domingo, 7 de junio de 2026

2025- JURASSIC WORLD: EL RENACER – Gareth Edwards



Resulta curioso, aunque no edificante, observar cómo una franquicia cinematográfica sobrevive no solo a su premisa original, sino también a su mismo propósito. Es el caso de “Jurassic World: El Renacer”, la séptima entrega de la saga de dinosaurios más famosa de la pantalla. Intentando orquestar un "nuevo comienzo", acaba aferrándose desesperadamente a los restos fosilizados de sus glorias pasadas.

 

Parque Jurásico” (1993), de Steven Spielberg, adaptación de la novela homónima de Michael Crichton (1990), fue en su momento un éxito monumental, convirtiéndose en la película más taquillera de su año y generando un auténtico fenómeno social gracias a una inteligente y masiva campaña de marketing. A continuación, el director realizó una secuela mucho menos destacada con “El Mundo Perdido” (1997), cediendo luego su puesto a Joe Johnston para una continuación más, “Jurassic Park III” (2001). La saga permaneció en el limbo durante catorce años antes de ser resucitada con nuevos rostros en “Jurassic World” (2015), que se convirtió en otro bombazo financiero. Los dinosaurios habían vuelto a triunfar y Universal Studios no perdió la ocasión de reactivar la franquicia encadenando secuela tras secuela: “Jurassic World”: El Reino Caído”(2018), “Jurassic World: Dominion” (2022) y la que ahora nos ocupa, “Jurassic World: El Renacer”.

 

Han pasado varios años desde los eventos narrados en la película anterior, “Dominion”, y el cambio climático ha tornado gran parte de la Tierra inhabitable para los dinosaurios que años atrás se dispersaron por el mundo en “El Reino Caído”. Ahora, los supervivientes se concentran en las regiones ecuatoriales, las únicas donde pueden vivir, habiendo sido declaradas zonas restringidas.

 

La mercenaria Zora Bennett (Scarlett Johansson) es reclutada por el ejecutivo farmacéutico Martin Krebs (Rupert Friend), de ParkerGenix, para una misión en una de esas zonas: recuperar muestras biológicas de tres especies diferentes de grandes dinosaurios. Con ellas, podrán elaborar lucrativas curas para las enfermedades cardíacas. También se unen a la misión el paleontólogo Henry Loomis (Jonathan Bailey), deseoso de ver algo más que los huesos del museo en el que trabaja; y un antiguo camarada de Zora, el capitán de navío Duncan Kincaid (Mahershala Ali), que aporta a su vez un equipo especializado en rescates.

 

En ruta hacia el área elegida, se desvían para recoger a la familia Delgado (Reuben, sus dos hijas, Teresa e Isabella, y el novio de la primera, Xavier), que estaba de vacaciones en un barco cuando éste fue atacado por un mosasaurio. Un grupo de esas criaturas dañan la embarcación de Duncan, obligándolos a embarrancar en Isla Saint-Hubert, donde se localiza un laboratorio abandonado en el que se hicieron experimentos genéticos con dinosaurios. Los dos grupos por separado, la familia Delgado y el equipo de mercenarios, intentan sobrevivir en la inhóspita naturaleza, obtener las muestras y llegar al helipuerto a tiempo para que el helicóptero de rescate los evacúe, todo ello mientras se enfrentan a la amenaza de dinosaurios mutantes que escaparon del laboratorio o fueron dejados en libertad por los científicos.

 

El director contratado para esta iteración jurásica fue el británico Gareth Edwards, un autodidacta de los efectos visuales que debutó con la película “Monsters” (2010), una cinta que causó tan buena impresión que le mereció la oferta de dirigir la nueva versión norteamericana de “Godzilla” (2014), seguida de la precuela de Star Wars “Rogue One” (2016) y, más recientemente y sin salir de la CF, “The Creator” (2023). Muchísimo más currículo tiene el guionista, David Koepp, entre cuyos créditos encontramos, por ejemplo, “Parque Jurásico”, “Atrapado por su Pasado” (1993), “The Shadow” (1994), “Misión Imposible” (1996), “El Mundo Perdido”, “Snake Eyes” (1998), “El Último Escalón” (1999), “La Habitación del Pánico” (2002), “Spiderman” (2002), “La Guerra de los Mundos” (2005), “Indiana Jones y el Reino de la Calavera de Cristal” (2008), “Ángeles y Demonios” (2009), “Jack Ryan: Operación Sombra” (2014), “Inferno” (2016), “La Momia” (2017) o “Indiana Jones y el Dial del Destino” (2023).

 

A pesar de contar con esos dos nombres de peso como principales responsables de esta nueva entrega de la saga, tengo que decir que no albergaba grandes expectativas respecto a “El Renacer”. Las películas de Jurassic World han repetido la fórmula básica de la saga con una previsibilidad tan formulista que era imposible albergar la esperanza de ver otra cosa que gente corriendo por una isla para evitar ser devorados por dinosaurios hambrientos y/o cabreados.

 

Dicho esto, si bien “El Renacer” no se aleja demasiado de la fórmula básica de las secuelas y resulta en todo momento predecible, al menos resulta ser una propuesta más entretenida de lo que esperaba. Para empezar, el planteamiento inicial le da un giro a la historia. Las películas de Jurassic World habían oscilado entre ambientaciones en nuevos parques temáticos, diferentes islas y otros tantos multimillonarios con sus zoos/laboratorios privados, añadiendo en cierto momento la cuestión de si los dinosaurios podrían o deberían integrarse en el mundo moderno. Cada nueva secuela parecía descartar cualquier novedad introducida en la entrega anterior. La zona ecuatorial como único hábitat posible es una idea interesante, aunque no esté muy bien explicada: ¿es un área legalmente protegida o simplemente un lugar peligroso al que se desaconseja viajar? Lo que cabría esperar en la realidad sería que muchas empresas de dudosa ética o legalidad ofrecieran expediciones para cazar dinosaurios o visitas turísticas clandestinas.

 

Ahora bien, más allá de ese nuevo contexto global, todo está cocinado con la misma receta que en todas y cada una de las entregas anteriores: el entorno cerrado en el que un grupo de incautos/desafortunados van siendo diezmados por lagartos de enormes fauces; la estructura de videojuego (tres fases, en cada una de las cuales el equipo debe rastrear otros tantos dinosaurios diferentes, terrestre, marino y aéreo); el ejecutivo de una traicionera corporación, sin escrúpulos y despiadado, dispuesto a todo con tal de llevarse su botín; la cínica y quemada mercenaria a la que parece que solo le importa el dinero pero que finalmente encuentra su conciencia perdida y hace lo correcto; los niños y adolescentes que no hacen más que causar problemas; un equipo de especialistas que parecen tener pintada una diana en la espalda; el científico torpón… De hecho, con una aventura que incluye mercenarios y dos niños, “El Renacer” se asemeja sobre todo a una versión “mejorada” de “El Mundo Perdido” que, como he mencionado, fue escrita por el mismo Koepp.

 

Hay, también, problemas de estructura. Tanto la familia Delgado como los mercenarios terminan naufragando en la isla, pero, como he apuntado, lo hacen por separado y cada grupo tendrá que afrontar sus propias pruebas de supervivencia. El problema es que las dos historias se desconectan rápidamente, casi como si se tratara de dos películas distintas. Los mercenarios siguen con su misión de conseguir sangre de dinosaurio, mientras que la familia simplemente intenta sobrevivir mientras llega a las instalaciones científicas abandonadas. Cada grupo menciona al otro sólo de forma tangencial y sus respectivas historias únicamente sirven para ir encadenando la siguiente escena de acción.

 

Y claro, como en el resto de entregas de la nueva etapa de la saga, esta tenía que sacarse de la chistera una nueva aberración zoológica: el Distortus rex, una especie de tiranosaurio mutado, con una cabeza bulbosa, extremidades adicionales y un inconfundible aire de criatura trágicamente maltratada por una malvada corporación. Es menos un superdepredador que un xenomorfo disfrazado de dinosaurio, y si bien su diseño es impactante, también es un ejemplo perfecto de la inclinación de la franquicia por complicar en exceso a los monstruos hasta el punto de rozar lo absurdo.

 

El guion trata de añadir, sin demasiado éxito, algo de sustrato dramático a los personajes, ya sea en la reprobación inicial que Reuben Delgado (Manuel Garcia-Rulfo) exhibe hacia el holgazán novio de su hija, o los traumas que arrastran Zora y Duncan producto de sus peculiares trabajos. Al principio de la película, hay algunas escenas donde los personajes hablan de sí mismos y los problemas que les atormentan. Desafortunadamente, eso es todo lo que hacen: hablar sobre ello y de una forma que se siente forzada y fuera de lugar, como si fueran reshoots ordenados por algún ejecutivo del estudio al comprobar en una proyección de prueba que todos esos personajes carecían de trasfondo alguno.  

 

Scarlett Johansson interpreta a la mercenaria más amable, bondadosa, serena y con principios éticos más sólidos que puedas imaginar. Es como si el deseo de la actriz de interpretar un personaje esencialmente humanitario termina por distorsionarlo y transmitir un mensaje confuso: Zora no parece ser alguien que, tras aceptar sin remilgos una cantidad fabulosa de dinero por liderar una misión ilegal a sueldo de una compañía claramente turbia, de repente exhiba imperativos morales tan fuertes.

 

Por otra parte, Mahershala Ali tiene en todo momento una expresión y unas reacciones que en absoluto casan con quien, también, es supuestamente un mercenario endurecido en mil batallas. El untuoso ejecutivo farmacéutico interpretado por Rupert Friend es un villano tan de manual que, desde su primera escena, ya puedes visualizarlo devorado por el dinosaurio más horrendo del catálogo de la película. El resto de los personajes son igualmente sosos y desdibujados. Gran parte de los diálogos son puro cliché de la franquicia, como esas frases pronunciadas con solemnidad: "No son monstruos, solo son animales" antes de proceder a acribillarlos a tiros. Y aunque la película intenta introducir cierta ambigüedad moral (el dilema sobre la distribución abierta y gratuita de la cura extraída del ADN), no puede evitarse en todo momento la molesta sensación de estar pisando terreno muy trillado.

 

Si los personajes son estereotipados, anodinos o mal construidos, al menos participan en una historia de supervivencia que, aunque poco original, sí es sorprendentemente razonable. Como ya había demostrado en “Monstruos” y “The Creator”, lo que realmente le interesa a Gareth Edwards y para lo que tiene auténtico talento es construir mundos imaginarios que parecen rebosar de vida incluso fuera de plano. Todas las demás películas de la saga jurásica están llenas de dinosaurios de lo más variado que no parecen desempeñar más papel que el de preámbulos o excusas para escenas de acción. En “El Renacer” se tiene la sensación de haber sido arrojado a un mundo inmersivo poblado de enormes leviatanes. Una de las mejores escenas es aquella en la que Teresa Delgado (Luna Blaise) camina sigilosamente junto a un T-Rex dormido: ofrece una imagen tan espectacular como, a su manera, cotidiana y esperable en un lugar así. En otra escena, el grupo atraviesa un campo donde pastan una manada de titanosaurios con sus colas increíblemente largas y ondulantes. Asombrados, contemplan a una pareja de ellos en pleno ritual de cortejo, un momento que evoca la sensación de maravilla que Spielberg transmitió al público cuando sus personajes se encontraron con los dinosaurios por primera vez.

 

El entretenimiento que pueda brindar la película no proviene, por tanto, de la originalidad de su trama ni del carisma de sus personajes, sino de escenas como las antedichas u otras más artificiosas, como aquélla en la que Zora trata de dispararle al mosasaurio colgando boca abajo de la proa del barco, todo antes de que se estrelle contra las rocas y llegue a la costa; la de los pterodáctilos invadiendo la gasolinera del laboratorio; el descenso en rápel para invadir el nido del quetzalcoatlus; o el clímax en torno al helipuerto y la pequeña balsa perseguida por el torpe Distortus Rex.

 

Pero la nostalgia tiene sus límites, y “El Renacer” lucha desesperadamente por conciliar su deseo de revivir la magia de 1993 con la necesidad de superar las apuestas cada vez más absurdas de la franquicia. Por cada momento de auténtico suspense, hay dos escenas que parecen haber sido ensambladas por una IA a la que se le alimentó con toda la serie y se le ordenó generar un montaje con los mejores momentos.

 

Algunos críticos calificaron a “El Renacer” como la mejor entrega de la saga desde “Parque Jurásico”, aunque sospecho que, más que un elogio a la película es un agravio a sus antecesoras. En sus mejores momentos, ofrece una superproducción bien hecha con destellos ocasionales de la magia con la que antaño arrancó la franquicia; una atracción de parque temático bien engrasada, divertida, rápida, ruidosa y de final predecible. En sus peores momentos, es otro recordatorio de que quizás estas criaturas deberían haber permanecido extintas en el cine durante algunos años más, al menos hasta que alguien diera con una forma de revivirlos sin recurrir a clichés ya demasiado sobados.

 

Una propuesta, en fin, que toma prestados todos sus elementos de la película original y sus secuelas y los inserta en una historia sencilla que va al grano. Sin embargo, carece de la rica caracterización y las emociones que en su momento hicieron de “Parque Jurásico” algo especial. Puede disfrutarse en el momento –unos inmensos dinosaurios mutantes provocando una carnicería siempre tendrán su encanto-, pero se olvida antes siquiera de que se enciendan las luces de la sala.

 


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