sábado, 22 de agosto de 2009

1864-VIAJE AL CENTRO DE LA TIERRA - Julio Verne


En 1826, John Symmes había enunciado su Teoría de las Esferas Concéntricas, según la cual la Tierra era hueca, habitable en su interior y accesible desde ambos polos. Docenas de autores aceptaron la teoría y se encargaron de trasladarla a sus relatos. Ya vimos uno de ellos, "Symzonia". "La narración de Arthur Gordon Pym" también contiene elementos de ese tipo de historias. Pero sin duda el más famoso fue "Viaje al centro de la Tierra", de Julio Verne.

Verne había publicado en 1863 el primero de sus "Viajes Extraordinarios": "Cinco semanas en globo". La CF moderna no existía aún, aunque ya hemos visto algunos precedentes. A menudo se considera a Verne como uno de los grandes pioneros del género, aunque ello es cierto a medias y sujeto a polémica. En primer lugar, la mayoría de sus "Viajes Extraordinarios" son de poco o ningún interés para la CF, siendo en esencia historias de aventuras situadas en escenarios exóticos y pintorescos. Por otra parte, en las obras donde jugó con la especulación científica, Verne no se trasladó al futuro (con algunas contadas excepciones, como "París en el siglo XX") sino que situaba la acción en una época más o menos contemporánea al momento de su publicación. Esa ausencia de visiones del mañana hace de él un equivalente a lo que fue en tiempos más recientes Michael Crichton, un autor que en sus libros empujaba la tecnología (ya fuera la genética, la informática o la medicina) un paso más allá de su estadio actual como excusa para sus historias.


"Viaje al centro de la Tierra" es sin duda una de las novelas más imaginativas -y a la vez menos científicas- imaginadas por Julio Verne. Desde luego, las premisas de las que parte el autor son inverosímiles a la luz de nuestros conocimientos actuales sobre el interior del planeta y la tectónica de placas. El profesor Lidenbrock, un científico neurótico y apasionado, descubre un antiguo manuscrito redactado por un alquimista y explorador muerto hace mucho tiempo. Con ayuda de su sobrino Axel lo descifra para dar con el relato de un viaje al centro de la Tierra que comienza en un volcán de Islandia. Tío y sobrino, ambos dotados geólogos y mineralogistas, se trasladan a esa isla, contratan a un impasible y eficaz guía local, Hans, y comienzan su descenso. En el viaje a las profundidades habrán de enfrentarse a desconcertantes laberintos, la oscuridad y el silencio continuos, la sed, el miedo y el descubrimiento de un mundo oculto bañado por una misteriosa luminosidad seguido por una navegación por un inmenso mar interior poblado por bestias antediluvianas. Así, la aventura deviene no sólo un viaje en el espacio, sino en el tiempo. La acción culmina en un desenlace tan inverosímil como dramático.

En realidad, si este libro a menudo se encuadra dentro del género de CF no es por la utilización de avanzada tecnología o la visión de un futuro más o menos próximo, sino por el planteamiento argumental de lo que se convertiría en todo un subgénero, el del Mundo Perdido, explotado hasta la saciedad en las décadas por venir y hasta el estallido de la Primera Guerra Mundial. También podría considerarse un relato de género fantástico en el que los detalles lógicos y científicos quedan apartados en favor de la aventura, los grandes escenarios y la lucha del hombre contra la Naturaleza.

La historia está contada en primera persona por Axel, con quien nos identificamos a lo largo de lo que para él es un viaje iniciático. Es, también, el personaje más interesante de los tres. Al fin y al cabo, su tío, el profesor Lidenbrock, es una especie de fuerza de la naturaleza cuyo entusiasmo y determinación jamás flaquean, un individuo irritable, nervioso y hasta desagradable al que no importa más que su autoimpuesta misión. Hans es el hombre lógico, práctico, incluso frío, la inteligencia natural que soluciona los problemas que van saliendo al paso. Ambos tienen unas personalidades demasiado extrañas como para que el lector pueda entender sus pensamientos y motivaciones. Axel, en cambio, duda y sufre, está a punto de morir de sed, tiene miedo y alterna estados de ánimo de escepticismo absoluto con otros de entusiasmo delirante según los acontecimientos se van desenvolviendo. Al final, el joven poco maduro que partió para realizar el viaje vuelve convertido en un hombre sensato y cargado de fama.

Verne sabía contar una historia y ésta se desarrolla con buen ritmo aun cuando a veces los protagonistas se extienden más de la cuenta en sus discusiones sobre minerales y rocas. El libro comienza con un ritmo pausado desde la rutina de los personajes en la agradable ciudad alemana en la que residen hasta el descubrimiento del mundo subterráneo. A partir de ese momento, la historia se acelera y los acontecimientos van sucediéndose con rapidez hasta el final. Como era típico en Verne, sus descripciones extraordinariamente minuciosas y habiendo estado en los parajes islandeses concretos que describe en la novela -los alrededores del volcán Snaeffells-, puedo afirmar que cualquiera creería que viajó hasta allí y vio el paisaje con sus propios ojos, aun cuando en realidad jamás pisó Islandia.



Ciertamente, el género fantástico y de ciencia ficción, desarrollados ampliamente en el siglo XX, nos han proporcionado visiones más espectaculares y originales que las del escritor francés. Es por eso que muchas de sus novelas ya no se pueden leer como novelas de anticipación en las que se nos presenta una visión original y sorprendente del futuro sino más bien como relatos históricos, narraciones que nos abren una ventana no hacia el mañana, sino a las ambiciones, sueños y esperanzas del ayer.





A menudo se considera a Verne como un autor juvenil al que el lector adulto ya ha superado. Pero es necesario tener en cuenta que en demasiadas ocasiones lo que hemos podido ver editado aquí de su obra son meras adaptaciones recortadas. Merece la pena pues hacerse con una buena edición, una traducción íntegra de la obra original y, a ser posible, con las ilustraciones que acompañaron la primera edición.
Existen multitud de ediciones de esta obra en castellano. Una buena edición puede ser esta. También existe la posibilidad de descargarse gratis -en inglés- el ebook en esta página.

miércoles, 5 de agosto de 2009

1863-PARIS EN EL SIGLO XX - Julio Verne


A menudo se suele presentar a Julio Verne como un precursor visionario de la tecnología en su vertiente más luminosa, poniendo como ejemplo dos de sus novelas más famosas, "De la Tierra a la Luna" y "Viaje alrededor de la Luna", en las que el ingenio humano es capaz de salvar obstáculos aparentemente infranqueables. Los héroes de sus novelas son frecuentemente personajes ejemplares, íntegros y valerosos como Miguel Strogoff; o sabios un tanto excéntricos pero llenos de energía y pasión, como el profesor Lidenbrock de "Viaje al Centro de la Tierra" o Paganel, de "Los Hijos del Capitán Grant". Sus conocimientos, unidos a la rectitud moral y al coraje, les hacen salir airosos de empresas colosales, en ocasiones haciendo uso de la tecnología y la ciencia.

Pero lo cierto es que, en el fondo, Verne era un conservador que abrigaba no pocas reservas hacia el progreso técnico y las consecuencias de éste sobre la sociedad. Esta cara oscura siempre estuvo presente (el Nautilus del capitán Nemo no sólo es un maravilloso invento que permite desentrañar los misterios del mundo submarino sino que también se utiliza como un arma temible que condena a muerte a cientos de personas) pero fue en la última etapa de su producción donde se hace más patente: "Los 500 millones de la princesa india", "Robur el Conquistador" o "Ante la Bandera" son buenos ejemplos de ello, de los cuales hablaremos en sus respectivas entradas.

Se ha dicho que Julio Verne era un optimista convencido del progreso de las ciencias, pero que las vicisitudes de su vida (la guerra de 1870, un matrimonio infeliz, una difícil relación con su problemático hijo, la muerte de su editor, protector y amigo Pierre J. Hetzel) enturbiaron sus visiones de un futuro mejor gracias a la tecnología. El descubrimiento de "París en el siglo XX", escrita en el comienzo de su carrera y antes de sus más famosas novelas, demuestra que esa visión pesimista existió desde el principio. Simplemente, ante la desaprobación de su editor, la ocultó.


El protagonista del libro, Michel Dufrenoy, es un poeta frustrado. La sociedad del siglo XX desprecia todo aquello que no es práctico y rentable. Todo está centrado en el dinero: "El demonio de la fortuna los empujaba hacia delante sin piedad ni descanso", escribe Verne. Ello ha llevado a una obsesión por las ciencias y la técnica que ha convertido en objeto de ridículo a aquellos que demuestran interés o talento en las artes, la literatura o los conocimientos humanísticos. "Mientras los profesores de griego y de latín acababan de extinguirse en sus clases abandonadas, ¡qué posición, en cambio ,la de los señores titulares de ciencias, y cuán distinguidos eran sus emolumentos!" Incluso la poesía de la época tiene títulos como "Armonías eléctricas", "Meditaciones sobre el oxígeno", "Paralelogramo poético" u "Odas descarbonatadas".

Tal actitud es apoyada enérgicamente por el Estado. Al comienzo del libro Verne describe una especie de Superministerio de Educación, llamado Sociedad General de Crédito Instruccional: "Aunque ya nadie leía, al menos todo el mundo sabía leer, incluso escribir; no había hijo de artesano ambicioso, de campesino desplazado, que no pretendiera un puesto en la Administración. El funcionarismo se desarrollaba bajo todas las formas posibles". ¿Nos resulta familiar? Y sigue: "Construir o instruir es una misma cosa para los hombres de negocios, pues la instrucción no es, en realidad, más que un tipo de construcción algo menos sólida". De ese ministerio, dirigido bajo la forma de una sociedad industrial, dice Verne: "no hay un solo nombre de erudito ni de profesor en el consejo de administración. Era más seguro para la empresa comercial".



El resto del relato nos lleva a visitar, siguiendo la trayectoria del aburrido Michel Dufrenoy, diferentes partes de ese París del futuro, la verdadera razón de ser del libro, una ciudad que precede en muchos aspectos los Londres de George Orwell (1984) y Terry Gilliam (Brazil). Tras ganar un premio de poesía otorgado por la Sociedad General de Crédito Instruccional, el joven Michel debe comenzar a trabajar en el banco de su primo ("No quiero talentos, quiero capacidades" le espeta su tío, un importante hombre de negocios), donde se le asigna a una especie de computadora/calculadora. A la vista de su total ineptitud para manejar el teclado, se le traslada a otro puesto donde conoce a un soñador como él, Quinsonnas, que introduce a Dufrenoy en un pequeño círculo de bohemios apasionados por la literatura y la música.

La alienación del que es diferente, la opresión de una sociedad hipertecnificada y obsesionada por el dinero y los inventos, y la aberración en que se convierten las relaciones humanas quedan aliviados en cierto modo por el cáustico sentido del humor que despliega Verne, con una acidez que recuerda a Jonathan Swift o Mark Twain. Imagina un barrio en el que "no se ofrecía un solo alojamiento a los habitantes de la capital; entre otros la Cité, donde se erguían el Tribunal de Comercio, el Palacio de Justicia, la Jefatura de Policía, la catedral, el depósito de cadáveres, es decir, lo necesario para ser juzgado, condenado, encarcelado, enterrado e incluso salvado. Los edificios habían expulsado a las casas". No deja de asombrar que, aun utilizando el humor, Verne describiera con tanta precisión el actual barrio parisino que lleva el mismo nombre que el imaginó, construido más de cien años después de escribirse este libro y veinte años antes de que se publicara. Verne predice también que en el patio del Louvre se construiría una estructura moderna y geométrica -y de bastante mal gusto-. La famosa pirámide de cristal de Pei se terminó en 1989 en el mismo lugar que menciona la novela. También predijo una estructura parecida a la Torre Eiffel, aunque esta se construiría 24 años más tarde, en 1887. Anticipó asimismo los altos edificios de pequeños apartamentos y la necesidad de adaptar los muebles a esos diminutos espacios, así como un altísimo grado de polución ambiental.

Además del ambiente urbano, otra de las claves del libro son las proyecciones tecnológicas que hace el autor. Y en este caso supera con mucho a sus otras obras. París se ha convertido en una megaurbe en la que sus ciudadanos acceden a los suburbios gracias a una red de trenes de cercanías. El transporte urbano se completa con un ferrocarril ligero y elevado impulsado por una combinación de aire comprimido y fuerza electromagnética. La energía es generada por molinos eólicos; las calles se iluminan con lámparas eléctricas que se encienden y apagan centralizadamente; las casas tienen portero automático, aire acondicionado y ascensor; los automóviles se impulsan por gas hidrógeno; en los bancos se utiliza un trasunto de fax, las cuentas se realizan con máquinas calculadoras y las cajas fuertes disponen de mecanismos eléctricos de seguridad, el gobierno utiliza la silla eléctrica para ejecutar a los reos ... Por supuesto, también hay otras predicciones que no han llegado a cumplirse, como la desaparición de las guerras o la muerte de la política sustituida por una especie de órgano gestor de carácter semihereditario cuyo único interés es la productividad.

Verne era un ávido lector de todo tipo de revistas especializadas y a lo largo de los años organizó una enorme base de datos de la que extraía la información que precisaba para los detalles técnicos, científicos y geográficos de sus novelas. Muchas de las invenciones futuristas que describe no eran sino descripciones algo mejoradas de invenciones reciéntes o cuyas investigaciones se hallaban bastante avanzadas. Por ejemplo, los coches que Verne describe se basan en el motor de explosión que Lenoir había inventado en 1859 por mucho que no se aplicara al automóvil de Daimler hasta 1889. El "facsímil" no es sino el Pantelégrafo Caelli, inventado en 1859, que permitía la reproducción telegráfica de la escritura y el dibujo. El ascensor de Otis fue instalado en un edificio por primera vez en 1853. Y, como ocurre todavía en algunas papeleras industriales, lo que convierte en pocas horas un tronco de árbol en papel es el procedimiento de Watt y Burguess elaborado en 1859.

El editor Pierre J.Hetzel había sido el único en confiar en Julio Verne al publicar "Cinco semanas en globo" en enero de 1863 (cuando el escritor ya contaba 35 años), una novela de viajes y aventuras en el entonces inexplorado interior africano. Pero el siguiente libro que presentó el autor, "París en el siglo XX", cambiaba totalmente el registro de un modo que a Hetzel no le gustó nada. Sus críticas demoledoras, incluso insultantes ("un desastre... como escrito por un niño... nada original... mediocre... sin chispa") quedaron consignadas en los márgenes del manuscrito original y en el borrador de una carta dirigida a Verne. Hetzel era un buen editor y conocía los gustos del público, como quedó ampliamente demostrado. Vió en aquel manuscrito un estilo excesivamente teatral, unos personajes endebles y una línea narrativa poco sólida, todo lo cual era cierto y producto de la bisoñez de Verne. Además, esa visión pesimista del futuro no se correspondía con el luminoso proyecto de los "Viajes Extraordinarios" que Hetzel tenía en mente, ese intento de acercar el saber humano a los jóvenes mediante una serie de novelas en las que se exaltaba la exploración científica y el avance tecnológico. "Mi querido Verne" escribió Hetzel, "aunque fuera usted profeta, nadie creería hoy en su profecía". Aquello fue definitivo. La siguiente obra de Verne en ver la luz sería otra novela de aventuras, "Viajes y aventuras del capitán Hatteras". Su vena futurista/pesimista quedó enterrada hasta que bastantes años después su celebridad le permitió exponerla de nuevo aunque nunca de manera tan clara como aquí.

El manuscrito se olvidó y durante mucho tiempo se creyó perdido. En los años ochenta del siglo XX se confirmó su existencia gracias al hallazgo del borrador de la corrosiva carta de Hetzel a la que hemos hecho referencia antes, y unos años después el bisnieto de Verne encontró el manuscrito olvidado dentro de una caja fuerte que había pertenecido a su abuelo y cuya llave se había perdido. Cuando se publicó, en 1995, se convirtió en un éxito editorial y fue recibido por los críticos como un trabajo de "importancia histórica inestimable". Incluso se sugirió que se le otorgase el premio Hugo (el máximo galardón que se otorga a obras de CF publicadas el año precedente). Los expertos vernianos afirmaron que ningún otro de los trabajos del autor se había acercado tanto a la imagen del futuro como esta obra, por mucho que la calidad literaria y la línea argumental, casi inexistente, son propias de una obra primeriza.



En la actualidad disfrutamos de una perspectiva que el editor no pudo tener: el poder contrastar el grado de predicción y juzgar el valor de las intuiciones de Verne. Ya hemos hablado de los inventos y cómo éstos transforman el paisaje urbano. Lo que convierte a este libro en una auténtica novela de anticipación es su cuestionamiento no sólo del culto a la máquina, sino también de la sociedad, el dinero, la política y la cultura de su propio tiempo, a los que proyecta en el futuro. Verne vivió el auge del positivismo industrial, la doctrina económica del laissez-faire y un crecimiento apoyado en las nuevas tecnologías. Dada la confusión que en el siglo XIX produjeron todos estos cambios, no es extraño que la mayoría de las obras de CF viera un porvenir amenazador en el que se perdía tanto o más que lo que se ganaba.



La sociedad opresiva que dibuja no es sólamente propia de regímenes capitalistas. La subordinación de las formas artísticas a los intereses industriales, apoyada y laureada por las instituciones, recuerda a los disparates "artísticos" de la Unión Soviética y su dirigismo absoluto, donde "artistas" y "poetas" dedicaban sus esfuerzos a alabar la productividad del trabajador, la industria soviética y la gloria del régimen. Del mismo modo, Verne critica la sujección del arte a las exigencias del más burdo populismo: "Este mundo ya no es más que un mercado, una inmensa feria, y hay que entretenerlo con numeritos de titiritero". Cualquiera puede pensar que esa afirmación, está hoy más ajustada a la globalización capitalista que vivimos de lo que estuvo en tiempos de Verne, cuando pudo sonar exagerada. Las mujeres, antes coquetas y elegantes, se convierten en seres más masculinos: cínicas, endurecidas, obsesionadas por su carrera profesional. Hasta la música moderna, discordante y carente de armonía, es presa del humor caústico de Verne: "Durante el siglo pasado, cierto Richard Wagner, una especie de mesías al que no se ha crucificado lo suficiente, fundó la música del futuro, y ahora la estamos padeciendo. [...] La gente ya no aprecia la música, se la traga".


Esta fue la novela que más se adentró en la CF de todas las que escribió Verne y el tiempo no sólo no le ha restado validez sino que, en muchos aspectos, le ha dado la razón a su autor. Los aficionados al escritor y quienes hayan leido las aventuras de Phileas Fogg o el capitán Nemo se llevarán una buena sorpresa al entrar en este cuento oscuro de un futuro opresivo, injusto y espiritualmente hueco carente de héroes. Esta novela no es un panegírico del mero progreso científico, sino una reflexión sobre el coste que éste supone.

Por desgracia, la edición española que hizo Planeta en 1995 está más que agotada y sólo se podría conseguir a través de librerías de lance. En inglés, está disponible aquí

lunes, 27 de julio de 2009

1854-Los Libros Starianos - C.I.Defontenay


La ciencia ficción anglosajona y concretamente norteamericana tiende a ensombrecer las obras de otras nacionalidades. En el caso que nos ocupa no se les puede reprochar, porque tras su aparición y a pesar de algunos comentarios laudatorios de personalidades de la época, Psi Cassiopea (o Los Libros Starianos según el título español) se deslizó hacia la oscuridad más absoluta en poco tiempo. Defontenay, que murió prematuramente a los treinta y siete años de edad, es más conocido hoy en el campo de la cirugía plástica, ya que en otra de sus obras, ésta de carácter científico, anticipó la importancia que tendría dicha disciplina en la sociedad. Ni siquiera sus compatriotas franceses se acordaron de su obra de ficción hasta que gracias a la labor de algunos entusiastas fue reeditada en Francia en 1972.

Y es que mucho antes de que los escritores de CF soñaran con viajes interestelares, razas alienígenas y colonización de otros planetas, en 1854, en la antesala de la guerra de Crimea, once años antes de que Julio Verne hiciera despegar su cohete hacia la Luna, cuarenta años antes de la máquina temporal de H.G. Wells y casi un siglo antes de que TolkIen diera vida a su compleja mitología, el doctor francés Charlemagne-Ischir Defontenay imaginó la historia de todo un sistema solar localizado en la lejana constelación de Casiopea.


Se trata de la segunda novela de ciencia ficción espacial tras "La Historia Verdadera", escrita por Luciano de Samosata en el siglo II y en la que se narraba una gigantesca batalla espacial con criaturas extraterrestres, llegadas desde los propios confines de la galaxia para ayudar a los selenitas en su contienda con los solarianos.


Los Libros Starianos es una obra pionera asombrosamente audaz en el que se describen el sistema solar de Psi Casiopea y las diferentes razas que viven en uno de sus planetas, su historia de ascenso y decadencia, costumbres, mitología, tecnología, arte (incluyendo ejemplos de poesía y teatro), códigos morales, filosofría, arquitectura y su proceso de colonización de otros planetas. Es un modelo perfecto de la ciencia-ficción: un relato sin precedentes situado tan lejos en el tiempo de nuestro mundo como podamos imaginar pero, aún así, basado en el racionalismo, extraño pero inteligible. Ciertamente incurre en imposibilidades astronómicas de bulto en la configuración de su sistema solar pero esas faltas resultan insignificantes ante ideas tan fascinantes como la del planeta Lessur, que hace el amor a su población entera. Sólamente Olaf Stapledon, muchos años después, podría llegar a igualar tan desbordante imaginación.

Muchos de los temas que toca pasarían con el tiempo a formar parte del sustrato de la rama más romántica de la ciencia-ficción: el antigravitador (un ingenio utilizado por las naves espaciales de forma ovoide para escapar de la atracción gravitatoria); la simbiosis entre razas, el caracter nefasto de la religión (el propio Defontenay era un convencido ateo) o la divinización del hombre como filosofía definitiva de la edad cósmica. A lo largo de los miles de años que comprende la historia stariana se nos presentan civilizaciones con cultos primitivos a la guerra, utopías de corte socialista, matriarcadas consagrados a la búsqueda de la belleza, humanoides hermafroditas que se convierten en los progenitores perfectos, razas de starianos que viven miles de años convirtiéndose en depositarios de todo el saber del mundo, plagas que matan saturando los centros de placer del infectado, ... Tenemos aquí ya un auténtico libro de CF moderna. Después de todo, Julio Verne no fue el inventor del género.


A pesar de que los expertos la consideran como una joya de la CF del siglo XIX, no existe edición reciente en español. La última data de 1977, por parte de Andrómeda, una editorial argentina. Se puede intentar conseguir a través de librerías de lance, descargarlo por internet o bien en alguna edición en inglés.

lunes, 20 de julio de 2009

1838-La narración de A.Gordon Pym-Edgar Allan Poe


The Narrative of Arthur Gordon Pym of Nantucket es la única novela escrita por Edgar Allan Poe. Dado que no conseguía alcanzar el éxito literario deseado con sus narraciones cortas, el escritor norteamericano intentó la serialización de esta historia en las páginas de la revista Southern Literary Messenger a lo largo de 1837. Lo cierto es que tampoco logró demasiada repercusión por parte de crítica y público, ni siquiera cuando al año siguiente el editor Harper la recopiló en un volúmen.

La historia comienza como una aventura marinera bastante convencional, la búsqueda de aventuras en el mar del protagonista, para ir evolucionando de una manera extraña hasta el punto de que resulta difícil encuadrarla claramente en un género determinado. El autor, en la línea de lo que fueron muchos de sus más famosos relatos cortos, convierte la primera mitad de la narración en un rosario de episodios macabros y morbosos: encierros claustrofóbicos, tormentas devastadoras, sangrientos motines, naufragios, escenas de canibalismo, barcos cargados de cadáveres, hambre y sed...


De repente, el protagonista es rescatado por otro barco y la narración se transforma en un relato propio de las novelas de mar, viajes y exploraciones, con largas descripciones de las islas que se encuentran entre el Cabo de Buena Esperanza y el Polo Sur, su geografía y fauna. La circunstancia de que Poe no fuese un experto en navegación marítima ni alguien particularmente interesado por los descubrimientos geográficos hace que esta parte del libro resulte fría y aburrida, con largos trozos plagiados de otros diarios de viaje y obras contemporáneas del género marino (como Address on the Subject of a Surveying and Exploring Expedition to the Pacific Ocean and the South Seas de Jeremiah Reynolds) muy popular entonces y con el que Poe pretendía ganarse sus buenos dólares imitando aquel estilo concreto.

Se ha escrito mucho sobre este extraño trabajo de Poe, sobre sus elementos autobiográficos, el sesgo racista que contienen algunos pasajes o su extraño final. Pero lo que a nosotros nos interesa en cuanto a su relación con los primeros momentos de la CF moderna, es la tercera y última parte de la novela, en la que el navío llega a las regiones antárticas para encontrar una especie de Mundo Perdido tropical en una isla habitada por malignos isleños de alguna manera conectados con una civilización más antigua y avanzada. Se trata de una variación de la teoría de la Tierra Hueca de John Cleves Symmes, que gozó de un amplio predicamento en el siglo XIX. Como en la novela de Symmes, cuanto más próximo al polo sur se viajaba, más cálido era el clima. El relato termina de manera desconcertante y abrupta cuando Pym halla un horrible monstruo blanco en un entorno marino extraño e imposible.

"La narración de A.Gordon Pym" ha sido objeto de una estimación literaria muy discontinua. Hasta tiempos recientes se le prestaba escasa atención al considerársela obra menor, escrita por encargo y poco significativa dentro del conjunto de la producción de Poe. En su momento, los críticos emitieron opiniones bastante negativas, argumentando que el relato era demasiado grotesco, que se apoyaba en exceso en otras obras (por no decir plagiar) y que tenía un argumento incoherente (en parte debido a los fallos de continuidad que comete). Incluso Poe quedó descontento con el resultado.

Pero el caso es que este libro ejerció más influencia de la que cabría esperar, por ejemplo en el "Moby Dick" de Herman Melville o en algunas obras de Julio Verne ("La Esfinge de los Hielos"), Charles Baudelaire ("Viaje a Cythera") o H.P.Lovecraft ("En las montañas de la locura"). Jorge Luis Borges o H.G.Wells escribieron comentarios laudatorios sobre la novela y hoy, a pesar de que pocos críticos la consideran una obra perfecta, es motivo de interés creciente para una nueva generación

Los auténticos aventureros del siglo XIX van dejando cada vez menos rincones del mundo por descubrir, pero Edgar Allan Poe consigue encontrar en la Antártida un rincón para un Mundo Perdido, una Tierra Hueca. La CF sigue siendo, no obstante, un género algo siniestro: en las esquinas inexploradas de la Tierra o en el ignoto futuro que aguarda al cabo de unas décadas, todo parece más oscuro.
Nota: existen bastantes ediciones de esta obra y no debería ser muy difícil encontrar una de ellas en cualquier librería. De todas formas, se puede descargar gratis aquí.

martes, 14 de julio de 2009

1836-Napoleón y la conquista del mundo -Louis Geoffroy


Louis Geoffroy (1803-1858) era el seudónimo de Louis-Napoleón Geoffroy-Château, un escritor fancés que firmó una de las primeras novelas de historia alternativa: Histoire de la Monarchie universelle: Napoléon et la conquête du monde. En ella, Napoleón conquista Rusia en 1812, invade Inglaterra en 1814 y acaba convirtiéndose en una especie de emperador planetario.

El libro detalla con precisión la historia de la conquista del mundo por el emperador y los logros técnicos y científicos que el planeta, ahora ya unido políticamente, va consiguiendo bajo la ilustrada guía del pequeño corso: dirigibles movidos por electricidad, control de los fenómenos meteorológicos, automóviles voladores, máquinas de escribir (llamadas "pianos escritores"), curas milagrosas, desalinización del agua del mar e incluso el descubrimiento de un nuevo planeta, al que el autor bautiza como Vulcano. ¿Quién dijo que la Ciencia Ficción es un género que nació con Julio Verne?

Desgraciadamente, esta curiosidad no es fácil de encontrar y, desde luego, está descatalogado. Se puede conseguir aqui aunque el precio es elevado. Lo mismo se puede decir del ejemplar disponible en esta pagina

martes, 7 de julio de 2009

1835-LA INCOMPARABLE AVENTURA DE UN TAL HANS PFAALL - Edgar Allan Poe


Poe es sobre todo conocido por sus relatos de misterio y terror sobrenatural. Aun cuando no carece de detractores en lo que se refiere a su calidad literaria, nadie le puede negar su originalidad temática y su papel de pionero en el relato de detectives. Alcohólico y depresivo, su mente divagaba por sofisticados escenarios de muy diverso tipo en el que se mezclaba la vertiente más oscura del alma humana y lo esotérico, pero también lo científico.

Los relatos cortos de Poe son difíciles de catalogar como CF, pero éste es uno de los que más se aproximan. Hans Pfaall es un holandés de extracción humilde, remendador de fuelles, quien, cansado de la vida que lleva pero no de vivir, decide emprender una gran aventura lo más lejos posible de su infeliz matrimonio y sus insistentes acreedores. Inspirado por un libro que encuentra por casualidad, construye un globo, lo equipa adecuadamente y comienza a ascender hacia la Luna. Las teorías astronómicas y físicas que maneja Poe en su relato son en su mayoría incorrectas o directamente risibles y sus ideas descabelladas según los conocimientos científicos de que disponemos hoy: los efectos de la ascensión sobre los organismos vivos; la atmósfera que, aunque enrarecida, se alarga hasta la Luna; las temperaturas soportables en el espacio exterior; la ausencia de velocidad de escape, vacío o ingravidez; la débil atmósfera de la Luna; los volcanes activos en su superficie -que vomitan meteoritos hacia la Tierra- e incluso una forma de vida inteligente.

Pero no estamos ante un cuento fantástico. El autor describe con minunciosidad la fabricación de la cabina y el globo así como el equipo que transporta, detalla las observaciones que van recogiendo sus instrumentos y cómo resuelve problemas como la supervivencia en una atmósfera pobre en oxígeno. Esta orientación claramente científica lo aparta de narraciones anteriores en las que los viajes fuera de la Tierra eran tratados como si de un cuento infantil se tratara, un mero trámite a cubrir como antesala a aventuras en escenarios exóticos y alienígenas. Resulta por otra parte curioso leer sobre la idea que se tenía entonces -puesto que Poe, en no poca medida, recoge visiones contemporáneas- de cómo se vería nuestro planeta desde el espacio. Hoy, la imagen de la gran bola azul terrestre fotografiada desde satélites y lanzaderas espaciales es algo cotidiano, incluso familiar: Pero no nos damos cuenta de lo extraordinario que es tal hazaña hasta que repasamos el paisaje imaginado por el escritor, tan ingenuo como ajeno a la realidad. Poe quiso reflejar la maravilla de un viaje extraordinario. Jamás hubiera podido imaginar que la experiencia auténtica resultaría incluso más fantástica que su ficción.

Existen en las librerías muchas ediciones de los relatos y cuentos de Edgar Allan Poe. La edición revisada para esta reseña es la de la editorial Alianza, con traducción de Julio Cortázar. La podéis encontrar aqui o bien descargarlo gratis de internet aquí.

jueves, 2 de julio de 2009

1827- ¡LA MOMIA! O UN CUENTO DEL SIGLO XXII - Jane C. Loudon


Jane C. Webb Loudon (1807-1858) fue un caso extraño y probablemente único. Aunque se la suele citar como una pionera del género de la ciencia ficción antes de que este término se inventara, también se la incluye dentro de las categorías de novela gótica, fantasía o terror. En realidad, el trabajo por el que fue más conocida fueron sus manuales populares de jardinería, que supusieron una bienvenida alternativa a los voluminosos estudios de horticultura que se utilizaban hasta entonces.

Tras la muerte de su padre y necesitada de dinero, decidió retomar una idea que había tenido tiempo antes acerca de una novela en la que la acción transcurría en el siglo XXII y donde se pretendía predecir el estado en el que se encontraría Inglaterra.

La campaña napoleónica en Egipto y las investigaciones de los sabios que acompañaron a la expedición a finales del siglo XVIII despertó en la sociedad británica un enorme interés por la misteriosa cultura egipcia. Jane Loudon no fue ajena a ello y probablemente asistió cuando era niña a la apertura pública de los vendajes de unas momias en un teatro londinense en 1821. Por otra parte, es muy posible que tomara como referencia la novela de Mary Shelley "Frankenstein", publicada en 1818, a la hora de crear a su redivivo faraón Keops..

Pero "La Momia" es un libro muy diferente a Frankenstein. A diferencia de la criatura de Shelley, su momia no va de un sitio a otro sembrando el terror y la muerte, sino dando certeros consejos sobre política o la vida a aquellos que se han ganado su amistad. De hecho y hasta cierto punto, "La Momia" puede interpretarse como una reacción a ciertos temas presentes en "Frankenstein": Keops afirma que en último término le debe su vida al favor divino y no a un experimento científico por mucho que la resurrección de la momia se describa en términos técnicos -un shock eléctrico- en lugar de recurrir a encantamientos y misticismos.

Por otra parte y a diferencia de otros tempranos trabajos de ciencia ficción (como el ya reseñado "El Último Hombre" de Shelley) Loudon no se limitó a pintar un futuro que fuera básicamente igual a su propia época con algunos cambios políticos menores, sino que avanzó novedades en tecnología, sociedad e incluso moda. Sus damas de la corte llevan pantalones, los cirujanos y abogados eran autómatas accionados por vapor... incluso describe vagamente una especie de antepasado de Internet.

The Mummy!: Or a Tale of the Twenty-Second Century apareció publicada de forma anómina en 1827 en tres volúmenes (costumbre de la época que permitía llevar cada librito cómodamente) y desde el principio recogió críticas favorables. Hasta donde se, no hay edición en español, pero se puede conseguir la inglesa a través de Amazón en http://www.amazon.com/Mummy-Twenty-Second-Century-Arbor-Paperbacks/dp/0472065742