Aun cuando hoy probablemente lo catalogaríamos como Fantasía, el cortometraje “Sueños de un Astrónomo”, del francés Georges Méliès, fue un paso muy importante en el desarrollo del cine de Ciencia Ficción gracias a su uso de los efectos especiales y la narrativa cinematográfica.
Aunque existen
otras películas que compiten por el título, esta breve fantasía de tr
es minutos
está considerada la película de CF más antigua que se conserva. Teniendo en
cuenta que por entonces las películas duraban apenas un minuto, esta propuesta
resultaba ser bastante larga para su época. Además, fue una de las primeras
películas narrativas, si bien el propio Méliès ya había realizado antes otras
con una trama tan elaborada y hubo otros, como su compatriota Alice Guy Blaché,
que fueron pioneros del cine de ficción casi desde el nacimiento del medio.
Antes de continuar, merece la pena aclarar el tema del título. “Sueños de un Astrónomo” es el que figura en IMDb y el que he elegido utilizar para este artículo. El original fue “La lune à un mètre”, esto es, “La Luna a un Metro”. Cuando Siegmund Lubin importó la película a Estados Unidos, la retituló como “A Trip to the Moon”, por lo que a veces se la confunde con la película más famosa de Méliès, también llamada “Viaje a la Luna” (1902). Para empeorar las cosas, tiene un cuarto título en inglés: “The Man in the Moon”.
Las
imágenes nos muestran a un astrónomo (interpretado por el propio Méliès) que se
queda dormido frente a su telescopio y empieza a soñar. Un demonio aparece de
la nada, seguido por el h
ada buena Phoebe, quien lo hace desaparecer en una
nube de humo. Ella (interpretada por la estrella principal de Méliès y
posteriormente su esposa, Jehanne d'Alcy), también desaparece a continuación.
El astrónomo dibuja entonces en una pizarra un globo terráqueo, que se
convierte en un monigote con movimiento. Sin solución de continuidad, la Luna
aparece de repente en la estancia: un rostro redondo con grandes ojos y boca
sonriente que devora el telescopio primero y luego los muebles. El astrónomo le
da un puñetazo en la cara y la intrusa al cielo, transformándose en una luna
menguante que sirve de silla para una mujer ligera de ropa. El astrónomo
intenta alcanzarla, coloca una mesa junto al balcón y se sube a ella. La dama
desaparece, y él cae al suelo.
El
escenario cambia rápidamente tras el desconcertado astrónomo. La Luna reaparece
en la habitación, unos niños surgen de su boca y el astrónomo los arro
ja de
vuelta. La Luna se come al astrónomo y lo escupe en pedazos al suelo. Regurgita
al hada y al demonio. La primera ahuyenta al segundo y devuelve al desgraciado astrónomo
a su silla, donde despierta de su sueño. El mundo ha vuelto a la normalidad.
Dado Méliès halló la inspiración para muchas de sus películas en la literatura, no es del todo imposible que hubiera leído la novela “Somnium” (1634), del astrónomo Johannes Kepler, y que fue una de las primeras novelas de proto ciencia ficción en la que también aparecían un demonio, una bruja y un sueño febril en el curso del cual el narrador realizaba un viaje por el sistema solar (aunque nada se decía de la Luna devorando mobiliario).
Vistas
hoy día, las películas de Méliès parecen un desastre y, en cierto, sentido, lo
son. Sin embargo, hay que abordarlas con los ojos de su época porque, al igual
que los directores de cine de acción modernos se sirven de montajes muy
dinámicos y efectos especiales para impactar al espectador, Méliès hizo lo
propio mas de un siglo antes. En sus primeros cinco años como cineasta,
desarrolló muchos de los trucos visuales que sirvieron de base al arte de los
efectos especiales hasta el advenimiento de los ordenadores. Entre ellos
podemos citar la doble exposición; la superposición con fondo negro, creando lo
que posteriormente se denominaría fotografía de "pantalla azul" o
"pantalla verde"; el paso de manivela o “cámara rápida”; el
stop-motion; la perspectiva forzada con cámaras y poleas en movimiento; los
fundidos y las primeras animaciones realizadas a mano pintando directamente
sobre los fotogra
mas. A todo esto, Méliès añadió decorados de gran belleza, una
atrevida y a veces gigantesca utilería de marionetas, vestuario extravagante y
efectos escénicos como humo o fuego.
Méliès también fue uno de los impulsores del desarrollo del cine como medio narrativo. Las primeras películas eran, simplemente, breves fragmentos de la vida cotidiana que sirvieron como llamativa novedad con la que presentar en sociedad este nuevo medio basado en las imágenes en movimiento. A finales del siglo XIX, la mayoría de las películas comerciales mostraban vidas y oficios cotidianos, o personas actuando ante la cámara, como forzudos, culturistas, bailarines o artistas de circo. Incluso para muchos de los involucrados en el nuevo arte, esto era todo lo que el cine era capaz de ofrecer: trucos baratos de salón, algo para divertir a los amigos durante una cena, un espectáculo de feria equivalente a la casa encantada o el circo.
Como
hemos visto en otro artículo, los hermanos Lumière, los aclamados pioneros del
cine que ofrecieron la primera proyección pública en París en 1895, nunca
entendieron plenamente el atractivo y el potencial de las imágenes en
movimiento. En la conferencia durante la que se realizó aquella histórica proyección,
su principal objetivo era informar a la flor y nata del gremio fotográfico
parisino sobre sus nuevos avances en fotografía a color (eran propietarios de
una importante fábrica de material fotográfico), así que se quedaron atónitos
al ver que su pequeño espectáculo se convertía en el auténtico centro de
atención. Más adelante, y a pesar de que la popularidad del cine no hacía sino
crecer, siguieron convencidos de se trataba tan solo de una moda pasajera y en 1905,
abandonaron el cine por completo para concentrarse en sus experimentos con la
fotografía a color.
Y, sin
embargo, es a Louis Lumière a quien se le atribuye la realización de la primera
película de ficción, “El Regador Regado” (1895, “L’Arroseur arrosé”). Sus 45
segundos escenifican la broma de un niño que pisa la manguera de un jardinero,
deteniendo el flujo de agua. Cuando éste inspecciona la boquilla, el niño
levanta el pie, lo que resulta en que el hombre reciba un chorro en la cara.
Persigue al arrapiezo y le propina una tunda. La segunda película de ficción
fue, seguramente,
realizada por la cineasta francesa Alice Guy Blaché,
generalmente considerada como la primera directora, trabajando para la compañía
Gaumont. La película de 60 segundos “El Hada de las Coles” (1896, “La fée aux
choux”) representa a un hada en un huerto, levantando suavemente a los bebés de
detrás de los repollos y colocándolos en el suelo. El corto puede resultarle muy
extraño a los jóvenes de hoy, pero en aquella época la gente aún estaba próxima
a los huertos y sus frutos y los padres franceses solían decirles a sus hijos
que los bebés venían de las coles (En el mundo rural, éstas eran un símbolo de
abundancia y vida porque es una planta muy resistente que crece a ras de suelo
y sus hojas se abren como si estuvieran "dando a luz" a su núcleo).
Se cree
que la tercera película de ficción de la Historia fue “El Aspersor” (1896, “L'Arroseur”),
de Georges Méliès, que es básicamente una copia del corto de Lumière. Y es que,
sí, Méliè
s, el tan imitado pionero de los efectos especiales, la fantasía y la
ciencia ficción, era él mismo un buen imitador. Pero así era como evolucionaba
el cine en aquellos tiempos. Alguien tenía una idea, hacía una película, y
otros la copiaban intentando mejorarla o introduciendo un giro o idea nuevos. Méliès
no tardó mucho en desarrollar un estilo personal tras descubrir casi por
accidente la magia del montaje en “Una Noche Terrible” (1896, “Une nuit
terrible”), donde mostraba a un hombre (el propio Méliès) intentando dormir
mientras un insecto gigante lo atormentaba.
Los
durmientes y soñadores eran uno de los tropos preferidos de Méliès. M
ás tarde,
en 1896, dirigió una película titulada "La Pesadilla” (“Le Cauchemar"),
en la que profundizó más en el tema. Se trata de un ejemplo temprano del uso de
la fotografía con trucos de stop motion, ya que muestra a personas que aparecen
de la nada sobre o junto a la cama de Méliès. También señala la primera
aparición de la Luna como antagonista. Al igual que en "Sueños de un Astrónomo”,
ésta, en un momento dado, aparece en la habitación del protagonista con la
forma de una cara con expresión inquietante. Muerde el brazo de Méliès y éste,
como en “Sueños de un Astrónomo”, le propina un puñetazo en la cara a su
agresora, haciéndola retroceder hacia el cielo.
Los c
uerpos
celestes antropomorfos se convirtieron en una especie de seña de identidad para
Méliès, quien los retomó en varias películas. Todo esto condujo a su cinta más
conocida, “Viaje a la Luna” (1902), inspirada tanto en el clásico “De la Tierra
a la Luna” (1865), de Julio Verne, como en la novela de H.G. Wells, “Los Primeros
Hombres en la Luna”, publicada en 1901 y traducida al francés el mismo año. La
película incluía la inmortal imagen de la cara de la Luna golpeada en el ojo
por un cohete, un icono de la cultura del siglo XX reciclado, homenajeado e
imitado incontables veces durante décadas.
Resulta
interesante comparar estas tres películas como hitos en la evolución de
Méliès
como cineasta. Intérprete nato, Méliès mostró desde el comienzo de su carrera un
gran talento para lo dramático, pero en “La Pesadilla” sus trucos de cámara,
así como sus decorados y atrezo, son todavía bastante toscos. Sin embargo, en
1898, ese apartado ya estaba mucho más elaborado, al igual que el vestuario y
la cara lunar. En “Sueños de un Astrónomo”, Méliès también utiliza efectos como
fundidos, humo y pirotecnia, y la historia propiamente dicha tiene un arco
dramático más complejo, aunque sólo dure poco más de tres minutos.
A
lgunos
de los cortes son todavía bastante toscos, y encontramos aquí algunos de los
aspectos más problemáticos del cine de Méliès y que, más adelante en su
carrera, se convertirían en un lastre cuando se negó a adaptarse a un estilo
cinematográfico más moderno. Si bien continuó refinando sus decorados,
marionetas y efectos, sus películas continuaron basándose en los mismos principios
y estética básicos, como una apariencia estrictamente bidimensional, la negativa
a rodar en exteriores, las interpretaciones histriónicas y la incapacidad de
romper con unos patrones narrativos que reciclaba una y otra vez. Si bien su
imaginación no tenía límites en cuanto a lo que podía conseguir visualmente, en
lo que se refería a narrativa no tardó en empezar a repetirse como un disco
rayado.
Naturalmente, en 1898 nadie sabía aún lo que estaba por venir en el cine y “Sueños de un Astrónomo” se recibió como lo que era: una propuesta original e inédita. La película fue un éxito en Francia e inspiró numerosas imitaciones, entre ellas la de la productora rival Pathé (Méliès tenía su propia compañía, Star-Film). Para su época, supuso una notable proeza de fotografía de efectos especiales y estableció una narrativa que tendría una enorme influencia.
El
papel del hada buena Phoebe, lo encarnaba Jehanne d'Alcy, musa,
amante y
posteriormente esposa de Mèliès. D'Alcy fue una exitosa intérprete teatral que trabajó
en el Teatro Robert-Houdin de Méliès desde la década de 1880. Durante muchos
años fue su principal ayudante en sus espectáculos de ilusionismo, un papel
para el era ideal gracias a su belleza y pequeña estatura, la cual le
facilitaba adaptarse a espacios reducidos y escabullirse fácilmente por
trampillas y agujeros en la utilería. Jehanne d'Alcy era un apelativo artístico
porque su verdadero nombre era Charlotte-Stephanie Faës, y a veces se le
conocía como Fanny Manieux. Cuando Méliès empezó a hacer películas,
prácticamente abandonó la interpretación teatral para centrarse en el cine,
convirtiéndose así en una de las primeras actrices profesionales del nuevo
medio.
Es
imposible conocer con exactitud cuántas películas hizo junto a su futuro
esposo, ya que, por entonces, los actores rara vez aparecían en los créditos de
sus primeras películas por temor de los productores a que empezaran a exigir un
salario más alto. IMDb la incluye como actriz en 17 de las películas más
famosas de Méliès, pero, probablemente, apareció en cien o más, entre 1896 y
1903, cuando se retiró de la actuación.
Gracias a sus múltiples roles como director, productor, guionista, actor y director de fotografía, y especialmente gracias a su fama preexistente como mago teatral, Georges Méliès fue la primera estrella de cine y una de las pocas personas en los inicios de ese arte/industria que podía vender sus películas gracias a la atracción que sobre los espectadores ejercía su nombre en las carteleras –al menos en Francia-.
Por su
parte y aunque pocos fuera de la élite cultural parisina conocían su nombre,
d'Alcy fue también, de hecho, la primera estrella de cine femenina del mundo.
De entre sus primeros papeles, podría destacarse por "Desaparición de una
dama en el teatro Robert Houdin" (“Escamotage d'une dame au théâtre Robert
Houdin”, 1896), la primera película de Méliès con paso de manivela o truco de
sustitución; “La Mansión del Diablo” (1896), quizás la primera película de
"terror"; “Fausto y Margarita” (1897), probablemente la primera
película de Fausto; y, especialmente
“Tras el Baile” (Aprés le bal”, 1897), que
es la primera película de la Historia en mostrar un desnudo completo. El breve
clip muestra a una mujer que vuelve a casa de una fiesta y se baña. d'Alcy
interpreta a esa dama, y Jeanne Brady a la criada que primero la ayuda a
desvestirse y luego procede a verter agua sobre su espalda con una jarra. La
película nunca muestra a d'Alcy de frente después de que se haya desvestido y,
de hecho, no estaba realmente desnuda, sino que llevaba una media de cuerpo
entero, un truco que se usaba a menudo en las primeras películas para simular
desnudez o semidesnudez.
Su
siguiente papel memorable después de “Sueños de un Astrónomo” fue el de
Cleopatra en la película del mismo nombre (1899), en la que un ladrón de tumbas
encuentra la momia de
la reina y la resucita. La cinta marcó la primera
aparición en pantalla de la famosa gobernante egipcia, convirtiendo por tanto a
d'Alcy en la primera mujer en interpretarla. Esta película llamó la atención
del distribuidor estadounidense Charles Urban, quien se animó a importar las
películas de Méliès a Estados Unidos. Fue casi al mismo tiempo cuando le surgió
la competencia de otra actriz, Bleuette Bernon, una cantante a quien Méliès
descubrió cuando actuaba en un cabaret en París. Quedó tan impresionado con su
carisma que comenzó a contratarla como actriz.
Para
1899, d'Alcy tenía 34 años, mientras que Bernon tenía 21, lo que la hací
a más
adecuada para papeles que requerían una actriz más joven. Así, Bernon consiguió
el papel principal en la película revelación de Méliès, “La Cenicienta” (1899),
en la que d'Alcy interpretó al hada madrina. La cinta fue un éxito rotundo tanto
en Europa como en Estados Unidos. Fue la primera en la que Méliès utilizó
múltiples escenas y contó con seis decorados diferentes, a pesar de que su
metraje era de tan solo seis minutos.
Energizado
por esa experiencia, Méliès rodó su siguiente gran película en 1900, la primera
adaptación cinematográfica de la leyenda de Juana de Arco: una epopeya de 19
minutos en 12 escenas que tuvo tal éxito pa
ra la distribuidora estadounidense
Warwick (para la que trabajaba Urban), que Edison, su principal competidora,
empezó a proyectar ilegalmente copias piratas para aprovecharse de su
popularidad.
El último papel protagonista de d’Alcy en una película importante fue en “Barba Azul” (1901), una adaptación del cuento popular sobre una joven que se casa con un siniestro noble, solo para descubrir que éste ha asesinado a sus siete esposas anteriores. También participó en “Viaje a la Luna”, pero se retiró de la actuación al año siguiente, ya que su edad dificultaba que Méliès la contratara para papeles importantes que requirieran mujeres jóvenes de tez impoluta. Se dedicó desde entonces a supervisar el departamento de vestuario de Star-Films.
Eugénie
Génin, esposa de Georges Méliès y madre de sus hijos, falleció en 1913,
coincidiendo con el declive de su carrera cinematográfica. D’Alcy, su amante,
pasó a convertirse entonces en su pareja, contrayendo ambos matrimonio en 1925,
después de la Primera Guerra Mundial y de que diversas circunstancias le
llevaran a perder tanto su estudio como su teatro. Ella heredó una pequeña
tienda en la estación de Montparnasse, donde Méliès empezó a vender juguetes y
dulces. Vivía en la pobreza y el olvido, salvo por algunos viejos amigos del
mundo del cine que le prestaron ayuda económica hasta que los estudiosos
redescubrieron sus películas a finales de los años veinte y treinta. Esta época
de sus vidas quedó plasmada en la película “Hugo” (2011) de Martin Scorsese,
donde d’Alcy fue interpretada por la actriz Helen McCrory. D’Alcy falleció en
1956 a los 91 años, 18 años más tarde que su marido.
Se podría argumentar que “Sueños de un Astrónomo” no debería estar en un blog como este, dedicado a la Ciencia Ficción, puesto que se trata claramente de un cuento fantástico, pero dado que, por las razones expuestas, supuso un paso importante hacia las primeras películas del género, he decidido incluirla en este ya extenso catálogo.

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