(Viene de la entrada anterior)
"The Orville", la serie del guionista, productor -y protagonista- Seth MacFarlane, que se estrenó en la cadena Fox en septiembre de 2017, sufrió una pausa más larga de lo esperado entre su segunda y tercera temporadas debido al caos originado por la pandemia mundial de COVID. Cuando la serie finalmente, regresó en junio de 2022, dejó esa cadena para emitirse en exclusiva en la plataforma Hulu (actualmente propiedad de Disney), retitulándose "The Orville: New Horizons".
“New Horizons” sorprendió a todos, y con razón. Siguió
rindiendo ho
menaje a la ciencia ficción televisiva que la precedió
–especialmente la space opera y, en concreto, “Star Trek”-, pero también
aspiraba a ser algo completamente diferente: una serie de CF que revolucionara
la forma en que se narran las historias del género en la pequeña pantalla. Que
lo consiguiera es opinable, pero lo que difícilmente puede negársele es que
supo evolucionar, consolidarse y atraer nuevos seguidores con cada nueva
temporada. Y es que, además de los conceptos e ideas que ofrece, cada episodio
está bien escrito y engarzado con el resto, los actores consiguen insuflar
auténtica vida y personalidad a sus personajes y la impecable factura visual es
digna de una producción en pantalla grande.
El cambio de plataforma supuso una auténtica bendición para
Seth MacFarlane, ya que le oto
rgó una libertad de la que no había dispuesto hasta
entonces con esta serie. Ya no tenía que limitar la duración de sus episodios a
las necesidades de una cadena comercial tradicional, ni estructurar las
historias para que cada cierto tiempo pudieran encajarse pausas publicitarias
sin cortar una escena. Así, los diez episodios que componen esa tercera -y, a
la postre, última- temporada tienen una duración de entre 60 y 86 minutos,
superior a los 45 minutos de los capítulos de las temporadas 1 y 2. Además,
contaron con presupuestos claramente más abultados. En realidad, su visionado
se asemeja más al de películas con las que se fueron cerrando hilos dejados
abiertos en los años precedentes.
A día de hoy, “The Orville” se encuentra en una especie de
limbo en el que, sin haberse anunciado oficialmente su cancelación, tampoco se
ha renovado.
Las razones las habituales en estos casos. En primer lugar, la
ambición de la tercera temporada conllevó un mayor gasto en efectos visuales de
calidad cinematográfica. Ese fue uno de los factores que ralentizaron la
producción, tardándose casi tres años en completar la temporada, lo que para
quien paga las facturas (en la actualidad, como ya he dicho, Disney), supone un
riesgo muy alto. Además, y quizá el punto más crítico, tras terminar esta tanda
de episodios, los contratos del reparto principal expiraron. Algunos de ellos,
como Adrianne Palicki, declararon en entrevistas la frustración que habían
sentido al verse imposibilitados de aceptar otros proyectos simultáneamente
debido a los prolongados tiempos de rodaje. Otros miembros del elenco han
sugerido que ya han pasado página y no tienen intención alguna de regresar en
caso de una eventual cuarta temporada. Por otra parte, MacFarlane, el auténtico
motor de la serie, le tiene un cariño muy especial a “The Orville”, pero lleva
tiempo muy ocupado con otros proyectos y su agenda no le permite disponer de la
dedicación que aquélla requeriría.
Y es una lástima porque, si alguna vez una serie mereció
una nueva oportunidad, esa es "T
he Orville". Sin disculparse por sus
obvias similitudes con "Star Trek: La Nueva Generación" y otras
series espaciales de los 90, "The Orville" es una versión ligera de
Star Trek, con personajes más cercanos que el formal elenco del puente de la
Enterprise y que se expresan en la jerga del siglo XXI. Al comienzo de la
serie, la Orville no era precisamente el orgullo de la flota de la Unión
Planetaria, pero, poco a poco y pese a los problemas internos que van
surgiendo, el capitán Ed Mercer (MacFarlane) y su segunda al mando, Kelly
Grayson (Adrianne Palicki), consiguen que su tripulación lo dé todo en las
misiones que se les encomienda, logrando hazañas heroicas mientras se enfrentan
a los mismos dilemas éticos y sociales que abordaban los mejores episodios de
cualquier serie de Star Trek.
Cuando arrancó la serie y dado el éxito que tenía Seth MacFarlane
con "Padre de Familia", Fox quiso darle más peso y presencia a la
comedia. Pero, tras unos pocos episodios, ese humor a veces forzado de la
primera temporada dio paso a momentos cómicos más espaciados, mejor integrados
y centrados en los personajes más que en las crisis que debían afrontar. La
serie estaba encontrando su propia voz. A su regreso en 2022 para su corta pero
magnífica tercera temporada, todos los personajes habían experimentado una
evolución enorme respecto al momento en que los espectadores los conocieron.
El segundo oficial moclano, Bortus (Peter Macon), se
convirtió en un padre cariñoso y protector de su h
ija, Topa (Imani Pullum). La
cirugía obligatoria de cambio de sexo a la que habían sometido a Topa siendo un
bebé, fue revertida, lo que la permitió crecer y vivir abiertamente como una
mujer moclana excepcional (recordemos que la sociedad de esa especie se
enorgullece de ser exclusivamente masculina). Esta forma de abordar, utilizando
el filtro de la ciencia ficción, el candente tema de la identidad y reafirmación
de género fue una de las muchas maneras en que la serie había conseguido superar
sus orígenes como parodia ligera de Star Trek al estilo de "Galaxy
Quest" (1999).
Cercano el final de la temporada, Topa es secuestrada por
moclanos que la torturan para obtener información sobre una colonia exclu
sivamente
femenina que sirve de refugio a hembras moclanas que se rebelan contra la
radical discriminación que sufren en su planeta. La joven es liberada por su
padre Bortus y se reconcilia con su otro padre moclano, Klyden (Chad Coleman), de
mentalidad más tradicional. Sin embargo, como resultado de ese secuestro y
tortura, Moclus es expulsado de la Unión Planetaria, justo cuando se está
librando una guerra crucial contra los cibernéticos Kaylon, más parecidos
(tanto fonéticamente como en su origen, funcionamiento y propósito) con los
Cylones de "Battlestar Galactica" que con los Borg de Star Trek.
La expulsión de los moclanos los lleva a aliarse con uno de
los enemigos más formi
dables de Unión: los Krill, una especie fotosensible, de
piel pálida y cuyo fundamentalismo religioso les hace considerar a todas las
demás formas de vida inteligentes como infieles sin alma. Para complicar las
cosas, su nueva líder, más radical aún si cabe, es Teleya (Michaela McManus),
una antigua amante del capitán Mercer. Teleya quedó embarazada de Ed mientras
trabajaba infiltrada, disfrazada de oficial humana, a bordo de la Orville. Irónicamente,
la cultura tóxicamente masculina de Moclus no tiene demasiados inconvenientes
en establecer un acuerdo de defensa mutua con los matriarcales Krill.
Esta nueva y precaria alianza se ve aún más incentivada
cuando descubren que la Unión Planetaria ha desarrollado una nueva y devastadora
arma c
ontra los Kaylon, capaz de aniquilar flotas enteras con la descarga de un
solo pulso y, además, dejando a las formas de vida biológicas completamente
ilesas. Tanto la alianza Krill/Moclana como las facciones reaccionarias de la
Unión quieren usar el arma para aniquilar a los Kaylon ("Dominó"),
pero Ed ve la oportunidad de llegar a un acuerdo de paz. El arma robada es
finalmente destruida por su inteligente coinventora, la alférez Charly Burke
(Anne Winters), en un acto heroico que le cuesta la vida. Su sacrificio
demuestra la buena voluntad humana hacia los Kaylon y sienta las bases para un
armisticio.
Tras el fin de la amenaza Kaylon (se les otorga un puesto
provisional en el Consejo de la Unión), la vida comienza a volver a la
normalidad a bordo de la cotidiana anormalidad de la Orville. El episodio final
de la serie ("Un Futuro Desconocido") es una historia centrada en los
personajes, por fin libres de guerras y crisis diversas. El único drama se
centra en e
l regreso de Lysella (Giorgia Whigham), refugiada del planeta Sargus
4 (presentados ambos en el séptimo episodio de la primera temporada, “La Regla
de la Mayoría”). Al experimentar de primera mano la utopía de la Unión, donde
no hay dinero y todo se obtiene de replicadores de materia, intenta robar tecnología
para ayudar a su pueblo. Kelly le muestra mediante una simulación que entregar
tecnología avanzada a una sociedad que aún no ha alcanzado el nivel ético
necesario para manejarla, solo conduce a su autodestrucción. Finalmente,
Lysella decide quedarse y aprender a vivir en este nuevo futuro.
En este final de temporada se resuelven también otros
hilos. La oficial méd
ico de la Orville, la Dra. Claire Finn (Penny Jerald
Johnson), se casa con el oficial científico Kaylon, Isaac (Mark Jackson) en una
boda al “aire libre” en la sala del simulador holográfico de la nave. Les
visitan viejos amigos, como la exjefa de seguridad Alara Kitan (Halston Sage),
quien dejó el equipo un par de años antes (en el capítulo "Hogar",
tercero de la segunda temporada). Y Bortus y Klyden renuevan sus votos en una
ceremonia tradicional moclana.
Al final de la temporada, el universo parece haber
alcanzado un periodo de agradable y segura e
stabilidad. Topa está a salvo con
sus dos padres moclanos; Ed y Kelly podrían reavivar su romance; se ha firmado
la paz con los Kaylon, e Isaac y Claire han superado sus problemas y contraído
matrimonio. Sin embargo, aún quedan cabos sueltos, como los posibles problemas
que podría generar la alianza Moclus/Krill, así como el destino de la hija
mestiza de Ed y Teleya, a quien quizá él nunca vuelva a ver. Por no hablar de
explorar los rincones desconocidos de la galaxia. En resumen, que la serie
tenía campo suficiente para continuar en una cuarta temporada.
Con sólo tres cortas temporadas, el universo de "The
Orville" se había consolidado como una entidad propia y diferenciada del
de Star Trek. Sí, hay similitudes entre ambos. Al fin y al cabo, la serie fue
fruto de la pasión que Seth McFarlane sentía por esa veterana franquicia y adoptó
varios de sus tropos con el fin de darles un enfoque personal. Pero igualmente
llamativas –o más aún incluso- son sus d
iferencias. En el universo de "The
Orville", por ejemplo, no existen los transportadores, lo que dificulta
las evasiones rápidas. Las lanzaderas de la Unión Planetaria pueden activar su
camuflaje a discreción, a diferencia de la prohibición que pesa sobre el uso de
esa tecnología en la Flota Estelar de Star Trek. Esta característica, en
particular, resulta muy útil durante las delicadas misiones de "primer
contacto" con razas menos desarrolladas. También es de agradecer que la
Orville no fuera la ilustre nave estrella de la Unión Planetaria. Sus
tripulantes se ganan a pulso el respeto en el transcurso de las tres
temporadas, lo cual sintoniza perfectamente con uno de los principios rectores de
la serie: la reputación ha reemplazado al dinero como nueva “moneda”.
Comparado con encarnaciones más recientes de Star Trek,
"The Orville" también destaca en cuanto a diseño de producción
y fotografía.
Los responsables de esos apartados evocan la estética brillante de la ciencia
ficción televisiva de los años 80 y 90 del siglo pasado, prescindiendo de
cámaras en mano, humo ambiental, iluminación ténue y otros elementos que han
ido convirtiéndose en estándares de la ciencia ficción moderna. Esto le da a
“The Orville” un refrescante estilo retro que hace que los uniformes, los
decorados e incluso las naves espaciales parezcan más limpios, nítidos y
luminosos.
Otra diferencia esencial entre “The Orville” y Star Trek
reside en sus personajes. Éstos se sienten más cercanos porque reaccionan de
acuerdo a prejuicios y pecu
liaridades propios del espectador del siglo XXI, a
diferencia de sus homólogos treks, más nobles y fieles a las normas de la Flota
Estelar. La tripulación de la Orville se expresa con un lenguaje grosero y (a
veces de forma incongruente) hace un montón de referencias a la cultura pop de
los siglos XX y XXI. También se dan el capricho de celebrar fiestas y tener una
resaca de vez en cuando. Valga el siguiente resumen de los arcos de los
diferentes personajes principales como muestra del notable trabajo que la serie
hizo con ellos.
El capitán Ed Mercer no es precisamente James T. Kirk ni
Jean-Luc Picard. Y esa diferencia es completamente deliberada. Ed es un hombre bastante
corriente, con defectos claramente identificables, a veces mezquino e inseguro
debido a que emocionalmente
todavía no se ha recuperado del divorcio de su
esposa, Kelly Grayson, quien, como se vio en el primer episodio de la serie, se
convierte en su primera oficial. Sintiéndose culpable por su infidelidad, Kelly
se dirigió a sus superiores para proponer discretamente a Ed como capitán al
mando de la Orville. En el proceso de adaptación a sus respectivos nuevos roles,
los excónyuges aprenden a mirarse mutuamente de forma diferente. Su convivencia
profesional y personal viene marcada por la intimidad y el conocimiento mutuo,
pero también por los celos y la culpabilidad, algo que no suele verse en los
oficiales superiores de las series de Star Trek.
Aunque sigue enamorado de Kelly, Ed entabla una relación
seria con la nueva navegante de la nave, la teniente Janel Tyler (Michaela
McManus),
la cual, como he apuntado, resulta ser Teleya, una agente Krill
encubierta, que está en misión de venganza por la muerte de su tripulación, de
lo que culpa a Ed (en “Lo Único que Quedará en la Tierra serán los Peces”), ya
que éste saboteó su nave al no ver otra salida a la crisis planteada. Las cosas
se complican aún más cuando se descubre que Ed tiene una hija mestiza con
Teleya llamada Anaya (Charlie Townsend), a quien quizá nunca vuelva a ver
("La Lluvia que Cae Suavemente”).
Ed y su tripulac
ión se convierten en héroes tras salvar a la
Tierra de una invasión Kaylon ("Identidad, Segunda Parte"). A medida
que avanza la serie, vemos a Ed crecer como líder, aprendiendo a hacer caso a
su juicio e instintos. Gran parte de esa creciente autoconfianza es mérito de
Kelly, que siempre está a su lado apoyándole. Al final de la serie, vemos un
indicio de que ambos podrían reanudar su relación, cuando se toman de la mano
durante la boda de Isaac y Claire.
Elegirse a uno mismo como protagonista de una serie de
televisión de pr
opia creación puede atribuirse a la vanidad, pero en "The
Orville", resultó ser una decisión inteligente. De adolescente, MacFarlane
solía grabarse con una cámara doméstica corriendo aventuras en el universo de
Star Trek, así que pocos actores como él podían abordar el papel con el mismo
entusiasmo, conocimiento y desenfado.
Tras divorciarse de Ed, la comandante Kelly Grayson aún se
siente culpable por la aventura de una noche que fue el catalizador de su
divorcio. Su compañero en el “delito” fue Darulio (Rob Lowe), un extrate
rrestre
de piel azul que la sedujo con sus feromonas naturales mientras estaba en celo
(y que utiliza el mismo truco más tarde para provocar el mismo efecto en Ed).
Ya como segunda oficial de la Orville, establece una relación con el maestro de
a bordo, Cassius (Chris Johnson), destinada a no perdurar por los diferentes
objetivos vitales que tienen ambos, así como a los sentimientos que ella sigue
albergando hacia Ed (“Deflectores”).
Al igual que Ed, Kelly no siempre es una oficial modelo: a
veces bebe demasiado y no le importa cometer alguna que otra transgresión de
las normas, como ayudar a una joven herida en un planeta alienígena a la vista
de sus primitivos habitantes. Este acto desinteresado da origen a toda una
religión basada en la adora
ción de "Kelly", lo que conlleva siglos de
sacrificios y sangrientas guerras santas libradas en su nombre ("Loca Idolatría").
Su vida personal también es expuesta a un vergonzoso escrutinio cuando su yo
más joven resulta transportada accidentalmente a bordo de la Orville gracias a
un dispositivo de desplazamiento temporal ("Mañana y Mañana y
Mañana"). Al final, la joven Kelly es enviada de vuelta a su propio
tiempo, pero el borrado de memoria al que previamente la habían sometido no
funciona correctamente, lo que la impele a cambiar el futuro no aceptando una
segunda cita con Ed, su futuro exmarido ("El Camino No Tomado"). Este
inocente paso en falso, más adelante y de alguna manera, lleva a los Kaylon a
conquistar la mayor parte de la galaxia conocida.
En 2019, durante
el rodaje de la serie, la actriz Adrianne
Palicki se casó con su compañero de reparto Scott Grimes, aunque el matrimonio
no duró más que un año. Palicky se convirtió por méritos propios en
indispensable para el programa gracias a su excelente labor, haciendo que su
personaje actúe, alternativamente y siempre de forma verosímil, como consejera,
abogada, confidente y líder militar.
(Finaliza en la siguiente entrada)

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