Uno de los mejores rasgos de Joe Haldeman es su habilidad para tomar un tropo clásico de la ciencia ficción y darle su toque personal. En el caso de “Rumbo a Marte”, se trata de una situación de Primer Contacto entre humanos y vida inteligente extraterrestre, todo ello envuelto en un tono muy próximo al de las novelas juveniles que Heinlein escribió en los 50, aunque, obviamente, actualizándolo con temas más adultos, un enfoque franco –pero no turbio ni incómodo- de la incipiente sexualidad de la joven protagonista y unos toques de Arthur C Clarke.
(SPOILERS HASTA EL FINAL). La historia comienza en un futuro indeterminado, cuando Carmen Dula, de 16 años, junto a su madre, su padre y su hermano pequeño, Card, están a punto de emprender el viaje más largo que el ser humano haya hecho jamás. Forman parte de un grupo de veinte personas, familias de todo el mundo, que han sido seleccionadas para unirse al primer puesto avanzado de la humanidad en Marte. Allí, Carmen cursará sus estudios universitarios a distancia mientras sus padres, ambos científicos, realizan investigaciones.
Carmen y Card
tuvieron que estudiar durante un año para superar la prueba de preselección
para niños y, una vez demostraron que no presentarían tendencias psicóticas estando
confinados en un espacio reducido durante los seis meses que duraría el viaje,
solo quedaba ser elegidos en el sorteo. Pero cuando se encuentran ya esperando
a entrar en el Ascensor Espacial, Carmen empieza a
tener dudas, algunas de
ellas, obviamente, relacionadas con el propio viaje. Y es que muchas cosas
podrían salir mal, empezando por el trayecto de dos meses de subida en el
Ascensor que los llevará fuera de la atmósfera terrestre hasta donde se
encuentra estacionada la nave espacial John Carter, que les transportará hasta
Marte junto a otras 26 personas. Por ejemplo, si el cable del Ascensor se rompe
–por un micrometeorito- y ya se encuentran a mucha altura, no será el impacto
al final de la caída lo que los matará, sino la ardiente reentrada a la
atmósfera.
Pero lo cierto es que el viaje de Carmen a Marte resulta relativamente tranquilo, salvo por un par de pequeños contratiempos con el cable del ascensor y una fuga de oxígeno en la nave espacial. Lo que sí ocurre, y esto acabará iniciando una cadena de acontecimientos que alterará el destino de la Humanidad y acercará a la Tierra a su destrucción, es que, tras unas copas de alcohol y una fiesta en gravedad cero, inicia una relación con el piloto de la nave, Paul, algo mayor que ella (aunque no lo suficiente como para que la situación sea incómoda).
Supongo que un
encuentro amoroso bajo los efectos del alcohol en gravedad cero que casi
provoca la aniquilación de la Tierra, podría usarse como argumento contra el
sexo prematrimonial, salvo que, precisamente, el tipo de persona que esgrimiría
tal argumento es quien finalmente acaba desencadenando la crisis que conduce al
cataclismo añ
os después. Ésta es Dargo Solingen, la administradora general de
la Base Marciana, donde viven y trabajan un centenar de personas. Siente tal
aversión por Carmen debido a su aventura amorosa, que monitorea todas sus
conversaciones, ya sea instalando micrófonos en su habitación o espiando su
radio cuando lleva puesto el traje espacial, con la esperanza de pillarla
haciendo algo indebido. Dargo no puede castigar a Carmen y Paul por tener
relaciones sexuales, pero está en posición de hacerle la vida imposible siempre
que pueda.
Un arrebato de ira tras uno de estos castigos, sumado al descontento acumulado por una existencia de la que extrae poca satisfacción, la lleva imprudentemente a aventurarse sola por la superficie de Marte en plena noche y sin notificárselo a nadie. Tras alejarse de la base, cae por una fisura oculta por una delgada capa de tierra. A resultas del golpe, se rompe la pierna y daña su traje y reserva de oxígeno. Cuando se da por muerta –es difícil que la encuentren antes de que se le agote el aire-, es rescatada por unos seres que han vivido bajo la superficie del planeta durante miles de años; seres que, misteriosamente, hablan la mayoría de los principales idiomas. Estrictamente hablando, no son marcianos, ya que provienen de otro planeta; y, definitivamente, no descienden de ninguna especie conocida en la Tierra dado que carecen de ADN.
Es cierto que Carmen
y los demás colonos parecen acostumbrarse con excesiva rapidez a esas extrañas
criaturas con múltiples extremidades y cabezas de patata a los que
empiezan a
llamar marcianos, a pesar de que provienen de una estrella lejana. Pero lo que
por el momento nadie sabe es que esos amigables seres son mucho más que una
simple forma de vida. Se trata de una raza creada artificialmente por “Los
Otros” para vigilar a la humanidad.
Hace unos 30.000 años, estos últimos visitaron el sistema solar, encontraron a los primeros cazadores-recolectores humanos y decidieron que podrían evolucionar fácilmente hasta convertirse en una especie capaz de viajar al espacio. Establecieron un puesto avanzado en Marte para monitorizar la Tierra, lo cual no les supuso ningún esfuerzo durante 30.000 años, hasta que los humanos comenzaron a transmitir ondas de radio a principios del siglo XX. Entonces se pusieron manos a la obra y comenzaron a aprender la cultura y los idiomas humanos simplemente escuchando y viendo las transmisiones de radio y televisión que salían al espacio.
Los Otros son una especie
muy avanzada que vive en un entorno basado en el silicio y sumergidos en
nitrógeno líquido. Su metabolismo es más de cien veces más lento que el de los
humanos, por lo que no tienen forma de comunicarse directamente con nosotros.
Sin embargo, han creado estos centinelas artificiales como intermediarios. Y
son éstos los que tienen que avisarles de la “mayoría de edad espacial” de los
humanos y evaluar su potencial amenaza. Si el veredicto resulta ser negati
vo,
la Tierra será destruida. Y claro, siendo una especie belicosa a la que le cuesta confiar en quien
es diferente, la Humanidad no hace más que cometer un error tras otro. A medida
que las consecuencias del encuentro adquieren una importancia global y luego
intergaláctica, Carmen debe reunir a todos los aliados posibles para conjurar
una catástrofe de proporciones inimaginables.
Si bien gran parte del escenario descrito puede resultar familiar para los lectores de ciencia ficción mínimamente veteranos, Haldeman, como de costumbre, le añade su toque personal para hacerlo mucho más interesante de lo que cabría esperar. Primero, haciendo que los extraterrestres sean un misterio no solo para los terrícolas que los encuentran, sino también para ellos mismos. Poseen un conocimiento limitado de su propia historia, orígenes y propósito, y apenas una vaga noción de los antepasados que los dejaron en Marte milenios atrás. Y, segundo, narrar la historia a través de los ojos de una adolescente y seguirla en el curso de su maduración, le ofrece al lector una perspectiva distinta de este tipo de situación de Primer Contacto.
Es frecuente ver escritores
maduros abusando de la jerga juvenil contemporánea e insertando referencias a
la cultura pop con el propósito de que sus personajes adolescentes parezcan
reales, pero el resultado suele ser el contrario. De hecho, pocas cosas hacen
que una historia quede anticuada más rápido que el argot moderno y las
menciones de grupos musicales. Haldeman no cae en esa trampa y logra que Carmen
sea una chica verosímil, víctima de las inseguridades y preocupaciones pro
pias
de cualquier joven que aprende a asumir la responsabilidad de sus actos. Sus
reacciones ante Dargo son típicas de cualquier adolescente inteligente ante una
figura de autoridad autocrática y vengativa; simplemente, las circunstancias y
los resultados no son a lo que estamos acostumbrados.
Haldeman también maneja con éxito los tópicos potencialmente más cursis, como que la relación de Carmen y Paul se vuelva empalagosa; o que Card, el hermano pequeño de Carmen, se convierta en el típico personaje cómico infantil. (De hecho, lo evita tan bien que Card apenas aparece en la historia, interviniendo solo para ayudarla en alguna escena clave). Eso sí, Haldeman no se esfuerza mucho en desarrollar a ninguna de las amigas del grupo de Carmen. Narrativamente, hubiera sido más enriquecedor que alguna de ellas le sirviera de contrapunto en lugar de formar una especie de difusa amalgama de fondo.
El mensaje de Haldeman en esta bien narrada historia está claro para cualquiera que quiera verlo: Dargo utiliza el argumento de la seguridad como excusa para reducir o eliminar no solo los derechos individuales de Carmen, sino, hacia el final de la narración, comprometer el futuro de toda la humanidad. Deja perfectamente claro de qué lado se posiciona en el debate sobre las escuchas clandestinas, ya que su vigilancia continua, no autorizada e ilegal de Carmen acerca peligrosamente la situación al desastre. Nadie puede tomarse la justicia por su mano, independientemente de su posición o excusa. Mientras que Carmen, como la persona que estableció el primer contacto y designada embajadora ante los marcianos, recibe asesoramiento de científicos especializados en múltiples disciplinas, las acciones de Dargo vienen motivadas por sus prejuicios personales y las lleva a cabo sin consultar a nadie.
Una de las cosas que siempre he apreciado de la escritura de Joe Haldeman es su habilidad para convertir lo extraordinario en algo natural y fusionar la ciencia real con la ciencia ficción. Por ejemplo, la primera parte dedica bastante tiempo a describir cómo podría funcionar realmente un ascensor espacial: 80.000 kilómetros de estructura desde una plataforma cerca de las Galápagos, hasta la órbita geoestacionaria y la Estación Espacial Hilton. Todo esto se describe con detalle: desde un momento aterrador, pero rutinario, en el que se despliega un robot para reparar un agujero de micrometeorito, hasta la humillante idea de tener una cámara observando para asegurar que el viajero no falla al apuntar en un inodoro espacial de baja gravedad… ¡y encima tener que beber tu propia orina filtrada porque el agua escasea en el espacio!
Los mundos y futuros que imagina Haldeman en sus libros son creíbles porque los personajes se desenvuelven en su vida cotidiana como lo haría cualquiera de nosotros. Puede que no reconozcamos las circunstancias específicas (una base en Marte, un Primer Contacto, una amenaza planetaria), pero podemos vernos reflejados en las formas en que los personajes se enfrentan a ellas. “Rumbo a Marte” no es una excepción, ya que Carmen es una adolescente como tantas otras: quizás un poco más inteligente que la media, pero con las mismas esperanzas y dudas. No todos hemos viajado a Marte, pero sí todos hemos tenido que lidiar con inseguridades y frustraciones asociadas a ese estadio de la vida en la que nuestra individualidad lucha por imponerse a las reglas de los adultos.
Pero a pesar de toda la tecnología y la ciencia, sigue siendo la historia de una adolescente que crece, madura y tiene que lidiar con cosas que jamás habría imaginado posibles. El hecho de que la mayoría de los adultos a su alrededor estén igual de confusos e ignorantes respecto al hallazgo de vida inteligente en Marte, no la ayuda demasiado. ¿Quiénes son esos extraterrestres? ¿Qué quieren? ¿Por qué están en Marte? ¿Cómo reaccionará la Tierra? Y, por supuesto, la gran pregunta que todos debemos afrontar, ya sea en la ficción o en la vida real: ¿en quién confiar cuando todos tienen intereses ocultos? Nos gusta fingir que no es así, pero los avances tecnológicos no suelen cambiar significativamente nuestra naturaleza esencial. Los extraterrestres pueden ser extraños y disponer de tecnología más sofisticada, pero, al igual que los humanos, tienen valores, tradiciones, temores, agujeros en su conocimiento del universo y razones para guardar secretos.
Así como Carmen abandona la seguridad protectora de la Tierra, la Humanidad abandona su "cuna” natal para dar el salto interplanetario. Este proceso expone la ingenuidad de nuestra especie, que cree estar lista para conquistar el universo. El descubrimiento de que Marte no está vacío, sino habitado por entidades artificiales al servicio de una civilización milenaria y omnipotente, fulmina la soberbia antropocéntrica humana, revelándose de golpe que no somos más que es una especie menor, vigilada y potencialmente prescindible. La respuesta de la Tierra al primer contacto refleja su inmadurez institucional, dejándose llevar por el miedo, la paranoia, el politiqueo y el afán de control (representados por Dargo). Haldeman utiliza un paralelismo estructural brillante entre el despertar de Carmen al mundo adulto y el de la civilización humana a la madurez galáctica. En esencia, se trata de una doble historia de iniciación, tanto para Carmen como para toda nuestra especie.
Lo más negativo que puedo decir de “Rumbo a Marte” es que la historia que cuenta es quizá demasiado ambiciosa para las páginas que tiene. Hay un ascensor espacial, un viaje de la Tierra a Marte, una base en ese planeta, el descubrimiento de extraterrestres, conspiraciones, burócratas maquiavélicos, paranoia desenfrenada y una conspiración alienígena que abarca milenios. Haldeman avanza dando grandes saltos, concentrándose en los momentos clave que afectan a la protagonista, pero dejando que el tiempo transcurra sin mucho desarrollo. No obstante, el ritmo está muy bien administrado. La historia se divide en partes bien definidas y se sacrifica la jerga científica y la palabrería superflua en favor de la fluidez y legibilidad de la trama
Otro problema que le encuentro a la novela son los Otros. No estoy seguro de si la intención de Haldeman era presentarlos como completamente irracionales. Se supone que son tremendamente avanzados e inteligentes y, sin embargo y a pesar de hallarse terriblemente lejos y que es muy difícil que exista contacto directo con ellos en un futuro cercano, nos temen lo suficiente como para preferir aniquilarnos “en la cuna”. Por otra parte, frustrar su plan genocida, resulta ser, a la postre, absurdamente sencillo. Quizás el mensaje que el autor quiere transmitir con todo esto sea que, si alguna vez descubrimos vida en otros lugares de la galaxia, hay muchas probabilidades de que nuestros vecinos cósmicos sean tan tontos, paranoicos e irritantes como la gente que despotrica en las redes sociales.
Aunque abrupto, el final es sólido y le da un buen cierre a la historia, aunque dejando aún muchos cabos sueltos. Por eso, si bien “Rumbo a Marte” fue proyectada inicialmente como una obra independiente, Haldeman decidió extenderla en forma de trilogía (cuyos dos últimos volúmenes siguen inéditos en español: “Starbound” y “Earthbound”).
“Rumbo a Marte” no es una historia particularmente compleja, pero sus páginas ofrecen entretenimiento y mucho sobre lo que pensar. Mitad historia de iniciación, mitad romance y mitad misterio cósmico, es una lectura de estilo clásico, rápida, ligera y entretenida que ofrece un enfoque novedoso sobre un tema tradicional de la ciencia ficción. Haldeman nos ofrece un neopulp sin pretensiones que pocos autores de ciencia ficción y fantasía obsesionados con lo épico parecen molestarse en escribir hoy en día. Es una novela ideal para un lector joven, pero uno adulto puede acceder a ella y disfrutarla igualmente, porque su interés no reside en la prosa, los personajes ni una trama superficial, sino en la exploración de un escenario de Primer Contacto y de las decisiones potencialmente catastróficas que la humanidad podría tomar.

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