
Independientemente de si se ama con pasión a Star Wars o se
la considera un pesado aburrimiento, hay que reconocer que vivimos unos tiempos
en los que su iconografía y fandom han pasado a formar parte de ese indefinido
constructo que llamamos cultura popular. Pude asistir a las proyecciones
originales en salas de cine de la Fase 1 de Star Wars: “Star Wars” (1977), “El
Imperio Contraataca” (1980) y “El Retorno del Jedi” (1983). Fue una experiencia
irrepetible para una mente infantil como la mía en aquellos años, que despertó una
fascinación maravillosa por aquel mundo tecnológico y alienígena que se
mostraba en pantalla grande. Durante años, viví y respiré Star Wars,
consumiendo todo lo que podía comprar, leer o tomar prestado…que no era mucho
para los estándares actuales. Afortunadamente, esto ocurrió también en la
infancia del fenómeno, por lo que en ningún momento se tenía la sensación de
agresión por una avalancha de merchandising, material de todo tipo e
información y rumores superfluos.