viernes, 7 de octubre de 2022

2020- DEVS – Alex Garland


Desde hace ya varios años, Alex Garland se ha convertido en un nombre a tener en cuenta dentro del cine de género. Se dio a conocer con una novela, “La Playa” (1996), que fue llevada a la pantalla por Danny Boyle cuatro años después con un guion del propio Garland. Luego, escribió otras dos novelas, una de las cuales también se adaptó al cine por los Hermanos Pang con el título “El Teseracto” (2003). Garland y Boyle volvieron a colaborar en “28 Días Después” (2002), con la que relanzaron el género zombie durante dos décadas, así como la menospreciada cinta de CF “Sunshine” (2007).

 

A partir de ese momento, Boyle se centró en su carrera de guionista de CF, escribiendo la interesante “Nunca Me Abandones” (2010) y la adaptación del comic “Dredd” (2012). Asumió también a continuación tareas de dirección en “ExMachina” (2015) –por la que fue nominado al Oscar al Mejor Guion Original-; y “Aniquilación” (2018), que recibió críticas más polarizadas. En cualquier caso, ambas películas lo distinguieron como un cineasta personal –autor, podríamos decir- interesado en la CF psicológica e intelectual, con historias construidas alrededor de un misterio central y visual y sonoramente muy depuradas. “Devs” fue su siguiente obra en la que interviene como productor, guionista y director, una miniserie de televisión de ocho episodios de una hora de duración que fue emitida originalmente por el FX Channel.

 

(ATENCIÓN: SPOILERS DESDE ESTE PUNTO) Lily Chan (Sonoya Mizuno) y su novio Sergei (Karl Glusman) trabajan como ingenieros informáticos para un gigante corporativo del sector tecnológico, Amaya. El trabajo de Sergei impresiona al excéntrico fundador de la compañía, Foster (Nick Offerman) y decide incorporarle a Devs, la unidad de investigación ultrasecreta. Así, Sergei es acompañado a un laboratorio de alta tecnología, aislado del resto de instalaciones y metido en una especie de bunker emplazado en un claro del bosque en el que se hallan los edificios de la empresa. Al ver el trabajo que allí se está llevando a cabo, se queda anonadado. 

 

Pero cuando ese mismo día sale del laboratorio para regresar a casa, es interceptado por Foster y Kenton (Zach Grenier), el jefe de seguridad de Amaya, que le acusan de haber robado un código utilizando una cámara de pulsera. Kenton asfixia al joven con una bolsa de plástico. 

 

Lily se preocupa mucho cuando Sergei no llega a casa y acude a Kenton para notificar la desaparición. Más tarde, le muestran la grabación de una cámara de seguridad en la que se ve a Sergei empapándose de gasolina y prendiéndose fuego. Lily se niega a aceptar esa evidencia de suicidio y contacta con un antiguo novio y experto en ciberseguridad, Jamie (Jin Ha), que hackea el teléfono de Sergei revelando información que demuestra que, efectivamente, era un espía ruso. Ulteriores investigaciones destapan la falsedad de la película que le mostraron a Lily.

 

Kenton reacciona sobornando a un psiquiatra para que dictamine que Lily sufre de psicopatía y se la pueda internar en una institución y luego, cuando Jamie la rescata y se fuga con ella, persiguiéndolos. Al mismo tiempo, Foster sabe que Lily es un elemento crucial para el masivo proyecto que se está terminando en Devs, a saber, un ordenador capaz de seguir el rastro de cualquier partícula hacia atrás en el tiempo y predecir también cómo se comportará en el futuro. Esto equivale a poder visualizar toda la corriente temporal. 

 

Tras haber sentado con “Ex Machina” un referente en el tratamiento de las ficciones de inteligencia artificial, Garland continúa sus especulaciones sobre la tecnología, sus creadores y las corporaciones que la desarrollan en esta historia ambientada en una empresa de Silicon Valley (por si fuera necesario recalcar más el tema, Lily tiene en su mesilla de noche el libro “Colossus. The Forbin Project”, 1969, una de las obras seminales sobre ordenadores malvados). Salpicando aquí y allá los diálogos de los personajes hay menciones o conversaciones relacionadas con la computación cuántica o las técnicas de encriptación. Y no de esa forma superficial y completamente ficticia que suele ser habitual en otras películas o series. Es evidente que Garland ha investigado sobre el tema mucho más de lo exigido y, por ejemplo en las últimas escenas, hay sesudas discusiones sobre física o superposición cuántica y debates acerca de la validez de las interpretaciones de Copenhague, Penrose, von Neumann-Vigner o Everett.  

 

Garland, que escribe y dirige todos los episodios, realiza ya en el arranque de la serie un excelente trabajo en la construcción de atmósfera y suspense. El primer episodio nos traslada al apacible entorno natural en el que se localiza Amaya, con su algo inquietante estatua gigante de una niña que sobresale por entre las copas de los árboles dominándolo todo. Muy intrigantes también resultan las florituras técnicas que acompañan la entrada de Sergei en las instalaciones de Devs, como he mencionado, un búnquer en mitad de un claro, rodeado por columnas de oro y, en su interior, paredes recubiertas del mismo metal y una futurista jaula que se desplaza por el vacío salvando un foso hasta el cubo interior, donde se encuentra el ordenador cuántico. Sergei tiene un primer contacto con las investigaciones –de las que nada se muestra aún al espectador- y exclama con asombro: “Si esto es cierto, lo cambia todo”. A continuación viene el paseo nocturno por ese extraño bosque iluminado artificialmente por coronas led, el encuentro con Foster, una conversación sobre predestinación y el asesinato del joven. Es difícil no quedar enganchado a la historia con semejante comienzo.

 

Ahora bien, el suspense y el giro final no tienen tanto que ver con la revelación de lo que ocurre dentro de Devs –que se va aclarando poco a poco conforme avanza la serie- como con la resolución del drama resultante de aplicar sobre el mundo real lo que allí se ha descubierto. Y esto tiene mucho que ver con el tema central de la serie: el debate sobre si el destino de toda la materia del universo está predeterminado o si es válida la interpretación de los Muchos Mundos o Universos Paralelos, que contempla la existencia de infinitos universos alternativos.

 

Al final del sexto episodio hay una gran escena en la que el personaje de Katie (Alison Pill), ingeniera de Devs y mano derecha de Foster, explica la naturaleza del problema a Lily utilizando un simple bolígrafo. Es la única obra de ficción que yo conozca en la que se realiza una demostración del Experimento de Doble Rendija, por ejemplo. Resulta bastante impresionante cómo en las últimas escenas, los personajes contemplan sus yoes futuros pronunciando frases y ejecutando acciones que, efectivamente y contra lo que las circunstancias llevarían a pensar, van a tener lugar al cabo de unos minutos; o aquella en la que los científicos se sientan a contemplar a Jesucristo en la cruz o Marilyn Monroe practicando sexo con Arthur Miller.

 

El determinismo es un concepto que, pese a lo incómodo que resulta, parece estar disfrutando de cierta presencia en la cultura popular actual (ahí tenemos también, por ejemplo, la tercera temporada de “Westworld”). Los protagonistas se enfrentan al dilema filosófico de la existencia o no del libre albedrío. Cuando Sergei trata de robar el código del proyecto Devs, Forest le asegura que: “Sólo podías haber hecho lo que hiciste”, antes de ordenar su asesinato. Forest encuentra consuelo y perdón en la idea de que él mismo no tenía otra opción que matar al joven.

 

Por supuesto, se trata de cuestiones filosóficas de calado que los hombres nos hemos venido planteando desde hace milenios. Filósofos griegos como Demócrito o Leucipo ya debatieron sobre ello y hoy, dos mil quinientos años después, sigue presente en la cultura popular. Por ejemplo, los argumentos tanto de “Infinity War” (2018) como de “Endgame” (2019), las películas de Marvel, se apoyan en la idea del determinismo, con unos héroes luchando contra un villano cuya victoria parece inevitable y un viaje temporal que rechaza la idea de que pueda alterarse el presente.

 

Quizá este interés en el determinismo obedezca a la misma fascinación que ejercen las teorias conspirativas, que también han experimentado un renacimiento en los últimos tiempos, desde el 5G a QAnon. Como las teorías conspirativas, el determinismo sostiene que en el mundo, en nuestra realidad, existe una lógica subyacente y oculta, una pauta que puede descifrarse, un conjunto de reglas que marcan el devenir.

 

El mundo asusta porque es un lugar caótico, una sensación que se ha hecho más intensa en los últimos años, en los que hemos vivido acontecimientos como la pandemia, el Brexit, los disturbios sociales y políticos en Estados Unidos, la guerra de Ucrania… eventos que han irrumpido por sorpresa en la corriente histórica contradiciendo las narrativas predichas por los “expertos”. Alex Garland nos demuestra en “Devs” que comprende la capacidad del determinismo para brindar cierto consuelo o, al menos, resignación –hay un “gran plan” del que no podemos huir así que de nada sirve preocuparse-, pero, al mismo tiempo, también expone su preocupación por los peligros inherentes a semejante marco de pensamiento. Después de todo, si uno actúa de la única forma posible de acuerdo con “el plan”, queda absuelto de cualquier responsabilidad.

 

Por otra y parte y por mucho que los últimos acontecimientos mundiales hayan supuesto severos golpes contra el status quo y acarreado graves consecuencias en todos los órdenes, en parte surgieron como respuesta a un sistema que había llevado a la crisis económica y arrastrado a Estados Unidos, Gran Bretaña y otros países a guerras en territorios ajenos. “Devs”, por tanto, se muestra reacia a defender cualquier retorno a ese antiguo sistema y su engañosa estabilidad.

 

Visual y temáticamente, “Devs” establece un paralelismo entre el modelo informático de Forest y el mundo real. Aquél habla sobre cómo la gente se mueve sobre las “vías del tranvía”, haciendo una metáfora sobre el determinismo al tiempo que evocando uno de los iconos de San Francisco, la ciudad donde transcurre la serie. Garland muestra esta urbe en planos que enfatizan el diseño, orden y armonía urbanos, con su división en rejillas y bloques, el movimiento del tráfico sobre el puente Golden Gate… Y es que “Devs” está muy en sintonía con la vida de San Francisco, una ciudad definida por su relación con las grandes compañías tecnológicas.

 

La devoción del genio-emprendedor hacia las simulaciones que genera su superordenador cuántico evoca el experimento mental del Basilisco de Roko (que explora los riesgos potenciales de desarrollar una inteligencia artificial, planteando un escenario futuro en el que ésta, teniendo acceso a recursos casi ilimitados desde una perspectiva humana (el basilisco), pudiera decidir castigar de manera retroactiva a todos aquellos que de alguna manera no contribuyeron a su creación). “Nos sentimos tan seguros sobre nuestra dimensión subjetiva”, le dice Forest a Sergei. “Nuestros sentimientos, opiniones, juicios, decisiones…” El vocabulario escogido remite a ese dicho popular que reza “A los hechos no les importan tus sentimientos”, solo que Forest lo lleva todavía más allá: al Universo no le importan tus sentimientos. Irónicamente, el propio Forest está ciego a cómo sus sentimientos de culpa construyen sus racionalizaciones.

 

Y es que la serie deja meridianamente claro que la fe de Forest en un universo único y determinista no es racional sino emocional y moral, casi religiosa. Su equipo de ingenieros “enfoca” imágenes de la crucifixión de Jesucristo; sus agentes de seguridad escenifican una inmolación a lo bonzo; la estatua de Amaya se alza sobre todo el campus como si de un gran Buda se tratara; se describe a Forest como un “mesías” que lidera una “secta tecnológica”... Es más, su aspecto es el de un carpintero con barba, como la representación clásica de San José. La banda sonora utiliza coros que suenan como un himno religioso; el laboratorio de Devs tiene la apariencia de una iglesia ortodoxa y el ordenador cuántico en su centro se asemeja a un totem.

 

Evidentemente, las numerosas referencias religiosas no son casuales. Porque lo que impulsa a Forest por el camino del determinismo es su necesidad de perdón. Necesita creer en ello para poder absolverse de cualquier responsabilidad por la muerte de su esposa e hija en un accidente de tráfico. “Creo que Devs es la forma en que te sometes a juicio”, afirma la ingeniera Katie, “Si funciona, el determinismo excluye el libre albedrío. Quedas absuelto. No hiciste nada malo. Pero si no funciona, puedes elegir. Y eres culpable”. Es interesante que Garland haya elegido ambientar estos debates morales en el mundo de las grandes corporaciones tecnológicas. La filosofía de Forest no está tan alejada de las posturas más extremas del movimiento neo-reaccionario que se originó en esa industria.

 

Esta fe en el determinismo le impide a Forest imaginar un mundo alternativo que no esté sostenido sobre la desigualdad y el sufrimiento. De alguna forma, es un espejo de las dificultades que parece tener también la ciencia ficción moderna a la hora de concebir futuros mejores que nuestro presente. Al final, sin embargo, Garland opta por rechazar la idea del determinismo, permitiendo que su heroína decida por sí misma y ponga patas arriba el aparentemente inamovible sistema.

 

De una forma más general, “Devs” nos advierte de la tendencia de las compañías tecnológicas a autoabsolverse de cualquier responsabilidad moral por las consecuencias negativas que puedan tener sus innovaciones, como es el caso de la reticencia de Facebook o Twitter a moderar o retirar de sus plataformas contenido falso o incitador a la violencia; o aceptar su papel en cómo sus tecnologías han cambiado el mundo, a veces no siempre para mejor.

 

Volviendo a los aspectos más técnicos de la serie, ésta goza de una factura visual impecable obra del director de fotografía Rob Hardy (que ya había trabajado con Garland en “Ex Machina” y “Aniquilación”), quien dota a las imágenes de un cualidad cuasi onírica. Garland sabe también dónde y cómo encajar giros sorprendentes y estallidos de violencia súbitos, sea ésta física o emocional, como cuando Lily, tras la muerte de su novio, parece perder la cordura en el despacho de Kenton y sale a la cornisa con la presumible intención de suicidarse, sólo para enterarnos al término de la escena que todo había sido un montaje para que su amiga pudiera robar información del ordenador del jefe de seguridad; o esa conversación sobre determinismo que termina con la revelación sorpresa de que Lily morirá en 48 horas; o cuando Katie, al final del sexto episodio, le desvela la naturaleza de Devs.

 

Una de las escenas mejor escritas y más escalofriantes es aquella en la que Katie lleva a Lyndon (Cailee Spaeny), un genio adolescente que ha sido despedido de Devs por desviarse de las directrices marcadas por Foster, a una presa y le desafía a poner a prueba su fe en la teoría de Universos Alternativos subiéndose al borde y soltando las manos: si cae al vacío y muere, la teoría determinista demostrará su validez; si mantiene el equilibrio y no cae, lo hará la de los Universos Alternativos. El final de la serie opta por darle a los personajes una conclusión relativamente feliz recurriendo al ya tópico “mundo virtual”, pero con algún ingenioso giro sobre lo ya familiar. Con todo, lo más interesante es el viaje hasta ese desenlace, se considere éste más o menos satisfactorio.

 

Es también una serie que ofrece algunas buenas interpretaciones, eso sí, en un registro contenido acorde con la atmósfera y el ritmo que impregnan la historia. Nick Offerman tiene una gran presencia, combinando un aspecto descuidado con una serenidad y sabiduría casi sobrehumanas. A veces se muestra despiadado y distante y otras cercano y considerado, sin que esa dicotomía resulte inverosímil. Resulta perfectamente creíble que la gente lo vea como un guía visionario y confíen en él. Excepcional está también Zach Grenier como el jefe de seguridad, un actor que parece haber nacido para interpretar a villanos y que ofrece momentos absolutamente impactantes, como cuando tortura a Jamie en el baño mientras le da una charla sobre la revuelta de Tiananmen.

 

Ahora bien, aunque los actores desempeñan su trabajo con eficacia, los personajes que encarnan no están tan perfilados como quizá sería deseable. Como ya había mostrado en sus películas anteriores, Garland escoge aquí una línea contenida en la que importa más lo que los personajes hacen que lo que piensan. Sólo las motivaciones de Foster quedan meridianamente claras. Katie, figura ambigua y fría de la que apenas se nos cuenta un destello de su problemático pasado académico, es interpretada por Alison Pill con una permanente expresión hierática que poco favor le hace. En cuanto a Sonoya Mizuno, que ha aparecido en todas las películas que ha dirigido Garland (como ginoide en “Ex Machina” y como alienígena en “Aniquilación”), consigue hacer que Lily transmita, pese a su andrógino y frágil exterior, una gran fuerza interior. El problema es que el suyo es un personaje que pasa de cero a cien. Aparte de algunos flashbacks poco reveladores, nada sabemos de ella antes que la muerte de su novio ponga su vida patas arriba.

 

Esa distancia respecto a los personajes es un defecto llamativo en el mundo de la televisión, un formato cuya principal ventaja es, precisamente, la de ofrecer espacio para profundizar en los personajes, pudiendo ir añadiéndoles capa tras capa de matices y motivaciones hasta que el espectador simpatice y se identifique con ellos. Pero “Devs” opta por un enfoque en el que prima lo intelectual sobre lo emocional, ralentizando el ritmo y haciendo que muchas conversaciones adopten un tono críptico y apagado. Garland, como Forest, se empeña tanto en no revelar ciertos detalles que se arriesga a perder por el camino una parte considerable del público, cansado de esperar a que levante el telón y muestre todas sus cartas.

 

Uno de los problemas de la serie, precisamente, es su incapacidad para explicar muchas cosas relevantes a un público no particularmente cercano o interesado en las teorías cuánticas. No es que se precise un doctorado en Física para seguir la trama, pero si no es mínimamente conocedor de ciertas teorías, hay una parte de ella que siempre resultará impenetrable. Además, como los personajes son expertos en esa materia y se presume que comprenden los aspectos técnicos de la investigación en curso, sus conversaciones no aportan demasiada claridad al respecto.

 

“Devs” es una serie que mezcla la ciencia ficción y el thriller conspirativo y que, a través de sus personajes, articula un mensaje esperanzador: aunque vivimos en mundos moldeados y vigilados por poderosos e inhumanos sistemas que se empeñan en restringir nuestras opciones, el libre albedrío sigue siendo posible. En cierto sentido, “Devs” puede ser casi una experiencia hipnótica. El problema con la hipnosis es que también puede adormilar. Por eso no es una serie apta para un público generalista sino para aquellos espectadores que busquen ideas intrigantes, atmósfera y deleite visual por encima de acción y emoción.

 

 

 

 

4 comentarios:

  1. Comenze a ver DEVS y tire la toalla al segundo capitulo. Me parecio interesante pero fui incapaz de conectar con algun personaje. Me pasò tambien con Ex-machina.-

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  2. "A partir de ese momento, Boyle se centró en su carrera de guionista de CF"
    Creo que te referías a Garland.
    Gracias por tu estupendo trabajo, saludos.

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    1. Pues sí, ha sido un lapsus. Me refería a Boyle... Gracias a tí por pasarte por aquí...

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  3. Menos mal que yo si puedo aguantar ese ritmo narrativo que dan ciertas películas y por lo mismo es que disfruté esta serie de principio a fin. No todo es acción señores, esta serie te hace pensar, investigar y hasta tener tu propia idea de lo que somos o podemos ser con nuestros actos. La idea es interesante y visualmente también.

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