sábado, 23 de marzo de 2019

2004- INMORTAL – Enki Bilal


El yugoslavo nacionalizado francés Enki Bilal empezó a trabajar como artista de comic en Francia a finales de la década de los setenta, ilustrando tanto historias propias como ajenas (especialmente las escritas por el gran guionista Pierre Christin). Autor de una innegable personalidad, un trazo inconfundible y una particular visión de la ciencia ficción, alcanzó gran fama gracias a lo que se ha venido en llamar “Trilogía Nikopol”, compuesta por tres álbumes: “La Feria de los Inmortales” (1980), “La Mujer Trampa” (1986) y “Frío Ecuador” (1992). Hombre inquieto, hizo también sus pinitos en el mundo del cine como diseñador gráfico en películas como “El Torreón” (1983), de Michael Mann, o “El Nombre de la Rosa” (1986), de Jean-Jacques Annaud. En 1989, debutó como guionista/director con “Bunker Palace Hotel” y en 1996, volvió a la pantalla con “Tykho Moon”, ambas películas de ciencia ficción ambientadas en extraños futuros.



En la Nueva York del 2095 conviven apiñados una heterogénea multitud de humanos y alienígenas diversos. Una misteriosa pirámide aparece suspendida sobre la ciudad y de su interior despiertan de la hibernación antiguos dioses egipcios. Horus toma la forma de un halcón y desciende a las calles mientras que una misteriosa mujer de cabello azul, piel blanca y comportamiento errático es detenida por las autoridades. La doctora Elma Turner averigua para su sorpresa que Jill, la desconocida mujer, no tiene recuerdos de quién es, que su mente es la de una criatura de tres meses de edad y que sus órganos están dispuestos en su cuerpo de una forma diferente a la de los humanos.

Entretanto, Horus toma el control del cuerpo de Nikopol, un hombre que acaba de despertar tras pasar treinta años en animación suspendida por saber demasiado de la corrupción imperante en el estamento político pero cuyo legado y recuerdo sigue vivo. Tanto es así que las autoridades temen que pueda convertirse en un líder revolucionario. Horus le consigue una prótesis metálica para reemplazar su pierna amputada y luego lo utiliza para encontrar a Jill. Al mismo tiempo, el gobierno de la ciudad está decidido a detener la amenaza que según ellos constituye la pirámide.

“Immortel (ad vitam)” es una película sorprendente que no hay que abordar como una adaptación literal del comic de Bilal ya que, aunque hay personajes y elementos comunes, la trama discurre por otros derroteros. Lo más impactante de la producción es, por supuesto, su diseño, que bien podría compararse en cuanto a osadía, textura y originalidad con lo que supusieron “Blade Runner” (1982) o “El
Quinto Elemento” (1997) en sus respectivas épocas. Bilal no se limita a adoptar tópicos visuales de otras películas y crea una irreconocible Nueva York del futuro en la que la gente vuela a bordo de vehículos que parecen destartalados modelos de automóviles de los cincuenta reconvertidos en deslizadores aéreos; la ciudad está estructurada en niveles, viviendo los alienígenas en los superiores por ser inhabitables para el hombre; Central Park es un desierto ártico; las autoridades sueltan monstruos extradimensionales en el sistema de alcantarillado; los humanos tienen implantes y órganos artificiales y se someten a nanocirugía plástica radical… El trabajo de diseño en vestuario y maquillaje es asimismo sobresaliente.

Enki Bilal utiliza para esta película una mezcla de animación y actores reales, bastante en la línea de lo que en aquella época utilizaron películas como “Sky Captain y el Mundo del Futuro” (2004), “Casshern” (2004), “Star Wreck: In The Pirkinning” (2005) o “Sin City” (2005), esta última perteneciente al género negro. Todos estos films utilizaban la tecnología de efectos digitales para crear mundos imposibles: los decorados no eran sino insertos generados por ordenador y se rodaba a los actores contra una pantalla verde. En un paso posterior, ambas tomas, la digital y la real, se integraban. Sin embargo, Bilal fue un paso más allá y combinó personajes interpretados por actores de carne y hueso con otros puramente digitales. Ciertamente, el nivel del CGI es uno de los puntos débiles de “Inmortal” cuando se la compara con otras películas no ya actuales sino incluso anteriores a su estreno, como las secuelas de Star Wars o la trilogía del Señor de los Anillos. Hay bastantes escenas donde la mezcla de seres humanos y seres animados chirría y desconcierta un tanto, no porque no pudiera hacerse con verosimilitud (George Lucas y Peter Jackson ya lo habían demostrado) sino porque en esta ocasión la calidad de la animación no es suficiente. De todas formas, “Inmortal” ofrece tal despliegue de imaginación y originalidad visuales que esos defectos bien pueden pasarse por alto.

El problema que tiene la película es que antepone el estilo a la historia. Bilal mezcla de forma demasiado y caótica dioses egipcios, alienígenas, ingeniería genética, posesiones, lirismo decadente, predestinación y misticismo cósmico. A nivel de guión, “Inmortal” es una historia sobre un futuro fascinante en la que suceden cosas muy raras pero sin que se explique por qué, algo que también lastraba la serie de comics en la que se basa.
Algunas de las subtramas están muy mal justificadas, como por qué Nikopol fue condenado a criosueño o quién es realmente Jill Bioskop y la naturaleza y origen de su relación con su amante John, qué pretende Horus realmente…

Enki Bilal no ha tenido demasiada suerte como cineasta –o quizá es que su talento no está en el terreno cinematográfico- y, como sus films anteriores, este se saldó con un fracaso comercial. “Inmortal” tiene un ritmo lento en exceso, hay demasiados personajes que hablan en susurros, las diferentes tramas no están bien hiladas (la investigación policiaca de los asesinatos, la intriga política, la presencia de los dioses en Nueva York, los planes de Horus, los
experimentos de la doctora con Jill, el papel del misterioso John…) y hay demasiados estilos visuales compitiendo en la pantalla. Pero con todos sus fallos, es una película que no dejará indiferente al espectador sensible a las atmósferas extrañas gracias a su alocada, original, hipnótica y ecléctica mezcla de ideas e imaginería. “Inmortal”, como sucede con los comics firmados en solitario por Bilal, es merecedora de un visionado siempre y cuando éste se aborde con la mente abierta y sabiendo que es un producto que no se parece a ninguna otra cosa.




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