(Viene de la entrada anterior)
“La Viejecita de las Galletas” apareció publicada originalmente en “Fantasy Fiction” en junio de 1953.
Bernard “Bubber” Surle visita, como de costumbre desde hace algún tiempo, a una anciana vecina, la señora Drew. Como siempre que él llega a su casa, ella le prepara leche y galletas, que Bernard come ávidamente mientras la señora Drew lo observa y lo convence para que se quede y le lea un libro. Mientras el muchacho lee en voz alta su texto escolar de geografía, vuelve a suceder el mismo fenómeno que en visitas anteriores: la señora Drew rejuvenece momentáneamente. Pero la breve transformación termina cuando Bernard deja de leer y dice que tiene que irse. La anciana le ruega que vuelva a visitarla.
Al
volver a casa, los padres de Bernard comentan lo sospechoso que les resultan
esas visitas diarias y le dicen que sólo tiene permiso para hacer una más al
día siguiente. A Bernard, esta prohibición no le importa demasiado porque ya se
ha dado cuenta de que la señora Drew tiene algo extraño que le incomoda.
Cuando
vuelve a casa de la anciana, Bernard la informa de que esta será su última
visita. Esta vez, mientras Bernard le lee, ella le toca el brazo y siente la
"juventud" del chico fluir hacia ella. Se ha transformado de nuevo en
una versión más joven de sí misma. Cuando Bernard se va, la señora Drew se
deleita ante el espejo con su aspecto juvenil que, ahora sí, parece permanente.
Por su parte, de camino a casa, Bernard se siente exhausto y débil. El viento
lo obliga a descansar junto a una farola y luego sigue caminando cada vez con
mayor dificultad. Su padre, preocupado, mira por la ventana para ver si llega y
observa que “algo gris, algo gris y
reseco arrastrado por el viento chocaba contra el porche. Lo miró, pero no pudo
distinguir qué era. Tal vez un montón de hierbas, hierbas y trapos que el
viento empujaba”.
Hasta
cierto punto, “La Viejecita de las Galletas” podría estar inspirada en la
historia de Hansel y Gretel. Dick señala que Bernard tiene sobrepeso, probablemente
debido a las galletas que come a diario en casa de la señora Drew. En parte por
eso, la historia tiene ese subtexto de terror cotidiano. Casi todas las
relaciones descritas en la historia entrarían en la categoría de tóxicas. Los
padres de Bernard no parecen confiar demasiado en él y le dan órdenes tajantes.
Solo se interesan por su vida cuando las visitas de su hijo a la anciana vecina
empiezan a convertirse en objeto de burlas y chismorreos en el vecindario. Pero
es la principal relación del cuento la peor de todas. Las visitas de Bernard no
son producto del altruismo, la generosidad o la compasión, sino del puro
interés: utiliza a la señora Drew para satisfacer su gula (un vicio que suponemos
sus padres no toleran); por su parte, la anciana utiliza a Bernard, robándole,
literalmente, su juventud. Dick, por tanto, convierte la aparentemente
inofensiva historia de un chico que visita a una vecina anciana en una fábula
terrorífica que sirve de alegoría sobre la toxicidad, hipocresía y violencia
soterrada que predominan en las relaciones interpersonales de las comunidades
suburbanas.
La señora Drew no se arrepiente un ápice del daño que le causa a su joven invitado, ni siquiera cuando lo mata absorbiéndole toda la vida. Su único pensamiento es cómo disfrutar de su renovada juventud: “Rió con nerviosismo y se volvió un poco; tenía los ojos brillantes. Un cuerpo maravilloso, pictórico de vida. Tocó los pechos turgentes. La carne era firme. ¡Había tantas, tantas cosas que hacer! Miró a su alrededor con la respiración alterada. ¡Tantas cosas! Abrió el grifo de la bañera y empezó a sujetarse el pelo”.
Resulta
incómodo pensar en la frecuencia con la que nos negamos a considerar el daño
que nuestros actos causan en los demás. Los consumidores del mundo desarrollado
cerramos los ojos ante las condiciones en las que trabajan quienes fabrican los
bienes de los que disfrutamos en ciertos países de Asia, por ejemplo. De alguna
forma, para obtener placeres efímeros, les robamos la juventud a los niños que
trabajan en talleres cuyos responsables los tratan como esclavos. No creo que
Dick, en 1953, tuviera esto en mente cuando imaginó el cuento, pero lo que está
claro es que éste retrata las interacciones humanas como fundamentalmente
parasitarias. Relaciones, por cierto, en las que es difícil pasar por alto el
papel que juega la edad. Esto no es algo nuevo por supuesto. Ya los Hermanos
Grimm en “Hansel y Gretel” (1812), presentaban la misma dinámica de viejos que
consumen la vida de los jóvenes. Pero en el mundo capitalista actual y gracias
a los avances sanitarios que han ido prolongando la esperanza de vida, el poder
político y económico de las generaciones mayores está más arraigado que nunca.
“Los cuarenta son los nuevos veinte” es una frase que puede sonar vigorizante
para alguien de mediana edad, pero es una idea horrible para los veinteañeros
que buscan salida laboral en una economía saturada de trabajadores que cada vez
se jubilan más tarde.
Si bien
los cuentos de Dick se leen con menos frecuencia de lo que se cree y hay muchos
menos análisis de los mismos de los que debería, “La Segunda Variedad”
(publicado inicialmente en “Space Science Fiction” en mayo de 1953) es, sin
duda, uno de los más conocidos del autor gracias a haber sido citado muy a
menudo e incluido en diversas antologías. De hecho, es difícil no leer este
relato hoy y pensar inmediatamente en “Terminator”, por mucho que James Cameron
nunca haya reconocido su influencia.
Desde
la protección de su búnker, dos soldados supervivientes de la ONU divisan a
otro ruso subiendo por una colina de las proximidades. Antes de que puedan
entablar combate, es abatido y despedazado por las Garras, unos pequeños drones
terrestres automatizados diseñados por el bando de la ONU. Al inspeccionar los
restos, descubren que llevaba un mensaje en un contenedor de aluminio en el que
se les invitaba a una reunión con los rusos, presumiblemente para pactar la
paz. Inseguros respecto a la veracidad del mensaje, es el mayor Hendricks,
harto del confinamiento, quien decide arriesgarse.
En un paisaje completamente devastado en el que no quedan más que cenizas y ruinas, la protección de Hendricks contra las Garras es una pulsera que lo identifica ante estas como soldado de la ONU. Son unos artefactos temibles sobre los que ya no ejercen control alguno (su fabricación, incluso, se realiza de forma automatizada en instalaciones subterráneas) pero, al menos, piensa el oficial, les están ayudando a ganar la guerra que comenzó la Unión Soviética con un bombardeo nuclear masivo. El gobierno norteamericano respondió y el liderazgo y capacidad productiva del bando capitalista se trasladó a la Luna cuando los rusos invadieron su territorio. Tras los dos primeros años de guerra, la única población humana que quedaba en la Tierra eran grupos aislados de supervivientes y soldados. Fue cuando los soviéticos estaban a punto de ganar cuando la ONU inventó las Garras. Hendricks confía en que los rusos, incapaces de eliminar esos letales drones, hayan decidido rendirse.
En su
camino hacia la posición soviética más cercana, Hendricks se encuentra con un niño
que dice llamarse David y que sostiene un oso de peluche. Éste explica que vive
entre las ruinas y sale de vez en cuando a buscar alimento. El militar no puede
entender cómo ha conseguido sobrevivir en ese entorno, pero, ante su
insistencia y aunque cree que puede estorbarle en su misión, accede a que lo
acompañe.
No
mucho después, ve a dos soldados rusos y una mujer que disparan no a él, sino a
David. Ante su estupefacción, le demuestran que el niño no es sino un robot del
mismo tipo que el que atacó su búnker matando a todos los soldados excepto a ellos.
Uno de los supervivientes es un recluta polaco llamado Rudi Maxer; el otro, un austriaco
llamado Klaus Epstein; y la mujer, Tasso, es una prostituta a la que los
anteriores estaban visitando cuando se produjo el ataque a su base. Rudi
explica que, desde hace una semana, saben que las Garras han estado creando sus
propias versiones mejoradas con formas que despiertan compasión en los humanos,
como el niño hambriento (tercera variedad) o un soldado herido (primera
variedad) para que les faciliten la entrada a los búnkeres. Estas versiones
mejoradas y antropomórficas también han dejado de diferenciar entre las fuerzas
de la ONU y las soviéticas.
Con la mayoría de los búnkeres soviéticos comprometidos, su única esperanza es informar a las fuerzas de la ONU. Hendricks les dice que la Base Lunar (de cuya existencia el ejército soviético sólo tenía rumores) debería seguir siendo un lugar seguro. Pero, al mismo tiempo, también es vulnerable: basta dejar entrar a una de estas máquinas para que permita que otras muchas la sigan. Esa noche, Hendricks se entera de que Tasso es rusa y que llegó al frente a los dieciséis años para ganarse la vida como prostituta. Entonces, ven a Klaus descerrajándole un tiro a Rudi porque cree que su camarada es en realidad la segunda variedad, cuyo aspecto desconocen hasta ese momento. Los restos dejan claro que estaba equivocado.
Los
ahora tres supervivientes se encaminan a la base de la ONU. Tasso señala que parece
no existir comunicación entre las diferentes variedades, probablemente porque
fueron fabricadas en instalaciones distintas. Al acercarse al búnker, Hendricks
intenta comunicarse con sus hombres, ordenándoles que salgan para así
asegurarse de que todos están bien y ninguna variedad ha acabado con ellos. De
la peor forma posible, descubren que han llegado demasiado tarde y son atacados
por un gran número de androides. Tasso utiliza uno de sus explosivos para
destruir a muchos de ellos y escapar, disparando también a Klaus, quien resulta
ser uno de ellos, presumiblemente de la desconocida segunda variedad.
Tras la
batalla, Tasso y Hendricks concluyen que su única esperanza es escapar a la
Base Lunar. Hendricks conoce el paradero de una nave oculta por la zona
diseñada para viajar al satélite en caso de emergencia. Pero resulta que el
vehículo sólo tiene espacio para un tripulante. Dado que Hendricks está herido,
Tasso le obliga a quedarse atrás y le asegura que regresará con ayuda. Hendricks
le proporciona información sobre la ubicación de la base y ella despega. Hendricks
comienza entonces su espera, ya sea ayuda de la colonia lunar o la muerte por
las Garras. Es ahora cuando examina más de cerca el cuerpo de Klaus y descubre
una inscripción que lo denota como cuarta variedad. La apariencia de la segunda
variedad se confirma cuando es atacado por dos modelos "Tasso". La
Humanidad está condenada y el único consuelo de Hendricks es la certeza de que,
cuando sus congéneres sean exterminados, los androides comenzarán a luchar
entre sí.
Dick
dijo sobre este cuento: “Mi tema
principal —¿quién es humano y quién solo se hace pasar por humano?— aflora aquí
con mayor plenitud. A menos que podamos estar seguros, individual y
colectivamente, de la respuesta a esta pregunta, nos enfrentamos a lo que, en
mi opinión, es el problema más grave posible”. No es la mejor ni la más
sofisticada de sus ficciones sobre este tema, pero sí una de las más
memorables, quizá por su brutal honestidad respecto a la “lógica” de la guerra.
No hay ni un ápice de romanticismo en la guerra que Dick nos describe, pero sí
mucha lógica burocrática e indiferencia hacia la vida humana por parte de las
instituciones que no sólo iniciaron el apocalipsis, sino que, por si no
hubieran tenido suficiente, diseñaron luego las Garras para acabar con los
supervivientes… de la Tierra, claro, porque las élites se trasladaron a la
seguridad de la Luna.
Precisamente,
el lector podría encontrar cierto alivio ante esa conclusión que presagia el
fin de la especie humana, en el pensamiento de que la única Humanidad real que
queda está en la superficie de la Tierra, no en el satélite. Y es precisamente
esa muy humana compasión que aún conservan los soldados abandonados y
maltratados que aún sobreviven en los inmensos campos de batalla la que las
máquinas han aprendido a explotar adoptando las formas de un soldado herido,
una mujer atractiva o un niño hambriento.
“La
Segunda Variedad” subraya el horror y la miseria absolutos de la vida militar
en una era de guerra total. Otras historias tempranas de Dick, incluso las que tienen
un tono trágico, reservan espacio para breves momentos de alegría e incluso
humor. No es el caso de “La Segunda Variedad”, lo que lo convierte en uno de sus
relatos bélicos más honestos. Hendricks recuerda: “La tropa que quedaba permanecía allí sobreviviendo a duras penas, y muy
esparcida. Nadie sabía exactamente dónde se encontraba; se asentaban donde
podían, vagando durante la noche, ocultándose en ruinas, en alcantarillas, en
sótanos, con ratas y serpientes”. Para Dick, ésa era la lógica final de la
guerra.
La identidad juega un papel sutil pero impactante en esta historia. Hendricks lucha en el bando de la ONU, pero se identifica como estadounidense. Los dos soldados rusos que conoce son, en realidad, reclutas de Polonia y Austria (bueno, Klaus resulta ser un androide de la cuarta variedad). Aunque el mundo está dividido en dos bandos enzarzados en una guerra interminable, persiste una gran diversidad de identidades locales. Este era un importante recordatorio en la era de las guerras mundiales, cuando numerosas naciones y territorios coloniales se vieron arrastrados a un conflicto que se extendió por todo el planeta. Los desacuerdos y odios que separan a los gobernantes no tienen por qué replicarse al nivel de los soldados individuales que combaten en uno u otro bando, entre otras cosas porque muchos de ellos son simples reclutas no particularmente comprometidos con la causa de sus gobiernos.
Más que
anular la contribución de Asimov al subgénero de robots, esto es, las Tres
Leyes de la Robótica, “La Segunda Variedad” sugiere otro conjunto diferente de
leyes. Las historias de robots de Asimov se apoyaban en la existencia de una programación
invariable, ignorando lo que para Dick era la lógica tendencia hacia la automatización.
Así, una de las primeras leyes de los robots de Dick enunciaría que, si se crea
un robot con la misión de matar, eso es lo que hará siempre, incluso cuando
evolucione y se desarrolle más allá de sus capacidades iniciales. El propósito
del diseño de un robot determina su aplicación.
La
segunda ley está estrechamente relacionada con la anterior: “Los sistemas
robóticos tenderán hacia una mayor automatización”. Esto no significa que puedan
desarrollar una completa autonomía respecto a su programación inicial (la Ley
Uno siempre permanece activa), pero sí que la aplicación de esa programación
puede cambiar de forma inesperada. En este caso, la consecuencia invisible de
la programación original fue su capacidad adaptativa de rediseño y
actualización, desarrollada como solución al problema de la escasez de mano de
obra humana: “Descubrimos que vuestras
garras empezaban a hacer nuevos diseños por su cuenta. Nuevos tipos. Mejores.
En vuestras fábricas subterráneas detrás de
nuestras líneas. Los dejasteis que se fabricaran y se repararan por su cuenta.
Los hicisteis cada vez más perfeccionados”.
Aunque “El Mundo de Jon” fue publicado originalmente en 1954 en la antología “Time to Come”, creo que es apropiado comentarlo en este punto dado que comparte universo y continuidad con el relato anterior.
Kastner
y Caleb Ryan revisan la máquina del tiempo recién terminada en la que ambos van
a viajar al pasado. El segundo es el cerebro del proyecto y el primero actuará
en representación de la USIC (United Synthetic Industries Combine), la empresa
que lo financió. Falta poco para su marcha cuando Ryan tiene que volver
urgentemente a su casa debido a otro de los ataques periódicos que sufre su
hijo Jon. En el trayecto, contempla el paisaje devastado por la antigua guerra
de la que el planeta aún no se ha recuperado. Las ciudades se reconstruyeron
con materiales traídos de la Base Lunar, pero la mayor parte de la superficie
del planeta sigue siendo un erial inhabitable. Durante
la guerra, los humanos supervivientes resistieron en la Luna mientras las Garras
(vistas en “La Segunda Variedad”) luchaban entre sí por el dominio del planeta
hasta extinguirse ellas mismas y dejar vía libre al regreso de los humanos que
las habían creado.
Al
llegar a Ciudad Cuatro, Ryan se entrevista con su hijo, quien le vuelve a decir
que sus ataques son visiones más reales que el mundo que les rodea. La devastación
que creen ver no es real, dice. En su visión, la Tierra es un paraíso pastoral
con animales, prados y bosques. La gente vive en una sociedad agrícola, sin
fábricas, negocios ni comercio. Ante su inminente e incierto viaje en el
tiempo, Ryan somete a su hijo a una lobotomía que pone fin a esas visiones.
El objetivo primordial del viaje es conseguir los documentos del científico Schonerman, quien desarrolló el cerebro artificial que acabó siendo utilizado en las Garras, aunque esa tecnología se perdió cuando esos artefactos se autoexterminaron poniendo punto final a la guerra. Ryan reitera su preocupación respecto a que recuperar esa tecnología pueda derivar, otra vez, en la fabricación de autómatas asesinos, pero Kastner insiste en que la tecnología es moralmente neutra y que lo único que importa es cómo se la aplica.
Durante
el viaje, se detienen en un año en el que todavía estaba en curso la guerra
contra las Garras y observan una unidad tipo "Soldado Herido",
utilizadas para infiltrarse en búnkeres humanos. Ryan explica cómo la Base Lunar
sobrevivió a las Garras gracias a que se identificaron las cuatro variedades
existentes y pudieron tomarse las precauciones oportunas. Hacen otra parada y
por poco evitan ser atacados por un ejército (soviético o de la ONU).
Concluidas las etapas y llegado a su destino, Ryan y Kastner abandonan la nave.
Se encuentran a pocos kilómetros del pueblo donde trabaja Schonerman. Revisando
un periódico, confirman que se han adelantado unos meses a la publicación del
revolucionario trabajo del todavía joven sabio, por lo que éste no goza de protección
extra en el laboratorio militar en el qu investiga junto a otros científicos.
Tiempo después, él mismo se molestaría mucho por la forma en que su trabajo se
utilizó para la guerra. En cualquier caso, Kastner y Ryan no quieren dañar a Schonerman
sino sólo coger sus documentos.
Pero durante el intento de robo, estalla una refriega en la que Schonerman es alcanzado por un disparo. Los dos viajeros temporales logran escapar en su nave con los documentos, pero Ryan comienza a preocuparse de que hayan alterado involuntariamente el continuo temporal. Su objetivo era obtener la tecnología necesaria para crear cerebros artificiales y así ayudar a recuperar la Tierra para los humanos, pero es posible que ahora hayan alterado la Historia por completo. Viajan una semana hacia adelante y comprueban las noticias en una revista. Éstas hablan sobre la guerra y su asalto a la base. Se revela que Schonerman murió en la explosión. Sin embargo, Kastner aún confía en que todo irá bien porque el Tiempo se autocorregirá haciendo que algún otro desarrolle la tecnología del cerebro artificial.
A continuación, viajan en la nave temporal hasta 2051, el primer año en que aparecieron las Garras. Pero resulta que en el continuo modificado no existen aquéllas. La guerra terminó abruptamente debido a una contrarrevolución en Rusia. Ryan se da cuenta de que la muerte de Schonerman, sumada a la pérdida de sus documentos, hizo imposible que nadie más continuara su investigación.
Avanzando en el tiempo, descubren que los humanos centraron luego sus energías en el desarrollo en lugar de en la guerra. Ryan teme que él y su familia ya no existan… y con razón, porque de regreso a su época de partida, encuentran un mundo que se corresponde exactamente con las visiones que Jon tuvo antes de la lobotomía. A medida que la fabricación de la nave temporal se acercaba a su conclusión, las visiones del muchacho iban volviéndose más nítidas y concretas. Kastner destruye las notas de Schonerman antes de que Ryan pueda recuperarlas, viajar hacia atrás en el Tiempo, devolvérselas al científico y restaurar así la Historia que ellos conocen. Al final, ambos aceptan vivir en esa línea temporal alternativa donde la guerra se paró a tiempo y la gente vive en paz.
En "El mundo de Jon", Dick despliega la especulación metafísica por la que es principalmente conocido. La trama se centra en un niño, considerado por la sociedad como un enfermo mental, que puede ver el “mundo real” –en este caso, el que iba a prevalecer tras el uso del dispositivo para viajar en el Tiempo. No se explica por qué Jon experimentaba esas visiones, pero el éxito de la lobotomía sugiere que la causa era fisiológica.
Ahora bien, la especulación metafísica deja poco espacio al análisis. O estamos en el universo A o estamos en el universo B. Epistemológicamente, somos conscientes o no lo somos del universo en el que vivimos. En cualquier caso, no estoy seguro de cómo esto afecta a nuestras vidas. Por ejemplo, que vivamos en una simulación o no, no modifica mi necesidad de conseguir trabajo, ganar suficiente dinero para cubrir mis necesidades o tener un techo sobre mi cabeza. Sospecho que, incluso si fuera consciente de estar en una simulación, mis necesidades materiales dentro de ella no cambiarían.
Dicho esto, “El Mundo de Jon” transcurre algunos años o décadas después de lo narrado en “La Segunda Variedad”. Dick cerró aquel cuento convenciéndonos de que las Garras habían encontrado la manera de entrar en la Base Lunar y que matarían a todos los supervivientes. Pero aquí se retracta de esa brutal conclusión y mantiene con vida a los varios millones de exiliados humanos en la Luna tras haber ganado la guerra contra las Garras (de forma pasiva, puesto que les bastó con esperar a que se liquidaran entre sí). Este giro en sí mismo no debilita el poder de “La Segunda Variedad” porque “El Mundo de Jon” no solo deshace ese final pesimista, sino que apuesta por un reinicio total. Al final de la historia, las Garras ni siquiera existían, los soviéticos perdieron la guerra tras sufrir un golpe de Estado en su propio país, y el mundo se reconstruyó dando lugar a una sociedad filosófica y no tecnológica.
Las
visiones de Jon son sin duda preferibles a la casi exterminación de la vida
humana, la aniquilación de toda vida vegetal y animal y el posterior esfuerzo
desesperado de un puñado de supervivientes por recuperar la Tierra. Sin
embargo, el mundo que lo reemplaza tras la modificación efectuada en el pasado
es, esencialmente, una versión idealizada de la Edad Media: un sistema colectivista,
donde los bienes son comunes y el capitalismo no ha enturbiado la sociedad. Jon
lo ve así: “Hombres y mujeres. Con
túnicas. Caminan por los senderos, entre los árboles. El aire es fresco y
agradable. El cielo, de un azul radiante. Pájaros. Animales. Los animales
deambulan por los parques. Mariposas. Océanos. Océanos tranquilos de aguas
claras”. Pero su padre, Ryan, subraya la otra cara de la moneda. Para él,
el Medievo fue una época de superstición e ignorancia: “Mil años perdidos. Fantasmas, dioses, demonios y el secreto mundo
interior. El mundo de la realidad extrema. Todas las fábulas, ficciones y
metafísicas que el hombre había utilizado durante siglos para sublimar su
miedo, su terror al mundo. Todos los sueños que había puesto en pie para esconder
la verdad, el crudo mundo de la realidad. Mitos, religiones, cuentos de hadas.
Un mundo mejor, sin mácula. El paraíso”.
Claramente, Dick no prefiere el más allá a este mundo. Por eso hace realidad las visiones de Jon sirviéndose del tropo del viaje en el Tiempo. Nos sugiere incluso que las visiones de los místicos medievales fueron producto del mismo fenómeno que las de Jon: “Esto abre ante nosotros nuevas posibilidades especulativas. Las visiones místicas de los santos medievales. Tal vez eran de otros futuros, otros flujos temporales. Las visiones del infierno debieron pertenecer a flujos temporales peores. Las celestiales corresponderían a flujos mejores. El nuestro debe ocupar un lugar intermedio. Y la visión de un mundo eterno e invariable tal vez constituya una visión del no-tiempo. No se trata de otro mundo, sino de éste, visto desde fuera del tiempo”.
Por otro lado, Dick predice la estructura política prevalente en el Ciberpunk, al describir el proyecto de recuperación de la posguerra. Parece que existe un poder equivalente entre el capital (representado por la Unión de Industrias Sintéticas) y el Estado (la Liga). A cambio de financiar el proyecto de viaje en el tiempo, la USIC no solo obtiene la misma representación en el viaje experimental, sino también acceso a los contratos para desarrollar la tecnología del cerebro artificial.
Por último, cabe mencionar que esta historia se centra en un debate muy relevante sobre el uso de la tecnología. Kastner le dice a Ryan que no debe temer que la tecnología del cerebro artificial acabe en un nuevo desarrollo de las Garras: “La obra de Schonerman no estaba directamente relacionada con las garras. El desarrollo de un cerebro artificial no implica un uso mortífero. Cualquier descubrimiento científico puede ser utilizado para destruir. Hasta la rueda fue empleada en los carros de guerra asirios”. Con todo, mejor prevenir que curar y al final de la historia, el propio Kastner incinera con su arma los documentos de Schonerman para no introducir una tecnología potencialmente destructiva en un mundo idílico.
(Continúa en la siguiente entrada)
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