sábado, 10 de enero de 2026

2017- THE ORVILLE (3)



(Viene de la entrada anterior)

 

"The Orville", la serie del guionista, productor -y protagonista- Seth MacFarlane, que se estrenó en la cadena Fox en septiembre de 2017, sufrió una pausa más larga de lo esperado entre su segunda y tercera temporadas debido al caos originado por la pandemia mundial de COVID. Cuando la serie finalmente, regresó en junio de 2022, dejó esa cadena para emitirse en exclusiva en la plataforma Hulu (actualmente propiedad de Disney), retitulándose "The Orville: New Horizons".

 

“New Horizons” sorprendió a todos, y con razón. Siguió rindiendo homenaje a la ciencia ficción televisiva que la precedió –especialmente la space opera y, en concreto, “Star Trek”-, pero también aspiraba a ser algo completamente diferente: una serie de CF que revolucionara la forma en que se narran las historias del género en la pequeña pantalla. Que lo consiguiera es opinable, pero lo que difícilmente puede negársele es que supo evolucionar, consolidarse y atraer nuevos seguidores con cada nueva temporada. Y es que, además de los conceptos e ideas que ofrece, cada episodio está bien escrito y engarzado con el resto, los actores consiguen insuflar auténtica vida y personalidad a sus personajes y la impecable factura visual es digna de una producción en pantalla grande.

 

El cambio de plataforma supuso una auténtica bendición para Seth MacFarlane, ya que le otorgó una libertad de la que no había dispuesto hasta entonces con esta serie. Ya no tenía que limitar la duración de sus episodios a las necesidades de una cadena comercial tradicional, ni estructurar las historias para que cada cierto tiempo pudieran encajarse pausas publicitarias sin cortar una escena. Así, los diez episodios que componen esa tercera -y, a la postre, última- temporada tienen una duración de entre 60 y 86 minutos, superior a los 45 minutos de los capítulos de las temporadas 1 y 2. Además, contaron con presupuestos claramente más abultados. En realidad, su visionado se asemeja más al de películas con las que se fueron cerrando hilos dejados abiertos en los años precedentes.

 

A día de hoy, “The Orville” se encuentra en una especie de limbo en el que, sin haberse anunciado oficialmente su cancelación, tampoco se ha renovado. Las razones las habituales en estos casos. En primer lugar, la ambición de la tercera temporada conllevó un mayor gasto en efectos visuales de calidad cinematográfica. Ese fue uno de los factores que ralentizaron la producción, tardándose casi tres años en completar la temporada, lo que para quien paga las facturas (en la actualidad, como ya he dicho, Disney), supone un riesgo muy alto. Además, y quizá el punto más crítico, tras terminar esta tanda de episodios, los contratos del reparto principal expiraron. Algunos de ellos, como Adrianne Palicki, declararon en entrevistas la frustración que habían sentido al verse imposibilitados de aceptar otros proyectos simultáneamente debido a los prolongados tiempos de rodaje. Otros miembros del elenco han sugerido que ya han pasado página y no tienen intención alguna de regresar en caso de una eventual cuarta temporada. Por otra parte, MacFarlane, el auténtico motor de la serie, le tiene un cariño muy especial a “The Orville”, pero lleva tiempo muy ocupado con otros proyectos y su agenda no le permite disponer de la dedicación que aquélla requeriría.

 

Y es una lástima porque, si alguna vez una serie mereció una nueva oportunidad, esa es "The Orville". Sin disculparse por sus obvias similitudes con "Star Trek: La Nueva Generación" y otras series espaciales de los 90, "The Orville" es una versión ligera de Star Trek, con personajes más cercanos que el formal elenco del puente de la Enterprise y que se expresan en la jerga del siglo XXI. Al comienzo de la serie, la Orville no era precisamente el orgullo de la flota de la Unión Planetaria, pero, poco a poco y pese a los problemas internos que van surgiendo, el capitán Ed Mercer (MacFarlane) y su segunda al mando, Kelly Grayson (Adrianne Palicki), consiguen que su tripulación lo dé todo en las misiones que se les encomienda, logrando hazañas heroicas mientras se enfrentan a los mismos dilemas éticos y sociales que abordaban los mejores episodios de cualquier serie de Star Trek.

 

Cuando arrancó la serie y dado el éxito que tenía Seth MacFarlane con "Padre de Familia", Fox quiso darle más peso y presencia a la comedia. Pero, tras unos pocos episodios, ese humor a veces forzado de la primera temporada dio paso a momentos cómicos más espaciados, mejor integrados y centrados en los personajes más que en las crisis que debían afrontar. La serie estaba encontrando su propia voz. A su regreso en 2022 para su corta pero magnífica tercera temporada, todos los personajes habían experimentado una evolución enorme respecto al momento en que los espectadores los conocieron.

 

El segundo oficial moclano, Bortus (Peter Macon), se convirtió en un padre cariñoso y protector de su hija, Topa (Imani Pullum). La cirugía obligatoria de cambio de sexo a la que habían sometido a Topa siendo un bebé, fue revertida, lo que la permitió crecer y vivir abiertamente como una mujer moclana excepcional (recordemos que la sociedad de esa especie se enorgullece de ser exclusivamente masculina). Esta forma de abordar, utilizando el filtro de la ciencia ficción, el candente tema de la identidad y reafirmación de género fue una de las muchas maneras en que la serie había conseguido superar sus orígenes como parodia ligera de Star Trek al estilo de "Galaxy Quest" (1999).

 

Cercano el final de la temporada, Topa es secuestrada por moclanos que la torturan para obtener información sobre una colonia exclusivamente femenina que sirve de refugio a hembras moclanas que se rebelan contra la radical discriminación que sufren en su planeta. La joven es liberada por su padre Bortus y se reconcilia con su otro padre moclano, Klyden (Chad Coleman), de mentalidad más tradicional. Sin embargo, como resultado de ese secuestro y tortura, Moclus es expulsado de la Unión Planetaria, justo cuando se está librando una guerra crucial contra los cibernéticos Kaylon, más parecidos (tanto fonéticamente como en su origen, funcionamiento y propósito) con los Cylones de "Battlestar Galactica" que con los Borg de Star Trek.

 

La expulsión de los moclanos los lleva a aliarse con uno de los enemigos más formidables de Unión: los Krill, una especie fotosensible, de piel pálida y cuyo fundamentalismo religioso les hace considerar a todas las demás formas de vida inteligentes como infieles sin alma. Para complicar las cosas, su nueva líder, más radical aún si cabe, es Teleya (Michaela McManus), una antigua amante del capitán Mercer. Teleya quedó embarazada de Ed mientras trabajaba infiltrada, disfrazada de oficial humana, a bordo de la Orville. Irónicamente, la cultura tóxicamente masculina de Moclus no tiene demasiados inconvenientes en establecer un acuerdo de defensa mutua con los matriarcales Krill.

 

Esta nueva y precaria alianza se ve aún más incentivada cuando descubren que la Unión Planetaria ha desarrollado una nueva y devastadora arma contra los Kaylon, capaz de aniquilar flotas enteras con la descarga de un solo pulso y, además, dejando a las formas de vida biológicas completamente ilesas. Tanto la alianza Krill/Moclana como las facciones reaccionarias de la Unión quieren usar el arma para aniquilar a los Kaylon ("Dominó"), pero Ed ve la oportunidad de llegar a un acuerdo de paz. El arma robada es finalmente destruida por su inteligente coinventora, la alférez Charly Burke (Anne Winters), en un acto heroico que le cuesta la vida. Su sacrificio demuestra la buena voluntad humana hacia los Kaylon y sienta las bases para un armisticio.

 

Tras el fin de la amenaza Kaylon (se les otorga un puesto provisional en el Consejo de la Unión), la vida comienza a volver a la normalidad a bordo de la cotidiana anormalidad de la Orville. El episodio final de la serie ("Un Futuro Desconocido") es una historia centrada en los personajes, por fin libres de guerras y crisis diversas. El único drama se centra en el regreso de Lysella (Giorgia Whigham), refugiada del planeta Sargus 4 (presentados ambos en el séptimo episodio de la primera temporada, “La Regla de la Mayoría”). Al experimentar de primera mano la utopía de la Unión, donde no hay dinero y todo se obtiene de replicadores de materia, intenta robar tecnología para ayudar a su pueblo. Kelly le muestra mediante una simulación que entregar tecnología avanzada a una sociedad que aún no ha alcanzado el nivel ético necesario para manejarla, solo conduce a su autodestrucción. Finalmente, Lysella decide quedarse y aprender a vivir en este nuevo futuro.

 

En este final de temporada se resuelven también otros hilos. La oficial médico de la Orville, la Dra. Claire Finn (Penny Jerald Johnson), se casa con el oficial científico Kaylon, Isaac (Mark Jackson) en una boda al “aire libre” en la sala del simulador holográfico de la nave. Les visitan viejos amigos, como la exjefa de seguridad Alara Kitan (Halston Sage), quien dejó el equipo un par de años antes (en el capítulo "Hogar", tercero de la segunda temporada). Y Bortus y Klyden renuevan sus votos en una ceremonia tradicional moclana.

 

Al final de la temporada, el universo parece haber alcanzado un periodo de agradable y segura estabilidad. Topa está a salvo con sus dos padres moclanos; Ed y Kelly podrían reavivar su romance; se ha firmado la paz con los Kaylon, e Isaac y Claire han superado sus problemas y contraído matrimonio. Sin embargo, aún quedan cabos sueltos, como los posibles problemas que podría generar la alianza Moclus/Krill, así como el destino de la hija mestiza de Ed y Teleya, a quien quizá él nunca vuelva a ver. Por no hablar de explorar los rincones desconocidos de la galaxia. En resumen, que la serie tenía campo suficiente para continuar en una cuarta temporada.

 

Con sólo tres cortas temporadas, el universo de "The Orville" se había consolidado como una entidad propia y diferenciada del de Star Trek. Sí, hay similitudes entre ambos. Al fin y al cabo, la serie fue fruto de la pasión que Seth McFarlane sentía por esa veterana franquicia y adoptó varios de sus tropos con el fin de darles un enfoque personal. Pero igualmente llamativas –o más aún incluso- son sus diferencias. En el universo de "The Orville", por ejemplo, no existen los transportadores, lo que dificulta las evasiones rápidas. Las lanzaderas de la Unión Planetaria pueden activar su camuflaje a discreción, a diferencia de la prohibición que pesa sobre el uso de esa tecnología en la Flota Estelar de Star Trek. Esta característica, en particular, resulta muy útil durante las delicadas misiones de "primer contacto" con razas menos desarrolladas. También es de agradecer que la Orville no fuera la ilustre nave estrella de la Unión Planetaria. Sus tripulantes se ganan a pulso el respeto en el transcurso de las tres temporadas, lo cual sintoniza perfectamente con uno de los principios rectores de la serie: la reputación ha reemplazado al dinero como nueva “moneda”.

 

Comparado con encarnaciones más recientes de Star Trek, "The Orville" también destaca en cuanto a diseño de producción y fotografía. Los responsables de esos apartados evocan la estética brillante de la ciencia ficción televisiva de los años 80 y 90 del siglo pasado, prescindiendo de cámaras en mano, humo ambiental, iluminación ténue y otros elementos que han ido convirtiéndose en estándares de la ciencia ficción moderna. Esto le da a “The Orville” un refrescante estilo retro que hace que los uniformes, los decorados e incluso las naves espaciales parezcan más limpios, nítidos y luminosos.

 

Otra diferencia esencial entre “The Orville” y Star Trek reside en sus personajes. Éstos se sienten más cercanos porque reaccionan de acuerdo a prejuicios y peculiaridades propios del espectador del siglo XXI, a diferencia de sus homólogos treks, más nobles y fieles a las normas de la Flota Estelar. La tripulación de la Orville se expresa con un lenguaje grosero y (a veces de forma incongruente) hace un montón de referencias a la cultura pop de los siglos XX y XXI. También se dan el capricho de celebrar fiestas y tener una resaca de vez en cuando. Valga el siguiente resumen de los arcos de los diferentes personajes principales como muestra del notable trabajo que la serie hizo con ellos.

 

El capitán Ed Mercer no es precisamente James T. Kirk ni Jean-Luc Picard. Y esa diferencia es completamente deliberada. Ed es un hombre bastante corriente, con defectos claramente identificables, a veces mezquino e inseguro debido a que emocionalmente todavía no se ha recuperado del divorcio de su esposa, Kelly Grayson, quien, como se vio en el primer episodio de la serie, se convierte en su primera oficial. Sintiéndose culpable por su infidelidad, Kelly se dirigió a sus superiores para proponer discretamente a Ed como capitán al mando de la Orville. En el proceso de adaptación a sus respectivos nuevos roles, los excónyuges aprenden a mirarse mutuamente de forma diferente. Su convivencia profesional y personal viene marcada por la intimidad y el conocimiento mutuo, pero también por los celos y la culpabilidad, algo que no suele verse en los oficiales superiores de las series de Star Trek.

 

Aunque sigue enamorado de Kelly, Ed entabla una relación seria con la nueva navegante de la nave, la teniente Janel Tyler (Michaela McManus), la cual, como he apuntado, resulta ser Teleya, una agente Krill encubierta, que está en misión de venganza por la muerte de su tripulación, de lo que culpa a Ed (en “Lo Único que Quedará en la Tierra serán los Peces”), ya que éste saboteó su nave al no ver otra salida a la crisis planteada. Las cosas se complican aún más cuando se descubre que Ed tiene una hija mestiza con Teleya llamada Anaya (Charlie Townsend), a quien quizá nunca vuelva a ver ("La Lluvia que Cae Suavemente”).

 

Ed y su tripulación se convierten en héroes tras salvar a la Tierra de una invasión Kaylon ("Identidad, Segunda Parte"). A medida que avanza la serie, vemos a Ed crecer como líder, aprendiendo a hacer caso a su juicio e instintos. Gran parte de esa creciente autoconfianza es mérito de Kelly, que siempre está a su lado apoyándole. Al final de la serie, vemos un indicio de que ambos podrían reanudar su relación, cuando se toman de la mano durante la boda de Isaac y Claire.

 

Elegirse a uno mismo como protagonista de una serie de televisión de propia creación puede atribuirse a la vanidad, pero en "The Orville", resultó ser una decisión inteligente. De adolescente, MacFarlane solía grabarse con una cámara doméstica corriendo aventuras en el universo de Star Trek, así que pocos actores como él podían abordar el papel con el mismo entusiasmo, conocimiento y desenfado.

 

Tras divorciarse de Ed, la comandante Kelly Grayson aún se siente culpable por la aventura de una noche que fue el catalizador de su divorcio. Su compañero en el “delito” fue Darulio (Rob Lowe), un extraterrestre de piel azul que la sedujo con sus feromonas naturales mientras estaba en celo (y que utiliza el mismo truco más tarde para provocar el mismo efecto en Ed). Ya como segunda oficial de la Orville, establece una relación con el maestro de a bordo, Cassius (Chris Johnson), destinada a no perdurar por los diferentes objetivos vitales que tienen ambos, así como a los sentimientos que ella sigue albergando hacia Ed (“Deflectores”).

 

Al igual que Ed, Kelly no siempre es una oficial modelo: a veces bebe demasiado y no le importa cometer alguna que otra transgresión de las normas, como ayudar a una joven herida en un planeta alienígena a la vista de sus primitivos habitantes. Este acto desinteresado da origen a toda una religión basada en la adoración de "Kelly", lo que conlleva siglos de sacrificios y sangrientas guerras santas libradas en su nombre ("Loca Idolatría"). Su vida personal también es expuesta a un vergonzoso escrutinio cuando su yo más joven resulta transportada accidentalmente a bordo de la Orville gracias a un dispositivo de desplazamiento temporal ("Mañana y Mañana y Mañana"). Al final, la joven Kelly es enviada de vuelta a su propio tiempo, pero el borrado de memoria al que previamente la habían sometido no funciona correctamente, lo que la impele a cambiar el futuro no aceptando una segunda cita con Ed, su futuro exmarido ("El Camino No Tomado"). Este inocente paso en falso, más adelante y de alguna manera, lleva a los Kaylon a conquistar la mayor parte de la galaxia conocida.

 

En 2019, durante el rodaje de la serie, la actriz Adrianne Palicki se casó con su compañero de reparto Scott Grimes, aunque el matrimonio no duró más que un año. Palicky se convirtió por méritos propios en indispensable para el programa gracias a su excelente labor, haciendo que su personaje actúe, alternativamente y siempre de forma verosímil, como consejera, abogada, confidente y líder militar.

 

(Finaliza en la siguiente entrada

 

 

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