sábado, 11 de diciembre de 2021

1993- MENDIGOS EN ESPAÑA – Nancy Kress

Si existiera algún tipo de pastilla que nos permitiera vivir sin dormir y no sufrir ningún tipo de patología física o psíquica por ello, ¿la tomaríamos? Aquéllos que decidieran hacerlo, ¿tendrían algún tipo de ventaja sobre quienes no? A primera vista, se diría que disponer de más horas de vigilia al día nos proporcionaría más tiempo para hacer aquello que deseamos. Pero lo cierto es que, hoy por hoy, no parece algo realista. El sueño no es tiempo perdido sino un periodo crucial dentro de nuestros ciclos circadianos durante el que el cerebro aprovecha para “limpiarse”, se liberan hormonas importantes y el cuerpo se relaja y se recupera de la actividad desarrollada durante el día. No parece que en un futuro próximo el sueño sea algo de lo que podamos prescindir.

 

Naturalmente, existen muchas drogas y sustancias químicas que retardan la aparición del sueño o acortan el mismo. Algunas fueron desarrolladas para ayudar a gente con patologías como la narcolepsia. Otras fueron producto del deseo de los militares, siempre interesados en mantener a sus soldados despiertos durante momentos de acción prolongada en el campo de batalla. Uno de los más conocidos fue el Modafinilo, inventado en Francia en los años setenta del pasado siglo y probado abundantemente en el ámbito militar (pilotos de caza y helicópteros, por ejemplo), pero no sólo allí. Es también muy utilizado por gente del mundo financiero… y por estudiantes y transhumanistas que creen que les ayudará a incrementar su inteligencia.

 

La ética de la mejora cognitiva y el uso de drogas para aumentar la inteligencia es un terreno espinoso en el que compiten opiniones de lo más variadas. Pero es algo a lo que probablemente habrá que enfrentarse antes o después. ¿Qué ocurrirá –u ocurre ya- cuando un trabajo o entorno exigentes empuja a sus empleados a consumir este tipo de sustancias químicas? ¿Quién debería tener acceso a ellas? ¿Médicos? ¿Camioneros? ¿Estudiantes? Y, yendo más allá, si alguna vez los investigadores descubren una forma de trastear con nuestros genes de tal forma que, de verdad y sin secuelas, el sueño quede obsoleto, ¿Se incrementará la productividad? ¿Ese sobrante de energía y tiempo no nos colocaría en el sendero de la destrucción medioambiental? ¿Lo aprovecharíamos realmente para disfrutar con las familias, viajar y crear arte o serviría para destruir relaciones y sumir a la gente en la depresión? Y un escenario aún peor, ¿qué consecuencias sociales tendría que tal avance sólo estuviera al alcance de unos pocos? ¿No aparecerían envidias entre los privilegiados y el resto? ¿Cómo podría legislarse semejante situación?

 

Todos estos aspectos son los que propone Nancy Kress en su novela corta “Mendigos en España”, ganadora de los premios Hugo y Nébula en 1991 y dos años después ampliada a novela –y, más tarde, a saga compuesta por otros tres volúmenes-.  

 

A comienzos del siglo XXI, el descubrimiento de la fusión fría, conocida como Energía-Y, ha resuelto multitud de problemas energéticos y medioambientales y ha ayudado a desarrollar nuevas patentes que han convertido a los Estados Unidos en un país inmensamente rico.

 

Uno de los potentados de esa nueva era es Roger Camden, que se puede permitir pagar un novedoso y caro tratamiento de diseño genética para su hija aún no nata. No se trata sólo de dotarla de las esperadas virtudes físicas (rubia, ojos azules y muy hermosa) y mentales (inteligente, de carácter dulce, curiosa y psicológicamente estable), sino de hacer que no necesite dormir. Al poder dedicar ese tiempo extra a estudiar o desarrollar cualquier tipo de actividad, mejora su rendimiento, productividad e inteligencia. Por si fuera poco, más tarde se descubre que, por una serie de ajustes bioquímicos producto de la eliminación del sueño, los Insomnes –porque no tarda en haber más como ella- gozan de mejor salud. Tanto, de hecho, que sus órganos se autoreparan, lo que les confiere una gran longevidad.

 

Así, Leisha es todo lo que su padre había soñado y éste no esconde en absoluto su predilección…respecto a su hermana gemela, Alice. Y es que el parto fue doble, pero la “segunda” nació sin planificación genética de ningún tipo. Es una niña normal que es desde el principio ignorada por su padre, que dedica todo su cariño, atención y esperanzas a Leisha. En cambio, Alice, sí es la preferida de su madre, que se había opuesto a la planificación genética exigida por su dominante marido.

 

Aunque son conscientes de ella, esa diferencia entre ambas no afecta demasiado a las niñas durante la infancia. Juegan juntas y se apoyan mutuamente, aunque Alice tiene peor genio y todos los días debe irse a dormir; Leisha, por el contrario, siempre exhibe un carácter dulce y por la noche recibe clases de profesores contratados para alimentar su intelecto. Pero conforme crecen, su relación se estropea. Leisha ansía mantener la conexión con su hermana, pero Alice sólo desea ser normal y se siente avergonzada por la atención que todo el mundo le presta a su gemela. Así, mientras Leisha acumula honores académicos en sus estudios, Alice se convierte en la rebelde: se queda embarazada a temprana edad, huye del hogar, corta la relación con su familia y, en general, lleva una vida complicada.

 

Durante sus estudios universitarios de Derecho, Leisha traba contacto con otros Insomnes –cada vez son más numerosos al hacerse más accesible el tratamiento genético prenatal y demostrar que no tiene efectos secundarios- y establecen una red de información y apoyo. Las capacidades que éstos exhiben no tardan en despertar preocupaciones primero y celos y violencia después entre los Durmientes, que se sienten amenazados por las superiores capacidades de los Insomnes producto de haber dedicado todo su tiempo vital al desarrollo profesional, académico o personal. El panorama futuro al que parece abocada la sociedad es el de una clase productiva, inteligente y rica en expansión –ya que su genética se transmite a la siguiente generación; y otra en retroceso y cada vez más dependiente de la primera. El conflicto es inevitable.

 

Tal y como ella misma declara en la introducción del libro, Kress utilizó ideas tanto de Ursula K Le Guin, en particular las expuestas en su libro “Los Desposeídos” (1974); como de Ayn Rand. Buena parte del sustento de la novela, en la forma del ideario vital transmitido a su hija predilecta por Roger Camden, está basado en el Yagaísmo, una escuela de pensamiento fundada por el científico Kenzo Yagai, inventor de la fusión fría, y que es básicamente una trasposición del Objetivismo, el sistema filosófico, ético y político elaborado por Aynd Rand a partir de los años 40 del pasado siglo. Su premisa principal es que la dignidad de un individuo está directamente relacionada con lo que sea capaz de conseguir con su propio esfuerzo. El intercambio de su logro con los de otros miembros de la sociedad a través de un contrato implícito es la base de la sociedad. En las palabras del propio Yagai:

 

“La espiritualidad de un hombre (que es solamente su dignidad como hombre) reposa sobre su propio esfuerzo. La dignidad y la valía no las otorga automáticamente un nacimiento aristocrático; basta mirar la historia para verlo. La dignidad y la valía no las otorga automáticamente la riqueza heredada; un gran heredero puede ser un ladrón, un derrochador, cruel, explotador, una persona que deja al mundo mucho más pobre de como lo encontró. Ni la mera existencia confiere la dignidad y la valía; un asesino en masa existe, pero tiene un valor negativo para su sociedad y no posee dignidad en su ansia de matar.

 

No, la única dignidad, la única espiritualidad descansa sobre lo que un hombre puede lograr con su esfuerzo. Robarle a un hombre la posibilidad de tener logros, y de intercambiar sus logros con los demás, es robarle su dignidad espiritual.

 

Por eso en nuestro tiempo ha fracasado el comunismo. Toda coerción, toda fuerza que releve al hombre de lograr las cosas por su propio esfuerzo, causa un daño espiritual y debilita a una sociedad. La conscripción, el robo, el fraude, la violencia, la falta de representación legislativa… todas ellas roban al hombre su oportunidad de elegir, de tener sus propios logros, de intercambiar esos logros con los demás. La coerción es una trampa; no produce nada nuevo. Solamente la libertad, la libertad de tener logros e intercambiarlos libremente, crea el entorno adecuado para la dignidad y la espiritualidad del hombre”.

 

Todo lo cual está muy bien, claro, si todo el mundo es capaz de producir lo mismo o, al menos, de valor equivalente. El problema es que, en esa sociedad futurista como en nuestro propio mundo, no todo el mundo parte de la misma situación. La producción y su valor está escorándose claramente a favor de los Insomnes –por supuesto, defensores de esa filosofía- que no dejan de ser privilegiados genéticos creados artificialmente por padres ricos. Previsiblemente y a no mucho tardar, va a existir una parte considerable de esa sociedad, los Durmientes, que van a aportar menos de lo que reciben de los Insomnes. Son los “Mendigos en España” del título. Además del resentimiento que la situación provoca en éstos, la derivada que pueden extraer los primeros es la de que, puesto que los Durmientes aportan menos, ¿por qué tienen que recibir la misma recompensa, ya sea económica o en forma de derechos sociales o políticos?

 

Al final de la novela corta, Leisha y Alice, en plena crisis por salvar a una niña Insomne, recuperan su antigua conexión, encuentran la forma de cooperar y demuestran que, después de todo, los “Mendigos” –simbolizados por Alice- sí tienen mucho que aportar aunque no sea cuantificable económicamente. La expansión del relato a novela pone de manifiesto, no obstante, que la solución encontrada por las dos hermanas no es aplicable a la sociedad americana en su conjunto. Aunque Kress acierta a la hora de describir cómo Leisha descubre que los ideales inculcados por su padre se quiebran bajo el peso de la realidad, no lo hace tanto hacia el final del libro, donde tiende a retratarlo todo en términos absolutos: todo el mundo parece ser o alguien de talento y productividad asombrosos, o parásitos perezosos e ignorantes.

 

Es casi inevitable que la reacción del lector ante este relato quede condicionada, al menos en parte, por su actitud hacia el Objetivismo. Personalmente, me parece un esquema de pensamiento muy antipático. Algunas de sus máximas son: “El Egoísmo es una Virtud”, “El Orgullo es una Virtud”, “La Humildad es un vicio” (entendiendo aquélla como baja autoestima), “El extremismo es bueno”, “El sacrificio personal siempre es inmoral” o “No existen los derechos positivos”. En mi opinión, las tesis de Rand –que darían como resultado una sociedad ultralibertaria- son demasiado extremas para llevarse a la práctica, especialmente en un planeta tan densamente poblado, urbanizado y profundamente interconectado como el nuestro. Asimismo, no tiene en cuenta el hecho de que los humanos somos seres sociales, lo cual significa a menudo tratar inevitablemente con gente a la que detestamos o menospreciamos.

 

Lo preocupante de esta filosofía no son tanto sus ideas como los extremos a los que algunos de sus defensores –sobre todo en Estados Unidos- están dispuestos a llegar. Algunas de sus propuestas, supuestamente basadas en el Objetivismo, sin duda darían lugar a un futuro distópico, puede que incluso similar a lo que describe “Mendigos en España”. Por ejemplo, una de las fuentes de indignación de este movimiento es la parte de la sociedad que vive del Estado del Bienestar sin aportar nada a cambio. Se les pinta como un grupo feliz de vivir de las generosas subvenciones y ayudas (o así las ven ellos) del Estados Unidos del siglo XXI. Esas dádivas, según ellos, matan cualquier inquietud o impulso para mejorar su situación o desarrollar sus capacidades. Es una crítica ya vieja a los sistemas de bienestar y aunque tiene sus puntos de razón, también es cierto que se suele plantear el problema a brochazos y sin matices de ningún tipo. Además, la novela, como ya he dicho, amplifica el problema a unas dimensiones poco verosímiles, polarizando la población en dos extremos completamente opuestos.

 

Tampoco es muy realista la ciencia que Kress se saca de la manga para “justificar” el diseño genético de los Insomnes y todo lo que rodea su vida, especialmente cuando se descubre que, por algún motivo no muy verosímil, la carencia del sueño les va a permitir, además, vivir un par de siglos sin envejecer. Subir la apuesta de semejante forma parece dirigido, por una parte, a crear mayor envidia entre los humanos “normales” y, por tanto, agriar todavía más el conflicto; y, por otra, dotarse de una excusa para contar una historia que se extiende casi cien años protagonizada por los mismos personajes.

 

Para diluir la legitimidad de algunos argumentos económicos, Kress imagina unos Estados Unidos en los que las necesidades básicas de todo el mundo están cubiertas gracias al descubrimiento y explotación de una nueva forma de energía, limpia y barata. Todo el mundo disfruta de comida y casa. En un punto determinado de la trama, un grupo de Insomnes compra una extensa parcela de tierra en las montañas para construir su propio refugio, el Santuario, tras cuyos muros protegerse de las cada vez más numerosas agresiones de los Durmientes hostiles. Hostilidad que queda claro no proviene de la riqueza que acumulan los Insomnes, sino de su diferencia y la percepción de amenaza que aquéllos ven en esto.

 

Y es que, claro, los tratamientos genéticos prenatales son caros. Lo que significa, para empezar, que los niños Insomnes provienen de familias adineradas. Además, han sido diseñados para ser inteligentes y atractivos, con lo cual tienen todas las de ganar en la vida. Por si fuera poco, Kress fuerza algo la suspensión de la incredulidad al suponer que las siete horas de media que los humanos ordinarios dedican al sueño todos los días, los Insomnes las pasan no corriéndose juergas en bares o mirando videos de gatos por internet, sino estudiando y preparándose para ser los mejores en todos los campos.

 

“Mendigos en España” es un libro de ideas y no tanto de personajes. Su principal interés reside en explorar cómo los humanos, a nivel individual, comunal y político, reaccionamos ante los cambios. En este caso, el conflicto entre Insomnes y Durmientes no es más que una alegoría de problemas muy reales de nuestro mundo, algunos de ellos, incluso, inexistentes todavía cuando Kress escribió el libro. Por ejemplo, las leyes que los políticos de la novela promulgan prohibiendo a los Insomnes abrir negocios que operen 24 horas argumentando que supone hacer uso de una ventaja que se considera injusta, no parecen tan estúpidas cuando se admiten en nuestra realidad leyes que permiten a los negocios negarse a atender a parejas gays apelando a la libertad religiosa. Por desgracia en este caso, situaciones que se dirían imposibles en 1993 ya no lo parecen tanto hoy. 

 

Con todo lo apasionante que pueda resultar este choque de ideas, quizá la mejor parte de la novela y, desde luego, la más emotiva, es la que se centra en la relación entre Leisha y Alice y, sobre todo, en la primera parte, cuando ambas van distanciándose conforme crecen. Kress consigue transmitir una imagen cercana e íntima de lo que significa ser Insomne, los beneficios que le aporta a Leisha y lo mucho que ello afecta a la personalidad de su hermana Alice. Contemplamos ese proceso principalmente a través de los ojos de la primera. La inteligente y motivada pero ingenua Leisha no parece capaz de comprender la carga que su brillantez supone para su gemela, constante e inevitablemente sometida a comparaciones negativas. Leisha y Alice son dos personajes sobresalientemente concebidos y desarrollados, opuestos en casi todo, pero, aun así y tal y como descubren pasado el tiempo, unidos por un invisible lazo afectivo.

 

Las mujeres son sin duda las que llevan la voz cantante de la novela. Leisha es la protagonista durante la primera mitad. Susan Melling (una humana normal, Durmiente o, en términos peyorativos, “mendiga”) es la neurocientífica que descubre cómo eliminar la necesidad del sueño. Jennifer Sharifi es una Insomne que funciona como opuesto a la apertura de mente y optimismo de Leisha hacia los Durmientes. Alice es quizá el personaje con el que resulta más fácil simpatizar, una humana ordinaria privada del amor de su padre por motivos que escapaban a su voluntad y control.

 

La propia Leisha, después del primer cuarto de la novela, deja de conducir la trama y pasa a ser empujada por ella y en la segunda mitad prácticamente desaparece de la misma. Interviene de vez en cuando, ya con sesenta años pero aparentando treinta, luchando contra la desafiante adolescencia de su hijo adoptivo, que es un Durmiente. La acción se traslada principalmente a la estación orbital que ha pasado a ser el nuevo Santuario y el personaje prominente es Jennifer Sharifi, investigando cómo crear humanos todavía más avanzados. La última parte de la historia está narrada desde el punto de vista de Miranda, la nieta Superbrillante de Jennifer, criada en Santuario.

 

El principal problema con los personajes reside en la pasividad de Leisha. Se nos dice que aprobó con la máxima calificación sus estudios de Derecho en Harvard, se convirtió en abogada, escribió un libro sobre Abraham Lincoln, se enfrenta a un Durmiente que utiliza el odio de sus congéneres para sus propios intereses… y poco más. Básicamente, es el vehículo para transmitirnos el detestable comportamiento de los humanos originales y el cada vez más inquietante comportamiento de los Insomnes en Santuario. Aparentemente, a nadie en el gobierno norteamericano se le ocurrió que ceder el control de una plataforma orbital a un grupo de científicos superinteligentes y resentidos sería una mala idea.

 

Otro punto débil es el personaje de Jennifer Sharifi. Ésta es hija de una estrella de Hollywood y un multimillonario del Oriente Medio –algo raro en un mundo en el que la dependencia del petróleo ha sido superada por la Energía-Y -. Como todos los insomnes, es hermosa, pero en la primera parte sufre una experiencia traumática que cimenta su desprecio por los humanos normales, abrazando el precepto yagaísta de que los miembros improductivos de una comunidad ya no tienen derecho a pertenecer a la misma. La segunda mitad del libro debería haber servido para poner a prueba esas creencias y llevarlas a sus extremos, pero eso no ocurre. Las escenas con el consejo de gobierno controlado por su familia se quedan solamente en un ejemplo de ejercicio abusivo y corrupto del poder. Esto queda aún más subrayado por la reacción de Miranda a las creencias y acciones de su Madre. Kress no consigue plasmar de forma convincente la sinceridad de Jennifer respecto a los ideales que dice defender.  

 

Por último y relacionado con lo anterior, de todos los Insomnes, Jennifer es la única que parece seguir un sistema de creencias espirituales: cita el Corán y viste de acuerdo al modo tradicional islámico (aunque no cubre su cabello). Por alguna razón no justificada, cada vez que aparece se menciona su vestimenta mientras que el atuendo del resto de los personajes nunca se describe. Además, parece algo raro que Jennifer, que arde con un odio irracional contra todos los humanos originales, que es una persona de mentalidad rígida y dispuesta a lo que sea para alcanzar sus metas, sea la única Insomne con un sustrato religioso y que éste, además, sea el Islam. Dado que sólo conocemos un fragmento de su niñez –en la que se incluye una madre envejecida y envidiosa de la belleza de su hija- no se explica el por qué de la importancia que tiene para ella esa religión o la adopción de las tradiciones asociadas con la misma. Esto acerca demasiado a Jennifer al estereotipo y debilita la historia.

 

Aún con todas estas pegas, “Mendigos en España”, como la buena CF, es un libro que ofrece abundantes ideas para la reflexión y el debate. No es, ni pretende serlo, una lectura cómoda. Kress describe muchas de las situaciones y conflictos de forma un tanto extrema y es fácil sentirse en desacuerdo con ella. Sin embargo, esto no debe echar atrás al lector potencial porque el propósito de la escritora no es tanto exponer su pensamiento acerca de lo que es o no correcto como proponer una serie de ideas que desafíen sus convicciones o incluso las sometan a reconsideración. Sigue siendo un texto relevante que toca temas que no van a perder interés en un futuro cercano, como la forma en que se construye y funciona una sociedad y los contratos implícitos entre sus miembros; cómo afrontamos los cambios sociales a que dan lugar los avances tecnológicos; el origen y consecuencias de los prejuicios; o cómo una minoría perseguida puede acabar convirtiéndose en una élite opresora de sus antiguos adversarios….   

 

 

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