viernes, 16 de enero de 2026

1954- CUENTOS - Philip K.Dick (2)


(Viene de la entrada anterior)

 

“Detrás de la Puerta” se publicó en enero de 1954 en “Fantastic Universe”.

 

Larry lleva a su casa un reloj de cuco de fabricación alemana como regalo para su esposa Doris. Ésta se muestra encantada… hasta que su marido menciona que lo compró a buen precio, restando así mérito al obsequio. Doris comienza a preguntarse sobre el cuco del reloj. ¿Duerme antes de salir? ¿Escucha a la gente? No pasa mucho tiempo hasta que Larry acabe harto del obsesivo cariño que su esposa dispensa al artefacto. Ésta, por su parte, le acusa de no tratar bien al reloj, de no darle toda la cuerda que necesita. Larry tiene un pequeño corte en el pulgar, provocado por el pajarito del reloj, quién sabe si deliberadamente.  

 

Lo que no sabe Larry es que Doris está harta de él y de su falta de consideración y coquetea con un conocido de ambos, Bob Chambers, que la visita mientras aquél está en el trabajo. Doris le muestra el reloj y asegura que a su marido no le gusta porque el pájaro sólo sale para ella. Cuando Larry llega temprano a casa y los descubre, los echa y se queda con el reloj. Sin embargo, el aparato parece responder a su animadversión y se niega a salir a la hora que corresponde. Cuando un día Larry le exige de malas maneras al pájaro que salga y compense sus semanas de silencio, éste le golpea en el ojo, lo que provoca una fatal caída. Doris, Bob y un médico hablan sobre la muerte de Larry. El facultativo cree que la ubicación del cuerpo es demasiado inusual para tratarse de un suicidio y Bob cree que algo extraño lo mató.

 

Este cuento explora las tensiones, ansiedades y celos que anidan en los hogares suburbanos, un tema recurrente en la obra de Dick. Larry es un marido celoso y patriarcal. A falta de hijos, le lleva un regalo a su esposa que, en el fondo, reivindica como moralmente suyo. Incluso cuando echa a Doris de casa, se queda con el reloj de cuco porque él "lo pagó". Siente celos tanto de su vecino y amigo Bob Chambers como, aún más extraño, del reloj. En el caso de este último, el problema reside en que el objeto solo le responde a ella. Incluso cuando él se esfuerza por mantener en buen estado al reloj, el cuco no le responde. Es más, le ataca físicamente, socavando su pretensión de autoridad absoluta en el hogar.

 

También permea la historia una evidente tensión sexual. Bob y Doris coquetean abiertamente mientras Larry está en el trabajo y se insinúa la capacidad y resistencia sexuales del reloj. Lo más sorprendente en este sentido es que Doris sueñe con colocarlo en su dormitorio, aparentemente para consumar ese deseo apenas disimulado: “Yo sé que no sale porque Larry no le cae bien. Cuando estoy sola, sale en mi honor cada quince minutos, aunque sólo debería hacerlo cuando dan las horas. Sale a verme porque le apetece. Charlamos, le cuento cosas. Me gustaría guardarlo en mi cuarto, claro, pero no estaría bien”. Claramente, tiene sueños eróticos con el reloj y, algo después, inicia una aventura con Bob. El cuco ejerce sobre ella una fuerza sexualmente liberadora.

 

Otra posible lectura tiene que ver con el impacto que ha tenido la medición del tiempo sobre la vida familiar. Como llevan décadas señalando historiadores, sociólogos y filósofos, la transformación que los relojes han propiciado en la sociedad y los individuos ha sido muy profunda. En esencia, los seres humanos perdieron su autonomía sobre la organización de sus propias vidas. En lugar de dormir, trabajar, comer y viajar de acuerdo a su propio horario, se sometieron al dictado del reloj. Como hombre trabajador que es, Larry espera que el reloj que ha traído a casa funcione según lo previsto, pero éste perturba la dinámica matrimonial al salir el pajarito exclusivamente como respuesta al deseo de Doris. El reloj arruina el matrimonio, pero no porque funcione de acuerdo a su fabricación, sino todo lo contrario. Por muy tiránicos que sean los relojes para la autonomía y la libertad humanas, dependemos de ellos para conservar la ilusión social de estabilidad y orden. El reloj fuera de control termina, literalmente en este caso, matando al patriarca.

 

“Progenie” se publicó en “If” en noviembre de 1954.

 

Ed Doyle se dirige rápidamente al Hospital Central de Los Ángeles en un taxi robot tras enterarse de que su esposa, Janet, está a punto de dar a luz. Él vive en la colonia de Próxima, pero trajo a su esposa a la Tierra para que el niño naciera en un entorno más moderno. En el hospital, se entera de que el bebé ya ha nacido y un androide médico, el doctor Bish, le da los detalles. La criatura se llama Peter y puede verla por primera vez a distancia mientras el doctor lo sostiene en alto. Ed quiere coger al bebé, una idea que horroriza a Janet. Al salir, ésta le reprocha su bochornosa petición y lo acusa de intentar arruinar la vida del niño. Le asegura que el bebé estará bien porque proviene de la mejor estirpe genética. Ed quiere saber cuánto tiempo se quedará Peter en el centro robotizado y Janet le explica que será criado por los robots durante nueve años. En ese momento, siendo menos influenciable, se le permitirá incorporarse a la sociedad.

 

Los robots han demostrado ser la mejor opción para criar a los hijos: “Los robots le formarían científicamente, siguiendo una técnica racional, sin depender de caprichos emocionales. Un robot no se enfadaba. Un robot no regañaba o se quejaba. No golpeaba ni gritaba a los niños. No daba órdenes conflictivas. No discutía con sus iguales o utilizaba a los niños para sus propios fines. Y, con robots de por medio, no podía existir el complejo de Edipo. Nada de complejos. Se había descubierto mucho tiempo atrás que las neurosis se iniciaban durante el aprendizaje infantil, según la educación recibida de los padres. Las inhibiciones, modales, lecciones, castigos, premios, neurosis, complejos, desarrollo mal encauzado, todo emanaba de la relación subjetiva existente entre el niño y los padres. Si los padres, como factor, pudieran eliminarse… porque no son esclavos de las emociones ni, por tanto, pueden transmitir a sus hijos sus propias neurosis, traumas, prejuicios o manías”.  

 

Aunque indignado, Ed se resigna a no ver a su hijo en los siguientes nueve años. Pasado ese periodo, regresa a Los Ángeles y exige verlo. El doctor Bish le informa de que lo han trasladado a unas instalaciones de investigación biológica para recibir una educación altamente especializada. El robot trata de convencer al padre de que lo mejor es que, estando el niño en un punto crítico de su formación y teniendo el potencial para convertirse en un gran biólogo, no se encuentre con él. Pero Ed insiste en ejercer su derecho y, efectivamente, le dejan salir a dar una vuelta con él en coche durante unas horas.

 

Durante la conversación, Peter se muestra frío y distante a pesar de los intentos de su padre de conectar con él. Ed trata de convencerle de que se marche con él a Sirio, la última frontera espacial, pero el niño parece contento con la vida que otros han planificado para él. Más tarde, Peter y el doctor Bish revisan el papeleo de la visita y el robot le pregunta sus impresiones. El niño le dice que Ed estaba muy sensible y que desprendía un olor penetrante muy similar al de los animales del laboratorio. Ambos intercambian una sonrisa de comprensión mutua.

 

Es difícil no leer “Progenie” y conectarlo inmediatamente con la infancia y adolescencia de Dick, marcada por el divorcio de sus padres y la educación de una madre distante y poco afectuosa que desde niño lo trataba como un adulto, dándole libertad y responsabilidades, sí, pero también muy poco cariño. Y eso por no hablar del tormento que le supuso toda su vida escolar, especialmente los periodos en los que estuvo en un internado. Por eso, este cuento puede interpretarse fácilmente como una advertencia para todos aquellos padres que encuentran reconfortante que el Estado, a través de las escuelas públicas, sea el que cuide y eduque a sus hijos durante sus años más cruciales.

 

Las escuelas no consiguen que los niños sean autónomos sino independientes de sus familias. Ya en la educación primaria, pasan la mayor parte de su tiempo en compañía de maestros y alumnos que los padres no han elegido, en lugar de en su círculo familiar. La dinámica que describe Dick entre Ed y Peter no es sino una exageración de la que él interpretaba que las escuelas públicas fomentaban en nuestro mundo. Incluso, en el desagrado que a Peter le causa su padre, equiparándolo con un animal de laboratorio, pueden verse ciertas similitudes con el programa educativo de las escuelas norteamericanas que durante la Guerra Fría buscaba suprimir las culturas étnicas (fueran nativas o inmigrantes) y las ideologías “divergentes” en favor de otra netamente estadounidense. Otra preocupación que expresa el cuento es la del creciente aislamiento entre las generaciones, un fenómeno que se estaba acelerando y agudizando tras la Segunda Guerra Mundial gracias al surgimiento de una juventud de clase media, con medios económicos y que tenía costumbres y gustos que merecían la desaprobación de sus padres.

 

Dick sería de los últimos en decir que madurar lejos del sistema moral y ético de los padres es nocivo y que debemos cuestionar con qué lo reemplazamos. En el caso de "Progenie", lo que sustituye a la relación padre-hijo es una burocracia robotizada, eficaz, fría y planificadora. Peter ha renunciado a su capacidad de elegir su propio futuro. Desde su infancia, el sistema le asigna una profesión. Claro, también se podría decir que eso es precisamente lo que Ed trata de hacer con su hijo: encarrilarlo en el tipo de vida que él ve con buenos ojos, a saber, vagabundear y ganarse la vida por las colonias terrestres. Una tensión, en fin, difícil de resolver.

 

En este relato, Dick invierte la habitual dinámica padre-hijo en tanto en cuanto Ed posee un espíritu más juvenil, audaz, creativo e imaginativo que su vástago, producto y víctima de haber otorgado a una burocracia automatizada el derecho a criar a nuestra descendencia. Ed vive y trabaja en las colonias. Peter vivirá toda su vida en un laboratorio de investigación en la Tierra. Los ojos de Ed parecen iluminarse cuando piensa en los desafíos de la frontera: “¿No te interesaría volar a Sirio y echar una ojeada? Es un buen sitio. Cuatro planetas limpios. Vírgenes. Montones de espacio. Kilómetros y kilómetros de espacio disponible. Acantilados y montañas. Océanos. Poca gente. Algunos colonos, familias, unos pocos edificios. Llanuras inmensas”. Por el contrario, la Tierra se ha convertido en un lugar cuya decadencia es inversamente proporcional a sus avances tecnológicos. Tal vez los robots que crían a los niños promuevan alguna innovación científica, pero la creatividad y los sueños parecen haber muerto. En estos términos, Peter encarna mucho más la vejez que su padre.

 

“Un Regalo Para Pat” se publicó en el número de enero de 1954 de “Startling Stories”.

 

Eric Black regresa de un viaje de negocios a Ganímedes con un regalo para su esposa, Patricia. Le dice que el presente es un dios de esa luna. No un ídolo, una estatuilla, no, sino un dios real llamado Tinokuknoi Arevulopapo. Durante la travesía hasta la Tierra, ambos conversaron sobre diversos temas. El dios deseaba conocer el planeta de los humanos y obligó a sus fieles a venderlo a bajo precio a un terrícola. Parece estar inerte hasta que le ofrecen un sacrificio en forma de comida colocada en una especie de cuenco que sobresale de su vientre. Tras disolver el alimento, comienza a hablar con ellos y le explica a Patricia: “He servido como deidad climática para los aborígenes de Ganímedes. He producido lluvias y fenómenos afines cuando las circunstancias lo exigían. (…) Fui deidad climática durante diez mil años. La paciencia de un dios también tiene un límite. Me moría por conocer ambientes nuevos”. Pero la esposa de Eric se muestra escéptica ante la idea de que puedan existir dioses.

 

Entonces llega un colega de Eric, Thomas Matson, al que también se presenta a Tinokuknoi Arevulopapo. Intrigado, Matson le pide una explicación sobre el problema de la Primera Causa. El dios evade la pregunta explicando que los dioses habitan un plano de realidad diferente. Cuando acceden a un plano inferior, a menudo son venerados como dioses por los habitantes de éste. Matson afirma entonces que no se trata de un dios, sino de una forma de vida superior. En respuesta, Tinokuknoi Arevulopap lo transforma en un sapo, demostrando así su capacidad para manipular la materia.

 

Eric le ruega al dios que lo devuelva a su forma humana, pero aquél cree que un par de siglos como batracio le sentarán bien. El matrimonio empieza a rebelarse contra la criatura ante semejante perturbación de su vida familiar y social. Como reacción, el dios convierte a Patricia en una estatua de piedra. Luego pregunta por la empresa de Eric y si su jefe, Horace Bradshaw, es una deidad local. De hecho, Bradshaw telefonea a casa de Eric exigiéndole que él y Matson se presenten inmediatamente en su despacho para entregar el informe del viaje a Ganímedes. Eric sube a un taxi con Matson convertido en sapo y se prepara para explicarle lo sucedido a su jefe, el hombre más poderoso de la Tierra.

 

En la oficina, Eric le cuenta a Bradshaw lo sucedido y éste llama a Jennings, el especialista de la empresa en biología, dándole el encargo de devolverle la forma humana. Acto seguido, despide fulminantemente a Eric y le asegura que utilizará su influencia para que no encuentre trabajo en ninguna parte.

 

De vuelta en su casa, Eric “alimenta” al dios y lo acusa de haberle arruinado la vida. Tras comprender las consecuencias de sus caprichosos actos, el dios devuelve a Patricia su forma humana, pero en cuanto a Matson, dice que está demasiado lejos para que le alcancen sus poderes de transformación de la materia. Antes de que puedan acercarse al laboratorio, la policía, encabezada por Jennings, rodea la casa con la intención de arrestar a Eric por traer a la Tierra de contrabando un alienígena. Con la ayuda del dios, Eric logra mantener a raya a los agentes, pero la situación se agrava por momentos y aquél ofrece un trato: la deidad devolverá a Matson a su estado original y regresará a Ganímedes; además, Eric recuperará su trabajo. Bradshaw, que ha estado presente durante el asedio, acepta. El dios transforma a Matson, pero Bradshaw rompe el acuerdo y ordena el arresto de Eric. En ese momento, el dios identifica a Bradshaw como Nar Dolk, otra deidad alienígena, disfrazada bajo la forma de un humano. Tras una breve batalla, Tinokuknoi Arevulopapo derrota a quien resulta ser su adversario. Luego, desaparece.

 

En “Un Regalo para Pat” encontramos otro experimento mental sobre los posibles orígenes de las religiones (sobre el mismo tema, también escribió los cuentos “La Calavera”, 1952; y otro que veremos mas adelante, “Autor, Autor”, 1954). En este caso, los dioses serían entidades comunes y corrientes provenientes de otra dimensión. Al venir de un universo alternativo con leyes físicas diferentes, son capaces de manipular nuestra realidad (dentro de ciertos límites). De hecho, es una explicación bastante ingeniosa de por qué diferentes sociedades a lo largo de la Historia han creído en una multiplicidad de dioses, cada uno con un carácter y habilidades diferentes. Dada la historia del fenómeno religioso, esto resulta mucho más plausible que la idea de un único Dios omnipotente que, sin embargo, ha tenido constantes problemas para transmitir su mensaje correctamente. (Aun así, la diversidad cultural sigue siendo la mejor explicación y nos evita la tesis de los astronautas extraterrestres que visitaron la Tierra en el pasado).

 

Como sucede en muchos de los relatos de Dick, lo más interesante no es la trama principal, sino el contexto social de la historia. El protagonista de “Un Regalo para Pat” se siente oprimido por diversas fuerzas: su caprichosa, temperamental y mandona esposa; pero también su autoritario jefe (que, a la postre, resulta ser un dios). También le atormenta la necesidad de ser querido y respetado por sus pares y por eso intenta impresionar a Matson con el dios alienígena que ha importado ilegalmente. A medida que las cosas empeoran, termina suplicando consejo y reconocimiento a un taxista robot. De hecho y para empezar, incluso la adquisición del dios parece motivada por la búsqueda de respeto y legitimidad entre su familia y sus colegas del trabajo.

 

El hecho de que el director de “Metales Terrícolas”, Bradshaw, termine siendo un dios malévolo no requiere mayor explicación. La postura anticapitalista y antiautoritaria de Dick ya había quedado muy clara desde que comenzó a escribir ciencia ficción. La mayoría de los jefes, aunque no se crean dioses, sí disfrutan ejerciendo su autoridad, frecuentemente de formas caprichosas, impulsivas, crueles e injustificadas, tal y como hace Bradshaw aquí. 

 

(Continúa en la siguiente entrada) 

 

 

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