lunes, 3 de agosto de 2015

1984- NEUROMANTE - William Gibson (2)




(Viene de la entrada anterior)

Desde un punto de vista temático, “Neuromante” representó tanto una ruptura radical con la ciencia ficción clásica como una renovación de sus convenciones más apreciadas. Un ejemplo de ello lo constituye la modificación corporal y la ampliación de la consciencia humana. El tratamiento que hace la novela de las prótesis y los implantes cibernéticos entroncan con el tema de la posthumanidad o la conjunción de hombre y máquina, dos temas que han formado parte de la ciencia ficción desde sus comienzos.

Examinemos un poco más de cerca los temas que Gibson aborda en su novela.



En el futuro de Gibson, en el que la tecnología es el símbolo del poder de las multinacionales sobre los gobiernos, el ciberespacio actúa como metáfora del capitalismo global,

Sin entrar en demasiados detalles técnicos –al fin y al cabo Gibson nunca fue un experto en
tecnología y, de hecho, escribió la novela con una vieja máquina de escribir-, Neuromante nos describe la existencia de la interfaz definitiva entre el cerebro y el ordenador y mediante la cual los hackers experimentan una “exaltación incorpórea” al entrar en el ciberespacio (también conocido como la Matriz) que se pone en equivalencia con el placer sexual, “más allá del ego, más allá de la personalidad”. Con su peculiar y evocador estilo, Gibson lo describe como “Una alucinación consensual experimentada diariamente por miles de millones de legítimos operadores, en todas las naciones, por niños a quienes se enseña altos conceptos matemáticos… Una representación gráfica de la información abstraída de los bancos de todos los ordenadores del sistema humano. Una complejidad inimaginable. Líneas de luz clasificadas en el no-espacio de la mente, conglomerados y constelaciones de información. Como las luces de una ciudad que se aleja…»

Pero el ciberespacio de “Neuromante” no es una mera realidad virtual tal y como la
entendemos hoy, sino una dimensión con verdadera entidad. Dado que los ordenadores, a través de la interfaz, pueden manipular las ondas cerebrales de los usuarios, todas las experiencias que tengan lugar en el ciberespacio tienen una validez tan real como las que acontezcan fuera de él. El ciberespacio es, por tanto, un mundo nuevo, una dimensión diferente. Allí, los “cowboys” disfrutan de una especial sensación de poder y libertad, cortados los lazos que les unen a los límites no sólo de la vida urbana, sino de sus propios cuerpos. Verse privados de esa experiencia supone un trauma brutal. Case, como hemos dicho, comienza la historia incapaz de conectarse al ciberespacio: “ Para Case, que vivía para la inmaterial exultación del ciberespacio, fue la Caída. En los bares que frecuentaba como cowboy estrella, la actitud distinguida implicaba un cierto y desafectado desdén por el cuerpo. El cuerpo era carne. Case cayó en la prisión de su propia carne".

Es en la Matriz donde esos delincuentes profesionales se ganan la vida: roban información
contenida en los ordenadores de las corporaciones industriales y trafican con ella. Sin embargo, el ciberespacio puede también ser un lugar muy peligroso. Las multinacionales y los militares protegen sus sistemas con programas defensivos generados por Inteligencias Artificiales (el “hielo negro”) que en cuestión de segundos pueden provocar la muerte cerebral del vaquero inexperto o imprudente

No es que Gibson inventara realmente nada. Otros escritores antes que él ya habían jugado con la idea de conectar el cerebro humano a los ordenadores. Como paisaje de imágenes formadas a partir de datos codificados electrónicamente, la Matriz, el Ciberespacio, también había sido visualmente anticipado por la película “Tron” y desarrollado más adelante por el televisivo “Max Headroom” o films como “Johnny Mnemonic”, “Virtuosity” o el propio “Matrix”. En el ámbito científico, el ciberespacio ya había sido concebido por pioneros de la realidad virtual como Ivan Sutherland, Myron Krueger, and Jaron Lanier así como en las visualizaciones que ya entonces generaban las supercomputadoras. El acierto de Gibson radicó en bautizar a esta construcción virtual como “Ciberespacio”, convirtiéndolo en una poderosa metáfora para los investigadores y teóricos de la realidad virtual. Por tanto, “Neuromante”,
probablemente más que ninguna otra novela de la historia de la CF, ejerció de puente entre el género y otros medios y culturas, especialmente aquellas relacionadas con la electrónica y la informática.

Testimonio tanto de la influencia de Gibson como de los avances tecnológicos en informática es que el concepto e interpretación del ciberespacio sea algo ya cotidiano en nuestro mundo, dominado por Internet, poblado por hackers y con una presencia cada vez mayor de realidades virtuales, ya sea en videojuegos o en aplicaciones militares. Es más, ese mundo virtual imaginado por Gibson ha condicionado en buena medida la forma en que los científicos han dirigido sus esfuerzos para recrearlo –sin conseguir, eso sí, llegar a su altura.

Como representación abstracta de la compleja y exuberante realidad del mundo ciberpunk, el
ciberespacio puede explicarse como un intento de resolver el problema cognitivo de cómo representar nuestra realidad contemporánea, en la que las nuevas tecnologías amenazan con asfixiarnos. A pesar de ello, la facilidad y eficacia con la que los cowboys de “Neuromante” navegan por esos espacios tecnológicos sugiere que la interfaz humano-ordenador puede iniciar un proceso evolutivo en nuestra especie.

Cabe destacar que esa promesa de transcendencia no está disponible para todo el mundo, sólo para aquellos quienes tienen acceso a terminales especiales...y sean varones. En “Neuromante” todos los cowboys que se mencionan, aquellos que disponen de la tecnología y los conocimientos para acceder al ciberespacio, son hombres. Algunos críticos con tendencias feministas han querido ver en este sesgo un significado más profundo, identificando a la Matriz como un espacio femenino en el que los hackers “penetran”, estando siempre en peligro de ser emasculados por los programas defensivos. Según esta interpretación, a pesar de la ausencia de cuerpo inherente al ciberespacio, la transcendencia electrónica de los hackers (varones y heterosexuales) tiene una dimensión claramente sexual.

Naturalmente, se puede argumentar que la consciencia del hacker es inseparable de su cuerpo por mucho que ansíe dejar éste atrás. Imaginería sexual aparte, la descripción que Gibson hace del ciberespacio sugiere una dualidad radical entre el cuerpo y la mente, en la que ésta tiene más importancia que aquél. Dado que no pueden tener un papel activo en el ciberespacio, las mujeres quedan permanentemente relegadas a una existencia orgánica en la “prisión de carne” que los hackers desprecian. Ello refuerza el tradicional reparto de roles que asocia la masculinidad con la
mente y la feminidad con el cuerpo.

En su segunda novela, “Conde Zero”, Gibson presentaría a una poderosa hacker femenina, Angie Mitchell, capaz de entrar en la Matriz directamente, sin ayuda de ordenadores (aunque su conexión con el ciberespacio es involuntaria), pero parece evidente que en “Neuromante”, el mundo virtual es exclusivo de los cowboys.

Si Case viene definido por su búsqueda de la conciencia pura en el ciberespacio, Molly lo es por su físico. Ello no es sólo porque su trabajo sea el de guardaespaldas y asesina, sino por la forma en que lo lleva a cabo. En lugar de utilizar armas de fuego, prefiere recurrir a unos escalpelos retráctiles insertados bajo sus uñas. Otras de sus modificaciones corporales son los reflejos aumentados y unas lentes de espejo incorporadas quirúrgicamente y de forma permanente a sus ojos. Este rasgo la señala inequívocamente como un ciborg, otro de los elementos clave dentro de los mundos de Gibson y el ciberpunk en general.

En el ciberpunk, las relaciones humanas casi siempre están subordinadas a una tecnología omnipresente e invasiva, mientras que las fronteras entre lo humano y lo artificial apelan a reflexionar sobre lo que significa ser humano. Y en esa línea están quienes han dado un paso más allá en su naturaleza fundiendo su cuerpo con la tecnología: los ciborgs.

En “Neuromante”, los ciborgs son algo corriente puesto que las prótesis, los implantes, la inserción de microcircuitos y otras reformas anatómicas están al alcance de un amplio sector de
la población. Así, cualquiera puede costearse chips que interactúan directamente con el cerebro del usuario y órganos, músculos y carne se cultivan artificialmente para venderlos como repuestos. Todo ello rompe los tradicionales límites del cuerpo humano y desmitifica la integridad del mismo. La carne es reducida a información que puede ser “editada” por las drogas, la cirugía y los implantes. Sin embargo, como parte de esa dualidad tan característica del ciberpunk, todo ello no conlleva un brillante futuro que extienda la vida humana y mantenga a los individuos eternamente jóvenes o sanos. Por ejemplo, Ratz, el barman de un tugurio de Chiba, tiene los dientes cariados y su brazo cibernético rechina al funcionar bajo su cobertura de óxido.

Ya hemos dicho que para todos aquellos iniciados en el ciberespacio, el cuerpo no es sino una prisión. Así, a lo largo de la novela, Molly asume todos los riesgos físicos de la misión y sus correspondientes consecuencias en forma de dolor y sufrimiento (palizas, heridas, agotamiento…), mientras que Case se limita a experimentarlos “conectando” su mente al cuerpo de ella a través de un artefacto llamado “simstim”. No es que Case no afronte peligros en el ciberespacio, pero los suyos son principalmente de naturaleza mental. Por otra parte, la fisicidad de Molly queda aún más subrayada por su pasado como “muñeca de carne” o prostituta, lo que, por un lado, enfatiza la naturaleza “innoble” del cuerpo al tiempo que contrasta con la especie de sacerdocio intelectual que parecen practicar los hackers como Case. ¿Comparte quizá Gibson la filosofía de los Extropianos, un grupo de futurólogos norteamericanos que escribían con expectación sobre un tiempo venidero en el que la personalidad humana podría ser descargada en máquinas, dejando atrás la mortal fragilidad del cuerpo?

Aunque la existencia exclusivamente física de Molly es vista como un atraso por los hackers de
“Neuromante”, al menos el personaje sí que representa una alternativa a la tradicional heroína de la ciencia ficción. Es cierto, no obstante, que tal alternativa se parece demasiado al típico héroe de acción masculino, una mezcla de Bruce Lee y Clint Eastwood: fría, eficiente y decidida que ha servido de molde a muchos iconos femeninos de ciencia ficción, desde la Ripley de “Aliens” (1986) a la Sarah Connor de “Terminator: El Día del Juicio Final” (1991).

El lector –siempre que tenga una personalidad normal- encontrará difícil empatizar con el protagonista, modelado a partir de las narraciones de detectives duros: frío, cínico y con un romántico sentimiento individualista frente a un mundo corrupto. Pero Case también es adicto, pesimista y con una baja autoestima. De hecho, tiene más en común con su consola que con los seres humanos –igualmente degradados- que pululan a su alrededor y sólo vive para la emoción que la tecnología le proporciona.

Aunque privados de emociones básicas como el odio o la ira, los personajes de Gibson adolecen de una especie de carencia afectiva evidenciada en su incapacidad para relacionarse plenamente con el prójimo. Case y Molly son amantes, pero nunca conectan emocionalmente. Cuando termina la novela, también lo hace su relación. Se ha sugerido que para los ciberpunks, que han experimentado la desaparición de las barreras entre lo humano y lo virtual, las emociones complejas han sido sustituidas por las meras sensaciones. Case no ama ni odia, sólo ansía la emoción de surcar el ciberespacio y desafiar sus peligros.

Al subrayar tanto el potencial positivo como el negativo de las tecnologías informáticas y cibernéticas, la posición de Gibson es ambivalente, aunque su futuro tiene un sabor inequívocamente distópico que responde en buena medida al cinismo y codicia corporativas de la década de los ochenta, la explosión tecnológica centrada en la informática y la extendida
creencia de que el futuro del capitalismo estaría dominado por Japón.

La abundante presencia de la iconografía y el vocabulario nipón son una clara pista de la época en la que se escribió la novela, cuando el crecimiento económico de los países del Pacífico (Japón, Corea, Taiwan…) superaba ampliamente el norteamericano. El colapso de la industria automovilística americana a comienzos de los ochenta se interpretó como el resultado de la mejora en eficiencia y automatización de las empresas japonesas que, a su vez, compraron sociedades y propiedades en suelo de Estados Unidos. También algunos colosos americanos del mundo del entretenimiento acabaron en manos japonesas. La deuda nacional norteamericana era financiada por bancos asiáticos…A la vista de semejante panorama, parecía por tanto lógico entonces extrapolar y ampliar al futuro el poderío empresarial nipón cuyas entidades reciben el nombre de zaibatsus, denominación adoptada sin problemas por Gibson para “Neuromante”.

El uso que el ciberpunk en general hace de la iconografía, frialdad e inescrutabilidad japoneses es ambivalente. Bruce Sterling, por ejemplo, recurre a parecidos préstamos de la cultura y lenguaje nipones en “Schismatrix”, un libro cuya estructura episódica parece sostenida por un sentimiento de admiración hacia la perpetua anarquía y transformación que provoca el hipercapitalismo. Esa desconfianza hacia el vecino asiático –reminiscente del “Peligro Amarillo” de principios del siglo XX- ha seguido viva en escritores posteriores, como Neal Stephenson y su “Snow Crash” (1992).



(Finaliza en la próxima entrada)

5 comentarios:

  1. Qué interesante, conde zero una gran pendiente entonces, sobre todo para profundizar en aquella lectura de género que sugieres, algo que personalmente me llama mucho la atención. Por otro lado eché de menos alguna mención a la fracasada adaptación comiquera de neuromante, que abarca casi un tercio de la novela. Si es por cyberpunk en cómic debemos ir más atrás, a Ranxerox, por ejemplo, pero ello escapa a los límites de esta entrada, claro está.

    Como siempre un placer leerlo. Saludos.

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  2. Sobre el comic hablo brevemente en la próxima entrada. Lo leí en su día cuando apareció serializado en la revista Cimoc y la verdad es que me pareció algo bastante plano y aburrido, poco interesante tanto como adaptación como comic propiamente dicho. Un saludo.

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  3. Despues de buscar muchos análisis de la novela, este el mejor que he leído. Me saco de una duda, porque la novela es bastante compleja.
    Gracias

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  4. Me alegra haberte servido de ayuda. Espero verte más por aquí. Un saludo!

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  5. Muy bueno, te agrego una heroína más basada en Molly, la Trinity de la saga Matrix es casi un calco.

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