jueves, 20 de agosto de 2026

1983- LA ZONA MUERTA – David Cronenberg


El director canadiense David Cronenberg se dio a conocer en la década de los 70 del pasado siglo e impulsó su carrera gracias a varias películas de terror de bajo presupuesto que recibieron muy buena acogida por parte de la crítica, como “Vinieron de Dentro De…” (1975) y “Rabia” (1977). Esto le permitió escalar a producciones cada vez más ambiciosas e igualmente aclamadas, como “Cromosoma 3” (1979) o “Scanners” (1981).

 

Para muchos, Cronenberg alcanzó la cima de su creatividad con “Videodrome” (1983), una película tan extraña y hermética que su creciente legión de seguidores se frotó las manos esperando con impaciencia su siguiente proyecto. Sin embargo, “Videodrome” fue un fracaso financiero. El gran público, no es de extrañar, no estaba preparado para tan perturbadora propuesta y eso supuso un duro golpe para el director, que había pasado varios años escribiendo, desarrollando, rodando y lidiando con la compleja producción de la película. Había quedado profundamente exhausto y sentía que debía bajar el ritmo, dejar descansar su manantial creativo.

 

Es por eso que tomó una decisión que sorprendió a muchos y, en retrospectiva, marcó el inicio de una nueva etapa en su carrera, una que lo alejaría de su característico "horror corporal" y lo adentraría en el cine comercial: dirigir un largometraje basado en el material y el guion de otra persona y producido en Estados Unidos.

 

Cuando la productora Debra Hill, asociada con Dino De Laurentiis, le ofreció el proyecto de la novela de Stephen King, vio la oportunidad perfecta. Quería demostrarse a sí mismo que podía afrontar un encargo ajeno sin tener que pasar por el suplicio de parir una historia desde cero en su cabeza. Y qué mejor para eliminar el mal sabor de boca dejado por el resultado de “Videodrome” que aceptar la traslación a la pantalla de un bestseller de King, “La Zona Muerta” (1979), manejando un presupuesto generoso y estrellas conocidas. Así que este film puede verse como uno de transición, la primera adaptación de Cronenberg de una obra ajena. No volvería a realizar una película basada íntegramente en una idea propia hasta “eXistenZ” en 1999.

 

John Smith (Christopher Walken) es un joven profesor en el pequeño pueblo de Castle Rock, Maine, que cae en coma tras sufrir graves heridas en un accidente de coche. Al despertar cinco años después, descubre que su novia Sarah (Brooke Adams) se ha casado y es madre de un niño pequeño, que ha perdido su trabajo hace mucho tiempo y que tiene que aprender a caminar de nuevo.

 

También descubre que, al tocar a las personas, puede ver involuntariamente eventos no solo de su pasado, sino también de su futuro. Así, ayuda a salvar la vida del hijo de una enfermera, atrapado en una casa en llamas; revela que la madre de su neurólogo, el Dr. Sam Weizak (Herbert Lom), a quien se creía muerta durante la Segunda Guerra Mundial, sigue viva; y ayuda al sheriff George Bannerman (Tom Skerritt) a dar con un brutal asesino en serie que resulta ser su propio ayudante, Frank Dodd (Nicholas Campbell).

 

Tras resultar herido en el desenlace de esa investigación, Smith se convierte en un ermitaño, ganándose la vida dando clases particulares a niños de la zona. Sin embargo, descubre que tiene la capacidad de cambiar los eventos que predice cuando salva al hijo de uno de sus clientes, el adinerado empresario local Roger Stuart (Anthony Zerbe), de ahogarse en un lago helado. Y es entonces cuando decide salir de su cascarón. Porque, tras estrechar la mano de Greg Stillson (Martin Sheen), un político populista que se presenta al Senado de los Estados Unidos. Smith tiene una visión de éste ocupando la Casa Blanca y, enloquecido, provocando un holocausto nuclear. Johnny decide impedir a cualquier precio que ese futuro llegue a materializarse.

 

Los libros de King se venían adaptando al cine desde 1976, cuando Brian De Palma llevó “Carrie” a la gran pantalla. Pero la fiebre de Hollywood por el escritor realmente llegó con el éxito de “La Zona Muerta”. Dino de De Laurentiis no perdió el tiempo y produciría también “Ojos de Fuego” (1984), “Maximum Overdrive” (1985, dirigida por el propio King), “Miedo Azul” (1985) y “Los Ojos del Gato”. Otras adaptaciones de por entonces serían las de “Christine” (1983), “Cujo” (1983), “Los Chicos del Maíz” (1984), “Cuenta Conmigo” (1986) y “Cementerio de Animales” (1989) todas dentro de la misma década.

 

“La Zona Muerta” es la mejor de todas esas adaptaciones, aunque como película de David Cronenberg, supone una pequeña decepción. Siendo la primera vez que trabajaba por encargo y no con un guion escrito por él mismo, ha desaparecido una parte importante de lo que se había convertido en su sello personal. Sus películas solían explorar la fascinante y turbulenta dicotomía entre el cuerpo y la mente, donde la carne se moldea como una nueva y extraña forma de expresión reprimida e intenta fusionarse con la tecnología. Pero en “La Zona Muerta”, el humor negro y el terror corporal ha desaparecido por completo más allá de una escena protagonizada por el asesino en serie. La lenta recuperación de Smith durante la rehabilitación de sus extremidades tras el coma sí exhibe la grotesca estética propia de Cronenberg. De la cama a la silla de ruedas, a las muletas y al bastón… el aprendizaje de Johnny para volver a caminar es una poderosa metáfora, muy propia de David Cronenberg.

 

Pero, por lo demás, Cronenberg no parece interesado en las historias de la gente ordinaria y da la impresión de tomar una deliberada distancia en muchas de las escenas cotidianas. Sin duda, hace un trabajo competente y, para cualquier otro director, “La Zona Muerta” sería una entrada muy valorada en su filmografía. Sin embargo, los paisajes invernales canadienses parecen escenarios gélidos e inhóspitos, y la película resulta fría y distante.

 

La novela de Stephen King sobrevive bastante bien en la pantalla gracias al guion de Jeffrey Boam, quien posteriormente escribiría otros libretos para películas de género, como “Jóvenes Ocultos” (1987), “El Chip Prodigioso” (1987), “Indiana Jones y la Última Cruzada” (1989) y “The Phantom” (1996). “La Zona Muerta” es un libro extenso en el que King, fiel a su estilo, se desvía con frecuencia por subtramas secundarias. Jeffrey Boam recorta gran parte del relleno, pero conserva su esencia e incluso intensifica los conflictos en algunos momentos.

 

La primera mitad de la película tiene un ritmo lento y una atmósfera inquietante gracias en igual medida a la interpretación de Christopher Walken y a la dirección de David Cronenberg. Este último no apresura a sus personajes ni su trama y, aunque esta no es una película terrorífica en el sentido tradicional, sí lo es por las ideas que explora y la angustia psicológica que experimenta el protagonista. La búsqueda del asesino de Castle Rock es quizás la parte menos interesante, aunque también la que más nos acerca a la visceralidad que esperamos de Cronenberg, en particular el espeluznante suicidio con unas tijeras. También aporta este segmento momentos de terror sutil que compensan la falta de sangre, como la horrorizada constatación de Smith de que la desquiciada madre de Dodd (una magníficamente perturbada Colleen Dewhurst) sabía desde el principio que él era el asesino en serie y no hizo nada al respecto.

 

Desafortunadamente, la segunda mitad de la película es muy inferior. En cuanto aparece Greg Stillson, intenta adueñarse de la historia. El problema es que es un villano plano y sin personalidad, incluso caricaturescamente malvado en la escena del futuro en la que ordena lanzar los misiles. Es una lástima, porque el resto de la película se basa en una realidad más sólida, y falta la necesaria motivación o empatía para presentar a Stillson como un personaje creíble. Convertirlo en malvado de manual facilita demasiado que Smith trate de matarlo. Incluso la breve escena del político suicidándose tras arruinar su carrera comportándose como un cobarde miserable ante las cámaras resulta un tanto forzada. En fin, que “La Zona Muerta”, deja de ser una película de David Cronenberg para convertirse en la típica producción de Hollywood con un final feliz; de una forma sombría, lo admito, pero aun así feliz y disonante con el tono fatalista de la primera mitad.

 

Christopher Walken, conocido entonces principalmente por haber ganado el Óscar a Mejor Actor de Reparto por “El Cazador” (1978) y que aún no se había convertido en la figura de culto que es hoy, resulta conmovedor en su papel del atormentado Smith, otro de los héroes marginados con los que Cronenberg parece identificarse tanto. Es posiblemente el personaje más trágico de toda la filmografía del director y Walken está a la altura, dotándolo de más calidez y emotividad que a cualquier otro personaje de las películas de Cronenberg hasta la fecha. (Curiosamente, Stephen King tenía derecho de veto sobre el reparto y, en un principio, presionó para que Bill Murray ocupara el papel, algo difícil de comprender). Pueden verse reflejados en sus ojos el dolor y la angustia de su don/maldición. Cuando la cámara lo enfoca, el espectador no tiene más remedio que concentrarse en él, tal es el magnetismo que desprende.

 

La relación entre Smith y Sarah (la siempre excelente, aunque a menudo infrautilizada, Brooke Adams) está magníficamente interpretada por ambos actores y resulta genuinamente conmovedora, aunque está mal encajada en la historia. Su drama comienza de forma interesante, pero se estanca en cuanto Smith se acuesta con ella; dicho sea de paso, a espaldas de su actual marido, lo cual solo demuestra la infidelidad de Sarah. Después de eso, no vuelve a aparecer en la historia, salvo cuando regresa cerca del desenlace final, habiéndose perdido por completo su subtrama a mitad de película.

 

Martin Sheen, quien en el futuro interpretaría a un presidente más liberal en la serie de televisión “El Ala Oeste de la Casa Blanca” (1999-2006), es tan buen actor que no puedo sino pensar que su histrionismo e insultantemente obvia hipocresía están sugeridas por el director. Resulta tentador trazar paralelismos entre Stillson y políticos populistas de la vida real, aunque King no fue tanto un visionario como un ciudadano preocupado por la dirección que estaba tomando la política estadounidense a principios de los 80.

 

Como he dicho al principio, “La Zona Muerta” marcó un punto de inflexión en la carrera de Cronenberg, un alejamiento de la extrañeza provocadora de su primera etapa y un acercamiento, aunque reticente, al cine comercial de Hollywood. Fue un movimiento estratégico de supervivencia profesional que le permitió recuperar la estabilidad dentro de la industria y demostrar solvencia con un estilo más sobrio y clásico. Pero también por eso, y por trabajar como director de encargo sobre un guion ajeno, se percibe como su film menos personal. Lo cual no quiere decir que no sea una buena película. Probablemente, a estas alturas de su carrera, Cronenberg no habría podido hacer una mala ni aunque se lo hubiera propuesto. Pero comparada con la perturbadora brutalidad de “Videodrome” y las inquietantes propuestas de sus títulos anteriores, parece una película demasiado convencional.

 

De todas formas, todavía le quedaban algunas películas muy extrañas por hacer y aún no había dado por finiquitada su faceta de escritor porque participaría en los guiones de “La Mosca” (1986), “Inseparables” (1988), “Almuerzo Desnudo” (1991), “Crash” (1996), la mencionada “eXistenZ”, “Cosmópolis” (2012), “Crímenes del Futuro” (2022) y “Los Sudarios” (2024). Nunca abandonó del todo los géneros de terror y ciencia ficción, pero tomó una nueva dirección, consiguiendo nominaciones al Óscar por “Una Historia de Violencia” (2005), adaptación de un comic de 1997 firmado por el guionista John Wagner y el dibujante Vince Locke.

 

Puede que “La Zona Muerta” sea una obra menor de Cronenberg (aunque sí es una buena adaptación de la novela de King), pero sigue siendo una película muy disfrutable, sobre todo por las excelentes interpretaciones. Además, sería desconsiderado e incluso mezquino negarle hoy al director y su película el éxito que mereció en el momento de su estreno.

 

La novela de King se convertiría más adelante en la base para una serie de televisión canadiense, “La Zona Muerta” (2001-2), protagonizada por Anthony Michael Hall.

 


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