miércoles, 29 de julio de 2026

STAR WARS VS BATTLESTAR GALACTICA : UNA BATALLA LEGAL POR EL ESPACIO




Cuando “Star Wars” llegó a la gran pantalla en 1977, revolucionó la ciencia ficción para siempre. A remolque de su rotundo éxito, los productores de televisión y cine de todos los estudios buscaron frenéticamente su propia space opera. En la pequeña pantalla, la más exitosa de ellas fue “Battlestar Galactica” (1978-1979), una serie creada por Glen A. Larson (quien ya tenía cierta experiencia en la CF como creador y productor de “El Hombre de los Seis Millones de Dólares”, 1974-1978).

 

Aunque no serán muchos los fans modernos que hayan visto la “Battlestar Galactica” original, la historia básica le resultará familiar a cualquiera que haya visto o conozca de oídas el remake que se hizo en 2004 para SyFy: tras un ataque genocida de los Cylons, los pocos supervivientes de la humanidad huyen de las Doce Colonias en una flota variopinta cuya única protección es la nave de guerra o "battlestar" Galactica. Mientras son perseguidos por los infatigables Cylon, viajan a través del espacio en busca de una decimotercera colonia perdida mucho tiempo atrás. A diferencia del remake de SyFy, en el que la semejanza de la última generación de Cylons con los humanos eran un elemento esencial de la trama general, los Cylons originales eran robots humanoides metálicos; sus armaduras voluminosas y relucientes y sus andares torpes no se diferenciaban demasiado de los soldados de asalto imperiales de “Star Wars”.

 

Con una duración de 148 minutos y un presupuesto de 7 millones de dólares, los valores de producción del episodio piloto rivalizaban con los de un largometraje. Narrativa y visualmente, los primeros capítulos de la serie ofrecieron a los fans una sensación equivalente a la que habían obtenido con “Star Wars”. Y ahí residía el problema, porque hubo quien entendió que las similitudes eran demasiado evidentes. Entre ellos estaban George Lucas y 20th Century Fox, que, conjuntamente, interpusieron una demanda contra Universal meses antes de que la serie siquiera se estrenara, basándose en el guion de cortesía que proporcionó ese estudio y titulado, de forma un tanto provocadora, “Galactica: Saga of a Star World”.

 

En su demanda, Fox señaló "34 similitudes" entre la creación de Larson y la de Lucas. Algunas son tan sumamente genéricas que pueden implicar a docenas -si no cientos- de obras de ciencia ficción, sobre todo en las décadas transcurridas desde el estreno de “Star Wars”. Considérense si no frases como "El conflicto central de cada historia es una guerra entre las fuerzas democráticas y totalitarias de la galaxia" o "La heroína es encarcelada por las fuerzas totalitarias". Otras quejas son un poco más específicas y quizás más condenatorias: "Los vehículos espaciales, aunque futuristas, tienen un aspecto viejo y usado, en contraposición a la estereotipada apariencia elegante y nueva de los equipos de la era espacial" o "Hay una escena en una cantina (en “Star Wars”) o casino (en “Battlestar”), en la que el entretenimiento musical es ofrecido por criaturas extrañas y no humanas". (Aunque, para ser justos, los fans de la serie de cómics francesa Valérian podrían argumentar que la escena de la cantina tampoco era original de Star Wars).

 

Los personajes clave también guardaban cierto parecido. Starbuck, un personaje masculino en la versión de 1978, es un piloto de caza cuyo carisma y arrogancia rivalizan con los de Han Solo. Su amigo, más estirado, el apuesto y joven capitán Apolo, carga con un pesado legado familiar como hijo del legendario comandante Adama, mientras que su madre fue trágicamente asesinada por los Cylons. En los primeros borradores del guion, el capitán Apolo se llamaba Skyler, lo que delataba su conexión con Luke Skywalker de forma un tanto evidente.

 

Pero el parecido que más llamó la atención del espectador medio fue el aspecto visual. Es imposible obviar lo mucho que la versión original de “Battlestar Galactica” se parece a “Star Wars", desde la franja roja pintada en el fuselaje de los Vipers, hasta el aspecto ajado de las naves espaciales, pasando por los peinados de Starbuck y Apolo. Resulta que había una muy buena razón para estas similitudes visuales, ya que los responsables creativos pasaron directamente del set de Star Wars a trabajar para Glen Larson en “Battlestar Galactica”. Sus nombres eran Ralph McQuarrie y John Dykstra.

 

Ralph McQuarrie fue el artista conceptual que creó muchos de los personajes y paisajes más icónicos de toda la saga de Star Wars. Sus pinturas, dibujos y bocetos siguen influyendo en la franquicia a día de hoy. John Dykstra, por su parte, era un virtuoso de la iluminación y los efectos especiales cuya compañía, Industrial Light & Magic (ILM, fundada junto a George Lucas), utilizó una nueva cámara controlada por movimiento, la Dykstraflex, que permitió realizar algunos de los efectos especiales más innovadores del cine en aquel momento. Por su trabajo en “Star Wars”, el equipo de Dykstra ganó premios Óscar a los mejores efectos especiales y al logro técnico especial.

 

A pesar de los elogios que recibiría Dykstra, George Lucas no estaba completamente satisfecho con su trabajo. En su opinión, el departamento de efectos especiales (que operaba en el almacén de Industrial Light & Magic en Van Nuys) se retrasaba demasiado y gastaba en exceso en relación al volumen de trabajo que entregaba. Tras un año de trabajo y un millón de dólares invertidos, apenas había listas un puñado de tomas de efectos utilizables, lo que generó una gran tensión entre ambos hombres.

 

Parte del problema era que el equipo liderado por Dykstra funcionaba de manera muy independiente, con dinámicas casi universitarias o de comuna, trabajando muchas veces en horarios nocturnos y priorizando la innovación técnica (como el desarrollo de la cámara Dykstraflex) sobre los plazos de entrega. Lucas, bajo una enorme presión por parte de 20th Century Fox y con la fecha de estreno acechando en el horizonte, pensó que tenía que intervenir directamente y poner el orden y la disciplina necesarios para asegurar que la película se terminara a tiempo. A medida que el proceso avanzaba, también surgieron fricciones creativas sobre el peso que debían tener los efectos en la película. A Lucas le preocupaba que el despliegue técnico eclipsara la historia o que el departamento de Dykstra terminara acaparando el foco central del proyecto.

 

La gota que colmó el vaso llegó tras el estreno de la película. A pesar de haber ganado el Óscar por su labor, Dykstra no recibió un porcentaje de los beneficios como otros miembros clave del equipo y su contrato con Lucas no fue renovado para las secuelas. Esto sin duda motivó su salto a la producción de “Battlestar Galactica”. Con su nueva compañía, Apogee (que incluía a varios empleados de ILM), creó los efectos visuales y especiales para el episodio piloto, los cuales se siguieron utilizando una y otra vez a lo largo de toda la serie.

 

Por su parte, McQuarrie realizó para “Battlestar Galactica” el arte conceptual que definió el aspecto visual de la serie, incluyendo la propia Galactica, las naves Cylon y los centuriones, vagamente parecidos a los soldados de asalto.

 

Cuando la ABC, el 17 de septiembre de 1978, emitió el piloto de “Battlestar Galactica”, la demanda legal no solo seguía su curso sino que se había complicado, porque Universal había presentado rápidamente una contrademanda contra Fox, alegando que este estudio les había plagiado en “Star Wars” un serial de Buck Rogers de 1939, así como la película “Naves Misteriosas” (1972).

 

A raíz del estreno del piloto, los espectadores y los aficionados tomaron partido: ¿Era “Battlestar” una copia descarada? Isaac Asimov opinó que sí: "Battlestar Galactica fue Star Wars otra vez", escribió en una columna de periódico sindicada en septiembre de 1978. "No pude disfrutarla sin amnesia". El siempre estridente Harlan Ellison también se alió con el bando pro-Star Wars, colgando al creador de la serie, Glen Larson, el mote de "Glen Larceny" (Glen el Ladrón). Otros, consideraron que las comparaciones eran superficiales, especialmente a medida que la serie avanzaba y ampliaba sus tramas, dándole más oportunidades a los guionistas de desarrollar a los personajes y expandir sus líneas argumentales, adentrándose en nuevos territorios.

 

La demanda fue desestimada en 1980 por un tribunal que también consideró que los parecidos eran superficiales, tras lo cual fue apelada. Universal acabó llegando a un acuerdo extrajudicial con Fox por 225.000 dólares.

 

“Battlestar Galactica” solo duró una temporada, menos que la demanda judicial. Aunque al principio sus índices de audiencia fueron sólidos, cayeron a lo largo del año, lo que provocó su pronta cancelación. Tras una protesta masiva de los fans -incluido el suicidio de uno de ellos-, la serie regresó brevemente como “Galactica 1980”, una iteración que carecía de la mayor parte del reparto original y cuya calidad era muy inferior.

 

En 2003, la franquicia regresó en el canal SyFy, primero como una miniserie de tres horas y luego como una serie que se emitió de 2004 a 2009, producida por Ronald D. Moore y David Eick (además de un puñado de spin-offs como “El Plan” (2009) y “Caprica” (2010-2011)). Este reinicio, más descarnado, violento y sensual, exploró territorios muy alejados de sus orígenes de "Western espacial". En este revival, las comparaciones con “Star Wars” parecen absurdas. Sin embargo, ambas propiedades intelectuales siguen siendo un testimonio perdurable del talento creador de Ralph McQuarrie, quien aportó los personajes, paisajes y vehículos que definieron cada una de esas historias.

 


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