaborados y las naves, las armas o los robots tienen un diseño muy poco
atractivo. Hay incluso algunos cambios bruscos y desconcertantes, como el del
personaje de Atuarre, una mujer-gato que, más adelante en la trama, pasa a
tener el aspecto de una humana ridículamente disfrazada. Quizá a Alcalá le
cansó tener que estar dibujando las complejidades de las cabezas felinas o bien
fue responsabilidad de algún ayudante, cuya mano es más que evidente en varias
tiras con una resolución mediocre.
Y por fin, con “El Cazarrecompensas de Ord Mantell” (9 febrero – 19 abril de 1981), empieza el primer arco firmado por Archie Goodwin y Al Williamson y desde la primera viñeta de la primera tira ya se hace evidente el salto estratosférico que ha experimentado la serie.
La asociación
creativa de ambos profesionales se remontaba mucho tie
mpo atrás de tal forma
que Star Wars no fue sino la culminación de una larga y distinguida
colaboración que había comenzado a mediados de los años 60, en las revistas
publicadas por la editorial Warren. De hecho, cuando Los Angeles Times
Syndicate consideró inicialmente la tira de Star Wars, contactaron en primer
lugar con Williamson y Goodwin para que se encargaran de ella. Juntos, prepararon
dos semanas de tiras como muestra, adaptando las escenas iniciales de la primera
película. (Cuando finalmente la tira fue encargada a Manning, el sindicato
decidió no comenzar con una adaptación y le encargó una historia original).
Aquel trabajo de
presentación ya indicaba que el duo era perfecto para la tira. Pero incluso
antes de ver el excelente resultado, sus nombres ya sonaban como especialmente
bien indicados para ello. Archie Goodwin ya había sido una de las figuras más
importantes de Star Wars en el ámbito de los comics. Como E
ditor en Jefe de Marvel
entre 1976 y 1978, supervisó el lanzamiento del primer cómic de “Star Wars” en
1977, un ejemplar que vendió más de un millón de copias, marcando un éxito sin
precedentes que estabilizó las finanzas de la compañía y la salvó de la
bancarrota. Además, se encargó de escribir los guiones de la mayoría de los
números de esa colección entre el 11 y el 50, adaptando al comic “El Imperio
Contraataca” junto con Al Williamson. En resumen, que estaba más que
familiarizado con el material, sabía cómo abordarlo y las limitaciones con las
que debía trabajar.
En cuanto al apartado gráfico, Williamson ya acumulaba un gran prestigio como dibujante especializado en Ciencia Ficción. Aunque llevaba ya diez años realizando la tira diaria de “Agente Corrigan” –una serie de corte policiaco aunque con ocasiones ramalazos de otros géneros como la aventura pulp-, su forja habían sido los comics de CF de la EC, donde destacó como ilustre continuador del estilo del Alex Raymond, creador de Flash Gordon. De hecho, fue su fijación con ese personaje lo que en primer lugar llevó a Williamson al oficio de dibujante, una aspiración que satisfizo en 1966 ilustrando varios comic-books de Flash Gordon editados por King Features y que enseguida pasaron a considerarse clásicos.
¿Y por qué entonces
la tira acabó cayendo en las manos de Russ Manning
en lugar de las suyas? Pues
básicamente porque Williamson se hallaba muy ocupado con “Agente Corrigan”,
distribuido por el King Features. A diferencia de Manning (que también se
encargaba de Tarzán), él no se creyó capaz de realizar simultáneamente una
segunda tira y mantener un nivel gráfico a la altura que se exigía él mismo.
Pasaron los años y la situación de Williamson cambió considerablemente. Él y Goodwin habían abandonado X-9 (que fue retomada por otro ex licenciado de la EC, George Evans), y Williamson aceptó un par de adaptaciones cinematográficas al comic que realizó con una maestría extraordinaria: “Flash Gordon” para Western Publishing, y “El Imperio Contraataca” para Marvel Comics. Mientras que el álbum de Flash le supuso un auténtico quebradero de cabeza (por razones que ya comenté en su respectiva entrada), Williamson disfrutó mucho trabajando con el material de Star Wars. A George Lucas, que era conocedor de su trabajo desde hacía mucho tiempo, le encantó el resultado y volvieron a presentarle a Goodwin y Williamson la propuesta de encargarse de la tira de prensa. Esta vez, aceptaron.
Entre ese momento
y la aparición de la primera tira firmada por ellos, se produjo el antes
comentado hiato de Archie Goodwin (que ya tenía su agenda libre) y Alfredo
Alcalá. Ello fue debido al compromiso que había adquirido Williams
on para
terminar la novela gráfica de Flash Gordon. Por fin, el 9 de febrero de 1981,
periódicos de todo el país imprimieron la primera de las cientos de tiras de
Star Wars que llevarían las firmas de Goodwin y Williamson.
Archie Goodwin tenía una visión muy específica de las historias que quería contar y que podía resumirse en conectar las dos películas de la saga ya estrenadas por entonces. En 1981, cuando comenzó la primera aventura firmada por él y su socio Williamson, “El Imperio Contraataca” cumplía un año desde su estreno. Lucas concluido ésta con un final magistral que dejó a todo el mundo expectante y deseoso de averiguar qué iba a ocurrir a continuación. La labor de Goodwin era la de satisfacer esa demanda a la espera del lanzamiento de “El Retorno del Jedi”, narrando peripecias de los personajes principales ambientadas en el periodo comprendido entre “Una Nueva Esperanza” y “El Imperio Contraataca”.
Goodwin fue el
p
rimer guionista con la oportunidad de adoptar este enfoque, ya que tanto la
serie de comic-books de Marvel como la tira de prensa de la época de Russ
Manning comenzaron a publicarse poco después del estreno de la primera película
y, por lo tanto, solo contaba con ésta como material en el que inspirarse y a
partir del cual desarrollar el universo. Dado que Goodwin, como he dicho, había
dedicado bastante tiempo a la colección de Marvel, tuvo ahora la oportunidad de
volver a un terreno que le era familiar, pero con más elementos con los que
jugar. Eso sí, no se excedió tanto como lo hiciera él mismo y otros guionistas
en los comics de Marvel, que tendían a la exageración, con personajes y
situaciones estrambóticos que
no casaban bien con el espíritu de las películas.
En las tiras, Goodwin hizo un trabajo mucho más comedido pero sobresaliente recreando
las voces de los personajes y escribiendo tramas continuas mucho más atractivas
que las de Manning y los demás guionistas que le precedieron.
Y así, esta
historia de debut del nuevo duo artístico, “El Cazarrecompensas de Ord
Mantell”, se emplaza cronológicamente, como he dicho, poco después de lo
acontecido en “Una Nueva Esperanza”. La Alianza rebelde, sabedora de que el
Imperio conoce la localización de su base en Yavin 4, emprende la búsqueda de
un nuevo emplazamiento para su centro de mando; Han todavía tiene sobre sí el
peso de la recompensa ofrecida por Jabba el Hutt; y Darth Vader, tras la
d
estrucción de la Estrella de la Muerte, está más decidido que nunca a aplastar
el crecimiento movimiento rebelde.
Antes de que los mandos rebeldes decidan esconderse en Hoth, Luke y Leia se encuentran en un mundo selvático valorando su idoneidad para trasladar allí la base rebelde. Sin embargo, las tropas imperiales han llegado antes que ellos y utilizan ese planeta como campo de entrenamiento. No tardan en localizar a la pareja, destruir la nave en la que habían llegado y emprender su caza. En Yavin, los dan por muertos dado que no han informado cuando estaba previsto y no disponen de naves libres para ir a ese planeta a investigar. Pero Han, que no depende de la oficialidad rebelde, decide ir con Chewbacca a bordo del Halcón Milenario para averiguar lo ocurrido. Y llega en el proverbial justo a tiempo para salvarlos de morir bajo los láseres imperiales.
Pero al salir del
planeta, se encuentran naves imperiales que o
bligan a Han a realizar una brusca
maniobra que, permitiéndoles escapar, también deja al Halcón muy dañado. Así
que no tienen más opción que dirigirse a Ord Mantell, un planeta al que por el
momento el Imperio ha respetado, para realizar unas imprescindibles reparaciones.
Por supuesto, el nombre de ese lugar resultará familiar para muchos aficionados
porque durante una de las primeras escenas del Episodio V, Han menciona su
encuentro allí con un cazarrecompensas. Goodwin tira de ese hilo para contarnos
aquí lo ocurrido.
El
cazarrecompensas en cuestión es Skorr, que reconoce a Han –ya que se mueve en
los mismos círculos que él, a diferencia de Luke y Leia, cuya identidad
desconoce- y decide atraparlo para cobrar la sustanciosa cantidad que Jabba
ofrece por su cabeza. Sin embargo y sabiendo de la pericia de Han con la
pistola, decide no correr riesgos y secuestrar a sus amigos para obligarlo a
comparecer ante él solo y en un lugar aislado.
Tratándose de un
material ajeno –y además mediocre-, la adaptación de la novela de Brian Haley
no había sido la mejor carta de presentación posible de A
rchie Goodwin para los
lectores de la tira. Es ahora cuando puede dar rienda suelta a sus ideas
–dentro de un orden, claro, dado que este universo no era suyo.
Como he dicho, Goodwin era un experimentado narrador de comics en el formato periodístico. Tanto, de hecho, que la mayoría de sus historias pueden leerse con bastante fluidez, pasando de una tira a la siguiente sin tener que soportar esas obligatorias recapitulaciones para los lectores que se hubieran perdido la entrega anterior. Goodwin no prescinde de los resúmenes, pero en general no abusa de ellos y reformula la información relevante para no limitarse a una aburrida repetición que interrumpa la narrativa.
Por ot
ra parte,
la historia tiene un sabor mucho más definido a Star Wars en todos los órdenes:
el contexto, la premisa, su desarrollo (con persecuciones, evasiones en el
último momento, batallas espaciales, villanos pintorescos, añagazas
ingeniosas…) y el tratamiento de personajes. Ciertamente y en este punto
inicial, Chewbacca y Luke son todavía convidados de piedra, pero Han y Leia
están perfectamente definidos. Ambos se comportan y expresan de forma coherente
con lo que de ellos se sabía después de “Una Nueva Esperanza” y “El Imperio
Contraataca”, a saber, una relación basada en la admiración mutua no
reconocida, la tensión romántica sólo ocasionalmente expresada y casi siempre
camuflada por intercambios verbales repletos de sarcasmos y comentarios
hirientes.
Hay que tener en
cuenta que Goodwin, como prácticamente todos los g
uionistas de comic que han
trabajado para la franquicia, estaba muy limitado en cuanto a lo que podía
hacer con los personajes principales. Podía retratarlos con fidelidad de
acuerdo a lo mostrado en las películas, pero no hacerles avanzar en sus
respectivos arcos personales, un derecho éste que se reservaba Lucas en
exclusiva. El resultado, obviamente, era un perpetuo y poco realista
estancamiento en el statu quo. Ahora bien, este era un peaje que los fans de
Star Wars, ansiosos de consumir más material de su universo favorito, estaban
dispuestos a pagar. Además, e independientemente de su calidad, este era un
material de consumo para un público masivo que no exigía grandes niveles de
sofisticación argumental o caracterización.
También merece la
pena
destacar la ausencia de los droides, que tan presentes habían estado en
las aventuras anteriores (con la lógica excepción de la inmediatamente
precedente, dado que transcurría en una época anterior a que Han conociera a
Luke en Mos Eisley) ejerciendo a menudo de alivio cómico hasta rozar el abuso.
Aquí tan sólo aparecen en una viñeta antes de desaparecer de la trama. Lo que
se sí se recupera es la conexión de Luke con la Fuerza (que se fortalecería en
“El Imperio Contraataca”, cronológicamente posterior a esta aventura), su sable
láser, los continuos achaques del Halcón Milenario y los problemas de Han con
Jabba, todo lo cual acerca mucho más la tira a la continuidad de las películas
y reafirma, al menos el principio, el compromiso de Goodwin con mantener la
coherencia con aquéllas.
En cuanto al
trabajo de Al Williamson, es simplemente extraordinario
y muy alejado en cuanto
a calidad de sus dos predecesores, Alfredo Alcalá y Russ Manning.
Si bien el dibujo de Manning era menos caricaturesco que el que otros artistas como Howard Chaykin o Carmine Infantino habían ofrecido en los cómics de Marvel, lo cierto es que aquél no se esforzó mucho por capturar el físico de actores como Mark Hamill, Carrie Fisher y Harrison Ford, o el atractivo diseño de otros como Darth Vader o Chewbacca. Cuando Williamson dibujó la antes mencionada adaptación de “El Imperio Contraataca” para Marvel, los lectores tuvieron la experiencia más parecida a ver la película en sus casas antes de su lanzamiento en VHS.
Donde
Manning y
Alcalá se habían mostrado perezosos con los fondos y poco cómodos representando
tecnología futurista o, al menos, respetuosa con la línea marcada por los
diseños de Lucas, Williamson inserta a sus personajes en entornos
meticulosamente trabajados, ya sean las espesas selvas del planeta inicial, con
su inmensa vegetación y su fauna autóctona, bien el puerto espacial de Ord
Mantell, con una atmósfera muy parecida a la de Mos Eisley. Tanto el interior
como el exterior del Halcón Milenario, los destructores imperiales y cazas TIE,
los soldados de asalto y la pintoresca variedad de especies alienígenas que
transitan por las calles del planeta son coherentes con el universo Star Wars y
es evidente que Williamson utilizó documentación gráfica para plasmar con la
mayor exactitud posible los diseños y la tecnología. El dibujo de figuras es
asimismo impecable. El movimiento y la expresividad están muy logrados y los
protagonistas mantienen los rasgos de los actores que los encarnaron en pantalla,
pero sin esa sensación de acartonamiento en la que caen otros artistas al
calcar o copiar fotos.
(Continúa en la entrada siguiente)

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