miércoles, 19 de febrero de 2020

2009- AVATAR - James Cameron (1)

Buena parte de la cobertura que los medios de comunicación ofrecieron de “Avatar” se apoyó en titulares del tipo: “James Cameron, el director de “Titanic” (1997), vuelve a las pantallas de cine tras una ausencia de doce años”. Da la impresión de que muchos de esos articulistas tenían poco menos de veinte años y que no comprendían lo mucho que James Cameron había cambiado el rostro del cine moderno antes de “Titanic”. Cameron es el padre de la revolución digital en el cine; la persona que prácticamente en solitario transformó el cine de acción en un producto sostenido primordialmente por el espectáculo visual. Sin James Cameron, no habrían existido Roland Emmerich, Stephen Sommers, Michael Bay, Hermanos/as Wachowski o Peter Jackson. No digo que éstos no se hubieran dedicado al cine igualmente, pero es muy probable que el trabajo que han venido desarrollando desde hace más de dos décadas hubiera sido muy diferente de no haber existido los cimientos que para ellos dejó Cameron.


Después de trabajar en varias películas formando parte de los departamentos de efectos especiales y diseño de producción, James Cameron hizo un poco prometedor debut como realizador en “Piraña 2” (1981) antes de dar la campanada con “Terminator” (1984), una película de serie B que se convirtió en un éxito mundial y propició no solamente innumerables imitadores de todo pelaje sino un gran interés por el subgénero de los viajes en el tiempo durante todo el resto de esa década. A continuación vendría otro éxito enorme, “Aliens” (1986), considerada una de las mejores películas de CF de la década y, como la anterior, origen de múltiples films que copiaban su historia o su atmósfera con mucho peor resultado.

Curiosa e irónicamente, la película más revolucionaria de Cameron fue también una de las más turbulentas en su desarrollo y menos exitosa: “Abyss” (1989), una historia sobre primer contacto con alienígenas en las profundidades abisales. Uno de sus momentos álgidos fue la escena en la que la tripulación protagonista se encuentra con un tentáculo artificial hecho de
agua y que fue la primera secuencia de efectos especiales generada por ordenador e integrada en la imagen real. “Abyss” también consolidó la reputación de Cameron como un tirano en el set de rodaje, alguien obsesionado por el control y dispuesto a sacrificar lo que sea y exprimir al máximo al equipo con tal de dar forma a su visión.

La película que sin duda cambió el rumbo del cine de acción fue su siguiente título, “Terminator 2: El Juicio Final”, que asombró al mundo con su androide de metal líquido y que encendió la chispa de la revolución de los efectos digitales. Casi de la noche a la mañana surgieron docenas de compañías especializadas que avanzaron todavía más por el camino
abierto por Cameron, abarataron costes y dieron lugar al blockbuster CGI. Mientras tanto, Cameron pasó a la comedia con “Mentiras Arriesgadas” (1994) que, aunque disfrutable, sigue siendo uno de sus títulos menores y tuvo un resultado solo modesto en taquilla. Volvió a lo más alto con “Titanic”, que trascendió su naturaleza fílmica para convertirse en un auténtico fenómeno. Mezcla de romance lacrimógeno y cine de catástrofes aderezada con unos efectos especiales asombrosos, fue el éxito mundial por antonomasia y le dio a Cameron un Oscar al Mejor Director.

A partir de “Terminator 2”, Cameron también se ganó la reputación de manejar presupuestos colosales en sus películas. La antedicha fue la primera en superar la marca de los 100 millones de dólares y cada uno de sus siguientes films, incluyendo “Avatar”, fue en su momento el más caro de la historia. “Titanic”, superando los 200 millones, corrió incluso el riesgo de ser cancelado por el estudio ante lo que parecía un presupuesto descontrolado que podía, valga el juego de palabras, hundirlos a todos.

Nadie esperaba que después de “Titanic” y autoproclamarse “Rey del Mundo” al recibir su Oscar, Cameron se dedicara a…. no mucho. Durante la siguiente década y media, el director
pareció retirarse del ojo público. No fue exactamente así, claro, y su nombre sí aparecía asociado a obras que llegaron o no a producirse. A comienzos de siglo se habló de una película sobre Marte, pero no llegó a concretarse en nada; creó y produjo la serie televisiva de “Dark Angel” (2000-2) y produjo el remake de “Solaris” que dirigió Steven Soderbergh en 2002. También escribió el guion del largamente planificado remake de “Viaje Alucinante” (1966), cuya dirección Roland Emmerich afirmó haber rechazado y que sigue en el limbo. Después de un arbitraje del Sindicato de Guionistas, fue retirado de los créditos del guion de “Spiderman” (2002), un tratamiento que había escrito en los ochenta.

Pero sobre todo, Cameron se dedicó a su pasión: el submarinismo y la exploración. Dirigió
varios cortos documentales en formato IMAX 3-D como “Expedition: Bismarck” (2002), “Ghosts of the Abyss” (2003) o “Aliens of the Deep” (2005); y produjo otros como “Volcanoes of the Deep” (2003), “Last Mysteries of the Titanic” (2005) o “Titanic Adventure” (2005). También se adentró brevemente en los documentales bíblicos como productor y narrador de “The Exodus Decoded” (2006), que sostenía haber encontrado evidencias arqueológicas de ese pasaje del Antiguo Testamento; o el polémico “The Lost Tomb of Jesus” (2007) que trataba de defender científicamente el dudoso descubrimiento del osario de Jesucristo.

La razón del dilatado hiato entre “Titanic” y “Avatar” parece ser doble. Cameron anunció este siguiente gran Proyecto allá por 1991, cuando estaba estrenándose “Terminator 2”. El tratamiento original de ochenta páginas de lo que un día sería “Avatar” fue rechazado por los estudios al considerarlo un proyecto demasiado caro. Buena parte del retraso obedece al convencimiento, tal y como el propio Cameron afirmó en muchas entrevistas, de que la tecnología cinematográfica no tenía el grado de desarrollo necesario como para permitirle dar a su visión el realismo necesario.

La posibilidad de llevar “Avatar” a término no empezó a tomar forma en la mente de Cameron hasta que vio el Gollum de “El Señor de los Anillos: Las Dos Torres” (2002). Se dice incluso que fue el propio Peter Jackson quien le animó a regresar a la silla de director. Fue esa la razón por la que una parte sustancial de “Avatar” fue realizada en los estudios que tiene Weta (recordemos, una compañía propiedad de Jackson) en Wellington, Nueva Zelanda. Poco después llegaron “King Kong” (2005, también de Jackson) y “Piratas del Caribe: El Cofre del Hombre Muerto” (2006). Cameron decidió dar el paso adelante al considerar que ya podía dirigir las interpretaciones con captura de movimientos igual que las tradicionales, esto es, con el actor o actriz en el entorno adecuado y con luz natural.

Ahora bien, la demora tecnológica no explica por qué Cameron no se embarcó en algún otro
proyecto en la década que medió entre una y otra película. Uno podría sospechar con cierto fundamento que no sabía cómo regresar sin quedar por debajo del fenomenal éxito de “Titanic”.

Ya con la producción en marcha y habiendo apostado un presupuesto de casi 200 millones de dólares, no puede extrañar que los ejecutivos de la Twentieth Century-Fox se pusieran nerviosos cuando Cameron reveló que el reparto de actores estaría compuesto básicamente de desconocidos. Sam Worthington llevaba diez años en la industria sin salir de papeles para
productos televisivos y films menores y sólo aquel mismo año, poco antes del estreno de “Avatar”, su nombre empezó a llamar la atención al coprotagonizar junto a Christian Bale “Terminator: Salvation” (2009). Algo parecido sucedía con Zoe Saldana, que también en 2009 destacó en otra producción de CF, el “Star Trek” de J.J.Abrams. A pesar de quedar prácticamente irreconocible tras el “maquillaje” digital, Saldana demostraría ser mucho mejor actriz que su compañero coprotagonista, soso e inexpresivo. Sigourney Weaver, vieja conocida de Cameron desde los tiempos de “Aliens”, interpreta aquí con su habitual solvencia a la doctora Grace Augustine. El principal villano, el coronel Quaritch, lo encarna a la perfección Stephen Lang, un actor de incuestionable presencia y forma física pese a su ya madura edad.

Cameron se llevó al reparto a Hawaii para ensayar antes de comenzar el rodaje oficial. Worthington, Saldana y otros secundarios que daban vida a los Na´vi iban por ahí vestidos en sus diminutos atuendos y actuando mientras el director los grababa con una pequeña cámara portátil. Cuando un peatón le preguntó a Worthington qué ocurría, el actor le dijo que James Cameron estaba haciendo una película. Echando un vistazo al vestuario y la diminuta cámara, el viandante observó con tristeza: “¡Vaya! Ha caído muy bajo desde “Titanic””.

Aquel comentario no podría haber estado más lejos de la realidad, porque “Avatar” registró un éxito sin precedentes cuando se estrenó a mediados de diciembre de 2009 en más de 14.000 salas de todo el mundo, incluyendo más de 3.600 en 3D y más de 2.000 en formato IMAX. En seis semanas se convirtió en la película más taquillera de la historia y, habiendo multiplicado por once el presupuesto final, la primera en ganar más de 2.000 millones de dólares en todo el mundo. Fue nominada para nueve Oscar, de los cuales ganó tres: Fotografía, Dirección Artística y Efectos Visuales (las otras nominaciones fueron para Mejor Película, Mejor Director, Mejor Banda Sonora, Mejor Edición, Mejor Sonido y Mejor Edición de Sonido).

En el año 2154, Jake Sully (Sam Worthington), un marine que ha quedado paralizado por
debajo de la cintura, es reclutado por el ejército para una misión en el planeta Pandora. Éste se halla habitado por una especie humanoide inteligente de cuatro metros de alto conocida como Na´vi, perfectamente adaptada a un ecosistema rebosante de vida. Sin embargo, el verdadero valor del planeta para las corporaciones terrestres es el unobtanium, un mineral superconductor muy raro cuya extracción se está viendo dificultada por la hostilidad de los Na´vi.

Los científicos han estado intentando congraciarse con los Na´vi utilizando Avatares, esto es, cuerpos que mezclan ADN Na´vi y humano y que pueden ser manejados a distancia mediante una conexión neural con un operador. Jake tiene que reemplazar a su hermano gemelo, que había recibido adiestramiento como operador de Avatar antes de resultar muerto en el planeta. Se supone que Jake será capaz de fusionarse con el Avatar de su hermano dado que comparten el mismo ADN. Jake asume su tarea con gran entusiasmo, dado que el Avatar le permite escapar de su condición de discapacitado.

Sin embargo, en su primera salida a campo abierto, Jake es atacado por la fauna salvaje de Pandora y se separa del grupo. Solo en la selva e ignorante de los peligros que le rodean, es
rescatado por una muchacha Na´vi llamada Neytiri (Zoe Saldana). Cuando ella está a punto de matarlo, unas plantas brillantes envuelven a Jake, algo que Neytiri interpreta como un signo de que él es un elegido por Pandora. Gracias a este accidente, Jake es poco a poco y no sin reservas aceptado por la tribu Omaticaya. Los científicos humanos consideran que este logro es una oportunidad única para estudiar a los Na´vi, pero el coronel Quaritch (Stephen Lang) le recuerda que está bajo jurisdicción militar y le ordena que se gane la confianza de los nativos y reconozca el terreno.

Bajo la tutela de Neytiri, Jake va descubriendo las delicias de la vida entre los Na´vi, aprendiendo sus costumbres y habilidades, como fusionar su mente con una especie de
dragones y poder utilizarlos de monturas voladoras. Mientras tanto, los científicos se dan cuenta de que todas las formas de vida de Pandora comparten un nexo neural, un descubrimiento que no impide que Quaritch, harto de esperar una solución pacífica con los nativos que deje las manos libres a la corporación minera, ordene un ataque contra el centro espiritual y biológico de los Omaticaya, el Arbol Madre, bajo el cual se encuentra el más rico yacimiento de unobtanium. Comprendiendo que este movimiento por parte de los militares va a suponer una masacre brutal de los Na´vi y la destrucción de su ecosistema, Jake cambia de bando y los organiza para que, armados de arcos, flechas y su conocimiento del terreno, se opongan al abrumador poder bélico de los humanos.

Tener a James Cameron de vuelta fue un bienvenido acontecimiento. A diferencia del similar
retiro que vivió George Lucas entre mediados de los ochenta y finales de los noventa, Cameron demostró no haber perdido ninguno de los rasgos que lo hicieron grande. “Avatar” es una película épica y espectacular que ofrece todo lo que uno puede esperar de un producto dirigido por Cameron, como la obsesión por la tecnología, tanto en la que vemos formando parte de la trama como en la que se utiliza para llevar la propia producción a término. El director y su equipo de diseño crean algunas máquinas fabulosas: grandes flotas de helicópteros blindados, enormes vehículos mineros, versiones militares del exoesqueleto de “Aliens”, una preciosa nave con velas solares... junto a todo tipo de detalles en forma de artefactos y decorados a lo largo de la historia.

Más importante aún que la tecnología es la sofisticación y minuciosidad con la que Cameron crea un mundo alienígena. En la mayoría de las películas y series de televisión –las del universo Star Trek son especialmente ofensivas en este sentido- lo alienígena se reduce a un puñado de extras con algunas prótesis faciales en narices y frentes. Resulta frustrante el poco esfuerzo que hacen esos productos por tratar de concebir algo verdaderamente ajeno al antropomorfismo y la cultura humanas. No es que “Avatar” quede totalmente libre de los antedichos defectos, pero sus creadores sí hacen un esfuerzo considerable por imaginar unos alienígenas que se distanci
an físicamente del hombre –eso sí, no tanto como para que la interacción entre las especies sea complicada- y que posean una cultura propia.

Entre los muchos desafíos que tuvo que superar el equipo de producción estuvo el de inventar un lenguaje nuevo para los Na´vi. Cameron recurrió a Paul Rommer, director del Departamento de Lingüística de la Universidad de California del Sur, quien invirtió un año en crear sonidos, sintaxis y vocabulario coherente para esa especie, tomando prestada gramática y fonética de, entre otros, el polinesio, el maorí y diversas lenguas africanas; y teniendo en cuenta además que la lengua debía ser agradable al oído del espectador.

Asimismo, mientras que muchos mundos “alienígenas” en el cine de Holywood no parecen más
extraños que lo que pueda encontrarse en dentro de los límites del estado de California –de nuevo, “Star Trek” es el caso más flagrante- Pandora es un mundo que, por una vez, cuenta con una flora y fauna que parecen auténticamente vivos y que están retratados con un extraordinario detalle. Ello tampoco quiere decir que no se puedan sacar múltiples gazapos desde el punto de vista científico. Por ejemplo, si Pandora es un mundo cuya baja gravedad ha propiciado la evolución de seres de mayor altura y esbeltez, ¿por qué no vemos a los humanos moverse como si estuvieran en un entorno de baja gravedad? Por otra parte, si el planeta orbita un gigante gaseoso que ocupa tres cuartas partes del cielo y está rodeada de varias lunas, la gravedad en superficie no sería menor sino mayor que en la Tierra. Éstas, no obstante, son pegas menores en un film cuyo principal objetivo es deslumbrar y entretener al espectador.

De hecho, utilizando una mezcla de efectos digitales y captura de movimiento, Cameron zambulle al espectador en el mundo de los Na´vi, moviendo la cámara a través de un ecosistema que se abre a su paso como una especie de versión paradisiaca e hipervitaminada de la jungla de Tarzán. Las escenas en las que Jake es atacado por las bestias salvajes, cuando salta entre los árboles o sube por las enredaderas que flanquean las montañas flotantes, desprenden auténtico sentido de lo maravilloso. Esa misma euforia impregna la secuencia en la que Jake descubre cómo cabalgar un ikran, un momento cuya espectacularidad es realzada por el uso de la cámara en 3D.

Como ya hizo en “Titanic”, Cameron reserva las escenas más impactantes para el final de la película, con el derribo del Árbol Madre y la batalla masiva entre humanos y Na´vi tanto en tierra como en los cielos, culminando con el enfrentamiento a muerte entre el avatar de Jake y el exoesqueleto de Quaritch. A diferencia de muchos otros directores cautivados por el CGI, Cameron consigue equilibrar la satisfacción del fetichismo del espectador por la violencia y la destrucción masivas con el sentimiento sincero por la devastación y la muerte de tantos seres, ya sean animales o personajes. El hombre que comenzó la revolución de los efectos generados por ordenador regresa para mostrar al mundo no sólo que no ha perdido el pulso sino que sigue estando muy por delante de sus imitadores.



(Finaliza en la siguiente entrada)

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