domingo, 12 de julio de 2026

2024- FLOW – Gints Zilbalodis


El letón Gints Zilbalodis es uno de los más destacados animadores de nuestros días. Sin formación académica convencional y alejado de los grandes centros del cine, a los 16 años, empezó a realizar cortometrajes que utilizó como laboratorio personal para aprender las bases de la animación, el montaje, el diseño sonoro y la composición musical a base de ensayo y error y recurriendo a tutoriales y software libre. En 2019, presentó “Away”, su debut en el largometraje: una narrativa sin diálogos y muy atmosférica realizada enteramente por él mismo en todos los apartados: guion, dirección, animación, montaje y música. Una hazaña que le hizo merecedor del premio a Mejor Largometraje en el prestigioso Festival de Annecy.

 

Y en 2024, siguiendo su evolución ascendente, estrena “Flow”, con la que ganó nada menos que el Oscar en la categoría de Animación.

 

Un gato se ve obligado a abandonar su casa, en el campo, cuando una súbita inundación sepulta toda la región. Con ciertas reservas, el felino se une a un labrador dorado y suben a bordo de un velero a la deriva. En su lento viaje por la zona inundada, recogen un capibara, un lémur de cola anillada y un ave secretario. Durante su travesía, navegando por maravillosos paisajes e internándose entre los restos abandonados de una civilización humana, aprenderán a superar sus diferencias y cooperar para sobrevivir.

 

Zilbalodis comenzó a trabajar en “Flow” en 2019, tras finalizar “Away”. Inspirado por la obra del cineasta francés Jacques Tati y por animes televisivos como “Conan, el Niño del Futuro” (1978 con un remake 1999-2000), adoptó un enfoque minimalista en la producción y prescindió de los storyboards. El dibujo del gato que puede verse en el banco de trabajo dentro de la casa es el único “arte conceptual" de la película.

 

La premisa de la historia fue una ampliación de uno de sus primeros cortometrajes, “Aqua” (2012), producido cuando aún estaba en el instituto y en el que también exploraba la historia de un gato que superaba su miedo al océano. Para prepararse, él y su equipo estudiaron capibaras y lémures en zoológicos, incluido el Izu Shaboten de Japón. Se hicieron algunos cambios durante el proceso preparatorio: el ave, originalmente concebida como una gaviota, se rediseñó como un secretario de mayor tamaño; y la gran criatura acuática comenzó siendo más parecida a una ballena real antes de ir transformándose gradualmente en una especie imaginaria. La icónica embarcación, que se ha convertido en un símbolo de la película tanto como su protagonista felino, se inspiró en las falúas mediterráneas.

 

Como cineasta independiente perteneciente a una nueva generación de animadores, Zilbalodis utiliza software moderno para su trabajo, habiendo comenzado con Maya, el estándar de la industria. Sin embargo, tras “Away” y para “Flow”, optó por Blender, de código abierto, debido a su motor de renderizado en tiempo real. Como película realizada íntegramente con software gratuito que ha recibido importantes premios, esta elección parece haber sido una verdadera fuente de inspiración para muchos animadores noveles, puesto que demostró que tal éxito es posible para cualquiera con la suficiente dedicación.

 

“Flow” es el perfecto complemento a la anterior película de Zilbalodis, “Away”. Ambas son obras que evocan una atmósfera muy particular, con un fuerte énfasis en la ambientación, los paisajes impresionantes que evocan emociones y un estilo minimalista que, en mi opinión, refleja la estética Ghibli depurada y a la europea. Cada una de esas dos películas aborda temas universales como la vida y la muerte, la supervivencia, la amistad y el altruismo; todo ello tratado con delicadeza, sin caer en la sensiblería empalagosa ni en la obviedad. Eso sí, aunque, como ya he dicho, Zilbalodis realizó “Away” prácticamente en solitario, en “Flow” sí contó con los recursos necesarios (gracias a financiación francesa y la colaboración de estudios de animación de esa nacionalidad) para reunir un equipo y este aumento de recursos se refleja claramente en la riqueza de la película, sin dejar de ser fiel a la sensibilidad del director.

 

Obviamente, quizá la característica más llamativa de “Flow”, especialmente como ganadora de un Oscar, es la ausencia de diálogos. Con un elenco completamente animal, sin antropomorfismo, no se pronuncia ni una sola palabra en toda la película ¿Con qué frecuencia un producto así gana un premio tan famoso? (como dato curioso, “Flow” fue el tercer film de 2024 sin diálogos, tras “Azrael” y “Year 10”, mientras que el año anterior se había estrenado, también en animación y sin palabras, “Robot Dreams”). Fue una decisión audaz, pero sin duda valió la pena porque precisamente por eso, “Flow” es fácil de ver y entender en todo el planeta sin necesidad de superar las incómodas barreras de traducción. Por supuesto, eso no significa que no haya sonido en la película, todo lo contrario. Zilbalodis, una vez más desempeñando múltiples funciones, compuso la friolera de siete horas de música para el film, reduciéndola en el montaje final a tan solo 50 minutos (aquí sí contó con la ayuda del co-compositor Rihards Zalupe).

 

También está el apartado de diseño de sonido, un elemento crucial para transmitir las personalidades de los personajes. Se utilizaron grabaciones de animales reales para cada uno de ellos, con el protagonista “interpretado” por Miut, el propio gato del diseñador de sonido, Gurwal Coïc-Gallas, al que tuvieron que seguir con un micrófono durante años para registrar una "actuación" completa y adecuada. Como anécdota, al parecer, el sonido de un capibara al que le hacen cosquillas era "agudo y desagradable" (seguro que ese fue un día intenso), así que para representar mejor el carácter tranquilo y pacífico que intentaban transmitir, optaron por usar el sonido de una cría de camello, después de considerar el alce y la llama.

 

La construcción y desarrollo de personajes es extraordinario, representado enteramente a través de sonidos, expresiones y acciones; no sorprende que una de las principales fuentes de inspiración del director fuera un famoso mimo, ya que es evidente que domina el uso de los detalles más sutiles para comunicar mucho sobre lo que piensan sus personajes, sus motivaciones y sus deseos.Téngase en cuenta que no estamos hablando aquí de animales antropomorfizados, que, obviamente, resultan mucho más fáciles de manejar en términos de expresividad. En “Flow” se respeta escrupulosamente la anatomía y formas de expresarse de los animales que representan. Y, aunque todos estamos familiarizados con la identificación de las emociones de un perro, por ejemplo, no es tan fácil transmitir éstas con un gato o un capibara.

 

Una de las cosas más interesantes de las películas minimalistas es el espacio que dejan para que la imaginación del espectador vuele libremente, permitiendo todo tipo de interpretaciones y lecturas basadas en las creencias y experiencias individuales. Esto demuestra una gran confianza y respeto por parte del director hacia el público, dejando la puerta abierta a interesantes debates sobre ciertos pasajes o incluso el final. Una de las interpretaciones más populares de la película parece ser la de que es una alegoría de una sociedad multicultural o del fenómeno de la inmigración, donde seres de diversos orígenes se unen ante el desastre y se apoyan mutuamente, utilizando sus diferentes talentos para el bien común. También se pueden establecer claros paralelismos religiosos en ciertos elementos y escenas: el diluvio bíblico, la representación de una especie de "cielo" y la alusión a los siete pecados capitales (tanto el gato como el pájaro muestran signos de orgullo, mientras que el capibara podría representar la pereza, los lémures exhiben avaricia, envidia y lujuria, los perros muestran gula, y el líder de los secretarios podría interpretarse como la representación de la ira).

 

Pero lo que hace que esta película sea tan encantadora no es la profundidad de los mensajes subyacentes, sino las "personalidades" y las relaciones que establecen sus personajes. El director captura en ellos muchas de las peculiaridades de la naturaleza humana, y lo logra sin que resulten forzada o irreal su adscripción a las respectivas especies animales.

 

El gato, introvertido y solitario, ha tenido claramente que valerse por sí mismo durante mucho tiempo y ya no está acostumbrado a lidiar con los hábitos de otros animales. Al ser una criatura más pequeña y vulnerable, al principio desconfía de forma natural de las criaturas más grandes que él, pero a medida que las circunstancias se vuelven más difíciles, debe aprender a dejar de lado esos miedos por el bien de la supervivencia y poco a poco acepta la compañía de su variopinta "pandilla". Su evolución le lleva de ser el gato siseante, asustado y distante de las primeras escenas hasta uno que alimenta a sus amigos con el pescado que ha capturado, defiende a los perros que una vez lo persiguieron del testarudo pájaro secretario y busca la ayuda del lémur al que antes despreciaba para rescatar al capibara en peligro.

 

Los personajes, además, interactuan entre sí de manera creíble como animales, reflejando la realidad de un grupo de extraños obligados a convivir, pero estableciendo entre ellos unos vínculos más fuertes que otros. El gato, tranquilo y refinado, prefiere la compañía del igualmente digno secretario, a quien parece considerar una especie de líder, y también se lleva bien con el relajado capibara. Al perro, sin embargo, simplemente lo tolera, sin llegar a confiar del todo en él debido a sus vínculos con la manada que intentó matarlo, aunque, más adelante, aquél demuestra su valía cuando realmente importa. Aparte de la desagradable manada de perros, el lémur es, sin duda, el animal que más disgusta al gato por su enfermiza avaricia, pero terminan encariñándose y el lémur finalmente prioriza a sus amigos por encima de sus "tesoros" materiales. Incluso la ballena se convierte en una especie de amiga del gato después de salvarlo a él y a los demás en varias ocasiones.

 

Por otro lado, tenemos al capibara, que encarna a la perfección el espíritu del título de la película: el personaje más tranquilo y pacífico, que se limita a dejarse llevar por la corriente. Sin embargo, también es uno de los animales más considerados y compasivos. Es él quien rescata de la inundación al gato y al lémur, y, más tarde, intenta darle fruta al primero, ayudar al segundo a subir sus pertenencias a la barca e incluso intenta recuperar un pequeño objeto de éste que había caído al agua. Además, comparte el rol de timonel con el secretario y, en menor medida, con el gato, lo que lo sitúa claramente en el lado más responsable del grupo, una posición de privilegio que, curiosamente, ni el perro ni el lémur disfrutan jamás. Este altruismo se ve recompensado al final cuando sus amigos se unen para salvarle, una hermosa representación kármica del viejo dicho: “Trata a los demás como te gustaría que te trataran a ti”.

 

Luego tenemos al perro, juguetón y siempre alegre, sin importarle cuánto molesten sus travesuras a los demás pasajeros del barco. Desde el momento en que conoce al gato, queda claro que el perro no representa ninguna amenaza para él; simplemente es curioso, pero nunca muestra ninguna hostilidad hacia las otras criaturas. Se lo presenta como el más inmaduro del grupo: torpe, se distrae o aburre con facilidad y siempre quiere jugar, pero también es bondadoso y se preocupa sinceramente por sus nuevos amigos, incluso cuando éstos rechazan sus atenciones. Su defecto más evidente es su apego a la tóxica manada de perros de la que se separó, pero su lealtad a los nuevos amigos que hace en el barco triunfa al final, como se demuestra cuando decide ignorar la distracción del conejo que pasa corriendo para concentrarse en salvar al capibara.

 

El lémur es, sin duda, el miembro más divertido del grupo. Se lo retrata como un acaparador que considera seriamente quedarse con su "colección" de variopintos objetos en lugar de ser rescatado por los demás animales que acuden a él en el barco. Como único primate, no sorprende que sea también el más “humano” de la tripulación, reconociendo su reflejo en un espejo y mostrando un fuerte apego a los objetos materiales, con una inclinación por la decoración que sugiere un deseo de mantener el control sobre su entorno. El lémur choca con el gato, que desaprueba su obsesión por las cosas a las que no pierde de vista, por no mencionar al impaciente pájaro secretario. Se lleva mejor con el capibara -todos aprecian al capibara-, pero al principio se siente frustrado por el perro, aparentemente temeroso de que el can dañe sus juguetes. Sin embargo, con el tiempo se encariña con sus compañeros de travesía, eligiendo incluso quedarse con ellos al final en lugar de con los de su propia especie, habiendo aprendido, aparentemente, el valor de la verdadera amistad por encima de las relaciones superficiales y materialistas que mantenía con sus congéneres.

 

Finalmente, está el ave secretario, la última incorporación al grupo, quien, al igual que el perro y el lémur, los elige a ellos por encima de los de su propia especie, aunque en su caso esa decisión tiene para él consecuencias mucho más graves. A diferencia de la exuberancia juvenil del perro, el ave se muestra estoica, noble y orgullosa, tratando a los demás animales más como protegidos que como compañeros, y su relación con cada uno depende de la naturaleza particular de cada animal. Parece sentir simpatía por el gato, ya que el pequeño felino le muestra respeto y el ave parece confiar en su criterio, lo que la decepciona cuando el felino se pone del lado de los demás respecto a si permitir o no que la manada de perros varada en unas ruinas suba a bordo. Sus interacciones con el perro y el lémur seguramente resultarán familiares para cualquier padre o madre con niños pequeños.

 

El pájaro, además del gato, es el personaje que más se desarrolla, ya que lo vemos al principio intentar ayudarlo, por ejemplo, dándole de comer. Desafortunadamente, este altruismo le causa problemas con el líder de la bandada, quien lo reta a un duelo. Nuestro secretario, más pequeño, termina con un ala rota y el orgullo herido, y el resto de la bandada lo abandona a su suerte; un símbolo, quizás, de lo que les puede suceder a quienes se oponen a otros defendiendo al más débil. Así, el secretario se une a la tripulación y asume el puesto de timonel, marcando el rumbo hacia los imponentes pilares de piedra que aparecen en el horizonte durante gran parte de la travesía.

 

Lo que le sucede exactamente al pájaro en la cima de los pilares está abierto a debate. ¿Acaso muere? ¿O se trata, más bien, de una ascensión espiritual? La presencia de templos de arquitectura tibetana en el camino hacia la cumbre de la montaña sugiere esto último. Algunos han interpretado esa surrealista y bella escena como la recompensa que recibe el pájaro por sacrificar su lugar en la bandada por el bien de un completo desconocido como era el gato. Con su ala herida, que le arrebata su condición de ave al impedir volar correctamente, quizás “elige” ascender, habiendo cumplido su objetivo final de poner a salvo al gato.

 

Por supuesto, hay mucho más de qué hablar; ¿qué hay de la ballena, por ejemplo? Esta extraña criatura podría considerarse la otra cara de la moneda, pues a diferencia de los demás animales refugiados cuyas vidas se han visto afectadas por la inundación, para ella es una oportunidad única de experimentar el mundo a su manera. Lo que para ellos es un desastre, para la ballena es un milagro. Curiosamente, parece seguir en su viaje a la pequeña embarcación y sus ocupantes, pues salva la vida del gato al principio, reaparece más tarde para liberar la embarcación de un obstáculo dando un magnífico salto, y, de nuevo justo al final, cuando las aguas de la inundación retroceden, queda tristemente varada en tierra firme. Al encontrar a la pobre bestia en ese estado, el gato poco puede hacer para ayudar, pero en uno de los momentos más conmovedores de la película, permanece al lado del gran leviatán mientras exhala sus últimos suspiros. La mirada del gato es tan emotiva, como si le estuviera agradeciendo a la ballena toda su ayuda. La presencia del cetáceo parece sugerir una simbiosis más amplia en la naturaleza, pero cabe preguntarse por qué es la única criatura ficticia: ¿se sitúa la historia en un futuro lejano o se trata de algún tipo de experimento genético mutado, vestigio del extinto reinado de la humanidad? (Después de todo, la gente no puede haber desaparecido hace tanto tiempo, a juzgar por el estado de la cabaña del gato).

 

En relación al entorno, es un mundo extraño que parece haber sido abandonado por los humanos, con edificios en ruinas y restos de la civilización esparcidos por doquier. Algunos elementos rozan lo fantástico, como esa ciudad antigua medio sumergida cuyas calles, convertidas en canales, surca el velero; o estatuas gigantescas de gatos y personas. La catástrofe, por su parte es una inundación que parece cubrir mucho más territorio y alcanzar una altura y velocidad mucho mayores de lo normal, sea producto de un diluvio, un maremoto o la rotura de una presa. También encontramos viviendo en la misma zona animales procedentes de lugares muy alejados: el lémur de cola anillada es nativo de Madagascar; el ave secretario, de África y el capibara proviene de Sudamérica. Todo esto coloca a “Flow” en un campo ambiguo a mitad de camino entre la ciencia ficción postapocalíptica y la fantasía.

 

Existen bastantes similitudes entre “Flow” y la película japonesa de acción real “Las Aventuras de Chatrán” (1986), así como otras de estilo similar como “El Viaje Increíble” (1963, de Disney), “De Vuelta a Casa: Un Viaje Increíble” (1993) y “Napoleón, el Perrito Aventurero” (1995), todas ellas de acción real y que muestran animales embarcados en un viaje. Por lo tanto, se puede debatir si “Flow” es realmente una película de fantasía o aspira a un mayor grado de realismo. Estas otras películas de acción real son, técnicamente fantásticas, ya que a menudo están narradas por los propios animales, aunque éstos se comporten de forma natural. De manera similar, en “Flow” los animales se representan sin antropomorfismo, lo que sitúa a la película en el lado “realista”. Sin embargo, gradualmente, conforme transcurre la aventura, adoptan comportamientos y habilidades humanos: aprenden a pilotar el barco, se rescatan entre sí o hacen piña para convencer al ave secretario de que se desvíe de su ruta.

 

Independientemente de cómo se interprete esta película, creo que la mayoría estará de acuerdo en que sus mensajes sobre tolerancia, aceptación y, sobre todo, bondad, son a la vez oportunos y atemporales, animándonos a celebrar nuestras diferencias, apoyarnos mutuamente en nuestras debilidades y trabajar juntos para que todos podamos alcanzar metas más altas de las que cualquiera podría lograr por sí solo. Ver al pequeño gato, introvertido y solitario, encontrar amigos, incluso familia, en tantos animales diferentes es emotivo, incluso conmovedor. Puede que los personajes no hablen, pero es la mejor película de aquel año sobre la búsqueda de la familia y el espíritu comunitario.

 

Como ya expliqué al principio, la animación se produjo íntegramente con software de código abierto. Esto me lleva al principal –y único- problema que tengo con “Flow”. Quizás sea, simplemente, que me he malacostumbrado a las películas de animación de Pixar, DreamWorks o Blue Sky, y, en comparación, esta parece una producción de menor calidad. La animación de los distintos personajes animales se asemeja más a un vídeo de prueba que a un producto terminado. Ahora bien, esto puede resultar ligeramente molesto durante un rato, pero una vez que te acostumbras a ese estilo, puede apreciarse que es una película maravillosa. Aunque en la última década he perdido bastante interés en la animación comercial debido a su enfoque en la repetición constante de franquicias en lugar de en la calidad y la originalidad, esta es una de las películas de animación más sencillas y conmovedoras que he visto en mucho tiempo. El peculiar naturalismo de los animales y la forma en que se les permite desarrollarse como personajes sin perder su esencia es sublime.

 

Ganar el Oscar a la Mejor Película de Animación (compitiendo con pesos pesados como “Del Revés 2” o “Robot Salvaje”) supuso un gran triunfo no sólo para esta película sino un reconocimiento a la animación independiente y de bajo presupuesto, abriendo nuevos caminos en la industria al ser la séptima película no producida por Disney ni DreamWorks en ganar el premio, además de ser la tercera de habla no inglesa después de las dos victorias de Ghibli; y la primera película letona de cualquier género en ser nominada o ganar un Premio de la Academia. De hecho, Disney no ha ganado este premio desde 2022, con “Encanto”. Ojalá sirva como un claro mensaje para los grandes estudios: esto es lo que el público quiere, no un sinfín de secuelas y remakes.

 

“Flow” se estrenó en Cannes en mayo de 2024, antes de llegar a los cines letones en agosto y, posteriormente, distribuirse gradualmente por el resto del mundo. Fue recibida con entusiasmo en su país natal, convirtiéndose en la película más vista en la historia de Letonia. Tras ganar el Óscar y el Globo de Oro a la Mejor Película de Animación, las estatuillas se exhiben hoy en el Museo Nacional de Arte de Letonia, donde ya han recibido miles de visitantes. Incluso se colocó una estatua del Gato en lo alto del letrero de Riga, en pleno centro de la capital. Desde luego, “Flow” es una película de la que estar orgullosos. Al parecer, le pidieron a Zilbalodis que hiciera una secuela, pero, haciendo gala de sensatez e integridad artística, el cineasta optó por centrarse en un nuevo proyecto, esta vez con diálogos.

 

 


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