Entre abril de 1950 y febrero de 1955, Entertaining Comics revolucionó la historia del medio porque, en lugar de ingenuos superhéroes o inofensivos animalitos, ofreció a sus lectores preadolescentes títulos rebosantes de terror (“Tales From the Crypt”, “Vault of Horror”, “Haunt of Fear”), crimen (“Crime SuspenStories”, “Shock SuspenStories”), ciencia ficción (“Weird Science”, “Weird Fantasy”), guerra (“Frontline Combat”, “Two-Fisted Tales”) y humor satírico (“Mad”, “Panic”); y ello a través de un dibujo impactante, una prosa estremecedora y un nivel de violencia, erotismo y cinismo como no se había visto en el comic hasta el momento.
Pero empecemos por el principio.
Maxwell Charles Gaines fue, a la vez, un hombre
práctico y un vision
ario. A finales de la década de 1930, se asoció con los
dueños de Detective Comics Inc. (más tarde conocida como DC Comics) y comenzó a
publicar una serie de títulos de superhéroes: "All-American Comics"
(con Linterna Verde), "Flash Comics" (Flash), "Sensation
Comics" (Wonder Woman), "All-Star Comics" (La Sociedad de la
Justicia de América) y "Comic Cavalcade" (una antología más extensa
de sus superhéroes, de 15 centavos).
Pero estos eran cómics convencionales para la época y,
en esencia, copias con el mismo formato de otros títulos, estos
punteros, de
DC: "Action Comics" (Superman), "Detective Comics" (Batman)
y "World's Finest" (una antología con los superheroes anteriores).
Aunque tuvieron éxito, ninguno (quizás con la excepción de la cabecera de Wonder
Woman) alcanzó el éxito de los comics de Superman y Batman. Todos se publicaban
bajo el sello DC y los niños que los compraban probablemente notaban poca
diferencia entre ellos. Estas colecciones estaban claramente dirigidas a un
lector infantil, de unos ocho años de edad.
Aunque eran enormemente populares y fueron leídos por
miles de soldados estadounidenses durante la Segunda Guerra Mundial y la Guerra
de Corea, durante la década de 1950 se mantuvo la idea errónea de que el lector
promedio de comic-books seguía siendo un niño. Desde sus inicios, los comic-books
fueron menospreciados por gran parte de la sociedad estadounidense (las tiras
de prensa gozaban de otra consideración). Costaban solo 10 centavos y a menudo
se tiraban después de leerlos. Se los consideraba una mera etapa
en el camino a
la “verdadera cultura” e incluso perjudiciales para el proceso educativo.
¿Quién si no un lector poco cultivado iba a exigir que los textos vinieran
acompañados de dibujos?
Gaines creía que el cómic podía ser mucho más que un simple entretenimiento pasajero y se propuso demostrarlo, primero con "Picture Stories from the Bible", un proyecto serio, con aspiraciones educativas más que de mero entretenimiento. A pesar de las buenas intenciones de Gaines, de sus editores, guionistas y el dibujante (Don Cameron), aquel comic resultó ser demasiado aburrido. Pero Gaines creía en ese enfoque y perseveró.
Así que Gaines se separó de DC en 1945, vendiéndoles
todos sus títulos excepto "Picture Stories from the Bible” y fundando a
continuación una nueva editorial para sus “Picture Stories”: Educational Comics
o "EC". Además de la mencionada cabecera, publicó "Picture
Stories from American History”, “Picture Stories from Science” y “Pictur
e
Stories from World History”. Eran comics claramente destinados a ser vendidos o
leídos en escuelas y utilizados como recurso para programas de estudio; una
iniciativa idealista, similar a la de “Classics Illustrated”, pensada para
demostrar que el humilde cómic podía alcanzar metas más elevadas que
simplemente ofrecer un rato de entretenimiento no demasiado sofisticado. Por
desgracia y al igual que “Classics Illustrated”, no tuvieron repercusión alguna
en el ámbito académico. Para los maestros y otras figuras de autoridad en la
esfera educativa y cultural, seguían siendo "solo cómics" y los
descartaban sin mayores contemplaciones. Aún peor, para los niños –al fin y al
cabo, su público objetivo y juez ultimo- eran aburridos y carentes de la emoción
que podían encontrar en cualquier cómic de superhéroes. En fin, que fracasaron
comercialmente.
Cuando Gaines dejó DC para fundar EC, se llevó consigo a uno de sus empleados para que desempeñara la función de gerente comercial: Sol Cohen. Su primer trabajo, siendo adolescente, había sido en DC, revisando los expositores de cómics de Manhattan para comprobar las ventas durante el lanzamiento de Superman en 1938. Luego había ascendido en el departamento de ventas y distribución (DC e Independent News, una distribuidora cada vez más importante, estaban accionarialmente interconectadas). Tenía ante sí una prometedora carrera en esa editorial, pero cuando Gaines le pidió que se uniera a su incipiente empresa, Cohen aceptó.
Su decisión resultó ser trascendental por una razón
que nadie había previ
sto: en 1947, M.C.
Gaines y un amigo, Sam Irwin, perdieron la vida en un accidente de barco en el
lago Placid, en Nueva York. El último acto de Gaines fue salvar la vida del
hijo de 8 años de su amigo, arrojándolo a un lugar seguro.
El hijo de Gaines, William M. Gaines, heredó la empresa. Pero lo cierto es que la relación con su padre era distante, no le interesaban los cómics y se encontraba estudiando en la Universidad de Nueva York con la intención de ser profesor de química. Aunque su padre le había venido pidiendo que tomara las riendas de EC, Bill se mostraba reacio y durante el primer año apenas se limitó a presentarse en la oficina de vez en cuando para firmar cheques.
Y es en ese momento cuando resulta ser esencial la
labor de Sol Cohen, recién nombrado gerente comercial de EC. La situación era
crítica. Los cómics de "Picture Stories" no se vendían, pero tampoco
los títulos infantiles de la editorial. Cohen tenía que hacer algo para salvar
su propio puesto de trabajo y su primera medida fue cambiar "Educational
Comic
s” por “Entertainment Comics”. "Educativo" era una palabra que
ningún niño que comprara cómics deseaba ver en la portada. Su segunda decision
fue cancelar los títulos de "Picture Stories” y sustituir las colecciones
infantiles por otras de crimen, romance y western (debido a las regulaciones
postales sobre los privilegios de envío de segunda clase -cruciales para la
distribució
n- era económicamente más conveniente cambiar los títulos
manteniendo la numeración anterior, que eliminarlos todos y comenzar una nueva
línea desde cero).
El año 1947, por tanto, supuso un punto de inflexión decisivo, aunque la mayoría de los cambios impulsados por Cohen se materializaron en 1948. A finales del verano de 1947, se lanzó "Moon Girl and the Prince". Inicialmente una copia de Wonder Woman, pasó por dos cambios de título antes de convertirse en "A Moon, a Girl... Romance". Y a principios de 1948, EC lanzó “War Against Crime”!". Para entonces, Bill Gaines era ya el editor y, por fin, había empezado a interesarse seriamente por los comics. Sol Cohen se marchó a Avon Books y su jefe asumió la dirección completa de la compañía. Lo primero que hizo fue incorporar a los artistas y editores/escritores que se harían cargo de los nuevos comics y que, aún no lo sabían, serían inmortalizados gracias a ellos.
Al
Feldstein fue contratado como dibujante de novelas
románticas, aunque su primer trabajo para EC fue para el título wéstern
"Saddle Justice" en 1948. Es posible que Johnny Craig precediera a
Feldstein con el primer número de "Gunfighter", en el que también
participó Graham Ingels. Harry Harrison y Wallace Wood (como colaboradores)
hicieron su debut en EC en dos títulos wéstern publicados a finales de 1949:
"Gunfighter" y "Saddle Romances" (donde Harrison, en
solitario, ya había aparecido en un número anterior).
La evolución de EC entre 1947 y 1950 está llena de pistas de lo que pronto serían las colecciones de la futura "New Trend” o “Nueva Tendencia". Sin embargo, los fans de estos últimos títulos quizás no encuentren mucho que les guste en los primeros cómics de EC. La calidad era irregular y aún no había un enfoque ni estilo definidos.
Pero 1950 fue el año en que todo cuajó. Esa primavera
se produjo la transformación de "War Against Crime!" en “The Vault of
Horror”; “Crime Patrol” se convirtió e
n “The Crypt of Terror” (más tarde
rebautizada “Tales From the Crypt”); y “Gunfighter” en “The Haunt of Fear”. Se
habían establecido el legendario trio de colecciones de terror de EC. El mismo
mes en que debutó “The Haunt of Fear”, también lo hicieron dos cabeceras de
ciencia ficción: “Weird Science” (con el nº 12, anteriormente “Saddle Romances”)
y “Weird Fantasy” (con el nº 13, anteriormente “A Moon, A Girl... Romance”).
En otoño de 1950, apareció “Two-Fisted Tales”, asumiendo la numeración de “The Haunt of Fear”, por lo que su primer número fue designado como el nº 18. Esto se hizo para cumplir —o eludir— las regulaciones postales antedichas. “The Haunt of Fear” continuó publicándose, pero renumerada como nº 4, lo cual confundió a los lectores pero alegró a la oficina de correos. “Crime SuspenStories” se estrenó casi al mismo tiempo (empezando con el nº 1) y estableciendo así la base de títulos de la Nueva Tendencia de EC.
“Two-Fisted Tales” fue el primer título de Harvey
Kurtzman, el cual aportó un realismo, ironía y crudeza inauditos en los comics
bélicos. Con la misma temática y enfoque, apareció medio año después “Frontline
Combat”. “Crime SuspenStories” era la colección de Johnny Craig, al igual que,
en menor medida, “Vault of Horror”; Al Feldstein ejercía de editor de todos los
títulos. Para 1951, la línea clásica de EC estaba casi completa, faltando solo
«Shock SuspenStories» (1952) y «Mad» (1952). Acababa de empezar la época dorada
de la editorial.
En la década de 1950, los comics se producían en
cadena. Un editor (que a veces también era dibujante), escribía la historia y
podía esbozar las viñetas o dejar esta tarea al dibujante, quien las realizaba
a lápiz y rotulaba. Éste podía entintar sus propias viñetas o pasárselas a un
entintador. (En EC, la mayoría de los dibujantes lo hacían to
do ellos mismos).
Luego, un colorista daba los toques finales. Todos los artistas que trabajaron
para EC eran hombres (la colorista, Marie Severin, era hermana de uno de ellos,
John). Generalmente, cada número incluía cuatro historias independientes de
entre seis y ocho páginas. Ningún dibujante contribuía con más de una historia
por número. Los mismos cuatro artistas solían colaborar en cada número de la
misma serie. Algunos trabajaban en todos los géneros mientras que otros, como
Graham Ingels o Al Williamson, se especializaban (en terror y CF
respectivamente).
EC trataba a sus dibujantes con un respeto
excepcional. Dado que sus comics no enganchaban a los lectores gracias a los
personajes, Gaines convirtió a sus artistas en las auténticas estrellas. En
lugar de mantenerlos en el anonimato, como hacían la mayoría de las editoriales,
les permitió firmar sus historias. Sus caricaturas aparecían con frecuencia en
los anuncios de la casa y much
os fueron reseñados en las contraportadas
interiores. Algunos hicieron apariciones sorpresa dentro de las propias
historias. Uno de ellos, Bill Elder, incluso tuvo un número de “Mad” dedicado a
su biografía ficticia. Los editores de EC escribían y asignaban historias a los
artistas teniendo en cuenta las fortalezas e intereses de cada uno de ellos. Y
Gaines –de nuevo, una excepción a la regla- no tiró los originales de las
páginas sino que las archivó. Décadas después, cuando adquirieron valor y las
vendió, les cedió a cada artista un porcentaje de las ganancias.
Uno de los dibujantes que pasaron por EC –de hecho, se formó aquí- fue Al Williamson, quien aunque hizo alguna historia de terror y de crimen, se especializó en Ciencia Ficción.
Alfredo Williamson (1931-2010) era varios años más
joven que los demás artistas principales de EC y el único que no sirvió en la
Segunda Guerra Mundial. Pasó d
iez años de su infancia en la plantación de café
de su padre en Colombia. En cierto modo, las selvas de esa región influyeron en
su arte, pero el verdadero despertar de Williamson llegó tras ver el serial cinematográfico
de Flash Gordon a los diez años. Más tarde, descubriría las planchas
dominicales a color que del personaje dibujaba Alex Raymond. Durante el resto
de su vida, dibujar intrépidos exploradores espaciales, mujeres hermosas y
mundos exóticos habitados por criaturas insólitas fue lo que mejor se le dio a
Williamson.
Irrumpió en el mundo profesional con tan solo 17 años
y rápidamente se consolidó como un talentoso aunque indisciplinado sucesor del
exquisito estilo de una generación anterior de dibujantes e ilustradores.
Entabló una colaboración artística con un estudiante algo mayor que él al que
conoció en la Escuela de Caricaturistas e Ilustradores de Burne Hogarth: Roy G.
Krenkel. Éste no solo realizó importantes contribuciones a la producción de
cómics de Williamson, sino que, quizás más importante, dio a conocer al joven
artista el mundo de la ilustración de principios del siglo XX.
Guiado por su amigo, profundizó en el pasado más allá de Alex Raymond, y descubrió a los ilustradores que habían influido en su ídolo: Joseph Clement Coll, Franklin Booth y Daniel Vierge, entre otros. Williamson lo asimiló todo. Sus composiciones, dibujos de figuras y línea se vieron fuertemente influenciados por esa "vieja guardia", que había quedado desfasada respecto a la narrativa gráfica y el diseño contemporáneos. Especializado en ciencia ficción, aventuras y wésterns, las páginas meticulosamente dibujadas de Williamson, adornadas por intrincados trazos a plumilla, se hicieron reconocibles incluso para el lector menos experto.
Gaines conocía la obra de Williamson, y éste, por su
parte, se dio cuenta de lo que EC estaba intentando: publicar comics muy por
encima de las ambiciones de otras editoriales. Así que ambos, admiradores del
trabajo del otro, congeniaron de inmediato. Aparentemente, ni Gaines ni su
editor, Al Feldstein, vieron ningún problema estético en el contraste entre los
gustos de Williamson y el tono gráfico que había fijado la editorial para todos
sus titulos.
Sin embargo, a primera vista, la combinación de Williamson y EC no parecía obvia ni prometedora. Por un lado, estaba la línea conceptual y estética de la editorial, cuyas historias muy negras y finales impactantes reflejaban el cinismo de una América de posguerra, cada vez más paranoica, que luchaba por adaptarse al nacimiento de la nueva era atómica. Feldstein enfatizaba los contornos definidos, las figuras marcadas y de una solidez imponente, en consonancia con sus guiones sombríos y apocalípticos. Incluso Wallace Wood, el principal ilustrador de ciencia ficción de EC, quien, al igual que Williamson, era capaz de crear paisajes magníficos y entornos alienígenas, provenía de un expresionismo eisneriano de gran crudeza.
Po
r otro lado, estaba Williamson, cuyo trabajo bebía
del romanticismo heroico y estaba dominado no por el expresionismo y la crudeza
de otros de sus colegas en la editorial, sino por una meticulosidad y atención
extraordinarias por el realismo, la armonía y la belleza. Y eso sin contar con
que, a sus 21 años, era uno de los artistas más jóvenes y con menos experiencia
de EC. No obstante y contra todo pronóstico, triunfó plenamente, perfeccionando
sus habilidades durante cuatro años y convirtiéndose en uno de los mejores y
más prestigiosos dibujantes del comic estadounidense.
Es importante señalar que, a pesar de la alta estima
en que generalmente se tiene a la obra de Williamson para EC, el propio artista
la consideraba sobrevalorada. En retrospectiva, reconoció que se trataba de un
trabajo inmaduro, propio de un joven que aún se esforzaba por perfeccionar sus
habilidades y métodos, afrontando muchas dudas e inexperiencia. Al mismo
tiempo, Williams
on era joven, no tenía grandes obligaciones financieras y
sentía la imperiosa necesidad de ampliar su ámbito profesional más allá de sus
intereses personales.
Su falta de confianza a la hora de dibujar ciertos elementos -principalmente arquitectura y tecnología- y en la labor de entintado, le llevó a menudo a recurrir a sus amigos, Krenkel, Frank Frazetta y, posteriormente, Angelo Torres, que le ayudaron a embellecer y completar secuencias a las que temía no poder hacer justicia por sí solo. La contribución de estos gigantes del dibujo sin duda mejoró el resultado final.
En 2013, la editorial Fantagraphics publicó un volumen
titulado “50 Girls 50”, en el que se recopilan las treinta historias que dibujó
Williamson durante su estancia en EC más otras cuatro, realizadas por los antedichos
colaboradores y en las que participó él en
mayor o menor medida. El tomo,
además, es en blanco y negro, lo que ayuda a apreciar mucho mejor la exquisita
finura del trazo de Williamson y sus colaboradores.
Las heroicas figuras masculinas que dibujaba Williamson rara vez transmiten emociones identificables, sutileza, individualidad o carisma. Incluso aquellos personajes que han estado encarcelados o aislados durante años aparecen tan esbeltos y bien arreglados como el protagonista de una película (Esto no debe sorprender, ya que Williamson utilizaba fotografías de actores de Hollywood como material de referencia. No es difícil ver en alguna viñeta, por ejemplo, a Stewart Granger). Cuando se le pidió a Williamson que dibujara un monstruo deforme en la primera historia que le encargaron, “La Cosa en los Pantanos”, el resultado parecía sacado del folleto de un gimnasio.
Pero el caso es que cuando los héroes de Williamson se
adaptan a los retorc
idos guiones de Feldstein, funcionan. Ver figuras tan esbeltas
y fornidas como las de Flash Gordon o Tarzán, dominadas por la lujuria, la
codicia o la estupidez que las condenarán al espantoso final que caracterizaba
las narrativas de Feldstein ofreció un contrastre refrescante a otras imponentes
figuras del comic que transmitían implícitamente el mensaje de “Confía en
nosotros. Somos los Buenos”.
Feldstein también supo aprovechar el estilo de Williamson para subrayar su propia sensibilidad liberal, tan inusual en el mundo del comic-book. El arte de aquel joven talento conseguía dotar a alienígenas y monstruos, por muy horribles que fueran, de personalidades entrañables que reforzaban los mensajes de fraternidad y tolerancia que el guionista quería transmitir al lector. Además, la habilidad de Williamson para plasmar fascinantes ciudades futuristas amplificaba las advertencias de Feldstein sobre el peligro de autodestrucción del ser humano si recurría al armamento nuclear.
Por otra pa
rte, las mujeres de Williamson eran
magníficas, no porque explorara sus almas y psiques con mayor profundidad que
las de los hombres, sino por su capacidad para presentarlas, cuando el texto lo
requería, como irresistibles objetos de deseo. Con una sutil inclinación de la
cabeza, una mirada indirecta de unos ojos lánguidos, la forma seductora en que
se apoyan en los marcos de las puertas, los pechos que se dejaban notar bajo
los suéteres o sobre los camisones o los tops de bikini, sus mujeres
despertaban innegables sensaciones en los lectores, incluso los más jóvenes.
Como ocurre con la mayoría de las publicaciones de EC,
la calidad de las historias fluctúa mucho de una a otra. La mayoría de las incluidas
en este volumen se publicaron originalmente en los cómics de ciencia ficción de
la editorial, “Weird Fantasy”, “Weird Science” y “Weird Science Fantasy”, y
fueron escritas por Gaines y Feldstein. La mayoría de las tramas funcionan
bien, destacando “Por San Jorge”, “50 Chicas 50” y las tres adaptaciones de
cuentos de Ray
Bradbury (“El Que Espera”, “Yo, Cohete” y “El Sonido del Trueno”).
Lamentablemente, la obsesión de Gaines y Feldstein por los giros finales a
veces estropea el resultado final y relatos como “Nacido en el Espacio” o “Final
Repentino”, a pesar de contar con unos preciosos dibujos de Williamson y sus
colaboradores, se ven lastrados por unos finales pretendidamente impactantes
pero predecibles y simplones.
Además, muchas de las historias pecan de un exceso de texto. Al Feldstein escribía los guiones de una manera muy particular. Primero redactaba toda la historia en una hoja de texto mecanografiada, incluyendo los diálogos y los extensos párrafos del narrador. Luego, se enviaba directamente al rotulista (Jim Wroten), quien lo trasladaba a las viñetas en blanco. Solo después de que el texto ya figuraba escrito en la página, el dibujante recibía el encargo. Artistas legendarios como Jack Davis o Bernie Krigstein a menudo se las veían y se las deseaban para encajar sus dibujos en el poco espacio que el texto les dejaba libre.
En los años 50, los cómics costaban 10 centavos.
William Gaines tenía la filosofía de que el lector debía sentir que ese dinero rendía
al máximo. Quería que leer un cómic de EC llevara tiempo, que fuera una
experiencia densa, casi como leer una antología de relatos de terror de Edgar
Allan Poe o H.P. Lovecraft, pero con imágenes. Esto creaba efectos que hoy
consideramos errores básicos de narrativa visual, como contar en palabras lo que
la imagen ya está mostrando. Sin embargo, en aquella época era una seña de
identidad para enfatizar el impacto literario y el melodrama de los giros de
guion.
Todas las historias incluidas en “50 Girls 50” se presentan
en orden cronológico, una disposición que permite al lector seguir la evolución
de Williamson como artista, culminando en la última y mejor historia del
volumen: “Alimento para la Reflexión”. Escrita por Jack Oleck e ilustrada por
Williamson y Krenkel, esta historia es una muestra de maestría narrativa en el
cómic. La viñeta inicial de Krenkel, con su asombroso detalle y fuerza
evocadora, capta de inmediato la atención de
l lector (tan impresionante era
esta imagen inicial que la colorista original de EC, Marie Severin, dejó casi
toda la página sin retocar para no restarle impacto), mientras que el hermoso
dibujo de figuras de Williamson, el diseño innovador de las viñetas y el uso de
referencias fotográficas se combinan para hacer de la historia una delicia
visual. Me tienta mucho decir que esta historia justifica por sí sola el precio
de esta compilación, pero eso podría dar
la impresión de que el resto del libro no está a la altura; digamos simplemente
que lo mejor se reserva para el final.
Desafortunadamente, estas historias violentas, cínicas
y transgresoras, no solo atrajeron la atención de lectores adolescentes sino
también del Senado de los Estados Unidos. Los comic-books, antes de la
generalización de la televisión, eran la principal fuente de entretenimiento de
la infancia y la juventud; y cuando asociaciones de padres y maestros exaltados,
periodistas sensacionalistas, sociólogos reaccionarios, psiquiatras ávidos d
e
publicidad y políticos oportunistas juntaron dos ("menores") y dos
("cómics") obtuvieron... cinco ("delincuencia juvenil"). La
presión de estos círculos llevó a la formación de una comisión de investigación
en el Senado, que llamó a comparecer a los editores para dar explicaciones.
Obviamente, ni Disney ni DC, por ejemplo, tenían demasiado que temer. Todas las
miradas estaban puestas sobre la EC de William Gaines, que hizo una honesta
pero inadecuada defensa de su producto teniendo en cuenta la hostilidad de la
audiencia.
El resultado fue el Comics Code Authority, una
institucion de censura qu
e se autoimpuso la propia industria editorial con el
fin de evitar la intromisión del gobierno. Según sus directrices, los
comic-books no debían mostrar, entre otras cosas, vampiros, zombis, lujuria, depravación,
drogas o violencia y sexo explícitos. Censuraba el lenguaje (ni siquiera las
palabras "crimen" y "horror" podían aparecer en las
portadas) y modificaba las actitudes (debían respetarse a los padres, la
policía y el gobierno; el buen gusto y la decencia debían prevalecer).
En definitiva, que los comics se volvieron tan
inofensivos como sosos. EC, cuyos comics se basaban en todo lo que se acababa
de prohibir, se vio obligada en 1956 a cancelar todos sus títulos excepto “Mad”,
ahora convertida en una revista de 25 centavos. Podrían haberse negado a pasar
por el aro, rechazar la supervisión externa ni incluir en sus portadas el
símbolo del Comics Code que garantizaba la inocuidad de su contenido, pero
entonces difícilmente podrían haber conseguido un distribuidor para sus comics,
ya que éstos –y los minoristas- no querían enfrentarse a posibles demandas d
e
asociaciones o padres furibundos por haber facilitado que un detestable comic
de terror llegara a manos de un inocente infante. Por cierto, que después de
toda esta aparatosa maniobra reaccionaria, no se observó ninguna disminución en
la delincuencia juvenil.
Desde entonces, los estudiosos han reconocido a EC como un hito en la historia del cómic. Muchos de los dibujantes underground de finales de la década de los 60 que restituyeron el contenido "adulto" a los cómics eran fans de EC. También lo eran George Romero y Stephen King, Paul Krassner y Gahan Wilson. Jerry Garcia, de Grateful Dead, poseía una colección completa. Y las revistas publicadas por Jim Warren (“Creepy”, “Vampirella”…) a partir de mediados de esa década adoptaron exactamente la misma formula –solo que en formato de revista en blanco y negro, lo que no les obligaba a someterse a revisión del Comics Code Authority-.
Obviamente y a tenor de lo dicho, Williamson ya no pudo trabajar para la prácticamente extinta EC. Colaboró con otras editoriales de cómic antes de dedicarse por completo a dibujar tiras de prensa (“Agente Secreto Corrigan”, “Star Wars”) y, más tarde, limitarse a entintar para otros artistas. Hacia el final de su carrera, solía restar importancia a la influencia de su trabajo en EC, considerando aquellos primeros pasos como sobrevalorados. Pero es su obra durante ese período de cuatro años la que perdura y aún conserva el poder de deleitar y cautivar. Tras leer esta completa colección, resulta fácil comprender por qué.

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