jueves, 27 de agosto de 2026

2002- RESIDENT EVIL – Paul W.S. Anderson


Lanzado originalmente en 1996, “Resident Evil”, de Capcom, fue uno de los primeros videojuegos de terror, un género que desde entonces ha demostrado ser enormemente popular. Capcom tomó su inspiración de títulos anteriores como “Doom” (1993) y sus sangrientas muertes de alienígenas, pero “Resident Evil” elevó el nivel, centrando todo el juego en la sangre y la violencia explícitas. El caso es que tuvo un gran éxito e incluso creó su propio subgénero dentro de los videojuegos de consola, conocido como "survival horror". Desde su primer lanzamiento, el juego, entre nuevas entregas, remakes y spin-offs, ya contabiliza alrededor de treinta versiones, además de haber generado novelizaciones, cómics y juguetes.

 

El diseñador del juego, Yoshiki Okamoto, reconoció la fuerte influencia de películas como “Posesión Infernal” (1981) de Sam Raimi y la trilogía zombi de George Romero (“La Noche de los Muertos Vivientes”, 1968; “El Amanecer de los Muertos”, 1978; “El Día de los Muertos”, 1985). La ironía de su adaptación cinematográfica reside en que, para cuando llega a la pantalla, es ya una película gore de tercera generación: una adaptación de un videojuego inspirado en una saga cinematográfica. Aún más, entre 1998 y 1999, Capcom estuvo en conversaciones con George Romero para que escribiera y dirigiera la versión cinematográfica de “Resident Evil”; sin embargo, los estudios vinculados al proyecto, Constantin Films y Sony, querían una dirección más enfocada en la acción de ritmo vertiginoso y con un atractivo comercial más amplio, así que rescindieron su su contrato. La historia de lo sucedido con la película de Romero que nunca vio la luz se detalló posteriormente en el documental “George A. Romero’s Resident Evil” (2025).

 

La llegada del director Paul W.S. Anderson se debió a una combinación de factores. Se había hecho un nombre como adaptador de videojuegos con su segunda película, “Mortal Kombat” (1995), que fue un éxito financiero. Después, se convirtió en un habitual del género de CF con películas como “Horizonte Final” (1997) y "Soldier" (1998). Por otra parte, era un gran aficionado a los videojuegos de Capcom, de los cuales le atraía especialmente su “sabor” a las películas de terror clásico de zombies y de directores como John Carpenter. Así que, cuando Romero salió del proyecto, contrataron a Anderson, quien por entonces estaba trabajando en un guion de ciencia ficción y terror de corte similar titulado “The Undead”. Anderson convenció al estudio para reformular su visión y concebir la película como una precuela de los juegos que expandiera el universo con personajes originales para evitar los predecibles giros argumentales que los aficionados ya conocían de los títulos de la PlayStation de Sony.

 

Una mujer, Alice (Milla Jovovich) despierta en una gran mansión sin recordar quién es ni dónde está. La casa es repentinamente asaltada por un pelotón de comandos que se la lleva, junto con otro hombre presente que también ha perdido la memoria, Spence (James Purefoy), y un supuesto policía, Matt (Eric Mabius) a una estación subterránea de tren que, a su vez, les conduce hasta una instalación secreta, bajo la ciudad de Raccoon City. El complejo es propiedad del superconglomerado tecnológico Corporación Umbrella. Allí, esta empresa oculta su laboratorio de experimentación biológica ilegal, conocido como La Colmena.

 

Se revela que Alice y Spence son agentes que fingían ser un matrimonio que vivía en la casa como parte de la tapadera de la compañía. Esa mañana, La Reina Roja, el sistema de seguridad con inteligencia artificial de La Colmena, se descontroló repentinamente y mató a todo el personal científico, además de liberar un gas nervioso que les borró temporalmente la memoria a los dos agentes.

 

Una vez dentro de La Colmena, el grupo debe atravesar los letales sistemas defensivos de la Reina Roja para desactivarla. Sin embargo, al cortar la energía, se abren todas las puertas y se libera a todo el personal, que no están muertos sino zombificados por el virus T, que unos saboteadores derramaron en un laboratorio, filtrándose a todo el complejo por el sistema de ventilación. Además, Alice empieza a recobrar la memoria y se da cuenta de que ella estuvo de alguna forma involucrada en toda esta catástrofe.

 

“Resident Evil” comienza de forma prometedora. Tras una secuencia de prólogo en la que se nos muestra el estallido vírico en el complejo, la escena inicial capta el interés: Alice despierta desnuda en una mansión palaciega sin recordar quién es, para luego ser atacada repentinamente por comandos enmascarados y, antes de comprender lo que sucede, ser arrastrada hasta las ominosas instalaciones científicas. Sin embargo, casi tan pronto como la película entra en la Colmena, Paul Anderson pierde el rumbo. Si bien presenta hordas de zombis, doberman mutantes, grimosas criaturas genéticamente fabricadas que parecen hechas con ZX Spectrum, una IA rebelde y mucho disparo de arma automática, lo cierto es que la película no aporta nada realmente nuevo o memorable. Es más, hay secuencias que parecen haber sido tomadas directamente de un videojuego, como el pasillo de láseres que da acceso a la sala de control de la IA o el cruce sobre una tubería elevada con una horda de zombis debajo. Los personajes se desplazan de un lugar a otro para enfrentar el siguiente desafío, intercalando planos de ellos caminando o un efecto de mapa que muestra su movimiento, de modo que en cuestión de segundos pasan de estar en un laboratorio a una alcantarilla.

 

El material promocional llegó a calificar a Anderson como un “director visionario”, lo que claramente es una flagrante hipérbole. Lo que hay que admitirle es que, si el espectador desconecta su filtro de calidad, puede disfrutar relativamente del tipo de CF/terror cutre que el director realiza con cierta competencia. Hay algunas muertes ingeniosas, especialmente la del líder del equipo interpretado por Colin Salmon, que es cortado en pedazos por un rayo láser, y la única vez que he visto una pelea entre una mujer y un perro zombi, incluyendo el momento hilarante en el que Alice salta y patea al perro en la cabeza.

 

Pero más allá de la acción pura y dura y de la mezcolanza desordenada de elementos, “Resident Evil” carece tanto de argumento, que apenas llegamos a conocer los nombres de los personajes. Milla Jovovich ejecuta un par de movimientos en cámara lenta tomados de “Matrix” (1999), rebotando contra las paredes y pateando, como he dicho, dóbermans mutantes, pero no es suficiente para mantener al espectador en vilo. “Resident Evil” es una película rutinaria en todos los sentidos. En comparación con los modelos originales del juego, clásicos como “El Amanecer de los Muertos” o “Posesión Infernal”, resulta decepcionamente insípida, como queda claro desde la secuencia inicial en que la cabeza de una mujer queda aplastada entre las puertas de un ascensor entreabierto y la película opta por un fundido a negro en lugar de mostrar ni una sola gota de sangre.

 

Pero es que, además, estos zombis no transmiten sensación de auténtica amenaza, y eso es un problema serio. Los infectados de La Colmena carecen de cualquier atisbo de identidad individual y se comportan como un organismo en enjambre: se mueven en bloque, responden a estímulos sonoros de forma coral y se apiñan en pasillos o laboratorios. Al actuar como una colectividad ciega, carecen de astucia individual. No planifican y no aprenden del entorno; simplemente colapsan el espacio por pura acumulación numérica.

 

Un zombi solitario o un número reducido de ellos no son amenaza para un comando de las fuerzas especiales como el que vemos en la pelicula. Con un entrenamiento militar básico, armas de fuego automaticas y reflejos rápidos, los protagonistas liquidan a los infectados sin demasiados apuros. De hecho, gran parte del terror inicial se desvanece en cuanto el equipo comprende que un disparo certero en la cabeza neutraliza el problema de inmediato. Al mantener la lentitud y la rigidez de los zombis clásicos (antes de que la franquicia mutara hacia los monstruos hiperacelerados en sus secuelas), los de esta primera entrega resultan fácilmente evitables. Un pasillo amplio o una puerta cerrada bastan para detener el peligro que plantea el colectivo si este no está lo suficientemente cerca como para bloquear todas las salidas.

 

Por tanto, el peligro real que afrontan los personajes no son los zombis propiamente dichos, sino el espacio físico en el que se encuentran: un pasillo inundado, un ascensor averiado o un corredor con láseres convierten a los infectados en una amenaza puramente contextual. Te atrapan no porque sean listos o rápidos, sino porque el complejo te encierra con ellos. De hecho, lo más aterrador de la película es la Reina Roja, sobre todo porque tiene razón. Ante la inminente liberación del virus más horrible jamás visto, unas pocas vidas humanas carecen de sentido y está dispuesta a sacrificarlas para salvar el mundo.

 

La protagonista, Milla Jovovich, exesposa de Luc Besson, ofrece una actuación irritantemente acartonada. La película intenta claramente imitar a Angelina Jolie en “Lara Croft: Tomb Raider” (2001), convirtiéndola en una heroína que oscila entre la dureza y la sensualidad, vestida con minifalda, botas militares y una pistola. Paul Anderson y el director de fotografía David Johnson la obligaron a adoptar algunas poses difíciles, pero no consiguieron que cambiara su bello pero absolutamente inexpresivo rostro desde el comienzo hasta el final. Como los demás (excepción quizá hecha por James Purefoy, el mejor actor del plantel aunque su papel sea poco agradecido), Alice es un personaje que, habida cuenta de la situación crítica en la que se haya inmersa, no transmite absolutamente nada: ni terror, ni confusión, ni angustia. La otra cara conocida, Michelle Rodríguez, no sale de su encasillamiento de chica mala, exhibiendo su habitual muestrario de ceños fruncidos y muecas forzadas.

 

Por alguna razón (quizá su sabor a serie B con pretensiones, cutre pero con cierto encanto; su hermosa actriz; la popularidad del videojuego o simplemente que apareció justo en el momento en el que los zombis volvían a ponerse de moda –“28 Días Después” se estrenó el mismo año-), “Resident Evil”, a pesar de la frialdad que exhibió la crítica, superó holgadamente las expectativas económicas para lo que, en principio, no era más que la adaptación de un videojuego. Con un presuesto de, según las fuentes, 33 a 35 millones de dólares, recaudó en todo el mundo cerca de los 103 millones, sin contar los ingresos por alquiler y venta en formato doméstico, que en aquellos años eran gigantescos para este tipo de cine de género.

 

Semejante desempeño dio lugar, obviamente, a una secuela ligeramente mejor, “Apocalipsis” (2004), seguida por “Extinción” (2007), ambas con Milla Jovovich aunque no dirigidas por Paul W.S.Andersón, que sí las escribió y produjo antes de regresar a la silla de dirección con “Ultratumba” (2010), “Venganza” (2012) y “El Capítulo Final” (2016). Se hizo también una precuela, “Bienvenidos a Raccoon City” (2021), tres animes (2008-2017), una serie de televisión de dibujos animados (2021) y otra de acción real (2022).

 

 

 

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