Normalmente, la mejor ciencia ficción es aquélla que, de un modo u otro, reflexiona sobre nuestra relación con la tecnología: cómo ésta nos cambia y cómo la adaptamos a nosotros, para bien y para mal. Sin embargo, no es muy frecuente encontrar películas norteamericanas que tengan algo verdaderamente interesante que decir sobre el progreso científico y tecnológico y que, además, lo hagan sin aspavientos estéticos o narrativos. Es por ello merece la pena rescatar “Un Amigo para Frank”.






